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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1272 - ver ahora
Transcripción completa

Tenemos mucho que celebrar y no solo la compra del local.

Tampoco hemos festejado como se merece la vuelta de Miguel.

No todos los días

se recibe a un nieto recién doctorado en leyes

por la Sorbona de Paris, aunque parezcas haberlo olvidado.

-Ni un solo segundo, que me llena de orgullo.

Hicimos bien en destinar a sus estudios la herencia

que le dejaron sus padres.

En Cabrahígo, un Aquilino es...

un sabio que lo cura todo con especias y cosas naturales.

-Don Jose, mano de santo. Y si no, pregúntele a mi Antoñito.

Me obligas a elegir entre la vida de don Felipe y la de mi hermana.

Sé lo que debo hacer,

aunque me duela en el alma.

-Hace unos días le pedí a Felicia que se casara conmigo.

-¿Y Felicia...?

-Está tardando demasiado. -Comprendo.

Entienda que Felicia está pasando por una situación delicada.

-Mi paciencia tiene un límite.

-¿Por qué no sale a dar un paseo?

Airear la mente suele ayudar a aclarar sus ideas.

-No, las tengo muy claras, y sé lo que tengo que hacer.

-¿Qué hará para que ella salga?

-Eso es asunto mío. No quiero más preguntas.

Cumple con tu parte.

-Veo que has empezado a recoger los efectos personales de tu esposo.

Debes guardar el correspondiente luto,

pero también debes mirar hacia adelante.

-Mi luto no es un mero paripé como parece insinuar.

-Te interesará saber que ya he cerrado la venta del restaurante.

Ayer entregué las llaves.

Mi nombre es Miguel Olmedo.

Mis abuelos son los nuevos propietarios del Nuevo Siglo XX.

-Desconocía que Felicia hubiese vendido el negocio.

-Está decidida a emprender una nueva etapa de su vida.

Yo ya le he dicho mi nombre, pero aún no he escuchado el suyo.

-Sí le sirve como pista, no me llamo ni Cocó ni Cocotte

y no provengo de Francia, sino de México.

¿Por qué hablas así? ¿Qué te ha pasado?

-La garganta no dejaba de molestarme y busqué remedios caseros para...

no perder la voz.

-Más te valdría haberla perdido.

-El tal Aquilino me mandó un ungüento para paliar los pinchazos.

Que tu carrera está en juego.

Faltan cosas, yo estuve sirviendo aquí hace na,

me fijé en los adornos y hay algunos que ya no están.

-Tenías razón, prima, hay que llamar a la policía

y avisar a doña Genoveva. Vamos.

-¿Así que se va hacer cargo del restaurante junto a su marido?

-Mi marido y yo siempre hemos llevado juntos nuestros negocios.

Este es un barrio decente, católico como el que más

y muy tranquilo.

No nos gustan los secretismos,

mejor sería que se presentasen a los señores como es debido.

¿Un robo en mi casa? Sí. Ya he avisado a la policía.

Vaya, vaya a su casa, yo estoy bien.

Vamos, Jacinto, veamos qué ha sucedido.

He pensando en tu propuesta matrimonial

y tengo una respuesta que darte.

(Puerta)

¿Qué haces?

¿Pensabas ahogar a Felipe con esa almohada?

Voy a avisar a los enfermeros. ¡No se mueva!

Si da la alarma, la mataré.

No dudaré con usted.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿También me vas a matar a mí? No, a usted no,

solo a él.

Esta así por tu culpa, ¿verdad? Eres una asesina.

Me obligaron a envenenarle,

solo que...

la dosis que le di no fue suficiente y solo conseguí que se cayera

y que se golpeara la cabeza...

Lo siento, yo no quería que esto pasara.

Lo siento.

Entre.

No se lo repetiré, entre.

Cierre la puerta.

¿Qué te ofrecieron a cambio, dinero?

No.

Desde que mi hermana quedó paralítica,

mi suerte está en manos de un hombre sin escrúpulos

que me obliga

a hacer los actos más terribles.

¿El mismo que te ordenó asesinar a mi esposo?

Sí. ¿Por qué?

¿Qué interés tiene en acabar con su vida?

