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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1273 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué interés puede tener alguien en su muerte?

Con el fin de desposar a su viuda. Velasco.

Baja esa pistola.

Tenemos que hablar, pero sin armas.

Marcos,... no voy a casarme contigo.

Lo he valorado, y desposarme no entra en mis planes.

-Con el dinero obtenido por la venta del restaurante,

he pensado volver a mi tierra.

Me estableceré allí para encarar un futuro en paz conmigo misma

y libre de trabas.

-¿Y si se está fraguando el matrimonio

que nos una como en hermanastras? -Me encantaría

tenerte como familia,

aunque dudo que consigas soportar a mi madre como madrastra.

-Yo también puedo ser una hijastra terrible.

-Quizás, lo que mejor le vendría...

a mi madre ahora, sería una hijastra terrible como tú.

-¿De quién es? -De mi tío Fulgencio.

-¿Qué dice?

-Quiere reunir a toda la familia antes de morirse.

Se ve que no sabe a quién dejarle la herencia.

-¿Y os convoca a todos en el pueblo? -No, en la mismísima Barcelona.

-¿Y qué vas a hacer?

-Lo propio sería ir y despedirme,

pero no puedo dejar el quiosco.

Pensaba que Armando se había retirado de la diplomacia.

Uno no se retira así como así,

sabedor de tantos secretos de estado.

¿Qué te inquieta tanto?

-No me inquieta, Rosina,

me angustian los peligros que conllevan las misiones diplomáticas.

-¡No pienso volver a México de ninguna de las maneras!

¿Ha olvidado por qué salimos de allí?

-No lo he olvidado, Anabel.

Todo lo contrario,

lo tengo presente cada día más.

Van a abrir una sucursal bancaria aquí al lado.

-¿Un banco aquí cerca? Parece una buena noticia.

-Lo es, sin ninguna duda.

Y respecto a su restaurante, clientes no le van a faltar.

-"¿Qué ha pasado?".

-Según el doctor, la señora sufre un episodio de agotamiento.

-Pero eso se cura con descanso, ¿no?

-¿Cómo voy a estar callada tanto tiempo?

-¿Cómo? -Es agotamiento de la voz.

Bellita la ha forzado mucho durante su vida y se está resistiendo.

¿Qué pasa? ¿No se alegra por mí o qué?

-Creo que estás pecando de vanidoso,

y no me gusta que alardees de esa manera.

¡Antonio, hijo!

Ildefonso era un chico sensible y bueno,

y yo le aboqué a la muerte.

Y usted también. La culpa me ahoga.

Me ahoga tanto que,...

que he llegado a pensar si...

no sería mejor correr yo esa misma suerte

y abandonar pronto un mundo que me hace profundamente infeliz.

Me encargó que envenenara a Felipe.

No pude hacerlo, por eso me ordenó que volviera y lo matara.

Y lo hubieras hecho, de no haber entrado yo para impedirlo.

Amenazó a mi hermana pequeña con hacerle daño.

Entiéndame, no tenía escapatoria.

El que no va a tener escapatoria es Javier Velasco.

Ese hombre ha firmado su propia sentencia.

¿Estás de acuerdo conmigo?

¿Marcharte de este mundo?

Ni pienses en cometer esa locura.

-De alguna forma debo purgar mis culpas.

-No digas eso.

No hay mayor pecado contra Dios que el que tienes en tu mente.

-Ildefonso era mi esposo, juré ante Dios cuidarlo,

y he fallado.

-No...

La culpa fue mía.

Yo te forcé a casarte con él. Pensé que era lo mejor para ti.

Era un hombre de buena familia,

apuesto,...

con un sentido del deber y del honor impecables.

Pensaba que él te podría salvar

y podrías así acatar las malditas normas sociales.

-No mienta, madre.

Usted solo pensaba en su dinero

y el de su familia, la familia de los Pontones.

-No se trataba de eso,

aunque también... había algo de razón en ello.

Sé lo que es vivir sin las necesidades cubiertas,

y no quería eso para ti.

-Pero era mi vida.

-Lo sé.

Me equivoqué,

pero lo hice con buena intención.

Quería salvarte de ti misma, quería lo mejor para ti.

-¿Y ahora, madre? ¿Qué hago ahora?

-Lo que sea,

lo que sea,

pero olvida esa idea de acabar tú misma con tu vida.

-Ildefonso lo hizo.

-Bueno, quizá solo fuera un accidente.

-¡Ni cuando decide sincerarse es usted sincera!

¡Todo lo manipula para que coincida con sus deseos!

-Solo quiero protegerte.

-¿No es capaz de escarmentada?

Apenas me quedan unos días para cumplir 21 años,

y cuando ese día llegue,

perderá cualquier mínimo resquicio de autoridad sobre mí.

Déjeme ya vivir.

-Sé que no tengo autoridad para ti, claro que lo sé.

Pero cuando te pido que no cometas errores

que no tiene solución, lo digo como una madre,

como una madre, como alguien que te quiere con locura

y desea lo mejor para ti.

-El momento de atender a sus consejos ya pasó.

-Por favor, Camino. -Ya pasó.

-Mi amor.

(FELICIA LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

¿No piensas lo mismo que yo?

¿No crees que Javier Velasco ha firmado su propia sentencia

al ordenar la muerte de Felipe, al amenazar a tu hermana Lorenza?

Claro que lo pienso,... pero tengo miedo.

¿De qué?

De su venganza si no se cumplen sus deseos,

del daño que pueda hacerle a mi hermana.

Yo sabré controlarlo.

