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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1306 - ver ahora
Transcripción completa

No me importan sus comentarios, comisario,

solo quiero que le diga a mi marido que quiero verle.

La autopsia... se hará en secreto.

Ruego lo mantengáis vosotras también.

¿Cuándo sabremos los resultados? -No lo sé, tampoco les he apremiado.

Prefiero dar tiempo al tiempo con tal de que no haya dudas.

¿Por qué iba a haberlas?

Anabel, pregunta mejor qué sucedería

si el informe precisara que las causas de su muerte

no fueron tan naturales como nos dijeron.

-"Espere".

No se ha dado cuenta de que lleva esto mal puesto.

Deje, ya lo arreglaré yo antes de entrar. Gracias.

¿Sabe?

Cuando se pone usted nervioso, resulta más atractivo,

si es que es posible.

Los matrimonios suelen pasar por ese tipo de altibajos.

Tendrían que hablar a calzón quitado.

Y pensar que la culpa de esto la tiene un simple retraso...

El retraso solo puso de manifiesto una discordancia entre ellos

en la forma de ver el mundo y el futuro.

Cuidado con la Bacigalupe.

Algo raro tiene que haber para que una señorita

ponga la carreta antes que los bueyes.

¿Pasión, quizá?

Algo esconde.

Y no es una broma, cariño.

Algo raro.

La Alodia tampoco está muy allá que digamos.

Está como desazonada, nerviosa, aturullada.

Dice una cosa y después lo contrario.

Y si le preguntas es peor, no hay quién la entienda.

Ha perdido a la señora.

Mi herida tardará en cerrarse, pero saldré adelante.

Pero me dolerá hasta el final de mis días.

Pero lo conseguiré.

Seguro que sí, señor.

Lo que más me preocupa es que está metiendo las narices

en nuestros asuntos, en las cuentas y todo eso.

Hay que hacer algo para que deje de meter el hocico.

Con tal de que no meta la pata...

Nuestro nieto es un zorro,

no conseguiremos seguir ocultándole

por qué desviamos el dinero y por qué hacemos un túnel.

El señor tiene visita. El señor don...

Déjalo estar, muchacha.

No necesito presentación.

Don Marcos hace mucho tiempo que me conoce.

Si va a hacer usted un descanso, me gustaría hablarle.

Tengo nuevas ideas para enderezar la situación.

Ya hablaremos de eso en otro momento.

Ahora, me gustaría presentarte al señor Berenguer,

un avezado empresario que requiere de tus servicios.

Es todo un placer, señor Berenguer.

Si Genoveva, finalmente, es ajusticiada,

don Felipe podría tener cargo de conciencia

por haber rechazado esa última petición.

Conozco cómo funciona su mente enferma,

sé cómo piensa y cómo actúa.

Intentaré ir una jugada por delante de ella.

No se preocupen.

No te reirás una tercera vez de mí, Felipe.

Lo juro por mi vida.

Permítame que le dé el pésame por el fallecimiento de su esposa.

Me sorprendió tan terrible noticia.

Se lo agradezco.

Entiendo que está viviendo unos días terribles,

que tendrá el corazón roto.

Así es.

Pero asuntos tan íntimos, prefiero tratarlos con personas más cercanas.

Como desee. Tan solo trataba de ser cortés.

Y yo se lo agradezco.

He de decirle que su visita me ha sorprendido,

no esperaba que volviera tan pronto a España.

Para serle sincero, yo tampoco.

Las circunstancias me han obligado.

El cambio de situación política en México

nos obligó a tomar rápidas medidas.

Tuve que viajar con urgencia a cierto país caribeño,

que comprenderá que no dé el nombre,

para ocultar la mayor parte de la fortuna de mi familia.

Buena medida.

Su familia no ha quedado en una posición...

muy envidiable con el ascenso de Carranza.

Así es, no olvidarán el apoyo que prestamos al anterior gobierno.

De hecho, he aprovechado el caos reinante

para trasladar a España una ingente cantidad de dinero,

utilizando mi valija diplomática.

¿Sigue como agregado militar de la embajada?

No, no, ya no.

En cuanto el gobierno terminó de formarse,

no tardaron en arrebatarme el cargo.

Lo lamento.

Gracias.

Pero debemos mirar la parte positiva de todo lo sucedido.

Me sorprende tanto optimismo por su parte.

¿Acaso lo hay?

Por supuesto, una vez liberado de mi cargo y de regreso en España,

podré dedicar todo mi tiempo a la recién constituida sociedad

entre los Quesada y los Bacigalupe.

Antes tenía razón,

dejémonos de formalidades

y centrémonos en lo que de verdad nos interesa: los negocios.

¿No le parece?

(Sintonía de "Acacias 38")

Vamos, Felipe, no se detenga. Comisario, por favor.

No soy un niño al que llevar de la mano.

Como tal se comporta al mostrar resistencia.

Vamos a ver, comisario,

primero me da recado de que Genoveva desea verme,

y cuando me decido a ir al presidio, me lo impide.

Ya le he dicho que era preciso. Le he dicho que no lo entiendo.