Con el fin de desposar a su viuda.

¿Velasco?

¿Es Javier Velasco? Sí.

Baja esa pistola.

Tú y yo tenemos que hablar, pero sin armas y en otro lugar.

Aquí las paredes lo oyen todo. ¡Bájala!

Marcos,...

no voy a casarme contigo.

Lo he considerado y desposarme no entra en mis planes.

-¿Y qué planes son esos en los que yo no encajo?

-Con el dinero obtenido por la venta del restaurante,

he pensado volver a mi tierra. -¿A nuestra tierra?

-Sí.

Me estableceré allí para encarar un futuro en paz conmigo misma

y libre de trabas.

-Eso es lo que soy para ti, ¿una traba?

-No, Marcos,

para mí, eres la ilusión de un amor de juventud,

un amor que ya pasó

y que no tiene sentido tratar de revivir.

-Revivirlo ha sido el motor de mi vida,

¿cómo puedes decir que no tiene sentido?

-Desengáñate,

ya no soy la muchacha de la que te enamoraste,

soy una mujer adulta, con problemas y con un pesado bagaje existencial.

El tiempo no corre hacia atrás.

-¿Tan terrible te parece envejecer conmigo?

-Eres un hombre muy atractivo y con posibles.

Encontrarás a una mujer más atractiva y joven que yo

con la que rehacer tu vida.

-No quiero otra mujer, te quiero a ti.

-No te obceques.

Tienes derecho a experimentar un amor nuevo,

y no la segunda parte de un amor de juventud.

-Atravieso el mundo en tu búsqueda, te abro mi corazón,

te ofrezco una vida junto a mí, y tú me aconsejas buscar otra mujer,

como si el amor pudiera surgir así como así.

-Claro que puede surgir,

solo debes intentarlo, sé que no te será muy difícil.

-No te has enterado de nada, Felicia, ¡de nada!

-Marcos...

Yo solo te haría la vida imposible, hazme caso.

-No te voy a rogar más.

Ojalá encuentres esa paz que tanto deseas.

No hace falta que te acompañe a la salida, sabes dónde está la puerta.

-¿Qué he hecho, Dios mío?

¿Qué, cómo va la cosa?

Ahí sigue la policía en el principal.

-¿Está Marcelina con ellos?

-Sí.

Imagino que cuando terminen, querrán también hablar contigo.

-A Casilda y a mí ya nos han tomado declaración.

-Sobre todo a uste,

no veas el arranque que tuvo el sereno para pillar al maleante.

-¿Pudo usted alcanzarle?

-A cambio de una buena patada en las costillas.

-¿Y cómo dio con él?

Cuando yo entré en la casa ya no había nadie.

-Vi pasar a un tipo muy raro con un saco.

No hay que ser muy avispado

para darse cuenta de que no era trigo limpio.

-¡Así, este sí que es un sereno!

-Menos mal que enseguida vinieron las autoridades.

No vean como se resistía el pajarraco.

-Pa mí que estaba al tanto de que la señora se había ausentado.

A esta gente, no se le escapa na.

-¿Y dónde está la señora?

¿No ibas a avisarla para que viniera?

-Sí, estaba con Felipe en la habitación.

-Menudo susto se habrá llevado.

-Dejó al señor allí y salió apurada.

-¿Y dónde la has dejado?

-Ahí está el tema,

salíamos del hospital, yo contándole que estaba el principal abierto

y todo revuelto,

cuando, así, sin venir a cuento,

se da la vuelta y se vuelve pa dentro dejándome allí plantao.

-¿Así, sin más?

-Solo me dijo que me encargara yo de todo, que confiaba en mí.

-Se habrá olvidado algo e iría a buscarlo.

-Podría haberme enviado a mí a por eso tan importante, que no.

Me quedé fuera esperándola en hospital

y viendo que la señora no salía, pues me vine para acá.

-Todo esto es muy raro.

Esas no son maneras de dejarte, Jacinto,

mi primo preocupao, cuando ni siquiera es su casa.

-No es mi casa, pero soy el portero.

A ver si me van a culpar a mí por no vigilar bien el inmueble.

-Toma, será capaz.

-La verdad es que, esto resulta muy extraño.

