www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5651559
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1315 - ver ahora
Transcripción completa

¿Existe un resquicio abierto

para que Genoveva vuelva a la cárcel?

A la cárcel y quién sabe si también

a una nueva solicitud de pena capital.

No será una mentira piadosa para neutralizar todas las amenazas

que he preferido contra esa mujer, ¿verdad?

Me gustaría poder tirar un poco más del hilo

antes de decirle a usted algo más concreto.

Comisario, por favor, espere. Espere.

No puede venir aquí, lanzar el anzuelo

y marcharse sin más. De acuerdo.

Llevo días dándole vueltas a otro caso.

La desaparición de Javier Velasco.

-¿El abogado de Genoveva? -El antiguo abogado de Genoveva. Sí.

-Es cierto, desapareció de un día para otro sin dejar rastro.

-El caso no me fue asignado.

No se puede investigar por asesinato porque no ha aparecido el cuerpo,

pero sospeché de ella desde el primer momento.

Está bien, pongámonos a ello.

Puedo hablar con mis compañeros

y también con los colegas más cercanos a Velasco.

Entiendo su ansia, Felipe. Pero, por el momento,

preferiría que se limitase usted a esperar mis noticias puntos

Comisario, por favor, le puedo ayudar.

Sí, pero ahora no es el momento, es demasiado pronto.

-Es mejor no alborotar el gallinero, ¿no?

-Todos conocemos a Genoveva.

Sabemos que, de enterarse,

pondría en marcha su maquinaria de defensa.

Maquinaria que tiene engranajes hasta en palacio.

-Estoy de acuerdo con Méndez.

Es mejor que practique las primeras indagaciones

en la más absoluta reserva.

-Haga caso a su amigo, don Felipe.

Tiempo tendrá de aportar a la investigación

cuando tengamos algo más que indicios.

Y no se torture, es lo mejor.

De acuerdo. De acuerdo, comisario.

(Sintonía de "Acacias 38")

Bien sabe Dios que no me contengo por usted,

Sino por la amistad que un día me unió a su padre.

Nadie merece perder un hijo por esto.

-A otro perro con ese hueso, ¿eh?

-Usted ya no tiene redaños.

¿Don Marcos Bacigalupe?

¿El Macho Bacigalupe? No, eso es cosa del pasado.

Váyase, antes de que me arrepienta. -Vamos.

Vamos, remate.

-¡Váyase! -¿Sabe por qué no resuelve?

No por la amistad con mi padre ni ninguna de esas zarandajas.

No lo hace porque sabe perfectamente que puedo desarmarle en un momento

y que el que acabaría con la barriga abierta sería usted.

-A lo mejor no es el gallo que piensa.

O, a lo peor, soy el mismo Bacigalupe que antes.

-Muy bien, muy bien, don Marcos.

Tenemos que intentar llevarnos bien.

Al menos, poder soportarnos.

Ambos queremos que la empresa arranque y triunfe.

-No estoy muy seguro de eso.

Esta sociedad ha nacido de la extorsión

que me hacen su padre y usted.

-No, no diga eso. No nos llame extorsionadores.

Es una sociedad voluntaria de hombres libres.

Al menos eso es lo que está escrito en los escritos fundacionales.

-Está bien.

Está bien.

Pero...

No quiero volver a escuchar de su boca el nombre de mi esposa.

-De acuerdo. -(CARRASPEA)

-Reconozco mi insolencia. Excúseme.

Pero por unas razones idénticas a las suyas

le pido por favor que no vuelva a insultar a mi padre.

Ni que reniegue de esta sociedad.

En lo referente a los negocios,

creo que usted intransigente en exceso.

No puede usted rechazar todas mis propuestas.

Y menos sin habernos sentado a discutirlas a fondo.

-Solo no acepto las que chocan

con mi sentido de la ética o con mi honor.

-Tiene usted la piel muy fina.

De todas maneras, tenemos que preocuparnos

de que nuestra sociedad salga adelante.

Y, visto lo visto, solamente será posible

si usted y yo llegamos algún tipo de acuerdo.

-Muy bien.

Pero nos mantendremos siempre en los términos legales.

-Para eso está el abogado.

-Esa fue la idea, contratarlo.

-Convendrá conmigo que ese tipo

no está teniendo un comportamiento muy ecuánime.

-Le aseguro que no tengo con él ningún tipo de trato secreto.

-Claro, claro.

No le hace falta.

Ya se guardaría él de llevarle la contraria

al padre de la muchacha por quien suspira.

-¿Eso cree? -No, estoy convencido.

Desengáñese, socio.

Si usted y yo tenemos algún desacuerdo,

ese abogadito se va a poner de su parte.

Y no va a velar por los intereses de la empresa.

-Muy bien.