La situación ha cambiado, Felipe, no era seguro para usted.

Hemos encontrado un arma punzante en posesión de Genoveva.

La escondía bajo el colchón de su catre.

¿Un arma punzante? (ASIENTE)

¿Cómo ha conseguido eso en presidio?

Se nos escapa.

Pero sospechamos que ha implicado a alguna compañera

a cambio de dinero.

Maldita arpía.

Comisario,...

¿teme que quisiera usarla en mi contra?

No me cabe duda.

De hecho, ha herido levemente a un guardia

cuando trataba de arrebatárselo.

Ese punzón estaba destinado a usted.

Por eso tal empeño en verme.

Maldita sea.

Cómo he podido ser tan estúpido para confiar de nuevo en ella.

Liberto me lo advirtió, las arpías como ella son traicioneras.

No se torture, estimado amigo,

yo también he pecado de confiado al transmitirle el mensaje de Genoveva.

Debe estar rabiosa.

Me temo que ha perdido por completo el control de sí misma.

Al ser descubierta, sufrió un ataque de nervios

que nos ha obligado a llevarla a la enfermería.

(SUSPIRA)

No perdamos más el tiempo.

Cuanto antes nos pongamos en marcha, mejor que mejor.

En concreto, ¿qué es lo que propone?

Es sencillo.

Hacer los primero depósitos en los bancos,

buscar una sede para nuestras oficinas...

No.

Para eso, aún nos queda.

No debemos precipitarnos, cada cosa lleva su tiempo.

Sí, y llegó el tiempo de ponerse en marcha.

Aún hay mucho que estudiar.

Pensar bien nuestros pasos. -No estoy de acuerdo,

nuestros pasos ya están de sobra pensados.

No comprendo sus reticencias.

Estoy tratando de explicárselas,

si sigue sin entenderlas, no puedo hacer más.

Si pretende que dé mi brazo a torcer, tendrá que esforzarse más.

Parece olvidar que esto es una sociedad.

Y usted

olvida que acordé con su padre que yo la presidiría.

Y también se acordó que yo estaría también al mando.

Como vicepresidente.

La última palabra la tengo yo.

¿Así que ni siquiera va a escuchar mis propuestas?

Las escucharé,

pero no significa que las comparta.

Si existiera entre nosotros alguna controversia,

las cosas se harían a mi manera.

Cómo es el caso que ahora nos ocupa. -Exactamente.

No crea que no le valoro,

pero si queremos que nuestra empresa llegue a buen puerto,

alguien tiene que llevar el timón.

Y ese alguien es usted. -Así es.

Tenemos mucho que trabajar antes de saltar al mercado.

Ya verá como el tiempo me da la razón.

Está bien, se hará como dice.

Eso es lo que quería escuchar.

Sigamos con la reunión.

Buena elección. Ahora mismo le sirvo la cena.

Para la tres.

Pareces muy ocupado, Miguel. -Así es.

Poner en orden los papeles de los Berenguer me llevará una eternidad.

Eso, por no hablar de que tendría que terminar mi tesis.

Ah. El cliente que te consiguió tu abuelo te tiene muy ocupado,

¿verdad?

En exceso. Es un desastre con el papeleo.

Debo poner todas sus propiedades al día y revisar sus contratos.

Ah.

Ahora mismo le dejo la mesa libre, la necesitará para las cenas.

No, no te preocupes. Tú nunca molestas.

Molestar, no sé si molesto, pero preciso descansar un poco.

Ya me bailan las letras de los contratos de tanto leerlas.

Iré a dar un paseo para despejarme. Mañana ya será otro día.

Sí. ¿No prefieres dejar aquí las carpetas?

Descuide, abuela, prefiero llevarlas a casa.

Con Dios.

Enhorabuena, Roberto.

Gracias.

Pero te lo agradecería aún más si supiera por qué me felicitas.

Verde y con asas.

Has logrado que nuestro nieto esté tan ocupado,

que olvide meter las narices en otros asuntos.

Era la mejor manera de tenerle ocupado.

¿Cómo has conseguido a ese cliente que ha obrado el milagro?

Mira, gracias a don Marcos.

Le pedí que me presentara a algún empresario

que necesitase que un abogado le pusiera al día sus papeles.

Hiciste bien en acudir a él.

Te encontró al adecuado, tiene a Miguel loco.

Sí, ya me avisó que el tal Berenguer era un prodigio de desorganización.

Más de un abogado ha terminado desistiendo de llevar sus papeles.

Pobre Miguel, casi me da pena.

Quita, así estará ocupado una buena temporada.

Y podremos dedicarnos a nuestros asuntos.

No desaprovechemos esta oportunidad.

Debemos seguir avanzando en el túnel.

(ASIENTE)

Miraré los paquetes. Con Dios. -Con Dios.

No te perdono que ni siquiera me avisaras de tu regreso.

¿Por qué, hermana?

¿Acaso me habrías preparado una recepción de bienvenida?

No, pero podría haber ido a buscarte a la estación.

No era preciso, como puedes ver, he sabido llegar a Acacias.

