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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1308 - ver ahora
Transcripción completa

Por eso me atrae tanto.

Por favor, Natalia, yo amo con locura a mi mujer y a mi hijo.

Nada me seduce más que un hombre con principios.

No volverá a verla.

Prométame en honor a la amistad que se alejará de ella.

Está bien, le voy a hacer caso.

No la visitaré. Confío en que así sea.

Tenemos que ser más prudentes.

Lo sé, señor, hay ojos por todas partes.

Claro.

Y cualquier desliz puede ser fatal.

¿Eso ha sido un beso?

Lo has clavado, Rosina, don José se ha liado con la criada.

Dios mío.

Mira lo que he encontrado.

¿De dónde lo has sacado?

Estaba tirao en el suelo.

Ya me dirás cuándo se te ha caído, porque esta mañana te lo puse ahí,

Debió de ser cuando vine a casa después del almuerzo.

Don Roberto, ¿adónde va usted con esas maderas?

Uy, ¿y estos sacos en el suelo?

Es por las obras de la bodega. -Ah.

Aprovechamos cuando no hay clientes para emplearnos a fondo.

¿Por la noche?

Bueno, sí, es el mejor momento, ni molestamos ni nos molestan.

Lo que más me duele no es que vaya a ser ajusticiada,

sino el desprecio de mi marido.

No ha venido a verme ni un solo día desde que estoy aquí.

Muy mal hecho.

Felipe es su esposo ante Dios y ante los hombres.

Su lugar está a su lado.

Yo me inmolo por él y él me ignora.

Solo está en mi mano salir adelante, ¿de acuerdo?

Los cuidados no son por compasión, señor.

Solo pretendo hacer mi trabajo lo mejor posible.

Por eso no se preocupe, está a la altura de las circunstancias.

"A la atención del señor Marcel Genis,

editor de El Adelantado".

"Estimado Marcel".

"Me recordarás bien,

pues no es la primera vez que pido tu colaboración

en un asunto de mi interés y del interés público".

Espero que el juez actúe en consecuencia

¡y espero que le dé su merecido!

Cuando vayas al cementerio a visitar a tu amiga negrita,

le das saludos de mi parte.

¿Te ha dicho algo el sereno?

Ha reconocido las cajas.

Son las que usan los mineros en León.

¿Ha visto las herramientas?

No, no, no, pero iba muy atinado.

Es el segundo susto que nos llevamos en pocas horas.

No podemos seguir sembrando sospechas.

Es de Genoveva.

Que yo sobro, ¿no?

Si no te importa,

don Felipe quizá necesite intimidad para leer esa carta.

Claro que sí, disculpe. Con Dios. Que no sean malas noticias.

Si quiere le dejo a solas, para que termine de leer.

No, no, por favor.

Usted es un gran amigo.

Es una carta desgarradora.

¿Y manipuladora?

Bien la conoce usted.

Cada paso que da la que fue mi esposa es un acto de manipulación.

Habla de amor

y resignación ante la muerte segura que le espera tras la sentencia.

Es comprensible y humano.

Escuche esto:

A pesar de todo,

a pesar de que se acerca el día del fin,

el día en que el verdugo me arrebatará la vida,

cuando me voy a la cama por las noches,

te dedico la última de mis sonrisas,

y por la mañana, eres mi primer pensamiento al despertarme.

Es duro escucharlo.

Bien lo dice usted, lo es.

Y desgarrador, no voy a mentirle.

Debe tener mucha presencia de ánimo, Felipe.

Me conmovería si no la conociera.

Escuche bien esto.

Todo lo hice para salvar tu vida,

para salvar nuestro amor.

Tú me lo premias con desprecio, pero no me arrepiento,

hice lo que debía y lo que mi corazón me demandaba.

Una y mil veces me lo jugaría todo por ti.

Conmovedor.

Lo es.

¿Pide perdón?

Bien la conoce usted, ¿qué cree?

Que no. No.

Claro que no.

Morirá, en caso de que lo haga, sin pedir perdón,

sin aceptar sus crímenes,

sin enmendar su error por el daño que ha hecho.

Es su carácter, el carácter del escorpión.

¿Le sigue culpando a usted? Sí.

Insiste en que nada tuvo que ver con la muerte de Marcia.

Es lo que ha dicho siempre.

¿Cuál cree que es el objetivo de la carta?

Me ruega que vaya a verla.

Quiere mirarme a los ojos y declararme su amor

antes de que le llegue el día.

Es un trago difícil de digerir.

¿Ha decidido que va a hacer?

Se acabó, don Ramón.

Sé que no lo voy a conseguir, pero me gustaría que este fuera

el último pensamiento que le dedico.

Hasta nunca, Genoveva.

(Sintonía de "Acacias 38")

Buenas. -Hola, Anabel.

¿Podrías acompañarme?

¿Ahora mismo? -Sí.

Pero tengo un poco de prisa. -Será un momento.

Me esperan mis abuelos.

No te preocupes.

Anabel... Anabel, nos va a ver alguien.

¿Es que estamos haciendo algo malo?

Bueno tampoco.

¿Acaso te estoy besando apasionada? Creo que no, ¿verdad?

Ahora no, Anabel.

Cualquiera diría que no te gustan mis besos.

Vaya manera de despreciarlos.

Solo quiero cuidar de tu reputación.

No hace falta. -Eres una señorita,

no lo olvides.

Es un asco lo de la reputación,

estoy harta de tener que comportarme como una dama.