¿Y qué es lo que propone?

-Pues es nítido.

Buscar otro abogado. -No.

-Por muy eficiente que sea, nunca voy a confiar en él.

-Eso no va a suceder.

Quizá baste simplemente con esperar.

Conociendo a su hija Anabel como la conozco,

es muy posible que ese muchacho dentro de poco sea un recuerdo más.

-Al nombrar a mi hija tan a la ligera,

¿está intentando volver a provocarme?

-No, señor. Estoy contemplando los futuros posibles de la empresa.

Y lo siento mucho, pero ese abogado no encaja en ninguno.

-Me niego terminantemente.

Si exige usted el cese de don Miguel Olmedo,

la sociedad está deshecha.

-¿Qué cómo terminó? (RESOPLA)

Pon uno de sus desplantes de orgullo desaforado.

-Sí, eso ya me lo imaginaba.

Conozco muy bien a Aurelio.

La soberbia es su marca de nacimiento.

Quería saber si te amenazó.

-Bueno, tanto como amenazar, me advirtió.

Que mi posición a favor de tu padre traería consecuencias.

Supongo que tratará de despedirme.

-Mi padre no lo permitirá.

-Eso es, precisamente, lo que no quiero que ocurra.

Bastantes problemas tiene ya tu padre.

-No te sientas culpable.

Mi padre solo hará lo que considere justo.

-De eso, ya me he dado cuenta. Un hombre de negocios.

Pero con límites éticos.

Da gusto trabajar.

Aun así, ya te digo,

solo seguiré si voy a servir de ayuda.

No pienso representar un obstáculo más

en la marcha de la sociedad.

-Si no fuera así, mi padre te lo diría. Persevera.

-Eso haré.

-Claro que lo harás.

Serás el mejor aliado de don Marcos en el desarrollo de esa empresa.

-Desde luego, por mí no quedará.

Pienso poner lo mejor de mí en cada empeño.

-¿Y cómo te va en el caso de camino?

-Conseguiré defender sus derechos a la herencia.

Será arduo, pero conseguiré que prevalezcan sus intereses.

Si es que, en realidad, me va todo bastante bien.

Sigo a buen ritmo con mi tesis.

El único escollo es Aurelio Quesada.

-Olvídate ahora de Aurelio Quesada.

-Ahora que lo pienso, hoy no te he pedido ni un beso.

-A ver si ahora, que estamos comprometidos,

ya no te interesan mis besos. -Oye, no digas eso.

Te estrecharía entre mis brazos hasta el amanecer.

Y hasta el siguiente amanecer.

-¿No es eso lo que has deseado hasta ahora?

-¿Y si nos vamos a la pensión?

-No lo deseas realmente.

-Compruébalo.

-Se te va la fuerza por la boca.

Nada más me gustaría que irme ahora contigo, y lo sabes.

Pero luego te arrepentirías.

Y no quiero aprovecharme de las circunstancias.

-Esto es el mundo al revés.

-Es el mundo como tú lo quieres, ¿no?

-Nunca dejas de sorprenderme.

-Perfecto.

No soportaría aburrirte.

-Eso no sucederá jamás.

-Ah, ni un beso me das.

-Por uno, ni me molesto. -Muy bien.

¿Nos vamos? -(ASIENTE)

-Perfecto.

(TOSE)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Lolita, anda, déjame que te ayude.

Estás pachucha.

-Cansada.

Nada más.

-¿Cómo cierras tan tarde la mantequería?

-He cogido unas viandas, para la despensa.

-Pues hala. Tira para casa, que seguro que tu Monchito

te está echando en falta.

-Por él subo.

-Arrea, mujer, ¿ande vas a ir que más valgas?

¿No están las cosas más suaves con tu esposo?

-De mal en peor, Casilda.

Dónde coger viandas es una excusa...

para llegar lo más tarde posible a casa.

-No tiene buena pinta, no.

-Si no fuera por Monchito, ya habría tomado las de Villadiego.

-¿Pa tanto es?

-Pa más.

A ti no te puedo engañar.

Mi Antoñito ya no es el hombre que me cameló.

-Es un hombre ocupado. Ya tendrías que estar curtida.

-Estoy desesperada.

-Lola, ¿quieres contármelo?

A lo mejor hace que te sientas mejor.

-Es muy largo.

-Siento decirte esto...

Pero tienes que apechugar.

Por tu Monchito, más que nada.

-Es lo que estoy haciendo.

Ya te lo contaré.

Cuando me duela menos.

Ay, Lolita... Está como si la hubieran pisoteado.

-Y por el marío.

-Tanto ahogo y desazón no es solo por mal de amores.

-¿Y por qué más puede ser?

-¿Has visto el color que tiene últimamente?

Entre verde y blanco, como la hoja del olivo.