Perdona.

Tampoco pude avisarte,

mi regreso fue extremadamente precipitado,

aconsejado por las circunstancias.

¿Qué va a pasar ahora, Aurelio?

¿En qué situación queda nuestra familia tras lo sucedido en México?

Descuida, Natalia, no tienes de qué preocuparte.

Nuestra familia siempre ha sabido salir a flote

cuando vienen mal dadas.

De momento,

debo centrarme en la reciente sociedad con los Bacigalupe.

Tendremos que trabajar codo con codo para hacerla rentable.

No esperes que don Marcos te lo ponga sencillo.

Ya me lo ha demostrado.

Pero irá dándose cuenta de que no tiene otra salida.

Le guste o no, ahora somos socios.

Te aseguro

que acabaremos siendo más poderosos de lo que fuimos,

de lo que somos ahora.

Así lo espero, hermano.

Pero dejemos de hablar de negocios.

¿Te apetece que tomemos algo? -Claro.

Cuéntame, ¿cómo te ha ido a ti en mi ausencia?

No me puedo quejar.

Ya sabes que es difícil aburrirse por estas calles.

Siempre se pueden encontrar alicientes.

Entiendo que has seguido los pasos de Anabel, tal y como te pedí.

Sí.

Lo que he encontrado ha resultado bastante revelador.

Mi amiga no deja de sorprenderme.

Me satisface saber que la has tenido bajo control.

Aurelio, no te confundas.

La he tenido vigilada,

pero muy lejos de tenerla bajo control.

Temo que nadie lo consiga.

Miguel Olmedo, ¿verdad?

(ASIENTE)

Ya suponía que continuarían con su romance.

Mucho me temo que ha dejado de ser un de cuento de hadas

para convertirse en algo bastante más sórdido.

¿A qué te refieres?

No ha dejado de encontrarse con él en una pensión,

a salvo de miradas indiscretas.

Templa tu furia, hermano.

Ahora que vas a ser empresario,

te debes tomar las cosas de forma más calmada.

Me pides demasiado.

No lo creas.

Si te lo tomas con serenidad y aplomo, nos vamos a divertir.

Voy a pedir.

Qué pronto has terminao hoy la faena.

Pa chasco que sí.

Mis señores han cenao pronto

y se han ido en un santiamén a dormir.

Pa mí que estaban muy cansaos.

"Cansaos" dice.

Doña Rosina, que tenía ganas de guerra.

Pues mira, pa mí mejor.

Y ojalá que le dure la fiesta, que así faeno menos.

Buenas. -Buenas.

-Ay, Alodia, ayúdanos a poner la mesa, que así terminamos antes.

No tengo mucha hambre, mejor me voy a la cama.

¿Con el estómago vacío?

Tómate al menos una achicoria, que parece que huyes de nosotros.

Y quien huye, es porque algo oculta.

Qué ocultar ni qué ocultar.

Pa que veáis, ahora me quedo con vosotros a cenar.

Y esperar que no me ponga dos platos pa la cena.

¿Faltan servilletas y cubiertos?

¿Dónde se ha metido todo el mundo?

Pues no lo sé. Pero mejor, a más tocamos.

Calla, seguro que se han distraído por ahí dándole a la lengua.

No sería raro, porque...

temas hay.

¿Alguna novedad sobre el caso de doña Genoveva?

Al parecer, sigue comportándose como una leona en la cárcel.

En una jaula, que es donde se merece estar.

Es una pena que todo haya tenido un final tan truculento.

Era de esperar. Con razón dicen que tres son multitud.

Primero, la pobre Marcia tuvo que entrega la pelleja.

Y ahora parece, que Genoveva va a tener que pagar con su vida.

¿Acaso de compadeces de ese demonio?

Mujer, no me saques la uña,

es normal que sienta un poco de pena por ella.

Normal no es, Alodia.

Esa mujer mató a una de las nuestras.

Eso tampoco es seguro.

¿Cómo que no?

Ella misma lo confesó.

Pero dijo que lo tuvo que hacer a la fuerza,

la obligaron a decir tal barbarie.

¿No te das cuenta de que ahora es cuando está mintiendo?

Debe pagar por lo que ha hecho.

Jacinto, ¿tú qué opinas de esto?

Yo lo que creo es que estas cuitas son muy delicás.

Eso y na es lo mismo, Jacinto. Mójate.

Eso he hecho, aunque no lo parezca.

¿Y si le quita la vida a alguien que realmente no ha hecho nada?

No puedes compensar una cosa así.

Genoveva es culpable, estoy segura.

Primas, dejemos que eso lo decidan los jueces,

mientras haya dudas, mejor pensárselo dos veces.

Cenemos ya, que se hace tarde.

(Puerta)

¿Anabel?

Anabel.

¿Qué te ocurre, hija?

Pareces muy agitada.

No solo lo parezco, padre.

Si mis ojos no me han engañado,

acabo de ver a Aurelio pululando de nuevo por Acacias.

Ya.

Has visto bien.

Ha regresado de México.

No parece sorprendido.

Pues no, no lo estoy.

