www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5645325
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1305 - ver ahora
Transcripción completa

Aquí cuenta que aprovechó su amnesia transitoria para engañar a Genoveva.

A Genoveva y a todas nosotras.

El caso es que la convenció de que no recordaba nada

de su pasado reciente.

Menudo hacha que es este Felipe,

es mejor actor que muchos que pisan los escenarios.

Ha fingido maravillosamente.

Y tanto, como que trazó su plan con mucha paciencia y determinación.

Una venganza perfecta.

Más que vengarse, lo que Felipe buscaba es que se hiciera justicia.

Tenía que demostrar que Genoveva era la verdadera asesina de Marcia.

¡Cerdo, hijo de perra, me las vas a pagar!

¡No vas a volver a reírte de mí, me las vas a pagar!

confío en que la tesis que estoy escribiendo

sobre ladrones de guante blanco tenga repercusión.

Me parece un tema muy interesante.

Ya lo creo, cuando se conocen sus métodos y sus hazañas,

uno no puede menos que impresionarse.

Cualquiera diría que les tiene simpatía.

Es posible que me caigan bien.

Ha sido un jarro de agua fría para todos.

Un jarro no, dos.

¿Se olvida de que doña Felicia también se ha ido al otro barrio?

¿Cómo me voy a olvidar? Qué desgracia.

Las dos consuegras a la vez.

Y las dos con el mismo mal, un fallo en el corazón.

¿Viene a tomar café?

Lo cierto es que me apetece tomar algo y relajarme un poco.

Entonces, no se hable más, yo misma le convido.

En otro momento.

Está bien, tendremos que dejar esta conversación para otra ocasión.

Estaré encantada de gozar de su compañía

cuando lo considere oportuno.

Que tenga buena tarde.

Te tengo a punto de caramelo. -"No estoy enfadada,"

estoy decepcionada.

Me da coraje que pongas cualquier cosa por delante de tu familia.

Mi trabajo precisa de toda la atención que pueda darle.

¿Tanto como para olvidarte de los aniversarios?

Lo siento, Lola, no volverá a suceder.

No sé si creerte.

¿Qué está buscando?

Saber qué ocurrió, don Ramón.

Es muy difícil hacerse a la idea.

Eh... He perdido al amor de mi vida.

Tenemos que entrar. -No puedo hacerlo.

Así la gente está distraída y nosotros podemos seguir

con nuestro túnel sin llamar la atención.

A ver si le damos un buen empujón.

Y lo peor es que Miguel se está poniendo muy preguntón

desde que ha descubierto que nuestras cuentas no cuadran

ni de lejos.

¿Qué he dicho? -Que murió en plena noche.

Como estaba durmiendo, pues me he liado,

que una ya no sabe ni lo que se dice.

Bueno, me voy a mi cuarto.

A mí no me convence,

a esta muchacha le pasa algo.

"Si durante mi ausencia,

a mi mujer o a mi hija les sucediera algo,

usted y su hermana lo pagarían con la vida".

¿Qué sucede, padre?

Que he decidido pedir que le hagan la autopsia al cadáver de Felicia.

Es usted un malnacido, comisario,

la justicia le da igual,

solo quiere verme sentada en el garrote.

Placer del que voy a disfrutar muy pronto,

no tenga la menor duda.

¿No va a seguir clamando por su inocencia?

Váyase.

No crea que me alegro de su muerte.

Es tan solo una cuestión de justicia.

Quien a hierro mata...

No venda la piel del oso, comisario.

Todavía no me han ajusticiado.

Admirable su esperanza.

En fin, supongo quo volveremos a vernos pronto.

Comisario,

se lo ruego, dígale a mi marido que venga a verme.

Es un poco, como diría,...

chocante...

que siga refiriéndose al señor Álvarez-Hermoso como su marido.

Lo es.

No comprendo su sorpresa.

Don Felipe se sorprendería también, se lo aseguro.

No me importan sus comentarios, comisario,

solo quiero que le diga a mi marido que me gustaría verle.

No pienso hacer tal cosa. ¿Quiere que sea más claro?

Si tan seguro está de que voy a ser condenada y ejecutada,

no entiendo que no quiera concederme una última voluntad.

¿Qué pretende, señora?

Hablar con él antes de morir, no es tan difícil de entender.

Tiene usted un notable control de sus emociones.

Sin embargo, usted me acusa de dejarme llevar por ellas

y asesinar sin compasión.

También domina la dialéctica.

Avise a Felipe, por favor.

No.

No hasta que decida si está siendo usted sincera

o se trata solo de un nuevo ardid.

Bien poco podría hacer yo desde aquí.

¿No pensará que pretendo convencer a Felipe de que me ayude?

No, desde luego que no,

fracasaría usted.

