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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 1274 - ver ahora
Transcripción completa

Ahora, Velasco está fuera y ha perdido a su esbirro,

la persona que tenía que comprobar el cumplimiento de sus órdenes.

Tenemos tiempo para poner en marcha nuestros planes.

Temo por mi hermana, señora. Si me haces caso,

nunca más deberás temer por Lorenza.

-"¿Qué es, José?".

-Una muestra del cartel que anuncia tu actuación en su teatro.

-Ay, Dios mío, hay que anularla. -No vamos a precipitarnos.

-¡Un barranco para precipitarme es lo que me hace falta!

He creído tener... un recuerdo difuso de su rostro...

en una de las ventanas de Acacias.

¿Es usted vecina del 38 de Acacias?

¿Hemos sido amigos o...?

Permítame seguir con mi secreto.

No digas que no te fías de tu esposo, si se le ve un bendito.

-Cartas que abre a escondidas,

llamadas en clave, telegramas secretos...

-Mucho lío para tener una amante.

-No digas disparates, no tiene una amante.

Ni se me ocurre pensarlo. -Entonces, ¿qué te preocupa?

Que sean asuntos de alto espionaje.

Apúntamelo en la cuenta.

Con Dios. -A más ver.

-Disculpe, no he podido evitar escuchar la conversación,

¿esa criada está al servicio de la gran Bellita del Campo?

-Sí. Vecina del barrio y gran clienta de esta maravilla.

Hay un señor que pregunta por doña Bellita.

Es doctor y puede ayudarla.

-Después de que tú me contaras lo tuyo con Maite,

no era justo que no supieras mi secreto.

-Que no se queda atrás del mío.

-Ya sabes por qué no creo que vayamos a volver a México,

así que podremos seguir siendo amigas,

aunque no podamos ser familia.

-Cierto, seremos buenas amigas.

Ya he perdido a demasiada gente querida en los últimos tiempos.

-¿A qué te refieres?

-He dejado de recibir correspondencia de París.

Su voz volverá a ser cristalina como siempre.

-¿Y qué tiene que hacer la señora?

-Le va a preparar un tónico especial pa ella.

No se puede comprar en farmacias,

porque su fórmula es secreta y se hace a medida para cada persona.

-Es lo que necesito, vaya.

-La única pega es que no es precisamente barato.

Señor diputado.

-He sido elegido.

Que soy diputado.

-Reconozco su esfuerzo

por sacarnos a mi hermano y a mí adelante,

lo que luchó para que nada nos faltase.

-Camino, hija, lo hice lo mejor que pude.

-Siento decirle esto,... pero la odio.

(LLORANDO) ¡No!

Marcia es un nombre muy atractivo.

¿De dónde es?

El nombre no lo sé, pero Marcia era brasileña.

¿Y dice que... era una persona cercana a mí?

Mucho.

¿De verdad, no la recuerda?

¿Qué ocurre?

¿Y este bizcocho?

Lo ha traído Fabiana.

Na, una cosilla pa ver si se recupera.

El caso es que al probarlo,

me ha abierto algo la memoria.

¿Qué has recordado?

¿Algo concreto?

No.

Solo algunas imágenes inconexas.

¿Qué tipo de imágenes?

¿Alguna persona, un lugar, una casa?

No lo sé

Solo he recordado un salón...

y una cortina mecida por el viento.

Supongo que se trata de mi casa.

O de cualquier otro sitio.

No lo sé.

El caso es que todo ha empezado cuando he probado el dulce.

No sé si ha sido buena idea traerle nada de comer a Felipe.

No era mi intención perjudicarle.

Pero yo diría que le ha ido bien.

No se fíe,

puede que estas cosas, más que ayudarle, le confundan.

Se lo agradecemos, pero absténgase de traer nada más.

Descuide, que así lo haré.

Lo que sí quiero decirle a don Felipe

es que todos le mandan ánimos,

sobre todo, Servando y Cesáreo.

¿Se acuerda de ellos?

Sí. Sí.

Ha de ver como pronto se acuerda de todo

y vuelve a ser el de siempre.

Yo no dejo de rezar para que así sea.

Con su permiso, les dejo, he de volver al trabajo,

no me fio de dejar mucho tiempo a Servando solo en la pensión.

A más ver.

A más ver.

Qué mujer más cargante.

A mí me parece de lo más cariñosa y amable.

Pensar que ha estado al servicio de ese asesino de Palacios...

Yo no digo que no sea buena persona,

pero creo que estas visitas le excitan en exceso.

De alguna forma tendré que recordar,

ya sea con la comida o con la conversación.

Sí, pero cada cosa a su tiempo,

no es bueno que fuerce su recuperación.

Será como desee.

Además, estando a tu lado, no tengo prisa ninguna.

¿Y solo ha recordado lo que me ha comentado antes?

¿Ninguna imagen más?

No.

Solo eso.

Fue como...

un fogonazo,

una imagen que te viene un instante y vuelve a desaparecer.

No le demos más importancia, ya irá progresando poco a poco.

Si,... pronto iré recordando más cosas.

Le agradezco todo lo que está haciendo por mí,

todo lo que hemos vivido juntos, aunque no lo recuerde.

No sé qué sería de mí si no estuviera a mi lado.

(Sintonía de "Acacias 38")

Lolita, tienes que estar muy contenta

con la elección de Antoñito.

-Ya lo creo,

ser diputado es todo un honor y una responsabilidad de las gordas.

-Por eso digo, que estarás contenta.

-Más que unas castañuelas.

Una no se convierte en diputada consorte todos los días.