En público es lo que te corresponde.

¿Y en privado?

¿En privado puedo portarme como una descarriada?

Sabes bien que sí, sabes bien que siempre te comportas así.

Y a ti bien que te gusta. ¿O no?

¿Cuándo volvemos a vernos en la pensión de siempre?

Debemos tener cuidado,

no es el momento, y yo tengo mucho trabajo.

Más te cundiría si te relajaras un rato.

Y sabes que yo soy experta en la forma de relajarte.

¿O es que no te acuerdas?

Anabel, haz el favor.

Si me dejaras hacerte lo que a los dos nos gusta en nuestra pensión,

no tendría que asaltarte en medio de la vía pública.

¿O es eso lo que te gusta, que te aborde en público?

Anabel... -¿Es eso?

Te tengo que pedir que pares.

¿Me estás rechazando? ¿Es que no estás en tus cabales?

Cualquier hombre querría hacer conmigo lo que te acabo de proponer.

Lo sé. Y el primero que quiere soy yo.

Me tienes loco, me haces perder el sentido.

Pues no se nota.

Te deseo con ardor, pero debo contenerme.

¿Por qué? No quiero que te contengas, vaya memez.

Por amor y por respeto.

Anabel.

¿No notas los latidos de mi corazón? Eso es lo que pienso del respeto.

Anabel, que nos va a ver cualquiera que te estoy palpando el pecho.

Recuerdo que te gustaba.

Eres incorregible.

Yo no quiero una relación vana.

Te amo...

y quiero compartir mi vida contigo, que seas la madre de mis hijos.

Eso después,

de momento, vamos a la pensión.

No, entiéndeme, no.

No es que no lo desee,

es que debo tenerte en un pedestal.

No lo entiendo.

Si no lo entiendes, por lo menos respétalo.

Adiós.

El señor no está, a lo mejor prefiere dejarle un recado.

No importa.

Le espero.

Es que no sé cuánto tardará en volver.

No importa, tengo lectura para estar entretenida.

Bueno, como usted quiera,

pero después no diga que no le avisé.

¿Quiere tomar algo?

Nada.

Entonces la dejo,

que estaba fregando la cocina y tengo que aviar la cena.

Con permiso. -Un momento.

Quería comentarte...

Al no estar la señora,

¿tienes que hacerte cargo de todos los asuntos de la casa?

Claro, por eso estoy tan ocupada.

¿De todos todos?

¿A qué se refiere, doña Susana?

A elegir el menú, la compra, las tareas de la casa,

hasta elegir la ropa que va a vestir el señor...

Sí, pero eso también lo hacía con doña Bellita.

Delegaba en mí esas tareas.

Bueno, lo de la ropa no,

eso lo decide él, que es muy suyo con su indumentaria.

Está bien que el señor sienta esa confianza,

siempre que no se propase, claro.

¡Pero señora, ¿cómo puede pensar eso de don José?

No te hagas la mojigata, que todas sabemos cómo son los hombres.

Y don José está todavía en edad de necesitar a una mujer.

Él y yo no...

Ya lo sé,

te lo digo para el futuro.

Ya sé que don José está muy dolido por la muerte de su esposa

y que pasará una temporada muy formal.

¿Y tú?

Yo soy muy formal, doña Susana. -No me refiero a eso,

me refiero a la muerte de doña Bellita,

debió de ser un duro golpe.

Figúrese.

Aquí tiene al señor.

Don José, doña Susana le espera.

Le dije que no sabía lo que tardaría en volver.

Está bien, Alodia.

Buenas tardes, doña Susana.

¿Qué se le ofrece? ¿Desea tomar algo?

Pues...

una limonada, si es tan amable.

Alodia, una limonada.

Claro.

Siéntese.

Pero ¿viene Servando o no viene?

A mí me ha dicho que está casi listo.

Yo no tengo toda la tarde. -Un momento.

¿Para qué nos quiere aquí? -Para cualquier balandronada.

¿No conoce a Servando?

(SERVANDO IMITA UN REDOBLE DE TAMBORES)

¡Tachán!

Con todos ustedes, el gran Servando.

(Aplausos)

Eh. (JACINTO RÍE)

¿Eh? Una pelota.

¿Eh?

Eso lo hacen hasta los niños.

Un momentito. (CARRASPEA)

Dos pelotas.

Uy... ¿Eh?

Y ahora, el más difícil todavía,

cuatro.

¡Cuatro pelotas!

Uh...

(JACINTO SE RÍE)

Eso sí que tiene mérito, Servando, tirar las cuatro pelotas a la vez.

No sé qué ha podido pasar.

Sí.

Esta tarde lo he estado ensayando y me ha salido la mar de bien.

Sin público no tiene mérito.

Claro, seguiré ensayando.

Vamos, que mis progresos son más que evidentes.

A ver.

(JACINTO SE RÍE)

¿Lo ves?

Lo nunca visto, agacharse a recoger las pelotas

cada vez que las lanza.

¿Se puede saber por qué hace el ridículo de esta manera?

Que le gusta buscar el aplauso fácil, ¿no le conoce?

Que no.

Ha estado un malabarista hospedado en la pensión

y me ha abierto los ojos.

Ah... -Ah...

Al final he sabido lo que tengo que hacer.

Voy a dejar a Fabiana y al resto de mi público atónitos.

La velocidad de mis manos será antológica.

Mis manos van a ir más rápido que mi mente.

