www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5642280
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1303 - ver ahora
Transcripción completa

Hoy hace 12 años que Antoñito visitó Cabrahígo por primera vez

y quiero celebrarlo. -Le va comprar un reloj precioso.

Pa que no se le olvide el tiempo que llevamos juntos.

Un regalo muy práctico y lleno de simbolismo.

(LEE) "José Domínguez".

Que ya han desembarcado y que se dirigen a Acacias.

Qué alegría tener de vuelta a doña Bellita.

No saben el alivio que me supone haber terminado con esta farsa.

No hubiese ocurrido sin mis aliados.

Empezando por usted, Ramón.

Genoveva es un enemigo duro de batir,

pero entre todos lo conseguiremos.

Tengo entendido que tomaron declaración a Santiago Becerra.

El hombre contó cómo se compinchó con don Felipe

para engañar a Genoveva.

¿Explicó cómo lo consiguieron?

Méndez y Laura le ayudaron.

Tal vez podríamos ir a tomar algo.

Me temo que no puede ser.

Tengo que pasar por el notario para firmar unos papeles

y he quedado con mi mujer.

Prométame que la próxima vez se tomará algo conmigo.

Se lo prometo. Es un placer conversar con usted.

Santiago pasó de ser mi enemigo a mi aliado más importante.

Nos unía la necesidad de vengar la muerte de Marcia.

Y por eso vino al barrio y se escondió en casa de los Domínguez.

Santiago estuvo tan bien en su paripé,

que Genoveva llegó a pensar que me mataba, por eso confesó.

¿Cómo llegaron a ser cómplices?

Santiago me mandó una carta desde Cuba

inculpando a Genoveva de la muerte de Marcia.

Yo le propuse que viniera a España para desenmascararla.

¿Dónde está? ¿Se aloja en la ciudad? Ha vuelto a Cuba.

Ha empezado una vida decente y honrada.

Quiero escribir mi propia tesis doctoral.

Tratará sobre los robos más famosos de la historia.

Robos planificados y con complejas estrategias.

Demostraré que la justicia ha sido muy blanda

con algunos ladrones.

Las piedras que hemos encontrado nos dará mucho trabajo.

Ni que fueran las primeras que quitamos.

He echado cuentas y se nos está yendo más dinero del pensado.

Ya se me ocurrirá la forma de recuperar ese dinero.

Cambiaremos la carne de primera por otra más barata.

Conejo, por ejemplo.

¿Ha recibido noticias de la familia?

Es de Baltasar Zamora.

El Baltasar ese es un musiquillo de pacotilla.

Reconózcalo, le ha dicho eso a Fabiana porque se siente celoso.

¿Yo? No sé de qué voy a tener yo celos.

Este estofado de falda... ¿Qué carne es esa?

En realidad, el estofado de hoy no es de falda, es de conejo.

¿Conejo?

Habrá que tener cuidado con los clientes,

se están dando cuenta de los cambios.

Esto no ha hecho más que empezar.

Habrá que hacer más recortes.

¿Y doña Bellita?

(RÍE NERVIOSA)

¿Se encuentra bien?

Bellita ha fallecido.

Don Marcos.

Lamento profundamente lo sucedido con Felicia.

Lo mismo le digo. ¡Carcelero!

¿Ha tenido otra pesadilla?

¿Podría conseguir que don Ramón Palacios viniera?

Necesito verle.

Todo aquí me recuerda a Felicia.

Me apesadumbran mucho estos momentos, don Marcos.

Quiero darle el pésame en nombre de todos los vecinos.

La muerte de Felicia ha sido un duro golpe para todos.

Gracias.

Sé que era una persona muy querida en el barrio.

Así es.

Todos nos acordamos mucho de ella y de usted, por supuesto,

tan lejos, cuando se produjo su...

El... deceso.

Nos hicimos eco de lo duro que le tuvo que resultar

enterarse de la noticia allende los mares.

Una inmensa impotencia, imagínenselo.

Estar tan lejos en un momento como este.

¿Ha venido directo desde México?

No. He pasado antes por la aldea en la que nacimos Felicia y yo,

he ido a visitar su tumba.

Un viaje doloroso, pero... necesario.

Lo entiendo.

Yo también quedé viudo,

y le diré algo,

parece que la vida se acaba, pero...

siempre hay una segunda oportunidad

y, pasado el tiempo, se consigue ser feliz de nuevo.

Es algo que ahora mismo no imagino,

pero me reconforta que usted me lo diga.

Desde mi experiencia, don Marcos,

hágame caso... y no se cierre a la vida.

Aunque ahora pase un tiempo de duelo y luto,

no pierda la esperanza.

Y piense que tiene a su hija Anabel,

que es una joven encantadora.

Ella le va a dar los ánimos que necesita.

Y yo a ella.

La pobre...

ha tenido que sufrir lo indecible al vivirlo en soledad.

Todos los vecinos hemos estado muy pendientes

de que no le faltara nada, se lo aseguro.

Pero el cariño de un padre no lo hemos podido suplir, claro está.

No se imaginan lo que ha sido regresar a mi tierra,

a los lugares donde...

siendo casi unos niños, Felicia y yo nos enamoramos.

Me costó tanto recuperarla, casi treinta años después...

Y ahora no está.

Mucho ánimo, don Marcos, tenga fe,

que nunca llovió que no escampara.

Qué razón tiene,

pero ahora me resulta difícil pensar un futuro.

Bueno,

gracias por este rato.

No quiero retrasar más mi regreso a casa.

Descanse.

Y no olvide que nos tiene para cualquier cosa que precise.

(Sintonía de "Acacias 38")

No se preocupe, que mañana le guardo unas fresas de Aranjuez.

Ya verá qué ricas.

Lolita. -Doña Clara.

Ese bolso lo he visto yo.