-Ahora, tendrán que cambiarse a una casa más acorde con su categoría.

-Ni que viviéramos en mal sitio.

¿Dónde íbamos a vivir mejor que con mi suegro y Carmen?

En Cabrahígo, pero mi Antoñito no se puede mover de aquí.

-Eso va en gustos.

Yo siempre me he llevado bien con las suegras,

pero porque venían de visita.

-Pues bien que se lleva con doña Susana y es familia de su esposo.

Pero Susana y yo somos amigas,

y ella es tía de Liberto, no la madre.

-Bueno, bueno, ya estamos aquí.

-Pero ¿qué nos trae?

-Les he preparado una degustación de los platos que van a componer

el menú del restaurante, me gustaría saber su opinión.

A ver si les gusta.

-Agradecidas.

Pero con el café apañan más unos churros.

-Anda. -Les puedo poner

una copita de vino, para que les pasen mejor los platos.

-No, no hace falta,

a buen hambre no hay pan duro. Tiene todo muy buena pinta.

-Parece que nos ha puesto unos guisotes,

lo veo todo un poco basto.

-Ni caso, huele que alimenta.

-Será por las hierbas aromáticas que llevan.

-Ah, sí, me recuerda a los platos que hacía mi madre en el pueblo.

-Cabrahígo, ya lo conocerá.

Prueben, prueben, a ver qué les parece.

¿Lo han traído de parte del doctor Puerta?

-Sí lo estaba esperando.

-Pues por lo que le ha costado, no parece que traiga mucho remedio.

-Me da igual, si con esto recupero la voz, bien gastado está el dinero.

-Tenga cuidado al tomarlo y no lo derrame,

que cada gota puede valer dos pesetas.

-Voy a poner todo el cuidado del mundo,

que la actuación es en una semana y no me puedo presentar

ante mi público cantando como un carretero.

-Vengo que no me llega la camisa al cuerpo,

toda la ciudad está empapelada con los carteles de tu actuación.

-Como que va a ser el acontecimiento del año,

no se habla de otra cosa,

desde el mercado hasta la salida de la iglesia.

-¿Qué vamos a hacer si no recupero la voz?

-Eso ni lo digas,

que en unos días vas a tener la voz cristalina

y vas a cantar como un canario.

-Ya puede funcionar esto.

-¡Claro que sí!

¿No dijo el doctor Puerta

que lo de aclarar la voz era pan comido para su medicina?

-Tengo que enjuagarme con el tónico

y hacer gárgaras tres veces al día.

-Ea, pues no lo dejes, cuanto antes empieces, antes notarás la mejoría.

-Me pongo a ello, que pa mañana es tarde.

-¿Usted cree que eso va a servir de algo en tan poco tiempo?

-No tengo ni idea,

pero debemos ser positivos y confiar en el médico.

-Para mí que eso es mucho confiar,

que lo de la señora es muy gordo.

-No nos queda otra que esperar que funcione.

Mira, si la señora no actúa en condiciones,

ya nos podemos ir preparando, ¿eh? Que va a caer

en un pozo de negrura de los nervios.

Monchito, en cuanto tengas un diente, te doy una fabada.

-¿Qué tal, les ha gustado? Veo que han dejado muy poquito.

Esto está riquísimo.

Los callos buenísimos, y la fabada, pa caerse pa atrás.

-Lo que yo decía, comida de pueblo.

-De pueblo y lo que quiera,

pero se ha puesto como el Quico, que ha arrebañao.

-Me alegra que les haya gustado.

-Está todo muy rico. Quién lo iba a decir.

Me va a tener usted de clienta.

Cada plato estaba mejor que el anterior.

Porque está mal visto, si no, diría que estaba para chuparse los dedos.

-Enhorabuena por sus platos.

-Bueno, viendo que les gusta,

les voy a preparar un guiso para que merienden todas las tardes.

-Agradecida.

A estas horas soy más de chocolate con porras.

Pero si es gratis, no pongo ninguna objeción.

(RÍEN)

Da gusto tener unas clientas tan alegres

y tan elegantes.

Ese tocado que lleva le queda divino.

-Bueno, sí, uno de los trapitos que tengo.

-Le queda divinamente.

Claro, que a las jóvenes, todo les queda bien.

Si me perdonan, tengo faena dentro.

Gracias. -A usted.

-Buenas tardes, Felicia. -Buenas tardes.

La verdad es que esta Sabina me resulta encantadora.

Para mí que hemos salido ganando con el cambio...

-Buenas, Felicia. -¡Ah! Buenas.

Me alegro de verla, Felicia.

¿Cómo es que no estaba con sus amistades?

-No tengo humor para hablar con nadie,

tengo demasiados problemas en mi casa.

-Es una lástima que cargue con ellos usted sola.

-No me queda otra.

Por cierto,

quería felicitarla por lo bien que se ha ganado a las señoras.

La estaba observando y he visto que se desenvolvía con ellas

con mucha gracia y naturalidad.

-Tengo que cuidar a mis futuras clientas.

-No lo hace mal.

Créame, si se mete en el bolsillo a doña Rosina y Susana,

que ya la conocerá, lo tiene todo hecho en este barrio.

-Le agradezco sus consejos.

-Si me lo permite, le voy a dar uno más,...

he observado el aspecto de sus platos

y, a aunque deben estar buenísimos,

le recomendaría que tuviera una carta más refinada,

así se ganará a los clientes más exclusivos.

-Lo tendré muy en cuenta.

¿Y usted, cómo se siente?

¿Le apena haberse deshecho del restaurante?

-No, no, creo que es lo que tenía que hacer.