Ha firmado su sentencia y debe ejecutarse.

Nadie es capaz de impedir que ese hombre malvado

destile su veneno. Confía en mí.

Ahora, que sé lo que pretende, no podrá esquivar su castigo.

Solo debemos adelantarnos a sus pasos.

¿Sabes algo de su viaje? Nada.

Supongo que quería estar fuera de la ciudad cuando Felipe muriera.

Es su manera de tener una coartada por si le fuera necesaria.

Es bien posible que inventara el viaje de negocios.

Como inventó lo del robo en su casa.

Estaba claro que tenía que haber sido él.

No puedo dejar que lleve la iniciativa,

debo adelantarme a sus planes.

Velasco pretendía que usted abandonara el hospital

y que Felipe se quedara sin protección.

Hay que reconocer que es un hombre hábil y precavido.

De no ser por Cesáreo, que retuvo a su esbirro,

habría dado resultado. Simple suerte del sereno.

No creo que sea consciente de lo que ha hecho.

Suerte, que va a ser útil para nosotras.

Ahora, Velasco está fuera y ha perdido a su esbirro,

la persona que tenía que comprobar el cumplimiento de sus órdenes.

Tenemos tiempo para poner en marcha nuestros planes.

Temo por mi hermana, señora. Si me haces caso,

si obedeces a todo lo que te voy a decir,

nunca más deberás temer por Lorenza.

Vamos a darle a Javier Velasco el golpe definitivo.

Solo tenemos que lograr que se confíe.

Laura, escúchame bien,

te voy a decir lo que vamos a hacer

para eliminar el peligro que supone ese hombre.

Aquí tiene, señor.

El doctor ha insistido en macharse a pie,

no ha querido ni oír hablar de que le pagase el transporte.

-Eso dice mucho y bueno del doctor.

Quédatelo para la compra.

¿Te importaría prepararle una tisana a la señora?

-Ahora mismo se la traigo, señor.

Antes de que cierren,

tengo que ir a la botica a encargar el preparado.

-Ay, Dios mío, qué mala suerte.

-Así han venido las cosas, y no queda otra que hacerles frente.

-¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?

-Vamos a ver,

es mejor que hables lo menos posible, chiquilla,

solo lo imprescindible. Ya has oído al doctor:

"desgaste de las cuerdas vocales".

-Pa mí es como si me dicen que me muero. Mi voz es mi vida.

-Si hay que ir a especialistas, iremos,

en España o fuera, que tú no te quedas sin voz, reina mía.

Que no hay otra voz más bonita.

-Uy, qué cabeza la mía, el doctor me ha dado la receta.

-Voy a la botica

a pedirle al boticario que lo prepare,

a ver si lo tiene pa mañana. -¿Quiere que me acerque yo?

-Ah, pues mira, sí, muchas gracias.

Así me quedo yo con la señora y le hago compañía.

-¿Le puedo hacer una pregunta?

-Sí.

-Es que he escuchado al doctor que si cuerdas vocales para acá,

cuerdas vocales para allá, y no sé...

¿Qué son las cuerdas vocales?

-A ver, yo no soy médico, pero son una especie de cuerdas

que pasan por la garganta y que vibran para que salga la voz.

-¿Cómo las de una guitarra?

-Poco más o menos, por eso se llaman así.

Pero yo no creo que tengan forma de cuerda,

es una forma de llamarlas. -Qué cosas.

Y eso dentro de la garganta... Si es que estamos vivos de milagro.

-Anda, ve a la botica y déjate de filosofías.

-No tardo.

-Qué desgracia más grande.

Cuando pensaba que iba a volver a llenar los teatros...

Me ha castigado Dios por mi vanidad.

-Qué vanidad ni que nada.

Tú seguirás llenando teatros.

Ya lo verás.

Esto es solo una prueba más que nos manda el Señor,

reina mía, y que vamos a superar,

como hemos hecho con todas, una detrás de otra.

-Señor... -¿No te has ido, muchacha?

-Me he encontrado con un mozo en el descansillo,

trae esto de parte de don Pepe Caro.

-¿Qué es, José?

Qué va a ser,

una muestra del cartel que anuncia tu actuación en su teatro.

-Ay, Dios mío, hay que anularla.

-(CHISTA) Ahora no vamos a hacer nada.

Esta noche pensamos lo que haya que hacer.

-Cuanto más tardemos, mayor es el ridículo.

-No vamos a precipitarnos.

-¡Un barranco para precipitarme es lo que me hace falta!

Ea, un caldito pa mi Antoñito,

que se va de vareta.

Que me caigo. -No tengo hambre, Lola.

-¿Me vas a obligar a dártelo como a tu hijo?

Que no tengo hambre, Lola, lo siento.

Entre las visitas al baño por la infusión del tío Aquilino

y los nervios de las elecciones, tengo el estómago cerrado.

-Venga, una por papá.

-Que no como por papá.

-Cariño, que tienes que comer.

Pues por el conde de Romamomes.

-Romanones.

Y no voy a comer por el conde de Romanones, era un liberalucho.

-Pues deja al conde de Romamomes. ¿Y por Moncho?

-Eso es jugar sucio.

-Tienes que comer. Por el tío Edmundo.

-¿Quién es el tío Edmundo? -El alcalde de Cabrahígo.

-Peor. Por culpa de ese pueblo estamos como estamos.

No tengo hambre.

-La infusión del Aquilino era para dar el discurso, y lo has dao.

Y el problema es que te has bebido dos litros, y eso...

-¿Y la diarrea, qué?