Ya estoy con ustedes.

¿Qué les puedo servir?

Nada.

De hacer la compra se ocupa el servicio,

nosotras venimos de charla.

Ya me extrañaba verlas pasar por la puerta.

Venimos a hacerte una pregunta.

¿Alguna vez compra aquí Sabina?

No.

Y eso que al principio compraba, pero ya no lo hace.

Lo mismo ha encontrao a un proveedor nuevo

o no está contenta con mi servicio.

Un proveedor más barato, eso es lo que tendrá.

Lo que tú decías, Susana. -Eh, que yo no soy nada carera.

No, barato, pero peor.

En el nuevo siglo XX ahora importa todo menos la calidad.

Cualquier día nos mandan al hospital con algo en mal estado.

Al hospital o directas a la morgue, no te digo más.

¿Tan malo es? Hace mucho que no voy.

Decir malo es poco. Y no es por la falta de Felicia.

No,

que antes de su muerte, que Dios la tenga en su gloria,

Sabina lo llevaba estupendamente.

Tiene mejor mano para la cocina que la Felicia,

pero algo raro pasa en ese restaurante.

Pues la avaricia, claro.

A las buenas, enseguida estoy con usté.

Sin prisa, quiero mirar las legumbres,

las que me llevo a granel.

Mire lo que quiera,

si las vas a hacer estofadas, le doy un chorizo de primera.

Lolita, que el sueldo del sereno no es el de un banquero.

De primera a precio de segunda.

Bueno, ¿qué?

¿Y por qué puede haber bajado tanto la calidad?

Para ganar más dinero, está claro.

Lo que os estaba diciendo de la avaricia.

Si deja de ir la gente, mal negocio va a hacer.

Ya le he dicho a Liberto que no volvemos.

Pues mantén tu palabra, que a ti se te va la fuerza por la boca.

No es verdad. (TOSE)

Lo mismo se ha cansado del negocio.

Sí, seguro que es eso.

Pues que lo traspasen,

como hice yo con la sastrería.

Y aquí estoy tan ricamente.

¿Y de doña Genoveva se sabe algo nuevo?

¿Es que hay que seguir llamándola doña?

Una señora es una señora siempre,

aunque la condenen a veinte años de cárcel.

Eso es cierto.

Se habla de garrote vil. -¿Qué dices?

No creo, eso no va a pasar.

Perdonen. Al final me voy a llevar lentejas pardinas.

Fabiana, ¿le echo sal al guiso? -No, ya he echado yo.

¿De verdad? No quiero que se quede soso.

Ay, hija,

con el disgusto que tengo por la muerte de doña Bellita,

no me extrañaría no haber atinao con los ingredientes.

Pa que vea usté,

tenemos que disfrutar lo que nos quede en este mundo,

que no sabemos cuándo tendremos que entregar la pelleja.

Todo para lavar.

¿Se lo llevo a la lavandera que lava la ropa de mi señora en el río?

Sí, que la que venía a casa no la he encontrado.

Era muy mayor,

para mí que se ha jubilado.

No era mayor,

era más vieja que Carracuca.

"Que Carracuca".

No sé quién era esa señora,

pero estaba mejor que Picio, el de "más feo que Picio",

ese.

Perdón. Perdona, Alodia,

yo intentando hacer un chascarrillo y tu señora bajo tierra.

No, si no pasa nada,

es que no tengo ganas de risas, pero vosotras sois libres.

Además, ya me habéis ayudado mucho haciendo la cena pa don José.

Te podemos ayudar ahora a poner en orden los armarios.

No, no, eso lo haré mañana.

Hoy solo el cuarto de don José, pa que duerma

y el comedor, pa que coma. -Y el baño.

Tu señor tendrá que asearse.

Si te parece bien, nos ponemos con ello,

que tú tienes que estar cansá. -Y también podemos...

Ya he hecho to lo que tenía que hacer hoy. Ahora termino el guiso.

Pero muy agradecía por la ayuda, de verdad.

Alodia, de verdad, a nosotras no nos importa...

Yo sé el toque que le gusta a don José en el guiso,

que es muy tiquismiquis con la comida.

Pues así aprendemos.

Y si alguna vez es menester, lo hacemos nosotras.

Además, que Casilda y yo...

queremos preguntarte una cosa.

¿Cómo murió Bellita?

No la hacía yo tan morbosa.

No, no, no, no es morbo,

es solamente pa saberlo.

Queremos saberlo pa saber cómo se fue la más grande de España, na más.

Pues se murió de morirse,

de echarse la siesta viva y despertarse ya muerta.

¿Cómo?

¿Se despertó después de muerta?

Bueno, de despertarse ya muerta, no, lo he dicho mal.

De no despertarse, vaya.

Entonces, ¿es una cosa o es la otra?

Es lo que es.

¿Sí? -Sería del corazón.

Sería del corazón.

Si no despertó, pudo ser de un ataque al corazón.

Arrea, pues como doña Felicia.

Le escuché decir a doña Rosina y a don Liberto que murió de eso,

del corazón.

Madre del amor hermoso.

¿Habrá una epidemia de corazones estragaos?

Bueno, luego hablamos, que tengo trabajo por delante.

Agradecida.

Pues a más ver.

Con Dios.

Aunque no las ponga en remojo,

las lentejas no tardan mucho en hacerse,

pero si quiere las puede poner.

¿Toda la noche? -No, hombre no.

Con dos o tres horas es bastante.

Bueno, y cuando luego le añada su cebolla, su pimiento,

su tomate y el chorizo que le ha dado Lolita,

le van a quedar de toma pan y moja.

Pero no soy tan buen cocinero como usted.

Buah, unas lentejas son fáciles de hacer.

Con seguir la receta, yo diría que es imposible que salgan mal.