O su mente va a ir más lenta que sus manos,

que también puede ser.

Juegos de manos, juegos de villanos, Servando.

No sé por qué me esmero en dar flores a los asnos,

cuando con la alfalfa tienen más que suficiente.

Hale, pues con Dios,

mis señores.

Me voy donde aprecien mi arte.

Con Dios.

Y tanto esperar para esto.

Perdón.

Ha sido usted muy amable.

Y desde luego,

la limonada no tiene nada que envidiar

a la que se servía en los tiempos de Bellita.

Es la receta de Arantxa, la dejó apuntada antes de irse a su pueblo.

No sé qué habría sido de nosotros sin sus recetas.

¿Alodia tiene mano?

¿Para la cocina? Mucha mano.

Una suerte.

Y celebro verle tan entero.

Temía que la pena le ahogara.

Hay momentos en los que lo hace, claro está.

La pena lógica de...

una vida entera al lado de Bellita.

Claro.

Bueno, me voy.

Ya sabe dónde me tiene para lo que haga falta.

Gracias, muchas gracias.

No hace falta que me acompañe.

Con Dios.

¿Se ha ido ya?

Menos mal.

¿Qué quería? -Malmeter,

hacerme pasar un mal rato.

Hasta ha insinuado que nosotros...

Que nosotros, ¿qué?

Que usted y yo...

nos entendíamos. -¿Qué?

Será entrometida. ¿Le has dicho algo?

No, nada.

¿Estás segura? -Se lo juro.

Intento hablar lo menos posible pa no meter la pata.

Alodia, hay que mantener la calma y el temple.

Si todo se descubre, estamos perdidos.

Lola. -¿Qué?

¿Puedes venir un momento?

Voy.

No, espera, que voy yo.

¿Qué pasa?

¡Eh!

Así, con los ojos cerrados. Muy bien.

¿Tengo un regalo?

Sí.

Uy. -¿Eh?

¿Has puesto la mesa? -Sí. ¿Qué te parece?

Había preferido un mantón de Manila, pero lo de la mesa está bien.

Mantón de manila, me lo apunto.

Pero hay otra cosa.

Rododendros, la flor típica de Cabrahígo.

Pero estos rododendros no son de Cabrahígo,

¿Cómo que no?

Huelen distinto.

-¿Cómo van a oler distinto? -Sí.

Allí huele más a campo.

Al burro del tío Ambrosio, que tiene la costumbre de regarlos.

Pero ¿y los riega haciendo...?

Sí, cariño. Es un burro, no va a coger una regadera un burro.

Ya.

Qué pena. Las que me han vendido.

Los que no somos de Cabrahígo no diferenciamos ese tipo de olores,

y menos, los del burro del tío Ambrosio, claro.

Da igual.

Muchas gracias por las flores.

De nada.

¿Y qué, cómo ves la mesa?

Faltan las cucharas para la sopa, pero lo demás, bien.

Cucharas. Sabía que me faltaba algo.

No pasa nada, ahora se sacan.

Tu padre y Carmen no cenan aquí, ¿no?

No, estamos tú y yo solos.

¿Se ha dormido ya Moncho? -(ASIENTE)

En cuanto ha apoyao la cabeza en la almohada.

Voy a por las cucharas.

Yo sirvo la sopa.

Aquí están.

Las cucharas van a la izquierda.

A la derecha. -A la derecha.

Por fuera. -Por fuera.

Eso.

Eso es.

No, siéntate, sirvo yo.

Cariño, que no me chupo el dedo. Esto, ¿qué es?

¿El qué?

Pues esto, poner la mesa, servir la sopa, regalarme flores.

¿Qué has hecho que te tenga que perdonar?

Ay, Lolita, cómo eres. Nada, no he hecho nada.

¿Seguro?

Seguro. Es solo para recordarte lo importante que eres para mí,

y que tú y Moncho sois los que dais sentido a mi vida.

¿No me vas a decir ahora que te han nombrado para otra comisión

y que vas a pasar menos tiempo en casa?

No, no es nada de eso.

Está bien, te creo.

De momento.

Pero habrá que aprovechar la noche sin Ramón y Carmen.

Sí. De hecho, he pensado que podemos cenar rápido

y... nos acostamos pronto.

¿A dormir? -Sí, a dormir,

a la habitación se va siempre a dormir.

Igual esto ya se ha quedao frío, ¿no?

A dormir.

A dormir.

A dormir.

Luego.

(Suenan las campanas)

(Pasos)

¿Ya me traes el desayuno?

Por fin.

Yo tenía un gato de escayola que hablaba más que vosotros.

No sé ni para qué os pago.

(SONRÍE)

Esto está mucho mejor.

Ya lo sé, si yo te lo dije.

Pero me cuesta creer que sea cierto

que tengan una relación Alodia y don José,

por el amor de Dios. ¡Jesús, María y José!

Es lo que parece.

Ella es muy jovencita y es una simple criada.

¿Te digo cuántos hombres se han dejado seducir por las criadas?

Así, sin pensar mucho:

don Germán, don Felipe, don Ramón, Antoñito.

O ellas por ellos, que eso nunca se sabe.

Las lagartas son ellas, que son las que consiguen situarse.

En fin,

que Alodia y don José se entienden.

Te lo digo yo, que tengo un sexto sentido para eso.

Y yo. Yo fui la primera que lo pensó.

Pero pobre Bellita, qué poco le ha durado la ausencia

y el luto a su esposo.

