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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1321  - ver ahora
Transcripción completa

Un brindis por usted, don Felipe,

que este viaje solo le traiga cosas buenas.

Estoy seguro de que ha tomado la decisión correcta.

Aunque también puedo asegurarle que le añoraremos.

Y yo a ustedes, amigos.

Pero estoy decidido a seguir sus consejos,

y lo mejor será que ponga tierra de por medio.

Pero por poco tiempo.

No permitiremos que se olvide de Acacias.

(RIENDO) Eso es poco menos que imposible.

Visitar a mi hijo es buena excusa para recuperar parte de mi vida.

Además, no quiero perjudicar a las personas que me rodean.

Mi obsesión por acabar con Genoveva

ha perjudicado a aquellos que más quiero.

Eso tampoco es cierto, don Felipe. Sí, Liberto.

Pregúntele al comisario Méndez,

su carrera se resentirá por mi culpa.

No le ha empujado usted para que trate de hacer justicia.

Pero sí a que se saltara todas las normas para conseguirlo.

Liberto,...

sé que también he sido fuente de conflicto entre usted y su esposa,

no trate de negarlo.

No lo haré,

pero debe saber que Rosina y yo no necesitamos mucho para discutir.

Que no me importa, ¿eh?,

que luego las reconciliaciones son tan dulces,

que me hacen olvidar los malos ratos al instante.

Don Ramón, tampoco quiero perjudicarle a usted.

Ya tiene bastante con sus problemas familiares.

Agradezco su preocupación,

pero la decisión la tiene que tomar pensando en usted

y en su propio bien.

Le sentará de maravilla una temporada fuera.

Lo sé.

Aquí en Acacias solo puedo sufrir,

viendo a esa bruja de Genoveva paseando libremente por la calle.

Esa mujer ha sabido dar la vuelta a la situación de forma asombrosa.

Así es.

Ha quedado ante todos como la pobre víctima

que tuvo que confesar el crimen por el tormento que estaba sufriendo.

¡¿Tormento?!

Juro que jamás le puse la mano encima.

¡Su confesión fue espontánea! ¡Por una vez decía la verdad!

Felipe, cálmese, por favor, nosotros le creemos.

Discúlpenme.

Es citarla y perder los nervios.

Tengo que empezar a aceptar que mi venganza nunca va a producirse.

Aún me sorprende que se rinda.

No es una rendición, don Ramón,

es una derrota en toda regla.

No he ganado ni una batalla que he emprendido contra Genoveva,

apenas alguna escaramuza.

Por eso, creo que lo más juicioso es conseguir la nulidad matrimonial

y acabar con esta farsa que nunca se le pudo llamar matrimonio.

Me temo que ni siquiera eso se lo va a poner sencillo.

Lo sé,

pero al menos dejaré de verla día tras día.

Necesito recuperar mi vida, recuperar mi sosiego.

Nada podemos desear más.

Y siempre tendrá aquí a sus amigos, para todo lo que precise.

(Sintonía de "Acacias 38")

Servando ha acabao siendo el hazmerreír de tos.

Pobre, él que se creía todo un don Juan.

Ni que doña Benigna fuera tan ciega como un topo

pa caer rendía a sus pies.

No sabe cómo me alegra verla reír.

¿Y qué quiere, Cesáreo?

Una se agarra a un clavo ardiendo pa encontrar alivio ante tanta tristeza.

Quiera Dios darnos una tregua

y que en el hospital nos den buenas nuevas de Lolita.

No habrá que esperar.

Don Antoñito,

justamente íbamos a salir en un suspiro hacia el hospital.

¿Se sabe algo de los resultados?

No, aún no.

De hecho, yo también voy a ir al hospital.

Solo quería un café, Fabiana.

Ahora mismo se lo pongo.

Fabiana, no sé qué hacer, el resto ya debe estar preparado para ir.

Ya es la hora a la que habíamos quedado.

Pierda cuidao, Cesáreo, marche con ellos.

Ya iré luego.

Está bien. Con Dios.

Con Dios.

Miguel, qué alegría.

Abuela, no finja más.

He podido ver desde la puerta como estaba seria, preocupada.

Qué tontería, te habrá parecido.

Me lo lleva pareciendo desde hace una eternidad.

Lleva días extraña, a usted le pasa algo,

y más me preocupa su empeño en negarlo.

No sé, hijo, todo esto de las obras, que parece que no se acaban nunca

me tiene...

Y luego, no sé, estoy muy preocupada por Lolita.

Las noticias que llegan del hospital no son nada buenas.

Buenas.

Mira, tu abuelo parece que viene más contento.

Y no me faltan motivos.