Confío en su caridad cristiana comisario.

Gracias.

Carcelero.

Abra la puerta.

Gracias.

(Sintonía de "Acacias 38")

Padre, ¿qué necesidad tiene de torturarse?

Déjelo, por favor, solo alargará su aflicción.

Vamos a tomárnoslo con serenidad, ¿de acuerdo?

Tiene que aceptar los hechos.

No le servirá de nada que siga pensando en ello

como si pudiera solucionarlo. -Solo quiero saber la verdad.

¿Para qué?

Para acallar los rumores sobre fallecimiento de mi mujer.

Pero ¿qué rumores? ¿Quién podría lanzarlos?

Es igual, Anabel. No me hace falta justificarme.

Quiero conocer las causas, y punto.

¿Las causas de la muerte de Felicia? -Sí.

Las causas fueron naturales, señor, a nadie le cupo la menor duda.

Yo no he dicho lo contrario.

Habría que exhumarla, padre.

A mí me duele tanto como a ti o más esa especie de profanación, pero...

Señor, perdóneme, pero no hay rumores, solo usted lo duda.

¡Ya es suficiente!

La disección ya está ordenada.

No se altere usted, solo tratamos de comprender.

Eso es lo que yo quiero, comprender.

Lo que usted diga.

La autopsia... se hará en secreto.

Ruego lo mantengáis vosotras también.

No lo dude.

¿Cuándo sabremos los resultados?

No lo sé, tampoco les he apremiado.

Prefiero dar tiempo al tiempo con tal de que no haya dudas.

¿Por qué iba a haberlas?

¡Por Dios, le hemos prometido discreción!

Anabel, pregunta mejor qué sucedería

si el informe precisara que las causas de su muerte

no fueron tan naturales como nos dijeron.

(Puerta)

¿Tiene usted un rato?

Muy atareado no estoy, la verdad.

Me gustaría hablar con usted.

Mira, hijo,

si vas a empezar con lo de mejorar las cuentas, será mejor...

¡No, no! No tiene nada que ver con eso.

Entonces, soy todo oídos.

Es algo... muy personal.

Mi especialidad.

Quiero hablarle de hombre a hombre.

"De hombre a hombre".

De ti podría dudar, que te he dado la papilla mil veces,

de mí, no tengo la menor duda.

¿"De hombre a hombre"?

Pues de hombre a hombre.

Si mi padre estuviera vivo, entiendo que tendría que dirigirme a él.

Siento ponerle en esta tesitura.

Arranca de una vez.

Tendré que empezar yo.

¿Alguna contrariedad con la indiana?

Anabel.

Anabel, la indiana.

Es usted muy perspicaz, muy agudo.

Venga, al grano.

Mas que una contrariedad, se trata de un dilema.

Si no lo cuentas, me crecerá la barba y me iré a afeitarme.

Con el corazón en la mano:

quiero formalizar mi relación con Anabel.

Y casarte.

Y casarme.

O, al menos, fijar fecha para la boda.

Y ella no quiere.

Quizá no debieras preocuparte tanto.

Peor sería que te acuciara para llevarte a conocer al cura.

No sea bromista, abuelo. -Sí.

Perdona, que...

Sigue, anda.

El problema no es tanto que difiera la boda,

sino que...

estamos haciendo vida de casados.

O algo parecido.

¿Me estás diciendo sin reír,

sin gesto de satisfacción,

que te permite lo que una esposa le permite a su marido?

¿Y que, además no quiere pasar por la vicaría?

Alabado sea Dios.

Esa jovencita es un mirlo blanco.

Preferiría que fuese más normal.

Amóldate.

No sea frívolo.

No soy frívolo, soy realista.

El único consejo que puedo darte es que disfrutes mientras dure.

Eso sí,

procura no dar en la diana.

¿Qué quiere decir?

Pues eso,...

que no termines la partida antes de tiempo.

O sea, que no la dejes preñada.

¡Abuelo! -Eres tú quien ha venido a mí.

A por consejo, no a que me hable como un chulo.

Perdona, entre los chulos y en los barrios,

hay mucha sabiduría.

Abuelo,

querría saber cómo hacer para que accediera a casarse conmigo.

Palabras mayores.

Y en cierto modo, incompresibles para mí.

Porque son ellas las que presionan para el bodorrio.

Bueno, usualmente.

La quiero... y quiero que sea mi esposa.

Ya, pero... si ella no está interesada...

Mire, abuelo...

Espera, ternero topetón.

Quizá ella, consciente o intuitivamente,

sabe mejor que tú lo que os conviene a ambos.

Explíquese.

Sois de clases muy distintas

y de muy pero que muy distintos dineros.

-Sabría mantenerla y protegerla. -Si se deja.