Eso espero.

Bueno, y si no le quedan bien,

ya sabe que aquí le damos de cenar como a un príncipe.

No tengo ninguna queja,

aunque hay otros del barrio que no opinan lo mismo.

¿Qué pasa con "otros del barrio"? ¿Qué le han contado?

A ver, yo ya le digo que no tengo la menor queja,

pero... hay otros que van hablando por ahí.

Verá, yo sé lo difícil que es mantener el prestigio de un negocio,

ando mucho por la ciudad y los veo nacer y desaparecer.

No sé de qué está hablando. O lo dice claro o se calla.

Hay gente que está diciendo

que la calidad de lo que usted sirve ha caído

y que su restaurante no es lo que era.

¡Eso es falso!

Yo solo se lo digo por ayudar, nada más.

Métase mejor en sus asuntos.

Discúlpeme, doña Sabina.

Y dígame que le debo por el café.

Nada, está usted invitado.

Bueno, está bien, no molesto más.

Con Dios.

Con Dios.

Con Dios.

Con Dios, Cesáreo. Con Dios.

Abuela. -¿Qué?

Yo también he notado

que los clientes no salen tan satisfechos como antes.

Mucho señorito hay que quiere comer platos de dos duros

pagando solo uno.

A lo mejor hay que adaptar los precios de la carta.

Lo que me faltaba, que tú no entiendes de esto.

¿Tú comes peor?

Pues es de lo único que te tienes que preocupar.

"Por lo que dice el periódico,

no sería anormal que condenaran a muerte a Genoveva".

Un disparate.

Si mató a Marcia, debe pagar por ello.

Y a Úrsula, que la muerte de Úrsula no está nada clara,

y mucha gente piensa que fue ella.

Me dan escalofríos solo de pensarlo.

Hubo un tiempo que fuimos amigas.

Hasta le he mandado comida a la cárcel para hacerle esto más fácil.

Yo no digo que no merezca la pena capital, pero es una señora.

Y segundo,

el garrote vil no es decente.

Todavía si fuera decapitada. -¿Prefiere que le corten la cabeza?

A mí no me van a ajusticiar, que soy buena cristiana.

Pero si se diera el caso,

sí que lo prefiero, por supuesto.

Pues yo también, como María Antonieta, en la guillotina.

Me parece una muerte señorial y elegante.

Espero que estén de burla.

El cuerpo por un lado y la cabeza por otro.

¡Ay!

Pues nada, a ti que te aprieten el cuello,

yo prefiero un corte limpio, un segundo y a otra cosa.

Y mejor todavía, el fusilamiento, como a los soldados,

lo héroes de la patria. Lo peor, la hoguera.

Ah, como a las brujas, qué horror, oler a carne asada.

Por favor, ¿podemos hablar de otra cosa?

que se me pone mal cuerpo.

Y no se me olvida

que se trata de doña Genoveva, que tuvimos buena relación con ella.

Pero siempre tuvo ínfulas muy altas.

Normal, era una de las nuestras.

En el juicio, dijeron que confesó por amor a Felipe,

para que no lo mataran.

Vaya amor loco.

Pues sí.

Y que él lo planeara todo para descubrirla

aprovechándose de su amor. Eso no me parece bien del todo.

Y a Liberto tampoco, además, está molesto,

cree que Felipe debió avisarle.

Me parece una falta de confianza a un buen amigo.

Desde luego, mi sobrino no se lo merece.

¡Don José Domínguez ha vuelto!

¿Es esa forma de interrumpir una conversación de señoras?

Cada vez eres más mal educado.

Usted disculpe, señora. El caso es que...

Gracias, gracias. Vamos a saludar a Bellita.

No, don José ha vuelto solo.

¿Solo?

Doña Bellita ha muerto.

¿Cómo

¿Qué haces con ese libro? -¿Qué significa esto?

Hay pérdidas continuas, facturas sin pagar...

¿Y qué me dice de los clientes? Cada vez veo menos gente.

Será una percepción tuya, equivocada, naturalmente.

No es cierto. -El negocio va viento en popa.

Eso no es cierto.

Ha bajado la recaudación, los gastos de género son mínimos,

se nota que ha caído la calidad de lo que se compra.

¿Estás llamando mentirosa a tu abuela?

Deja ese libro o sabrás lo que es comida de mala calidad de verdad.

Perdón.

No pretendía soliviantarla.

Solo me preocupo por ustedes.

Nosotros no necesitamos que nos cuides,

bastantes tienes con tus cosas de abogado.

Entre el trabajo y la tesis no tengo tiempo para...

¿Para qué no te queda tiempo?

Para el intercambio de opiniones con colegas.

De hecho, ahora mismo acabo de quedar con un conocido

para hablar sobre un asunto de una ley.

No me esperen hoy para cenar.

Como quieras. Vete.

Y que sea la última vez

que metes las narices en los asuntos de tus abuelos.

Que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Anabel,...

¿cómo fue la muerte de Felicia?

Se lo conté por carta.

Quiero oírlo de tu boca.

Su esposa me dijo que iba a aprovechar que usted estaba fuera

para viajar a Santander, quería arreglar la casa familiar.

Me habló de irse a vivir allí con usted cuando regresara de México.

¿No le pasaba nada?

¿Algún malestar?

¿Se encontraba bien de salud?

A mí no me dijo que tuviera ninguna molestia,

creo que todo fue de repente.

Cuando se fue, estaba en perfecto estado.

Nadie podía esperar lo que ocurrió.

Soledad,...

¿usted la vio antes de partir?

Sí, señor.

Tan sana como usted y como yo.

Un ataque al corazón es algo que...

muchas veces no avisa.

Anabel, ¿cómo te enteraste?

El alcalde del pueblo llamó por teléfono para darme la noticia.