Ahí hay algo más.

(RÍE)

Como un león, dices.

Los leones rugen, no roncan. Bueno, pues como un gorila.

El caso es que todas las cacerolas estaban temblando.

Esa mujer va a terminar conmigo. Anda que...

En menuda te has metido. Si quieres, pienso algo

para que no pases una noche como la pasada.

No, no. Usted ni acercarse a la tía Benigna, que nos conocemos.

Ya tengo a la Indalecia cabreada, no necesito a más mujeres de morros.

¡Ay, qué habrás hecho!

¿Yo? Nada. Si eso es lo peor,

ha sido el sereno el que se ha ido de la mojá.

¿Sí? ¿Qué ha dicho?

Le soltó a la Indalecia que la tía Benigna era una siesa.

Claro, como no la conoce, la Indalecia se ha pensado

que lo siesa me lo he escuchado a mí.

Y amenaza con ir a la Marcelina a decirle que la Benigna me cae mal.

Pues dile la verdad a tu prima y que salga el sol por Antequera.

Que no puedo.

Que yo respeto a mi familia política como si fuera la mía.

Además, se llevaría un disgusto.

Tiene a las dos en un pedestal.

-Echa un café, posadero.

Se dice "buenos días", ¿no?

Por lo menos en la ciudad y a estas horas de la mañana.

Buenos días...

Posadero.

¿Ve?

Si no es tan difícil, eso es otra cosa.

Su café, señora.

¿La maña con el mondadientes la aprendió usted en la escuela?

No, señora.

Esto no es mañana, esto es arte.

Por lo tanto, es intuitivo.

No soy yo mucho de dar coba,

pero permítame decirle que es gloria bendita

verle a usted maniobrarlo con tanto desparpajo y salero.

Ya le digo, es que me sale así.

(RÍE)

Tiene usted gracia, es justo reconocerlo.

Quédese usted das vueltas...

Posadero.

Olé, las mujeres rumbosas.

Oye, pues no te voy a decir que ronca o no ronca,

por no tacharte de mentiroso,

pero, vamos, eso de que es una agria... Y mucho menos, siesa.

Me atrevería a decir que hasta es agradable, fíjate.

Por favor, dime que queda café.

Me ha despertado su aroma.

-Sí, señora. Claro que queda.

Si el señor se ha tomado solo una tacilla.

Este pobre hombre ni come ni bebé.

Se va a quedar en el espíritu de la golosina.

-Bueno, prepara pronto el almuerzo y bajas a casa de doña Genoveva

para poneros de acuerdo en cómo le vas a servir.

-Señora, por favor, no me haga eso.

-Por favor, Casilda, no seas melodramática.

Para mí es un deber ayudar a mis vecinas.

Para ti es una orden.

Bajas y aprovechas para pedirle disculpas

por tu salida de tono.

Pídele perdón.

Ben, Sabina, ven.

Mira lo que tengo.

-Te agradezco el detalle,

pero creo que no se me ha olvidado ninguna fecha.

Para todas las cuentas, hoy es nuestro aniversario.

Es lo que les he dicho a los vecinos que me ha preguntado por el paquete.

Y eso es lo que les dirás tú si te preguntan, ¿entendido?

Segunda entrega.

-El Bala nunca decepciona.

-En perfectas condiciones.

Ni humedad ni grumos.

(Ruido)

-¿Qué ha sido eso?

¿No has colocado las maderas para que no entre nadie?

-Deben haberse colado. Escóndelo.

Yo subo a ver qué ocurre.

¿Se puede saber qué haces aquí?

-¿Cómo que qué hago aquí? Pues reñirles.

-No sé de qué me hablas.

Deja este tablón, todavía te me descalabras.

-¿Qué pasa? ¿Tengo que ser siempre el último en enterarme?

-Es su aniversario.

-Ah, ¿eso? Sí.

-¿Cómo que "ah, eso"? Podría haberles regalado algo.

¿Qué? ¿Cuántos años de matrimonio dichoso?

-42. -48.

-Mira, pues se me han hecho cortos.

-Ya, ya, ya.

A juzgar por el tamaño del lazo,

ha debido de ser un regalo de órdago.

¿Qué le ha comprado?

-Una colcha de... -Un vestido precioso.

-¿Qué está pasando? -Nada, hijo. ¿Qué va a pasar?

Nada.

-Me están mintiendo. ¿Cómo te vamos a mentir?

-No, hijo no. Estás muy equivocado. No te mentimos.

-Miguel, te voy a explicar algo.

No le hagas pasar un mal trago a tu abuela.

-¿Yo?

-Sí, tú, preguntando y preguntando.

La gente, y más tu abuela,

tiene derecho a disfrutar de sus regalos

sin que nadie venga a entrometerse.

