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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 1275 - ver ahora
Transcripción completa

A más ver. A más ver.

Qué mujer más cargante.

A mí me parece de lo más cariñosa y amable.

Yo no digo que no sea buena persona,

pero creo que estas visitas le excitan en exceso.

De alguna forma tendré que recordar.

No es bueno que fuerce su recuperación.

Será como desee.

-Me pongo a ello, que pa mañana es tarde.

-¿Usted cree que eso va a servir de algo en tan poco tiempo?

-No nos queda otra que esperar que funcione.

Si la señora no actúa en condiciones,

nos podemos ir preparando.

Si Felipe recupera la memoria,

no le agradará saber que ha vuelto con la mujer

con la que tenía una relación tan convulsa.

Sí, yo también he pensado en ello, pero he decidido correr ese riesgo.

No sabemos si recordará algún día.

Pero yo pensaba que, tal vez, deberíamos hablar con Tano.

Al fin y al cabo, es su hijo. Y yo su legítima esposa.

No lo olvide, es a mí a quién corresponde tomar esa decisión.

No estoy de acuerdo. Pero eso no es

Don Liberto, esta conversación ha terminado.

Quería felicitarla por lo bien que se ha ganado a las señoras.

La estaba observando y he visto que se desenvolvía con ellas

con gracia y naturalidad.

-Tengo que cuidar a mis futuras clientas.

-No lo hace mal.

Créame, si se mete en el bolsillo a doña Rosina y Susana,

que ya la conocerá, lo tiene todo hecho en este barrio.

Creo que quiero darme otra oportunidad

y continuar con mi empeño de reconquistar a Felicia.

Lo hago pa pagarle el viaje a Marcelina y que vea a su tío.

-¿Tan caro es? -Te pones a sumar y un capital.

-Lo que quieres a Marcelina, primo.

Pero yo vivía solo en mi casa cuando me di el golpe.

Así era.

Será mejor que me instale allí.

Tengo otros planes para usted.

¿No estará pensado llevarme a su casa?, sería un escándalo.

Usted necesita mucho descanso,

por eso, le he conseguido una habitación en un balneario

donde podrá reposar.

-Tenía que hacer gárgaras tres veces al día

y lleva el doble.

-Sigue las indicaciones y no te excedas con las dosis.

-Descuida, que voy a hacerlo al pie de la letra.

-"He recibido un encargo".

Es un asunto confidencial que me va a obligar a abandonar el país.

Por eso, vengo a rogarle

a Rosina y a usted, que estén muy pendientes de Susana.

-Cuente con ello.

-No puedo decirle a usted nada más,

y mucho menos a mi esposa, cuanto menos sepa, más protegida estará.

Se llama Miguel, es nieto de los propietarios del restaurante.

Besa muy bien.

-¿Ya te ha besado? -No, más bien, le he besado yo.

He tomado la iniciativa. -¿Qué otra cosa querías contarme?

-Mi padre está decidido a seguir cortejando a Felicia.

Creo que nosotras tenemos que hacer algo al respecto.

¿Felipe está moribundo?

Es cuestión de horas, no le han dado ninguna esperanza.

¿Cómo te sientes al saber que te vas a quedar viuda?

Su muerte será una liberación para mí.

Ha llegado el momento que llevábamos tanto tiempo esperando.

Por fin ha llegado nuestro momento.

Espera,

¿no quieres que cenemos antes?

Me gusta que te vayas encendiendo poco a poco.

¿Te entregarás después?

Quiero ser tuya, se nota, ¿verdad?

Hemos esperado mucho para esto,

quiero que sea algo que no olvidemos nunca.

Te quiero.

Siempre lo he sabido.

Yo también te quiero.

Me lo has hecho pasar muy mal.

Pobre.

Creí que renunciarías a mí para volver con tu marido.

A veces hay que hacer lo que no nos gusta.

Quizá sea esa capacidad tuya de centrarte en el objetivo

es lo que más me atrae de ti.

Nos casaremos. Será un matrimonio cristiano,

pero también una promesa de aunar fuerzas para un futuro brillante.

Nada nos detendrá.

Te compensaré por todos los sinsabores.

¿Esta noche?

¿Quién sabe?

(Sintonía de "Acacias 38")

No, Anabel, no cuentes conmigo para eso.

-Ay, hija, "eso", "eso".

Lo dices como si te hubiera propuesto un pecado.

-Un pecado no, pero sí una tontería.

-¿Consideras una tontería cumplir 21 y que se te considere mayor de edad?

-Mayor o menor, acabo de enviudar y estoy de luto.

-Los españoles y sus lutos,

parece que lleváis de luto cinco siglos.

Y que conste, además, mira tú qué casualidad,

que es mayormente para las mujeres.

Los hombres se ponen su botón negro y a la taberna.

-Que no, Anabel, que no me vas a convencer.

-Más terca que una mula. No te estoy proponiendo una bacanal,

ni siquiera una fiesta, tan solo una reunión pequeña.

Que no, déjalo.

-Habrá que ponerse seria.

Si no lo haces por ti,

hazlo por tu madre y por mi padre.

-Son lo suficientemente mayorcitos

como para tener que dirigirles sus vidas.

-Tú mejor que nadie sabes cómo son esas cosas del amor.

-Lo sabes tú mejor que yo.

-Pues igual.

Lo que sé, es que tu madre no ha sido sincera,

y mi padre no se ha rendido.