¿Y sabes si sufrió? -No.

El doctor dijo que fue rápido, que no sufrió.

Bien, sigue.

No sabía qué hacer,

así que fui a ver a don Ramón Palacios.

Un hombre cabal.

Se ofreció a acompañarme al pueblo

para ayudarme con los trámites, pero al final vino Soledad.

También viajó Camino desde París.

¿Avisaste a su hijo Emilio en Buenos Aires?

Lo hizo la señorita Camino, señor.

Felicia amaba a sus hijos.

¿Se hicieron las honras fúnebres como Dios manda?

Sí, señor.

Hasta se dejaron pagadas las misas en la parroquia del pueblo

para rezar por su alma, señor.

También una misa aquí, en Acacias, para que asistieran los vecinos.

Todos demostraron su dolor.

Muy bien.

Vinieron al cementerio algunos parientes suyos.

¿Los vio en su visita al pueblo?

A alguno, sí.

Fue una pena que usted no estuviera.

Mucha gente me vino a dar las condolencias.

¡Maldito viaje!

¡Maldito Salustiano!

¡Por su culpa no pude cerrar los ojos del cadáver de mi mujer!

¡Juro que pagará por esto!

Parece que la señorita tiene visita.

Don Ramón.

Doña Genoveva, espero que no le incomode mi visita.

Tuve una gran satisfacción cuando me dijeron

que había pedido permiso tras mi petición de que viniera a verme.

Gracias por aceptar.

Reconozco que despertó mi curiosidad.

Le he traído un paquete con algunas cosas de aseo

y algunas viandas, se ha empeñado Lolita.

Se lo han quedado para registrarlo.

Tendré suerte si me llega la mitad de ese paquete.

Pase.

Y usted, salga, no quiero verle.

A la próxima visita que tenga, me pensaré si la dejo pasar.

Si es que hay próxima visita.

Enseguida se creen por encima de uno.

Me alegro de verle por aquí.

Espero que me ayude a aclarar algunos detalles

de los que tengo dudas.

Pregúnteme y trataré de complacerla.

Don Marcos, ¿quiere que le prepare una infusión?

Tal vez una tila le vendría bien.

No, gracias, Soledad.

Estoy bien así.

Anabel, ¿no vas a salir?

Pensé que querría que me quedara.

No, sal a dar un paseo.

No quiero tampoco que guardes luto.

La vida continúa y hay que vivirla.

¿No quiere que me quede?

No, es bueno distraerse

y ver la luz del día, olvidar las penas.

Puedes irte.

Muy bien.

Don Marcos,

quiero presentarle mis condolencias.

Eh... Gracias, Soledad.

Ha sido usted de gran ayuda para los difíciles momentos

que ha tenido que pasar mi hija.

En mi nombre y en el de todos los criados,

la noticia cayó como una bomba en el altillo.

Doña Felicia... era una mujer

muy apreciada por todos. -Lo sé.

¿Va a querer que hable con el párroco

para que organice una misa en su presencia?

No, no vamos a hacer que los vecinos tengan que volver a vivir el luto

y esos tristes días.

Los vecinos vivirán el luto y esos días tristes de la misma manera.

Doña Bellita.

No somos na.

Una mujer especial,

mi cantante favorita, una de las mejores vecinas de Acacias.

Ha sido como un jarro de agua fría la noticia.

O peor.

Aunque hemos estao ayudando a Alodia

a arreglar la casa y...

(SOLLOZA) Qué desgracia más grande.

¿Cómo está don José?

Pues imagínese usté, desolao, el pobre.

Ya.

Como cualquiera,

como to el barrio cuando corra la noticia.

Bueno...

Seguro que ha pasao a mejor vida.

Ahora estará en el cielo cantando con los ángeles.

Por Dios, no digas memeces, Jacinto.

Eso de la mejor vida se dice, pero no es así.

Porque como en casa, en ningún sitio, ni en el cielo.

Eso me ha dicho Marcelina cuando la he llamado para darle la noticia.

Al menos, vosotros os podéis consolar con el viaje a Portugal

cuando vuelva Marcelina de ver a su tío.

No está tan claro, ¿eh?

Ya se lo había propuesto,

pero dice que con el disgusto no tiene cuerpo pa ir de viaje.

(LLORANDO) Ay, pobre doña Bellita.

Que descanse en paz.

Que descanse en paz.

Pronto me veré con el verdugo.

Todavía no ha dictado sentencia el juez.

¿Duda que Felipe no lo va a conseguir?

Se aprovechó de mi amor por él. Es lamentable.

Veo que hasta usted piensa lo mismo que yo.

Creo que es usted una buena persona.

Por eso espero que me conteste con sinceridad

a lo que voy a preguntarle.

Si está en mi mano, lo haré.

Pero no se confunda,...

Felipe hizo lo que debía.

Le creía más humano,

pero es igual, lo que quiero es que me conteste.

Creo saberlo todo sobre la trampa que me tendió Felipe,

solo me falta confirmar si usted estaba al tanto.

Nunca estuve al tanto del plan entero de Felipe,

de lo contario, le habría dicho que era peligroso.

Le salió bien, pero también podía haberle salido mal.

¿No sabía nada?

Supe casi desde el principio que Felipe había recuperado la memoria,

pero que iba a aparentar lo contrario.

Entonces, hay algo que no entiendo.

Lo importante no es lo que ocurrió,

sino lo que viene en los próximos días.

Aunque no lo crea, siento una gran compasión

y sufriría si el juez le condena a la pena capital,

por mucho que piense que lo merece.

No pienso en eso ahora. Quiero saber.

Un día usted vino a mi casa y habló con Felipe,

yo me oculté para escucharles.

Felipe dijo que me amaba,

que no le permitiría que hablara mal de mí,

que no estaba interesado en Marcia.