-El que algo quiere, algo le cuesta.

-Pero el Aquilino tenía que haber avisado de los efectos secundarios.

-Ni que fuéramos niños, que no sabemos que la vida es así.

Y se va a enfriar el caldo, tómatelo.

Hala.

-Nada, que no han salido todavía los resultados de las elecciones.

-No sé por qué están tardando tanto.

-Siempre tardan lo mismo, hijo.

Hay que contar los votos uno a uno,

pero como nos importa tanto el resultado...

-No sé a qué tanto nervio, si está claro que vas a salir diputao.

-No lo veo yo tan meridiano,

que el resultado puede estar muy ajustado.

-No me diga eso, padre.

-Es un cenizo, suegro.

-Yo digo lo que pienso.

Que en las pequeñas ciudades hay mucho voto conservador,

pero en las grandes, la cosa cambia.

-(RESOPLA)

-¿Y qué se cuenta la Carmen?

-Todavía nada.

Ya sabéis que se fue de urgencia a Bilbao para ver a su hijo.

-Yo le recuerdo como si fuera un chiquillo,

y ahora, con novia, en na se nos compromete.

Llamará en cuanto pueda.

Estará allí unos cuantos días, porque claro,

ella quiere conocer a su futura nuera además de ver a su hijo.

-Normal.

¿Qué opinas, Antoñito?

-¿Que qué pienso?

Que no voy a poder pegar ojo esta noche.

No me tenía que haber presentado, Lola, pues eso opino.

¡Y no me tomo la sopa, que no!

-(SUSPIRA)

Da gusto verle cenar, cualquiera diría que hace unos días

le costaba terminarse medio cazo de sopa.

Dos flanes como el de hoy me comería de buena gana.

¿Quiere que intente conseguirle uno?

A lo mejor, sobornando a una enfermera...

¿Sería capaz? Por supuesto.

Sobornar a una enfermera no es lo peor

que he hecho en la vida. Sería capaz hasta de robarlo

si supiera dónde están las cocinas.

Es usted peculiar,

muy arrojada.

No se crea, en el fondo soy muy convencional.

Ya me irá conociendo.

Eso espero,... conocerla mejor.

Y, con respecto al flan, mejor no tentar la suerte.

Si los médicos no han considerado dármelo para la cena,

sus motivos tendrían.

Yo arrojada y usted cauto,

buena pareja.

Me he librado de robar el postre en las cocinas,

pero el hecho de que le apetezca,

me hace pensar que se encuentra mejor.

Día a día voy mejorando, sí.

Pero...

con los cuidados que usted me prodiga, eso me apena.

¿Le apena mejorar? Me duele en el alma.

No quiero que me den el alta y...

dejar de contar con su presencia a mi vera.

¿Quién le ha dicho que se vaya a ver libre de mí?

No es lo que deseo, desde luego.

Aunque le confieso algo:

no dejo de forzar la memoria...

para ubicarla mejor en mi anterior vida.

¿Y lo consigue?

Son pocos los datos que usted me da.

Pura coquetería.

Nada agrada más a una mujer que ser un enigma para un hombre.

Un bello enigma, desde luego. ¿Siempre ha sido tan galán?

No lo sé, la verdad, no olvide que padezco de amnesia.

Mucho se aprovecha de la amnesia.

¿No recupera la memoria ni un poco?

Cosas sueltas. Por ejemplo, Jacinto,

le recuerdo de hace diez años,

pero entonces él no era portero de Acacias 38, era Servando.

Pero cuando le he visto,

he identificado que él era el portero del edificio.

No es mucho, no sé si es memoria o intuición.

Quizá sea una grieta por donde se van colando los recuerdos.

He recordado a mis amigos,

y he creído recordar en mi duermevela...

a Susana, la sastra.

Sí. Pero ya no es sastra.

Donde estaba su sastrería, se encuentra la pensión

de Servando y Fabiana.

¿Y recuerda algo de mí?

No lo sé.

He creído tener...

un recuerdo difuso de su rostro...

en una de las ventanas de Acacias,

pero quizá fuera el simple deseo de verla allí.

Me va a sonrojar.

No es mi intención, desde luego.

¿Es usted vecina del 38 de Acacias?

¿Hemos sido amigos,

tal vez he tratado de seducirla?

De ser así, no me extrañaría.

Es usted un don Juan incorregible.

Permítame seguir con mi secreto,

pronto lo sabrá usted todo sobre mí.

Y deme la bandeja, ha llegado la hora de dormir.

¿Se va?

No, me quedaré aquí a su lado, velando su sueño.

Gracias.

(BOSTEZA)

No lo entiendo.

Me gustaría saber pa qué nos tenemos que levantar tan temprano

si no están puestas las calles.

-Hace rato que cantaron los gallos.

-Antes de esta hora nos levantábamos en el pueblo y sin protestar.

-Por eso la gente de los pueblos se va a las ciudades,

pa poder estar más rato en el catre, hombre.

Allí, o les ponen sordina a los gallos

o se va a quedar medio campo vacío.

-¿Es que te vas a quejar todas las mañanas?

Anda, sírvete un café.

-El mundo sería tan bonito despertándose a las doce.

-Pa eso tenías que haber nacido señora,

y no criada o portero, maldita sea nuestra estampa.

-Pues alégrate de seguir siendo portero,

que los vecinos comentan que no estabas en tu puesto cuando el robo.

-Pa un momento que me voy.

-Ándese con ojo, Jacinto, ándese con ojo.