Bueno, siendo ella cantante y él torero, ¿qué puedes esperar?

Es verdad.

Es casi como si fueran cómicos, pero parecían tan enamorados...

Y lo estarían, pero a reina muerta, reina puesta.

¿Tú crees que Liberto tardaría tan poco en olvidarme?

No sé, al fin y al cabo, es un hombre.

No te fíes, por si acaso.

Mejor no me muero, y así no lo tengo que comprobar.

Mira, Casilda. ¡Casilda!

¿Vas al mercado?

No, llevo el capazo porque me sienta fetén pa salir de paseo.

Pues claro que voy al mercao, señora, no le jeringa.

Si me vuelves a contestar así,

te lavo la boca con salfumán.

Tiene razón,

me he pasao,

lo siento, pero es que tiene unas preguntas...

Recuerda que tienes que comprar albaricoques,

y que estén bonitos, nada de fruta mellada.

¿"Albericoques"?

Pero ¿no me había dicho melocotones?

Te dije albaricoques, albaricoques.

Y a don Marcos le podía llevar también unos albaricoques,

a ver si se le endulza el rostro.

No se preocupe, ya le compro yo al señor lo que le gusta.

Dale una alegría, que le vendrá bien.

Cuando alguien sufre una desgracia así

es porque el Señor le ha castigado. Pero claro, sus motivos tendría.

No sé por qué dice esas cosas

cuando no sabe lo que pasa en casa de los Bacigalupe

ni lo que don Marcos merece o deja de merecer.

Habrase visto, ¡deslenguada!

Nosotras nos vamos al mercao,

que si no, nos quedamos sin el género bueno.

No soporto a esas hipócritas y su falsa misericordia.

Pero ¿tú lo has oído?

Tranquila, Susana.

Es una descarada.

Ni le prestes cuenta. Tú tampoco has estado muy acertada.

No, ahora la culpa la tendré yo.

Buenos días, señoras.

Perdonen que no me quede a presentarles mis respetos,

pero ando con prisa. -Vaya, vaya.

Qué guapo.

Buenos días. Don José.

Don Felipe. Buenos días.

Buenos días.

Venía a pedirle disculpas

por no haberle hecho llegar mis condolencias

por la muerte de Bellita.

No hace falta que me pida disculpas por no haberme venido a visitar.

Sé que no está teniendo días tranquilos.

Aun así, tenía que haberlo hecho, era una gran mujer.

Y tanto.

Y una gran cantante.

Estoy seguro que será recordada en toda España

por mucho tiempo.

Con un arte sin igual, es cierto.

No me extrañaría que recibiera pronto estatuas y homenajes.

Merecidos serían, sin duda.

¿Y usted cómo está?

Ya sabe que yo también me quedé viudo de Celia,

y de Marcia, aunque no me casara con ella,

y sé lo mal que se pasa en estos momentos.

Entonces, usted ya sabe lo que es. No tengo más que decir.

Días buenos y días malos...

Y hasta dentro del mismo día, horas buenas y horas malas.

Lo sé.

Yo también lo pasé muy mal.

Por eso, vengo a decirle algo, si me necesita, aquí me tiene,

ya sea para tomar un café o para una charla.

Se lo agradezco.

Y no le digo que no le tomaré la palabra si me veo apurado.

Siéntase libre de hacerlo.

Y perdóneme que le pregunte, sin ánimo de resultar indiscreto,

¿cómo está la situación con doña Genoveva?

Verá,

Genoveva solo forma parte del pasado,

un pasado oscuro y complicado, pero superado.

O, al menos, eso pretendo.

Buenos días, vecinos.

Don Marcos. Don Marcos, qué casualidad.

Precisamente, hablábamos de viudedades.

Ya. Desgraciadamente, los tres hemos pasado por esa experiencia.

Don José y yo muy recientemente.

Don Felipe me brindaba, muy generoso,

su ayuda para los momentos de agobio.

Muy amable.

Y lo hago extensible a usted, por supuesto.

Gracias. Creo que deberíamos entretenernos más

y no regodearnos tanto en el dolor.

No hablamos de otra cosa, y eso no es bueno para nuestra salud mental.

Estoy completamente de acuerdo. ¿Ustedes juegan al billar?

Reconozco que no soy muy ducho en el arte de las carambolas.

Yo, con el permiso de ustedes, yo soy todo un campeón.

Especialmente, si se juega a tres bandas.

Eso son palabras mayores.

Un día tenemos que ir a echar una partida.

Y usted no se inquiete, don Felipe, que le enseñaremos algunos trucos.

Verán que soy buen alumno.

Ahora, si me permiten, voy a comprar el periódico.

Pensé que ya lo había leído.

Hay una página que le puede interesar.

Es un perfil de doña Genoveva.

Polémico, si me permite decirlo.

¿Me permite? Sí, claro.

Gracias.

Espero que no sea nada malo.

Todo lo relacionado con esta mujer es malo.

En fin, iré a por mi ejemplar. No, no, quédeselo,

yo ya lo he leído.

Supongo que lo querrá mirar con más detalle.

Si me disculpan...

Con Dios, don Marcos.

Con Dios, don José.

¿Así te comportas con un viejo amigo?

Creo que no tenemos nada de qué hablar.

Te equivocas.

No entiendo cómo puedes tener una educación tan frágil.

Deberías parar, saludar cortésmente, sonreír...

¿Qué quieres?

Veo que ese jovenzuelo te tiene sorbido el seso.

¿Cómo se llama?