Cuanto más tarden en arreglarse, más tostón nos darán.

-Que se apañen como puedan.

-Mira, qué coincidencia, eso digo yo, que se apañen.

¿Y qué mejor excusa que tu cumpleaños?

-No me gustan las encerronas.

Vamos, por Dios, que es una encerrona a tu madre.

Solo por ver la cara que se le queda,

ya es motivo para juntarlos. Di que sí, di que sí.

-No creo que mi madre se merezca mi ayuda,

al menos, en cuestiones de amor.

-Hazlo por mí, no por ella, por mí, por favor.

(Suenan las campanas)

(Puerta)

Caballeros, pasen. Adelante, por favor.

Siéntense, por favor.

Don Liberto, usted también.

Perdone usted las horas tan tempranas,

pero hemos ido al hospital y Felipe ya no está allí.

Cierto. Ha terminado su tratamiento hospitalario.

Una gran noticia, ¿no es así?

-Jacinto nos ha dicho que usted volvió anoche pero sin él.

Así es.

-¿No está aquí?

-En su casa tampoco está.

Veo que han sido ustedes muy minuciosos.

No hay nada de qué preocuparse.

Felipe pasará unos días en un balneario.

Lo decidí ayer mismo.

Pero...

usted me dijo que iba a cuidarle aquí.

Y usted mostró sus reticencias. Eso me hizo pensar.

Necesito unos días para aclarar mis ideas y tomar la mejor decisión

para mi marido.

-¿Le ha contado él sus preferencias?

Él se quedaría conmigo, qué duda cabe.

Y yo lo preferiría, pero...

una cosa son los deseos, y otra, lo moralmente correcto.

Celebro que se haya hecho todas esas preguntas,

pero... no sé, en su situación

y sin recuerdos, estar solo...

No se preocupe por eso, es una institución especializada.

Yo lo cuidaría con más mimo,

pero como dijo don Liberto:

Felipe podría tomárselo mal si recuperara la memoria en mi casa.

-Tampoco creo que se lo tomara a bien, si recuperara la memoria

y viera que usted lo ha alejado de su entorno.

Todo lo que digan ya lo he pensado yo.

No ha sido una decisión fácil.

¿Puedo ser sincera con ustedes?

Por supuesto.

Ambos conocen todos los altibajos que ha sufrido mi matrimonio.

Podría haberme desentendido y nadie me habría criticado.

En eso lleva razón.

Más chocante ha sido que corriera usted a atenderle.

Y no me arrepiento.

He cumplido con mi deber, en la salud y en la enfermedad.

Pero no todo ha sido por generosidad

o por mansedumbre de esposa.

Debo reconocer que...

estos días, cuidándole,

he encontrado la paz que me ha faltado durante tiempo.

Ha sido una bendición volver a estar a su lado.

-Es conmovedor.

Traiga a su esposo a esta casa si es lo que cree más conveniente.

-La gente criticará.

-La gente criticará haga lo que haga.

Pero Felipe necesita cuidados.

Tampoco hay que olvidar que en su estado,

doña Genoveva tiene potestad sobre él.

Ojalá todos fueran tan comprensivos como usted, don Ramón.

Les traigo un café.

¿Nada? -Na de na.

-Pero ¿le has preguntado? -De todo.

No ha dicho ni esta boca es mía.

-Como a mí. He sacado en la conversación al Tomatito,

un amigo mío al que le tiene aversión.

Antes era nombrarlo y ya estaba gritando;

y hoy, como si no me hubiera escuchado.

-Eso va a ser que está peor.

-Mucho peor.

-¿De verdad, tesoro?

Nunca has tenido oído.

Pues claro que es verdad.

-Siéntate, reina mora, siéntate.

-Oye, estoy ronca, no baldá.

-Puede que ese doctor Puerta no sea tan listo como aparenta.

-Y también puede que la señora se eche el tónico con desmesura.

-Esto está lleno de facultativos. Para que lo sepáis:

ninguno de los dos habríais entrado en la tuna de Medicina.

-Alguna explicación tiene que tener que no mejores.

-Cagaprisas.

El doctor dijo que recuperaría mi voz, y así será.

Es una eminencia,

pero no hace milagros.

(Puerta)

Corre, ve, a ver si es un mozo del doctor Puerta.

Llamé pare pedir otra botellita de tónico.

Es doña Rosina, que quiere hablar con usted.

-Mi querida amiga y mejor artista.

No se habla en el barrio de otra cosa,

qué digo en el barrio, en la ciudad entera.

Su próxima actuación es el evento más esperado,

que no hay entradas y que la reventa se está poniendo las botas.

¿Se lo han comentado?

(ASIENTE) (RÍE)

-Siéntese y desayune con nosotros. -Muchas gracias.

Entre usted y una que no sabe decir que no.

-¿Unas perrunillas de la sierra de Cazorla?

-Sí, fíjese que tienen buena pinta,

pero va más con mi naturaleza la manteca colorá.

Qué rica. Lo que les decía...

Bueno, bueno,

más que pasión, es delirio lo que está despertando su concierto.

Con decirles que una amiga mía

me ha pedido que les pregunte por si queda alguna entrada.

Ya le he dicho que no pensaba molestar a una figura del arte

con demandas inoportunas pero, Bellita,

ya sabe cómo es la gente,

insistente, no se conforma.

Por eso...

