www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5641436
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1302 - ver ahora
Transcripción completa

(LEE) "Si sabe lo que le conviene, saque adelante la ley de minas".

"Si no lo hace, prepárese para sufrir graves consecuencias".

Mire, si usted no viaja a México inmediatamente, se rompe el trato.

Si durante mi ausencia, a mi mujer o a mi hija les ocurriera algo,

usted y su hermana lo pagarían con la vida.

He tratado que el látigo sonara sin llegar a rozar su piel,

pero no siempre lo he conseguido. No se preocupe.

Lo importante es que Genoveva se está tragando el anzuelo.

Eso seguro, temblaba como un flan.

Tenemos que seguir así hasta que confiese, ¿de acuerdo?

Lamento decirlo,

pero empiezo a creer que esto nunca pasará.

Yo estoy de acuerdo.

Si sigue resistiéndose... La obligaremos a claudicar.

Dejaremos pasar esta noche

y mañana empezaremos con el tercer acto de la función.

"No te confundas, Miguel, Aurelio y Natalia solo son aprendices".

Es su padre,

don Salustiano el auténtico peligro.

Se trata de un hombre despiadado y sin escrúpulos.

¿Y es con él con quien se va a encontrar tu padre?

Y para colmo de males, en su propio terreno.

De hecho, ya está medio muerto.

Su cuerpo ya no puede soportar más golpes.

Y luego,...

llegará su turno,

Genoveva.

Juro que vas a pagar por todo esto.

No jure lo que nunca podrá cumplir.

Acuérdate y llama todos los días.

Descuida, así lo haré.

No aproveches mi ausencia para tontear con tus admiradoras,

que a mi vuelta, te paso de un cuerno a otro.

Soledad, no guarde esa chaqueta, es la que quiero llevar a Cádiz.

He de marcharme.

He de preparar el viaje.

Pero ¿qué te está pasando, Servando?

Es un número de teléfono.

Si ocurriera el más mínimo problema, llame y deles mi nombre.

¿Nada más? -Nada más. Ellos sabrán que hacer.

¡No, no, no! ¡Mátalo!

¡Esa perra merecía morir! ¡Hazlo tú o lo hago yo!

¡Y no me arrepiento de ser yo quien le quitara la vida!

Sí, yo la maté.

Sesgué su vida clavándole el cuchillo que te había robado.

culpándote así de su muerte. ¿Por qué?

¡Porque Marcia no era capaz de alejarse de mi esposo!

Comisario...

Laura... ¿Qué significa todo esto?

Felipe, perdóname.

Felipe, mi amor, ¿estás bien?

Todo lo que he dicho es mentira, lo he dicho por amor,

para salvarte.

Felipe, todo era mentira.

¡Felipe, por favor, créeme, créeme, por favor!

¡Yo lo hice por ti, lo hice porque tenía que salvarte!

(Suenan las campanas)

(Suenan las campanas)

Seña Fabiana, ¿seguro que no quiere que le llene otra?

Gracias, pero con esto me apaño en la pensión.

Mire que no me cuesta acercársela.

Ay, Casildilla, ¿qué haría yo sin tu ayuda?

Ya están saliendo de misa.

Parece que hoy se ha acortado más de la cuenta.

Vete tú a saber qué se traerá entre manos el párroco.

Buenos días, doña Susana.

Buenos días.

Fabiana, una pena que no haya asistido al oficio,

la homilía de hoy no ha tenido desperdicio.

Por algo dicen que lo breve si bueno es dos veces bueno.

¿A eso qué tiene que ver?

Por la hora,

que se ve que el cura se ha dado hoy más prisa.

Dígame, doña Susana, de qué trataba hoy la homilía.

Fue un dardo directo a Genoveva y a Felipe.

¿Los mencionó por sus nombres?

No hizo falta.

Hablaba de cómo los seres humanos

se dejan arrastrar por las pasiones de forma irresponsable y vil.

¿Y usted cree que se refería a ellos dos?

¿Y a quién sino?

Blanco y en botella.

La verdad es que no se habla de otra cosa.

¿Y qué quería usted? Después de todo lo que ha pasado...

Solo espero que esto no acabe pasando factura al barrio.

Ojalá el fin del contencioso contra Genoveva

nos traiga de vuelta la tranquilidad.

Diga que sí,

que anda que no echo de menos poder hablar de asuntos más mundanos,

como si llueve o hace sol.

Pues ahora que lo dice, parece que hoy va a hacer muy buen día.

Pa chasco que sí,

como que ya viene el calor.

Tendré que apresurarme si quiero hacerme con una mesa

en la terraza del Nuevo siglo XX.

Me da que en un momento estará de bote en bote.

Faena no les va a faltar a don Roberto y a doña Sabina.

Entre nosotras,

creo que el negocio se les queda un poco grande a esos dos.

Yo creo que lo llevan la mar de bien.

Nada que ver con cómo lo regentaba Felicia.

Anda que no la echamos de menos.

Ya, seña Fabiana.

Eso es una tragedia desde el primer día hasta el último.

Y a saber si ese último está más cercano de lo que creemos.

(SUSPIRA) En fin, marcho.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Graznidos de pájaros)

¡No, Samuel, no!

Samuel, no te mueras, por favor.

¡Ayuda!

(LLORANDO) Samuel, por favor, quédate conmigo.

No, no, no...

(SE AHOGA)

(TOSE Y RESPIRA CON DIFICULTAD)

Tienes lo que te mereces, no mis lágrimas.

(Disparo)

(Disparo)

¡Nunca se saldrá con la su...!

(TOSE)

Felipe, todo era mentira.