Precisamente, antes ha venido a verme.

¿Por qué motivo ha venido verle ese ser tan despreciable?

Pareces olvidar que estamos asociados a los Quesada.

En mi viaje firmé la paz con don Salustiano.

Se olvida que esa gente no es de fiar.

Solo he dicho que son nuestros socios,

no que confíe en ellos.

La sociedad que hemos formado resulta muy prometedora.

Sea como sea, no me ha respondido a por qué ha vuelto Aurelio.

Sentémonos.

La situación política en México le ha obligado a hacerlo.

El general Huerta ha sido destituido como presidente

por el general Carranza,

las fuerzas revolucionarias están de nuevo en el poder.

¿Y los Quesada apoyaban a sus rivales?

Así es, como otros hacendados, han caído en desgracia.

Los requerimientos de pago que antes me hacían,

ahora se los hacen a don Salustiano.

No esperará que lamente su mala suerte.

Que, por cierto, en nada nos concierne.

En eso te equivocas, Anabel.

Nuestro socio pretende evadir su abundante capital hacia España

e invertirlo en la empresa que recién hemos constituido.

¿Y Aurelio está aquí como su representante?

En realidad, es algo más que eso, digamos que...

es el segundo de abordo.

Padre, ¿está tratando de decirme que va a colaborar con una persona

cuyo carácter agresivo conoce a la perfección?

Veo que lo has comprendido.

Lo que no comprendo es cómo lo acepta tan alegremente.

No me queda más remedio.

Ojalá las cosas transcurran por los derroteros correctos

y no haya complicaciones.

Eso, hablando de Aurelio, es pedir demasiado, ya debería saberlo.

Ya veremos.

Hija,

espero que esta situación no te perjudique.

De nuevo se equivoca.

La mera presencia de Aurelio ya lo está haciendo.

Buenas noches.

(Suenan las campanas en Acacias)

Lola.

Qué susto me has dao, Antoñito.

No deberías asustarte de tu esposo.

Ya.

Últimamente te veo tan poco, que he olvidao que estoy casada.

Que... ¿Qué te pasaba anoche?

Estabas agitada y revuelta en la cama.

No sé, tendría pesadillas.

La verdá es que me costó conciliar el sueño.

¿Qué planes tienes hoy?

A ver, pues hoy,...

ir al Congreso.

Ya.

Pero...

he pensado que quizás podría cogerme un día libre

y dedicarlo a ti y a Moncho.

A lo mejor podemos ir a un espectáculo de títeres,

que al canijo seguro que le encanta, ¿eh?

Di. -Eso sería maravilloso.

Lolita, ¿ya estás preparada para marchar?

Tenemos un largo viaje por delante.

Si por mí fuera, me quedaría en la mantequería.

¿Por qué no van ustedes dos solos a ver a sus amigos?

¿Qué dices?

Lo pasaremos estupendamente, ya lo verás.

La mantequería estará bien atendida con la chica que has buscado.

Es solo un día.

Partir tan lejos...

Tampoco vamos a recorrer medio mundo.

La casa de mis amigos está cercana,

apenas un par de horas en coche. -Claro.

Podremos pasear por el campo

y Moncho podrá jugar con otros niños.

Eso suena estupendamente.

Me encantaría acompañarles, pero no voy a poder.

Pero si salgo pronto, me escapo y les busco por allí.

Ay, a ver si es verdad.

Te daría tiempo a ir.

Hemos quedado con nuestros amigos en quedarnos a cenar.

Lo intento.

¿Me ayudas, Lolita?

¿Pones tú la mesa y hago yo el café?

(Puerta)

Susana. -Rosina.

Buenos días, tieta.

Llega a tiempo, siéntese.

Os agradezco que me hayáis invitado a desayunar.

Era preciso, querida, así podemos chismorrear desde primera hora

sobre lo que acontece en Acacias.

Vaya,

yo pensaba que la invitábamos para pasar un rato juntos.

Qué tontuna, Liberto.

No le hagas caso. Centrémonos en lo importante.

¿Te has enterado de las novedades sobre a Genoveva?

Rosina.

Que Felipe me lo contó en confidencia.

Y en confidencia, yo se lo cuento a tu tía.

(TOSE)

Pues verás,

han encontrado en su celda un arma

para atentar contra Felipe.

Por todos los santos, qué horror.

Esa mujer ha perdido el oremus. -No sabes hasta qué punto.

Sufrió un colapso nervioso al ser descubierta.

O al menos, así lo ha fingido. Felipe duda de su veracidad.

Pues no debería.

Genoveva está sufriendo.

Ella se lo ha buscado. -No del todo,

no olvides que fue el propio Felipe

el que originó tanta desdicha al alternando dos amores.

No debería culparle de eso.

Genoveva le apartó de Marcia con malas artes.

Y según tú, tampoco puedo culparle de fingir amnesia

y tenerla engañada.

Con el único fin de que confesara su abyecto crimen.

Habría que ver si la confesión fue tan sincera, como él asegura,

o simplemente, Genoveva se vio obligada a hacerla.