No sé si entre todos podríamos conseguirle a mi amiga

dos entradas en platea.

-Entre todos, cómo no.

Claro. Ya preguntaré al empresario.

-¿No habrá hecho usted promesa de silencio como una benedictina?

-(RÍEN)

-Una benedictina... (RÍE)

Una benedictina, niña. (RÍE)

Qué gracia tiene, qué gracia. (RÍE)

(DON JOSÉ SE RÍE)

-Lo he dicho porque no habla.

(DON JOSÉ SE RÍE) Pues ahí está el chiste.

La monda, lo que yo te diga. (RÍE)

No hay ninguna promesa,

doña Rosina, no, no.

Es muy sencillo.

A mi señora le han ofrecido un papel en el cinematógrafo

y está ensayando.

(RÍE)

-(APLAUDE Y TIRA BESOS)

¡Enhorabuena! Es como... como qué bien.

Yo también sé.

-(RÍE)

(DON JOSÉ Y DOÑA ROSINA RÍEN)

No sé qué pensar de lo que nos ha dicho doña Genoveva.

Me tiene muy desconcertado.

-Lo que cuenta parece razonable, pero... vaya usted a saber.

Cada uno sabe lo que tiene en su casa y cómo lidiar con ello.

-¿Lo dice por algo en concreto?

¿Problemas con Carmen?

-Todo lo contario,

Carmen está tan ricamente con su hijo paseando por el río Nervión

y disfrutando del tiempo que tiene.

-¿Entonces?

-Mi hijo.

El otro día tuve que contenerme para no darle un capón.

Desde que ha sido elegido,

se ha hinchado, todo vanidad y jactancia.

-Vamos a ser sinceros, su hijo siempre ha sido un poco presumido.

-Pero no tanto.

-Le ha costado mucho llegar al Parlamento,

se le pueden perdonar un par de fanfarronadas.

No se enfade con él. -No me enfado, me preocupa.

Ser diputado conlleva mucha responsabilidad,

y no puede estar cacareando como un soldado en una taberna.

-No se preocupe, verá cómo se apacigua

cuando vea todo el trabajo que conlleva la legislatura.

-Creo que es demasiado joven para una tarea tan ardua.

-Ya peca de padre,

el típico padre que ve a su hijo como un muchacho.

Y no, don Ramón, Antoñito es padre de familia,

un hombre hecho y derecho.

Creo que hay cosas más importantes de las que preocuparse.

-No sé, puede que lleve razón.

-Marcho a darles un poco de candela a esos liberales de pacotilla.

-Bien, Antoñito.

Yo me marcho también.

-Si me lo permite, marche usted delante,

tengo una conversación pendiente con mi hijo.

-Claro. Con Dios.

-Con Dios, Liberto.

¿Qué le pasa?

Padre, me espera el país.

-Y tu padre también te espera. Siéntate, tenemos que hablar.

Ni en pintura me ven a mí por el Congreso, no señor.

A la gente se les engaña con dos de pipas.

Los diputados ganan las elecciones y a dormir.

El país se levanta desde abajo,

desde las gloriosas asociaciones de los pequeños propietarios.

¡Seremos pequeños en bienes, pero grandes en corazón!

Ande, calle, que parece que está ensayando su discurso conmigo.

Estaba ensayando.

Si la convenzo a usted, nadie se me resistirá.

No he visto a una hostelera

menos orgullosa por el gremio que a usted.

Servando, estoy muy orgullosa de mi trabajo,

pero no me pongo a alardear como usted.

Que entre el diputao Antoñito y usté,

no sabría decir quién es más fatuo.

¿Fatuo, yo?

Usted nunca ha sabido calibrar a las personas,

y mucho menos, a los grandes dirigentes.

Ya me lo dirá usted cuando me vea encumbrado.

Voy a llevar a los hosteleros a la cima de la clase industriosa.

Ande, sí, tire, tire y vaya a esa reunión.

Y lleve tanta paz como descanso deja.

Perdón, que no es "esa reunión",

es la reunión constitutiva del gremio.

Un hito en la historia

de la evolución social.

No beban.

Si no bebemos.

¡Además, hacemos un trabajo muy duro!

Que no beban, que no beban.

Que no bebemos, que no bebemos.

El vicealcalde nos ha citado la semana que viene para una reunión

y tenemos que prepararnos bien.

Le vamos a poner las peras al cuarto.

Como el ayuntamiento cierre la pensión por su culpa,

el barrio se va a quedar pequeño pa los dos.

Descuide usted, que seremos firmes, pero educados.

Aquí llevo la lista de reivindicaciones gremiales.

En cuanto la asociación me las apruebe,

me planto ante el vicealcalde y, firme pero educado,

le envuelvo con mi dialéctica y me lo toreo.

Hala, abur.

Ni siquiera le voy a pedir que me desee suerte,

fíjese lo confiado que estoy de mis habilidades políticas.

(CHISTA)

Servando,

y si el país se levanta desde abajo,

¿por qué no se queda a trabajar aquí, a mi lao?

De verdad, qué cortita es usted de miras,

qué perspectiva más corta tiene.

Sí. A ver, si usted limpia una mesa, pues es una mesa limpia.

Que no digo yo que no, pero mi trabajo es diferente.

Yo pretendo, no con esta pensión, sino con todas las de España,

que prosperen con dignidad.

Pesetas, Fabiana, pesetas.

Mientras no perdamos dinero...

