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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1319 - ver ahora
Transcripción completa

(LLORANDO) Antoñito...

-Lola...

¡Natalia, ve a buscar ayuda, corre!

No creo que don Felipe quiera hablar conmigo.

Lo único que te pido es que le convenzas

para que olvidé a Genoveva.

-Yo quiero que se acuerde de ella. Para que vengue la muerte de Marcia.

Os he hecho venir por la misa en memoria de Marcia.

También para pedirles perdón

por el lamentable espectáculo que ayer dio mi esposo.

Que Lolita ha pillado a su esposo con otra.

Natalia Quesada, para ser más exactos.

Fue verlos y desmayarse.

Se la llevaron al hospital.

Me van a explicar lo que pasa con Servando y mi madre.

"Hemos terminado el túnel".

-Nos ha quedado de lo más apañado.

Me han prohibido investigar

casos que tengan que ver con Genoveva.

¿Ningún caso?

Podría pensarse que tengo animadversión contra ella.

-Lo malo es que tiene al abogado de su parte,

al cual yo contraté, y ahora se revuelve contra mí.

-¿Y no harás nada? -Claro que sí.

¿Se sabe algo de Lolita?

Señor, por favor, escúchame y no se enfade conmigo.

Mire, se lo digo desde el cariño... Casilda...

Siempre te he tenido por una muy buena mujer.

Pero no me vas a convencer con respecto al asunto de Genoveva.

Don Felipe...

Yo, a Marcia, también la quería mucho.

Y la echo de menos todos los días.

Lo sé.

Sé que estabais muy unidas.

Y tanto.

Como que, si pudiera, rezaría todos los días

por que volviese a nuestro lado.

Pero eso no va a pasar.

No.

No la volveremos a ver.

No la volveremos a ver hasta encontrarnos en el cielo.

Si es que alguna vez vamos allí.

Pues claro, señor.

Allí estaremos todos.

Allí me encontraré yo con mi Martín.

Cuando la vida le quita uno lo que más quiere,

lo único que nos queda es acordarnos de todo lo que hemos vivido

con esas personas.

(Sintonía de "Acacias 38")

Buenas. -Buenas.

-¿Qué tal todo por aquí, Carmen?

-Pues ya ve,

aquí sentada, rezando, con los nervios rotos por mi nuera.

-¿Dónde tienes a Lolita?

-Se la han llevado a hacer unas pruebas,

todavía no dan con lo que tiene.

-Esperemos que sea algo de poca monta.

-Eso es lo que todos pedimos.

A cada minuto que pasa, vemos el diagnóstico más negro.

-Pobre mujer.

Con lo fuerte que ha sido ella siempre.

-Sí, doña Susana.

Pero, ahora, toda esa fortaleza se está quebrando.

-Bueno...

Habrá que esperar a que terminen el estudio.

Ahora, con los rayos X, saben cosas que antes ni se figuraban.

-Sí, no nos queda otra que esperar los resultados. Pero...

Pero es que los médicos

no nos están dando muchas esperanzas.

Yo diría que nos van preparando... para lo que pudiera venir.

Hay que tener fe.

Y confiar...

en que la Virgen de los Remedios la proteja.

Estoy rezando un rosario tras otro.

Y me temo que no está sirviendo de mucho.

-¿Han pensado...

que sus males, más que por una mala enfermedad,

le vengan por el disgusto que le dio su marido?

-Ay, por Dios.

No creo que se pusiera tan mala por algo así.

Pues dicen las malas lenguas

que Lolita pillo infraganti a Antoñito con Natalia,

en una actitud de lo más comprometida.

Y que fue ahí donde se desmayó. -Mire...

Ahí viene.

Muchas gracias. Ya termino yo de acostarla.

Lolita, hija...

-Hum...

-¿Cómo te sientes?

Mira quién ha venido a verte. Doña Susana.

-Y a desearte que vuelvas al barrio lo antes posible.

-Me parece que para eso... me va a tener que esperar sentada.

-Pero ¿te sientes peor?

-Estoy muy cansada, Carmen.

Me han mirado por todos lados. Ya nos dirán qué han encontrado.

-Has de ver que no va a ser nada malo.

-Eso me gustaría creer.

Mi suegro se ha quedado hablando con el médico.

A ver qué le dicen.

-Sí, pronto vendrá a contarnos, ya verás.

-Rosina te manda recuerdos.

Quería haber venido, pero estaba muy ocupada.

-Se lo agradezco igual.

La intención es lo que cuenta.

-Buenas tardes. -Buenas.

-Le he traído unas flores para animar esto.

-Es usted muy amable.

La verdad es que sí,

hace falta un poco de color en estas habitaciones.

-¿Cómo se encuentra, Lolita?

¿La veremos pronto por el barrio jugando con su retoño?

-Mi Moncho.

Qué ganas tengo de abrazarlo.

Quién sabe si podré volverlo a hacer.

-No digas eso, ¿me oyes?

Tendrás a tu hijo en brazos antes de lo que tú te piensas.

Eso tenlo por seguro.

-Venga, Lolita, no se diga que las mujeres de Cabrahígo

sois unas flojas.

Te vas a recuperar en un tris.