En fin, os dejo, que tengo faena.

-Yo me voy con lo mío.

-"Si ya estoy bien, Jose".

-Qué bien ni bien,

si tienes la voz más tomá que un quinto de permiso.

Ahora mismo te ve un doctor de verdad

y nos dejamos de emplastes y ungüentos.

-¿Y si no puedo volver a cantar?

-No digas esas cosas.

Es como si me duele un tobillo y pienso que me voy a quedar cojo.

-No sé Jose, tengo miedo.

-Miedo tenía que haberte dao ponerte el ungüento ese,

que sabe Dios de qué porquería estaría hecha.

¿Tú no escarmentaste con lo de Margarita?

-Desde luego, muy bien no me han hecho.

-Te ha perjudicado, más que sanarte.

-Con lo bien que nos iba todo con el éxito de la canción...

-Y mejor nos irá.

En cuanto te cures, volverá tu voz con más fuerza y tronío.

-¿Por qué me ha tenido que pasar? Si yo casi nunca he estao ronca.

-Tú lo has dicho, todo se va a quedar en una ronquera.

-Me descompongo solo de pensar en quedarme sin voz,

el arma que nos ha dado sustento y felicidad toda la vida.

-¿Quieres dejar de decirlo?, que eso lo atrae.

-Bellita, don Jose, qué gusto verles.

-Aquí estamos, dando una vueltecita, ¿verdad?

¿Y usted?

-Como mañana es día de votaciones,

tengo a los hombres en casa que no hablan de otra cosa,

así que nosotros noes hemos escapado.

-Nosotros de política entendemos lo justo,

que nos debemos a nuestro público y no queremos enemistarnos con nadie.

-Claro. ¿Usted opina lo mismo, Bellita?

(CASI SUSURRANDO) Sí.

-¿Y ya está?

-No le de pie a mi señora,

que si se embala, nos quedamos sin paseo.

-Usted diga lo que tenga que decir, Bellita,

que a nosotras no nos dejan votar,

pero la opinión no nos la va a quitar nadie.

-Tampoco es eso, que en mi casa la que manda y ordena es ella.

No se mueve un mueble sin que dé el visto bueno.

-Eso pasa, que de puertas pa dentro mandamos nosotras

y todos a callar.

-Bueno, callar callar, mi mujer, no sé.

Uy. Anda ya, diga usted lo que lleva dentro, Bellita.

-(CARRASPEA)

Yo no digo na...

-Uy... ¿Está bien?

-Se ve que le ha dao un fresquito en la garganta.

Si nos disculpa... Vamos, niña.

Con Dios. -Cuídense.

Monchito, tú puedes ser lo que quieras, pero político no.

Tú libre, como las cabras.

Guapo.

Anímate y salgamos a dar un paseo,

ya verás cómo te sienta bien. -No me apetece.

-¿Y si vamos al centro de compras?

Se acerca el buen tiempo y tengo ganas de una de esas faldas de moda.

-Prefiero quedarme en casa, el bullicio de las tiendas me molesta.

-Bueno, pues juguemos una partida de cartas aquí mismo.

-Anabel, déjalo, es mejor que vuelvas a casa.

Seguramente, tu padre y mi madre ya hayan terminado de hablar.

-Camino, no puedes seguir aquí encerrada.

Regodearte en tu tragedia no te ayudará.

-Ya lo sé, tienes razón, pero es lo que me pide el cuerpo.

No solo estoy decaída, sino irritada con todo y con todos.

-Yo solo quiero ayudarte, impedir que te hundas todavía más.

-¡Pero me agobias más obligándome a salir!

Dándome órdenes, que si salir a pasear o ir a comprar.

-No son órdenes, ¿cómo te voy al imponer yo nada?

-¡Me he pasado la vida obedeciendo a mi madre

y estoy harta de que me digan lo que debo o no hacer!

-Lo siento, no quería molestarte.

-Perdóname tú a mí, no tengo derecho a hablarte así.

-¿Cómo les irá a tu madre y a mi padre?

¿Y si se está fraguando el matrimonio

que nos una como en hermanastras?

-La verdad es que me encantaría tenerte como familia,

aunque dudo que consigas soportar a mi madre como madrastra.