Ese ha sido el error de nuestro gremio, por eso está postergado.

La asociación es la herramienta para sacar a esta profesión

de siglos de enclaustramiento.

Arriba las casas de huéspedes.

¡Posaderos del mundo, uníos!

(SUSPIRA)

-Arrea, señá Fabiana,

¿adónde va el Servando tan emperingotao?

-Na, hija, que sigue con sus tontás.

Como ahora es el presidente

de la Asociación de Propietarios de Casas de Huéspedes....

-Ah...

Se ha echao colonia.

-Pa mí que en demasiá.

Está muy ilusionao con el carguillo.

-Ande, tampoco hable así, el hombre se entretiene.

Tampoco creo que le vaya a hacer mal a la pensión

que le nombren presidente de la Asociación de Casas de Huéspedes.

Eso, ¿no?

Ande, apóyele.

-Lo que le faltaba.

Y tú, dime, ¿qué te trae por aquí?

-Jacinto,... Marcelina...

Los dos, vaya.

Que están agobiaos, y creo que habría que echarles una mano.

-Cuenta, cuenta. Siéntate.

Ya no eres ningún chiquillo, hijo.

Eres padre de familia, un hombre hecho y derecho.

-Y un diputado.

-Pues precisamente

por esa condición,

por ese honor que te ha sido concedido,

deberías comportarte de una forma más adulta.

-A ver, vamos a ver si me entero.

O sea, que el pueblo confía en mí,

me elige,

cree que soy apto para representarles,

pero mi propio padre me considera, ¿qué, un rapazuelo irresponsable?

-Mira, te seré sincero.

Los aires que te has ido dando estos días, los alardes y baladronadas

que te he escuchado, perdona pero te lo tengo que decir,

no son propios de un diputado electo.

-¿Es por mi juventud o qué?

-Pues ojalá, porque así tendría remedio.

-Ustedes no se enteran de nada.

-¿Ustedes? ¿Quiénes?

Los liberales, que se han quedado en el siglo XIX.

Se piensan que la juventud es un defecto, y no, es un valor,

y pronto se lo voy a demostrar, ya verá.

-Juventud, divino tesoro, te vas para no volver.

No, naturalmente que no.

Usted podrá decir misa, pero no pienso acatar su requerimiento.

Esta es para mí; de una amiga mexicana, el resto son para usted.

-No, no,

el gobierno mexicano no tiene que enviarme una carta tan insolente.

(Puerta)

Una extorsión, sí, señor, una extorsión, eso es lo que es.

Y poco disfrazada, para colmo. Adiós.

Hola, padre. -Hola.

-¿Está Soledad?

-Eh... No, ¿por qué?

-No, por nada.

-Me ha parecido verla y quería decirla algo.

Pero da igual, no es importante.

¿Tiene usted algo que hacer mañana?

-¿Desde cuándo te interesan a ti mis andanzas?

-Desde siempre.

Pero no vamos a discutir eso ahora.

Es el cumpleaños de Camino y me gustaría que me acompañara.

-No, no, no, ve tú, yo no te hago falta.

-Es un capricho.

-No estoy para celebraciones, hija, de verdad.

-He dicho celebración por decir algo,

será una reunión pequeña, muy pequeña.

-Ni siquiera tengo claro que fuera bien recibido.

-No diga tonterías.

Le he dicho a Camino que iría con usted y está encantada.

-Supongo... que también irá Felicia.

-Un motivo más para dejarse ver.

-No lo creo.

Se sentiría agobiada.

-Ayer estaba muy gallito y seguro de reconquistarla.

-Es demasiado pronto. -Más vale pronto que nunca.

-Que no, que no, está fuera de lugar.

-Voy a ser sincera con usted.

Estoy preocupada por Camino.

Siente... no sé, tristeza.

-Es lógico.

Con todo, echará de menos a su marido.

-Sí, claro, pero hay algo más, también es otra cosa,

como si pensara que los vecinos la miran con malos ojos.

No sé.

Se animaría viendo que usted la estima

y la acompaña en su cumpleaños.

-No creo que yo le sirviera de mucha ayuda.

Además, pensará que acudo por su madre.

-Lo cual, insisto, no es ninguna tontería.

Si se deja llevar por la prudencia,

puede que la pierda para siempre. -Esto es el colmo,

tener que escuchar consejos de mi propia hija.

Tengo mucho que hacer.

Prométame al menos que se lo pensará.

-Me lo pensaré.

Que te lo digo yo, no sigas negando:

Armando estuvo ayer hablando con tu marido

y tenían una cara de culpables, que ni Judas en sus peores momentos.

-Culpables, culpables... Poca pista es eso.

A los hombres se les pone cara de culpables en cuanto se casan.

-Pero ¿has indagado de verdad?

-Sí, le he preguntado a Liberto por el derecho y por el revés,

y nada.

-Rosina, por favor,

¿me vas a decir que no has sido capaz de sonsacar a tu marido?

Que tenemos trienios en el matrimonio,

y en segundas nupcias.

-No ha soltado baza.

-Ah, luego algo esconden.

-No te lo quería decir para no alarmarte más de lo que ya estás,

pero sí, se trata de un asunto confidencial.

Ya sabes cómo se ponen los hombres con lo de las confidencialidades.

Lo sabía, sabía que me estaba ocultando algo.

-Un asunto delicado; es todo lo que he conseguido que desembuchara.