Quiero decir que un matrimonio de extremos tan desiguales,

estará repleto de dificultades y percances.

Entiendo lo que quiere decir,

pero quiero casarme con ella por encima de todo.

Y puede que lo termines consiguiendo.

Pero, Miguel,...

ten cuidado con lo que deseas.

¿Al mercado?

No, a hacerme la manicura.

Te acompaño un trecho. -Pa gustos, los colores.

Listo don Felipe, ¿eh?

Como que ha estudiao.

Bueno, no todos son capaces de idear un plan como ese.

En eso tiene usted razón.

Para llevar a cabo un plan así, hay que tener temple y sangre fría.

Una jugada perfecta.

Sus buenos coscorrones le ha costao.

¿Qué son unas cuantas heridas a cambio de hacer justicia?

Pa chasco que sí.

Ahora empiezo a sentir que Marcia puede descansar en paz.

Casilda,

tú siempre estuviste convencida de que Genoveva era culpable, ¿verdad?

Ahora ha salido a la luz,

pero yo sabía la verdad hace tiempo.

No tenías pruebas.

No las tenía, pero lo sabía.

Lo que no llego a entender es cómo desapareció el odio

entre don Felipe y Santiago Becerra.

Bueno, será verdad eso de que "es más fuerte el amor que el odio".

Sea como sea, al fin se le va a hacer justicia a Marcia.

¿Y el remate final? -¿Lo de los papeles?

Conceder esa entrevista para contar todos los entresijos del caso

ha sido una jugada maestra.

Qué labia, ¿eh?

Mire, por ahí viene don Felipe.

Señor, ¿me permite...?

Dime.

Quería que supiera lo agradecida que le estoy

por cómo se ha jugao uste la pelleja por la memoria de la Marcia,

que Dios la tenga en su gloria.

Hice lo que tenía que hacer.

No, don Felipe, uste ha hecho mucho más.

Ella estaría mu complacía.

Permítame que yo también le dé las gracias.

Es usted un caballero y un paladín de la justicia.

Por favor, no exageres.

Y no echemos las campanas al vuelo;

todavía hace falta que se pague por el crimen.

Pagará.

Aunque sea a la fuerza, como los turcos, pero pagará.

Y todos podremos cerrar los ojos y pensar en Marcia

con compasión y no con rabia.

Os agradezco que la recordéis con tanto cariño y afecto.

Gracias.

Con Dios.

Con Dios. Con Dios.

Hazme caso,

la mejor tienda es la de la calle Mayor,

sus bordados son una delicia.

Si te acercas,

pregunta por doña Agustina y dices que vas de mi parte.

Anabel...

¿Acaso estás tratando de rehuirme? -¿Debería?

Vaya, noto cierta distancia.

Cualquiera lo diría a juzgar por cómo me has salido al paso.

Siempre supiste revolverte como una serpiente.

Chispa no te falta. Eres admirable.

Como las serpientes, solo me revuelvo contra quien me molesta.

¡Uy, eso ha dolido!

¿Ya no te importan tus amistades femeninas

ahora que has encontrado el amor? -De nuevo, añadiría.

No es de tu incumbencia.

Floja respuesta.

Esperaba más de ti.

Te ha ablandado el abogadillo repeinado.

¿Por qué no te pierdes como tu hermano?

Tengo prisa, aunque no vaya a ningún sitio.

Siento haberte molestado.

Antoñito.

Qué sorpresa verle por el barrio a estas horas tan laborables.

El Congreso no entiende de horarios.

Qué buena noticia,

así podrá usted acompañarme al paseo.

Lo siento, pero no va a poder ser.

Hay un pleno dentro de poco, una votación trascendental.

Cielos, parece verdaderamente importante.

Lo es, créame. -Le creo.

Cómo no le voy a creer, si es usted diputado.

¡Vamos, no se amostace usted!

Creí que estaría más acostumbrado a los chascarrillos sobre políticos.

Me tomo mi desempeño muy en serio.

Y yo.

Aunque reconozco que no soy muy ducha en cuestiones legislativas.

Tal vez podríamos vernos más tarde para tomar un refresco

e ilustrarme en lo que usted llama "su desempeño".

Tal vez, Natalia. Debo irme.

Espere un momento.

Con tanta pasión por su trabajo,

usted no se ha dado cuenta de que lleva esto mal puesto.

No importa.

Deje, ya lo arreglaré yo antes de entrar. Gracias.

¿Sabe?

Cuando se pone usted nervioso, resulta más atractivo,

si es que es posible.

Pero si salta a la vista, Ramón.

Nada que ver con cómo se trataban hace unos meses.

Por Dios, si no dejaban de hacerse arrumacos el uno al otro.

El distanciamiento es notorio, sí.

Es como si algo se hubiera roto entre ellos.