Miguel.

Hay que reconocer que hacéis una pareja muy bien avenida,

demasiado, diría yo.

No sé de qué hablas.

¿Pensabas que no me iba a enterar?

Solo quiero ayudarte,

deberías ser más comedida en público.

Ayer te vi aquí con él.

¿Me espías?

No lo necesito, fuisteis muy indiscretos,

escandalosos, diría yo.

Te lo advierto por tu bien,

una dama no puede permitir que unos ojos indiscretos

puedan ver que se comporta con indecencia.

¡No tienes derecho! -¿Ah, no? ¿Recuerdas tu infancia,

cuando venías a buscarme para que te protegiera?

Tantos recuerdos en común me dan derecho a todo.

Ya no necesito que me protejas.

Lo que yo haga, ni te va ni te viene.

Nunca dejaré de hacerlo.

Mira lo que pasó cuando me fui a la academia.

Nadie pudo evitar que te sedujera

ese malnacido,...

Carlos Armijo.

Y ahora, un chupatintas

como el nieto de los cantineros.

Vas de mal en peor.

Cien veces más hombre que tú.

Solo eres un asesino.

No sabes nada de lo que pasó.

Sé lo suficiente.

Y quiero que te mantengas alejado de mí.

Lo haré mientras me convenga, no porque tú me lo pidas.

Solo quiero decirte una cosa:

te odio y nunca perdonaré tu traición de entonces.

Te juro por lo más sagrado que lo vas a pagar.

No dejes nunca tu espalda al descubierto.

Déjame en paz.

Olvídalo ya.

Pero ¿has visto cómo nos ha hablado? -Claro que lo he visto,

pero Soledad no es más que una criada.

Se ha dirigido a nosotras como si se creyera una señora.

El mundo se va al garete. -No exageres.

¿Vas a dejar que una criada te amargue el día?

¿Y qué hago? ¿Lo paso por alto? -Lo pasas por alto,

que si no, vamos a estar semanas pensando en esto.

Se empieza pasando por alto la falta de respeto de una criada

y se acaba con los revolucionarios echándonos de nuestras casas.

Y dale con las exageraciones.

En la guillotina vamos a acabar, como María Antonieta.

Ese día, me dices que exagero.

Si acabamos como María Antonieta, no podré decirte nada.

Que no sé dónde tengo la cabeza. (RÍE)

No hagas chanzas con eso, Rosina.

Mira, Sabina.

Ha puesto un cartel.

Vamos a ver, vamos a leerlo.

¿Qué es esto?

¿Van a cerrar por las tardes? -Eso parece.

¿Y dónde vamos a merendar nosotras?

Ni hablar, no puede cerrar cuando le venga en gana.

Sí, puede, el local es suyo.

Como si es del rey de la Conchinchina, me da igual,

es un servicio para los vecinos del barrio.

Sabina, ¿qué es eso de que solo van a abrir hasta mediodía?

Pues eso,

que vamos a atender por las mañanas y en las comidas.

Pero no puede ser, este local es un servicio público.

Bueno, un servicio público es la recogida de basuras,

esto es un negocio privado.

Y mi esposo y yo hemos decidido que ya va siendo hora de descansar.

¿Y dónde nos tomamos nosotras el café con pastas?

No sé, en la pensión sirven café.

¿Servido por Servando? Eso sí que no.

No sé, en su casa,

seguro que tienen vajilla inglesa.

Claro que sí, pero no es eso, es por hacer vida social,

esa es la función de este local.

Pues tendrán que hacerlas por las mañanas,

que nosotros tenemos que buscar solución a los problemas económicos

que arrastramos.

Pues no lo entiendo, cuanto menos abran, menos facturarán.

Para facturar más, tenemos que acabar la reforma.

Y les dejo, que tengo un negocio que atender.

Ya saben, a partir de hoy, no se sirve por las tardes.

El mundo se va por el sumidero, lo que yo te diga.

Vamos, Susana. -No lo entiendo.

Ni yo, pero no podemos hacer nada. Demos un paseo.

Antes de que se lo digan ellas, prefiero decírselo yo.

Lo siento muchísimo.

Tiene que tener cuidado con esas mujeres.

Se creen las guardianas de la moral y no hay nada peor que ellas.

Sobre todo, esa doña Susana y doña Rosina.

Pobre Liberto...

Sé que son las peores para entrar en disputa,

pero no me pude contener, señor.

Olvidémoslo.

¿Qué ha hecho hoy para comer?

Cocido.

¿Le apetece o le hago otra cosa?

No, no, no. ¿Alguna vez que haya hecho cocido lo he rechazado?

Sabe que me apasiona.

Sí, por eso lo hago una vez por semana.

Muy bien.

¿Ha comprado piparras para acompañar la sopa?

Desde luego, no se me olvida.

Vamos a hacer una cosa,

vamos a tomar esas piparras como aperitivo.

Y traiga dos copitas,

que las vamos a acompañar con algo especial que tengo guardado.

Muy bien. ¿Esperamos a alguien? -No, no.

A nadie más.

Se va a sentar conmigo a charlar y a tomar el aperitivo.

Señor, no me parece muy apropiado.

Solo soy una sirvienta.

Nadie que viva en mi casa va a ser menos que nadie.

Es usted... una sirvienta que hace su trabajo

con mucha competencia y amabilidad,

y es una persona que da la cara por mí cuando me atacan dos cacatúas.

No debí hacerlo. -Lo hecho, hecho está.