Pues qué bien, ¿no? Ya que está tan contento,

no tendrá inconveniente en hacerme también a mí dichoso.

Pues claro que no, ¿qué puedo hacer por ti?

Pues mire,

puede empezar por contarme qué está sucediendo aquí.

Gracias, Fabiana.

Eh...

Don Antoñito, ¿qué dice esa carta que lee con tamaño interés?

Uy.

Perdóneme.

Siento la indiscreción, pero no he podío evitar observarle

mientras la leía y me ha preocupao su semblante tan disgustao.

Descuida, Fabiana, no te preocupes.

Es una carta de Aurelio Quesada.

Arrea, en tal caso, comprendo su desagrado.

Na bueno se puede esperar de lo que le haya escrito semejante pollo.

Exacto, pero te equivocas en un pequeño detalle,

la misiva no iba dirigida a mí, sino a Lolita.

Ahora sí que no comprendo na. -Yo tampoco.

En la carta dice que tienen que verse a solas

porque hay algo importante que tiene que decirle.

¿El qué? Pero ¿llegaron a verse?

No lo sé, Fabiana,

como tampoco sé hasta qué punto, Aurelio pudo influir

en los celos y nervios de Lolita.

No me fío de él.

Creo que está detrás de todo este asunto.

No ha dicho usté ninguna tontá.

Ya le comenté a su señor padre y Carmen,

que el otro día vi a los hermanos Quesada en la pensión maquinando.

¿Pudiste oír de qué hablaban?

Nanay, tuvieron buen cuidao en bajar la voz al verme cerca.

Pero le aseguro que nada bueno.

Y eso no es to.

Sepa usté, que el día que a Lolita le pegó el síncope,

el tal Aurelio Quesada fue a la mantequería.

¿Y qué quería?

Se interesaba por los productos de Cabrahígo,

en especial, por unos chorizos.

Bueno, eso no tiene nada de malo, ¿no?

No se crea.

Yo pondría la mano en el fuego,

a que a ese no le interesaban los chorizos, lo que buscaba...

era la manera de hacer que Lolita subiera a su casa a por ellos.

Eso significaría que, Aurelio sabía que su hermana había venido a verme.

Es algo que tramaron juntos.

Pa una servidora, no hay ninguna duda,

don Antoñito, demasiadas casualidades.

-"Lo siento, no me lo creo".

Veo que insisten en no decirme la verdad.

Pero, Miguel, te aseguro que no sucede nada.

¿Cuántas veces tenemos que hablar de esto?

Las que sean necesarias hasta que me digan la verdad.

Pero si no hemos hecho otra cosa.

Veo que me toman por estúpido.

Los conozco bien, sé que les sucede algo.

Y lo que más me disgusta es su empeño en rechazar mi ayuda.

Pero en nada puedes ayudarnos cuando nada sucede.

Ay, vaya imaginación tienes.

Deberías haber sido escritor de folletines en lugar de abogado.

Muy bien, no insistiré más.

Si algún día deciden confiar en su nieto, háganmelo saber.

Ha salido a mí, no tiene un pelo de tonto.

No te vanaglories tanto, que va a acabar descubriéndonos.

No es que tenga la mosca tras la oreja, tiene el enjambre entero.

Descuida, pronto lo comprenderá todo.

Sí, cuando tenga que pagar por los delitos de sus abuelos.

Preferiría mil veces que siguiera en Babia.

Ten seguro que eso no pasará.

¿Y esta carta? -Ahí está la salvación de Miguel.

He dado con la solución para exonerarle de toda culpa.

¿Puede un sobre tan pequeño contener un milagro tan grande?

Así es.

Ahí dentro está escrita de mi puño y letra mi confesión.

La carta está dirigida al jefe de la sección de lo penal

de la Audiencia Territorial.

¿Has perdido el oremus? -(CHASCA LA LENGUA) Al contrario,

nunca he estado más cuerdo.

Pero aquí te confiesas como el autor del robo de la sucursal del banco.

Eso es.

Y, para que no queden dudas,

también me atribuyo el resto de nuestras fechorías

que nunca pudieron atribuirme.

¿Y por qué no te entregas sin más y ahorras tiempo a la policía?

Pierde cuidado, Sabina, que cuando el juez lea esta carta,

nosotros ya estaremos lejos.

Aun así, sigo sin encontrarle el sentido a que te pongas en riesgo.

Sigue leyendo.

En la carta exculpo expresamente a Miguel Olmedo

de la más mínima relación con nuestros delitos,

incluido el último, por supuesto.

Refiero así mismo la crianza exquisita de nuestro nieto,

así como su intachable honradez

y su inmejorable futuro como jurista.