A quien más se le nota es a Lolita.

Del crío a la mantequería y de la mantequería al crío.

Bueno, Antoñito también parece que solo tiene ardor para el parlamento.

Sí, de acuerdo,

pero es que, a ella le ha cambiado hasta el carácter.

Poco queda de su frescura y su optimismo.

Sí.

Hasta de su entrañable aspereza de Cabrahígo.

En fin,

ojalá puedan recuperar su vida anterior y todo se normalice.

Los matrimonios suelen pasar por ese tipo de altibajos.

Tendrían que hablar a calzón quitado.

Y pensar que la culpa de esto la tiene un simple retraso...

No, Ramón,

no es solo el "retraso", y lo sabes tú igual que yo.

El retraso solo puso de manifiesto una discordancia entre ellos

en la forma de ver el mundo y el futuro.

Esperemos que las aguas vuelvan pronto a su cauce.

(Timbre)

¿Esperas a alguien? -No.

Voy a abrir.

Buenas tardes. Buenas.

Venía a ver a don Ramón. Claro, pase.

Felipe. Don Ramón.

Espero no molestar. Usted nunca lo hace.

Siéntese, por favor.

Hasta celebramos su visita, que ya estaba harta de tanta calceta.

Una entrañable estampa familiar.

Se estarán preguntando qué hago aquí.

Puede hablar con confianza.

Ha venido a verme el comisario Méndez.

¿Algo se ha torcido?

Con la sentencia, quiero decir. No, no, eso no.

Ha venido a trasladarme un ruego de Genoveva.

¿Todavía se atreve a rogar?

Quiere que vaya a visitarla a la cárcel.

Voy a la cocina, tengo al fuego dos pucheros.

¿Qué pretende de usted?

(EXHALA)

No lo sé, amigo.

Por eso le vine a visitar. Necesito su consejo.

¿Qué hago?

¿Cree que podría intentar enredarle en algún disparate?

Es lo suficientemente lista para saber que nada obtendrá de mí,

ni siquiera clemencia.

Y aun así, duda usted sobre lo que deber hacer.

Podría ser la última voluntad de una condenada.

Vaya usted.

No tengo ganas de verla. Pero creo que es lo correcto.

No pierda la paciencia,

no le dé la satisfacción de verle perder los nervios.

Si usted no fuera allí y ella es ajusticiada,

le quedará a usted la espina de no haberle mostrado piedad.

La merienda es la comida más importante del día.

El abuelo dice que es el desayuno.

También.

Las he amasado y horneado yo misma.

No hace falta que lo jure,

las reconocería en cualquier circunstancia.

¿No va a trabajar usted?

No veo a nadie con prisa.

No suele ser usted tan haragana.

Y no lo soy. Me ofendes.

Diga de una vez lo que ha venido a decir.

¿Tan nervioso te pone que me preocupe por ti?

Está mal escuchar detrás de las puertas.

O desde el vano de la cocina, si a eso vamos.

No se te escapa una, ¿eh?

Sí, escuche tus cuitas con la muchacha Bacigalupe.

Anabel.

Anabel, la muchacha Bacigalupe.

No le hagas caso a tu abuelo.

¿Y eso?

Tiene mucho mundo visto.

Por eso.

Bueno, no ha sido nunca muy romántico.

Bueno, no es que no haya sido muy romántico,

lo ha sido a su manera.

Lo que pasa es que las cosas han cambiado mucho, hijo,

y todo es diferente.

Ahora, las cosas se ven de distinta manera...

Abuela,...

el abuelo es un hombre ecuánime.

Ya, pero, bueno, sus consejos...

o sus remedios, pues los da de una manera,

No sé, él cree que puede recuperar su juventud.

Luego... tengo que hacerle caso a usted, ¿no es eso?

Más te valdría.

A la espera de su solución.

Cuidado con la Bacigalupe.

Algo raro tiene que haber para que una muchacha

ponga la carreta antes que los bueyes.

¿Pasión, quizá?

Algo esconde.

Y no es una broma.

Algo raro.

¡Madre del amor hermoso! Tienes la cabeza a pájaros.

Mi señora me mata si no le echo el apio al puchero.

¿Dónde me lo dejé? -En el mostrador de la mantequería.

Me has salvao de una buena.

Hoy por ti, mañana por mí.

¿Cómo estás?

Pues tristona, no te voy a engañar.

Y la muerte de Bellita ha sido un palo muy gordo.

No, si ya...

No corren buenos tiempos, Casilda.

La Alodia tampoco está muy allá que digamos.

Está como desazonada, nerviosa, aturullada.

Dice una cosa y después lo contrario.

Y si la preguntas es peor, no hay quién la entienda.

Todas llevamos nuestra cruz y penitencia,

pero la procesión va por dentro. -Eso lo sabemos todas.