Además, estoy satisfecha porque ha caído en muy buenas manos.

¿Y ya ha pensado lo que va a hacer con el dinero?

-No lo sé.

Lo que necesito en este momento no se puede comprar.

-Bueno, le voy a traer un chocolate,

a ver si le endulzo la tarde. Convida la casa.

-Gracias, es usted muy amable.

-Siéntese, siéntese.

Lolita,... ¿sucede algo?

Na, que me he enterao que estaba por aquí

y le he traído unos melocotones pa don Felipe.

Muchas gracias, se los daré en cuando tenga apetito.

Eso será pronto.

Le encantan los melocotones así,

lo sé de cuando trabajaba pa él.

Seguro que los come con gusto.

Se los hubiera llevado yo,

pero como ahora no puede ver a los Palacios, me toca aguantarme.

Lamento que tu familia tenga que pasar otra vez por todo eso.

¿Cuándo le van a aclarar la verdad?

Lo haremos cuando llegue el momento oportuno,

pero todavía hay que tener paciencia.

Espero que sea pronto, que don Ramón está en un sinvivir

con tener que volver a cargar con la muerte de Celia,

aunque sea a ojos de Felipe. Ya.

Lo tendré muy en cuenta.

Por cierto,

no la he felicitado por el éxito de su marido en las elecciones.

Muchas gracias, estamos todos muy ilusionaos.

No es para menos.

En fin...

Buenas noches, Lolita.

Buenas noches.

Genoveva.

¿Tiene un momento?

Liberto.

Sí, claro, pase.

Quiero hablar con usted sobre don Felipe.

Quisiera saber qué va a ocurrir cuando salga del hospital.

No tiene de qué preocuparse,

he decidido hacerme cargo de todos sus cuidados.

Me ocuparé de todo.

Tal vez no sea buena idea.

¿Qué objeciones tiene?

Son obvias.

Si Felipe recupera la memoria,

no le agradará saber que ha vuelto con la mujer

con la que tenía una relación tan convulsa.

Sí, yo también he pensado en ello, pero he decidido correr ese riesgo.

No sabemos si recordará algún día,

y yo voy a cuidarle como se merece.

¿A pesar de todo lo que ha ocurrido?

Le he perdonado todas sus afrentas,

verle tan desvalido me ha conmovido profundamente.

Claro.

Pero yo pensaba que, tal vez, deberíamos hablar con Tano.

A fin de cuentas, es su hijo.

Y yo su legítima esposa, no lo olvide.

Es a mí a quien corresponde tomar esa decisión.

No estoy de acuerdo. Me parece una aberración

no tener en cuenta lo que ha pasado entre ustedes.

Eso pertenece al pasado,

lo que tenemos que hacer es lo que sea mejor para mi esposo.

Estoy de acuerdo,

pero dígame, ¿le corresponde a usted tomar esa decisión

Desde luego,

así lo pienso yo y los médicos, no lo olvide.

Pero eso no es... Don Liberto,...

esta conversación ha terminado.

Le agradezco que se preocupe por mi esposo,

pero se hace tarde y debo volver al hospital.

Le acompaño a la puerta. No se moleste.

(Liberto cierra la puerta)

Ya podía yo estar buscándote, hijo.

¿Qué haces aquí?

Me ha dicho Lolita que ha probado los guisos

y que estaban para chuparse los dedos.

-Y entiendo que has decidido probarlos por ti mismo.

-Entiende bien, sí.

-Nos esperan para cenar, ¿vas a tener hambre después de esto?

-Yo creo que sí, sí voy a tener hambre.

He pasado una semana algo compleja

por culpa del hierbajo ese de Cabrahígo, y ahora,

tengo un hambre feroz.

-Ya veo.

-He conocido al nieto de los dueños del restaurante,

un tal Miguel Olmedo.

-¿Ah, sí? -Sí.

-¿Y va a ayudar en el restaurante?

-Es abogado, está buscando trabajo.

Es un joven de lo más avispado,

no me extrañaría que en el futuro fuera un elemento de gran valor

en nuestra comunidad.

-Estaré atento, a ver si encuentro un trabajo que esté a su altura.

-Tampoco creo que le urja mucho.

Al parecer, se ha enamorado de una joven atractiva del barrio,

así que, a lo mejor no le importa estar una temporada

en este restaurante. -Dichosa juventud.

Más le valdría invitarla a una cita,

a ver si va a perder un empleo por unas faldas.

-Ni siquiera conoce el nombre de esas faldas.

Bueno, ha sido una conversación de lo más interesante.

Y... él había escuchado hablar de mí.

-Espero que bien.

-Ahora soy diputado,

me ha dicho que era un honor tenerme en el restaurante.

-Antoñito...

-Padre, ya sabe que mi vocación es servir a los vecinos.

Yo le he dado la bienvenida al barrio,

él me ha dado las gracias

y le he dicho que cuente conmigo en un futuro.

-Me parece bien que ayudes a tus vecinos

en lo que esté al alcance de tu mano,

siempre dentro de la ley. -Quizá...

promueva un decreto que obligue a las mujeres a decirle su nombre,

y así me gano su voto.

A lo mejor, en el futuro, se tiene que dirigir a mí

como a presidente del Gobierno.

No me extrañaría que me dieran un ministerio

en esta legislatura.

-Nos están esperando para cenar, ¿me acompañas o no?

-Sí. Vamos, vamos.

-¿No vas a pagar todo esto?

-No, Miguel lo ha dejado todo pagado.

Le interesa tener amigos en las altas esferas.