-Ya, pero es normal que los regalos se comenten.

-Este no.

-¿Por qué?

-Es que hay que contártelo todo como a un chiquillo.

Te he regalado una cosa...

que usamos en la intimidad.

-¿Mi abuela y usted? -Sí.

Tendría que haberlo visto, se quedó prendá del Servando.

-Y yo que pensaba que lo había visto todo ya.

-Todo lo que tiene de siesa

lo echó en coquetería de buenas maneras.

Ahí no acabó la cosa. En casa, que si Servando por aquí,

que si Servando por allá... -¿Y contigo es más delicada?

-¿Qué? ¡Qué va!

Ni esta, me trae a maltraer.

Menos mal que no está la Marcelina, me podría costar el matrimonio.

-Debes quitártela de encima.

Su atracción por Servando te viene bien.

-Con Servando, nada me puede ir bien.

-Escucha, me ha iluminado una idea. ¿A Servando le hace tilín Benigna?

-¡Bah! Ese no le hace tilín ni las campanas del Corpus.

-Bueno, en ese caso será más complicado,

pero igual de efectivo.

Lo único que tienes que conseguir es que Servando le haga caso a Benigna.

Vamos, que se le camele. Y así te la quitas de encima.

-Oiga, oiga, oiga, sí, sí, sí, sí. No, buena idea, ¿eh?

También me estaba rondando la cabeza.

Me ronda desde que la vi apreciar el arte del mondadientes.

Usted lo ha dicho antes, cada uno es cada uno.

Pero ¡Sereno, por Dios!

Señoritas.

¿No habíamos quedado para echar la partida?

Se me ha pasado la hora. Estábamos charla que te charla...

Venga, vamos. -Espere.

Servando, una cosa quería comentarle.

Verá, que...

¿Se ha planteado llevar a la tía Benigna a la partida?

No.

No me lo pienso plantear. Espere, hágalo por mí, Servando.

No se lo pediría si no estuviera tan apurado.

Que me juego mi matrimonio, que me juego el futuro.

Usted es la único que la puede camelar

y hacer que le suavice el genio.

¡Acabáramos! Tú lo que quieres es que la conquiste.

-No le está pidiendo tanto. Solo que le haga algo de caso.

Vamos a ver.

Uno es un seductor nato.

Uno es el galán.

Yo he nacido para complacer a las damas.

Sí, me puedo ocupar de tu tía Benigna

Eso sí, no aseguro ni garantizo que la conquiste.

Ahí lo dejo. Entonces ¿dice que sí?

Bueno, no digo que no. Depende de lo que saque yo a cambio.

Pues no se me ocurre nada, pero le puedo dar una vuelta.

Tú vete dándole vueltas mientras el menda se va a echar la partida.

Cuando lo tengas, me avisas.

Vamos, sereno, que parece que le pesa el trasero.

-(SUSPIRA) Con Dios.

Carmen.

-Doña Susana.

-Mucho fervor has puesto hoy en el rezo.

¿Tienes algo por lo que pedir? ¿Va todo bien en casa?

-Sí, va todo bien. Gracias.

Pero, bueno, siempre rezo con la misma devoción.

-Me alegro, pues.

Por un momento había pensado... -¿Se ha fijado en doña Genoveva?

-Hablando con el sacerdote, ¿verdad? -Sí.

-Y un buen rato.

Genoveva es muy apasionada y quizá un poco excesiva.

Pero las cosas como son, a creyente pocas la ganamos.

Por no hablar de su generosidad con la Iglesia.

-Ahí viene.

Buenas tardes, señoras.

Buenas.

Seguro que se estaba usted preguntando

qué hablaba con el párroco largo y tendido.

-De asuntos piadosos, no me cabe duda.

Voy a sufragar una misa en recuerdo de Marcia.

-¿Cómo?

¿Por qué se sorprende usted, Carmen?

Ha quedado demostrado, y por partida doble,

que yo no le hice ningún mal a esa muchacha.

Tengo todo el derecho a rogar por su descanso eterno.

-A mí me parece de lo más atinado.

Y nos vendrá muy bien a las que, como yo,

intentamos que vuelva a la vida en el barrio como una más.

Espero que sean ustedes mayoría.

Lo que no acabo de entender es que no sean ustedes todas.

Me resulta raro ver que hay mujeres

que no comprenden que he sido una víctima...

de un marido infiel.

Y que, no conformes con mi tolerancia,

intrigaron para llevarme al cadalso.

Genoveva, no se haga usted mala sangre.

Lo pasado, pasado está.

Para eso es esta misa.

Ha llegado el momento de perdonar y olvidar.

A todos.

Incluida la mujer que me robó mi esposo.

Y es usted muy generosa, no cabe duda.

He hecho acto de contrición.