Pero de ahí a estar encogía y asustá como un ratón...

Ha perdido a la señora.

Sí, tienes razón.

Además, era una gloria nacional. O mundial.

Ha tenido que ser un palo muy gordo.

Será eso.

Lolita, ¿cómo estás?

¿Qué tenemos de fruta?

Señora, ¿no puede aguardar uste hasta la cena?

¿Que qué tenemos de fruta?

Peras.

¿De qué hablabais?

Hablábamos de la Alodia,

que está más rara que un trueno sin rayos.

Es mu joven pa haber perdío a su señora.

Siempre se es muy joven para eso.

Pa ustedes la perra gorda.

¿Estás cortando el apio para el puchero?

¿No ve uste lo que estoy haciendo?

Qué hartita.

Me alegro de verte, Lolita.

(Pasos)

¿Necesita algo, señor?

Falta un rato para que empiece a preparar la cena.

Le puedo preparar algo,

o simplemente hacerle compañía, si lo necesita.

No le molesto entonces.

Soledad.

Sí, señor.

No sé si ya se lo he dicho, pero...

gracias por cuidar de mi hija en mi ausencia.

Era mi obligación, señor.

Lo siento.

Todavía me remuerde la conciencia

por no haber podido hacer nada por la señora.

Este es... el número de teléfono que me dio por si había algún problema.

Señor, de verdad que lo siento, lo siento muchísimo.

No tengo suerte, Soledad.

Al menos, con las mujeres.

Mi primera esposa,

la madre de Anabel...

también murió de forma inesperada.

Y la quise.

La quise con pasión y la lloré con furia.

Y mi segunda mujer... -Lo siento.

Mi amor de juventud...

El amor perdido y vuelto a encontrar...

Al menos viví, vivimos...

la dicha del reencuentro,...

se reavivó la vieja llama.

Fuimos...

tan felices en tan poco tiempo...

Quédese con eso, señor, con lo bueno,

con la ilusión que renovaron.

Ella fue muy feliz.

Mucho. De verdad que se le notaba.

Me alzaré, Soledad, saldré de esta,

aunque ahora no lo parezca.

No lo dudo, señor.

Si algo he aprendido...

es que, si la vida te tumba tres veces,

te tienes que levantar cuatro.

Tardaré.

Tardaré.

Tardaré.

Y...

mi herida tardará en cerrarse, y...

me dolerá hasta el final de mis días, pero saldré adelante.

Pero lo conseguiré.

Seguro que sí, señor.

¡Venga, para dentro! ¡Vamos!

No empuje, que parece uste un carnero.

Si es que os ponéis a hablar y no hay quien haga carrera de vosotros.

Podría multarle por tratarnos así. Vaya, muy bonito, hombre.

Ni que yo fuera a sacar algo de esto.

¿A qué se refiere con "esto"?

Sea lo que sea, no me priva, que tengo que ganarme el jornal.

Pinchas en hueso.

Ganarse el jornal es lo que menos le importa a Servando.

Son como niños. ¡Siéntense, hombre!

Vamos a poner un poquito de vino

pa refrescarnos.

Y pa deciros que os he citado aquí

porque las paredes de la pensión tienen oídos.

Eso dice la Fabiana,

que oye sus ronquidos como si lo tuviera al lao. (RÍE)

¿A qué tanto secreto y disimulo?

Me alegra que me haga esa pregunta.

Les he citado aquí porque no quiero que nadie se entere

de una iniciativa que he tenido

que está llena de prodigio e inteligencia.

¿Se le ha ocurrido a uste?

¿A quién conoces que sea inteligente?

Déjalo, Jacinto, que no tiene abuela.

Como otros se pueden quedar sin esposa si no me hacen caso.

Eso lo dice por mí, que Cesáreo es soltero.

De eso nada, respeto a mi Arantxa, que aunque está lejos,

es la persona que más quiero.

Pues sí, sí, lo decía por ti.

Es que le he estado dando a esta cabeza privilegiada

y he encontrado una solución para la Marcelina, algo genial.

¿Una solución, para qué?

Muy bonito, sereno, muy bonito.

Un poco de compañerismo no le vendría mal.

Como es soltero... -Y dale.

El caso es que he estado dándole a la cabeza,

mi querido amigo pastor ovino, bovino,

ya sé que tu mente restringida no puede darle,

pero la mía ha estado dando vueltas durante horas y horas,

y ha dado con la clave para animar a Marcelina,

y de paso, al resto de las criadas.

Esto tiene muy mala pinta.

Hombre de poca fe.

¿Nos la va a decir o no? Que sí.

Sí, lo voy a contar, pero dejadme y no os deshagáis en aplausos.

Sé que será difícil,

pero poniendo todos de nuestra parte, lo conseguiremos.