Como es la política, padre,

tengo un compañero, que dice que su sastre no le cobra.

Como él luce el traje en la prensa...

Él le va a pagar, y el sastre dice: "No, no te cobro".

(Suenan las campanas)

Buenas, don José. Adelante. -Liberto.

Tienen que estar contentos, ¿no?

El productor ha llenado la ciudad con carteles de Bellita.

-Sí, no podemos tener queja,

se ha empleado a fondo con los anuncios.

¿Y Bellita, cómo está? Hace días que no la veo.

-Ya sabe como son los artistas,

no para de ensayar, no pierde ni un minuto.

Su único deseo es que el recital sea un éxito.

-Pues no se la escucha cantar.

-Es que canta bajito, para no molestar.

-Muy considerado de su parte, pero dígale que no se reprima,

siempre es un honor escucharla,

aunque sea por el patio de la vecindad.

-Es muy amable.

(Puerta)

-Siéntese, don José, por favor.

Buenas, don Ramón, pase.

Gracias por venir a esta hora tan temprana.

-A usted.

Supongo por la premura de la cita,

que ha de ser algo de suma importancia.

-Así es.

Siéntense.

Ayer estuve hablando con Genoveva

y, la verdad, salí de su casa muy desasosegado.

Pretende llevarse a Felipe a su casa.

¿Qué les parece? -No sé qué pensar,

por un lado me sorprende, pero...

por otro, es un acto de generosidad por parte de Genoveva.

-Tal vez, ella haya dejado atrás todo lo que le ocurrió con Felipe

y quiera ayudarle por piedad.

-Siento decirlo, pero creo que pecan de ingenuos.

Si Felipe fuera consciente,

aborrecería la compañía de Genoveva, -¿Y si Genoveva ha cambiado?

-Tal vez deberíamos darle un voto de confianza.

-Una mujer así nunca cambia, lleva la maldad debajo de la piel.

-Felipe cometió grandes errores con ella.

-Pero esa no es razón para que le dejemos a su merced.

Si no nos negamos,

le estamos dando la oportunidad de manipular a Felipe a su antojo.

-Esa es su opinión,

pero Genoveva no parece la misma de antes.

-Por el amor de Dios, no se deje engañar.

Y usted no se deje llevar por sus sentimientos.

-Tengamos calma y analicemos la situación fríamente.

Tenemos que ver el lado bueno de este asunto.

-No creo que lo haya.

-Piénselo bien,

mientras don Felipe esté convaleciente,

estará bien cuidado por su esposa,

y si un día recupera la memoria, él decidirá si sigue a su lado

o se marcha.

-Lo siento mucho, pero no me convencen.

Genoveva no goza de mi confianza.

Ustedes pueden hacer lo que les parezca más conveniente, pero...

yo voy a estar pendiente de ella.

Y sobre todo, mantenga bien atrancada

la puerta de atrás del restaurante, que hay mucho mangante suelto.

-Me está metiendo miedo, ¿tan peligroso es el barrio?

-No, no lo es, y menos, estando yo de vigilante,

pero después del robo en el 38, hay que estar atentos.

-Al menos, pudo atrapar al caco,

me tranquiliza saber que estamos en buenas manos.

-Sí, estuve despierto y con gran resolución.

Otro menos bragado que yo, hubiera escondido la cabeza

y el delincuente se habría salido con la suya,

pero uno ya tiene experiencia en el barrio...

-Pues no le entretengo más.

Su puesto está en la calle y no quiero ser el culpable

de que algún delincuente se aproveche de que no está pendiente.

-Tiene razón, no puedo despistarme ni un momento.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Qué le ocurre? ¿No le agrada nuestro café?

¿Traigo otra bebida?

-No, no, es usted muy amable.

No se apure, el café es excelente.

Mis problemas son de otra índole.

-Si me permite opinar,...

me da que sus cuitas han de ser por negocios o por amor.

-No anda usted desencaminado.

Eso es lo que me aqueja y lo que me está derrotando.

-Si permite el consejo de un viejo,...

no se deje vencer nunca en esos lances,

rendirse no es una opción.

-¿Ni siquiera cuando uno es rechazado una y otra vez?

Y lo que es peor, por un amor de juventud.

-No quiero resultarle pesado,

pero si consiguió conquistarla una vez, tal vez vuelva a lograrlo.

-No.

Y dice usted que es un amor de juventud...

Debe de conocer muy bien a esa dama.

¿Por qué no se exprime la sesera

y piensa en aquello que hizo para conquistarla?

Tal vez así pueda enamorarla de nuevo.

-Eh...

Puede ser buena idea.

¿Sabe?

Sus consejos son tan sabios como el café.

-Estamos para servirle, caballero.

Roberto Olmedo.

-Marcos Bacigalupe.

Encantado. -Encantado.

Servando, recuerde que mañana viene el proveedor de café

y hay que pedirle más cantidad,

que con el pedido de siempre vamos justos.

Lo que usted ordene, su majestad.

¿Qué majestad ni majestad?

Ah, y no olvide arreglar el pomo de la puerta seis,

que ya se han quejado varios clientes.

Lo que mande su majestad.

Si su majestad me quiere hacer ministro, o gobernador,

no seré yo quien lo niegue. De verdad, majestad...

¡¿Qué majestad ni qué majestad?!

¡Baje ya a la tierra, hombre!

Con tal de no trabajar, hace lo que sea.

Déjese de fabulaciones.

Dentro de muy poco me voy a convertir en la mano derecha

de su majestad.

Ya me lo estoy imaginando, el rey y yo.

¿Qué rey ni que rey?