-Blanco y en botella.

Es una nueva misión de carácter reservado.

-De carácter reservado, qué cursi,

se dice secreta, misión secreta.

Ya fuisteis en ese plan en tu el viaje de novios;

no sé de qué te sorprendes tanto.

-No me sorprende, me angustia.

Armando puede estar en casa haciendo las maletas.

Seguro que está dispuesto a jugarse la vida por esos mundos otra vez.

-No puedes decir que te ha engañado;

ya lo conociste siendo diplomático, y un poco espía.

-Tienes menos sensibilidad que una estatua ecuestre.

-Habíamos hablado, y me prometió que dejaría el oficio

y se dedicaría solo a mí.

-Pues el oficio, que tira.

-Es su compromiso con la patria.

-Será.

-Su vocación de servicio.

Es capaz de sacrificar cualquier cosa,

incluso a mí y a nuestro amor por servir al rey.

-Qué te voy a decir yo: no estoy acostumbrada a defender

mi matrimonio contra rivales de ese fuste.

(Puerta)

-Algo me dice que soy persona non grata en mi propia casa.

-Tú sabrás por qué.

-Las confidencialidades, la amistad, la traición,

¿esas cosas en las que os escudáis te importa más que tu tía carnal?

-Cariño, cuéntamelo.

-Tía, yo por usted haría cualquier cosa,

menos traicionar a un amigo. -¿Qué te decía yo?

-Comprendo su estado de ánimo,

y me duele el compromiso de silencio que he contraído,

pero solo puedo decirle que hable con su marido,

que se lo pregunte a él, yo tengo la boca sellada.

-"La boca sellada".

No sé cómo ha sobrevivido la humanidad con estos pedantes.

-No es pedantería, es el honor a la palabra dada.

-Pedantes y engolados.

-Tomaré un té.

Por cierto, Genoveva ha llevado a Felipe a un balneario.

-No. -Dicho por ella misma.

-Felipe sigue sin recordar nada.

-Pero ella parece haber recobrado el ardor prematrimonial.

-Esto va a terminar mal.

-Por lo menos, tiene marido.

-Vamos, Susana, no compares.

En cuanto Felipe recobre la memoria, no querrá saber nada de ella.

-Como me pasa a mí.

-Tía, que don Armando la quiere a usted con locura.

-No lo suficiente, al parecer.

Liberto, no te voy a preguntar nada ni quiero que me contestes nada,

pero solo dime que estoy en lo cierto, que se va.

-Hable con él.

-¿Hoy?

¿Se va hoy?

-Corra.

-¿Piensa marcharse sin despedirse de mí?

-¿No te han dicho que corras?

-No, no, no,

tengo algo mejor que hacer que correr,

y tú debes ayudarme.

-¿Yo?

(BOSTEZA)

Pues como te decía,

la Marcelina anda to disgustá porque no sabe nada de su tío.

-No debería venirse abajo.

Dicen que las malas noticias son las que antes llegan.

-Será si tiene un servicio de Correos como Dios manda,

¡que aquí no llegan ni las malas ni las buenas!

-Por favor, Jacinto,

no aproveche para meterse con los funcionarios,

que su buena labor hacen.

-Perdona, es que estoy mu nervioso.

La cosa no pinta bien.

Que sí, que es ley de vida, pero ya sabes...

-Siempre poniéndose en lo peor.

A poco que ese hombre tenga el tesón de Marcelina,

no entregará la pelleja sin presentar pelea.

-Dios te escuche.

-¿Te han dado unas horas libres los Domínguez?

-A las buenas.

Pensé que no llegaba.

Cuando Rosina ve que tengo un asunto personal,

me pide que le prepare la merienda.

-Si buscas a Fabiana, espera sentada.

Ha marchado a comprar y me ha dejado vigilando

a cambio de unas pesetillas. -Que no, Jacinto,

que te busco a ti. -¿A mí?

-Sí. Mira.

Te traigo este monís, pa que pagues el viaje a la Marcelina

a Barcelona pa despedir a su tío.

-¿De dónde ha salido este dinero? Que somos pobres, pero honraos.

-Pues como el origen dinero, que son nuestros ahorros.

-Por eso he venido aquí, para traer mi parte

y la de Soledad, que se nos ha ido el santo al cielo.

-Pero...

Aquí hay mucho parné.

-Es mucho lo que os apreciamos.

-Pa chasco que sí.

Es más, no ha hecho falta ni pedirlo,

iban las criadas pasando y dejando sus moneditas

y deseándole un buen viaje a la Marcelina.

-Buen viaje...

y... una pronta recuperación para su tío.

-Se va a poner loca de contenta.

Ahora mismo voy con el talego a la estación y le compro el billete.

Va a ser la sorpresa de su vida. -Pues hale,

tira. -¿Os quedáis vigilando la pensión?

-Sí, no te preocupes.

Venga, corre.

-¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia!

-Si no fuera por estos momentos...

-Alodia, hija mía.

Bueno,...

ahora me toca a mí agradeceros a las criadas

el gesto que habéis tenido.

-Qué cara de contento se le ha quedao a Jacinto.

Bueno, marcho, que tengo a la señora que trina.

Con Dios.

-Con Dios.

Con la paz de Dios.

¿Qué hace aquí, Servando? ¿No se ha celebrao la reunión?

Sí, se ha celebrado

y... mis propuestas han sido muy bien acogidas.