Yo también he pecado de soberbia a veces.

Pero ahora todo eso quedará atrás.

Estaría dispuesta hasta perdonar a mi esposo...

si él me lo pidiera.

(SUSPIRA) Su actitud cristiana es...

casi como la mía.

Espero que Dios la escuche.

No creo que Felipe, por muy recto que parezca,

esté dispuesto a olvidar.

Dale tiempo, la paciencia también es una virtud.

Me conformaré con su desprecio.

Yo solo busco ser una vecina más del barrio.

Andar con mis amigas y que ellas puedan contar conmigo.

No la defraudaremos.

No quiero más reproches.

Y mucho menos, revanchas.

Perdono a todo aquel que me ofendió en el pasado.

Pueden decirlo por ahí.

-Yo, si me disculpan, tengo que ir a la mantequería.

Gracias.

-No hay de qué, espero que lo disfrute.

-Es usted más buena que el tocinillo de cielo.

-No exagere, solo soy una buena amiga. Muy buena amiga.

-Gracias por hacerme todo esto mucho más llevadero.

Sé que para usted el esfuerzo es muy grande, de verdad.

Y quiero que comprenda

que mi agradecimiento es del mismo tamaño.

-Me está costando.

Para mí permanecer callada es como una tortura.

Pero, bueno, vayámonos, que aquí las paredes oyen...

y las ventanas ven con ojos de halcón.

-Dicho y hecho, cada uno pa su lao.

-(GRITA)

-José y Rosina...

Rosina y José.

Como sabes, Miguel ha entrado a formar parte

de nuestra empresa con los Quesada.

-Sí, padre.

Está muy contento.

-Puede estarlo.

Para él, el empleo es una oportunidad.

Y, al tiempo, una forma de adquirir experiencia

en el mundo real.

En la selva del mercado.

-Lo sabe y lo agradece.

Como agradece el caso de Camino

y las impugnaciones del testamento de Ildefonso.

Miguel siempre estará de su parte, padre.

-No es ahí donde yo quería llegar exactamente.

Él estará de parte de los intereses de nuestra empresa,

que para eso se le ha contratado.

Mi duda es otra.

¿Vas en serio con él?

-Una mujer sensata solo puede responder

de una forma, padre.

El tiempo lo dirá.

Usted siempre ha sido partidario de la reflexión

y de tomarse tiempo en las decisiones importantes.

Alabado sea Dios.

-No me gustaría estar en la piel del pobre Miguel.

Eres la mujer más que escurridiza que conozco.

-Tómeselo usted también con calma. Le noto muy tenso.

¿Es por Aurelio?

Miguel me ha comentado que tienen sus diferencias.

Sin detalles, él es muy profesional. Pero me lo ha contado.

-Olvídalo.

No quiero que una señorita como tú se mezcle en negocios.

Como te he dicho, son una selva.

Y, cuanto menos tengas que ver con Aurelio, mucho mejor.

-¿Un poco más de chocolate? ¿Señor, señorita?

-Sí, gracias, soledad. Un poquito más.

Es uno de los mejores chocolates que he tomado en toda mi vida.

Y los pasteles, inmejorables, ¿eh?

Tiene usted mano de santa para la repostería.

-Gracias, señor.

-No, a mí no. Muchas gracias, Soledad.

Mi padre tiene razón, está muy bueno, pero no puedo más.

Bueno, voy a recoger mis cosas

y saldré a dar un paseo por los jardines del príncipe.

Hace una tarde estupenda.

-Nunca he sabido atar en corto a esta muchacha.

-Es muy buena chica, señor.

-Sí, pero siempre hace lo que le da la real gana,

y es por mi culpa.

La tengo abandonada por los malditos negocios.

-¿Tiene algún problema con la compañía, señor?

-Me preocupa, sí. Me preocupa.

Los Quesada nunca han sido de trato fácil.

Y Aurelio es el peor. El más rudo, el más osado.

Claro, que una vez salió mal parado con nosotros, y aún le duele.

-¿Mal parado?

-Anabel... y él se prometieron.

Todo iba sobre ruedas

hasta que Anabel no se presentó a la boda.

-¿Y por qué razón?

Perdón. Perdone, señor, no debería hacerle esa pregunta.

-No, no, no, no.

Está muy bien así, descuide.

Si le estoy contando todo esto

es porque, de alguna forma, ahora es usted mi confidente.

-Se lo agradezco, señor.

-Me pregunta por las razones del desplante.

La culpa fue de...

Bah, es igual. El caso es que...

Aurelio nunca ha podido olvidarlo.

-Tiempo al tiempo, señor.

Permiso.

"¿Felipe?".

Se puso hecho una fiera.

Perdió la cabeza por completo.

Al extremo de enfrentarse con un funcionario

y acabar partiéndole la ceja.