-Si me perdonan, no puedo seguir con la charla.

-Claro.

Estoy muy preocupado por mi nuera.

Los médicos no acaban de dar con la dolencia que padece.

-¿Y eso cómo puede ser?

He sabido que le están haciendo

todo tipo de pruebas. -Así es.

Pero ninguna con resultados significativos

que indiquen cuál es el tipo de mal que le corroe.

-Es una mujer muy fuerte, don Ramón. Seguro que saldrá adelante.

A mí me ayudó en momentos difíciles.

Me cuesta creer que no vaya a salir adelante.

Lorita siempre ha tenido sus rarezas,

pero nunca le ha faltado determinación.

Eso es bien cierto. Pero nunca la he visto tan mal como ahora.

-Confía en la medicina.

Muy pronto darán con lo que tiene y le pondrán una cura.

-Espero que el remedio no se te muere demasiado.

Si no, sería demasiado tarde cuando llegue.

No, eso no va a ocurrir.

Pronto regresara a casa. En fin...

De cualquier manera,

no me queda otra que intentar animarme.

Verán, tengo una noticia que quizás les alegra el día.

He decidido abandonar mi lucha contra Genoveva.

-Vaya.

Sí que es una buena noticia.

¿Qué le ha hecho cambiar de opinión?

¿Nuestros consejos? Y la insistencia de Casilda.

-Al final, la opinión de la criada ha pesado más que la nuestra.

No, no es eso.

Simplemente, terminó de abrirme los ojos.

-Sea como sea, nos alegramos de que haya cambiado de opinión.

Aunque no tengo ninguna duda de que Genoveva mató a Marcia,

no voy a prender ninguna acción legal contra ella.

No hasta tener pruebas contundentes.

-Ha hecho usted muy bien. Así se evitará muchos disgustos.

-Desde luego, esto es lo mejor para usted y el comisario Méndez.

-El comisario se vería inmerso

en una serie de investigaciones estériles.

Esa mujer tiene las espaldas muy bien cubiertas.

Sí, es algo que he considerado.

Y he pensado mucho en Laura al tomar esta decisión.

-¿En Laura?

¿A qué se refiere? Temo por su seguridad.

Genoveva es muy manipuladora.

Podría darle la vuelta a la situación

y hacerle pagar a Laura por la muerte de Javier Velasco.

-A mí tampoco me extrañaría nada.

Conociendo a esa mujer,

cualquier inocente puede salir trasquilado.

Por eso quiero dejar pasar un tiempo.

Pero, tarde o temprano,

le haré pagar a Genoveva por todo lo que ha hecho

-Pero, mientras ese momento llega, yo le aconsejo que siga con su vida

y deje todo esto en un segundo plano.

Esa es mi intención.

Y lo primero que quería hacer era pedirles disculpas

por mi comportamiento en estos últimos días.

No tiene que hacerlo.

Somos amigos, don Felipe.

Estamos aquí para apoyarle en lo que necesite.

-Y lo hacemos con todo el placer del mundo.

Brindemos por esa sabía decisión.

Hoy noto el barrio revuelto.

Entre la misa por la memoria de Marcia

y que Lolita está en el hospital,

todo son rumores y chismorreos.

-Oye, ¿sabe ya lo que tiene Lolita?

-Pues supongo que un disgusto de bigotes.

-Por un berrinche, no ingresan a una persona en el hospital.

-Pero, oiga, este era de los gordos.

Piense que ver a tu marido con otra mujer

descompone hasta la más pintá.

-Pobre mujer, si es un pedazo de pan.

No es justo que le engañe así.

-Ni ella ni nadie.

La mayoría de maridos deberían estar colgados.

Por felones y por sinvergüenzas. -¡Eh, eh, eh!

No te pases.

Tampoco es menester que generalices.

Algunos esposos somos fieles a nuestras mujeres

se presente la ocasión que se presente.

-Cómo me gustaría poder ir a visitarla.

En estos momentos es cuando más se necesita

el consuelo de nuestros conocidos.

-Ya, pero sabes que no puedes salir de esta casa.

-Entonces, es menester que vayas tú en representación de esta familia.

-Yo voy adonde tú quieras, manojito de rosas,

aunque sea al fin del mundo.

-Acércame el sombrero que trajo doña Susana,

que voy a echarle un vistazo.

-¿Quieres que le lleve algo a Lolita?

-Unos bombones.

Eso siempre apetece, por muy enfermo que estés.

Y, de paso, me traes a mí unos poquitos.

-Aquí están.

-¡Ay!

Ay, mira, mira, mira.

Ha quedado perfecto.

Justo lo que yo quería. ¡Ole!

Ay, qué ganitas tengo de que detengan a ese malaje

para poder volver a salir a la calle.

-Ten paciencia, morena.

El enajenado ese pronto estará entre rejas.

Y tú podrás resucitar entre los muertos,

como nuestro señor.

-Ay, que Dios me perdone.

Pero él solo estuvo muerto tres días y lo mío va a ser cosa de meses.

Menos mal que Rosina y Susana me alegran la vida con sus visitas.

-¿Sí? No creo que fuese muy buena idea

compartir con doña Susana todo lo que está pasando.