¿Y cuándo piensas hacer llegar esta carta?

Pues mira,

no precisaré de sellos para que llegue a su destino.

Planeo dejarla en la cámara acorazada

una vez la hayamos desvalijado.

¿Y tú crees que esto librará a Miguel de todo?

¿Qué podría fallar?

Gracias.

Mujer, abandona ese semblante tan serio, tienes que animarte.

¿Cómo se hace eso? -Haz un poder.

Piensa en tu salud.

Estar así no te va a ayudar. -¿A quién le importa ya?

No digas eso ni en broma.

A Moncho y a todos los que te queremos, empezando por mí.

No se me ponga brava conmigo.

Gracias por ser tan buena.

Si no es nada.

Recuerda que somos familia.

Descuide, que no lo he olvidao.

Aquí, acostá sin poder hacer na,

no dejo de pensar en to lo que he vivío.

Me agarro a los buenos momentos.

Siéntese.

¿Sabe de lo que acordé ayer?

¿De qué?

De cuando todas mis comadres

me despidieron en el altillo justo antes de casarme, ¿se acuerda?

Claro que sí.

Usté habló en nombre de todos.

Sus palabras me acompañaran siempre.

# con su porte pinturero... # ¿Servando?

(SERVANDO TARAREA UNA CANCIÓN)

# Sus ojos... # Aquí está, mi niña de Cabrahígo.

Pase.

Venga aquí, Servando. Ha venido a verme.

Si por mí fuera, no me separaba ni un suspiro de ti.

Ay...

Bueno, yo voy a aprovechar para tomar un poco el aire.

Descuide, Carmen, que me deja en buenas manos.

Ay, Servando,...

que se me escapa la vida entre los dedos como la arena.

No digas tontunas, niña.

Además, yo no lo iba a consentir.

Ya sabes que yo siempre me salgo con la mía

y soy tu padrino de boda.

Pues no ha llovido

desde que le pedí que fuera mi padrino.

Quién imaginaría que to esto iba a terminar así.

(Timbre)

Natalia, ¿puedes abrir la puerta?

Nata...

¿Dónde se habrá metido esta chica?

Ya va, ya va.

(Timbre)

¿Qué hace aquí?

Si viene a ver a mi hermana,

ni está ni creo que sea apropiada su visita.

Es a usted a quien vengo a exigir explicaciones.

¿"Explicaciones"?

Su desfachatez no deja de sorprenderme.

¿Qué le hace pensar que me puede hablar así?

Que no merece otro.

Es usted el responsable del estado de mi esposa.

¿Disculpe?

El único responsable es alguien que es mucho más cercano a ella.

Usted me tendió una trampa.

Ni le detuvo la vergüenza pública que podía causar a su hermana.

Nuevamente, trata de cargar sus pecados sobre mí.

Usted atentó contra el honor de mi hermana.

No me va a engañar.

Sé perfectamente qué clase de hombre es: un canalla.

Se lo advierto, se me está empezando a agotar la paciencia.

¿Qué es esto? -La carta que envió a mi esposa

dispuesto a embaucarla con sus mentiras.

Yo no he visto esta carta.

¿Va a negar haberla escrito a pesar de estar firmada por usted?

Entonces, ¿quién diría que la envió? -Obvio,

el mismo sinvergüenza que trata de chantajearnos.

Eso es mentira. ¡Ah!

¡Ah!

Se lo advertí,

estaba agotando mi paciencia.

Yo, de usted, me lo pensaría mejor antes de incorporarme de nuevo.

¿Quiere saber la verdad?

La verdad es que es usted un cobarde,

un vulgar adúltero

que se ha aprovechado de la inocencia de mi hermana.

Soy yo el que debería pedirle explicaciones.

No sé cómo no le descerrajo un tiro aquí mismo

en reparación del honor familiar.

Nadie me culparía por ello.

Si fuese inteligente,

trataría de contentarme, de hacerme olvidar tan grave ofensa.

Para empezar, por ejemplo,

podría votar en el congreso a favor de la reforma de la ley de minas.

(Puerta)

Créame, si aprecia en algo su vida, le conviene tenerme a su favor.

¿Qué hacéis? Deteneros.

¿Por qué, hermana? Estaba empezando a divertir.

Apártese. -No cuente con ello.

No voy a caer en su juego. Ya terminaremos esta conversación.

Lo estoy deseando. -Antoñito, ¿está usted bien?

Ni me toque.

No vuelva a dirigirme la palabra. No quiero volver a verla jamás.

Vaya humos se gasta el diputado.

¿Ha venío solo?

No. Todo Acacias ha querido acompañarme.

Y con flores.

Sabemos que no son tan bonitas como las que trajo doña Genoveva.