No, gracias a Dios, yo no estaba allí.

No sé qué podría hacerme el hombre al que tanto amé una vez.

Ganas de matarme no le faltaba, desde luego.

Eso es lo que digo yo. Está poseído por Marcia.

Sigue ejerciendo su posesión desde ultratumba.

Esa mujerzuela nos destrozó la vida. A los dos.

A él y a mí.

Sí.

Mejor hablamos en otro momento.

Y te daré todos los detalles.

Muchas gracias por llamar.

Haces muy bien tu trabajo, Casilda.

Estás dejando la casa como los chorros del oro.

Se lo hago lo que usted ha mandado.

Y tú eres una chica muy obediente, ¿verdad?

Procuro.

¿Crees que me he olvidado?

Pero qué piensas de mí, tú misma me lo dijiste.

Soy una asesina. ¿Verdad?

Marcho a la cocina.

Pero la justicia no te ha dado la razón.

Han intentado condenarme dos veces

y he salido absuelta.

¿Tú te crees más lista que la policía y los jueces?

No, señora.

Por supuesto que no.

Me alegra que lo reconozcas.

En realidad, no tendría que estar hablando todo esto con una criada.

Pero yo vengo de familia humilde.

Considero que todos somos iguales. Me gustaría olvidar el pasado.

No tiene importancia lo que yo recuerde u olvide.

Cierto.

Pero me gusta soñar que, al menos en Acacias,

los de arriba y los de abajo podemos llevarnos bien.

Sin rencores.

No es por nosotros por quien tiene que preocuparse, señora.

Ante los hombres, usted ha sido declarado inocente.

Pero usted y Dios saben la verdad.

Piense en él.

Te crees más cerca de Dios que yo.

No.

Pero solo espero que cada noche, antes de acostarse,

piense en lo que le va a decir a él... el día del juicio.

El juicio de verdad.

Duermo muy tranquila.

Con su permiso,

voy a marchar a la cocina. Sí.

Mejor.

Buenas tardes don Roberto.

-¡Oh, señor Enríquez! Nuestro banquero de cabecera.

Pase, pase usted.

Sabina, ha venido a vernos el señor Enríquez.

-¡Oh!

No me podías dar mayor alegría.

Un placer, señora.

-Siéntese. Siéntese usted. -Siéntese.

-Supongo que viene a hablar de negocios.

-Así es.

En nuestro banco siempre tenemos la solución para nuestros clientes.

-¿Quiere decir que nos ampliará el crédito?

-No se puede ser tan directa con un banquero, Sabina,

te lo tengo dicho.

-No, no, su mujer hace bien en ir al grano, el tiempo es oro.

-Oh, sí, sí.

El tiempo es oro para los ricos.

Para los demás es pura de bisutería.

-El caso es que don Ramón Palacios,

ínclito vecino y padre diputado en Cortes,

me ha informado de su solicitud.

Y, en efecto, estamos en condiciones de ampliarles el crédito.

-Es una gran noticia.

-Eso quiere decir que nos consideran gente solvente.

Y aciertan. Y aciertan. -Pero hay una pequeña condición.

Tendrán que aportar como garantía una propiedad inmobiliaria.

-Poca condición.

Pondremos como garantía nuestra propia casa.

-Sí, sí, sí. No tenemos ningún problema.

Nosotros siempre somos buenos pagadores de nuestras deudas.

-Pues, en este caso, poco más hay que hablar.

¿Pueden pasarse por las oficinas en dos semanas?

Con las escrituras de la vivienda, eso sí.

-Verá, nosotros también tenemos una pequeñísima condición.

Disponer de dinero en efectivo, contante y sonante,

en el mismo día de la firma.

-Hasta la última peseta.

-Claro, naturalmente, en efectivo todo.

-Bueno, pues un placer. -Lo mismo digo.

Un placer, señora.

-Adiós.

(RÍE)

Al señor Enríquez le brillaban los ojos de avaricia...

al saber que teníamos una casa.

-Parece mentira que con esa perspicacia

haya llegado a banquero.

-Sí, sí.

¿Qué más da? Que espere sentado

a que vayamos a firmar la ampliación del crédito.

-Para entonces, seremos ricos.

¿Te das cuenta, Sabina? ¡Ricos!

-¡Ay, Roberto!

¡Roberto!

El mejor sitio, en el mejor momento. ¿Verdad?

-No la entiendo, señorita. -No disimules.

¿Te crees que no me he dado cuenta

de que nos has visto tontear a Miguel Olmedo y a mí?

-¿Yo? Yo no he visto nada.

-No mientas. No te hace falta.

No estoy enfadada si eso es lo que crees.

Poco me importa lo que opinen los demás.

-Entonces, no hay caso.