-Oye, ¿por qué piensas así?

-Casi descubre todo el pastel delante de su sobrino.

Ya estará con la mosca detrás de la oreja.

-No seas exagerado.

Tendrá cosas más importantes que pensar.

Tampoco era raro que ella te diera un sombrero.

-No creo que él se tragara sin más nuestros embustes.

-Qué exagerado eres. Ves aguiluchos donde solo hay gorriones.

-Ojalá me equivoque.

Ahora, cuando salgas, vas a la mantequería

y me traes unos buenos chicharrones.

-Que tengo un antojo. -Que no, que no.

¿Ves como no tienes cuidado?

Cada vez que hablamos con nuestros amigos de comida,

dices que te encantan los chicharrones.

A pesar de que yo los odie.

Si ven a la chica comprando, van a sospechar por fuerza.

-¿Te estás escuchando? Vamos a ver,

¿quién va a pensar que por comprar chicharrones

yo sigo vivita y coleando?

No se puede ser más agorero, José.

-Sí, tú tómatelo a chirigota.

Tenemos que andar con pies de plomo.

Tú sigues estando en peligro, chiquilla.

De chicharrones, nada.

Que se conforme con un poquito de chorizo.

-Debes darle un recado a Rosina, dile que venga cuando pueda.

Tengo una idea para disfrutar de los chicharrones.

-Pero si el señor acaba de... -Tú llama a Rosina.

Que ya me encargo yo del señor.

-Sí.

-Eso.

Señor arcipreste...

Es un honor que pueda dedicarme unos minutos de su tiempo.

No, no tiene que darme las gracias.

Estoy encantada de poder ayudar a la Iglesia

con ese pequeño donativo.

Es una suma considerable.

Pero estoy segura de que hará muy buen uso

de esas miles de pesetas.

(ASIENTE)

Me parece muy interesante todo eso que me cuenta,

restaurar la catedral es toda una prioridad.

(SUSPIRA)

¿Que qué es lo que me ocurre?

Lo cierto es que me encuentro muy desasosegada.

Sé que puedo contar con el señor, que él me auxiliará.

Y sepa que yo no dejo de rezarle.

Pero, desde que mi esposo

inició el proceso de la nulidad de nuestro matrimonio, yo...

Yo me siento muy perdida.

Quizás sí que pueda ayudarme.

La nulidad es un proceso muy largo.

Pero no estaría de más que mi esposo

encontrara algunos palos en sus ruedas.

Lo que quiero decir

es que ese documento podría extraviarse.

Retrasar todo unos años.

Yo soy una mujer muy devota.

Nada me gustaría más que mi esposo volviera a casa.

Y poder vivir de nuevo como un matrimonio cristiano.

Sabía que lo entendería y que usted podría ayudarme.

Volver a estar con mi esposo es lo que más quiero en esta vida.

Gracias.

Con Dios.

(Puerta)

Doña Susana.

Qué alegría. ¿Qué le trae por aquí?

Venía a comentarle una idea que he tenido para la ceremonia

que se va oficiar esta tarde en recuerdo de Marcia.

¿Vengo en mal momento?

No, usted siempre es bienvenida. Pase y siéntese conmigo.

Dígame, ¿en qué puedo ayudarla?

Ayer estuve visitando a Lolita en el hospital.

¿Cómo se encuentra?

Cuando tenga un momento, iré a verla.

No tarde mucho.

La pobre no se encuentra nada bien.

Por eso quería que en la ceremonia

dediquemos unos minutos para rezar por su salud.

No será necesario.

¿No le parece bien que recemos

por el restablecimiento de nuestra vecina?

Sí, el contrario, me parece de perlas.

He hecho, ya me he adelantado

y le he pedido al párroco que le dedique una plegaria.

Desde luego, está usted en todo.

Su bondad y diligencia son encomiables.

No tiene ninguna importancia.

Lolita está pasando por un momento muy delicado.

Esos Quesada son de lo peor que hemos tenido en el barrio.

He oído que ella es una descarada.

Sin embargo, su hermano Aurelio es un militar de prestigio,

al servicio de la embajada americana.

Sí, parece que es un poco más serio que Natalia.

¿Cree usted que el joven Quesada meterá en vereda a su hermana?

Carezco de esa información, pero dudo que sean de fiar.

No me gusta nada esa familia.

(Puerta)

El señor Quesada desea ser recibido.

-Hágale pasar.

¿Qué quiere?

-¿Ya, así?

¿No...?

Un poco de amabilidad, no sé, ¿invitarme a un café, quizá?

-Soledad, por favor.

Vaya al grano.

-Muy bien.

Le traigo una propuesta...

que le va a interesar en sumo grado.

-¿Otra vez con el comercio de las armas?

Ya le hemos dicho que no.

¿O es que no tiene suficiente,

ahora que el nombre de su familia está en boca de todo el mundo?

-Ya he reprendido a mi hermana por su amistad con el diputado.

Por otro lado, nadie tiene derecho a opinar

sobre la vida de los Quesada. -Lolita ha terminado en un hospital.

Es un asunto muy grave.

-Si Antoñito y Lolita tienen problemas en su matrimonio,

que lo resuelvan solos.