Liberto, eso hay que reconocérselo a Susana,

que Felipe sí que tiene algo de responsabilidad, ¿no?

Siempre ha sido un pica flor.

Bien, no te falta razón en eso,

pero está vez, Felipe estaba realmente enamorado de Marcia.

Si Genoveva no hubiese intervenido en esa relación,

se habrían casado felizmente y Marcia seguiría viva.

Me parece injusto que solo se le juzgue a él

cuando ha conseguido que Genoveva declare.

Que no, no me da ninguna pena. -Liberto,

sea culpable o no, no debes olvidar la caridad cristiana.

Ni la justicia.

Aunque, finalmente, su confesión fuera sincera,

se vio empujada a tan terrible crimen por amor.

Parece empeñada en justificarla, ¿eh?

Jamás haría eso, te equivocas,

nunca haría tal cosa frente a un crimen tan vil.

Pero sí que creo que la rea merece nuestra compasión.

Es más,

me estoy barruntando acudir a visitarla.

Seguro que agradece

poder desahogarse y conversar con una cara amiga.

Y, de paso, podrás traernos noticias frescas. (RÍE)

No, olvídelo, tía, ¿me oye?

Olvídelo. Ya le han dicho que está fuera de sí.

Tonterías.

Estará más calmada.

Y nada tiene en mi contra.

Te hacía de excursión con tus suegros.

Me están esperando pa salir.

Me he pasao a dar las últimas instrucciones

a la chica que se va a quedar.

¿Ah, sí? ¿Y dónde se ha metío?

Está en el almacén ordenando unas cajas.

Haces bien en marcharte, Lolita.

Te va a sentar muy bien airearte un poco.

Me gustaría estar segura de eso.

Yo me hubiese quedao tranquilamente faenando.

No me parece bien pasar todo el día fuera.

Pero ¿qué estás diciendo?

Si te va a sentar fetén despejarte.

Además, así Monchito podrá jugar con otros niños.

La pena es que Antoñito tenga que quedarse en la ciudad.

¿No te dijo que tratará de ir aunque sea a última hora?

Conociéndole, no cuento con eso.

¿Seguís de uñas?

Ya me he enterao que te molestaste con él.

Eso es agua pasá.

Me dolió, pero hay que pasar página.

Tengo que hacerme a la idea de que las cosas ya no son como eran.

Antoñito tiene un puesto de mucha responsabilidad y me toca apoyarle.

Ea.

Disculpe, no la he oído entrar.

No tiene importancia, termine de atender a su amiga.

No, luego sigo. ¿Qué desea?

Pimentón de la Vera.

No tengo. Me lo traen en unos días.

En tal caso, volveré en otro momento.

Otro ramo.

Así es, no paran de llegar.

De seguir así, vamos a convertir la casa en una floristería.

Por no hablar de las cartas de condolencia.

Si ella lo viera...

Casi todas las flores

son de admiradores o de empresarios teatrales

que se han enterado de lo sucedido.

La noticia ha impactado a todos.

El mundo del cante está de luto.

Me entristece ver el dolor que ha provocado.

No soporto la tristeza ajena.

Le entiendo.

Es una situación muy delicada. -Sí.

Supongo que tendremos que habituarnos cuanto antes.

Por eso, es fundamental que vivamos el duelo con la mayor normalidad.

En fin, voy a la calle a tomar el aire un rato.

Aguarde.

Tiene la corbata mal colocá.

Si me viera mi Bellita salir así a la calle, le da un patatús.

Lleva el ramo a la habitación. -Sí.

(Puerta)

¿Quién será?

Voy a ver.

Señor, tiene visita.

Doña Rosina. -Buenas.

¿En qué puedo ayudarla? -En nada.

Tan solo venía a ver cómo se encontraba

y a preguntarle si necesitaba algo.

Se lo agradezco, pero estoy bien.

No trate de hacerse el fuerte,

sé que está pasando por momentos muy duros.

Y tú también, Alodia, ¿no?

Es de suponer que echaras de menos entretenerte, olvidar,

reír...

Porque supongo que hace tiempo que no reís.

Pues no, que yo recuerde.

Claro.

Como vas a reír con todo lo que querías a tu señora.

¿Le apetece bajar al restaurante con Liberto y conmigo?,

así se entretiene un poco.

Gracias.

Estaba a punto de salir a la calle a hacer unos recados.

Bueno, entonces no le molesto más. Con Dios.

Acompaña a doña Rosina a la puerta.

Venga. -Con Dios.

Cesáreo, esa tabla un poco más centrada, preste atención.

Servando, si tan mal lo hago,

¿por qué no monta usted el escenario?

Ya me gustaría, pero alguien tendrá que dar las instrucciones.

No sé cómo me he podido dejar engañar por usted.

No creo que instalar escenarios sea parte de mis obligaciones.

¿Cómo que no? Usted se debe a los ciudadanos.

¿O se cree que está solo para ir abriendo puertas?

Desde luego, para lo que no estoy es para ayudarle con sus tontunas.

Qué tontunas.

Uno es un ciudadano como cualquier otro.