Da más vueltas que el burro de la noria.

El caso es que había pensao en hacer una colecta popular

para levantarle una estatua a doña Bellita.

Eh...

No sé yo.

No sabes porque no te fijas y no piensas.

Pero imagínate tener una estatua de bronce,

casi dorado, en la puerta del 38 a tamaño real.

Dificultará la libre circulación de personas y bienes.

Ya está el tiquismiquis.

Y con todo respeto, Servando,

no sé si a Marcelina le animaría que me dieran más cosas pa limpiar.

Que sacar brillo a esa estatua, costará horas.

¡Será holgazán!

¿Y no ha pensado usted, que además de dificultar

la libre circulación de personas,

eso llevará mucho gasto de mantenimiento,

además de las miles de pesetas que costará

comprar una estatua en tamaño real? ¿Cómo?

Que se limpia mal. -Que costará miles de pesetas.

Ya.

Es usted único quitándole las ilusiones a la gente.

¿No había caído en las perras?

Sí que había caído,

era para ver qué nivel de entusiasmo tenían ustedes.

A otra cosa, mariposa.

No no no.

¿Y si en lugar de hacerla de bronce bruñido

la hacemos de barro moldeado?

Se espachurraría con la lluvia.

Ya.

Un segundito,

un segundito.

Le hacemos un homenaje cantado en el altillo.

Entre palmas, oles y alegrías,

pues se alegraría la gente, Marcelina incluida.

Eso podría ser.

Claro que sí. Siéntense ustedes.

Vamos a brindar con vino. Ahí está.

Ahora os lo explico con calma.

Pues verán...

¿Bien? -Bien.

(SUSURRANDO) Ven.

¿Eh?

(SUSURRANDO) Ven aquí.

(SUSURRANDO) Ven aquí.

Ven.

(NIEGA)

¡Que vengas, rediez!

No me gusta que las mujeres juren.

A ti te gustan las mujeres hagan lo que hagan.

Ven aquí, que te lo voy a hacer corto.

No te pongas misteriosa, que no hay clientes.

Pero podrían entrar.

Estoy muy preocupada por Miguel.

No está en su mejor momento, no.

Lo sé, como también sé lo que le has aconsejado.

Ya hablaremos de eso tú y yo.

¿No le hemos educado para que sea un hombre probo y honorable?

No le he inducido a robar, solo a...

¡Sé muy bien a qué le has inducido, sucio!

Por mucho que me quite el sueño los amores de nuestro nieto,

no es eso lo que más me preocupa de él.

¿Tanta regañina para eso?

Me preocupa más que está metiendo las narices en nuestros asuntos,

en las cuentas y todo eso.

Hay que hacer algo para que deje de meter el hocico.

Con tal de que no meta la pata...

Es más listo que un zorro,

no conseguiremos seguir ocultándole

por qué desviamos el dinero y por qué hacemos un túnel.

Es de la familia, la parte fundamental.

Gracias por lo que me toca.

Quiero decir, que no podemos evitar que se lo vaya oliendo, que...

Tendremos que poder. -No.

Miguel no querrá irse a estudiar a otra ciudad.

Está muy ilusionado con su incipiente carrera como letrado.

No he dicho que tengamos que librarnos de él, ni mucho menos.

Lo que tenemos que conseguir

es que se mantenga concentrado en asuntos

que le alejen del restaurante.

Eso es.

¡Pues eso, que pienses! -Ah.

¡Déjame a mí! ¡Yo me encargo!

(Risas)

¿Y ese ruido?

Viene de casa de los Domínguez.

Parecen...

Ah, será posible.

Ejerce toda la vida de señora,

muérete y que tu criada se ría como si... ¡Ah!

Qué susto.

¿Sabe qué? Se me ha caído un pendiente.

Mire que son difíciles de encontrar.

Más difícil tiene que ser encontrar pares de tres.

Vaya, sin tenerlo preparado, le ha salido un pareado.

Sin querer, coplero que es uno.

Don Jose, me voy a dejar de dobleces,

¿ha escuchado usted reírse a su muchacha?

¿A Alodia? La verdad es que no.

Me alegro por usted, que no tiene que ser plato de gusto

estar de luto y que la criada se ría como si le hicieran cosquillas.

Ya entiendo a qué se refiere.

Alodia no se estaba riendo

y le aseguro que nadie le hacía hormiguillos.

¿No se estará quedando sordo?

Tengo un oído que ya lo quisiera un mochuelo, doña Rosina.

Alodia no estaba riendo, sino llorando.

¿Seguro?

Como que estoy aquí con usted.

Si usted lo asegura...

Dígale a Alodia que tenga cuidado con esos llantos,

que de ser yo otra, a lo mejor chismorrea.