-Si se diera el caso, yo no le arriendaría la ganancia.

Yo también puedo ser una hijastra terrible.

Que no me ponga a prueba, porque puedo ser muy, muy mala.

-Espero que no lo seas con tu nueva hermana.

-Tranquila, mi maldad se limita a las madrastras.

Para las hermanastras tengo buenas acciones.

-Quizás lo que mejor le venga a mi madre ahora

sería una hijastra terrible como tú.

Si eso es lo que quiere, aquí me tiene.

¿Qué, recogiendo ya?

-Digo yo, que ya son horas.

Y ganas, qué menudo trajín me di ayer.

-El robo del principal nos ha trastocado a todos.

-No veas la de preguntas que me hicieron los agentes,

ni que hubiera sido yo la que entró a robar.

-La policía no se fía de nadie,

ni con el sereno, que ayudó a atrapar al ladrón.

-Cesáreo se comportó como todo un héroe.

¿Qué? ¿Hablando del robo en casa de doña Genoveva?

No se le escapa a uste ni una.

Y no es que me interese,

que uno tiene cosas de más enjundia de qué preocuparse.

-Estará con el runrún, a ver cómo queda su partido en las elecciones.

-Mucha competencia va a tener mañana el Partido Servandino.

Os equivocáis los dos,

porque he decidido abandonar lo del Partido Servandino.

¿Ha decidido echarse atrás?

-¿Cómo va a hacer eso, si nos ha puesto la cabeza como un bombo?

-Capitán Araña, a todos enrola y a todos engaña.

¿Queréis dejar de faltarme y escucharme?

-¿Todavía más?

Como si no le hubiéramos escuchao ya.

Creedme que lo siento por mis fieles correligionarios,

pero el asunto de la política me ha desengañado mucho.

-Nos ha engañao como a bobos.

-No, no. Precisamente por eso,

por no engañaros, he decidido abandonar.

Los políticos solo quieren figurar y darse pisto.

-Mira quién habla.

Por eso he decidido centrarme en mi nuevo puesto,

el de presidente de la Asociación de casas de huéspedes de la ciudad.

Es un puesto digno de una persona de mi altura.

¿Y no puede uste estarse quieto sin enredar?

-Eso, como si no tuviera trabajo suficiente con la pensión.

Que lo único que pretendo es ayudar,

echar una mano a la gente, hacerle la vida más fácil

y dejarme de politiqueos.

Tengo cosas que hacer en la pensión.

Me voy antes de que me pidáis ayuda.

Con Dios.

Conmigo, que no cuente para nada.

Oye, ¿y esa carta?

-Es lo que me ha traído hasta aquí.

Es para ti, de Barcelona.

-¿De Barcelona?

-¿De quién es?

-De mi tío Fulgencio.

-A ese no lo conozco.

-No, se marchó hace años a trabajar a Barcelona.

-¿Qué dice?

-Quiere reunir a toda la familia antes de morirse.

Se ve que no sabe a quién dejarle la herencia.

-¿Y os convoca a todos?

-No, en la mismísima Barcelona,

que no debe estar el hombre para muchos trotes.

Mira que hace tiempo que no lo veo, pero le recuerdo con mucho cariño.

-¿Y qué vas a hacer?

-Lo propio sería ir para despedirme,

pero no puedo tener el quiosco cerrado.

-Sería un trastorno.

-Trastorno el del tío Fulgencio,

qué muy malito tiene que estar para haberme enviado esta carta.

-Mira, yo no lo conozco,

pero si mi costilla dice que es buen hombre, seguro que lo es.

-Ay, qué pena más grande.

-Mujer, te ayudo a cerrar.

-Vámonos.

Cuidado con la mano. A ver si me arreglas esto.

No hablo solo de una carta, sino de varias.

Cada vez que Armando recibe una, desaparece y no deja que la lea.

-Si tan intrigada estás, deberías preguntárselo.

-Sí, como si las misiones diplomáticas

pudieran desvelarse así como así.

-Pensaba que Armando se había retirado de la diplomacia.

-La diplomacia es una carrera de por vida.

Uno no se retira así como así,

sabedor de tantos secretos de estado.