Lo que estamos haciendo es disponernos a dar un homenaje

a una gran artista y mejor vecina, que Dios la mantenga en su gloria.

Eso es cierto.

¿Por qué no pide ayuda a Jacinto? Le corresponde a él hacer esto.

¿Cómo puede preguntar tal cosa?

¿No se da cuenta de que Jacinto es el eje

sobre el que pivota el homenaje?

Tiene que reservar sus fuerzas,

para que pueda dar su sobrecogedor iepa-iá.

"Sobrecogedor". Sí.

Buena manera de definirlo.

Ojalá que doña Bellita desde el cielo, allí en el paraíso,

escuche esos gritos borregueros.

Está bien, Servando, seguiré montando el escenario,

pero todo por esa buena mujer.

Ya sabía yo que se le va la fuerza protestando,

pero en el fondo, muy en el fondo, es muy buen hombre.

Bueno, pero no tonto.

Así que, ya está ayudando si no quiere que salga con viento fresco.

Está bien.

Pero luego, si el escenario sale torcido,

será culpa suya por no habérmelo dejado ver en perspectiva.

Eso sí, le ruego la máxima discreción.

Es vital que las criadas no se enteren de nada,

debe ser una bonita sorpresa.

¿Qué hacen aquí? ¿Eh? Nada.

Aquí.

¿Y la tabla? ¿Qué tabla?

Eso, ¿qué tabla?

Esa tabla.

Estamos haciendo uno arreglos.

Sí, unas goteras.

Unas goteras. ¿En el suelo?

¿Cómo es eso?

Eso, Servando, ¿cómo es eso?

A ver, es que estas goteras son muy desconcertantes.

Sí. Técnicamente, se llaman goteras flotantes.

Pa que usted lo entienda, son unas goteras

que se comunican por unos hilos húmedos de vasos comunicantes...

Pero vamos a ver, lo más importante

es saber qué hace usted aquí a estas horas,

que debería de estar sirviendo a su señor.

He salido al mercado, tenía frío y subía a por un chal.

Ah.

Pues venga, coja, coja el chal.

¿No ve que estamos liados con faena?

(RESOPLA)

Menos mal que se me ha ocurrido esta excusa.

No sospecha nada. No estaría yo tan seguro.

Servando, digo yo,

ya que estamos organizando este homenaje a doña Bellita,

¿no sería bueno avisar a don Jose? ¿Por qué?

Porque es el viudo y quizá no le guste.

Nones, esto tiene que ser una sorpresa para todos.

Quiero que sea una bonita sorpresa.

A ver si nos damos prisa.

En cuanto se marche Soledad, seguimos con la faena.

Con Dios. Con Dios.

Suerte con la gotera.

Hale, vamos.

Doña Susana.

Qué agradable sorpresa.

No esperaba su visita.

Debe disculparme si no le ofrezco un té y unas pastas.

Aquí el servicio deja mucho que desear.

¿Puede dejarme a solas con mi visita?

La noto muy callada. Genoveva...

¿Cómo se encuentra? Perfectamente.

Ya lo ve, no puedo quejarme de nada.

Supongo que se habrá enterado de que sufrí una pequeña crisis,

los nervios me traicionaron.

No, nada sabía.

¿Se encuentra ya mejor?

Puede verlo con sus propios ojos.

Pero, por favor, no disimule.

Nos conocemos perfectamente.

Estoy segura de que lo sabía,

y ha venido a confirmarlo para chismorrear a gusto.

¿Cómo puede pensar tal cosa?

Está muy equivocada.

He venido a ofrecerle consuelo y escucharle si precisa desahogo.

También quería ofrecerle la posibilidad...

de traer a nuestro párroco...

para que le dé consuelo espiritual y confesión.

¿Confesión?

¿Acaso cree que la necesito?

Como cualquier hijo de Dios. Todos tenemos que rendir cuentas.

(RÍE)

Doña Susana,...

¿ha perdido el oremus?

Yo no necesito confesión ni hablar con ningún cura fisgón.

Genoveva, escúcheme No, escúcheme usted a mí.

¿Acaso piensa que mis días han llegado a su fin?

¿Que debo pedir perdón antes de rendir cuentas con el Altísimo?

Eso solo lo sabe el Señor. Se equivoca,

yo también lo sé bien.

A pesar de lo que todos piensan,

y desean, no van a condenarme y darme garrote.

Por Dios, yo no deseo tal cosa. Y aunque así fuera,

no voy a darle el gusto a nadie de mostrar arrepentimiento,

y menos a un sacerdote. ¿le ha quedado claro?

Perfectamente.

Bien.

Entonces, fuera de aquí.

¿No me ha oído?

Fuera de aquí, ¡ya! Lárguese o no respondo.

¡Carcelero!

Llévese a esta señora, no soporto verla más tiempo.

Jacinto.

¡Uy!

¿Dónde se habrá metido?

Alodia, ¿qué haces aquí?

Quería darle un recado a Jacinto antes de ir a la compra,

pero no hay nadie.

¿Usted de dónde viene?

De poner un par de telegramas.