Pero te las traemos de corazón.

No son lujosas, pero tienen más amor.

Eso ni se duda.

Os lo agradezco.

Hemos hecho una colecta entre todos.

Todas las muchachas del altillo han colaborao.

Y ya verás como dentro de poco,

esta habitación va a estar más llena de flores

que la rosaleda del Retiro.

Todos en Acacias están preocupados, preguntan por ti.

Hasta en la iglesia, el párroco casi interrumpe su sermón

para saber de usted.

Me siento muy querida.

Casilda me ha estado trayendo sus mensajes y buenos deseos.

¿Y Fabiana, no ha venío?

Ahora viene. Estaba atendiendo a...

A un cliente, sí.

Ya, un cliente.

Deme, que las coloco en un jarrón.

¡Casilda! ¿Casilda?

(Silbidos)

Alodia, ¿qué estás haciendo aquí?

Esperando a Casilda, que quería preguntarle una tontuna.

Pues me vienes ni que pintada, yo también quería preguntarte algo.

¿A mí? -Sí.

¿Va todo bien en la casa de tus señores?

Últimamente, noto a don José extraño.

¿Seguro que no tienes que contarme nada?

Tenía que haber visto como se le iluminaron los ojos a Lolita

al vernos, don Felipe.

Me alegra que le llevarais un poco de compañía y alegría.

Me tuvieron que despegar de su lado con agua caliente,

que si no, aún estaría haciéndola compañía.

Se me parte el alma pensar que está postrada y luchando con la muerte.

Todos estamos muy preocupados por ella.

Lolita se ha ganado un lugar en nuestros corazones.

Recuerdo cuando apareció por Acacias

dispuesta a cuidarme, a pesar de mi resistencia.

La verdad es que le debo mucho.

Hay que ver los vaivenes que da la vida.

De criada a señora, de señora a mantequera,

de mantequera a madre, y ahora...

Felipe. Comisario. ¿Quería verme?

Gracias por acudir a mi llamada.

¿Le sirvo algo? ¿Un café? No, gracias, Servando.

¿Nos sentamos? Sí. Gracias.

En fin, dígame, por qué quería verme.

¿Acaso ha sucedido algo grave? No, no. Todo lo contario.

Simplemente quería despedirme.

¿Despedirse?

Me marcho a Viena por un tiempo.

Abandono mi venganza contra Genoveva.

Quiero dejar de comprometer a mis amigos.

Felipe, usted no me obligó a hacer nada.

Actúe según me dictaba mi conciencia.

Lo sé, pero no quiero perjudicarle más.

Me temo que ya es tarde para eso.

Yo también me marcho de la ciudad.

Me envían a Huesca.

¿Por qué motivo?

¿No lo adivina?

Mis superiores quieren evitar que pueda seguir molestando

a alguien tan poderoso como Genoveva.

Saben que he estado hurgando en la desaparición de Javier Velasco.

Esa ha sido la gota que ha colmado el vaso.

Lamento escucharlo, no puedo evitar sentirme responsable.

Bueno.

Ya le he dicho que no debe hacerlo.

Si le ayudé es porque lo creía justo.

Aquí no hay más culpable que Genoveva.

Y otra vez ha salido impune

de todos nuestros intentos por detenerla.

Eso es lo que más lamento.

Creyéndose impune,

no dudo que esa mujer vuelva a hacer de las suyas.

Es capaz de cualquier cosa.

Solo nos queda la esperanza de que cometa un error

que termine llevándola a donde merece, al cadalso.

Hasta el momento, ha sabido zafarse.

Bueno, ya sabe lo que dicen,

a todo cerdo le llega su San Martín.

Antes de irme, he instruido a mi sucesor

sobre la clase de mujer que es.

Estará atento a sus movimientos.

Ojalá triunfe donde nosotros hemos fracasado.

Y que, tarde o temprano, Genoveva pague por sus crímenes.

Pero...

esa lucha ya es de otro.

Estoy cansado, comisario.

No puedo más.

Lo único que quiero es retomar mi vida

y retomar la relación con mi hijo Tano.

Estoy seguro que lo conseguirá, no se merece menos.

Y, bueno, en fin, si algún asunto, algún día, le lleva por Huesca,

no deje de llamarme.

Qué agradable coincidencia, doña Genoveva.

Tenía previsto visitarla.

¿Por qué motivo, estimado vecino?

Para manifestarle mi satisfacción

por haberse aclarado ese desagradable malentendido

que tantos quebraderos de cabeza le ha causado.

Se lo agradezco.

Me siento reconfortada al ver que mis vecinos me conocen

y que no dudaron de mi inocencia.