Ya. Se lo diré de su parte.

¿Y usted, qué, don Jose? ¿Cómo va de ánimos?

(EXHALA) A ratos.

Cuando se vea desfallecer, piense en su hija y en su nieta.

Eso siempre trae paz, se lo digo por experiencia propia.

Le agradezco su interés y sus consejos.

Ya puedo decir que he tenido suerte con una vecina como usted.

Ahora, si me permite... Pero ¿no iba a salir usted?

Salir, entrar,

esperar, pensar...

Eso es la vida a fin de cuentas, doña Rosina.

Ahora es momento de entrar

y seguir penando entre esas cuatro paredes

que se me vienen encima como si fueran

las lonas de una caseta de feria mal montá.

Si me disculpa...

Eh...

Debo confesar que me choca que un abogado espabilado como usted

tenga un interés tan parco en asuntos de política.

No me fascina, no.

Soy más de arrimar el hombro para que se apliquen las leyes,

que para redactarlas.

Cuestión de carácter, supongo.

Pero el poder que da la política no lo iguala ninguna otra profesión.

No me tienta el poder, nunca lo ha hecho.

Y eso debería alegrarle.

¿Qué haríamos si todos persiguiéramos imponer

nuestra voluntad?

¿Tomamos asiento? -Sí, sí, será lo mejor.

¿Usted cree que los...

hombres con poder resultan más seductores?

Depende de quién.

A mí, don Eduardo Dato no me seduciría

ni aunque fuera el señor de las tormentas.

Sabe perfectamente a qué me refiero.

Seductores y atractivos para las mujeres.

Ah, hombre, eso ya es otra cosa.

Lo crea o no, en ese sentido la vida me ha cambiado mucho.

Se quiere uno más a sí mismo, claro,

si se ve admirado, buscado.

Supongo que todo hombre debería sentir algo así

aunque fuera una vez en la vida. -Pero hablo en serio.

No tanto por la vanagloria;

sino...

Hay veces que acechan las tentaciones.

Y no siempre es fácil.

¿Tentaciones o tentación?

Hace una buena tarde, ¿eh?

Si va a hacer usted un descanso, me gustaría hablarle.

Tengo nuevas ideas para enderezar la situación.

Ya hablaremos de eso en otro momento.

Ahora, me gustaría presentarte al señor Berenguer,

un avezado empresario que requiere de tus servicios.

Es todo un placer, señor Berenguer.

(Pasos)

Perdone que le moleste, señor.

¿A qué hora le sirvo la cena?

Cuando esté lista. Vaya sin prisa, no tengo apetito.

¿Quiere algo para abrir el apetito?

Puedo preparar una sopa de verduras

o un consomé, que dicen que es la llave del estómago.

Lo que le sea más cómodo.

(Puerta)

Voy.

El señor tiene visita. El señor don...

Déjalo estar, muchacha.

No necesito presentación.

Don Marcos hace mucho tiempo que me conoce.

Liberto, no insista más. Si me disculpan...

No, don Felipe, por favor, espere.

Piénselo.

¿De verdad cree que es necesario?

Don Liberto, no creo nada.

Pero puede ser la última voluntad de una condenada

y no me puedo negar.

Perdone que hable así, pero siento temor por usted:

Genoveva nunca ha dado puntada sin hilo,

quiero decir... Sé lo que quiere decir.

Es posible que haya tenido tiempo de pensar en la cárcel

y seguro que ha forjado un plan que la exonere de culpe.

O peor, que le condene a usted.

Pero no que le condene por el crimen,

sino que le condene la conciencia, que le amargue.

Mire, si creo que debo ir, es en parte por curiosidad.

Puede que sea un acto morboso, pero...

necesito saber qué trama esa arpía. Ya.

¿No dice usted nada, don Ramón?

Ya he hablado con él y conoce mi punto de vista.

Entiendo que está de acuerdo con lo que dice.

Totalmente.

Si Genoveva, finalmente, es ajusticiada,

don Felipe podría tener cargo de conciencia

por haber rechazado esa última petición.

Don Ramón, me alegra saber que no se desdice.

En fin, si ambos están de acuerdo en que es lo mejor,...

yo no tengo nada más que decir.

Pero no se deje embaucar, se lo ruego.

Lo mismo que me dijo don Ramón. ¿Tan ingenuo me consideran?

No, no le consideramos ingenuo.

Todo lo contrario.

Lo ha demostrado en todos estos años ejerciendo la abogacía.

Y más, en estos últimos tiempos.

Pero usted mismo se ha referido a Genoveva como una arpía,

y ya sabe que las arpías son muy traicioneras.

Y se aprovechan de la nobleza de uno

por eso le pedimos prudencia,

porque Genoveva puede tratar de explotar su buen corazón

en provecho propio. Tranquilos.