El resto de los vecinos que se metan en sus asuntos.

¿Quiere oír o no quiere oír mi propuesta?

(ANTOÑITO) "Que no, Liberto, que no, que no quiero sentarme".

Saber que Lolita está en el hospital por mi culpa

me está quitando la vida.

-Si yo comprendo su desasosiego, Antoñito.

Pero de nada le va a servir perder los nervios.

Trate de serenarse. -No puedo.

Ni serenarme, ni comer, ni dormir ni nada

hasta que todo esto no se solucione.

-Temple, Antoñito.

De seguir así, solo conseguirá enfermar.

Tenga un poco de paciencia.

Lolita pronto se recuperará y podrá arreglar las cosas con ella.

-Además, su padre me ha dicho que le están haciendo pruebas.

Así que tranquilícese, muy pronto darán con la cura.

-No creo yo que vaya a ser todo tan fácil.

-Los médicos están en ello.

Debe confiar en su ciencia.

-¿Y si Lolita no está enferma de verdad?

-¿Cómo que no está enferma de verdad?

¿Nos está engañando, todo esto es una pantomima?

-No, no me refiero a eso.

¿Y si el origen de su mal no es algo físico?

¿Y si está así por...?

¿Por lo que pasó con Natalia?

-Pues me temo que eso no podemos saberlo.

Pero es una posibilidad, claro.

-En cualquier caso,

ver lo que vio no creo que le haya ayudado.

-Por mí mala cabeza,

Lolita está a las puertas de la muerte.

Eso es lo que pasa.

(RESOPLA)

-Discúlpeme la pregunta,

pero ¿pasó algo entre usted y la indiana?

-Si les soy sincero, estuve a punto... de dejarme llevar.

La cosa no llegó a mayores...

Pero porque Lolita apareció en ese momento.

-Es terrible que le sorprendiera de esa guisa.

De no haber llegado, el asunto se habría quedado en nada.

-No estaría yo tan seguro.

Lo cierto es que estuve muy muy tentado

por los encantos de Natalia.

No sé yo si hubiese tenido la fuerza de voluntad suficiente

como para detenerme.

-No, si yo lo entiendo perfectamente.

Hace muy poco pasé por una situación similar.

Y es verdad que, en ocasiones, es complicado mantenerse firme.

Por otro lado, es importantísimo hacerlo.

-Daría lo que fuera por volver atrás en el tiempo

y actuar de una forma más noble.

-Pues yo creo que usted ama su esposa.

Y que se hubiera comportado decentemente

y hubiera rechazado a Natalia,

pero no tuvo ocasión de demostrarlo.

-No lo sé, no lo tengo tan claro. Estoy lleno de dudas.

Dudas... y remordimientos.

-Pero es natural que se encuentre mal.

Pero no va a sentirse mejor si sigue aquí torturándose.

Demos un paseo, ¿eh?

El aire fresco le vendrá bien.

Menudo disparate has organizado.

¿Cómo puede ser tan borrico

de pedirle a ese sinsustancia de Servando

que enamore a mi madre?

-Mujer, no había mala intención.

-No, solo jartarse de reír a costa de una pobre mujer.

Muy mala baba hay que tener para hacer algo tan vil.

-Que no buscábamos burlarnos de la tía Benigna.

Se nos ocurrió la pantomima por lo arisca que es.

-¡Y dale Perico al torno!

Qué manía os ha entrado con que es arisca.

Es un cacho de pan. -Sí, del que lleva duro una semana.

-Jacinto, Jacinto...

Ya veremos lo que opina la Marcelina

cuando se entere de lo que habéis hecho

el Servando y tú. -No, no, no le digas nada,

que me defenestra. -Bien que te lo mereces.

Mira..., no lo haré.

Pero solo por no darle el disgusto a mi prima.

-Y te lo agradezco. Marcelina tiene un muy mal pronto.

-Anda que...

Pensar que mi madre podía haberse encaprichado

de un cacho carne con ojos como el Servando.

-Cosas más raras se han visto. -No disparates.

Mi madre tiene mucha más clase que ese patán que tienes como amigo.

-¿Anda por aquí Servando?

-No le he visto en todo el día. ¿Para qué le busca?

-Para darle está tortilla de patatas que le he preparado

y llevo paseando toda la mañana.

-Deme. Si le veo, le digo que suba. -¡Sí, hombre!

Para que venga cualquier muerto de hambre y se la coma. (NIEGA)

La he hecho con mucha cebolla, que sé que es así como le gusta.

-Parece que se esfuerza por agradarle.

-El hombre se lo merece. Veré si lo encuentro en la pensión.

¡Ponte derecha! -Ya.

Si me lo cuentan, no me lo creo.

Mi madre parece encandilada con Servando.

-Ah, lo mismo no es tan patán como a ti te parece.

O que tu madre no es tan exigente como crees.

Que siempre hay un roto para un descosido, mujer.

Así que me propone que compremos carbón.

-Así es.

Mi intención es viajar al norte

y comprar grandes cantidades de carbón.

Pero no solo carbón, también hierro y otros minerales,

que después podemos vender a muy buen precio

a varios países europeos.

El negocio es redondo.