Inocencia que, todo sea dicho,

ha sido más que probada por la justicia.

Ahora, lo que debe hacer es olvidarse de todo y retomar su vida.

Le deseo lo mejor. Permítame que le devuelva el deseo.

Por cierto, he oído

que ha emprendido nuevos y prometedores negocios

con Aurelio Quesada.

Sí, sí, hemos formado una sociedad.

No tengo el gusto de conocer a su socio, pero sí a usted,

y no dudo de que les espera un próspero futuro.

Veo que no tiene los mismos prejuicios que sus vecinas

por los mexicanos e indianos. Descuide,

estoy al tanto de los comentarios de Susana.

No encuentro nada reprobable en que un indiano regrese a su patria

dispuesto a invertir en esta tierra el dinero que ha ganado,

al contrario, es digno de elogio.

Le agradezco sus palabras.

Aunque la gente no lo crea,

en estas calles como en México hay gente buena y mala.

Donde se haya nacido o vivido, nada tiene que ver con eso.

Soy de la misma opinión.

Yo no olvido mis orígenes humildes,

sé lo que es ganarse la vida a base de esfuerzo y sacrificio.

Perdone que se lo diga, pero nunca imaginé que una mujer tan elegante

y refinada proviniera de humilde cuna.

No sería lo único que le sorprendería de mi vida.

Quizás algún día le cuente más.

Estupendo,

será un placer poder conversar con usted.

No la entretengo más. Con Dios, don Marcos.

Con Dios.

Me sorprende verte tan afectada, Natalia.

Nunca me he sentido así.

Te confieso que me he enamorado como una colegiala de Antoñito.

Eso me extraña aún más.

Pensé que simplemente jugabas con él.

No, te lo juro.

No pretendía causarle ningún mal.

Bueno, que lo pretendieras o no... Ese y no otro ha sido el resultado.

Su esposa lo ha abandonado

y ahora la desdichada se debate entre la vida y la muerte.

No hace falta que me lo recuerdes, Anabel.

Paso las noches rezando por ella,

pidiendo a Nuestra Señora por su recuperación.

Amor, rezos, arrepentimientos...

Empiezo a dudar que de verdad seas...

Natalia. -No te burles de mí.

La culpabilidad me mata por dentro

y ese mismo pecho me arde que siento por el marido de esa pobre mujer.

Eso ya me suena más tuyo.

Y para colmo de males,

Antoñito y mi hermano Aurelio se han enfrentado

y han llegado a las manos.

Antoñito en su desesperación trata de ver ocultos intereses

en lo sucedido.

Parece no querer aceptar

que simplemente le amo.

Un amor que es sencillamente imposible, Natalia.

Recapacita, por Dios. Antoñito es un hombre casado.

Lo sé.

Precisamente, he tomado una decisión que me cuesta la vida.

Marcharé lejos,

regresaré a México.

Con tal de no perjudicarle más ni a él ni a su esposa.

Has tomado la decisión correcta.

Pero antes, necesito verle una vez más.

Que mi último recuerdo de él no sea verle pelear con mi hermano.

Necesito que me ayudes, Anabel.

Que te ayude.

Sí.

Tienes que hacerle llegar mi mensaje citándole por última vez.

Convéncele de que acuda, de que mis intenciones son puras.

No.

De ninguna manera, Natalia.

No quiero que me metas en un asunto tan feo.

Te lo ruego, Anabel. Por lo que más quieras.

Esos son los papeles que debe firmar.

Son los contratos para la adquisición y explotación minera.

La producción irá destinada a Alemania y a Francia.

Ya he iniciado el contacto con ambos países.

-Ya veo que ha estado muy ocupado. -La ocasión lo merece.

El negocio es redondo. Y si finalmente explota la guerra,

como todo parece indicar,

el asunto se va a convertir en una mina. Ah, nunca mejor dicho.

Pero ¿qué hace? ¿Por qué no firma?

Creo que antes de firmar nada,

nuestro abogado debería revisar los contratos, ¿no cree?

Nuestro abogado, Miguel Olmedo.

¿Quién si no? Se olvida que es el abogado de nuestra sociedad.

(Llaman a la puerta)

Debe ser él.

Le he mandado llamar.

Me parte el alma que se marche el señor.

Casilda,

te aseguro que es lo que más me conviene.

¿Cuándo se va?

Aún no tengo billete.

Pero trataré de que sea lo antes posible.

Entonces, no le va a hacer justicia a Marcia.

No tengo otra opción. Lo sabes.

Pa chasco que lo sé.

Es que me cuesta una barbaridad aceptar que Genoveva

se ha salido con la suya una vez más y que se queda bien ancha.