(Golpes)

No parecía estar soñando con los angelitos precisamente.

Pronto le voy a borrar esa sonrisa de su cara.

No puedes hacerme esto, Felipe,

No puedes abandonarme otra vez.

"Los señores diputados deben dar su beneplácito

para emprender la reforma que regule el proyecto de alumbrado

en aquellos municipios más alejados de la metrópoli".

"Recuerden que un país moderno es aquel capaz de llevar el progreso

hasta el último de sus rincones,

y solo así, solo así,

todos saldremos ganando".

¡Muy bien!

Excelente discurso, hijo mío.

¿Le ha gustado? -Claro y directo,

lo que la nación necesita, no un enredo de palabras sin sentido.

Vas a triunfar, hazme caso.

Cada vez me siento más seguro en el puesto.

Menos mal que no se han vuelto a repetir las presiones

de la Comisión de Minas. -Se lo dejé bien claro al tal Solano

en el último encuentro.

De todos modos, ándate con ojo,

que siempre puede haber miles de Solanos esperando a contraatacar.

Ya.

¿También le has repetido el discurso a tu padre?

Sí, y me ha felicitado. -Así es.

Da gusto ver que cada vez estás mejor en tu puesto del congreso.

Gracias. Y ahora me voy, que no quiero llegar tarde.

Recuerda que hemos quedado en el centro para comprar ropita a Moncho.

Me lo has recordado mil veces, que no me olvido.

No me olvido. No te voy a fallar.

¿Quieres? -No, gracias.

Buenísimas.

Quieta parada.

Antes, me tenéis que explicar qué ocurre.

¿Qué ocurre de qué?

Me he percatado de las miradas que os habéis cruzado.

Qué mirada ni qué mirada.

Carmen, que no soy tonto.

No se le escapa una, suegro.

Mi cita con Antoñito esta tarde no es para comprar ropita a Moncho.

¿Y por qué le has mentido? -Le quiero dar una sorpresa.

Hoy hace doce años que Antoñito visitó por primera vez Cabrahígo

y quería celebrarlo con él.

Curiosa ocasión para rememorar.

Para Lolita significó mucho ese viaje.

Me ha contado lo bien que Antoñito se entendió con su gente.

Y eso que eran bien distintos

pero su hijo se esforzó y se llevó bien hasta con Fermín el Cojo,

¿se acuerda? Qué hombre más testarudo, por Dios.

Otra cosa no tendrá mi hijo, pero don de gentes sí.

Fue verlo allí tan integrado con todos, que pensé:

"Lola, este será el padre de tus hijos".

¿Y con qué cabrahigada le vas a sorprender?

De eso nada. Le voy a agasajar como hacen en la ciudad,

con un regalo que no olvide en la vida.

Te has puesto el listón muy alto.

Lolita le va comprar un reloj precioso

que ha visto en una tienda del centro.

Pa que no se olvide del tiempo que llevamos juntos.

Un regalo práctico y lleno de simbolismo.

He pedido al relojero que me lo guarde hasta esta tarde.

¿Has venido canina de Cabrahígo? ¿No te han dado de comer?

Echaba de menos sus galletas, Carmen.

Hija, la mesura es una buen virtud para la salud.

Bueno, por eso no se preocupen,

que una tiene una salud de roble.

(TARAREA)

Esta muchacha tiene más salidas que una plaza de toros.

Así es ella.

Disculpe, ahora lo recojo.

Jacinto, aquí le traigo el producto que le comenté,

ya verá qué maravilla.

Gracias, Fabiana.

Déjelo ahí y luego lo recojo.

Seña Fabiana, ¿qué lleva ahí con tanto misterio?

Un remedio para abrillantar el pasamanos de la escalera.

Me han dicho que lo deja como los chorros del oro.

Digo yo que funcionará también con los picaportes de las puertas.

Si quieres te doy un poco también para que lo pruebes.

Le estaría muy agradecida,

que mi señora se fija mucho en esas cosas.

Pásate por la pensión a la vuelta del mercado y te preparo un poco.

Buen día. -Buenos días.

El correo, Jacinto. -Gracias.

Con Dios.

Si que viene la cosa hoy cargada.

Hay un telegrama.

Qué raro que no le haya avisado el cartero.

Y es para mí, desde Cádiz.

¿De Cádiz?

¿A quién conoces tu en Cádiz, primo?

Es de...

Jose Domínguez.

Don Jose.

Que acaban de desembarcar y vienen camino de Acacias.

Ay, qué alegría tener a Bellita de vuelta.

Pa chasco que sí.

Las ganas que tengo de que nos alegre con sus cantes.

¿Qué más le dice en el telegrama?

Que le tenga preparada la casa para su llegada.

Si le parece bien,

termino con la faena de la pensión y subo a airear el piso.

Yo le ayudo.

Y les voy a cocinar algo especial,

que no vuelve uno de las Américas todos los días.

¿Nos vemos en una horita en el principal?

¿Podrían darme un rato más?

Es que... tengo unos asuntos pendientes.

¿Va a llamar a Marcelina?

Anda que no,

se pasa más rato al aparato que faenando.

No exageres, prima.

La echo mucho de menos.

Su estancia en Barcelona se alarga mucho.

Ea, pues retrasamos el pelotón de limpieza.

Y cuando termine de hablar con ella,

si quiere, se sube al altillo

y prueba las torrijas que les he preparado a las criadas.

Se lo agradezco,

que me estoy alimentando malamente en su ausencia.

Jacinto, ¿y ese embuste?

Anda que no te llevo yo consintiendo en este tiempo. No tendrás queja.

Mujer, no te pongas así, era un decir.

Está bien. Nos vemos en el principal con los avíos de limpieza.

Abur. -Abur.

Marcho yo también, Jacinto.

Con Dios.

No imaginan el alivio que me supone haber acabado con esta farsa.

Seguro que nada en comparación a Felipe.

Aún no entiendo cómo fue capaz de mantener tanto tiempo

la mascarada ante su esposa.

Era la única manera para que confesara.

No tenía otra elección.

No se quite mérito, Felipe, hay que tener mucha sangre fría.

Nada hubiera sido posible sin mis aliados.

Empezando por usted, don Ramón.

Siento haberle presionado,

no podía soportar que me considerara todavía

responsable de la muerte de Celia.

Le entiendo, por eso decidí sincerarme con usted.

"¿Acaso no cree lo que le estoy diciendo?".

¿Piensa que le miento?

Por supuesto que no.

Les dejo solos, tendrán muchas cosas de las que hablar.

Nunca he olvidado su amistad, pero necesito su ayuda.

Haré lo que me pida.

¿Ha recuperado la memoria?

Ayer encontré un pañuelo que perteneció a Marcia,

esa fue la llave que abrió mis recuerdos.

Me he pasado toda la noche en vela reconstruyendo mi pasado.

¿Recuerda todo lo que ha ocurrido estos últimos tiempos?

Tengo algunas lagunas,

pero sé que amaba a Marcia

y que Genoveva fue acusada de ese asesinato.

También sé que tengo que hacer lo posible por descubrirla.

No sé cómo podrá hacerlo,

y menos en sus circunstancias,

todos piensan que su salud mental pende de un hilo.

Y esa es mi mayor ventaja, confíe en mí y sígame el juego.

¿Cuál es su plan?

Fingiré que sigo padeciendo de amnesia

y trataré de reunir pruebas que incriminen a Genoveva.

Usted será mi cómplice.

Su perseverancia ha tenido su recompensa.

Está a punto de conseguir que Genoveva sea declarada culpable

de una vez.

Aún queda esperar el veredicto del Tribunal Supremo.

Esta vez, Genoveva dará con sus huesos en la cárcel para siempre.

Eso en el mejor de los casos.

Este tipo de delitos se suelen castigar con la pena capital.

No cantemos victoria, esa mujer sigue en prisión provisional.

Muy cauto le veo ahora.

Nada que ver a cuando me propuso su plan.

"No soy quien para inmiscuirme en la vida privada de un matrimonio".

Eso sí,

si algún día Felipe quiere saber de mis labios,

tan solo tiene que comunicármelo.

"Es muy arriesgado lo que pretende hacer, Genoveva se dará cuenta".

Confíe en mí y haga lo que le he pedido.

Es muy lista y enseguida descubrirá que su amnesia es fingida.

¿No es eso lo que está haciendo ella,

fingir ante mí que es la esposa perfecta?

Comisario,

Genoveva se ha valido de mi desmemoria para engañarme

y para ganarme de nuevo.

Yo voy a utilizar la misma técnica con ella.

Razones no le faltan, pero insisto en que es muy arriesgado.

Comisario,

he recordado a Marcia

también he recordado que Genoveva fue su asesina.

La única forma de llevar a esa mujer a la cárcel,

es obteniendo su confesión, y yo lo voy a conseguir.

¿Cómo lo va a conseguir?

Tengo un plan.

Junto con Laura.

Y también con Santiago Becerra,

el falso marido de Marcia, ¿se acuerda de él?

Necesito saber si está dispuesto a ayudarme

en mi plan contra Genoveva.

Comisario,

no quiero que haga nada en contra de su voluntad.

Cuente conmigo.

(EXHALA)

Estoy dispuesto a que esa mujer pague por lo que ha hecho.

No hay palabras para agradecerles todo lo que han hecho por mí.

Genoveva es un enemigo duro de batir,

pero lo vamos a conseguir.

Y ahora, a esperar la decisión del Tribunal Supremo.

Por fin, Marcia será vengada.

Una jarra de agua, ¿verdad?

Me llevo una jarra de agua para la mesa del fondo.

Cambia esa cara de funeral,

no se les vaya a cortar la comida al verte.

No tengo el día para muchas risas.

No sé a santo de qué, ni que nos fueran mal las cosas.

Reconoce que muy bien no es que nos vayan.

Cada vez queda menos para ver la luz al final del túnel.

En nada, ya habremos llegado a nuestro destino.

Muy positiva te veo.

La zona de piedras nos va a dar mucho trabajo.

Buah, ni que fueran las primeras que nos quitamos de en medio.

Por eso sé que nos van a ralentizar,

y por no hablar de los costes que nos van a suponer.

He hecho cuentas y se nos está yendo más dinero que el previsto.

Ya lo recuperaremos de alguna manera,

tú de eso no te preocupes.

¿Y quién lo va a hacer, tú?

Pues sí.

Ya se me ocurrirá alguna manera de recuperar ese dinero.

Qué fácil lo ves todo siempre.

Porque lo es.

Si no tenemos dinero, se gasta menos, y ya está,

ya ves tú el problema.

¿Y qué propones, cerrar el restaurante y dejar de dar comidas?

Qué pocos recursos tienes, querido mío.

Cambiaremos la carne de primera por otra carne más barata.

No sé, conejo, por ejemplo.

Es más económico

y cunde más.

¿Y vas a poner conejo en todos los platos?

Le cocinaré con las especias

y hierbas adecuadas y nadie se dará cuenta.

Recuerda el rabo de toro que hacía tu hermana.

Que no era ni toro, sino caballo.

Ya. ¿Y estaba bueno o no?

Porque era una artista con los guisos,

que no había uno que se le resistiera.

Pues eso voy a hacer yo.

Sacar más rédito a la carta del restaurante

para financiar nuestro proyecto.

Como los clientes se cosquen,

nos va a salir el tiro por la culata.

¿Quieres dejar de poner peros a todo?

Confía en mí. -Si conf...

Calla, que viene Miguel.

Hola, Miguel. -Muy buenas.

Hola, Miguel.

¿Va todo bien?

Divinamente.

Les conozco, y sé que esa cara es de preocupación.

Qué preocupación ni qué preocupación.

Anda, Roberto,

lleva la jarra de agua a los clientes,

que van a pensar que no queremos servírsela.

Ay.

Toma.

Gracias por el martillo, que no sé dónde habré metido el mío.

Bueno, no te apures, pero haz por encontrarlo.

Mala cosa es que un portero pierda sus útiles de trabajo.

Últimamente, solo pienso en mi costilla.

Ah. -¿Sabe lo que me ha dicho hoy?

No. Cuenta, cuenta.

Que su tío está empeñao en darle unos duros

por cuidar de él este tiempo.

¿Y cuánto le va a pagar? -Una buena cantidad.

Aunque no sé si Marcelina lo va a aceptar.

Ella es más buena que el pan.

Si ha estado cuidándole, no ha sido por el parné.

Torrijas. Eso que hay ahí son torrijas.

Servando, qué bien le iría la pensión si tuviera tan desarrollado

el sentido del trabajo como el del olfato.

Yo tengo el sentido del trabajo desarrollado,

por eso estoy aquí.

A ver si se cree que es fácil regentar una pensión

con el estómago vacío.

¿Ah, no? Claro que no, mentecato.

¿Tú te ocupas de la portería sin haber desayunado, famélico?

Famélico famélico, más bien lo contrario, diría yo.

¿Quién ha traído eso?

La seña Fabiana. Caramba, pues esto...

esto habrá que catarlo.

No le vamos a hacer un feo a mi socia.

Conmigo no cuenten, que tengo que seguir con la ronda.

Jacinto, ya me dirás qué tal lo de Marcelina.

Hale, con Dios. Con Dios.

(CHISTA)

¿Qué quería decir el sereno con lo de... esto?

Eh... Ha hecho así con los dedos.

Marcelina, que su tío está empeñao en pagarle sus buenos duros

por haber cuidado de él. No será mucho, ¿no?

No se crea, un pastizal.

¿Ah, sí?

Caramba con la Marcelina.

¿Y ya has pensado que vas a hacer con ello?

Sí, pa qué engañarle.

¿Y? ¿Quiere que se lo cuente?

Hombre. Venga, venga.

Si la Marcelina acepta el dinero, que aún no está claro,

había pensado en invitarla a dar un paseo en un carro de caballos,

como esos novios de las revistas ilustradas,

paseando por la ciudad llena de nieve.

Difícil veo eso, que estamos en pleno verano ya.

También podríamos coger el tranvía.

Pero no es lo mismo. Déjame acabar.

Coger el tranvía para lanzarnos por el tobogán del parque.

¿Qué es un tobogán?

Usted no se entera de nada. Lo anuncian en los periódicos.

Es un sport higiénico, emocionante y sin peligro.

Vamos, una atracción de feria como otra cualquiera.

¿Y si compramos una cámara de cine y hacemos nuestras películas?

Otro que quiere ser estrella del celuloide o de la canción.

Eso, eso. ¿Y si nos vamos a Portugal?

¿¡Qué!? Según usted, es muy bonito.

Pero yo quería que vinieras a cantar fados.

¿Te vas a ir con Marcelina?

Servando, no compare,

que no es lo mismo irme con usted que con mi esposa.

Claro que no.

Yo te llevaba allí para que triunfara mi representado.

Aquí, el único damnificado que hay soy yo.

No se soliviante, que son solo ideas.

Oiga.

Qué buenas, ¿no?

Ya me vas a hacer comerme otra torrija, leche.

Menudo trajín de cubos que llevas.

¿Limpieza general en casa de doña Rosina?

No, Cesáreo,

es que Fabiana, Jacinto y yo,

estamos dándole un repaso a la casa de los Domínguez.

Parece que vienen de camino.

¿Los Domínguez vuelven al barrio?

Sí. Eso le han puesto a mi primo en un telegrama.

Me alegro mucho, no tenía ni idea.

¿No lo sabía usted?

Lo saben todos. Están deseando ver a don Jose y a doña Bella.

Apuesto a que te vas a llevar una buena propina por la faena.

Pues no.

No, si me estoy deslomando no es por los cuartos,

sino por agradar a los señores. -Ya.

Bueno, y también, para tener la cabeza ocupada.

¿Por qué dices eso? ¿Qué te preocupa?

Estoy con el runrún en la mollera por el asesinato de Marcia.

Ayer fue la última sesión, ¿no?

Y allí estaba yo,

con unas ganas de lanzarme a la yugular de doña Genoveva...

Ojalá termine en la cárcel y pague por lo que le hizo a Marcia.

No sabía que habías asistido.

Quería verlo con mis propios ojos,

es lo menos que puedo hacer por la memoria de Marcia.

Tengo entendido que tomaron declaración a Santiago Becerra.

Sí.

El hombre contó cómo don Felipe y él se compincharon

para engañar a doña Genoveva.

Hay que ver,

lo lista que es, y al final acabó soltándolo todo.

¿Y explicó cómo lo consiguieron?

La verdad es que con tanta pregunta y tanto palabro

no me enteré muy bien.

Pero le puedo decir que el comisario Méndez y Laura le ayudaron.

¿Se acuerda de Laura?

Sí, la sirvienta de doña Genoveva.

Pues entre todos consiguieron que ese demonio confesara.

Solo espero que por fin Marcia pueda descansar en paz.

Casilda, ya podía estar yo esperándote

y tu aquí, de cháchara.

No la reprenda, Fabiana, que ha sido culpa mía por preguntar.

Perdone. Ahora subo, no se me avinagre uste.

Vinagre el que le vas a poner al agua

para terminar de fregar el suelo,

que yo tengo que regresar a la pensión.

Que sí, seña Fabiana, que ya voy.

¿Ya ha decidido qué quiere comer?

He visto que han retirado algunos de los platos

y que han añadido otros.

Sí. Nos gusta introducir novedades

para que los clientes no se cansen de comer siempre lo mismo.

Soy una asidua a su restaurante

y no reconozco nada de lo que viene aquí.

No sé a qué se refiere, doña Susana.

Este estofado de falda... ¿Qué carne es esa?

Bueno, en realidad, el estofado de hoy no es de falda,

es... de conejo.

¿Conejo?

Si vengo aquí es porque quiero carne de ternera,

no un guiso de conejo campero.

Entiendo.

Bueno, póngame ese estofado

y espero que esté tan sabroso como siempre,

así que cuidadito con los cambios.

Descuide.

Espere.

Y tráigame otra limonada, esta era todo aguachirri.

Lo siento, no sé qué ha podido pasar.

No olvide que conmigo tiene a una buena clienta,

para lo bueno y para lo malo.

Y si alguien está autorizada a señalarle los defectos, esa soy yo.

Sí. Doña Susana, yo le agradezco sus críticas de corazón.

Más se aprende de las críticas que de los halagos.

Ahora mismo le traigo la limonada y en cuanto al estofado,

no se preocupe, quedará satisfecha con la calidad de la carne.

Eso espero.

Hay que tener cuidado con los clientes,

se están dando cuenta de los cambios.

¿Te han dicho algo?

Esto no ha hecho más que empezar.

Y habrá que hacer más recortes.

Aún no le he dicho nada al pinche de cocina,

no va a ser agradable.

Bendito túnel.

Maldito, diría yo.

Nos está dando más quebraderos de cabeza de lo esperado.

Jacinto.

¿Estás ahí?

Don Felipe.

Siento no estar en mi puesto,

estoy preparando la casa de los Domínguez para su regreso.

¿Vienen de vuelta? Sí, ya están de camino.

En na los tenemos en el barrio. Es una gran noticia.

¿Y para qué me buscaba?

Venía a por la renta de mi piso, aunque con todo lo que ha pasado,

no sé si los Bacigalupe han pagado.

Descuide, que no se han olvidado.

La señorita Anabel me entregó un sobre con el dinero.

Pues dame el dinero.

No puedo.

Acabo de fregar y si piso se echa todo a perder.

Que no es que no quiera faenar,

es que mi prima está a la que cae, y como se entere...

Jacinto, está bien.

No querría que te llevaras una reprimenda por mi culpa.

Más tarde volveré a por el sobre. Con Dios.

Don Felipe,...

¿puedo hacerle una pregunta personal?

Sí, claro.

Verá, con esto de doña Genoveva en la cárcel,

¿no ha pensado en volver a su casa?

¿A mi casa?

No me malinterprete, que servidor no tiene nada en contra de don Marcos,

es gente educada y respetuosa.

Entonces, ¿por qué me lo preguntas?

Se le echa de menos, don Felipe.

Somos muchos los que nos preocupamos por usted.

Gracias por tu sinceridad, Jacinto.

Pero, de momento, estoy bien donde estoy.

Esta casa me trae malos recuerdos y necesito curar mis heridas

antes de poder volver. ¿Aún no está curado?

Las heridas del corazón, ya sabes a que me refiero.

Me hago una idea.

No te entretengo más. En un rato vengo a por el sobre.

Se lo tendré preparao. Con Dios.

Buenas, don Felipe, ¿cómo se encuentra?

Bien.

Esperando la resolución del juicio para ser feliz del todo.

Casilda me ha puesto al día sobre las sesiones del nuevo juicio.

Espero que se haga justicia y le den su merecido.

Hay algo que me gustaría decirle de Santiago.

¿De Santiago Becerra? Sí.

Yo estaba al tanto de su regreso. Coincidí con él por las calles.

¿Por qué no me contaste nada?

Pensé en decírselo varias veces,

pero temí que fuera peligroso, además de su amnesia.

¿Llegaste a hablar con él?

Sí, y me dijo que venía a vengar la muerte de Marcia.

Entonces no le creí,

pero cuando Casilda me contó lo del juicio, pensé que tenía razón.

Ese era el plan que tenían ustedes, ¿no es así?

El ejercicio de la abogacía, más que un trabajo,

es una forma de mejorar la vida de las personas,

un don que pongo al servicio de la comunidad.

Nunca había visto un abogado tan motivado.

Poner cara y nombre a todo aquello que estudié es lo que me motiva.

Cada ley, cada sentencia tiene detrás una historia humana,

un hombre o una mujer que consigue derrotar a la injusticia

con el peso de la ley.

Ayer mismo

recibí el caso de un timador que se dedicaba a estafar

a los recién llegados de los pueblos.

Hay que ser sinvergüenza.

Tú te encargarás de darle su merecido.

Haré todo lo que esté en mi mano

para que ese ladrón no vuelva a engañar.

Le he estado dando vueltas y he decidido seguir estudiando.

Yo pensaba que ya te habías licenciado.

Así es, pero...

me tienta la posibilidad de escribir mi propia tesis doctoral,

poner mi granito de arena en el mundo del derecho.

Mi tesis tratará sobre los robos más famosos de la historia.

Robos planificados y con complejas estrategias.

Demostraré que la justicia ha sido blanda

con algunos ladrones de guante blanco,

gente que roba por avaricia, por vicio.

Pero esos casos ya están juzgados y esa gente está cumpliendo condena.

Así es.

Pero no es suficiente. Pediré más mano dura.

Soy un firme defensor de que la justicia debe aplicarse a todos,

sobre todo, a aquellos que roban sin necesidad de hacerlo.

Cómo te brillan los ojos cuando hablas de tu profesión.

Es porque tú estás a mi lado.

¿Y tú, cómo estás?

Perdóname, no he parado de hablar.

Lo único que deseo es estar a solas contigo.

Tu compañía es lo único que calma la tristeza de estos días.

Ten paciencia, mi amor.

Hay que ver,

tan distintos que parecían al principio

y la buena pareja que ahora hacen.

Santiago pasó de ser mi enemigo a mi aliado más importante.

A los dos nos unía la necesidad de vengar la muerte de Marcia.

Por eso regresó al barrio y se instaló en casa de los Domínguez.

Cesáreo, sabes más cosas de las que dices.

Pero sí, así es.

Gracias a que se instaló allí, pudimos preparar nuestro plan.

(Puerta)

¿Te ha visto entrar alguien?

Nadie.

Aquí estará bien.

Intente no hacer ruido. ¿Es un lugar seguro?

En este barrio no hay lugar seguro,

pero los Domínguez del Campo se han ido a Argentina

y se han llevado a su criada.

Tardarán semanas en volver a entrar nadie.

Procuraré que nadie sospeche de mi presencia aquí,

especialmente Genoveva.

Tenga cuidado,

nadie puede verle desde la calle.

No es la primera vez que debo ocultarme, desgraciadamente.

Nunca pensé que diría esto,

pero me alegro de verle de vuelta en Acacias.

Yo tampoco pensé que fuera a ser así,

pero le digo lo mismo.

Desde que recibí su carta pidiéndome que volviera he estado impaciente.

Ahora tenemos que prepararlo todo muy bien, sin errores.

No hay nada que desee más que ver a Genoveva en el cadalso,

delante del verdugo, que pague por la muerte de Marcia.

Lo vamos a lograr.

Va a pagar todo su odio.

¿Cómo?

Genoveva siempre se ha movido por el odio,

ahora será el amor lo que la condene: el amor que siente por mí.

Está tan enamorada, que haría cualquier cosa,

incluso salvarme de la muerte.

Santiago, vamos a acabar con ella.

Tan convincente estuvo Santiago en su paripé,

que Genoveva llegó a pensar que me mataba, por eso confesó.

¿Y doña Genoveva no se percató del engaño?

Tenías que ver cómo me zurraba.

Llegué a pensar que se estaba desquitando

de cuentas del pasado. ¿Desconfió de su cómplice?

No, no, eso no.

Estábamos unidos contra Genoveva y si me dejé pegar por él,

fue por una buena causa.

Aunque, creo que me merezco todos los golpes que me dio.

¿Por qué dice eso, don Felipe?

Por permitir que Marcia muriese a manos de Genoveva.

Hay algo que no entiendo.

Ustedes eran enemigos acérrimos,

¿cómo llegaron a ser cómplices?

Verás, Santiago me envió una carta desde Cuba

acusando a Genoveva del asesinato de Marcia.

Yo le propuse que volviera a España para desenmascararla.

Imagino que sería después de que ella saliera absuelta

del primer juicio. Correcto.

En ese momento, Santiago vino de incógnito.

Lástima, Santiago tenía muchos enemigos,

pero también tenía muchos amigos

a los cuales les hubiera gustado saludarle.

A él también le hubiera gustado charlar con alguno de vosotros.

Parte del plan era que nadie le viera, pero contigo fallamos.

¿Dónde está alojado ahora?

Ha vuelto a Cuba, ha empezado una vida decente y honrada.

Imagino que se despidieron de forma amable.

Nuestras discutas forman parte del pasado.

Quién sabe, quizá Marcia, allá donde esté,

ha propiciado que los dos se junten para hacerle justicia.

Cesáreo,... solo puedo decir que...

Santiago y yo siempre estaremos unidos

por el amor que sentimos alguna vez por Marcia.

Cómo los chorros del oro le hemos dejado la casa a los Domínguez.

Entre las suyas, las de Casilda y las de Jacinto sumaban seis manos,

que no son pocas.

No crea que han sobrado.

Eso sí, las ganas de recibir a doña Bellita y su marido

nos han animado mucho.

Vendrán con un montón de historias que contar.

Y noticias de Cinta y Emilio.

Y de la criatura, no la olvide.

¿Usted cree que traerán algún retrato suyo?

¡Qué ganas de verle la carita!

Entonces, ¿ya han terminado con la limpieza?

Arriba ha quedado Jacinto haciendo los últimos toques.

Casilda y yo teníamos que ir a trabajar.

Ya.

Por cierto, Servando,

¿y el correo, todavía no lo ha clasificado?

No me venga con exigencias,

que llevo todo el día solo al frente de la pensión.

Vaya, para una vez que le dejo una responsabilidad.

A las buenas. -Muy buenas.

¿Me pondría un café antes de empezar la ronda?

Ahora mismo.

¿Qué, Fabiana? ¿Noticias de algún familiar?

No, no es de la familia.

Es de Baltasar Zamora.

¿El músico de los Jardines del Príncipe?

Sí.

Está de gira por el sur de Francia con su orquesta.

Mire, esta postal la envía desde...

Toulouse.

Mire.

Qué bonita. ¿Y qué dice?

Pues que... manda recuerdos para todos los del barrio.

Que le cayeron todos muy bien.

Aquí tiene su café.

Mire que río tan bonito pasa por esta ciudad.

Sí.

La postal de un río, todos los ríos son iguales.

Podía haberse esmerado en elegir otra postal.

A mí me gusta.

El tal Baltasar no es más que un músico de pacotilla.

No sé por qué habla así de él,

pero si ese hombre era un bendito.

Ay, la Francia.

París...

Toulouse.

Reconózcalo, Servando,

le ha dicho eso a Fabiana porque se siente celoso.

¿Celoso yo? ¿Por qué habría de estarlo?

No sé, dígamelo usted.

Vamos a ver, Fabiana y yo somos socios, nada más.

Métaselo en la cabeza.

Sí, claro, claro.

Pues na, esto me ha quedao fetén.

¡Iepa-ia!

Chist.

Menos gritos, que está uste en casa de unos señores.

Venía por si uste y Casilda necesitaban ayuda,

Casilda se ha ido a atender a su señora hace un rato.

Y yo ya he terminao.

Menuda paliza que nos hemos dao, sobre todo uste.

La contentura que se van a llevar cuando vean la casa limpia.

¿Y esa tela?

Iba a quitarla ahora.

Un momento.

Ahora sí.

Mire lo que he encontrado.

Son discos de doña Bellita.

¿Ponemos uno?

No sé yo si eso estará bien, Jacinto.

No se apure, seña Fabiana. Así damos ambiente a la casa.

Sea.

Así será como tener a doña Bellita de vuelta.

Les voy a preparar un guiso de patatas con carne

y una tortilla, que se van a chupar los dedos.

De eso, seguro que no hay en el extranjero.

Así descansa Alodia, que debe venir arriñonada con tanto viaje.

A ver...

(Música)

La de tiempo que hace que no me pego un buen baile

con esta tonadilla.

¿Le parece inadecuado si nos pegamos unos bailes antes de irnos?

Pues sí, no me parecería muy correcto hacerlo.

Pero un día es un día. ¡Vamos a bailar, portero!

¡Dele ahí!

# Al cielo de mi morada...

# Si quieres saber quién soy... #

Señor Palacios.

Señorita Quesada.

Le veo inmerso en sus pensamientos.

¿Un día duro en el gobierno del país?

No especialmente, pero llevo todo el día trabajando

y el cansancio acaba pasando factura.

Es usted incansable.

No solo trabaja en el Congreso,

sino que además tiene tiempo para escribir cosas tan brillantes,

como el artículo publicado hoy en la prensa.

¿Lo ha leído?

Y sin saber que era suyo, que conste.

Imagine mi sorpresa cuando leí su nombre en la firma.

Me alegra que le haya gustado.

Tiene usted buena pluma y es claro en su exposición.

Cualidades fundamentales de un buen articulista.

Lo mismo me dijo el editor del periódico.

De hecho, quiere convertirme en articulista fijo.

Eso es estupendo

Pero he rechazado la oferta.

¿Por qué nos quiere privar de su talento?

Fue una colaboración puntual.

Mi prioridad absoluta es mi trabajo como diputado,

no busco lucirme en las páginas de los diarios.

Su entrega y su modestia le honran.

Se lo agradezco, pero no es modestia,

es cuestión de prioridades.

Su esposa debe estar muy orgullosa de usted.

Así es, así es.

¿Y de qué han hablado hoy en el Congreso, si no es indiscreción?

O, en absoluto.

El orden del día incluía varios asuntos,

desde la asignación presupuestaria para la ampliación del ferrocarril,

hasta el problema del regadío en la cuenca del Segura.

¿Y sabe en qué venía pensando cuando me ha encontrado?

En cómo tuve que pararle los pies a un congresista

durante una ponencia.

Detesto cuando se pierden las formas.

"Quien pierde las formas pierde la razón", como dice mi padre.

Bien dicho.

Tal vez podríamos tomar algo

y seguir disfrutando de su conversación.

Me temo que no va a poder ser.

Tengo que pasar por el notario a firmar unos papeles

y, he quedado con mi mujer.

En tal caso, me quedaré con las ganas.

Pero tiene que prometerme

que en otra ocasión, se tomará algo conmigo.

Se lo prometo. Siempre es un placer conversar con usted.

Con Dios.

# Lo mismo que hace una rosa,

# recibe caricias de una mujer cariñosa. #

¡Ole ahí!

¡Eso sí que es bailar!

(RÍE)

Jacinto, que una tendrá ya su edad, pero de bailar no se olvida.

(RÍE) -Don Jose.

Perdone, señor.

Ha subido usted las maletas, podía haberlo hecho yo.

Alodia está abajo con el resto del equipaje.

¿Y doña Bellita? ¿Se ha quedado abajo con ella?

Señor,

¿se encuentra bien?

Bellita...

Bellita ha fallecido.

Ya ve, tanto decirme Rosina que estoy obsesionado con Genoveva,

y ahora es ella la que me azuza para que vaya al juicio

y no pierda detalle.

Si tanto interés tiene, ¿por qué no acude ella al juicio?

Ya sabe cómo es mi esposa, don Ramón,

no quiere pecar de chismosa.