¿A la señorita Cinta? -Mismamente.

No sabes lo bien que me haría su compañía en estos momentos.

Sin duda.

Todo sería más fácil con la señorita.

Tiene ella más arrojo, que todos los del pueblo juntos.

No te entretengo más, marcha a la compra.

Espere un momento.

Se le ha vuelto a torcer la corbata.

Si no fuera por ti, hasta la cabeza llevaría torcida.

No sé cómo agradecerte lo que estás haciendo.

No, señor, yo solo cumplo con mi obligación.

Sabemos que eso no es así.

Has hecho mucho más de lo que tu trabajo te exigía.

Nada que no deseara.

Ya sabe cuáles son mis sentimientos.

Ni por lo más remoto hubiese pensao

que cuando entré a trabajar a su casa,

las cosas transitarían por estos derroteros.

Nadie podría pensarlo.

La vida no deja de sorprendernos.

Mira, yo ya no sabría vivir sin ti, chiquilla.

Pensándolo mejor, te acompañaré camino del marcado,

así, de paso, compro el diario.

¡Uy! No me lo puedo creer.

Ay, de verdad.

Clotilde con Arturo.

Qué guapa. Tiene buena cara ella.

Se la ve muy recuperada. Ha estado muy enferma.

¿Qué le ha pasado?

Un virus. -¿Virus? ¿Qué dices?

¿No te enteraste? Ha estado tres meses encerrada en casa.

¿Sin salir? ¿Te imaginas lo que debe ser eso?

Yo me lo imagino, pero contigo.

(RÍE)

Me ha sorprendido ver a Aurelio Quesada de vuelta a Acacias.

Sí, yo pensaba que ya nos habíamos librado de su presencia.

No me mires así.

¿Acaso que ese hombre es ahora de tu agrado?

No, cariño, ya sabes que,

como todos en Acacias, no acabo de simpatizar con los hermanos.

No quiero ser injusto, pero hay algo en ellos que me escama.

Y que lo digas.

No han congeniado ni con señores ni con criados.

Y aunque han sido ocasionalmente invitados a compartir mesa y mantel,

su presencia no ha sido muy celebrada.

Y, todo sea dicho, parece importarles un rábano.

Por ahí viene tu tía.

Susana, únete a nosotros.

¡Susana, que nos pasas de largo! -¡Ay!

Perdonadme, no os había visto. Estoy tan disgustada,

que solo pensaba en llegar a casa y tomarme una tila,

a ver si calman mis nervios.

Tómatela con nosotros y así nos cuentas.

¿De dónde viene tan disgustada?

Liberto, vengo de visitar a Genoveva en su encierro.

Así que, al final fue a verla ignorando mi consejo, ¿eh?

Te tendría que haber hecho caso y ahorrarme este sofoco.

¿Qué ha sucedido?

Esa mujer es una cínica,

una ordinaria, una insolente, no merece que nadie se apiade de ella.

Sí que vienes escaldada.

Me ha tratado con el mayor de los desprecios.

Me ha acusado de chismosa,

se ha negado en rotundo a ningún consuelo espiritual,

y, por un momento, he pensado que me iba a agredir.

Santo Dios, qué horror.

Y pensar...

que ha sido nuestra vecina

y que la recibimos con los brazos abiertos como una más.

Calla, Susana, que Genoveva no es la única de nuestros vecinos

cuyo comportamiento deja mucho que desear.

Rosina, te advertí que no quiero oír hablar de ese asunto.

Eso tiene remedio, vete a dar un paseo y déjame a solas con tu tía.

¿De qué estáis hablando?

Mi querida esposa, que ahora se le ha antojado que don Jose Domínguez

tiene un lío con su sirvienta. -A mí no se me ha antojado nada,

que lo he visto con estos ojitos. -¿Qué? Pero cuéntamelo.

(SUSURRA AL OÍDO) -Bueno...

(SUSURRA AL OÍDO)

Acércame una cuña, haz el favor.

Trae. Ponla tú.

Ahí, a ese lado.

Ahí, muy bien.

Ahí ahí.

Ahí está.

Y sobre este espectacular escenario interpretarás el concierto.

Tanto como escenario, son dos tablas mal puestas.

Menos quejas, que lo he hecho con el sudor de mi frente.

El sudor de la frente de Cesáreo.

Cesáreo apenas ha hecho nada, ayudarme con dos tablas y punto.

Ahora... es tu momento, Jacinto,

tienes que dejar atónitos a todos con tus trinos,

doña Bellita no se merece otra cosa.

Mire, que uno no sabe si está preparao pa honrarla como merece.

No es momento de inseguridades ni de dudas, no, señor.

Hoy tienes que poner todos tus sentimientos en ese "iepa-iá",

y no solo por la insigne finada.

¿No? No, por el público también,

no vayan a querer que les devuelva el dinero.

Espere, espere, ¿pretende cobrarles entrada?

No, no, no. No.

Es... es algo simbólico, es la voluntad.

Es para dar más fuste al evento.

Buenas tardes, señores.

Don Jose,

¿qué hace usted por el altillo?