De hecho, la asociación es un hecho.

Pues cualquiera lo diría viendo cómo arrastra el culo.

Me da en la nariz que algo ha ocurrido.

Alodia, Alodia, ven aquí.

-Mande usté, señora.

-¿Bellita estaba un poco rara esta mañana o me lo ha parecido a mí?

-Ya sabe cómo son las artistas, temperamentales.

-Ya, y concienzudas:

porque ni ha dejado su ensayo para decirme adiós.

-Ahí lo tiene, lo que yo digo:

se mete en el papel y no se sale ni para alimentarse.

-¿De verdad va a hacer una película muda?

-Chist. Señora,...

que usted lo sabe porque es más que amiga de la familia,

pero a la señora no le gustaría que se extendiera por ahí.

Ya sabe, no hablar hasta que no se haga.

-Conmigo puede estar tranquila.

Pocas habrá que sepan guardar secretos como yo.

-Pocas o ninguna.

-Qué bien me conoces.

Con decirte que a Camino le he guardado un secreto durante meses.

-Qué voluntad de hierro. -Sí, y que lo digas.

Y eso que ahora, con Ildefonso difunto,

ese secreto haría las delicias de las señoras del barrio.

-¿Y qué misterio es ese? -Resulta

que hace tiempo, Camino empezó a dar clase de pintura con...

¿Estás intentando sonsacarme?

-Quia, señora. Solo le he preguntado nada más.

-Pierdes el tiempo, yo soy la discreción hecha persona.

-Lo que usted diga.

Se mire por donde se mire, es usted un ejemplo.

-Lo sé. Me voy a merendar,

porque Casilda ha hecho una merienda horrible. Con Dios.

-Con Dios.

(Se abre una Puerta)

Laura, no deberías estar aquí.

Lo sé.

Si no nos atenemos al plan, se vendrá abajo.

Créame que lo siento, pero era necesario.

¿Qué ocurre?

Necesitaba advertirle. Va a ocurrir algo.

Suéltalo y marcha.

Javier Velasco ha regresado.

Era de suponer.

Sabe que su esbirro está en prisión y no tardará en sacarlo de allí.

Enseguida lo pondrá a buscarme.

Que no dé contigo.

Eso es fácil decirlo, pero si lo hacen, mi pellejo no valdrá nada,

ni el de mi hermana tampoco.

Me hará pagar por no matar a Felipe.

Don Velasco no se va a rendir, lo hará, lo conozco bien.

¿Quieres calmarte?

Tenemos que acabar lo que hemos empezado.

No he estado planeando esto para saltarnos los pasos ahora.

¡Es mi vida!

Y la conservarás.

Ni tú ni tu hermana, ni Felipe, ninguno estáis en peligro.

Me lo juró,

me juró que nos mataría si no cumplía con mi parte.

¡Velasco no se va a detener, lo va a hacer, lo sé!

Escúchame, pusilánime. Nada te pasará, ¿me oyes?

Nada. Confía en mí.

Y ahora, márchate.

Doña Felicia, me alegro de verla disfrutando del café.

-Buenas, Cesáreo.

-Si me permite, quería preguntarle por Camino, ¿cómo va?

-Triste, a usted no le voy a engañar.

Y lo peor de todo es que no sé cómo consolarla.

-Ya se irá acostumbrando.

Es muy joven y tiene toda la vida por delante.

-Sí, pero nosotros siempre la vamos a ver como la niña que fue,

y el tiempo pasa para todos.

Mañana cumple los 21. -¿Ah, sí?

No lo sabía.

Iré a levarle un detallito, no se cumplen 21 todos los días.

Espero que no le moleste.

-Para nada. Desde jovencita le ha tenido a usted mucho aprecio.

-En ese caso, mañana iré a llevarle ese detalle.

No la molesto más, he de seguir con mi ronda.

Con Dios. -Con Dios.

-Buenas. -Buenas.

-Vaya, no sé dónde tengo la cabeza.

-¿Sucede algo, doña Felicia?

He pagado en la farmacia y me he dado cuenta

de que no me llegaba el dinero para la comida.

Se van a creer que quiero aprovecharme de mi situación

y comer gratis.

-Puedo prestarle lo que necesite.

-No, para nada.

-Insisto. -No debo, Anabel.

-Ya me lo devolverá.

-Eres muy amable.

-Y ve usted, qué poca cosa.

Quizá le parezca de excesiva confianza lo que voy a decirle,

pero, como bien sabe, Camino y yo hemos hecho más que buenas migas

y creo que es mi deber.

-Anabel, habla sin reparo.

-De acuerdo.

No se le escapará que Camino me ha contado las diferencias

que hay entre ustedes.

-Son vox populi.

Ya se ha encargado ella de airearlas por ahí.

-No sea tan injusta.

A Camino le duelen tanto como a usted.

-Qué vas a decir tú, eres su amiga.

-No se crea, yo no me ciego,

y se llamar al pan, pan y al vino, vino.

-Entonces, convendrás conmigo en que siente un rencor irreflexivo.

Yo, como madre, he hecho lo que tenía que hacer.

-Sé que usted la quiere.

Y también sé que ella la quiere a usted.

-Poco se nota.

-Todavía están a tiempo.

Haga por acercarse a ella.

-Ojalá pudiera.

Me rechaza incluso antes de que empiece a hablar.

-Eso es cierto.