Pero le advierto, tenga cuidado con esas beatas.

No volverá a ocurrir, se lo prometo.

Perfecto.

Traiga las dos copitas.

¿Está seguro?

¿Hace falta que se lo ordene?

Siéntese aquí conmigo a tomar el aperitivo.

Y si hace falta, voy yo a la cocina a terminar el cocido.

Lo que usted ordene, señor.

Y no se olvide de las piparras.

Se me hace la boca agua pensando en su sabor.

Espero que sean muy picantes,

ya sabe que en México nos acostumbramos al sabor del picante.

Son las que a usted le gustan. Ahora mismo lo va a comprobar.

Permiso.

Doña Genoveva es la perfecta defensora de sí misma,

la maestra de la manipulación y la intriga.

¿Tan bien la ponen en el periódico?

Ahora mismo te lo paso para que me des tu opinión.

Da que pensar.

¿Será el director del periódico íntimo amigo suyo?

Si no es su amigo, lo habrá seducido. Gracias.

Siempre fue una mujer muy seductora.

¡Ramón!

Para los demás hombres, Carmen.

Yo solo tengo ojos para ti, ya lo sabes.

Ya veo que viven ajenos a los problemas del mundo.

No se crea, don Liberto.

Que mi marido, ahí donde lo ve tan modoso,

luego es un sátiro de cuidado.

¿Ha leído usted el recuadro?

Todo. -Mira, Carmen:

(LEE) "Doña Genoveva

no es solo una bellísima mujer, sino una ejemplar ciudadana,

dispuesta a echar una mano en toda iniciativa que se le presente,

desde la repatriación de soldados a todo tipo de obras de caridad".

"Una mujer que es un puntal de nuestra sociedad".

Parece que tienen en la cárcel a una santa.

Parece que deberían soltarla y el Gobierno la debería contratar

para llevar los programas de ayuda a los necesitados.

Nuestro común amigo, Felipe, debe de estar subiéndose por las paredes.

Toma, Carmen.

Hasta el ministro de Justicia ha elogiado a Genoveva.

Ya sabe cuál es el objetivo final de todo eso,

la inmediata petición del indulto.

¿Y lo conseguirá? -No lo sé,

pero es inquietante que cuente más lo que aparece en un periódico,

que lo que se declara bajo juramento en un juicio.

¿Han leído esto?

¿A qué te refieres? -Escucha.

(LEE) "Una mujer que salvó la economía

de todos los vecinos afectados por unas inversiones bursátiles,

y que ahora le dan la espalda".

Como si la ruina no hubiera tenido que ver con ella misma

y su anterior esposo.

Y ni una sola mención al asesinato de Marcia, es increíble.

La verdad es que no está haciendo nada

que don Felipe no haya hecho antes.

¿A qué te refieres?

A usar la prensa para sus fines.

Eso es cierto, quien a hierro mata, a hierro muere.

Así es. ¿En qué acabará todo esto?

No lo sé. Pero sí sé que a este asunto le quedan muchos capítulos.

Ya lo creo.

Hay que reconocer que doña Genoveva es una mujer muy inteligente.

Y perversa, don Ramón.

Sobre todo eso, perversa, sibilina e intrigante.

En fin, voy a ver qué más pone.

¿Qué, Sabina, cómo ha ido la recaudación?

Muy bien,

como toda la semana, está siendo espectacular.

Yo creo que es la mejor desde que abrimos.

No me extraña nada,

las albóndigas que has hecho hoy estaban de rechupete.

Sí, a la gente le gusta nuestra cocina.

Es una pena que tengamos que cerrar después de las comidas.

Haríamos muy buena recaudación en las cenas.

No nos queda más remedio, ya lo sabes.

Algunas vecinas se han quejado.

Les he dicho que es por la reforma.

Y por la reforma es, pero no por la que ellos esperan.

Roberto, ¿no quieres que nos lo pensemos otra vez?

A ver, llevamos más de un año pensando en esto,

ahora no podemos abandonar, Sabina.

Tienes razón, tienes razón.

En lo que tenemos que pensar

es en cómo mantener a Miguel alejado del local.

No te preocupes,

estará encantado de tener más tiempo para compartir con Anabel.

No sé.

Lo veo raro, muy meditabundo, diría yo.

¿Qué sabrás tú de esos asuntos?

Anda, cierra y pon el cartel.

¿Qué es eso de que van a cerrar por las tardes?

Lo que ves.

Si queremos que el negocio funcione, hay que hacer la reforma.

La reforma puede esperar,

llevamos varios días bastante buenos

y se pueden equilibrar los balances sin meterse en gastos extra.

A nosotros no nos hables raro.

Aquí no hay balances que valgan, se trata de ganar dinero o perderlo.

Y hasta ahora, lo hemos perdido.

Tú mismo lo has visto en los libros del debe y el haber.

A ver, vamos a meditar con calma.

Cuando el restaurante lo llevaba doña Felicidad era rentable.

¿Estás diciendo que no sabemos llevar nuestro negocio?

No se come mejor en ningún otro sitio del barrio,

todo el mundo lo sabe.

Te diría más, de la ciudad entera.

No les estoy criticando,

pero había que esperar a que los vecinos se acostumbraran al cambio,

y eso, ya se ha conseguido, ahora hay que recoger los frutos.

Para eso hacemos la reforma. -Es que no es necesaria.

Mira, Miguel,

déjanos a nosotros y tú dedícate a tus leyes y tus juicios.