¿Y Marcelina? -Ha bajao al quiosco,

que como llegan los periódicos con los resultaos de las elecciones,

esperaba empezar a vender temprano. -¿Y se sabe ya quién ha ganao?

-Yo no lo sé.

Y no creo que a mis señores les importe mucho.

Ni sé si don José ha ido a votar.

-Es la obligación de todo varón español.

-¿Ah, sí?

¿Y tú has ido?

Por primera vez en mi vida, pa votar por don Antoñito.

-Pues yo no sé si le habría votao.

-¿Y a quién votabas tú?

-No lo sé, pero a los conservadores no,

que no creo que haya mucho que conservar en España.

-En eso llevas razón.

-Prima, más vale malo conocido que bueno por conocer.

-No estoy de acuerdo.

¿Es que hay que conservar esa costumbre

de que los ricos tengan todo el parné y los pobres solo las obras?

-Eso es. -¡Ya está bien!

Aquí no se discute de política.

No se ha hecho nunca y no se va a hacer ahora.

Si gana don Antoñito, nos alegramos y ya está.

-¿Y si no?

-Miramos pa otro lao y nos callamos, que no es asunto nuestro.

-Vaya un consuelo, no podemos votar, no podemos opinar.

Somos unos oprimidos jeringaos, además.

-Calla y no rechistes tanto,

que te has levantao hoy muy levantisca.

-Hablando de otra cosa,

ya he visto a los nuevos dueños del restaurante.

-¿Sí? Parecen agradables.

-Hasta que no pruebe su comida,

no opino.

-Pues hala, que nos conviden a unos "canapieses".

Y si son de caviar, mejor.

-No sé si son muy mayores pa empezar un negocio.

-Hombre, Jacinto, si vienen con ganas...

¿Qué irá a hacer doña Felicia?

¿Va a seguir en el barrio o...? -Ni idea.

-¿Y la señorita Camino?

Yo creo que se va a marchar a París.

-Allí me iba yo, a que me llamen madame.

-¿Qué se te ha perdido en el París de la Francia?

Madre mía, ni loca me movía yo de España.

-Si yo vuelvo a heredar, me voy pa París.

-Y yo contigo, prima, a ver los cabaretes...

-¿Los cabaretes?

¿Los cabaretes? Como se entere Marcelina...

-Calle, calle, no le diga na, que bastantes problemas tengo ya.

-Venga, todos a trabajar,

que no hemos madrugao pa estar de tertulia. Hala.

-(BOSTEZA)

-"De verdad, Susana,"

no me puedes decir que no te fías de tu esposo,

si se le ve un bendito. -Es que tú no sabes lo que es:

cartas que abre a escondidas,

llamadas en clave, telegramas secretos...

-Mucho lío para tener una amante.

-No digas disparates, no tiene una amante.

Ni se me ocurre pensarlo. -Entonces, ¿qué te preocupa?

-Que sea algo peor, Rosina, claro está.

Que sean asuntos de alto espionaje.

-Eso solo pasa en las novelas.

-Y en la vida real, no olvides

que mi esposo viajó por toda Europa con un encargo del rey,

y que ni yo misma,

que iba con él, supe qué se traía entre manos.

-Si no te enteraste entonces, menos lo vas a saber ahora.

A mí me preocuparía lo de la amante.

-¿Armando?

Nunca...

-Nunca digas nunca. Es un hombre,

no ha nacido aún el hombre del que yo me fuera a fiar,

ni el tuyo, así te lo digo.

Los hombres solo piensan en asuntos de faldas.

-¿Y Liberto?

-No me hagas recordar cosas que no quiero.

Liberto también, por eso le tengo bien amarrado.

-No le viene de familia, te lo garantizo.

Y lo de mi esposo es por el Gobierno

y por las Cortes de Europa, no por amores a escondidas.

-Si después es otra cosa, no me llores.

-Buenos días.

¿Qué?

¿Me han dejado algo o es que no puede salir uno a comprar la prensa

sin peligro de quedarse sin desayunar?

-Qué exagerado. -¿Qué tal está, tieta?

Ayer visitó a Felipe, ¿no?

-Sí, fui. No pude hablar con él, estaba dormido.

Pero tenía muy buen aspecto. -Me alegra oírlo.

-Y Genoveva le cuida como si fuera a una madre.

No se separa de su vera ni a sol ni a sombra.

Está demostrando un gran corazón.

-La verdad que sí, lo reconozco. Mira que ha recibido desplantes.

Recibido y hecho, Rosina, no lo olvides.

Genoveva nunca ha sido una mujer sumisa.

-Ya.

-Muy mal se ha hablado de Genoveva sin razón,

es una mujer decidida, dispuesta a salvar su matrimonio.

-Pues muy difícil lo va a tener, a no ser...

que Felipe no se acuerde de todo lo que le ha hecho Genoveva.

¿Va a llevarlo a vivir a su casa cuando le den el alta?

-Eso no lo sé.

Ni creo que ellos mismos lo sepan.

Este va a ser un momento muy complicado.

-El sitio de Felipe está en Acacias,

por complicado que sea el asunto, es donde debe estar.

-Lo digo porque si no se acuerda de los últimos años...

pues va a ser todo muy distinto.

Ahora, por ejemplo,

considera a Ramón su gran enemigo.

-Seguro que vuelve a recapacitar.

-Seguirá tratando a Carmen como a una criada.

Diez años de esfuerzos para que te sigan tratando como a una fregona.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

-Susana. -Lo he dicho sin mal intención.

-Parecía que llevaba usted mucha mala baba.

-Pues en ese caso, arrepentida estoy.

Le pediré a mi confesor que me imponga una buena penitencia.

¿Qué será de don Telmo? -Qué guapo que era.

Ea. Alodia, ¿no te quieres llevar unas cerezas?

Están muy buenas. Me he comido dos puñaos enteros.

Y a buen precio.

-No es la fruta favorita de mis señores.

Le tengo que poner media sandia pa no tirarla.

-Eso está bien, que no hay que tirar la comida en estos tiempos.

Lo que sí te deberías de llevar es un poco de miel.

Esta es muy buena, es de La Alcarria.

-Buenos días. -Buenos días. Ahora le atiendo.

-No hay prisa, gracias. -De eso sí me voy a llevar,

que hace tiempo que no pasa ni el melero

ni el arropiero por el barrio. -Ea, esta, por cuenta de la casa.

Va muy bien pa la voz, a ver si así doña Bellita se cura.

La noto ronca.

-¿Ronca? No, si está perfecta.

-Pero ¿no es pa eso pa lo que quería ver al Aquilino?

Aquilino es buen sanador,

pero tienes que seguir sus instrucciones al pie de la letra.

Antoñito se ha tomados más infusiones, y no sale del excusado.

-Doña Bellita está bien, de verdad.

-Ea. Pues no me hagas caso.

Pero dile que no se salte los ungüentos que le haya mandao,

que si no, no podrá hacer el recital que anuncian.

-¿Cómo que lo anuncian?

-Sí, mujer, ¿no lo has visto? Pero si está en todas las calles.

Mira.

Pero si no está ronca, no me hagas caso.

-No, que está bien.

-Marcho ya, que se me hace tarde. Apúntamelo en la cuenta.

Con Dios. -A más ver.

Dígame cositas.

-Disculpe, no he podido evitar escuchar la conversación,

¿esa criada está al servicio de la gran Bellita del Campo?

-Sí. Vecina del barrio y gran clienta de esta maravilla.

Usted tiene cara de que le encantan las cerezas.

Le voy a poner unas pa que las pruebe, que están muy buenas.

-Claro.

-"Que tú eres portero,"

no un agente de la ley, ya está.

Si fueras policía, llevarías porra.

No es tu trabajo enfrentarte a los ladrones.

Y si te pegan un tiro, ¿qué?

Que te has enfrentao mil veces a los lobos en los montes

pa proteger al ganao,

pero a los cacos no, que esos llevan pistolas...

Que no, olvídate,

que los vecinos no te pagan por poner en peligro tu vida.

-¿Habla solo? -Cesáreo.

Pase, pase. ¿Cómo está?

-Dolorido, la verdad.

Que me llevé un porrazo al enfrentarme al caco.

-En eso estaba pensando, en usted,

en el caco.

Y... que menos mal que no lo vi, porque no sé qué podría haber pasao.

A ver, que más de una vez me he enfrentao a los lobos

a cuerpo gentil, armao solo con mi callao.

-No, sí, si ya te he oído, sí, sí. -Oiga,

que yo no soy un cobarde,

que si no me enfrenté al ladrón fue porque no lo vi.

-Lo importante es que yo sí lo vi

y pude retenerle hasta que la policía llegó.

Eso sí, lo han interrogado y no ha soltado prenda,

no se sabe si tiene compinches que puedan volver a robar.

-¿Cómo dices, más robos?

-No te preocupes,

no eres un cobarde y eres capaz de enfrentarte a los lobos.

¿A los lobos? (RÍE) Eso me gustaría haberlo visto.

-Más de una vez, ¡y más de dos!

Ah.

-Ya nos lo demostrará cuando aparezcan los lobos por Acacias.

De momento, esta tarde les invito a una ronda,

que doña Genoveva me ha dado una recompensa

por evitar el robo.

Es una gran señora.

Usted cambia de opinión más que una veleta.

Lo mismo es una gran señora, que un bicho.

Mire, Cesáreo, yo sí cambio de opinión.

Fíjese si cambio de opinión,

que creo que esto es uno de los mejores porteros del barrio.

¿Yo?

Sí, como portero, de los mejores, eso sí,

tú no te ganabas la vida como policía,

que en vez de ir a por los ladrones, huyes de ellos.

Como si fueran el lobo. (AÚLLA)

-¿Se burla?

Ya sabía yo que no podía decir nada bueno de mí.

-Jacinto, que Servando te toma el pelo.

Esta tarde nos vemos en la pensión

y celebramos la generosidad de doña Genoveva.

-Y eso de que puede haber más robos...

-Eso nunca se sabe.

Digo yo que no estaría de más que te bajaras a la portería,

que por una vez que te vieran en tu puesto de trabajo, estaría bien.

Mira que si mientras aparecen los lobos. (AÚLLA)

Bueno, ya veremos qué nos depara el futuro.

Lo que te decía, compramos los melocotones y los repartimos,

porque cuanta más cantidad, más baratos salen,

y eso es una alegría pa las señoras, al menos pa la mía.

-Sí, pues lo hacemos.

-¿Hacemos el qué?

-Lo que has dicho.

-Está claro que no tienes ni idea de lo que te estaba diciendo.

A saber en qué estás pensando tú, bonita.

-¿Yo? En nada.

-Bueno, ya me lo contarás cuando quieras.

-Pon la oreja, que te voy a contar algo que te va a espabilar.

Resulta que como quien no quiera la cosa,

me he percatao de que el muchacho del restaurante

ha intentado galantear a Anabel.

-No. ¡Qué me dices! -Como te lo cuento.

Pero buena es la paloma, se ha hecho de querer

y no le ha dao ni una migaja,

ni el nombre, es más, le ha llamao descarao por preguntón.

-El muchacho tiene pinta de eso.

-Pues no te creas que se rinde fácilmente,

ha insistido, vaya si lo ha hecho.

Le ha dicho que si iban a la pérgola a charlar.

-¿Y qué le ha dicho ella? -Que nones.

Es más, le ha llamado Barbarroja.

Coqueteando y sonriendo, pero Barbarroja lo ha llamado.

-Si se lo merece, bien que ha hecho la chiquilla.

Pero tampoco pasa na por decirle su nombre,

aquí todos nos los sabemos ya.

-Ya, es que han tenido un rifirrafe.

Se conoce que él le ha llamado a ella Cocó,

que es la gracia de una cantante francesa

que muestra el muslo y también las pechugas.

-¿Y qué ha pasado? -Pues que se han despedido.

Ella se ha marchao dejándole a él con una cara de bobo...

Claro, iba moviendo las caderas de acera a acera. Esta sabe latín.

-¿Y por qué tanto movimiento?

-Lógico, Alodia,

porque aunque ella se marchara, sabía que él iba a seguir mirándola.

Pa provocarlo. -Yo no entiendo nada.

Si no le ha dicho su nombre, ¿por qué le provoca?

-Anda, vámonos a por los melocotones.

-¿Qué melocotones?

-Tira, tira.

A las buenas. -Fabiana, ¿ha visto a Jacinto?

No está en el portal.

El día menos pensado, le echan los vecinos.

-Ahí lo tienen.

Y otra vez con los pies encima de la silla.

Parece que le ha picao la mosca esa africana que da sueño.

-Mucho sueño para un adulto. ¿Será que no duerme por las noches?

Deme un vaso de agua, que lo voy a despertar de golpe.

Déjese de vasos de agua y despiértelo con cuidado,

que los sobresaltos no son buenos.

-Jacinto, Jacinto.

¡Jacinto! ¡Despierta!

-Cinco minutos más.

Mira.

Jacinto,

que viene el lobo y se come a las ovejas.

(AÚLLA) -¡Iepa-ia! ¡El lobo!

-Tranquilo, que estamos en Acacias y no hay lobos.

-No los hay de los que aúllan,

que el hombre es un lobo pal hombre. Eso es.

-Me he quedao traspuesto. ¿Traspuesto?

Estabas en brazos de Morfeo y no pensaba regresar.

-Ande, tome otro café,

que te ayudará a volver al mundo de los vivos.

-Agradecido.

-¿No duermes bien por las noches?

-A la perfección, duermo a la perfección.

-Lo que te quita el sueño son las ganas de Marcelina de irse de viaje.

Pero si se están despidiendo día sí, día también.

-Menudo pillo nos ha salido el portero.

-Que duermo bien, ya está dicho.

Bueno, Fabiana, pónganos algo de beber, que paga Cesáreo.

-¿Y eso? ¿Le ha tocao la lotería?

-Genoveva me ha dado una recompensa por impedir que roben en su casa.

-De bien nacidos es ser agradecido.

Bueno, vamos a tomárnoslo deprisita,

que tenemos que celebrar que Cesáreo haya cogido al ladrón.

Estoy muy ocupado.

No lo dirá por la atención que le presta a la pensión.

No, señora, ahora mismo estoy en otras cosas:

reuniones con empresarios, con políticos...

No sé si es hoy o mañana

cuando tengo que reunirme con el vicealcalde.

-Nada más y nada menos.

Es tan difícil reunirse con él, como con el rey.

-Háblele de mí,

si necesita un portero en el ayuntamiento, que me llame.

-¿Y Acacias? -Por si me despiden los vecinos.

No crean que va a ser una reunión sencilla.

Por mucho vicealcalde que sea, le voy a poner las peras al cuarto.

-¿Y eso? Hombre,

¿le parece normal el caos que tiene esta ciudad

con los ladrones campando a sus anchas?

-Usted temple, no le vaya a durar menos el puesto

que una golosina en la puerta de un colegio.

Y antes de organizar el reino de España,

organice usted el lavabo de la vajilla, que está por hacerse.

Me voy a ver a don Felipe.

Voy a arreglarme un poco. Hala.

La vajilla, la vajilla... Ni que fuera yo un don nadie.

Así de efímera es la gloria.

Voy a ponerles yo de beber.

Vamos a celebrarlo rapidito, que soy hombre ocupao.

Venga.

Va el descarado y me dice que le he recordado

a no sé qué cantante francesa, Cocó algo...

-Mucho te molesta ese joven para encontrarlo tan vulgar.

-Muy vulgar, te lo aseguro.

Ni le he dicho mi nombre y ya se toma confianzas.

-No como nosotras,

que no tardamos nada en contarnos nuestras cuitas.

-Bueno, reconozco que tardamos un poco

en compartir determinadas intimidades.

-A pesar de tus intentos de averiguar qué ocurría en mi alcoba.

-Yo lo llamo simple curiosidad, amiga mía.

-Pero bueno, hablemos de ese seductor de marras.

¿Cuánto crees que va a tardar en averiguar tu nombre?

¿Un minuto, medio? -Que se esfuerce y se aplique.

-No dudes que lo hará.

-Sí, es probable.

Aunque ahora que tu madre ha rechazado a mi padre,

le servirá de poco,

no sé cuánto tiempo nos quedaremos en el barrio.

Mi padre quiere que volvamos a México.

-¿Y no te gustaría? A mí me encantaría irme a México.

O a la Conchinchina, lo que esté más lejos.

-Tú no eres la única que tiene un pasado

y una vida complicada.

¿Te has tomado la medicina?

-Tomada está.

-Hay que esperar, tardará un rato en hacer efecto.

-No seas cabezota, José.

Hay que suspender el concierto.

¿Te imaginas que me quedo sin voz en la mitad?

-Uh, eso sería una catástrofe. -Me convertiría en un hazmerreír.

Lo mejor es no tentar al destino.

-Está bien, está bien, tienes razón.

Voy a hablar con el empresario.

Pero querrá que lo indemnicemos.

-¿Y qué vamos a hacer? -Negociar,

negociar todo lo que se pueda.

(Puerta)

-¿Esperas a alguien? -Yo no.

Se me ocurre una cosa,

le voy a ofrecer a Pepe Caro la primera actuación de Cinta

cuando vuelva a España,

quizá así, renuncie a que le indemnicemos.

-¿Y querrá Cinta?

La niña te adora, chiquilla.

-¡Qué vergüenza! Tenerme que apoyar en mi hija.

-Hay un señor que quiere ver a doña Bellita.

Es médico y puede ayudarla.

-"¿Es eso cierto?".

-Hasta la última palabra.

-Me pinchas y no sangro.

No me extraña que no quieras volver a México.

-No es culpa de los mexicanos, sino de mi carácter impulsivo.

-Y de tu belleza.

No me lo esperaba, desde luego.

-Después de que tú me contaras lo tuyo con Maite,

no era justo que no supieras mi secreto.

-Que no se queda atrás del mío.

Somos tal para cual.

Qué pena que mi madre haya rechazado a tu padre,

seríamos buenas hermanastras.

-Ya sabes por qué no creo que vayamos a volver a México,

así que podremos seguir siendo amigas,

aunque no podamos ser familia.

-Cierto, seremos buenas amigas.

Ya he perdido a demasiada gente querida en los últimos tiempos.

-¿A qué te refieres?

-He dejado de recibir correspondencia de París.

Ese doctor es un regalo caído del cielo, niña.

-¿No le parece raro que haya aparecido así sin más?

-Me preocupa que se haya enterado de mi problema por las vecinas.

¡Que no me entere que lo has contado por ahí!

-Sosiego, reina mora.

El doctor ha dicho que se ha enterao porque escuchó

que le habías preguntao a Lolita por las señas del sanador.

-Esta vez se nos ha presentado todo un doctor en medicina,

no un chalao de tres al cuarto.

-Bueno, el mejor doctor especialista en el aparato fonador.

-¿Qué ha dicho?

-La voz, especialista en la voz.

Qué palabros se gastan. ¿Y puede ayudar a la señora?

-Eso parece. Oye, y sin examinarme ni na.

-Su voz volverá a ser cristalina como siempre.

La voz que ha despertado pasiones en todo el mundo volverá a brillar.

-¿Y qué tiene que hacer la señora?

-Eso es lo mejor,

le va a preparar un tónico especial pa ella.

No pueden comprarlo en farmacias,

porque su fórmula es secreta y se hace a medida para cada persona.

-Es lo que necesito, vaya.

-La única pega es que no es precisamente barato.

Pero por lo visto, está preparao con algo más que hierbas del campo.

-Minucias, José, pagaremos lo que haga falta.

Ya me lo comentó Liberto.

Menos mal que Carmen ya había partido para ver a su hijo.

-Ya sabe cómo es doña Susana,

haría ese comentario sin percatarse de que podría ser ofensivo.

-Yo también creo que lo hizo si darse cuenta de que ofendía.

No le digamos nada a Carmen,

que no le quiero estropear ni un momento de su estancia allí.

-Sí, bien pensado, o podría armarse la de San Quintín.

-Deja de mirar los periódicos, hijo,

que los resultados no van a aparecer por arte de magia.

-Aguarda a que salgan los vespertinos.

-¡No sé por qué tardan tanto! -Las cosas de Palacio,

que van despacio, ya sabes. -Usted lo ve muy normal,

pero no entiendo por qué tardan tanto.

-La verdad es que yo esperaba los resultados

en los periódicos de la mañana.

Seguro que en Cabrahígo tienen un remedio

para hacer más amena la espera.

-Puede ser, pero se vive mejor en la ignorancia.

Que las cosas de Cabrahígo, más que relajarme,

me ponen de los nervios. -Desde luego.

¿Por qué no vamos a sentarnos a la terraza

y nos tomamos algo hasta que salgan los resultados?

-Es una buena idea, pero debería ir a los jardines,

que Lola está paseando a Moncho. -Vayamos al parque.

-¡Eh, eh, don Antoñito! ¡Don Antoñito, don Ramón,

que han llegao los resultaos de las elecciones!

Ahí tiene, señor diputado.

-He sido elegido. Que soy diputado.

-Permítame ser el primero en darle la enhorabuena, don Antoñito.

¡Iepa-iá! -Gracias, Jacinto.

Vamos a buscar a Moncho, que tiene que saber que su padre es diputado.

Diputado.

Acaba de irse Anabel.

-Lo sé.

Estaba fuera, esperando a que lo hiciera.

-¿Esperando?

¿Montando guardia?

-Quería hablar contigo a solas.

-¿Hablar a solas o evitar que me quedara sola?

-Ambas cosas.

Reconozco que tus amenazas de acabar con tu vida me tienen fuera de mí.

-Ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

Anabel me ha hablado de su rechazo a su padre.

-Siento haber tenido que tomar esa decisión.