-Sí que lo hay.

No quiero darle disgustos a mi padre en estos momentos.

Así que preferiría que no lo fueras contando por ahí.

-¿Cómo puede pensar usted eso? Yo soy una tumba, señorita.

-Gracias.

Ya te diré cuando mi padre se libre de preocupaciones

y puedas hacerlo público.

-No me extraña que usted quiera que se sepa.

Su novio está de toma pan y moja.

¿Verdad que es guapísimo?

-Es un adonis.

-Aunque tiene un defecto.

-¡Quién lo diría!

No sabe besar.

Pero aprende rápido.

-Mire, es usted una descará.

-Hemos venido a este mundo a disfrutar.

Con Dios.

-Con Dios.

-Estás mu colorá.

¿Te ha echao un piropo un mozo?

-Qué va, la señorita Bacigalupe, que es un demonio.

Es muy simpática, pero un demonio.

¿Te crees que me ha dicho

que le está enseñando a besar a su novio?

-La muy descará.

Aunque a mí no me coge de sorpresa.

Mi prima Marcelina ya me ha dicho cómo es cada uno en este barrio.

-¿Y os va bien a la tía Benigna y a ti?

-No podía ser de otro modo.

Mi madre siempre es muy querida allá por donde va.

-Es una lástima que no haya podido conocerla todavía.

El señor Domínguez me necesita

y estoy todo el día de la ceca a la meca.

-Ya me han contado también.

Bastante tienes tú con lo que pasa en tu casa.

-¿Y qué es lo que pasa en mi casa?

-De lo que no me entere yo...

¿No ves que estoy llevando el quiosco?

Ahí se oye de todo.

-¿Y dicen algo de los Domínguez?

-De doña Bellita, más bien.

-¿Y qué es lo que dicen?

-Que Dios la tenga en su gloria.

Ay, ¿debían decir otra cosa?

-No, nada, eso, que nos consume la pena. Con Dios.

Por un pelo.

-Jo... Qué rarita es esta muchacha.

No, no te escabullas ni trates de darme esquinazo

como estos últimos días.

Ahora mismo me cuentas la verdad.

¿Qué te traes con don José Domínguez?

-¿Estás insinuando una barbaridad?

-Ese truco ya me lo sé, no te hagas la ofendida.

Contéstame.

Tienes dos posibilidades:

o estás liada con don José, Dios no lo quiera,

o es verdad que el mató a Bellita y te está amenazando,

que todavía es peor.

-Habla, habla ahora.

(RECUERDA) "Pero entonces ¿no van a matarme?".

-(JOSÉ RÍE) -"¿Matarla?".

-Como si no hubiéramos tenido suficientes difuntos en este barrio.

-Lo dice por la pobre Bellita, ¿verdad?

-No precisamente.

(SUSPIRA)

Pase.

Que sí.

Una sorpresa.

Si hasta le vamos a dar un poquito de sidra.

Pase, no pasa nada.

Verá usted qué sorpresa.

-¡Ay!

Bellita...

¿Viene usted de entre los muertos?

-¿Qué muerto ni muerto?

Vivita y coleando me tiene aquí, ya le digo.

-No puede ser.

-Que sí, mujer. Ande, tome asiento, que la pongo al día.

Alodia, tráele un vasito de agua a doña Rosina, mi arma.

-Me habían dicho que sidra. Y el pastel, no lo olvides.

-Hay que ver, Rosina, usted es genio y figura.

Tome asiento.

-Bellita.

-¿No contestas?

Vaya.

Parece que estás metida en un buen lío, ¿eh?

Cuéntamelo de inmediato o, por tu bien,

tendré que hacérselo saber a mi sobrino.

-¿Qué es eso que tengo que saber?

Acabo de despedirme de Moncho.

Ni siquiera yo sabía cuánto le quería hasta este momento.

Igual que a ti, Lola.

-Llevas ropa planchá para una semana.

Cuando se te gaste, vienes y te llevas más.

Te lavaré y plancharé, nada más.

-¿De verdad quieres que me vaya?

¿No te vas a compadecer ni un poco?

Lola, si me dejarás hablar, no tendría que irme.

Somos una familia.

Podemos volver a ser una familia unida.

-Tú siempre confiando en tu piquito de oro.

Pues esta vez la pintan bastos.

Necesito que te vayas.

Aunque sea solo para poder planchar.

Hoy por hoy, da igual lo que digas, es que no me creo na.

-Yo no te he engañado, maritornes. -Vete sin rogar, por favor.

No quiero pasar una noche más contigo.

-Por ahora.

-Por ahora.

-Creo que te equivocas.

Y que esto perjudicará gravemente a nuestro hijo en el futuro.

Y a ti también.

-Yo no tengo futuro si tú no me quieres.