¿Eso era también mentira?

Eso fue idea mía.

Usted sospechaba de mí y pensé que me había descubierto.

Amigo, ¿qué le trae por aquí?

Su esposa me invitó a pasar y a saludar.

No me dijo que vendría, pero es un placer verle.

¿Qué tal su hijo en el Congreso?

Bien, está desarrollando una gran labor.

Nunca le vi tan centrado en un proyecto.

Es mucha responsabilidad la que tiene.

Siempre ha sido un chico muy listo,

sabía que iba a triunfar.

(RAMÓN) "Genoveva puede haber preparado una encerrona

para desenmascararme,

le pido que finja

y me siga la corriente en todo momento".

Lo sabía.

Sabía que no me podía fiar de usted.

¿Cómo supieron que estaba escondida escuchando?

No hacía falta ser muy espabilado, doña Genoveva.

¿No se arrepiente al verme así?

No.

La verdad es que no.

Creo que todos debemos pagar por nuestros actos.

¿Con la vida?

Eso no me corresponde juzgarlo a mí.

Carcelero, por favor, ábrame la puerta.

Saldré de aquí...

y me vengaré de todos, uno a uno.

Como te decía, no siento ninguna pena ni inquietud por Genoveva.

Por mucho que haya sido mi esposa, tiene lo que se merece.

Yo no puedo evitar sentir desazón.

Genoveva no lo sentiría ni por ti ni por mí, ni por nadie.

Ya.

Allá ella con lo que sienta, a mí me importa lo mío.

En eso llevas razón. ¿Azúcar?

Sí, gracias.

Lolita, ¿te puedo preguntar para qué me has invitado a tomar café?

Estoy encantado, pero conociéndote, sé que hay algún motivo.

¿Leche? Por favor.

Una miaja.

A ver...

Y ahí.

Pues sí, sí que lo hay.

Usted sabe que la gente entra en la mantequería

y habla,

así que me entero de muchas cosas del barrio.

Procuro no usarlas, a no ser que sean pa bien.

¿Algo de lo que me quieras avisar? Sí.

Sé que Liberto está molesto con usted

por no haberle avisado de que había recuperado la memoria,

le hizo creer que era feliz con Genoveva y le tuvo en la inopia.

Lo dijo doña Rosina.

Ya.

Sé que debí explicarle todo, pero no encontré el momento.

Pues perdone que me meta donde no me llaman, pero debería buscarlo,

que después, las cosas bobas se hacen gigantes.

Espero que no le moleste. No, Lolita, al contrario.

¿Quién me iba a decir a mí que al final ibas a ser

una sabia consejera?

No se ría de mí. Que no, que lo digo de verdad.

Lolita la sensata.

Celia estaría muy orgullosa de ti.

Cómo echo de menos esos tiempos.

Yo también.

¿Durmiendo la siesta? -(ASIENTE)

Tal y cómo se lo digo.

De repente y sin haber dado signos de enfermedad.

Comimos en nuestra casa de Buenos Aires,

tomamos café,

Bellita se fue a echar la siesta y ya no se despertó.

Por lo menos, no sufrió.

Eso creo.

¿Y doña Felicia?

Nos enteramos allí de su fallecimiento.

Lo sentimos muchísimo.

Su hijo Emilio estaba inconsolable

cuando recibió el telegrama de Camino.

Una noticia así, en la distancia,

debe de ser más dura, si es que eso es posible, claro.

Su hijo Emilio en Buenos Aires,

su hija Camino en París, yo en México...

Ni siquiera tuvo la compañía de Anabel o de los vecinos,

estaba en Santander, en el pueblo,

sola.

Pobre Felicia. Era una buena persona.

Gracias, don Liberto.

Me han jurado que le dieron la mejor atención posible,

la compañía de los seres queridos es imprescindible.

Tenga ánimo,

la vida a veces es muy cruel.

Y usted que lo diga, don José.

Al menos, Bellita pudo ver nacer a su nieta en Buenos Aires,

seguro que sus últimos pensamientos fueron para ella.

Tenían que ver qué cosa más rica de niña.

Les digo una cosa,...

hace más ilusión ser abuelo que ser padre.

Debe de ser que uno ya tiene la vida recorrida.

Yo tengo una hija en edad de merecer.

Me temo que pronto lo comprobaré en primera mano.

Claro que sí, don Marcos.

Ya ve la cara de ilusión de don José cuando habla de su nieta,

a usted le pasará lo mismo.

Tengo muchas ganas de conocer a la nieta de mi mujer.

Pobre Felicia.

Y pobre Bellita.

Que en paz descansen.

Me ha parecido escuchar a don Felipe, ¿ha estado aquí?

Sí, le he invitado a un café.

Tenía que decirle algo de lo que me he enterado en el barrio.

Cosas nuestras.

Bueno, mujer, cuánto secretismo.

A usted se lo puedo contar.

Que Liberto está molesto por no haber sabido la estrategia

de Felipe con Genoveva. -Ya.

Y le he avisado

pa que lo arregle, antes de que sea tarde.

Pues mejor, que siempre vale más la pena evitar la herida que curarla.

Bueno, marcho a la mantequería.

¿No me dijiste que ibas a ir al centro con Antoñito esta tarde?

Iremos en cuanto llegue.

No le importa quedarse en la tienda, ¿no?

Y dale. Que no, ya lo sabes, que me encanta.

Y que creo que deberías descansar más. Ve tranquila.

Ea. ¿Cree que le gustará el reloj?

Pues claro, le encantará. Me apuesto lo que quieras.

Con lo presumido que es, no habrá nada que le guste más.

Eso espero.

Me voy a arreglar, que estará al caer.

Muy bien.

Perdona. ¿Me lo apuntas? Gracias.

No me diga que se va.

Buenas.