Una cabezona, aunque tiene a quien parecerse.

Mañana es el cumpleaños de Camino, ¿verdad?

-Sí. Una fecha señalada: alcanza la mayoría de edad.

-¿Y si aprovechamos esa circunstancia

para que las dos hablen largo y tendido?

-Ojalá, pero no creo que puedas convencerla.

-Piense un poco: cumpleaños, celebración,

las emociones se disparan.

-¿Celebración? Dirá que está de luto.

-Eso déjemelo a mí. No será una gran fiesta,

pero la convenceré para que tengamos una reunión.

-Usted, ella, yo...

Poco más.

-Estaría muy agradecida.

-Cuente con ello.

Con Dios. -Con Dios.

-Anabel, y ya te devolveré el dinero, gracias.

Cuento yo en mi pueblo que estoy tomando café

con un diputado en Cortes

y me echan al ruedo el morlaco más grande por presumido.

-Mis mejores deseos para su nueva andadura, mucha suerte.

-Gracias, la voy a necesitar. -No sea modesto.

Lo hará bien, ya verá.

Ya lo ha demostrado durante la campaña.

El pueblo no es tonto,

si le ha elegido a usted es porque usted lo vale.

-Quizá, pero no sería el primero

al que se le sube el cargo a la cabeza.

-Tampoco hay mucho de malo en eso.

El que vale, vale.

Y sobre todo, no hay que cortarse con los amigos.

Venga, eche usted un cacareo,

que estamos aquí para celebrarlo.

-No es falsa modestia, pero...

el Congreso, la bancada de la oposición,

es algo que abruma bastante y da que pensar.

Sobre todo por eso, por la responsabilidad,

querría decirles unas palabras.

-Aguarda,

todavía no ha llegado Armando.

-Don Armando no vendrá.

Es una locura, Susana.

-Armando va a pasar por aquí y no voy a permitir que se vaya, no.

Y tú tienes la obligación cristiana de ayudarme.

-Por favor, no me lo pidas más, es muy peligroso, Susana.

-¿Peligroso? Los mártires nos dan ejemplo.

-Hazlo tú. Arriesgas la vida, sí, pero es por tu marido.

-¿Cómo te atreves a pedirme eso sabiendo como tengo la ciática?

¿Vas a dejarme sola y desamparada por un poquito de esfuerzo?

-Está bien, lo haré.

Si algo sale mal, dile a Liberto que le amo.

Y dile a Leonor que lamento dejar a los trillizos sin abuela.

-Todo va a ir bien, tranquila, ya verás.

Me conformo con retener un rato a mi Armando.

-Un rato por una vida, mal trato, sobre todo si esa vida es la mía.

-¿Quién dijo miedo?

Venga.

"Estoy convencido de que el joven diputado Antonio Palacios

será digno de la confianza que el pueblo español ha depositado en él".

"Que mire al futuro confiado".

"La voluntad popular estará bien representada por él,

como lo habría estado con su padre".

"Transmítales mis parabienes".

Termina despidiéndose de todos ustedes.

-¿Despidiéndose?

-Se ha marchado.

-¿Adónde?

-No lo sé.

Es un asunto de trabajo. No conozco los detalles.

-¿Tampoco sabe cuándo volverá?

-No creo que ni él lo sepa.

-¿Y doña Susana?

-Estará bien.

Don Armando ha confiado su cuidado a mi esposa y a mí.

-Esto me huele a misión diplomática.

No quiero ser cenizo, pero tal y como anda Europa de embrollada...

-Nada más lejos de mi intención que desviar la conversación

a don Armando.

Estamos aquí para homenajear al diputado, Antonio Palacios,

y así será.

-Muy bien hablado.

-Ahora es cuando te toca hablar, hijo.

-Sí, sí.

Bueno,...

decirles que sé que muchos de ustedes piensan que soy muy joven

para tanta responsabilidad,

y quizá yo mismo les he dado motivos para pensar eso.

Pero, después de la borrachera del éxito,

quiero decirles que no defraudaré a mis votantes.

Voy a llevar su voz hasta el Congreso.

-Ole. -Muy bien hablado, Antoñito.

(Aplausos)

Gracias. Y también...

quería... darle las gracias a mi padre,

aquí presente,

gracias a él he podido madurar como persona y político.

Así que, creo que se merece otro aplauso.

-Qué barbaridad. ¡Ole, ole y ole!

(Aplausos)

(Motor de coche)

Ahí viene.

Ahí viene. Vamos, Rosina, vamos.

Vamos, Rosina. Como los mártires, como los mártires.

-(DOÑA ROSINA GRITA)

(Frenazo)

-¿Se ha vuelto usted loca? ¿Qué hace, doña Rosina?

-Mire, soy una mandada.

Sé que me has mantenido al margen para protegerme, Armando,

pero no podía dejarte marchar sin despedirnos.

Que sepas que, a pesar de lo que voy a sufrir en tu ausencia,

me siento muy orgullosa de ti,

de tu compromiso con la patria

y de tu valor para arrostrar peligros en tierras paganas.

Amor, te estaré esperando.

-No podría haber encontrado una esposa mejor.

Pase lo que pase, te llevaré en mi memoria.

Tu recuerdo me dará fuerza.

No estés triste.

Es mi deber con la patria y con la humanidad.

-Espera.

Esta virgen, para que te proteja,

y este pañuelo perfumado, pues bueno, para, para...

para que me tengas siempre en mente.