Parece mentira, pero es la primera vez que subo.

Lo crea o no, eso de ahí no es un escenario.

Descuide, Servando, dudo que el señor lo haya pensado.

Déjese de disimulos, Servando,

sé bien lo que se propone,

le está preparando un homenaje a mi esposa.

Este Cesáreo es incapaz de tener la boca callada.

Créanme, les agradezco la iniciativa, pero no puedo aceptarla.

¿Por qué?

Me siento emocionado, de verdad,

pero con la intención es suficiente.

La celebración servirá para que recuerde con más pena mi pérdida.

Pero don Jose, ya está todo listo.

Se lo ruego.

Cumplan mis deseos.

Con Dios. Con Dios.

Con Dios.

Pobre hombre.

Pues nada, Jacinto, tenemos que recoger todo esto.

Y date prisita.

"A Felipe Álvarez-Hermoso".

"A su majestad, don Alfonso XIII".

Sí, le agradezco encarecidamente

que me haya permitido salir antes del Congreso,

así podré darle una sorpresa a mi mujer.

Créame que se la merece.

(Timbre)

Voy a tener que dejarle. Sí, mañana nos vemos en el Congreso.

Muy bien. Gracias, gracias de nuevo.

¿Quién será?

(Timbre)

Ya va, ya va.

Natalia,

no la esperaba.

¿No me va a invitar a pasar?

Sí, claro, cómo no, pase.

Bueno, pues usted dirá,

¿por qué ha venido?

¿Acaso precisa preguntarlo, Antoñito?

Por usted.

No, no comprendo.

Yo, sin embargo, creo que lo hace perfectamente.

Natalia, ahora no es buen momento.

Estaba a punto de salir de viaje para reunirme con mi familia,

que están todos fuera. -Precisamente, por eso he venido.

Creo que se está confundiendo, soy un hombre casado.

Lo sé.

Por eso he tardado tanto...

en caer en sus brazos.

Pero ya no puedo más,

y sé que usted siente lo mismo.

No, no debemos hacer esto.

Antoñito, lo que no debemos es seguir negando nuestros deseos.

Espero que el juez actúe en consecuencia

¡y que le dé su merecido!

Cuando vayas al cementerio a visitar a tu amiga negrita,

le das saludos de mi parte.

No sé, señor, hay ojos por todas partes.

Claro.

Y cualquier desliz puede resultar fatal.

Pero ¿eso es un beso?

Mira lo que me he encontrao.

¿Y de dónde lo has sacado?

Estaba ahí, tirao en el suelo. Ya me dirás cuándo se te ha caído,

porque esta mañana te lo he puesto ahí mismito.

Bajaré un par de maderos

y apuntalaré para evitar que se venga abajo.

Buenas no...

Don Roberto, ¿dónde va usted con esas maderas?

¡Uy! ¿Y eso sacos en el suelo?

Me tendieron una trampa.

Ellos me engañaron para que asumiera

el crimen de Israel Becerra.

Él es el verdadero asesino y quien debería pagar por ello.

¿Y qué ganarían ellos inculpándola siendo usted inocente?

Estas cajas son como las que usan los mineros

cuando renuevan el material.

Lo que me faltaba, llevar y traer herramientas de mineros.

Hacía tiempo que no veía unas cajas como estas,

y menos en la ciudad, claro.

"A la atención del señor Marcel Genis,

editor de 'El Adelantado'".

"Estimado Marcel,

me recordarás bien,

pues no es la primera vez que pido tu colaboración

en un asunto de mi interés y del interés público".

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Acacias 38 - Capítulo 1306

12 ago 2020

Natalia, seductora, fuerza una cita con Antoñito en su casa. El joven diputado no sospecha que alguien desde fuera está sacando fotografías del encuentro.

Susana comparte las sospechas de Rosina al ver la extraña actitud de Jose Domínguez con su criada ¿acaso están liados?

Las actividades de Roberto y Sabina no pasan desapercibidas a los vecinos del barrio y están a punto de ser cazados por el sereno.

Miguel, ocupado con los estudios de su tesis, se aleja sin quererlo de Anabel.

Genoveva comienza a reconciliarse con sus convecinas desde la cárcel. Susana acepta sus disculpas tras el mal trato que le dispensó la señora en la cárcel, pero Casilda no está dispuesta a perdonar. Solo falta saber ¿qué hará Felipe con la nota que le ha mandado su mujer?

El fotógrafo que retrató el encuentro entre Natalia y Antoñito guarda las fotos en un sobre ¿a quién irán dirigidas?

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  1. Sara

    Totalmente de acuerdo, qué vergüenza...Natalia es una fresca.

    13 ago 2020
  2. Eva

    Se puede ser más estólido, mentecato, torpe, lerdo, cenutrio, estúpido, zoquete, memo, necio, presumido, petulante, jactancioso, arrogante, engreído, ególatra que "Antoñito" Palacios ... Lolita no se merece lo que le está haciendo. Me pregunto cómo es posible que este hombre pueda ser hijo de un señor como D. Ramón Palacios

    13 ago 2020