El de bastos tendría que venir aquí pa que usted trabaje.

Y no se preocupe, que ya me ocuparé yo de llenar la pensión

de duques, de condes y marqueses.

¡Calle ya! ¡Espabílese de una vez!

Pa mí que todo esto tiene que ver con esa simpleza de asociación.

De simpleza nada, que la asociación es muy seria.

No lo será tanto cuando está usted de presidente.

Ande, déjese de zarandajas y vaya a cambiar las sábanas sucias

de las habitaciones, que buena falta les hace, venga.

Hay que ver lo poco que se me valora en esta casa.

Siempre soy el último mono. (CHISTA)

(FABIANA SUSPIRA)

¿Pone algo de que el señor Palacios va a ser diputado?

-No, habla mucho de la composición de las Cortes, pero no,

no lo nombra.

-Ahora le tocará ir al Congreso de los Diputados, ¿no?

-Sí, claro, es lo normal cuando se ganan unas elecciones.

-Supongo que dejarán de llamarle Antoñito,

es poco formal para una persona tan importante.

¿No cree?

-La verdad es que me importa muy poco.

Prefiero estar alejado de la política.

-Debería importarle,

lo que esos hombres deciden son las leyes que nos rigen a todos.

-Tengo cosas de más enjundia en mi cabeza.

-¿Puedo preguntar cuáles son? -Sí.

Verás, Anabel,

estoy reconsiderando muy seriamente

lo que te comenté de regresar a México.

-¿Y qué opina al respecto?

-He decidido que una vez superado el rechazo de Felicia,

que sí, que debemos continuar en España.

-Me parece muy bien.

Ya me he encariñado con las costumbres españolas

y no me agrada volver.

-Todos contentos.

-Espere, padre.

¿Este cambio de planes tiene que ver con Felicia?

-No. Es por lo revuelta que está la situación allí.

Aquello es un avispero en el que no tiene sentido que nos metamos.

-Eso no le importaba antes. ¿Está siendo sincero conmigo?

-Es por eso y porque creo que quiero darme otra oportunidad

y... continuar con mi empeño de reconquistar a Felicia.

No voy a tirar la toalla.

Si quiero quedarme aquí, tendré que ayudarle a reconquistarla.

Aunque me pese.

Mis primos se han apañao pa ir a Barcelona.

-Es un gesto la mar de bonito y de admirar

que todos tus primos quieran despedirse de tu tío.

-¡Quía!

Lo único que quieren es ir a ver qué trincan de la herencia.

A las buenas, Fabiana. -A las buenas.

-Pa mí que eres la única que quiere personarse allí

pa acompaña al Fulgencio en tan triste momento,

y sin pensar en lo que puedes sacar de interés.

-Y mira por donde, voy a ser la única que se quede en tierra.

-Alegra esa cara, mujer, lo que cuenta es la intención.

-Si no puedes ir, no es culpa tuya.

-Ya lo sé, pero me joroba igual.

No voy a poder despedirme de mi tío.

Me voy pa el quiosco.

-Te acompaño, que quiero comprar unas flores.

Os dejo al cuidado de la recepción un segundo.

Pa chasco que sí.

Un segundo y lo que haga falta, vaya tranquila.

-Agradecía, hija.

-(BOSTEZA)

-¿Y tú qué? No haces más que bostezar y arrastrar los pies.

¿Por qué estás tan cansao?

-No sé de qué hablas, estoy como siempre.

-Si te caes por las esquinas, tú no duermes lo suficiente.

Jacinto,

¿no te estarás yendo de pingos? ¿Tienes problemas con la Marcelina?

-No, con ella todo va como la seda.

-Ya veo. Pues tendrás la gripe o algo así.

-Está bien, pa ti la perra chica.

Estoy cansao porque no duermo,

me paso las noches cargando cajas en un almacén

sin que lo sepa Marcelina.

-¿Y cómo lo haces?

-Muy sencillo.

Marcelina se duerme como un ceporro y no se entera de na,

cuando llego por la mañana,

la despierto y ella se cree que ya me he vestido.

No duermo ni un poco, pero me saca unos cuartos.

-Pobre... ¿Tan mal estás de dinero?

-Tan mal como siempre.

Lo hago pa pagarle el viaje a Marcelina y que vea a su tío.

¿Tan caro es?

-A ver, suma:

viaje de tren ida y vuelta, porque quiero que vuelva,

habitación en una pensión y comidas,

por que tiene que comer,

y pa terminar, una sustituta pa el quiosco, pa no dejarlo solo.

Te pones a sumar... y un capital.

Pero no llores, que no te voy a pedir dinero.

-Que no estoy llorando, que me he emocionao.

Lo que quieres a Marcelina, primo.

To lo que tienes de borrico lo tienes de bueno.

-Iepa-ia...

-Iepa-ia.

(Pasos)

¿Cómo ha pasado la mañana?

Triste... sin su compañía.

No le creo, estaba muy entretenido leyendo.

Revisando viejos poemas.

Es curioso que recuerde lo que leí hace 10 años

y...

no recuerde lo que pasó hace unas semanas.

¿No ha recordado nada más?

No.

Tan solo me viene a la mente una imagen,

esa cortina movida por el viento.

No se apure por eso. Traigo buenas noticias.

Los médicos me han comentado que muy pronto va a recibir el alta.

Es una gran noticia.

¿Eso significa que...

dejaré de verla?

No.

De hecho, he pensado que, si le parece bien,

me gustaría seguir ocupándome de su recuperación.

Claro que me parece bien.

¿Cómo me voy a negar a que una mujer como usted

se encargue de mis cuidados?