Adiós.

-Adiós no, hasta pronto.

(Motor de coche)

Vete tranquilo, Miguel, que recogemos y vamos para casa.

-Algún día nos va a pillar.

Por poco nos coge discutiendo.

Te lo he dicho 20 veces, cierra las contraventanas,

echa las cortinas, que no se vea luz por la calle,

y vas tú, y le abres.

-Si no le abro se va a escamar más.

-Por favor. De verdad, que es muy listo, Roberto,

que tu nieto es muy listo.

Ha preguntado por las botellas.

-Que sí, pero lo del inventario se lo ha tragado, seguro.

No le ha extrañado

que queramos centrarnos en los vinos de calidad, y ha entendido...

que queramos deshacernos de la mayoría

para llevar la carta hacia lo excelso.

-Lo que tú quieras,

pero se ha dado cuenta de que estábamos discutiendo.

-Culpa tuya. ¿Cómo le dices que no estábamos discutiendo?

Al chico le ha parecido raro que estemos de acuerdo en algo.

-¿Por qué dices eso? -Porque es verdad, Sabina.

-Claro que no es.

-¿Lo ves? Ya estamos discutiendo.

Y ahora, por si discutimos o si no discutimos, anda que...

-Vamos a ver... Calma, Roberto, calma

La gente cambia con la edad. Somos uña y carne.

-Sí, Sabina, uña y carne.

¡Me tienes loquito!

-Chist. Cuidado, ¿eh?

Cuidado con Miguel, que no quiero tener bureo.

Si corres hacia el sanatorio,

allí te dirán que Lorenza ha salido a dar un paseo con su tío.

-¿Qué le ha hecho? He venido como me pidió.

-No tienes nada que temer.

En cierto modo, sacándola te estoy recompensando por tu lealtad.

-¿Qué? -Por Felipe.

Sé que está con un pie en el más allá.

-¿No está enfadado?

Lo quise hacer bien, se lo juro,

pero llegó una enfermera y tuve que retirar la almohada.

-Para tu fortuna,

parece que el tiempo que estuvo sin oxígeno

fue suficiente para ocasionarle un nuevo derrame.

Esta vez, mortal de necesidad.

Es cuestión de tiempo,... poco tiempo.

-Me alivia usted entonces.

-Y con razón,

otro no hubiera sido tan comprensivo con tus errores.

Es la tercera vez que le dejas vivo.

Y ya son demasiadas.

-(RESPIRA ANGUSTIADA)

(LLORA)

¡Me prometió que mi hermana estaría a salvo, ¿lo ha olvidado?!

¡No, claro que no! Me he ocupado de que así sea.

¡No, miente!

La señora se ha quedao afónica del to.

-No, no, eso no es posible.

Si el tratamiento de un médico tan profesional no funciona,

¿qué podemos hacer?

¿Y el quiosco?

¿Has encontrado a la persona que se hará cargo?

-He quedado con una muchacha que tiene intención de hacerse cargo.

Que Miguel no sospecha nada.

-Y yo te digo una y otra vez que está con la mosca tras la oreja

al ver que habíamos sacado todo el vino de la bodega.

Es muy listo.

¡Que te he visto con una pelandusca en el callejón!

-Baja, baja. Preguntaba por el 41.

-¿Y la sonrisa que te ha dedicao? -Te lo habrá parecido a ti.

-¡Que no, Jacinto!

Aquí hay gato encerrao, me ocultas algo.

Tener un marido con la mollera blanda va a resultar una bendición.

-Parece decidida traérselo a su casa.

-Lo que no se le puede negar a Genoveva

es que sabe luchar por lo que desea.

Padre, lleva toda la vida tratándome como un atolondrado,

y a lo mejor, antes, sí, tenía razón,

pero ahora no sé, pensaba que después de mi carrera como político,

eso le hacía cambiar de opinión, pero...

no, ya veo que no.

Será suficiente, sí. Es un veneno muy potente.

Basta con muy poco para que resulte letal.

No confunda las copas, señora.

La señora estaba a punto de... -¡No, no, no te lo tomes!

Brindemos. Así será,...

si es que sobrevivimos a esta noche.

¿Por qué dices tal cosa?

¡Bebe!

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Acacias 38 - Capitulo 1275

30 jun 2020

La salud de Felipe empeora, Genoveva le manda a una casa de reposo y cita a Velasco en su casa.
Anabel planifica una encerrona a Marcos y Felicia para que se reencuentren en el cumpleaños de Camino, que accede a pesar de que su relación con su madre no está en el mejor momento.
Rosina está a punto de descubrir el mutismo de Bellita, pero gracias a la intervención de Jose lo evitan. Alodia ve al doctor Puerta en malas compañías y duda de su identidad.
Ramón encara a Antoñito: su puesto político es de servicio al pueblo no para beneficio propio.
Susana se extraña al sospechar que Armando le oculta algo. Él ha recibido una nueva misión y no quiere preocuparla. Gracias a Rosina, el matrimonio se reúne para poder despedirse antes del viaje de Armando.
Entre los criados recolectan el dinero necesario para que Marcelina se vaya a Barcelona a cuidar de su tío enfermo.
A Velasco se le agota la paciencia y hace una encerrona a Laura, afirma que tiene a Lorenza bajo su poder y que no dudará en hacerle daño si la criada no cumple su palabra y mata a Felipe.

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