Sí, sí, me espera Lolita, para acercarnos al centro

a no sé qué, la verdad.

Entonces, no sería muy importante.

Bueno, supongo que sí, claro.

¿Le dio tiempo a solucionar esa gestión que tenía en el notario?

¿Se acuerda?

Me acuerdo de todo lo que usted me cuenta, Antoñito.

Pues no me dio tiempo, pero no por mi culpa,

el notario tenía otra firma en otro despacho y llegó tarde.

¿Le dio plantón?

Maldito notario...

Pero no se vaya con tanta prisa.

Insisto en que me espera mi esposa.

Antes dígame,

¿qué opina de la situación en Europa?

¿Acatará Serbia el ultimátum de los austrohúngaros?

¿Así, un debate rápido y sencillo?

No lo sé, ¿quién sabe?

¿Por qué no se toma un café conmigo y me explica la situación?

No todos tenemos la suerte de saberlo todo de primera mano

por un diputado.

Bueno, no creo que a Lolita le importe que me retrase unos minutos.

Venga, nos sentaremos allí. Es mi mesa favorita.

Nuestra mesa.

Necesitaba a alguien que se revolviera

contra la maniobra de Genoveva. Decidí que fuera usted.

Disculpe, pero no le entiendo.

Verá, Genoveva me ha demostrado lo lista que es.

Ella nunca creería que nadie tratara de decirme la verdad.

Y usted, como buen amigo, pues me pareció la persona indicada.

Yo hubiera desempeñado el papel igual.

No tan bien como si estuviera convencido.

Discúlpeme, pero... fue lo que pensé.

Y no se puede negar que saliera bien.

Por eso, ahora que todo está por terminar, le pido disculpas.

No son necesarias.

La verdad es que había muy pocas personas implicadas:

don Ramón, el comisario Méndez, Santiago Becerra y Laura.

¿Laura? Sí, Laura, mi criada.

Fue parte fundamental del plan.

Le hice llegar una carta para iniciarlo todo.

"Laura, preciso de tu ayuda".

"Debes saber que tan solo estoy fingiendo".

"Lo recuerdo todo".

"Sé perfectamente quién es mi esposa

y todo el daño que ha hecho".

"La amnesia era solo una estrategia

para ganarme de nuevo su confianza".

"Si logro que baje la guardia,

podré obtener por fin la confesión de sus crímenes".

"Pero para que mi plan llegue a buen puerto,

preciso de tu colaboración".

"No puedes negármela".

Entonces, ¿nunca sufrió de amnesia?

Sí, los primeros días en el hospital fui sincero,

pero al regresar a casa, empecé a recordar.

Tenía curiosidad por saber dónde me llevaba todo esto sin desvelarlo.

Hasta que estuvo seguro.

Hasta que recordé lo que había pasado con Marcia,

hasta que ideé un plan para que...

Genoveva pagase por su felonía.

Y todos los demás fuimos cómplices.

Algunos involuntarios, pero imprescindibles.

De verdad, le pido disculpas por haberle forzado a hacer algo

sin saberlo. No se preocupe.

Lo daré por bueno dado que ha cumplido sus objetivos.

Mis objetivos sí,... pero no mis deseos.

Genoveva será juzgada,

pero... a mí me gustaría recuperar a Marcia,

y eso, amigo,

es imposible.

En fin,

la vida pasa y uno se recupera de las heridas, aunque...

a veces parezca imposible.

Muy bien lo ha dicho.

Que no nos dé Dios todo lo que podemos soportar.

Todas lamentamos profundamente la pérdida de Bellita.

La apreciábamos mucho. -Lo sé.

Y le aseguro que el aprecio era mutuo.

La llegada a este barrio fue

una bendición para nosotros.

No hemos venido todas

porque sabemos que la muerte de un ser querido es un duro trance,

pero estoy aquí en representación de las vecinas

y hasta de las criadas.

Gracias.

Si decido hacer alguna misa en su memoria, las avisaré.

Don José,

me he permitido tomar la iniciativa para liberarle

de esa carga.

He hablado con el párroco para que se celebre un funeral en su nombre.

¿Un funeral?

Quizá sea algo precipitao.

Que nuestras oraciones acompañen...

a Bellita en este viaje.

Aunque no sea de cuerpo presente, todos la despediremos igualmente.

Era una gran artista.

Puede que quiera llamar a la prensa.

No, no, no,

que todo se haga en la intimidad.

Pues sus admiradores lo agradecerían.

Sí, ese habría sido el deseo de mi esposa.

Pero prensa no.

Pues no se hable más, le confirmaré al párroco el funeral.

Posiblemente sea mañana mismo.

Y ahora tengo que marcharme. -Muchas gracias, doña Susana.

Es usted una mujer muy atenta, siempre pendiente de los demás.

Le acompaño a la puerta.

Es mi obligación como cristiana.

Con Dios. -Con Dios.

¿Un funeral, mañana?

Ya sabíamos que esto podía pasar.

Tengo mala conciencia.

No pienses en esto, es lo único que podemos hacer.

Espero que no paguemos por ello.

Respecto al correo, se lo he ido dejando sobre la mesa.

Bien ordenado, eso sí.

Voy a tardar más de una semana en contestar a todo esto.

Tómeselo con calma.

Los asuntos más urgentes se han ido resolviendo gracias al telégrafo.

Cuando usted me diga, le hago todas las cuentas del dinero que dejó.

Está justificado hasta el último céntimo.

¿Se ha hecho cargo usted del dinero?

Sí.

Fue un encargo de doña Felicia antes de irse.

Espero que no le moleste, señor.

No, en absoluto, me deja tranquilo que usted estuviera en casa,

no sé si Anabel se habría apañado con el dinero.

Señor, Anabel no es una niña,

es mucho más adulta y responsable de lo que a veces muestra a los demás.