Y ya que estamos, preferimos que no vengas por las tardes,

nos distraes del trabajo. Hala, vamos.

¿Me está echando?

Es que, estudias mejor en casa,

con tranquilidad, claro. Esta noche nos vemos.

Ya hablaremos ya, ya hablaremos.

Vamos, que tenemos que avanzar con el túnel.

No nos debe de quedar mucho para llegar a la cámara acorazada.

Según los planos, estamos a punto.

Pues hala, venga, a trabajar.

Ya he avisado al señor,

en un minuto está y viene a saludarla.

No deberías haberle metido prisa.

Solo tenía que ponerse la corbata,

que estaba haciendo sus ejercicios con ella.

Si me permite, voy a la cocina. -No tengas prisa.

Qué rico está el café, Alodia.

Hm... ¿Dónde lo compras?

Es cubano, es de un puesto del mercado.

Era el que le gustaba a doña Bellita.

Bellita,...

cuánto se la echa de menos, ¿verdad?

Sí, mucho.

Morir así, de esa manera, echando la siesta...

Qué desgracia, ¿no?

Una nunca sabe cómo le llegará su hora.

Ya ve usted.

Aunque por otro lado, ya me gustaría una muerte para mí así,

sin sufrimiento, sin dolor, plácida... ¿No te parece?

No me hable de esas cosas,

doña Rosina, que me dan escalofríos.

Aunque, por otro lado, si una se muere así,

se pierde la ocasión de despedirte de los tuyos, ¿verdad?

(DOÑA ROSINA SUSPIRA)

Cuando yo muera,

me imagino alrededor de mi lecho de muerte a mi esposo,

a mi hija, a mis trillizas, a mi yerno,

incluso a Casilda,

claro, a una distancia prudencial, claro está.

Ojalá pasen muchos años pa que eso ocurra.

Sí.

Y también me gustaría dar un discurso sentido a los míos

sobre lo que espero de ellos tras mi muerte.

Por cierto, ¿sabes si Bellita dijo algo especial

antes de echarse su última siesta?

Eso yo no lo sé.

Pregunte a don José.

En caso de decir algo, se lo diría a su marido, ¿no?

No sé, como murió de esa forma tan repentina...

Lo mismo ni tuvo tiempo de hacer recuento de su vida.

He leído que cuando uno muere,

le pasa toda su vida por delante.

Imagino...

que lo leí en algún sitio.

¿Te suena, lo has leído también?

Yo no soy de muchas letras, doña Rosina.

Tengo que ir a la cocina.

No tengas prisa. Hazme compañía hasta que don José salga.

Yo creo que...

si a Bellita le pasó eso, que vio su vida,

tuvo que ser muy emocionante, una mujer de tanto éxito...

Sí, señora. -Que ha actuado

en grandes teatros, delante de las más grandes personalidades.

A lo mejor actuó delante del papa,

del rey de Inglaterra, del zar de Rusia?

Eso no lo sé yo.

Ay, hija, no sabes nada.

Arantxa, Arantxa sí que se sabía la vida de su señora de pe a pa.

Qué pena que se marchara a su pueblo.

Lo siento.

Aunque se ve que tú tienes una relación con tu señor distinta, ¿no?

Yo creo que Arantxa estaba más por su señora

y tú por tu señor, ¿no?

Yo creo que tú eres más afín a don José, ¿verdad?

Perdone, voy a avisar al señor.

Dese deprisa, por favor.

¿Pasa algo? -Que no deja de hacerme preguntas.

Está como doña Susana ayer... -Chist.

Está igual que doña Susana.

Están seguras de que usté y yo tenemos un lío.

Bueno, vamos allá. A ver cómo salimos de esta.

Estate tranquila.

Doña Rosina, qué alegría que venga a visitarme.

¿Cómo le han ido sus ejercicios?

Ah, bien, bien, muy bien.

Todas sabemos que con la falta de Bellita, necesita cuidados.

Aunque parece que Alodia se los proporciona, ¿no?

Esa muchacha besa el suelo que usted pisa.

A una esposa se la extraña siempre, doña Rosina.

Y más a alguien que me dio tanto amor como Bellita.

No siga, don José, se me van a saltar las lágrimas.

Virgen santísima, lee.

Tenía razón.

Está la Virgen del Carmen

y después, pero muy cerca, Genoveva.

Los hombres están que trinan

preocupados por lo que piense don Felipe.

Bueno, él también dio una entrevista y le puso a caer de un burro.

Donde las dan, las toman.

Eso mismo les he dicho yo,

pero no juzgan por el mismo rasero a otro hombre, como ellos,

que a una mujer.

Tampoco Genoveva es una dama indefensa.

No, eso no.

Pero... es de las pocas mujeres que podrían ponerse unos pantalones

y plantarse delante de un hombre.

¿Tú qué piensas de ella?

Yo ya no sé qué pensar, Carmen.

Hubo un tiempo en que me llevaba muy bien con ella,

pero si es responsable de la muerte de Marcia, debe pagar.

Lo mismo pienso yo.

Pero... lo más importante es que esto acabe de una vez,

antes de que medio barrio acabe peleado con el otro medio.

Quiera Dios que eso no ocurra nunca.

¿Y esos rododendros?

Regalo de Antoñito.

Pero esos no son de Cabrahígo, le han dao gato por liebre.

Mujer, la intención es lo que cuenta.

¿Y por qué te los regala? ¿Tiene algo que hacerse perdonar?