-No creo que lo sienta.

Creo que es una decisión muy acorde... con su especialidad,

hacer infeliz a todo el que está a su alrededor.

-Supongo que merezco este trato.

-Quizá sí.

Quizá seamos los demás los que no merecemos cómo nos trata.

Encerró a Maite en la cárcel,

me obligó a casarme con Ildefonso,

y ahora, rechaza a un hombre bueno.

Podría darle muchos más ejemplos.

-Me duele...

Me duele que sea lo único que ves en mí.

-No me va a ablandar, ahórreselo.

-Camino, hija...

Reconozco mis errores.

-Lo que no cambia nada.

-No cambia,...

pero me permite tomar la senda del arrepentimiento.

Y te ruego, de verdad, hija,

te lo suplico,

perdóname todo lo que te he hecho.

Es el mejor bizcocho que he probado nunca.

Solo había que verle comer pa darse una cuenta que le gustaba.

Aunque no se lo crea, al probarlo, he recordado el sabor.

Como que era su bizcocho favorito, señor.

El de coco.

Y mire que a veces es difícil conseguir coco en España,

como es comida de ultramar... Como tantas cosas ricas.

Solo he conocido a una persona

que preparaba el bizcocho de coco mejor que yo.

Igual puede, mejor, imposible.

Se lo garantizo.

Eso habrá que probarlo.

Tendrán que preparar las dos un bizcocho, yo seré el juez.

Desgraciadamente, ella no puede.

Se llamaba Marcia.

¿La recuerda?

No.

Aunque...

me resulta familiar su nombre.

Murió.

Lo siento.

¿Era una persona cercana a mí?

Muy cercana.

¿Marcia?

-"¿No me perdonas todo el mal que te haya podido hacer?".

-Lo haría si pensara que su arrepentimiento es sincero,

pero no lo creo. -No te lo pediría.

-Reconozco su esfuerzo

por sacarnos a mi hermano y a mí adelante,

lo que luchó para que nada nos faltase.

-Camino, hija, lo hice lo mejor que pude.

-Yo la amaba.

La amaba mucho.

Pero no pudo perdonarme.

El rencor lo ocupa todo.

-Eres muy injusta conmigo.

-Siento decirle esto,... pero la odio.

(LLORANDO) ¡No!

La odio.

(FELICIA LLORA)

Marcia es un nombre muy atractivo.

¿De dónde es?

El nombre no lo sé, pero Marcia era brasileña.

Al principio, hablaba muy gracioso,

cometía muchos errores, pero poco a poco aprendió.

¿Y dice que... era una persona cercana a mí?

Mucho.

¿Una vecina de Acacias?

Una sirvienta, más bien.

Marcia...

Marcia...

¿De verdad, no la recuerda?

Les he preparado una degustación

con los platos que van a componer el menú del restaurante.

A ver qué les parece.

A ver si les gusta. -Muy bien,

agradecidas.

Pero con el café apañan más unos churros.

-Anda. -Les puedo poner

una copita de vino, para que les pasen mejor los platos.

Tiene muy buena pinta.

Esta la ciudad empapelá con tus carteles.

-Va a ser el acontecimiento del año.

No se habla de otra cosa.

-¿Y qué hacemos si no recupero la voz?

Me gustaría hablar de Felipe.

He decidido hacerme cargo de todos sus cuidados.

Pensaba que tal vez... sea buena idea hablar con Tano,

al fin y al cabo, es su hijo. Y yo soy su legítima esposa.

Yo tomaré esa decisión.

Estás que te caes por las esquinas. ¿No te estarás yendo de pingos?

¿Tienes problemas con la Marcelina?

Estoy reconsiderando seriamente

lo que hablamos de regresar a México.

De hecho, he pensado que... si a usted le parece bien,

me gustaría seguir ocupándome de su recuperación.

Según me contó usted, tan solo somos amigos.

-"¿Está en casa su esposa? -No".

Tenía que decirle algo delicado y prefiero que ella no lo sepa.

Se trata de su tía.

Susana va a tener unos meses muy duros por delante.

Mi padre sigue empeñado en cortejar a Felicia.

Y creo que debemos hacer algo al respecto.

-¿A qué te refieres?

-¿Y si Genoveva ha cambiado?

-Esas mujeres nunca cambian, lleva la maldad debajo de la piel.

¿Felipe ha recuperado la memoria?

Al contrario, ha empeorado gravemente.

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Acacias 38 - Capítulo 1273

26 jun 2020

Genoveva promete a Laura que, como parte de su alianza contra Velasco, ella protegerá a su hermana Lorenza.

Bellita sufre al confirmar un segundo médico el mal estado de sus cuerdas vocales. Jose plantea cancelar las actuaciones. Pero la aparición del doctor Puerta, una eminencia, devuelve la esperanza a los Domínguez.

Las vecinas especulan dónde vivirá Felipe ahora que parece haber recuperado la confianza con Genoveva. Ella teme que él recuerde, por eso no ve con buenos ojos cuando encuentra a Fabiana hablando al abogado de Marcia.

Miguel intenta enmendar sus errores con Anabel, pero ella da al traste con sus esperanzas.

Llegan los resultados electorales... ¡Y Antoñito es diputado por el partido conservador!

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  1. Aleja

    Camino sigue insistiendo que su madre la obligó a casarse y fue ella quien le pidió a Idelfonso casamiento. Fue ella quien le contó a Anabel sus problemas maritales y fue Anabel quien divulgó su secreto a viva voz. Que vaya a Francia y deje de martirizar a su madre

    26 jun 2020