Aunque no quiero ser un estorbo,

según me ha dicho,

solo somos amigos.

Razón suficiente para que le cuide.

Pero yo vivía solo en mi casa cuando me di el golpe.

Sí, así era.

Entonces será mejor que me instale allí.

Usted podrá visitarme siempre que quiera.

¿Le parece oportuno? No, no del todo.

Tengo otros planes para usted.

No estará pensado llevarme a su casa, sería un escándalo.

No, no son esos mis planes.

Usted necesita mucho descanso,

por eso, le he conseguido una habitación en un balneario

donde podrá reposar.

No me parece buena idea.

Estoy cansado de tanta inactividad.

Sea bueno y hágalo por mí,

solo serán unos días.

Yo no veo tan mal que Genoveva cuide de Felipe

hasta que recupere la memoria.

A ver qué opina Felipe cuando sepa con quien está y lo que ha hecho,

no creo que le haga mucha gracia.

¿Y Liberto qué piensa?

-Está empeñado en que deberíamos de impedirlo.

-Sí que es raro, teniendo en cuenta lo que han pasao...

Pero parece que Genoveva quiere a su esposo.

-Esperemos que se recupere pronto y se resuelva este entuerto.

-Sí, por él y por lo que a nosotros nos toca.

Es una gaita que vuelva a verle como un enemigo.

-No queda otra que tomárnoslo con resignación.

Ya está aquí.

-Buenas. ¿Quién quiere brindar conmigo?

Traigo champagne del bueno.

-Baja la voz, que se despierta el nene.

-No quiero, que sepa que tiene que compartir a su padre,

ahora también voy a ser padre de la patria.

-Me parece muy bien, pero luego lo duermes tú.

-Lo acepto.

Vengo de hablar con los compañeros de partido,

y todos se muestran muy optimistas.

Con nosotros en el gobierno van a venir grandes cambios.

-No será para tanto.

Las cosas serán más o menos como siempre,

que a los conservadores se os pasan muy rápido los ánimos.

-¿No será que le escuece un poco lo que ha pasado en la urnas?

No, no te equivoques, no me duele no haber ganado,

me molesta que hayáis ganado vosotros.

-Al menos, ¿brindará conmigo?

-Por supuesto, no tengo tan mal perder.

¡Toma ya! -Uy.

Hala, ya lo has conseguido, ya está al niño berreando.

-Cariño... -Se tendrá que ir acostumbrando,

que a partir de ahora, se va a brindar todas las tardes.

-Mucho gasto me parece ese.

-Soy diputado, me puedo permitir esto y mucho más.

Me voy a por unas copas.

-(EXHALA)

Señorita Anabel.

-Buenas tardes, Marcelina. ¿Qué se le ofrece?

-Tan solo comentarle una cosa. ¿Tiene mucha prisa?

Iba a dar un paseo, tranquila.

-Pues verá, el caso es que esta mañana,

el nieto de los Olmedo, los nuevos vecinos...

No sé si ha tenido el gusto de conocerles.

-¿Qué ocurre con Miguel Olmedo?

-Es que esta mañana se ha acercao a comprar la prensa

y me ha preguntado por usté.

-¿Por mí? -Eso es.

Según él, tiene una deuda pendiente que tiene que saldar con usted

y no sabe dónde encontrarla.

-No recuerdo haberle prestado dinero

ni nada del estilo.

-Eso me barruntaba yo,

pero al parecer, lo que le debe usté es su nombre.

O eso ha dicho.

No me he enterao muy bien de lo que ha dicho.

En fin, que quería que yo se lo dijera.

-No pensaba que un asunto tan banal podría hacerle sufrir tanto.

-Una tortura se le hacía no saber su nombre.

-Cómo les gusta exagerar a los hombres.

-Pero sepa que yo no le dije ni mu,

que a una no le gusta meterse en asuntos ajenos.

Y mire que insistió.

-Ha hecho bien.

¿No quería nada más?

-Ay, pues... nada importante.

Le ha alabado a usted...

Ha dicho que nunca había visto a una mujer tan bella,

ni aquí ni en París.

Al parecer, el muchacho estudió allí.

-Seguro que miente, pero no me importa.

-Pues no le digo yo que no,

a lo mejor lo dijo pa ablandarme y que le dijera su nombre.

-¿Le dijo algo más?

-Y tanto, también dijo que estaba deseando charlar con usted.

Y que no había nada más importante en el mundo para él

que pasar un momento a su lado.

-¿Le confieso algo?

Me gusta lo directo que es. Tengo sangre tropical

y no soporto los rodeos que dan por aquí.

-La verdad es que el muchacho me dio un poco de pena,

estaba desolao por no haberla encontrao.

-Bueno, muchas gracias, Marcelina.

A más ver. -A más ver.

Quizá haya llegado el momento de saldar mi deuda

y compensarle por la espera.

Pobre don Felipe,

todos los del altillo andan muy preocupados por él.

-Es natural, la mayoría hace muchos años que le conocen.

-Eso de perder la mitad de la memoria es un horror.

Si tuviese que pasar por eso,

preferiría perderla entera,

así no me acordaría de lo que he olvidado y lo que no.

-Menudas ocurrencias tienes.

Eso no se puede elegir.

¿La señora sigue en su cuarto?

-Sigue haciendo gárgaras con el tónico que le mandó el doctor.

-¿Otra vez está? Lleva ya...

por lo menos seis veces.

-Eso como poco, lo va a gastar de una sentada.

-Muy contenta vienes. ¿Qué te ocurre?

-Hace días que no la veía tan radiante.