Me alegra que me diga esto,

los padres vemos a las hijas como niñas que nunca crecerán.

Créame que Anabel es muchísimo más sensata de lo que parece.

¿Quiere que veamos las cuentas ahora?

No, ya las veremos mañana.

Y las cartas también las abriré mañana.

Ahora quiero echarme un rato, estoy cansado del viaje.

¿Necesita algo más, señor?

No, nada más. Eso sí, que no haya ruido.

Avíseme en una hora,

no quiero perder toda la tarde. -Vaya tranquilo, señor.

(Puerta)

¿Ha visto a mi mujer?

Sí, la he visto.

Y a ti más te valdría quitarte de su vista.

¿Sabes cuándo al andar parece un tren de mercancías?

Lo sé, sí. -Pues así estaba.

Pero ¿por qué?

Según me ha dicho, había quedado contigo y le has dado plantón.

Ya, me he entretenido, se me ha ido el santo al cielo.

Pues te ha estado esperando, cada minuto de peor humor,

hasta que se ha marchado.

¿Sabe adónde? -No tengo ni idea,

no me atrevía a preguntarle.

Ya sabes cómo es cuando se enfada, mejor esperar a que se le pase.

Pero ¿tan brava estaba? -¿"Brava"?

De las peores veces que la he visto.

¿Tienes alguna buena excusa?

Tengo varias, pero ninguna tan contundente

como para evitar la crisis.

Tenía una firma con un notario y él se retrasó.

Y por otro, me he entretenido tomando café y...

¿Y con quién tomabas café? Tal vez, eso te salve.

Con unos y con otros.

Desde que soy diputado, la gente se acerca, me pregunta cosas,

quiere invitarme... En fin, tampoco quiero rechazarles.

Es tu obligación con el cargo que ocupas, y más,

con los tiempos que se avecinan.

¿Sabes qué va a hacer el rey si se termina declarando la guerra?

¿Os han dicho algo en el Congreso?

La única guerra que me preocupa es la que me puede montar Lolita.

Me río del káiser Guillermo

comparado con una de Cabrahígo enfadada.

En eso llevas razón.

¿Sabe para qué quería que viniese?

Me dijo que viniera, pero no para qué.

Algo le escuché hablar con Carmen de una sorpresa.

¿Una sorpresa?

¿Qué sorpresa?

Hijo mío, no me gustaría estar en tu pellejo.

Gracias por los ánimos, padre.

¿Cree que debo ir a buscarla?

Esa es la típica decisión perversa.

Hagas lo que hagas, estarás equivocándote.

Si sales a buscarla, ella vuelve y no estás aquí, mal.

Pero si te quedas,

te dirá que no has tenido la intención de ir a buscarla.

Usted ya ha pasao por estos pueblos.

Unas cuantas veces.

¿Qué me recomienda que haga yo?

Dejarlo en manos del destino. Cara o cruz.

Pues sí.

Eso es, que decida el destino.

Pensé que llegaría antes que tú.

Eso es porque no te imaginas las ganas que tengo de verte.

Pensé que mi padre no me dejaría salir,

pero hasta me ha animado a hacerlo.

Eso es porque no sabía a dónde ibas y a qué.

Nos mata.

Antes...

quítate la ropa.

¿Lo quieres con baile?

Por favor.

# Hay una pulga maligna,

# que ya me está molestando,

# porque me pica y se esconde

# y no le puedo echar mano.

# Salta que salta... #

Qué bien se te da.

Ya sé a qué te puedes dedicar si te quedas sin clientes.

Luego mato a la pulga.

¿Tenías ganas de verme? -Muchas.

Vamos a darnos prisa.

¿Otra vez fuera de la portería?

¿No estaba ella ayudándote en el quiosco?

Ha tenido que ir a recoger más flores.

Vamos de cabeza con tantos pedidos pal funeral de doña Bellita.

Doña Susana me ha encargado una corona en nombre de los vecinos.

Pues yo quiero otra. De... Gracias.

De Liberto y mía.

Apunta. Que ponga algo así como:

Querida Bellita, tus vecinos, Rosina y Liberto no te olvidan.

¿Una de las caras?

No,

una que parezca cara, pero que sea más barata.

Como siempre. -Pues sí, como siempre,

que tú eres muy generoso con el dinero de los demás.

Mire, si yo pudiera,

le llenaba a doña Bellita la iglesia de flores,

que bien que ella nos ha llenado los corazones con su música.

Bueno, pues hacéis una colecta

o alguna de esas cosas que hacéis en el altillo.

Ahora que lo pienso,...

lo mismo hago unos ramos de más y los pongo en nombre

de la gente de servicio, que la queríamos mucho.

Seguro que mi Marcelina lo haría.

¿No decías que no tenías dinero?

Sería un regalo de la casa.

Ya. Luego dices de mí.

Además, ¿no vais a recibir dinero del tío ese suyo de Barcelona?

Pues te lo gastas en flores, rácano.

Ese dinero lo guardo pa futuros funerales.

Pues no será para el mío. Pienso enterraros a todos.

Hasta el año 2000 voy a andar por Acacias, con mi Liberto, claro.

No sé si Liberto le va a aguantar todo el siglo.

Hombre, por fin llegas.

Dos ejemplares he dejao de vender por la tardanza.

Pero bueno, qué desagradable estás hoy.

¿Por qué dice eso? -Hombre,

¿qué cuitas te traes con el repartidor

que le hablas de esa manera?

-Ah, ninguna, si es muy majo. Lo que pasa es que es sordomudo.

¿Y por qué le gritas? No te va a escuchar.

Por si un día recupera el oído.

Menuda alegría, ¿no?

Espera, espera, ese es don Felipe.

Es verdad.