Tranquilos.

Conozco cómo funciona su mente enferma,

sé cómo piensa y cómo actúa.

Intentaré ir una jugada por delante de ella.

No se preocupen.

Eso espero.

Con Dios. Con Dios.

¿No se arrepiente al verme así?

No.

La verdad es que no.

Creo que todos debemos pagar por nuestros actos.

¿Con la vida?

Eso no me corresponde juzgarlo a mí.

Saldré de aquí...

y me vengaré de todos,

uno a uno.

"Avise a Felipe, por favor".

No hasta que decida si está siendo usted sincera

o se trata solo de un nuevo ardid.

Bien poco podría hacer yo desde esta celda.

A no ser, claro,

que crea que voy a convencer a Felipe de que me ayude.

No, desde luego que no. Fracasaría usted.

Confío en su caridad cristiana, comisario.

No aplacaré mi furia con ese vulgar comisario.

Mi venganza será más sonada.

¿De verdad has creído que te amaba?

¿Creías que iba a enamorarme de alguien tan despreciable como tú?

¿Qué dices, Felipe? ¿Por qué me atacas de esta forma?

En ningún momento he sentido ni un ápice de deseo por ti.

Ni siquiera cuando compartíamos el lecho.

Lo único que he sentido todo este tiempo,

es un profundo desprecio.

Felipe, perdóname.

Todo lo que he dicho es mentira, lo he dicho por amor,

para salvarte.

Felipe, todo era mentira.

Lo he dicho para salvarte.

¡Todo lo que he dicho ha sido para salvarte!

¡Felipe, por favor, créeme, créeme, por favor!

No te reirás una tercera vez de mí, Felipe.

No te lo voy a permitir.

Lo juro por mi vida.

¿El cliente que te ha conseguido tu abuelo te tiene muy ocupado?

En exceso. Es un desastre con el papeleo.

Debo poner en orden sus propiedades y revisar sus contratos.

No esperaba que volviera tan pronto a España.

Dejémonos de formalidades

y centrémonos en lo que nos interesa,

los negocios.

-"Me voy a la cama". -Tómate una achicoria,

que parece que huyes de nosotros. Y quien huye, algo oculta.

Pero qué ocultar ni qué ocultar.

Entiendo que has seguido los pasos de Anabel, como te pedí.

Lo que he encontrado a resultado ser bastante revelador.

Templa tu furia, hermano. -Padre, ¿trata de decirme...

que va a colaborar con una persona cuyo carácter agresivo conoce?

Ojalá las cosas transcurran por los derroteros correctos

y no haya complicaciones.

Viniendo de Aurelio, es pedir demasiado.

¿Por qué no se van ustedes dos solos?

Si lo vamos a pasar estupendamente, ya lo verás.

Lolita, la mantequería va a estar bien atendida

por la chica que has buscado, y solo es un día.

¿Te has enterado de las últimas novedades sobre Genoveva?

Me estoy barruntando ir a visitarla.

Seguro que agradece poder desahogarse

y conversar con una cara amiga.

Haces la mar de bien en marcharte, Lolita.

Te va a sentar muy bien airearte un poco.

Además, piensa que Monchito estará con otros niños.

La pena es que Antoñito tenga que quedarse.

De no ser por ti, hasta la cabeza la llevaría torcida.

Ya sabe usted cuáles son mis sentimientos.

Ni por lo más remoto hubiese pensado

que cuando entré a trabajar en su casa,

las cosas irían por estos derroteros.

Nadie podía pensarlo.

Pase.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1305

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1305

11 ago 2020

El motivo de la visita de Aurelio a Marcos no es otra que la formalización de los negocios entre ambas familias. Anabel se enfada con su padre, teme a los Quesada.

Méndez evita la visita de Felipe a Genoveva en la cárcel y le cuenta cómo encontraron en su posesión un punzón con el que pretendía matarle. Ajenos a esto, los vecinos comentan la probable condena a muerte a Genoveva y Susana sale en defensa de la señora.

Rosina sigue investigando las extrañas risas en la vivienda de los Domínguez y descubre sorprendida a Jose con Alodia en una actitud sospechosa ¿acaso tienen un romance?

Los criados ultiman los preparativos del homenaje a Bellita organizado por Servando y Jacinto, pero Jose irrumpe en el altillo y les pide que, por respeto, se anule el acto.

Genoveva redacta dos cartas, la primera para Felipe, y la segunda para su Majestad.

Los Palacios hacen planes para pasar el día fuera de casa e invitan a Lolita. Natalia aprovecha la soledad de Antoñito para ir a su casa y él cae en su trampa, dando rienda suelta a la pasión.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1305" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1305"
Programas completos (1363)
Clips

Los últimos 4.019 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios