www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5635810
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1297 - ver ahora
Transcripción completa

¿Eso quieres hacer?

¿Repetir nuestra luna de miel como si nunca hubiese existido?

Eso es lo que más deseo.

"Es un premio, Miguel".

Se te ha concedido por enfrentarte a Aurelio Quesada.

"Estoy enamorado de ti, Anabel. Me enfrentaría a cualquier hombre".

-"Presidir esa comisión"...

puede ser un hecho de vital importancia en tu carrera.

Una oportunidad que quizá no vuelva a repetirse.

-Puede alzarme eternamente como gran político,

pero también puede hundirme

si cometo errores ejerciendo ese cargo.

-Ese riesgo debes correr.

-Anabel, me harías el hombre más dichoso del mundo

si me aceptarás como esposo. -No.

Conozcámonos mejor.

Démonos más tiempo.

¿Harías eso por mí?

-Estaría dispuesto a hacer cualquier cosa.

Necesito un chófer de su confianza.

Descuide. ¿Para cuándo lo quiere?

Para esta tarde, mi esposo y yo salimos de viaje.

Ha sido todo idea de Felipe.

Le rompía el corazón no recordar nuestra luna de miel.

-Qué romántico. -Disculpen que las moleste, señoras.

Doña Genoveva, olvidé preguntarle el itinerario

para contratar el chófer. Claro.

Saldremos a las 17:00, rumbo a Salamanca.

Ah, y lo de la Fabiana, que intentaré estar más pendiente.

¿Tienes idea de qué le puede preocupar?

-Creo que anda amostazada porque se siente sola.

-Hay que hacer algo para animarla. -Los criollos son una lacra, Rosina.

-¡Basta ya, doña Susana!

Le exijo que no vuelva a hablar así en mi presencia.

-En nombre de nuestra amistad,

lo que yo le exijo es que no me hable en ese trono.

-Precisamente por nuestra amistad lo hago.

Aunque parece que usted últimamente

me lo está poniendo bastante difícil.

-¿Cómo puedes dudar de poder hacer ese cargo?

Si tú eres capaz de todo, cariño. Que sé bien lo que vales.

Hala, tira. Vamos, cariño, vamos.

Venga. -Pues sí, tienes razón.

Voy, gracias.

Ha venido a verme el señor Portela.

Quiere que te vayas a Portugal a cantar fados.

¿A Portugal? Sí.

¿A cantar qué? Fados.

Puedes contar con el tiempo que desees.

Aunque no creo que sea el tiempo el problema.

-¿Cuál puede ser si no?

-Puede ser algo o alguien.

Como es el mexicano engreído y su chismosa hermana.

-A mí lo que me parece

es que vas a resultar un celoso patológico.

Hospital caso, no veo sentido a continuar con nuestro noviazgo.

-¿Qué sabe del viaje de Álvarez-Hermoso?

-¿Cómo se ha enterado? -Dígame a qué hora partirá.

-A las 17:00. Antes de lo que cree,

podré agradecerle todo lo que ha hecho por mí sin esconderme.

Vengo de aceptar la responsabilidad del nuevo cargo.

-Qué buena noticia.

-No sabes lo feliz que me haces.

-¿De qué quiere hablar con Aurelio?

-Sobre la cortesía debida a las damas.

-¿De verdad cree usted que va a darme lecciones de educación?

-Sin duda, las precisa.

-Al final, está arpía se ha salido con la suya.

-Eso habrá que verlo.

No estoy acostumbrado a ciertas maneras.

Y solo hay una causa que justifique la suya

hacia la señorita Anabel.

-¿Y esa es...?

-La confianza que puedan tener con la familia Bacigalupe.

Solo la cercanía permite un trato

como el que presencié en el salón de don Marcos.

-Ya se lo dije, Anabel y su padre

son amigos de toda la vida. Nos conocemos desde siempre.

-Eso me pareció.

Pero, aun así, tenía ganas de coincidir con usted.

Para pedirle una explicación.

-Ha hecho muy bien en reclamármelas.

No vayan a pensar aquí que los militares mexicanos

carecemos de formas y educación.

-Sus palabras me tranquilizan.

Su afabilidad es ejemplo de buen talante.

-Resuelto el asunto.

Permítame presentarme,

Aurelio Quesada, miembro del Ejército Mexicano.

-Miguel Olmedo, abogado.

-Le advierto que no soy hombre de disculpas,

pero ahí va la mano, en señal de buena voluntad.

-Se lo agradezco.

Aunque he de decir que he escuchado rumores de todo tipo

sobre ustedes dos.

-¿Sobre nosotros?

¿Sobre mi hermana Natalia y yo?

-(ASIENTE)

Me gustaría escuchar de sus propios labios

los motivos de su presencia en España.

-He sido enviado a la Embajada de México en la ciudad

para integrar el cuerpo militar de defensa.

Un cargo diplomático como otro más.

-Ya.

Puede ser que me equivoque,

pero me pareció notar cierta animosidad

hacia la señorita Anabel.

-¿Animo...? ¿Animosidad hacia Anabel?

¿De dónde se saca eso?

-Bueno, es la impresión que me dio en el salón de don Marcos.

Pues impresión errónea.

Ya le digo que mi hermana y yo somos viejos amigos de Anabel

y que la apreciamos profundamente.

Y a su padre don Marcos también.

-Me alegra escuchar sus palabras.

Hemos venido a Acacias a causarle ningún problema

ni a Anabel ni a su familia.

Es otra la causa que nos ha traído a estas calles.

-¿Qué causa?

-Mi padre, don Salustiano Quesada,

tiene algunos negocios pendientes con don Marcos.

Se trata simple y llanamente de una cuestión comercial,

ni más y menos.

-Entiendo. Y le agradezco de corazón su sinceridad.

Bueno, no quiero interrumpirles más.

Continúen, y buen provecho.

-Encantado de conocerle, señor ¿Olmedo?

-¿Algún problema con esos dos?

-Todo en orden, abuelo.

-De momento.

(Sintonía de "Acacias 38")

No he recibido yo ninguna invitación de la prima Matilde.

-Será que no quiere que vaya mucha gente a la boda.

-Viviendo en Las Palmas de Gran Canaria,

el traslado no es sencillo.

¿Usted irá? -Ni loca.

Embarcarme sin Armando no está en mis planes.

Mira quién viene por ahí.

Don Ramón.

-Doña Susana, Liberto.

-Ay, don Ramón.

¿Qué le parece a usted

la segunda luna de miel de Felipe y Genoveva?

Precisamente, estamos hablando mi sobrino y yo de eso, ¿verdad?

-Sí, precisamente hablábamos de bodas.

-¿No le parece muy extravagante... a estas alturas?

-Inesperado sí que ha sido, desde luego.

-Parece que se han ido a Salamanca.

-Es una gran ciudad. Espero que disfruten de ella

y vuelvan tan felices como una pareja recién casada.

-Que no lo son, dicho sea de paso.

-Los dos merecen unos días de asueto.

-Ah, ¿sí? ¿De verdad cree que lo merecen?

-Sí, claro, ¿por qué no?

-¿Me quiere decir

que, después de todo lo que ha pasado,

Genoveva merece ser feliz al lado de Felipe?

-La vida, a veces, nos conduce por derroteros inesperados.

Yo no soy quién para juzgar a esa mujer.

Además, les recuerdo que la justicia se ha pronunciado a su favor.

Y no una sola vez, sino varias.

-Mi sobrino y yo no juzgamos si Genoveva mató o no a Marcia.

Ya todos han asumido que no lo hizo y que el juez tiene razón.

-Entonces, todos estamos de acuerdo en que Genoveva es inocente.

-Sí, será inocente de asesinato.

Pero no de mantener a Felipe a su lado bajo engaño.

-Liberto, usted y yo hemos hablado infinidad de veces sobre esto.

Y Felipe se empeña en no saber. ¿Es cierto o no?

-Sí, sí lo es, pero porque no sospecha

lo que se esconde tras esa verdad.

Verdad que usted y yo conocemos.

-Que él insiste en no saber.

-Alguien tendrá que decirle que su matrimonio no fue perfecto.

Además, si se casaron,

fue porque Genoveva le tendió una trampa con el embarazo.

-Basta, Liberto.

Deje de intentar abrir los ojos a alguien que no quiere hacerlo.

Además, su empeño podría costarle su amistad con el propio Felipe.

Pero, mantenerle en la ignorancia, es una equivocación y una mentira.

-Es que el afán de Genoveva por la mentira no tiene límites.

Ahora, resulta que quiere revivir una segunda luna de miel,

pero en un destino diferente,

no sea cosa que a su marido se le reviven los recuerdos.

-Mire, su único objetivo es mantenerle engañado de por vida.

Si no hacemos nada, tanto usted como yo vamos a ser cómplices.

Pues Salamanca es una ciudad preciosa.

Seguro que tendrán muchas más cosas que ver

que en el viaje anterior.

-Puestos a repetir el viaje de novios,

Genoveva quiere mejorarlo,

como don Felipe no se acuerda de nada.

-Esa mujer no da puntada sin hilo.

Lolita, ¿estás bien?

-Me he acordado de que tengo que coger una cosa del almacén.

-Bueno, si quieres, voy yo. -No, no, yo sé dónde está.

Ya lo sé.

-A las buenas. -Buenas, Casilda.

¿Qué, alguna compra de última hora?

-Sí, a mi señora se le ha antojao cocido pa mañana.

Y es que no tengo garbanzos.

-Muy bien.

¿Cuáles quieres, de los lechosos?

-Pa chasco que sí. Esos necesitan menos remojo.

¿Y la Lolita, no ha venido a trabajar?

-No, está... en la trastienda.

Organizando algo.

-Ah.

Monchito, ¿cómo anda de su resfriado?

-Mucho mejor.

De la tos y los mocos ya casi no hay,

ya casi está recuperado.

-Hay que ver.

El chiquillo ha salido a su madre.

La fortaleza que tienen los de Cabrahígo.

-Sí, sí, fortaleza y una tozudez.

-Y que lo diga, seña Carmen,

cuando a la Lolita se le mete algo en la mollera, es que...

-Oye, cuéntame, ¿qué se comenta en el altillo

sobre el viaje de novios de Felipe y Genoveva?

-Pues no lo sé.

Pero a mí me ha agriado todo.

Seña Carmen, ¿cómo se puede tener tan poquita vergüenza?

¿Cómo esa mujer puede seguir viviendo con don Felipe

como si no hubiera pasado nada? -Casilda.

-Lola, ¿qué te ha pasado?

-¿A mí? Nada. ¿Por qué?

-Seña Carmen, ¿no le nota usted como mal semblante?

-¿Yo? Qué va a ser...

-Lolita, que estás lívida.

-¿Lívida? Qué tontería, voy a estar lívida...

-¿Está... todo en orden en el almacén?

-Sí, como siempre.

-¿Tú no ibas a buscar algo?

-Eh...

Es que no queda, hay que pedir.

-¿Hay que pedir el qué?

-No sé, Carmen, muchas cosas.

-¿Seguro que estás bien? -Qué sí.

De verdad, que sí, estoy bien.

-Pues yo te noto floja.

-¿Tú también, Casilda? -Es que estás muy rara.

¿Qué te tienes que llevar?

-Los garbanzos. -Ea.

-Pues ya se lo apunto a tu señora. Gracias, Casilda. Venga.

Voy a seguir.

"Soledad, qué sorpresa tenerla de vuelta".

-He pasado a saludar antes de subir al altillo

para que sepan que estoy aquí...

y a su disposición.

-Si está de vuelta, quiere decir que trae buenas noticias.

-Mi madre está muchísimo mejor.

-Es un mal que viene de lejos. Mi abuela también lo sufría.

Y tiene recaídas de vez en cuando. -Vaya por Dios.

¿Y la ha dejado usted sola en Illescas?

-Está con mis hermanos y mis cuñadas.

-¿No cree que se ha precipitado un poco adelantando su vuelta?

-No se preocupe, está en muy buenas manos.

De todas formas, una hija tiene que estar al lado de su madre.

Y más cuando esta está enferma.

Además, ya sabe que Marcos y yo le hemos dado total libertad

para que cuidara de su madre el tiempo que usted necesitara.

-Y se lo agradezco.

-Pero, créame, que necesitaba volver al trabajo como el aire.

Estoy sirviendo desde los 14 años.

Y el cuerpo se me anquilosa

si me quedo mucho tiempo mano sobre mano.

-La entiendo perfectamente.

A mí me pasa lo mismo.

Bueno, sepa que es usted bienvenida. -Muchísimas gracias.

-Si quiere, puedes subir al altillo a dejar el equipaje y a cambiarse.

-Gracias.

-Soledad.

Qué alegría tenerla devuelta. -Anabel.

-No sabe cuánto la he echado de menos.

-Doy fe.

Le ha costado un mundo ponerse el desayuno y hacerse la cama.

¿A que sí, Anabel? -Seguro que no ha sido tan duro.

-Podría haber sido peor si no fuera por Felicia.

-¿Por mí?

-Reconozca que se ha lucido con sus habilidades en la cocina.

Por su culpa, creo que estoy con sobrepeso.

-¿Sobrepeso tú, Anabel? Si ni te falta ni te sobra un kilo.

-Anabel tiene una figura envidiable.

-Esta juventud, que no sabe apreciar su esplendor.

Os dejo.

-(SUSPIRA) Qué bien que ya esté de vuelta.

Yo también tenía muchas ganas de estar con ustedes.

¿Y su madre?

-Muy bien, gracias, mucho mejor.

-¿Y usted?

¿Qué tal está?

¿Ese mozalbete sigue rondándola?

Creo que me tiene que contar muchas cosas.

-Sí, aunque no todas son buenas.

-¿Tiene algo que ver con el joven mexicano

que vino a la fiesta?

-Así es.

-Si quiere, podemos hablar en el comedor en privado.

Tira, tira, que te voy a enseñar una cosa.

Me va a meter usted en un lío por dejar la portería.

Que no, que te voy a enseñar una cosa. Vas a ver.

¿No puede esperar a que termine? No, señor.

Lo que quiere es enredarme. ¿Yo enredador?

Mira, muy bien, ya no te enseño lo que te iba a mostrar.

Venga, va, déjese de misterios y dígame qué es eso.

Esto... Esto es para escuchar... música.

Más concretamente, música tranquila,

que te va a transportar a otros países, a otra dimensión.

¿A otra dimensión? ¿Por dónde cae?

Y estos son discos de fado.

Esto es una canción popular de allí, de Portugal.

Que los que lo cantan y sus representantes están forrados.

Quiere que cambie de idea y que acepte lo del cante.

Que no, no quiero eso. Ahí te equivocas.

Puedes hacer lo que quieras.

¿Y para eso trae el gramófono? No.

Traigo el gramófono para que te des cuenta

de que tienes el don de emocionar a la gente con tu "iepa-ia".

¿Sabes lo que significa eso? Que nos gusta lo que a los borregos.

No, señor, que eres una mina de oro.

Claro, por eso me sobran los cuartos.

Vas a ver, los portugueses son gente muy sensible,

y estoy seguro de que, en cuanto te oigan,

se van a jartar de llorar.

Vamos, en dos meses de gira nos vamos a forrar.

Ponte esto en la cintura.

Enróscate. ¿Dos meses girando por esas tierras?

Sí, dos meses girando. Además, si te gusta el bacalao,

dicen que lo hacen de mil maneras diferentes;

el bacalao.

Esto, para adentro.

Yo solo lo he comido en mi pueblo en Cuaresma.

Si nos vamos juntos...

Esto póntelo como una señora mayor, a la cabeza y enroscado para atrás.

Ahí. Si nos vamos juntos,

te prometo que vamos a comernos un plato de bacalao diferente

todos los días. Oiga, oiga, oiga...

Estaba pensando, y, con el dinero que saque,

podría agasajar a Marcelina cuando vuelva de Barcelona.

Por supuesto. Además, se sentirá la mar de orgullosa de ti.

El sombrerito, toma. Y ahora lo que tienes que hacer...

Tienes aquí una letra en portugués de un fado.

Apréndetela.

¿Portugués? Sí.

A ver.

A... ¿"A lu da mana"?

"A luz da manhã"...

"A lus da mana".

Ahí. "A lus da mana".

"Afeita en mi cuarto"... No, no.

No se afeita nadie en tu cuarto.

"A luz da manhã feito no meu quarto".

"A lus da maña feito en mi cuarto".

Los cuartos hay que sacar. No, no.

"No meu quarto". "A lo meo cuarto".

-"El ancha calorro"... ¿"Ancha calorro"?

No, no. (PRONUNCIA EN PORTUGUÉS) (REPITE)

"A luz da maña afeito meo cuarto". No, no, no.

Bueno, "feito"... No me entero de nada,

pero es bonito.

Ahora yo te lo sujeto... y tú me lo cantas.

¿Con esto? Ahí. Dale.

Ahí, ahí.

# "A lusi de maña, ¡oh!, feito o mi cuarto".

# "No meu quarto". # # "No meu quarto".

# "Olaisía caloca... Carlorca... ¿Caló? Olaisía caló.

# Eh... La flor do lo... #

¡Madre mía! ¡Madre mía! ¡Madre mía!

# (GRITA) ¡"A luz da mañá"!

# "A bunyobañá".

# "A feito cuarto"... # -Pero ¡Jacinto!

¿Qué estáis haciendo?

Que se les oye en la calle.

-Prima...

Que voy a agasajar a Marcelina

con lo que saque del viaje a Portugal.

-¿Cómo que te vas tú a Portugal?

No, no, y yo me voy con él.

No es justo que se quede un país solo con tanto talento.

Alma de cántaro, ¿sabes dónde está Portugal?

-Servando dice que aquí al lado. -(RÍE)

Aquí al lado.

Mira, primo. -A ver.

-¿Qué haces ahí? -Esto es España.

-Ah.

-Esto es Portugal.

-¿Toda esa parte es Portugal?

Sí, eh...

Aquí está Barcelona, más o menos.

-Lejillos.

Y la Marcelina...

tendría que ir desde aquí...

hasta aquí para verte.

-Mucho trayecto veo yo.

-Tres o cuatro días lo más rápido.

Que no, con los automóviles de hoy en día,

te plantas de un punto a otro en na.

Que no, Servando, que no, que no.

Que yo me quedo aquí esperando a la Marcelina.

Quien quiera llorar, que corte una cebolla.

Y que el bacalao tampoco me gusta tanto.

Casildita, eres de una gran ayuda, que lo sepas.

Y, como eres de una gran ayuda,

te voy a recitar unos poemas de un cantautor portugués.

# "A luz de la mañana"...

# "Ya está ahí tesu la ventana"...

# La... #

Ese muchacho está enamorado como un cadete.

¿Y usted qué le ha dicho?

-Ni sí ni no.

-¿Cómo que "ni sí ni no"?

-Le he pedido tiempo y paciencia.

Es una decisión importante y no quiero precipitarme.

-Entiendo.

-¿Cree que he hecho mal? -¿Qué más da lo que yo crea?

Lo importante es lo que usted sienta.

No lo que opinen los demás.

-Imagino que así debe ser.

¿Y usted está tan enamorada del nieto de los Olmedo

como él lo está de usted?

-Miguel es un joven encantador, muy atractivo y de gran corazón.

-Pero...

Porque siempre hay un pero, ¿verdad?

-Temo hacerle daño.

Tanto si acepto como si rechazo la propuesta.

-No le agrada lo suficiente.

-No, todo lo contrario, me gusta a rabiar.

Y, si aún no estoy enamorada, poco me falta.

-Entonces ¿cuál es el problema?

-No es la primera propuesta de matrimonio que recibo.

Como ya le conté,

tengo un pasado borrascoso en cuestión de amores.

Temo que ese pasado me alcance y arruine mi relación con Miguel.

-Ay, mi niña...

Todos tenemos un pasado.

A su edad, solo debería ocuparse de su futuro.

-Ojalá ese fuera mi caso.

Qué atardecer más hermoso.

¿Qué te decía el chófer?

Estamos a un tercio del camino. ¿Queda mucho para llegar?

(SUSPIRA)

¿Ves aquella arboleda de allí?

El chófer dice que detrás hay una hostería

en la que poder pasar la noche.

Pero aún es de día. ¿Por qué no seguir?

Aparecer, el coche está dando algún problema y quiere revisarlo.

Mañana seguiremos con nuestro viaje. Cualquier cosa que tú decidas.

Me parece lo más competente.

Ardo en deseos de llegar a nuestro destino.

Yo, en cambio, daría lo que fuera por alargar este viaje.

¿Has visto qué paisaje tan hermoso?

Me siento muy dichoso de poder celebrar nuestro amor

ante tanta belleza.

Te quiero.

Quiero quemar cada etapa de este viaje.

Disfrutar de cada instante, de cada segundo.

Así será.

Te lo prometo.

¿Qué miras?

Me imaginaba subidos en ese coche

para celebrar un año de nuestra luna de miel.

No solo una semana.

Si por mí fuera, me iría hasta un lustro contigo.

Un lustro son cinco años, ¿no?

Rectifico, entonces.

Contigo me iría una eternidad.

Anda, vamos.

Las 19:00 y sereno.

-¿Las 19:00 ya? Me dijo que la avisara,

y aquí estoy.

-Es que se me ha echado la tarde encima.

-Tiene usted la cara de cansadilla.

-Lo normal a estas horas. ¿Mucho jaleo en la calle?

No, lo más animado ha sido

la marcha de don Felipe y doña Genoveva.

-Anda que no llevaba ni nada equipaje la señora.

-Es una mujer que no solo viaja con un hatillo.

-¿Qué? ¿Hablando de lo mismo?

-Sí, comentábamos lo del viaje de don Felipe y...

-Ya, ya, ya, ya lo sé.

No hay otro asunto en la lontananza.

-Mujer, que es hablar por hablar.

En fin, con Dios. Con Dios.

-Vamos a ver...

-(SUSPIRA)

-Casilda, ¿a qué viene ese mal humor?

¿Te has llevado los garbanzos con bichos?

-Que no. No, no, los garbanzos estaban bien.

-Pues tú dirás, has espantado al Cesáreo.

Es que todo el mundo está hablando del mismo asunto.

Hace un rato, aquí, la seña Carmen, lo mismo.

-Ya has escuchado el sereno, es hablar por hablar.

-Lo sé.

Sí, si tienes razón.

Yo, en realidad, venía a pedirte disculpas.

Por cómo me marché el otro día cuando entró Genoveva.

-Como que zanjaste la conversación en cuanto apareció la señora.

-Mejor eso que explotar contra la señorona esa.

-Casilda, cuida tu boca.

-Lola, es que yo ya no aguanto más.

Ella sigue ahí, campando tan feliz.

¿Y, mientras, Marcia, qué? Marcia ya no está.

-Tienes que ir acostumbrándote.

Tienes todas las de perder; ella es una señora y tú, una criada.

-Pues una criada con sentimientos.

Yo no soy la única que piensa así, ¿sabes, Lola?

Don Liberto opina como yo.

No se fía ni un pelo de doña Genoveva.

-Algo me ha llegado a través de mi suegro.

-No sabes tú bien la que hay liada en casa.

Doña Rosina le pide al señor que deje el tema.

Y don Liberto le lleva la contraria. Tienen una guerra de tomo y lomo.

-Y tú, en medio.

-Pa chasco que sí.

Bueno...

¿Tú cómo estás?

-Como una rosa.

-Lola, tú y yo nos conocemos de largo, tú a mí no me engañas.

Tú estás mal.

-Antes he tenido un poquito de fatiguita.

Se me ha removido el estómago, pero nada.

-¿Devolviste?

-Algo me ha sentado mal en la comida,

pero se me ha pasado.

-¿Segura?

-Que sí, que no seas pesada, anda.

Venga.

-Pues siendo así, me marcho.

-Ahora, te digo una cosa, cuídate.

Y no ocultes la evidencia.

Porque todas nos conocemos, y engañarnos no sirve de nada.

-Tira... Tira, que voy a cerrar.

Hala. Venga.

Que no, Liberto, que estoy hasta el gorro

de tus quejas sobre Genoveva.

¿No tienes otra cosa en la cabeza?

-Has empezado tú a hablar de la luna de miel.

-No, he hecho un comentario sobre lo felices que se les veía,

y tú has comenzado con que todo es un engaño.

-Es que lo es.

-Liberto, ya te dije que te centraras en mí,

que me tenías muy pero que muy olvidada.

-Pero creo que ya te he resarcido un poco, ¿no?

-No lo suficiente.

Te lo digo en serio,

quiero que dejes de hablar de Genoveva.

-Es lo que hago.

-¡Mentira!

(RESOPLA)

Tu tía me ha contado

que habéis puesto de vuelta y media a Genoveva.

-Acabáramos. Así que has hablado con mi tía.

-Por lo visto, es la única que me dice la verdad.

-Ha sido un comentario casual mientras se iban de luna de miel.

-Estás obsesionado con ella, admítelo.

-Rosina, está bien, a partir de ahora,

cada oveja con su pareja.

-¿Me estás llamando oveja?

-No, mujer, te estoy llamando pareja o...

Mira, ¡qué más da, es un refrán!

-Esta situación se nos está yendo de las manos.

-Tampoco exageres.

-¿Sabes quién nos puede ayudar? El cura de la parroquia.

-¿Cómo? -Sí.

Los curas son consejeros espirituales.

-Cariño, nosotros no necesitamos ayuda de ese tipo.

-Porque tú lo digas.

-Pero... Oye, ¿dónde vas? No hemos terminado aún.

-Voy a prepararme para la cena.

Tú cenarás en la cocina y yo aquí.

-Estupendo. Separados, ¿no?

-¡Ah! Tú lo has dicho. ¿Lo ves? Necesitamos ayuda.

No teníamos que habernos tomado este segundo vino.

Ya se nos ha hecho tarde para la cena.

-Bueno, padre, es una ocasión especial.

Y a nuestras mujeres no creo que les importe.

No todos los días se estrena un hijo

que preside una comisión parlamentaria.

No puedes imaginar el orgullo que siento en este momento.

-La verdad, ver todo el apoyo

que los jefes del partido han demostrado conmigo,

no sé, me han hecho olvidarme de todas mis inseguridades.

-Tener la confianza de los compañeros

es el mejor combustible.

-Tendría que haber visto cómo aplaudían mi intervención.

Todos los grandes del partido apostando por mí.

-De todas formas, no bajes la guardia.

Aún te queda un largo camino por recorrer.

-Lo sé, padre, pero empezar con buen pie nunca está de más.

-Con buen pie y con mejores expectativas.

Porque la comisión que presides

tiene un futuro por delante prometedor.

-Mañana me entregan toda la documentación

referente a los proyectos industriales

pendientes de reformas, así que a ver.

-Me da a mí que te vas a tener que traer mucho trabajo a casa.

-A mí me da también, sí.

A ver qué hago con Lolita y estando las cosas como están.

Pero no le diga nada de momento, no quiero preocuparla.

-Confía en mi discreción.

Pero también tendrás que poner algo de tu parte.

-Lo sé. A ver cómo me las apaño.

En fin, vamos.

Haga lo que tenga que hacer, pero rápido.

¿Qué pasa? ¿Por qué no arranca otra vez?

El chófer está terminando de revisar el aceite.

No le gustaría que el coche se estropeara a nada que llegáramos.

Más vale prevenir que curar.

Ya sabes que estoy deseando llegar a nuestro destino.

Tranquila, cariño, pronto llegaremos.

Antes te vi hablando con el dueño de la hostería.

¿Algún problema?

No.

Ninguno.

Simplemente quería asegurarse de que todo estaba a nuestro gusto.

El sitio era humilde, sin lujos, pero muy limpio.

Una choza me valdría con tal de estar a tu lado.

Lo cierto es que el lugar tenía su encanto.

El tipo era peculiar. Ha revisado la cuenta

para demostrarme que no nos estaba timando.

Espero que no se haya quejado por ningún ruido fuera de tono.

Ya sabes que una buena propina

es capaz de silenciar cualquier ruido fuera de tono.

Ojalá pudiera detener el tiempo y estar así siempre contigo.

Deseos son órdenes para mí.

Nada ni nadie volverá a separarnos.

(Capó)

Bueno, parece que no vamos a demorarnos más.

Nunca voy a olvidar este viaje.

Y tú tampoco.

¡Arranque!

Ya me dirás a qué vienen tantas prisas por verme.

-Chis... Calle, tieta. Pase.

Pase.

-¿Has desayunado solo?

¿Y tu mujer? -¿Mi mujer? ¡Je!

Precisamente de eso quería hablarle.

Se ha enfadado conmigo. No quiere siquiera que coincidamos.

-Ah, una rabieta de las suyas, vamos.

-Rabieta provocada por su indiscreción, tía.

-¿Cómo se le ocurre contarle que hablamos

del asunto de Genoveva y Felipe? -Ya ves tú qué novedad.

Así están en boca de todo el barrio.

-Ahora se piensa que estoy obsesionado con el asunto.

-Y no le falta razón. -En menudo lío me ha metido, tía.

Ayer ni siquiera quiso compartir cena conmigo.

-¿Lecho tampoco?

-Eso sí. -Ah.

-Pensaba que era más grave. -Ah.

Hemos compartido lecho, pero no ha dejado que me acerque.

En cuanto notaba mi mano encima, manotazo al canto,

y a otra cosa mariposa. -Eso sí que tiene mala pinta, sí.

-Conociendo las medidas de mi cama, se puede figurar dónde dormí anoche.

-¿En el suelo?

-Usted lo ha dicho.

-No sé, cariño, no sé qué quieres que haga para ayudarte.

-Sencillo, arreglar su error por lenguaraz, ¿no?

-Usted me ha metido en esto y usted tiene que sacarme.

¿No se le ocurre nada?

-No sé.

-Tía, le ruego que haga un esfuerzo.

Por favor, no sé si voy a poder aguantar

una noche más en el suelo.

-Ya lo tengo.

Y vas a tener suerte,

teniendo en cuenta el día que es mañana.

-¿Mañana?

¿Puede explicarse un poco mejor?

-Claro.

A los buenos días, seña Fabiana.

-¿Ya has llegado tú del mercado? -Pa chasco que sí.

Ya sabe usted que el mejor género se lo llevan los madrugadores.

-Para allá voy yo ahora, espero que no sea demasiado tarde.

Pa chasco que sí,

en seguro que entoavía está a tiempo

de mercarse unos manojos de espárragos.

Los han traído al puesto de Paco, el de Murcia, que están...

-A mí no me gustan los espárragos. Esa es comida de ganao.

-Arrea, pues a mi señora le pirran; con su ajito, con su pimentón...

Pero, bueno, para gustos los colores.

Seña Fabiana, ¿qué le parece a usted si nos vamos esta tarde

a dar un garbeo por el río?

Es temporada de renacuajos.

Y ya sabe usted lo bonito que es oírlos croar

y saltar... por el agua.

-Mejor no.

Las ranas y los sapos a mí me da mucho repelús, quita.

-¿Y si nos vamos a la verbena de algún barrio vecino?

Podríamos pasarlo fetén.

Y, de paso, echarnos unos bailes si se tercia.

-No tengo las piernas para bailes.

Con tanta cháchara voy a llegar tarde

y se me va a adelantar todo el mundo.

-Está bien.

Con Dios.

-Con Dios.

(Música melancólica)

-¿Le gusta?

-Lo siento, no tengo ninguna moneda suelta.

-No hace falta que me dé nada, no lo hago por dinero.

-Ah, ¿no?

-Estaba paseando cuando he sentido la necesidad

de interpretar una pieza en un rincón tan sugerente.

¿No le parece a usted?

-Sí, sí, muy bonito, la verdad, sí.

-¿Qué me dices de lo que te propongo?

-No me parece mala idea.

-¿Qué no te parece mala idea?

-Pues hablamos de que deberíamos limar asperezas

con los amigos de los Bacigalupe.

-Sí, sí, precisamente,

de los hermanos que han venido de México.

Natalia y Aurelio Quesada.

-Menudos dos. -Desde luego, su llegada al barrio

no ha pasado desapercibida.

-Más aún después del incidente

en la fiesta de don Marcos y Felicia.

-Hay algo en esos que no me gusta nada.

-Ya. Ahí ya me has dejado clara tu postura respecto a Natalia.

-Qué es una lagarta interesada.

-Has dicho tú, que conste.

-Pero las dos coincidimos en que el hermanito

es para echarle de comer aparte.

-Si tú vieras con qué superioridad nos habla...

-Él disimula intentando congraciar con nosotros.

Pero tú y yo ya lo hemos calado.

(Puerta)

-Casilda, ¿eres tú?

-Sí, señora, ya estoy aquí.

Buenas, doña Susana. -Buenas.

Casilda, ven, ven.

Cuéntanos, ¿qué piensa la servidumbre de los Quesada?

-Bueno, y los dueños de la pensión, que ya tendrán su juicio hecho.

-Bueno, la verdad es que no acaban de fiarse de ellos.

-No me extraña. He visto cómo Aurelio se dirige a vosotros,

y no es un ejemplo de consideración.

-Pa chasco que no lo es. No nos trata bien.

-Ya sabes lo que se dice: "No sirvas a quien sirvió".

-Al fin y al cabo, esa gente viene de la selva.

-Tía, por Dios, México es un país muy próspero,

no es ninguna jungla.

-Hombre, yo lo que opino es que esa gente nos puede trastocar.

Lo mejor es estar a bien con ellos.

-En eso tenéis razón, Casilda.

No debemos instalar el mal ambiente en el barrio.

-¿Y qué quieres? ¿Que los integremos en la vida cotidiana de Acacias?

-¿Y por qué no?

Estarán un tiempo con nosotros,

deberíamos aceptarles en nuestras tertulias y sobremesas.

-Estoy de acuerdo con Liberto.

-Ah, ¿sí? -Sí.

Por supuesto que sí.

Creo que debemos hacer un esfuerzo para que se integren.

-Bueno, eso siempre que ellos quieran y colaboren.

-Pues eso ya no lo sé.

-Lo que sabes es que te tienes que ir a la cocina,

que va a acabar apestando el salón a huerto.

¿Y dónde está mamá?

¡Aquí!

¡Aquí otra vez!

Ahora no estoy.

¡Uy!

Uy, qué fatiguita, cariño.

¿Qué le está pasando a mamá?

Quieres seguir jugando, ¿verdad?

Va a ser en otro momento, cariño.

Uy...

-Bueno, ¿qué?

¿Cómo ha dormido hoy el rey de la casa?

-Carmen, ocúpese, haga el favor.

-¿Qué pasa? -Tengo una urgencia.

(VOMITA)

¿Va a cerrar el restaurante?

-Sí, será solo un momento.

No hay clientes y me apetece un rato de sosiego.

-Siéntese. Ahora mismo les pongo un cafelito.

-Gracias, majo. -Gracias, hijo.

-(SUSPIRA)

-¿Se encuentra bien, abuela?

La veo un poco ida. -Es solo cansancio, hijo.

Hoy no he pegado ojo. -Doy fe de ello.

Ha dado más vueltas que un carrusel de feria.

-¿A qué se debe?

-No hago más que darle vueltas

a tu rifirrafe con ese muchacho mexicano.

-¿Con Aurelio Quesada?

-Me ha dicho tu abuelo que ayer estuviste hablando con él.

Temo que surja alguna rivalidad que te perjudique.

A fin de cuentas, nosotros siempre hemos sido

una familia discreta y sin disgustos. ¿Verdad, Roberto?

-Sí, ya sabes que tu abuela y yo...,

problemas, los justos y necesarios.

-Y así han de seguir. Aurelio estuvo muy educado conmigo.

El abuelo pudo vernos desde el mostrador.

-Sí, bueno, es cierto que os vi hablar,

aunque no pude escuchar nada.

-Fue una conversación cordial, abuela.

Aurelio me explicó que su visita al barrio

se debe a unos negocios que tiene su familia con don Marcos.

Parece ser que tanto su hermana Natalia como él

son amigos desde niños de Anabel.

-En la fiesta, quedó claro que se conocían de hace tiempo.

-No hay razón para inquietarse, abuela.

Hasta nos estrechamos la mano y todo.

-Deberías andarte con cuidado

y no fiarte de esta eventual mansedumbre.

-¿A qué tanta cautela?

-Hazme caso y mantente alejado de ese tipo y de su hermana.

Ambos llevan la maldad en la mirada.

Y de eso sé un rato.

-¿De verdad sabe de eso?

Si es usted un trozo de pan.

-Sí, pero eso no quita para que en mi vida

haya coincidido con unas cuantas malas personas.

¿Verdad?

-Haz caso a tu abuelo. No busques conflicto con esa gente.

-Estén tranquilos.

Y usted, abuela, descanse. -Sí.

-Y no piense en lo que no hay.

Marcho para casa.

Que quiero mirar unos libros antes de comer.

Les dejo con el cafelito.

-Muy bien, hijo.

-Miguel está marcando territorio con la hija de don Marcos.

-Ya. -Y eso puede traerle problemas a él

y a nosotros.

-¿A nosotros? -Sí.

Por eso habrá que estar atentos.

-(SUSPIRA) Está bien.

(Puerta)

¿A qué viene esta visita?

-Tómesela como una visita de cortesía...

de buenos vecinos.

Aunque no seamos tal.

-Así que únicamente ha venido a saber cómo estoy.

Muchas gracias, hombre.

Pase, por favor.

¿Qué es lo que quiere?

-Es la preocupación por usted lo que me mueve.

No sé si ha tenido oportunidad de leer

las últimas noticias que provienen de México.

-(SUSPIRA)

Procuro estar al día de lo que allá ocurre.

-Entonces, sabrá que los socios de mi padre

tienen aún menos paciencia que él.

Y que andan algo inquietos por la tardanza de su respuesta.

-Más que por preocupación

yo diría que lo que le mueve es el interés.

-Llámelo como quiera.

¿Y bien?

-Me gusta pensármelo bien antes de actuar.

-Yo no les haría esperar demasiado.

-Es mi respuesta la que esperan, no la suya.

-Cierto.

Pero no es usted muy popular... en el grupo,

por decirlo de una manera delicada.

-¿Y qué soy para ellos?

-Ah, ¿no lo sabe?

Todos le consideran un traidor y no le tienen ningún aprecio.

-¿Traidor yo?

Pero si fueran ellos quienes quisieron matarme.

¿Soy un traidor porque conseguí contener las primeras huelgas

y llegar a un acuerdo con los trabajadores?

-Solo le transmito lo que ellos piensan.

-¿Traidor por apoyar al Gobierno, legalmente constituido,

del presidente Madero,

en vez de comprar a los militares que acabaron por derrocarlo?

-No se altere, don Marcos, yo solo soy un mensajero.