No tanto.

Al menos, ayer después de la misa, le pude poner en su sitio.

Genoveva seguirá fingiendo como siempre,

pero es infeliz.

Y vive un calvario.

La única forma que tengo de castigarla

es dejarla sola.

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es.

Vengo a hablar con Felipe.

Casilda, déjanos solos.

¿Y bien?

¿A qué debo el más que dudoso placer?

¿Es cierto que te marchas a Austria?

Veo que sigues teniendo oídos por todas partes.

Me parece una imprudencia

viajar en estos momentos al centro de Europa. La guerra es inminente.

Ni el mayor conflicto bélico puede ser más molesto que soportarte.

Espero que cuando regrese

haya conseguido la nulidad matrimonial

y que nada nos una a ti y a mí.

Absolutamente nada.

Está bien. Tú lo has elegido.

Ya que no quieres mi amor, tendrás mi odio eterno.

El sentimiento es mutuo.

Aunque en algo te equivocas.

Nuestra historia aún no ha terminado.

Volveremos a estar juntos en el infierno.

O quizás antes.

Por el amor. ¿Tiene que tardar tanto?

-Aurelio. -No, no. Se los debe leer,

no estudiarlos de memoria.

Aurelio, haga el favor de dejarle terminar.

Qué más me gustaría.

Así podríamos firmar de una vez.

Me temo que eso no será posible.

¿Cómo que no? ¿Ha perdido el juicio?

Menos mal que me ha dado los contratos antes de firmar.

¿Qué inconveniente hay?

No, no, no, no.

No hay ningún inconveniente. Esos contratos son perfectos.

Salvo un pequeño detalle.

Los contratos están a nombre exclusivo de Aurelio Quesada.

Al no ser súbdito español,

cualquier juez anularía la venta.

Deberíamos redactarlos de nuevo

antes de efectuar al compraventa. Esta vez, a nombre de don Marcos.

Cada día que perdamos nos va a costar una fortuna.

Es posible,

pero no podemos culpar a Miguel. Todo lo contrario.

Tenemos que agradecerle

que encontrara a tiempo el error.

Eh... Miguel,

aguardaremos

a que redacte de nuevo los contratos.

Tómese todo el tiempo que precise. Buen trabajo.

Anabel, no esperaba su visita. ¿Sucede algo?

Nada grave, no tema.

Tan solo quería comentarle algo.

De acuerdo. Pues siéntese, por favor.

Lo único, le pido ser breve.

Estaba en la habitación atendiendo a mi hijo.

Descuide, le robaré poco tiempo,

pero antes de nada, permítame preguntarle por su esposa.

¿Se encuentra ya mejor?

De momento, se mantiene igual.

Todavía no... no saben nada de los resultados de las pruebas.

Lamento escucharlo.

Entiendo que tal incertidumbre debe ser la peor de las torturas

para su familia.

Verá. En realidad,

no he venido por decisión propia.

Me envía Natalia.

En tal caso, le pido que se vaya por donde vino.

No quiero tener nada que ver con esa mujer.

Déjeme al menos que le entregue la nota que le ha escrito.

Que la lea o la rompa en mil pedazos es decisión suya.

Yo habré cumplido con lo pedido.

De acuerdo. Tampoco quiero ser...

descortés con usted.

Se lo agradezco.

La ha leído con rapidez.

Y más deprisa voy a contestar. Dígale a Natalia que no...

no quiero saber nada de ella. Me da exactamente igual

lo que le pase o le deje de pasar.

Comprendo. ¿Algo más?

Sí. Que se olvide de mí, por favor.

De acuerdo.

Con Dios.

Con Dios.

Cesáreo, al fin le encuentro. -Pues sí. Aquí estaba,

dando cuenta de este platazo de guiso que me ha dejado Alodia

para empezar la ronda con fuerza.

-Esa muchacha de pan de Dios. -Oh.

Y por un casual, no habrá dejado un poco para mí, ¿no?

Me temo que no.

Pues nada, vaya.

¿Y para qué me buscabas?

-Ah. Verá. Es que han traído... -Buenas.

-Tía Benigna. -Buenas.

No me diga que se marcha ya.

No, es que me gusta pasear la maleta por todo el edificio.

Escaleras para arriba,

escaleras para abajo.

Claro que me marcho, atontado.

He venido a despedirme.

Ah, pues por mí no hacía falta.

Si por mí ya podría usted estar en la estación. Pudo irse ayer

o la semana pasada.

Que no, mujer.

Lo digo para no perder el tren. -Ah.

En fin, Cesáreo. Espero que le vaya estupendamente en su oficio.