-"Secretos de estado...".

Esos secretos tienen que ver más con un lío de faldas.

-¡Imposible!

Armando es un consorte fiel y cabal como pocos.

Pues si tan segura estás, no sé qué te inquieta.

-No me inquieta, Rosina,

me angustian los peligros que conllevan las misiones diplomáticas.

De aquí para allá,

tratando con gente que no sabes si quieren matarte

o invitarte a champán. Es terrible.

-Ya.

-¿Qué pasa, no me crees?

-Claro que te creo,

pero...

pensaba en lo mucho que te eché de menos cuando os fuisteis.

Si tenéis que iros otra vez... No quiero ni imaginarlo...

-Tal y como están las cosas por Europa, yo no me muevo.

Y por la cuenta que me trae, Armando tampoco.

-Tía, no la hacía yo aquí.

-¿Y dónde mejor que con mi gran amiga Rosina?

-Ha venido a merendar y se nos ha echado la noche encima.

-¿Están al tanto del robo en casa de Genoveva?

-¿Han entrado en el principal?

-Esta misma tarde. No había nadie dentro.

-¿Y sabes si se han llevado muchas cosas?

-Gracias a Cesáreo, la policía logró detener al ladrón.

Eso sí, el sereno se llevó un buen golpe y anda resentido.

-Y nosotras aquí, sin enterarnos.

-Esto no habría pasado si el portero estuviera en su puesto

y no ganduleando.

-Si esto es lo que nos trae la modernidad,

que Dios nos pille confesados.

No se escandalice, no es la primera vez que roban en el barrio.

-Aquí pasa de todo: robos, duelos, asesinatos...

-Sea lo que sea, hay que redoblar la seguridad y andar con ojo avizor.

-Se evitan más disgustos con el sentido común que con el revólver.

-Yo no lo habría dicho mejor.

-En fin,

voy a echar un ojo al vespertino antes de las elecciones.

Quiero ir a votar a primera hora.

-Imagino que ya has pensado a quién votar.

-¿A quién me recomienda?

-¿A quién va a ser? A los liberales,

que para algo, su Armando simpatiza con ellos.

-Pues ahí te has pasado de lista, Rosina.

-¿Armando no es del Partido Liberal?

-El sí, pero yo no le recomiendo a mi sobrino que los vote.

Después de lo que acaba de pasar en el barrio,

creo que los conservadores de Antoñito Palacios,

son los únicos capaces de poner orden y mantener el orden público.

-¿Y a mí me lo dices?

-Tendré en cuenta su consejo. Voy a ponerme cómodo para la cena.

-¿Te quedas a cenar?

-No, no, se me está haciendo tarde.

¿Le ha rechazado esa mujer?

No pierda un segundo en lamentarse, es lo mejor que ha podido sucederle.

Felicia es una bruja que le habría amargado la vida.

-No es una bruja,...

sino una mujer madura e independiente

que no quiere unir su vida a la mía.

-Esa mujer es cualquier cosa menos clara,

ha estado jugando con usted, ¿no se da cuenta?

-Me ha dicho que no.

Me ilusioné.

Me ilusioné con la idea de revivir mi amor de juventud con ella,

pero... me equivoqué.

-Es ella la que se ha equivocado rechazándole.

¿Quién se habrá creído?

-Nunca debimos regresar de México, Anabel.

Ni tú ni yo acabamos de adaptarnos.

-Hable por usted, yo sí estoy bien aquí.

-Mañana hay elecciones y ni siquiera me interesa a quién voy a votar,

como si esa gente no tuviera nada que ver conmigo.

-Acabamos de llegar, como quien dice, dese tiempo.

-Asúmelo, hija, asúmelo.

En México éramos extranjeros, pero aquí no somos nada.

-No vamos a volver a México,

y mucho menos, por culpa de esa mujer.

Aquí tenemos futuro, en México no. -Eso no es cierto,

allá dejé intereses económicos y cuentas pendientes

que puedo retomar.

Quizás esta sea la señal que necesitaba para volver.

-España es nuestra patria, el lugar al que pertenecemos.

Ni esa mujer ni nadie puede quitarnos lo que es nuestro.

-Todo lo nuestro está allá, Anabel.