Lo mismo le pregunté yo... y puso el grito en el cielo,

que si no podía demostrarle amor a su mujer

sin tener dobles intenciones.

No.

No, ¿qué?

Que un hombre siempre tiene dobles intenciones.

Y si no las confiesa, es porque son terribles.

Carmen, que me asusta.

Ni que no conocieras a tu esposo, alguna barrabasada habrá hecho.

Tiene razón.

(Timbre)

Debe de ser el correo. Voy yo.

Pues sí.

Carta para Ramón,

para Ramón, para Ramón...

Para Antoñito. Mira, y una carta para ti.

¿Pa mí? ¿De quién?

No lo sé, no pone remitente. Toma.

Uy...

La última carta que me mandaron fue la de Úrsula.

Bueno, y la anterior,

por la muerte del tío Morteruelo en el pueblo.

Me da no sé qué, que las cartas siempre traen malas noticias.

Lolita, no seas supersticiosa.

Mire, los pelos como escarpias.

Te dejo tranquila para que la abras.

Yo voy tirando para la mantequería,

y tú te quedas descansando, que buena falta te hace.

Se lo agradezco.

Hoy no estoy yo muy católica.

¿Esto qué es?

(SUSPIRA)

(LE CUESTA RESPIRAR)

¡Felipe!

¡Felipe!

¡Felipe! ¡Felipe!

Perdone, comisario, iba pensando en mis cosas.

¿Ha leído el periódico?

Sí, claro, no se habla de otra cosa.

Ni en la comisaría, ni en los juzgados, ni aquí en el barrio.

La maldad de Genoveva no nos ha pillado por sorpresa.

Así es.

Pero no es eso de lo que quería hablarle.

Dígame, soy todo oídos para lo que me quiera contar.

La maniobra del periódico

no es la única que ha puesto en marcha doña Genoveva.

¿Ha hecho más cosas desde dentro de la cárcel?

(ASIENTE)

Si me dijera que está cavando un túnel para fugarse, me lo creería.

No es un túnel, pero el objetivo es el mismo,

abandonar la prisión.

Comisario, me tiene en ascuas.

Doña Genoveva ha escrito a la Casa Real para pedir el indulto.

¿La Casa Real?

No, no se lo van a conceder.

Nos han pedido información,

y eso solo puede significar una cosa.

¿El qué?

Que su majestad, don Alfonso XIII, este valorando concederlo.

¿Cómo que van a cerrar por las tardes?

No nos queda otra.

No sé, a la espera de que las cosas mejoren financieramente.

Doña Sabina, esta reforma está acabando con ustedes.

¡Indolente, estulta! -¿Qué pasa, señor?

No he hecho na.

¡Por eso estoy que trino, porque no haces nada de lo que te mando!

En mi viaje a México le dejé claro a don Salustiano

que si quería un acuerdo económico, su hijo tendría que olvidarse

de lo que le sucedió contigo.

Dudo que llegue a entenderlo.

Quiero que te quede bien claro que si él es peligroso, yo lo soy más.

¿No le apetece disfrutar de mi compañía?

No creo que este sea momento ni lugar para ello.

Esa mujer es un demonio, y por eso fui a su celda a cantarle las 40.

Si doña Genoveva sale de la cárcel,

te va a tocar tomar las de Villadiego.

Solo quiero decirle que yo conocí muy bien a Anabel en México.

Y me gustaría que supiera, no es oro todo lo que reluce.

Hable de una vez o lárguese de aquí.

-"Cerrar por las tardes es lo mejor que podíamos hacer".

Siempre que llegues pronto a la cámara acorazada.

No podremos mantenernos mucho sin dar las meriendas ni las cenas.

¿Antoñito infiel?

Que no puede ser.

Júzguelo usté misma.

Me está poniendo unos cuernos como un Miura.

Voy a poner en marcha una colecta para ayudarles.

Juntaré a los comerciantes del barrio

y a los señores para pedirles un óbolo.

¡Me he acercado a ella con la mayor corrección!

¡Le exijo que deje de hacerlo!

¿Y si no fuera así? -"Todo puede pasar".

Prepárese para lo peor.

No me puedo creer que los esfuerzos que he hecho

para desenmascarar a esa mujer caigan en saco roto.

Pero no lo voy a consentir.

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Acacias 38 - Capítulo 1308

14 ago 2020

Lolita muestra a Carmen y Ramón las fotos recibidas que comprometen a Antoñito. Ramón le pide prudencia, es obvio que alguien quiere perjudicar a su hijo, pero ¿por qué?

Jacinto aprende también a hacer malabares apremiado por Marcelina.

Carmen propone a Fabiana una colecta para ayudar a los Olmedo, sin sospechar que el problema del viejo matrimonio no es el parné precisamente.

Jose abronca a Alodia delante de Susana y logra convencerla de que no mantienen ningún romance tras la muerte de Bellita.

Anabel teme que Aurelio pueda hablar de su pasado en común en México. Marcos le sugiere a su hija que se adelante y sea ella la que hable con el muchacho.

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  1. Eliana

    Buenas Tardes. Hoy domindo 16agosto2020, intentando ver acacias 38, de día viernes 14ago2020, y el vídeo dice que tengo que suscribirme a RtvePlay, y que después del mes tiene costo dicha suscripción, pregunto los que queramos ver la serie, VAMOS A TENER QUE PAGAR?????? Gracias Eliana Rojas

    16 ago 2020