-Bueno, se lo agradezco. -Ojalá encuentre

una buena mujer para que no esté tan solo.

Bueno.

Ya la encontré, pero la dejé marchar.

Dudo que vuelva a encontrar otra mujer como Arantxa.

Ya. Bueno.

Eh. Pues ya está, ¿eh? Dígale a Indalecia

que no hace falta que suba. Me doy por despedido.

Por...

Porque la Indalecia también se marcha con usted, ¿verdad?

Quiero decir.

Vinieron las dos juntas.

Lo normal es irse las dos... juntas.

Sí, sí. Sería lo normal, pero mi hija siempre ha tenido debilidad

por los desarrapados como tú.

¿Eso es que se queda?

Hombre,

yo preferiría que viniese, pero no lo sé.

Pero ¿cómo no lo sabe? ¿Cómo no lo va a saber?

¿Se marcha o no se marcha la prima de...?

La prima de mi santa esposa.

Ya te enterarás.

Pero si se queda, por tu bien, espero que la trates como merece.

Que no me entere yo

que le ocurre nada malo.

Con Dios.

Con Dios.

Esa mujer no se puede ir sin la Indalecia, ¿no?

Cesáreo.

Lo mejor será que lo averigüe.

Espera. Aguarda, aguarda.

¿Para qué me buscabas? -Ah, sí. Que han traído

un telegrama para usted.

Un telegrama.

Marcho.

Carolina. -Ay.

-¿Tanto te asusta verme? -No sabía que era usted, señor.

¿Y con quién pensabas cruzarte para dar ese salto?

Ahora mismo me daría miedo encontrarme hasta con un cachorrito.

Sí que estás buena. ¿Qué te ocurre?

¿De verdad no lo sabe?

Ah.

Ah. ¿Sigues alterada...

por el asunto que tenemos escondido en la casa?

Así es, señor.

Me tienen de los nervios con tanta mentira.

Y ahora, don Liberto tiene la mosca detrás de la oreja.

¿Don Liberto?

Ayer mismo me preguntó si no tenía nada que contarle.

¿No se referiría a algo del altillo?

Que no, señor.

Me dijo que le encontraba a usted raruno últimamente.

Salí del vete como pude.

Ya.

Bueno. Agradecido, Alodia. Y descuida.

Creo que esta situación no va a durar mucho ya.

Seguro que sí.

No tardaré mucho en entregar la pelleja con tanto sobresalto.

No digas eso, mujer. No, no. Me ha llegado de la Argentina

que la Policía no ha localizado al desquiciado admirador de mi esposa.

Ya me dirá usted qué tiene eso de bueno.

Lo bueno viene ahora. Descartan que haya viajado a España

como creían en un principio.

Ojalá sea cierto.

Si se confirma y las cosas siguen tranquilas,

Bellita podrá salir a la calle ya mismo.

Sobre todo, que podremos contarles a todos la verdad.

Te acompaño.

Sé que estás cerca, mi amor.

Agradezco de corazón lo que has hecho por mí.

Lamento que haya servido de tan poco.

Ya. Descuida, no es culpa tuya que Antoñito no quiera citarse conmigo.

Tú te has comportado como una amiga llevándole mi nota.

¿Quién sabe?

Tal vez, cambie de opinión y...

acceda a verme y pueda despedirme de él.

Ojalá pudiera convencerle para que me acompañara en mi viaje.

Lo dudo.

Te recuerdo que se trata de un hombre casado,

con un hijo pequeño y su mujer enferma.

Ay. Olvidas que el amor es sagrado y no atiende a razones, Anabel.

Bueno, me voy. Tu novio te está esperando.

Anabel,

gracias.

Pero ¿acaso has perdido el oremus?

¿Cómo se te ocurre llevar mensajes en nombre de Natalia?

Y mucho menos a Antoñito.

-Veo que nos has podido escuchar. -Preferiría no hacerlo.

Mi novia ejerciendo de vulgar celestina de esa mujer.

Cuida tus palabras, Miguel.

Cuando tú cuides tus actos.

¿No ves que te está utilizando

para dañar a los Palacios?

Don Aurelio Quesada.

Qué placer encontrarle.

Créame, el placer es solo mío.

Dejémoslo en que es mutuo.

¿A qué debo el honor de que una dama como usted sepa mi nombre?

Me gusta conocer a quien ronda el barrio.

Usted no ha sido una excepción, señor Quesada.

Me temo que estoy en desventaja con usted.

¿En desventaja? Así es.

Yo no conozco su nombre.

Créame. Si nos hubiesen presentado,

no se me habría olvidado. Ya.

Y no es un buen inicio

que uno de los dos esté en desventaja, claro.

No, claro que no.