Por eso, debemos plantearnos regresar a México.

Quizás sea hora de afrontar de cara

los problemas que dejamos cuando nos marchamos.

-Yo no quiero volver, padre.

Me gusta este país, sus gentes, y a usted también, no diga que no.

-Solo me interesaba una cosa de este país y no lo he conseguido.

-Acaban de rechazarle, es normal que se sienta así,

pero pronto olvidará a Felicia.

-Yo no lo tengo tan claro.

-¡No pienso volver a México de ninguna de las maneras!

¿Ha olvidado por qué salimos de allí?

-No lo he olvidado, Anabel.

Todo lo contrario,

lo tengo presente cada día más.

(Suenan las campanas)

Buenos días.

-Buenos días. -¿Me sirve un café?

-Y si me pide dos, también, que ando aburrido.

Con esto de ejercer el derecho a voto, apenas tengo clientes.

-Deben de estar todos en las urnas.

Yo vengo de allí,

y había unas colas enormes a pesar de lo temprano que es.

-Dicen que al que madruga, Dios le ayuda.

-Pues no me vendría mal.

Mi hijo es uno de los candidatos del Partido Conservador.

-¿Y cómo no le ha dicho que se pase por aquí?

Si para algo sirven los políticos, es para dar renombre a un lugar.

-Descuide, que se aburrirá de verlo.

Somos antiguos vecinos de Acacias 38,

y estas calles y este restaurante son como nuestra casa.

Mi nombre es Ramón Palacios...

y mi hijo es Antonio Palacios, aunque todos le llamamos Antoñito.

-Roberto Olmedo, para servirle.

Lo que usted me pida. ¿Me ha dicho un café con leche?

-Exactamente, si es tan amable.

La venta del local ha sido una sorpresa para todos.

Nadie sabía que doña Felicia se quería retirar.

¿Tenía usted experiencia en el sector?

-Si se refiere a la hostelería, le diré que no,

pero un restaurante no es un simple negocio culinario,

es una especie de... ágora moderna,

un lugar donde,...

donde discutir los problemas del día a día.

-Tiene usted razón,

siempre ha sido este el lugar de reunión de las señoras del barrio.

-Y así seguirá, aunque mi esposa y yo intentaremos mejorarlo

poniendo a su servicio la sabiduría que la edad nos ha reportado.

Mejorando lo presente.

-Pues le auguro a usted un fabuloso éxito en este restaurante ágora,

como le ha llamado.

-Le agradezco el cumplido,

aunque siempre hay imprevistos para estos negocios.

-No se preocupe, le aseguro que el negocio

le va a ir fenomenalmente estos próximos años.

El barrio no deja de crecer.

Ahí al lado, sin ir más lejos, van a abrir una sucursal bancaria.

Eso solo puede significar bonanza.

-¿Un banco aquí cerca? Parece una buena noticia.

-Lo es, sin ninguna duda.

Y respecto a su restaurante, clientes no le van a faltar.

-Eh...

¿Y cómo dice que se llama la nueva entidad?

-No lo sé, pero por el tipo de local que han elegido,

parece una de las grandes.

De hecho, he oído que van a contratar personal extranjero.

-¿Y dice que está en la calle de al lado?

-No exactamente. Venga, que se lo muestro.

¿Ve usted aquellos edificios de ladrillo?

-Sí, sí. -Pues allí mismo.

-Ya.

(Puerta)

¿Se puede?

Doña Susana, Felipe está durmiendo.

Mejor hablemos un poco más apartadas, si no le importa.

¿Cómo se encuentra don Felipe?

Ha pasado la noche en un duerme vela, debe estar agotado.

Mi sobrino me ha puesto al tanto del intento de robo en el principal.

Menos mal que no estaba yo en la casa.

No quiero ni pensar qué hubiera pasado.

Esperemos que sea un caso aislado de vandalismo.

Solo faltaría que se corriera la voz entre los maleantes

y vinieran a delinquir un día sí y otro también.

No creo que haya motivo de alarma.

El sereno consiguió dar con el ladrón y ya está entre rejas.

Un héroe con todas las de la ley. Eso me han contado.

Una pena que haya salido perjudicado al detenerlo.