-Este tónico es mano de santo,

se me está pasando la ronquera.

-Sí, se te escucha mejor.

-Y tanto, ya no sueno tan grave.

Más bien diría que todo lo contrario,

se me empieza a aflojar la voz como si me hubiera resfriado.

-A ver si va a ser peor el remedio que la enfermedad

y va a pasar de la ronquera a la afonía.

-Calla, no digas esas cosas, a ver si me vas a gafar la mejoría.

-No la reprendas.

Puede ser que estés exagerando el tratamiento y eso te ablande la voz.

-En la nota ponía que tenía que hacer gárgaras tres veces al día

y lleva, por lo menos, el doble.

-Cuanta más medicina tome mejor, antes me curaré.

-A ver si te va a pasar como con los emplastes,

que abusaste y el remedido se volvió en tu contra.

-¿No estarás comparando la medicina del ilustre doctor Puerta

con el ungüento del cabrahiguense? -No, no, no, no,

esto es mucho más caro,

a dónde va a parar.

Sigue las indicaciones y no te excedas con las dosis.

-Está bien, me lo tomaré tres veces al día.

¿Contentos? -Sí, mucho mejor.

Si tanto confías en el doctor,

tendrás que seguir sus indicaciones.

-Descuida, que voy a hacerlo al pie de la letra.

-Me gusta lo sensata que eres... cuando te da la gana.

Me voy a comprar el diario de la tarde, enseguida vuelvo.

Sea bienvenido, don Armando, siempre me alegran sus visitas.

-¿Está su esposa en casa?

-No, dijo que iba a la iglesia a rezar,

pero sé que se ha marchado de compras.

¿Por qué lo pregunta?

-Tengo que contarle algo delicado y prefiero que ella no lo sepa.

-Puede contármelo con total confianza,

cuenta con mi discreción.

-Se trata de su tía.

Susana va a tener unos meses muy duros por delante.

-¿Por qué?

¿Ha sucedido algo entre ustedes? ¿Han discutido?

-No, nada de eso, seguimos enamorados como dos chiquillos.

-Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Está enfermo?

-Gozo de muy buena salud,

tanto que he recibido un encargo del gobierno.

Es un asunto confidencial que me va a obligar a abandonar el país.

Por eso, vengo a rogarle

a Rosina y a usted, que estén muy pendientes de Susana.

-Cuente con ello.

Susana es mi tía y la mejor amiga de Rosina,

no será un esfuerzo atenderla.

¿Ella está al tanto de esto?

-No, no puedo darle explicaciones.

-Imagino que tiene que ver con la tensión

que hay en nuestro continente.

No va a tardar mucho en haber una guerra en Europa.

-Así es. De ahí, lo confidencial de mi misión,

y no puedo decirle a usted nada más.

Y mucho menos a mi esposa, cuanto menos sepa, más protegida estará.

Tiene que guardar silencio absoluto.

(Puerta)

-Buenas.

Venía a buscar a Rosina. ¿No está en casa?

-Sí. No, ha salido, no sé cuándo regresará.

-Bueno, no importa,

ya que estamos los tres, podíamos salir a tomar un café.

-Bien que me gustaría, pero tengo una reunión en el Ateneo.

Nos vemos más tarde.

Con Dios. -Con Dios.

-¿Qué le pasa a mi marido?

¿De qué estabais hablando?

De esto y de aquello, de deportes,

de las elecciones. -¿Me has tomado por tonta?

Se os veía muy serios

para estar teniendo una charla insustancial.

¿De qué estabais hablando?

-Créame, tía, de nada de enjundia.

Te agradezco que hayas venido a cenar conmigo,

me hace bien tener compañía.

-Tratar de animarte es lo que me corresponde como amiga.

Además, tengo dos cosas que contarte,

una de ellas me ha puesto de muy buen humor.

-Me parece perfecto, estoy necesitada de buenas noticias.

-Cuéntame cómo ha ido tu día. Te veo más sosegada.

-Sí, lo cierto es que me siento más calmada.

Ha venido a visitarme el marqués de Pontones

y ha insistido en que acepte la herencia que me corresponde.

-Debes hacerlo, sin duda, eres la legítima heredera de Ildefonso.

-Eso ya me lo pensaré más tarde.

Ahora, cuéntame esas noticias que traes.

-¿Recuerdas que te hablé de un joven que me confundió con una tal Cocó?

-Sí.

-He descubierto que se llama Miguel Olmedo,

es nieto de los nuevos propietarios del restaurante...

Besa muy bien.

-¿Ya te ha besado?

-No, más bien, le he besado yo.

Es evidente que está loco por mí.

No me desagrada lo más mínimo, y he tomado la iniciativa.

Le lleve a un lugar apartado

y le planté un beso de los de órdago.

-Eso es muy atrevido.

-Es posible,

pero los cortejos en España son muy largos, un tostón,

así que he tirado por la calle del medio.

-Desde luego, no te falta desparpajo.

Me alegro por ti.

Ya veremos cómo va el asunto. De momento, va bien,

Miguel parece ser un encanto.

-¿Qué otra cosa ibas a contarme?

-Se trata de mi padre y tu madre.

-No tengo ganas de hablar de ella, Anabel.

-Tienes que hacer un poder,

mi padre está decidido a seguir cortejando a Felicia.

Creo que nosotras tenemos que hacer algo al respecto.

-¿A qué te refieres?

He venido lo antes que he podido.

He recibido tu recado citándome. ¿Qué ha sucedido?

Te pedí venir porque la situación está cambiando en el hospital.

¿Felipe ha recuperado la memoria?