En su mano está equilibrar la balanza.

Me llamo Genoveva Salmerón.

Mucho gusto. No.

El gusto es mío.

La quiere todo Acacias.

No lo dudes.

Pero son tantas las muestras de afecto

que terminan por agotarla. Yo... no sé si deberíamos cortar un poco.

Con tanta visita. -No. Yo creo que no, Carmen.

Lolita necesita sentirse viva.

Ella es espontánea,

dicharachera y... muy buena amiga.

Ella es la mejor.

La mejor del mundo, Carmen.

Seguro que está disfrutando de...

de estar acompañada

de todos los que la quieren.

A mí lo que me duele es no...

no poder acompañarla yo también.

Ten paciencia.

Ya verás como todo vuelve a ser como antes.

-Ya. -Además, Lolita te ama con locura.

No puede estar separada de ti.

Padre, ¿ha podido hablar con los médicos?

Ya... Ya tienen los resultados de las pruebas, ¿no?

Ay, Ramón. Habla ya.

Nos tienes con el corazón en un puño.

A tenor de los resultados de las pruebas,

los médicos están convencidos de que Lolita

padece una gravísima enfermedad desde hace años.

No.

No puede ser.

Sí, hijo mío. Sí.

Por desgracia, es cierto.

La situación es desesperada.

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Acacias 38 - Capítulo 1321

03 sep 2020

Felipe toma la decisión de alejarse de Acacias: irá a visitar a Tano y no cierra una fecha de vuelta. Genoveva se entera de su marcha y acude a despedirse, dejando entrever que ella sí sigue enamorada de él a pesar de todo.
Antoñito pide explicaciones a Aurelio por la nota que este envió a Lolita. Pero el mexicano niega su autoría y no duda en amenazar al diputado si sigue faltándole al honor.
Para exculpar del robo a Miguel, Roberto propone dejar una carta de confesión a la policía. Pero Sabina duda que dé resultado.
Encontronazo entre Aurelio y Marcos por las inversiones de la empresa. Piden entonces la valoración de Miguel como abogado… Y él da la razón a Marcos.
La extraña actitud de Rosina despierta la curiosidad de Liberto por los Domínguez y no duda en presionar a Alodia, que se defiende como puede para ocultar que Bellita sigue viva.
El interés de Genoveva por los Quesada va en aumento y pide referencias a Marcos. Finalmente consigue una entrevista con Aurelio y es mucha la sintonía entre los dos.
Natalia pide ayuda a Anabel para que le consiga una entrevista con Antoñito porque quiere pedirle perdón. Miguel acusa entonces a Anabel de hacer de celestina entre los dos.
La salud de Lolita en el hospital empeora por momentos. Corre riesgo de que pueda morir.

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  1. Que aburrimiento

    Ya no nos sorprenden nada los guiones esos. El hijo de Antoñito y Lolita cada capitulo es más pequeño, y eso que ha pasado mucho tiempo desde que nació Moncho. . Jajajajajajajajajajajajaja. Vaya, miro la serie combinando con alguna película de otra cadena.

    07 sep 2020
  2. Mrs. C

    Los Sres. guionistas se han lucido. Lolita porque su enfermedad, por los síntomas, parece ser Tuberculosis que en esa época estaba imperando, con lo cuál lo que me temía, más tarde o más temprano, "desaparecerá". Por lo que ha dicho hoy el Comisario Méndez se marcha de la ciudad, "le envían a Huesca", "desaparecido". Felipe dice que "se va a ver a Tano", "desaparecido". No me gusta lo que está pasando, por qué "eliminan" a los personajes mejores, actores extraordinarios a los que vamos a echar muchísimo de menos: MARC PAREJO y DAVID GARCIA-INTRIAGO. Supongo que ellos tendrán otros proyectos en los que les deseo los mayores éxitos pero, para mí, la serie ya no será lo mismo. Servando (personaje entrañable) me ha emocionado mucho al entrar a ver a Lolita cantándole "La niña de Cabrahigo". Lo que me ha extrañado es que Felipe no haya ido a ver a Lolita, hubiera sido una bonita escena. Ya comenté hace unos días que Aurelio sería la pareja perfecta de la ex-de Felipe porque son tal para cuál. Tampoco me extrañaría que, si muere Lolita, el gaznápiro de Antoñito (D. Ramón dixit) se liara con Natalia. En fin los guionistas ya no nos sorprenden tanto a base de repetir muertes, asesinatos y demás tropelías, pero ... las despedidas de hoy me han dejado KO. Quiero dar las gracias a Marc y a David, dos Actorazos Fantásticos, por los buenos momentos de disfrute que me han proporcionado

    03 sep 2020