Lo que no acabamos de entender es por qué no pasó usted por casa

a comprobar si le faltaba algo de valor.

Jacinto nos dijo que vino a buscarla

y que usted decidió no ir en el último momento.

Tiene razón, justo cuando iba de camino con Jacinto,

recordé que era el cambio de turno de enfermeras

y no quería dejar solo a Felipe.

Sabía que tenía que haber alguna razón.

Entiéndame,

para mí, cuidar de él, es lo más importante ahora.

Diga que sí, siempre habrá tiempo de acudir al principal,

o a denunciar el robo a la policía.

Si le soy sincera, el dinero es lo que menos me importa,

es algo accesorio, comparado con lo esencial, que es su salud.

La entiendo perfectamente.

¿Y qué le han dicho los médicos sobre el estado del enfermo?

Su diagnóstico sigue siendo delicado, aunque prometedor.

Físicamente, parece que se encamina hacia un pronto restablecimiento.

Viéndolo dormir, parece recuperado.

Cierto.

Otra cosa es lo que atañe a su memoria.

¿Ha preguntado a los doctores cuándo recuperará la memoria?

Ignoran el alcance de la amnesia.

No saben si algún día recordará ese periodo de su vida que ha olvidado

o si permanecerá siempre en la sombra.

Si no le importa, me gustaría que Felipe descansara tranquilo.

Por favor, claro.

Con Dios.

Hola, padre. Veo que todavía no...

Ah, que no ha salido mi mujer de misa, ¿no?

-Aquí estamos los dos Ramones esperando.

¿Has votado ya? -Sí.

Había muchos, pero que muchos periodistas.

Qué extraño, ¿también estaban cuándo ha ido usted?

-No, se ve que te estaban esperando todos a ti.

-Antoñito, ya has vuelto. Hola, cariño.

Que sepas que le he pedido mucho a la virgen por ti.

-¿Por él o por el Partido Conservador?

-¿No es lo mismo?

-Te lo agradezco en el alma, Lola,

pero preferiría ganar por méritos propios y no por un milagro divino.

-Niño, que méritos te sobran,

pero nunca viene mal una ayudita de ahí arriba,

¿no, suegro? -Si tú lo dices...

¿Estás bien, hijo? Te veo muy serio.

-Más que serio,

estoy nervioso.

No todos los días se concurre a diputado en Cortes.

-Pues yo estoy más contenta que unas castañuelas.

Te voy a dar un achuchón...

-No, no, Lola. Lola, las formas.

Contención.

-Qué sieso eres.

Sonríe al menos, ¿no ves que es un día feliz para todos?

-Es que me siento un poco raro,

tengo como un dolor recurrente por esta zona.

-Eso son los nervios por saber los resultaos, cariño.

Ahora te hago una infusión.

-Deja, Lolita, que ya hemos tenido bastante con esas porquerías.

-Oiga, sin faltar.

-Pero ¿no te das cuenta de que eso es lo que le produce los dolores?

-Mi padre tiene razón, Lola.

Voy a intentar vivir sin esas magníficas infusiones.

-Ea, pues ahí se quedan.

Voy a abrir la mantequería. Adiós, cariño.

Hala.

Buenas. -Buenas.

Hay que ver... qué mayor está Monchito.

Qué lástima que crezcan tan rápido.

-Es ley de vida, Cesáreo, ellos crecen y nosotros menguamos.

-Los periodistas ya le hacen ganador.

Menudo revuelo ha montado donde ha ido a votar.

-No cantemos victoria, hay que esperar a que termine recuento.

-Ahí has hablado,

no es la primera vez que un recuento tira por tierra

las mejores expectativas.

Bueno, vamos.

-Señor Palacios.

-Dígame, Cesáreo.

-Disculpe, quería hablar con su hijo.

Si sale elegido diputado,

espero que mejore las condiciones de los serenos.

Somos pocos y la ciudad es cada vez más grande.

-Sí, claro, habrá que...

incrementar la plantilla para no cargaros de horas.

-Y el del gremio de los porteros.

He hablado con Jacinto y están desamparados,

que han perdido el apoyo del Partido Servandino.

-Ya.