-Un mensajero que solo trae chantajes y amenazas.

-Yo solo le digo que son los socios de mi padre

los que tienen la sartén por el mango.

Enfrentarse a ellos puede ser muy malo para su salud.

-Dígales que no me dan miedo.

-Yo, en su lugar, me dejaría de tácticas dilatorias

y aceptaría de una maldita vez el pacto con los Quesada.

(Llanto de bebé)

Chis, chis, ya, ya. Cariño, ya.

Ya está, mi amor.

(SUSPIRA)

Te ha costado calmarte, ¿eh?

Lolita.

Lolita, ¿estás bien?

Lolita, contéstame, por Dios.

-¿Y Moncho?

-Se ha quedado tranquilito. ¿Cómo estás?

¿Qué tienes?

Lolita, me estás preocupando, dime algo.

-Ay, Carmen...

-Ay, Dios...

-Creo que tenemos que avisar a un médico.

-Sí. -Algo no va bien.

Sí, tranquila, tranquila.

¿Qué ocurre? ¿Por qué se detiene?

Oiga, ¿por qué ha parado el coche?

¿Me está escuchando?

Felipe...

¡Oiga! Felipe...

Felipe, despierta.

¿Qué pasa?

No sé, ha parado y no arranca.

Además, no me responde.

Chófer, ¿qué pasa?

¿No sabe cuál es el camino a Salamanca?

¿Es que no ve el cartel?

¡Arranque!

¡Le estoy diciendo que arranque!

¡Pare! ¡Pare! ¡Pare el coche!

¿Está loco?

Felipe, ¿estás bien? Sí.

Felipe, algo no va bien.

Tranquila.

¿Quiénes son? ¿Qué quieren?

¡Silencio! ¡Aquí las preguntas las hago yo!

Llévense lo que quieran, pero... ¡Silencio!

Hagan lo que deban hacer, pero no nos hagan daño.

Van a seguir su viaje con nosotros.

Si saben lo que les conviene,

estarán calmados y calladitos como peces.

De lo contrario, aténganse a las consecuencias.

Y no duden de que habría males mayores.

¡Venga, abajo!

¡Abajo, he dicho!

Vamos.

¡Vamos!

Pague lo que debe.

Tiene tres días. -¿Y si no pago?

-Tendrá que asumir las consecuencias.

Esto no es necesario.

Deje que... ¡Silencio!

No.

-"Tu padre ha recibido una carta del mío"

y espera respuesta.

Si la respuesta es afirmativa, seremos amigas.

Y, si no, me deberé a mi familia y le contaré a tu querido Miguel

cómo fueron tus amoríos con mi hermano Aurelio.

La voz del encapuchado...

¿No te ha parecido conocida?

No sabría decir quién, pero me ha resultado muy familiar.

Ay, unos días en el hotel donde Genoveva y Felipe

iban a pasar su viaje de novios.

-¿Iban? ¿Es que acaso no han ido?

-Creo que habrán cambiado de opinión.

He llamado hoy para reservar y me han dicho que no han llegado.

-Hemos ido al especialista para ver qué tenías.

Siempre es mucho mejor decir la verdad que la mentira.

-No quiero decir nada hasta que no sepan qué me pasa.

-¿Se toma un té conmigo?

Acompáñeme hasta que venga mi hermano Aurelio.

Sea caballeroso.

-Sí, siéntese.

-Lo que la señora Fabiana necesita es un novio.

-No sé yo si está pensando en novios.

-Hay que buscarle uno.

-No tenemos por qué casarnos ya,

pero podemos ir preparándolo todo para formalizarlo.

-¿Es que no me has escuchado? No vamos a formalizar nada.

Vamos a dejar de vernos.

(AMBOS LLORAN) Saldremos de aquí.

Te lo prometo.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1297

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1297

30 jul 2020

Los secuestradores encierran a Genoveva y a Felipe en un zulo. Pero el confinamiento les une más que nunca: Felipe le jura a Genoveva que la sacará de allí, cueste lo que cueste.

Aurelio pone un plazo a Marcos para que pague la deuda contraída con su padre: tiene tres días. Natalia, sibilina, pone al corriente de la situación a Anabel.

Carmen y Casilda se alían para conseguirle un pretendiente a Fabiana.

Rosina sufre pensando que Liberto se ha olvidado de su aniversario, cuando la realidad es que le estaba preparando una gran sorpresa.

Mejora el estado de salud de Lolita mientras que Antoñito recibe un caro regalo anónimo… Y el interés de la bella Natalia.

La presión de los Quesada es tan grande que Anabel pide a Miguel que corten relaciones.

Genoveva y Felipe descubren con terror la identidad de su secuestrador: Santiago Becerra.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1297" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1297"
Programas completos (1322)
Clips

Los últimos 3.961 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Irene

    Bueno será hasta mas ver, no voy a pagar por ver la serie, me parece una falta de respeto al público que la seguimos por aquí, hasta siempre novela y rtve, una verguenza.

    pasado viernes
  2. Mariloli Garcia

    Qué ??? ahora se tendrá que pagar para ver una serie que no termina y llevo mas de cuatro años viendo? Yo ya pago cable y la puedo sintonizar allí. Me gusta verla en internet porque lo hago en la hora que puedo y por cable tiene un horario fijo. Qué mal, van perder mucha audiencia. Dinerito habla verdad? Adios Mariloli García

    pasado viernes
  3. Israel Cadena Garcia

    Muchas gracias por 5 años de entretenimiento, ya que ahora es de suscripción, solo leere los resumes semanales de esta telenovela, hasta siempre rtve; saludos cordiales desde la (no se porque siempre le quitan el articulo) Ciudad de México.

    pasado viernes