(LEE) "Felipe Álvarez-Hermoso, el hombre que se enfrentó al mal".

¿Le gusta, doña Rosina?

Un poco escandaloso, ¿verdad? Dame un ejemplar.

No creo que a doña Genoveva le haga mucha gracia.

Motivo más que suficiente para haber concedido la entrevista.

Aquí tiene.

Apúntamelo a la cuenta.

Con Dios. Con Dios.

Mi trabajo implica que le dedique todo el tiempo.

Pa mí que los lazos que nos unían, se están rompiendo.

Precisamente, les he citado para hablar de mi difunta esposa.

¿Puede ser más concreto?

Me gustaría que me dijeran si notaron...

algo raro antes de la muerte de Felicia.

Me da que mi abuelo es un desastre con los números.

Es posible que sea mayor para llevar lo que se precisa en un negocio.

Por eso me voy a poner con los libros de contabilidad.

A ver si encuentro por dónde se escapa el dinero.

Lo he mangao.

Le quitará el frío.

Se me abren las carnes de pensar

que no la vamos a volver a ver nunca más.

Ni oírla cantar.

Dios mío, qué desgracia tan grande.

Ya es la hora, deberíamos entrar.

No puedo hacerlo.

Creía que te había quedado claro

que dejases de meter las narices en el libro de cuentas.

¿No quiere que le cuente lo que he encontrado?

Estaré encantada de gozar de su compañía

cuando usted lo considere oportuno.

Sí, yo también disfrutaré charlando con usted.

En fin, que tenga buena tarde.

Te tengo a punto de caramelo. -Quiero que sepáis...

que he decidido que le hagan la autopsia al cadáver de Felicia.

Es menester que sepamos

cuál fue la verdadera causa de su muerte.

Maldito cerdo hijo de perra. ¡Te juro que me las vas a pagar!

¡No volverás a reírte de mí! ¡Me las vas a pagar!

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1303

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1303

07 ago 2020

Felipe publica la verdadera historia de Genoveva en el periódico y la señora monta en cólera desde la cárcel. Promete que su venganza será sonada.
Miguel, enamorado de Anabel, le pide su mano. Pero ella le rechaza.
Alodia está extraña desde que volvió con Jose de Argentina, y ni siquiera va al funeral por Bellita. Marcelina está desolada por la muerte de la folclórica y Servando piensa cómo animarla.
Natalia, sibilina, continúa seduciendo a Antoñito Palacios, que, a pesar de haber sufrido la ira de Lolita por faltar a su cita, le cuesta resistirse a los encantos de la guapa criolla.
Marcos no se puede deshacer de la sospecha de que la muerte de Felicia no fue fortuita e indaga entre los vecinos buscando alguna pista que apunte al culpable.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1303" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1303"
Programas completos (1379)

Los últimos 4.039 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Mar

    Que Felipe hiciera todo eso no me extraña nada, se veía venir desde que despertó tan amable y zalamero. También hubo varias meteduras de pata, como que Santiago hablara de haber trabajado en una hacienda maltratando esclavos cuando eso lo hacía su hermano gemelo, pero bueno. Lo que no me esperaba fue la participación del comisario, ese hombre parecía honrado y correcto, me quedé muerta con que ahora pasara al lado oscuro de la ley y secuestrara y torturara a una mujer para encarcelarla por la confesión hecha en esas condiciones, ¿quién puede creer eso?. Madre mía... ahora Servando celando a Fabiana, espero que no pongan a Fabiana aceptando ese reto porque no tendría ningún sentido. Felicia espero que esté viva y sea todo una estrategia, aunque todo es un misterio por Soledad; y falta Bellita, dónde están Cinta y el marido si ella no vuelve? Por qué solo José Miguel y Alodia? Ya me distraigo mucho al ver esta serie, me temo que no seguiré viéndola porque no mantiene mi atención, a pesar de los misterios, no sé si serán los diálogos, el ritmo o qué, pero me desagrada y busco en qué entretenerme mientras espero los desenlaces. Tal vez sean las incongruencias... o las melodías tristes a menudo, de verdad que no lo sé, me apena pero la dejaré.

    16 ago 2020
  2. Kassir Enriqueta

    No hombre, yo diciendo que menos mal no han matado a nadie más y resulta que amanecemos con dos muertas por falta de una.!!! Que fastidio esta novela con los muertos, sáquenlos de viaje a todos y ya.!!!

    07 ago 2020
  3. Victoria

    Los guionistas están muy inspirados y nos tienen a todos enganchados. La carita de Liberto, acepta las disculpas de Felipe pero está dolido. En qué piensa Antoñito, si es que piensa, su padre está aconsejándole siempre pero, a pesar de éso, cada día parece estar más atontado, cuándo va a comportarse como un adulto?. Ramón ha estado genial diciéndole a Genoveva lo que piensa de ella. Qué grande Lolita aconsejando a Felipe, cuando les veo juntos hablando, me recuerdan la época en que ella le llevaba en brazos. Dudas en el salto temporal: Soledad espía pero, para quién, por qué ha tocado la pistola y comprobado las balas. Las miradas cómplices entre Anabel y Soledad cuando Marcos pide detalles de la muerte de su esposa. Las extrañas muertes "por infarto" de Bellita y Felicia. Jose y Alodia comportándose de forma muy rara (sobre todo ella). Son muchas casualidades y sobre todas, las dos muertas en "tiempo y forma". Espero que nos vayamos enterando qué ha pasado con los dos personajes fallecidos que eran muy importantes.

    07 ago 2020
  4. carmela

    Me parece que Bellita no murió, a Felicia creo que la mataron, y Antoñito es muy boludo, porque está a punto de caer en la red. ¡¡¡Cordiales saludos a todo elenco y todos los que hacen Acacias!!!

    07 ago 2020