Al contrario, ha empeorado gravemente.

Esta mañana ha tenido una crisis y ha quedado inconsciente.

Los médicos han tratado de reanimarle,

pero parece que se encuentra en una situación de gravedad extrema.

Pero ¿no estaba fuera de peligro?

Se ve que no.

Han encontrado que tiene un coágulo cerebral

causado por la herida que se hizo.

Entonces, ¿Felipe está moribundo?

Es cuestión de horas, no le han dado ninguna esperanza.

¿Cómo te sientes al saber que te vas a quedar viuda?

¿Te duele que tu marido vaya a dejar este mundo?

De ninguna manera.

Su muerte será una liberación para mí.

Ha llegado el momento que llevábamos tanto tiempo esperando.

Pensé que renunciarías a mí para volver con Felipe.

A veces hay que hacer lo que no nos gusta.

Quizá, esa capacidad tuya de centrarte en el objetivo

es lo que más me atrae de ti.

Por eso nos casaremos. Será un matrimonio cristiano.

Pero también una promesa de aunar fuerzas para un futuro brillante.

No cuentes conmigo para eso.

-Hija, eso, eso.

Lo dices como si fuera un pecado.

-Pecado no, pero sí una tontería.

Hemos visto que don Felipe no está en el hospital.

Cierto, ha terminado su tratamiento.

-Jacinto nos contó que le vio a usted volver anoche sin él.

Así es.

-Entonces, ¿no está aquí? No tienen de qué preocuparse.

Felipe pasará unos días en un balneario.

Puede que el doctor Puerta no sea tan listo como aparenta.

-Eso o que la señora se echa el tónico con desmesura.

-Alguna explicación tiene que tener que no mejore.

-¿Adónde va Servando tan emperingotao?

-Que sigue con sus tontás.

Como ahora es el presidente

de la Asociación de las Casas de Huéspedes...

-Se ha echado colonia.

-Está muy ilusionado con el carguillo.

El pueblo me elige, cree que soy apto para representarles,

pero mi padre me considera, ¿qué, un rapazuelo irresponsable?

-Te seré sincero,

los aires que te estás dando estos días,

los alardes y las baladronadas que te he escuchado,

no son propias de un diputado electo.

Javier Velasco ha regresado.

Era de suponer.

Pero se ha enterado de que su esbirro está en prisión

y no tardará en sacarlo. Lo pondrá a buscarme.

No dejes que dé contigo.

¿Tiene algo que hacer mañana?

-¿Desde cuándo te interesan mis andanzas?

-Es el cumpleaños de Camino y quiero que me acompañe.

Vamos, vamos, Rosina, como los mártires, como los mártires.

-(ROSINA GRITA)

Si vas al sanatorio, te dirán que Lorenza a salido a dar un paseo.

-¿Qué le ha hecho?

He venido, como me pidió.

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Acacias 38 - Capitulo 1274

29 jun 2020

Genoveva llega al hospital y teme que la conversación entre Felipe y Fabiana haya reavivado la memoria del enfermo. La señora cuenta a Liberto que va a hacerse cargo de su marido y hay disparidad de opiniones entre los vecinos ¿no sería lo correcto advertirle a Felipe de la verdad?
Bellita comienza a tomar el tónico del doctor Puerta, pero la mejoría inicial deriva en una flojera en su voz. Vuelve su preocupación.
Antoñito, en su recién estrenado cargo de diputado, se vanagloria frente a los vecinos. Ramón se muestra crítico con la actitud de su hijo.
Miguel, preocupado por la deriva que toma sus intentos de conquistar a Anabel se fía de los consejos de su abuelo. Pero la muchacha le deja claras sus intenciones cuando le besa amorosa.

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  1. Lilián Rosas

    Hola, desde 2015 veo Acacias desde Uruguay, y después de tanto tiempo de seguirlos me dicen que no está disponible en mi país por derechos de emisión, que pasó? Gran decepción!!

    02 jul 2020
  2. Marilu

    ¿ que pasó con la confesión de Anabel sobre su pasado, saltaron la escena o yo me la perdí? .- Respecto a lo dicho por Aleja, creyendo que PUEDA ser cierto, MAS QUE UNA PENA PARA NOSOTROS, SERIA UNA GRAN FALTA DE RESPETO HACIA NOSOTROS

    01 jul 2020
  3. Mariana

    Hola, se cancelaron los permisos para ver Acacias desde México?? que mal plan, llevo años viendo la serie.

    30 jun 2020
  4. Aleja

    Hola: Ayer empecé a ver, desde Bs As, el capitulo 1274. Por videollamadas escolares y reuniones via skipe de trabajo, lo dejé a la mitad. Hoy me dice "no esta disponible en tu país por cuestiones de derechos de emisión". Será porque el canal Mas Chic lo emite?. Durante años el canal empezaba la serie y llegado aproximadamente el capitulo 30, volvía a empezar. Fue gracias a eso que empecé a seguir a RTVE, para seguir "Acacias"....ahora el canal empezó a continuar la historia...pero no llega a la mitad de la misma!....Es lindo volver a ver a Maximiliano, Trini, Cayetana...hasta a Teresa...pero no se si tendré la paciencia de esperar a ver que ocurre con Genoveva y Felipe, si Antoñito hace carrera política, si Felicia se rinde ante Marcos y si llega algo de dinero al altillo por medio de la herencia del tio de Marcelina. Confio en que Bellita recuperará la voz y Susana se enterará por fin que misión tiene su marido. Solo me queda decir que es una pena nos dejen sin su compania. Saludos

    30 jun 2020