-¿Me vas a dar un beso por lo menos?

-Aire.

Muchas gracias por tu empeño.

Aquí tienes una propina más que generoso.

Puedes comprarte un bozal para seguir hablando mal de mí.

Hablaré de usted como me plazca, Genoveva.

Me da igual si mi señora me despide.

Habrá sido por no arrastrarme

delante de la mujer que mató a mi amiga Marcia.

¿Qué está pasando aquí?

Felipe.

Casilda, márchate.

¿Estás bien?

Felipe.

¿Puedo hablar contigo?

No viniste a visitarme a prisión ni contestaste mis cartas.

Seguimos siendo marido y mujer.

Sí, por desgracia.

Tenemos asuntos que tratar. Pasa, por favor.

Tenemos asuntos que tratar, pero no como marido y mujer.

Si no, digamos..., como socios...

por un contrato que firmamos.

Pero ahórrate los ruegos, no me enterneces.

¿Vas a entrar entonces?

Naturalmente.

Tenía muchas ganas de estar a solas contigo.

Esto no puede terminar bien.

Estad prevenidos.

Es posible que pronto tengáis que dar un escarmiento.

-¿Dónde vas, prima? ¿Qué llevas en la maleta?

-Me marcho de Acacias pa siempre.

-Ya no queda nada.

El túnel está prácticamente terminado.

-Deja de pensar en lo que es adecuado o no.

Yo te ayudo.

-"No me avergüenza reconocer que estoy profundamente preocupado

por la por la relación que, al parecer,

mi hermana ha entablado con su marido".

"La espero esta tarde en el callejón de los jardines del príncipe".

-No he podido evitar enamorarme de usted como una colegiala.

-Parece olvidar que yo soy un hombre casado.

-"Quiero saber toda la verdad"...

de una vez por todas".

-Le aseguro que así será.

-Esconde, esconde eso, rápido. Busca un sitio. Vamos.

Claro que sí, nos va a venir a todos muy bien tomarnos un vinito.

¿Verdad, Roberto? -Qué descanso, por Dios.

-Cierra, ve cerrando, Roberto. -Voy, voy.

"Yo te amo, Felipe". "Esto no es amor, es obsesión".

Y solo te voy a responder con odio.

¿Vas a tratar así a tu esposa?

¿A la mujer que llevó en su vientre a tu hijo?

Deja de mentir.

Sé perfectamente que esa criatura no era mi hijo.

¿De dónde te has sacado semejante tontería?

Del verdadero padre en persona.

De Santiago Becerra.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1315

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1315

25 ago 2020

Antoñito se marcha de casa. Lolita aguanta el tipo y sólo se derrumba cuando Antoñito se va.

Liberto pilla a Susana haciéndole un ultimátum a Rosina e indaga. ¿Qué tiene que contarle? Más tarde Susana encuentra a Jose y a Rosina en soledad y en actitud sospechosa. Alodia promete discreción a Anabel, pero no lo cumple. Alodia e Indalecia hablan de la situación en casa de los Domínguez.

Aurelio pretende despedir a Miguel, pero Marcos se niega a aceptarlo. Miguel está a punto de sorprender a sus abuelos manipulando la dinamita. Enríquez anuncia a los Olmedo que les ampliará el crédito. Anabel y Miguel siguen su relación, ella se adapta a los deseos de él.

Genoveva y Felipe se encuentran en el edificio y se disponen a tener un cara a cara. El comisario recuerda un resquicio contra Genoveva: el caso abierto por la aparición de Velasco. Genoveva habla de su necesidad de retomar su vida en el barrio y decide organizar una misa por Marcia.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1315" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1315"
Programas completos (1379)

Los últimos 4.039 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. María

    ¡Uy Mariamelia! Aquí vamos por el mismo camino. Y los que manejan RTVE son amigos de los que gobiernan Venezuela. ¡Que Dios nos pille confesados! Saludos

    30 ago 2020
  2. mariamelia

    Siempre he visto Acacias38 por este medio ya que vivo en Caracas,Venezuela y nuestros servicios de television son tal cual el pais que tenemos que nada sirve, pero ahora me encuentro con la desagradable sorpresa que tengo que pagar! ustedes me diran como .... ???lamentablemente tambien han habido otros cambios en la programacion internacional . Gracias por su atencion

    27 ago 2020
  3. Britta

    Casilda lleva varios capítulos que se sale, es un Personaje con un encanto tremendo, pero es que hoy ha estado genial, valientemente se ha enfrentado a la ex-presa asesina de Marcia. Eres una buenísima actriz MARITA ZAFRA. Me da muchísima pena de Lolita, no sólo por su enfermedad sino porque tengo la sensación de que le están "preparando la salida" y es una pena si llega a suceder.

    26 ago 2020