Si la cantidad que compramos es enorme,

el precio es muy ventajoso.

Y el margen de beneficios, inmenso.

-Siempre que encontremos un mercado capaz de absorber tanta oferta.

-La guerra es inminente.

Y todos los países que participan en la contienda

van a necesitar comprar materias primas.

Principalmente, hierro y carbón.

-Admito que es una buena idea.

Pero no sé si este negocio... es totalmente honrado.

-¡Por favor!

Déjese ya de reparos moralistas.

Ya no es de vender armas de lo que le hablo,

sino materiales sin elaborar.

Lo que hagan con ello nuestros clientes

ya no es nuestro problema.

-Está bien.

Gestiónelo.

Puede poner en marcha este negocio.

-Perfecto.

Le aseguro que vamos a conseguir grandes beneficios de este negocio.

No voy a esperar ni un minuto más.

-¿El señor no se queda a tomar café?

-No, tenía prisa en empezar algunos asuntos.

Pero yo sí tomaré una taza.

-¿Ha ido todo bien?

-Perfectamente.

Aurelio parece que se ha serenado y ha sentado la cabeza.

Me alegro, señor. No me gusta verle tan preocupado.

-Le agradezco sus miramientos, Soledad.

La encuentro muy bien esta mañana.

-Eso es usted, que me mira con buenos ojos, señor.

Estoy igual que siempre.

-Yo diría que mucho mejor.

-Permiso.

Entonces ¿qué?

¿Vas a ir a la misa de Marcia?

-Sí que me gustaría.

A ver si termino de hacer mis tareas.

No paro quieta ni un segundo,

y, aun así, me quedan hacer la mitad de las faenas.

¿Cómo es que andas tan mal? Solo tienes que servir a tu señor.

-Es que don José es muy tiquismiquis

y me detiene de zascandil de un lado a otro.

-No me pega a mí que don José

se preocupe tanto por las faenas de la casa.

-No sé fíe usted de las apariencias, no me pasa una.

Se ve un tenedor sucio, me hace limpiar toda la cubertería.

¿Quiere un poco de café?

-Bueno, sí, anda, sí.

Hazme el favor, hija,

que estoy que no te pego ojo de la preocupación que tengo.

-Fabiana, la andaba buscando.

-¿Cómo está Lolita?

-A eso vengo,

a contarles las novedades que hay en el hospital.

Que sé que usted anda muy preocupada.

-¿Qué novedad nos trae? Siéntese.

-Ay, Fabiana...

Pues no muy buenas.

Lolita no mejora,

y los médicos, por más que buscan, no terminan de dar con lo que tiene.

-Yo estoy deseando tener un rato libre para ir a visitarla.

-Y una servidora también. Lolita para mí es como una hija.

-Sé muy bien el aprecio que le tiene.

Pero yo, de momento, no iría para allí.

Está muy débil...

y las visitas pueden fatigarla más.

-Entonces no asomaremos por el hospital.

-Ya le daremos un buen achuchón cuando mejore.

-Aun así, usted manténganos informada.

Estamos en ascuas por ella.

-Cualquier noticia que haya, vengo a contarla a escape.

Y, ahora, si me permitís...

-Carmen...

¿No se toma usted un café aquí con nosotras, mujer?

-Ya me gustaría, Fabiana, pero debo atender la mantequería.

Lolita ha insistido mucho en que la tengamos abierta.

Pase lo que pase.

-Ay, Lolita...

¡Genio y figura!

-Con Dios.

-Oiga, se me ocurre una cosa.

Ya que no vamos a ir al hospital, podríamos mandarle flores.

-Mira, no es mala idea, no. -Buenas.

-Buenas.

¿Sabes si hay café hecho? -Acabo de preparar un poco.

-Indalecia, ven, haz el favor.

¿Por qué no encargas un ramo de flores a Jacinto

para que se lo lleve a Lolita?

-Claro. Pero mejor se lo preparo yo y se lo dejo por cuatro perras.

-Pásame el capazo, Fabiana, que tengo alguna monedilla.

-Nada, ya me lo darán cuando esté entregado el ramo.

-No, no, las peras por delante.

Quién fía, a la postre, pierde dinero y amigos.

Anda.

Toma, y coge lo que precises de las dos

para que Lolita tenga un buen ramo de flores.

Bellita me ha mandado un recado con Alodia para que vaya a verla.

-¿Eh? ¿Qué dices con tanto misterio?

-Que Bellita quiere que vaya a verla.

Por lo visto, te estás quedando sorda.

-Y tú estás cogiendo kilos

y tengo el buen tino de no decírtelo.

¿Qué querrá de mí? Tanto misterio, me descompone.

Qué poco espíritu tienes.

Si vieras cómo estaba Lolita en el hospital...

Tengo un síncope.

¿Tan mal está? Yo pensaba...

Bueno, que se había desmayado...

al encontrar a su marido... con Natalia.

-Parece que no es solo ese.

Los médicos no paran de hacerle pruebas.

-A lo mejor está en estado de buena esperanza.

-No lo creo.

De haber algún embarazo en ciernes,

es más probable que fuera de Natalia.

-¡Por Dios!

¿Crees que Antoñito haya llegado tan lejos con esa joven?