En cualquier caso, no sé decirle si hace bien o mal

negándose a acudir a las sesiones del juicio.

No se confunda,

una cosa es que no haya asistido a las sesiones del juicio,

y otra muy diferente,

que no me interese que se haga justicia con Genoveva.

Todos estamos deseando que esto termine cuanto antes.

Hace unos días que no se habla de otra cosa en el barrio.

¿Ha conseguido hablar con don Felipe?

Sí, esta mañana he hablado con nuestro amigo y con Méndez.

¿Le ha comentado cuáles son las perspectivas?

Todo el mundo espera y confía que Genoveva sea declarada culpable.

Dios lo quiera, aunque con esta mujer, nunca se sabe.

Don Marcos,...

lamento profundamente lo sucedido con Felicia.

Lo mismo le digo.

¿Cómo pudo engañarme así?

"Felipe..."

¿Puedo decirle algo en privado?

Genoveva sospecha de mí.

Dígame,

¿no recuerda nada de los acontecimientos más recientes?

Estamos en confianza, se puede fiar de mí.

No me gusta ser yo, su amigo,

quien tenga que ponerle al corriente de lo que se habla,

pero digamos que su esposa hizo algo...

Don Ramón, basta, por favor.

¿De acuerdo? No permitiré que siga hablando.

Usted mejor que nadie sabe

que se lo advertí al comisario Méndez

y a Liberto, no creí que tuviera que advertírselo también a usted.

Pensé que estábamos en confianza.

Y así seguirá siendo.

No.

Hay algo que no cuadra.

¡Carcelero!

¡Carcelero!

¿Ha tenido otra pesadilla la señora?

No hay sueño peor que tenerle a usted como único interlocutor.

Si le desagrada mi presencia, marcho.

No, espere.

¿Podría usted hacer venir a don Ramón Palacios?

Necesito verle.

¿Alguna vez viene a comprar aquí Sabina?

No.

Al principio sí, pero ahora no.

Ahora, en el restaurante importa todo menos la calidad.

Cualquier día nos mandan al hospital por algo en mal estado.

Que Casilda y yo...

queremos preguntarte una cosa, hija.

¿Cómo murió doña Bellita?

No sé de qué está hablando.

O lo dice claro o se calla.

Pues que hay gente que está diciendo que...

la calidad de lo que uste ofrece ha caído.

Y que su restaurante no es lo que era.

¿Cómo ocurrió la muerte de Felicia? -Se lo conté por carta.

Me gustaría oírlo de tu boca.

Nadie podía esperar lo que ocurrió.

¿Qué haces con ese libro? -¿Qué significa esto?

Hay pérdidas continuas, facturas sin pagar...

¿Y los clientes?

Cada vez veo menos gente en el restaurante.

Espero que me ayude a aclarar algunos detalles

de los que tengo dudas.

Pregunte, trataré de complacerla.

¿No habías quedado con Antoñito para ir al centro esta tarde?

Iremos en cuanto llegue.

No se vaya con tanta prisa.

Imagino que a Lolita no le importará que llegue algo tarde.

Nos sentaremos allí. Es mi mesa favorita.

Nuestra mesa. Saldré de aquí

y me vengaré de todos,

uno a uno.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1302

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1302

06 ago 2020

Felicia murió en su pueblo cántabro, mientras Marcos hacía negocios con Salustiano en México. Marcos, deshecho por la pérdida de su mujer, sospecha de que su muerte no fue fortuita.
La pérdida de calidad del restaurante empieza a pasar factura y Sabina y Roberto pierden cada vez más clientes. Miguel observa que algo extraño ocurre con el libro de cuentas del negocio.
Genoveva, desde la cárcel, no deja de rumiar la trampa que le tendieron y pide una entrevista con Ramón Palacios, que le confiesa su implicación para mantener la mentira de Felipe. El abogado, por su parte, se disculpa con Liberto por haberle ocultado que había recuperado la memoria y ambos señores se reconcilian.
Dolor en el barrio por la muerte de Bellita. Aunque hay algo sospechoso en Jose y Alodia…
Antoñito no llega puntual a su cita con Lolita por entretenerse en un café con Natalia. El joven diputado teme las represalias de su mujer.
Miguel y Anabel han llevado más allá de su noviazgo su relación y descubrimos que ambos se ven a escondidas en una pensión de la ciudad.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1302" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1302"
Programas completos (1355)

Los últimos 4.008 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. dolores rodrigo

    hola soy una fiel admiradora de acacias 38.,,,,no se por que se an empeñado en quitar todos los personajes mas admirados de la novela....empezando por camino,,,y la muerte de felicia y bella del campo,,,,,,,,,si vamos asi no se si seguire viendo la novela,,por que quitan los principales personajes mas influyentes de la novela ,,haver si ahora termina de matar a genoveba,,,,ya no hay personajes en acacias para poder siguer viendola.......veo cada vez se complica mas la novela....eso por decir si no muere lolita entonces nose........gracias,,,,,,

    07 ago 2020
  2. Maribel

    No me imaginaba que Ramón estaba metido en el ajo. Me han gustado los flashback de cómo fraguó Felipe y sus compinches el secuestro. Miguel no ha podido escoger mejor el título de su tesis: "Los robos más famosos de la historia", así podrá defender mejor a sus abuelos que, por lo que cuentan, tienen varios a su espalda. A Servando cada día le cuesta más disimular los celos y eso que se hace el "duro". Ay Antoñito, que te vas a buscar la ruina!, no habías quedado con Lolita?. Por favor señores guionistas, qué han hecho con las dos consuegras, Bellita y Felicia las dos fallecidas?

    07 ago 2020