-No me extrañaría. Esos indianos son unos salvajes.

No entienden de moralidad.

-¿Adónde vamos a ir a parar? La civilización se está hundiendo.

-Bueno, he hablado con Genoveva sobre el funeral de Marcia.

El párroco va a rezar una oración

por el pronto restablecimiento de Lolita.

Genoveva ya se lo había pedido.

-Me parece muy oportuno.

Hay que reconocer que Genoveva

ha vuelto la mar de atenta con todo el mundo.

Míralo, qué altanero va.

Si mi hermana se hubiera comportado como una fresca,

no sería capaz de ir con la cabeza alta por la calle.

-Buenas.

-Natalia es una vergüenza para su familia.

Y para el barrio entero.

-Espere un momento.

¿Qué ha dicho de mi hermana?

-Nada que no sea cierto, caballero.

El comportamiento de su hermana es más propio de una buscona

que de una niña de buena familia.

-Lo que ella haga nada le importa a un par de cotillas como ustedes.

-¿Qué dice? -Le exijo que se retracte.

-Nada de eso, no pienso hacerlo. Es la pura verdad.

Son un par de brujas

que se dedican a escarbar en las debilidades de los demás

para entretenerse.

Sus existencias son tan mediocres y aburridas,

que tienen que vivir la vida de otros.

Con Dios.

-¿Has visto qué malas formas, Susana?

-Lo que yo te digo, esos indianos son unos salvajes.

Vamos a tomarnos una tila. -Un chocolate con churros,

que me sosiega más. -Pues eso.

Buenas. -Buenas.

-¿Qué estás haciendo?

-Apuntando las flores que voy a poner en el ramo.

Me lo han encargado para Lolita. -Ah.

¿Y para eso lo tienes que poner en un papel?

Me han dicho las flores que le gustan

y no quiero que me se olviden.

-En ese caso, apúntame a mí también unas pocas.

-Eso está hecho. -Ahí tienes.

-Por lo que parece, esta Lolita es muy querida en el barrio.

-Como que es una de las mejores personas de por aquí.

-¿Le puedo preguntar una cosa? -Claro.

Las que quieras.

-¿Usted cree que una mujer mayor

se puede enamorar de un señor de edad?

Algo así como el Servando.

-Pues claro.

La pasión amorosa no es una cuestión de edad, llega cuando llega.

Y, si me estás preguntando por tu madre,

he de decir que la he visto con Servando

compartiendo una tortilla.

Y los he visto tan felices que me he acordado de Arantxa.

No, esa sí que hacía unas tortillas bien ricas.

-¿Quién es esa Arantxa de la que me habla?

-Arantxa es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Y me voy, que tengo trabajo.

-Pues a más ver.

-¿Qué le pasa a ese? Va como ido.

-No sé bien. Para mí, que se recuerda de algún amorío.

-Ah, pues que se ande con cuidado.

Va con la mirada perdida y se puede caer por las escaleras.

-Madre...

Eso le puede pasar a cualquiera.

Hasta a usted.

-¿Qué me quieres decir, hija mía?

-Madre, acláreme.

¿Anda en amores con Servando?

-¿Cómo?

-¿Están pelando la pava a sus años?

-¿De verdad te crees que Servando me hace tilín?

-Eso es lo que parece.

-¡Ay, por Dios!

¡Ay, qué gracia!

(RÍE)

Buenas tardes.

-Buenas tardes.

-¿Cómo está Lolita?

Un poco... Más o menos, igual.

-Menuda desgracia os ha caído encima.

-No lo sabe usted bien.

Estamos todos desechos por la preocupación.

-Carmen, si tú estás aquí, ¿quién se está ocupando de Moncho?

-Antoñito, Ramón y yo nos vamos turnando

para atender al pequeño.

Ahora se ha quedado Antoñito con él.

-Ay, de verdad, esos Quesada...

No han traído más que desdichas a este barrio.

Deberías haber visto cómo nos ha tratado Aurelio

a Susana y a mí, una cosa de no creer.

Una enormidad. -¿Quiere que le ponga algo?

Me figuro que ha venido a comprar.

-(CARRASPEA) Sí, sí.

Verás, yo quería...

medio kilo de chicharrones.

-Pues ahora mismo se los pongo.

-¿Qué haces esperando aquí, Rosina?

-Ah, pues nada. He venido a comprar una cosa

y estoy esperando a Carmen.

-¿Por qué no has avisado a Casilda, mujer?

-Porque está muy ocupada, la pobre. Era una urgencia.

-Buenas tardes, don Liberto. -Buenas tardes, doña Carmen.

-Aquí tiene, sus chicharrones.

Desde que nos dejó Bellita, apenas vendíamos.

Yo creo que ella nos compraba todos los que teníamos.

Me gustaban con locura. -Gracias.

¿Me lo apuntas en la cuenta? Gracias.

-Rosina...

¿Se puede saber por qué has comprado chicharrones?

Sabes que a nadie nos gustan. -Es que se me han antojado.

Si siempre has dicho que te parecían una ordinariez,

que era comida de jornaleros.

Me habrá cambiado el gusto con los años.

La gente cambia de opinión.

Ahora... El otro día pensaba en ellos,

digo: "¡Qué ricos los chicharrones!".

Con este olor y esta textura tan...

Me encantan, me vuelven loca... Bueno, nos vemos en la iglesia.

Madre, ¿vamos a tardar mucho?

Tengo el quiosco desatendido.

-Ten un poco de paciencia, en un rato terminamos.

Benigna, aquí me tiene.

Un amigo, un esclavo, un admirador, ¿qué precisa de un servidor?

Me basta con que me escuche.

Me va a preparar otra tortilla como la de antes.

Es que esas manos son de ángeles.

Cualquier cosa que usted toca, se convierte en un manjar de dioses.

Déjese de melindres y abra bien las orejas.

Lo que tengo que decir tiene su miga.

Cualquier palabra que salga... ¡Cierre el pico de una vez, leñe!

(RESOPLA)

Vamos a ver.

Quiero aclarar las cosas, para que nadie se lleve a engaño.

Al parecer, hay quien piensa, Indalecia incluida,

que entre nosotros dos

se ha encendido la llama de la pasión.

Y nada está más lejos de la verdad.

Ah, ¿no? No.

Lo que pasa es que usted me recuerda mucho

a mi hermano el pequeño, Paquito.

-¿El que emigró a América?

-Sí, al que hace un porrón de años que no veo.

Ay, a Paquito le encantaba la tortilla de patatas con cebolla.

Y siempre llevaba un palillo en la boca.

Por ese motivo, empecé a mirarle a usted con cierta simpatía.

Ya está. ¿Y nunca le he gustado?

No. ¿Ni siquiera un poquito?

Ni una pizca.

Usted es un esmirriao.

A mí me gustan más los hombretones, como Cesáreo,

que es mucho mejor ejemplar.

Usted... (RÍE)

¿Dónde voy yo con semejante enclenque?

¿Qué dice, señora? Toque, toque, estoy hecho un Hércules.

No sé engañe, es usted igualito que mi hermano,

que no hizo el servicio militar por flojo.

Ahí se equivoca usted del todo, señora.

Uno está muy bien y tiene sus pretendientes.

No se lo voy a discutir; para gustos, los colores.

Yo quería que lo supiera antes de volver al pueblo.

Las cosas deben quedar bien claras para que nadie se lleve a engaño.

Con Dios.

Con Dios.

-Me barrunto que va a tener

que dejar de aprovecharse del Jacinto.

Se le ha terminado el chollo.

Fíjese, yo creo que su madre se equivoca.

Porque esos ojos, esa tortilla...

no puede engañar a uno.

No, su madre está loquita por un servidor.

¿Qué le va a hacer? A mí me pasaría lo mismo si fuera ella.

Entonces ¿no sabe nada nuevo?

-Tu padre está con ella.

En cuanto los médicos tengan el diagnóstico,

vendrá corriendo a decírnoslo.

-No sé yo si voy a ser capaz de esperar tanto tiempo.

-Pues no te queda otra.

-A lo mejor me acerco al hospital un momento.

Y usted puede quedarse cuidando a Moncho.

-Eso ni lo pienses. ¿Qué quieres? ¿Que se ponga peor?

Después de lo que ha pasado con Natalia,

si apareces por ahí, a Lolita le da otro sofoco.

Y puede que de este no se recupere.

-Que sí, Carmen. Si, tiene razón.

-Lo mejor que puedes hacer es quedarte tranquilo.

Llevarte a tu hijo a merendar.

Y, de paso, te tomas una tila para que te sosiegue los nervios.

-Pues sí, eso haré.

Voy a ver si me sosiego un poco y cuido de Moncho,

que no tiene culpa de la mala cabeza de su padre.

Cada minuto que pasa,

veo más lejos la salida de este túnel.

En fin, Carmen...

Gracias.

Carmen.

¿Tiene un momento?

-Qué susto me ha dado. ¿Qué es lo que quiere?

-Vengo a preguntarle por Lolita.

Tengo entendido que aún está en el hospital.

Se lo pregunto sinceramente.

Me siento muy mal por todo lo que ha ocurrido.

No quería hacer daño a su nuera.

-¿No? -No.

-Si es verdad lo que dice,

debería haberlo pensado antes de hacer lo que hizo.

-Sé que he obrado mal, y lo lamento. Pero no busco su comprensión.

Solo le pido que me informe de cómo está ella.

-Aún no sabemos el mal que tiene.

Los médicos están buscando la forma de sacarla de este brete.

Pero, de momento, no han llegado a ninguna conclusión.

-Lamento oír eso.

Y deseo de todo corazón que se mejore pronto.

-¿Sabe?

Yo, de usted, me marcharía.

En breve, empezará una misa a la que acudirán muchos vecinos.

No sería bueno que la vieran.

No la tratarían muy bien.

Lolita es una mujer muy apreciada en este barrio.

"¿Dónde están los obreros?".

-Uf, no sabes lo informal que es esa gente.

-Yo no sé si es que se van cuando llego

o es que todavía no han venido, pero nunca alcanzo a verlos.

-Bueno, hemos tenido algunos problemas

con la cuadrilla que contratamos.

Pero la semana que viene vamos a tener a otros.

-Sí, la semana próxima

solucionaremos todos nuestros problemas.

Y para siempre, ¿verdad?

-Los problemas nunca terminan.

Cuando se solucionan unos, aparecen otros.

Me sorprende que usted diga eso.

-Bueno, no le hagas caso a tu abuelo. Hala, vamos a misa.

-Vayan yendo, que yo me voy a quedar un momento

a ver cómo está quedando el sótano.

-De eso nada.

No voy a permitir que un flamante abogado como tú

se manche el traje de yeso.

-Si ahí abajo no hay casi nada para ver.

No merece la pena, Miguel.

-Mejor.

Así tardaré menos.

Venga, vayan yendo, que les alcanzo en un tris.

-Oye, mejor me quedo contigo,

abrimos una botella y hablamos de nuestras cosas.

Al fin y al cabo, a mí no se me ha perdido nada

en la iglesia. ¿Verdad, Sabina? -No.

La verdad es que no.

Pues muy bien, voy yendo.

Con Dios.

Muchas gracias por venir.

Casilda...

Me alegro de que hayas podido venir.

He hecho un poder y he terminado con mis obligaciones.

Marcia estará muy contenta en el cielo por verte aquí.

Erais tan buenas amigas.

Fabiana, muchísimas gracias por su colaboración.

Ha venido todo el mundo.

A excepción de los Palacios, claro. Cosa de lo más natural,

teniendo en cuenta lo mal que se encuentra Lolita.

-Nada que agradecer, señora.

Vamos, Casilda, hija.

-Genoveva.

¿Qué tal va todo?

Parece que su convocatoria ha sido un éxito.

No tengas ninguna duda.

Han venido desde los vecinos más ilustres

hasta los más humildes criados.

Puede estar contenta.

Esto es todo un reconocimiento a su persona.

Sí, solo falta Felipe.

No crea, ahí viene.

(Campanas)

-Quiera Dios que don Felipe no cometa una barbaridad.

La ceremonia está a punto de empezar.

No te retrases.

Lola, hija... -¿Hum?

-¿Cómo te encuentras?

-Dolorida, suegro.

Estoy como si me hubiera coceado un mulo.

-¿Quieres un vaso de agua? -No.

Tengo frío.

-Así.

¿Te sientes mejor ahora?

-¿Quién se ocupa de mi hijo?

-Tú no te preocupes por eso ahora.

Lo que tienes que hacer...

es coger fuerzas y ponerte bien pronto.

-¿Cómo no me voy a preocupar...

si es lo más importante que tengo?

Dígamelo.

-Antoñito se hace cargo de él...

mientras Carmen está en la mantequería.

No pienses en eso ahora, hija.

El crío estará bien con su padre.

-Es que no lo puedo evitar.

A pesar de haberle visto como le vi,

le quiero, suegro, le quiero.

Soy idiota, ¿verdad? -No.

Solo estás enamorada.

-Hasta las trancas.

Aunque él no sé si me...

-Lolita...

Lolita, hija, despierta...

Lolita, por el amor de Dios, abre los ojos.

Por favor, abre los ojos, despierta.

Todavía hay algunos que piensan

que es usted responsable, tonterías, pero...

¡Pronto se darán cuenta de su error!

¡Todos, incluido mi marino!

Muchas gracias. Se va a poner de contenta...

-¿Se puede saber qué está pasando aquí?

Si el lance llega a la prensa, será un escándalo.

Si es que un hombre público y, para colmo, diputado,

no puede meterse en esas aventurillas...

Felipe, yo te sigo queriendo.

Tan solo he venido a comprobar...

lo estúpida que puedes llegar a ser.

¡Son escoria, esos vendepatrias mexicanos!

-¡Señora!

¿Quiere que le diga a don Marcos

que está insultando a su hija a voz en grito?

-Me preocupa tu abuelo. -¿Por qué?

-No sé, últimamente, dice muchas cosas sin sentido.

Ya le acabas de oír.

No sé, deben de ser cosas de la edad puntos

-Gracias por todo, ya puedes marcharte.

-No.

La Lola me pidió que no la dejase con usted a solas.

Es mucho el trato, y siempre me han tratado con cariño.

-El cariño que usted siempre se ha merecido.

Dispuestos para embarcar.

Saldremos de Barcelona dos días después del golpe.

-Si todo va bien.

Ay, Ramón...

Me marcho de aquí.

Me voy de Acacias.

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Acacias 38 - Capítulo 1319

31 ago 2020

Felipe recapacita gracias a las palabras de Casilda y comunica a los preocupados Liberto y Ramón que cesará en su persecución a Genoveva. E incluso aparece en el funeral por Marcia convocado por su esposa.
Los médicos someten a Lolita a varias pruebas en el hospital, pero no logran localizar el origen de su mal. Antoñito, carcomido por la culpa, termina confesando a Liberto y a Miguel la incómoda situación en la que Lolita le descubrió con Natalia.
Bellita no cesa en sus caprichos, poniéndose sin quererlo en peligro.
Carmen impide a Antoñito que acuda al hospital, pues ese es el deseo de Lolita. La salud de la cabrahiguense empeora sin remedio.

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