Sí, si sois los guardianes de la ciudad,

no os dejaremos en la estacada.

Me he criado en este barrio y todos me conocéis desde pequeño,

así que,... os voy a representar con humildad y con respeto,

sin olvidar el compromiso con los que me han votado.

-Así lo espero. Y que Dios le oiga.

-En fin. -Bueno, sigamos el paseo.

-Con Dios. -Con Dios.

Ya es raro que Marcelina no me haya comentado nada de la carta.

-Será pa no ponerse más triste.

Por lo que me ha contado, guarda buen recuerdo de su tío.

-Es una faena que no pueda cerrar el quiosco para despedirle.

¿Ha terminado usted ya con la silla?

-Sí. Solo hay que dejar que se seque.

-Muchas gracias, Jacinto.

Menos mal que está usted aquí,

si fuera por Servando, se caería la pensión a trozos.

Este hombre está en todo, menos a lo que tiene que estar.

Fabiana, Jacinto,

me es grato anunciarles que en el desempeño de mi nuevo cargo,

me he dispuesto a reunir a los miembros

de la Asociación de casas de huéspedes

para discutir con el ayuntamiento temas referidos con el gremio,

y con el municipio por ende.

Muy bien. Si se reúnen aquí, cuidado con las sillas,

que se rompen con mirarlas. Lo tendré en cuenta.

Y usted, Fabiana, ¿qué dice?

-¿Nunca se cansa usted de darle al magín?

Dios quiera que no.

¡Me he propuesto cambiar de arriba a abajo esta ciudad,

y nada ni nadie me va a parar!

Ya veremos, porque una ya está harta de soportar

las consecuencias de sus delirios.

¿Está llamando a mis proyectos" delirios"?

¡Uste está muy equivocada, señora mía!

Si se quiere reunir con los miembros de su asociación,

ya puede buscar otro lugar, porque aquí no los quiero.

¿No quiere que esta pensión forme parte del futuro de la ciudad?

Estoy protegiendo a mis clientes de sus patochadas, ni más ni menos.

¿Sabe lo que es usted? Es una enemiga del progreso.

¡El progreso se demuestra andando,

y a mí me queda todavía mucha faena por delante! Abur.

Una atrasada y una retrógrada, eso es lo que es.

-A mí no me meta, Servando, que bastante tengo con lo que tengo.

Ahí se queda.

Solo e incomprendido,

tal es el sino del hombre de genio.

¿Qué les ha dicho el médico? ¿Qué ha pasado?

-Según el doctor, la señora sufre un episodio de agotamiento.

-Pero eso se cura con descanso, ¿no?

-¿Cómo voy a estar callada tanto tiempo?

-¿Cómo? -Es agotamiento de la voz.

Bellita la ha forzado mucho durante su vida y se está resistiendo.

-Y yo, queriendo curar los pinchazos con ungüentos del Aquilino.

-Ya estás tirando esos potingues, que no sirven para nada.

-¿Y le ha dado el doctor algún remedio?

-El único remedio es reposar la voz,

no decir ni mu durante un periodo bien largo,

si no quiero perderla para siempre.

-¿Y tampoco puede cantar?

-Ni cantar, ni na. A ver si es capaz de aguantar calladita.

-Qué disgusto más grande, niña.

-Al menos sabemos qué es lo que te pasa,

ahora solo hay que hacer lo que nos ha dicho el médico.

-¡Cómo si fuera tan fácil! ¡Si yo hablo hasta con los cojines!

-Pues eso se va a acabar.

Te haces con una pizarrita y lo que tengas que decir, nos lo escribes,

¿verdad?

-Por supuesto. Con lo que a mí me gusta leer.

-Yo solo me quiero morir.

-Pamplinas. Mira que morirse por una cosa así...

-Mi carrera se ha acabado y mi vida ya no vale na.

-Señora, no se acongoje, por lo que más quiera.

-Encerradita me voy a quedar para que nadie me vea arruiná.

-Niña, ¿quieres que pidamos una segunda opinión?

-¿Y si dice lo mismo? -Pues buscamos a otro.

Y si hay que ir al extranjero, pues se va.

A ver cómo se lo decimos ahora a Pepe Caro.

-No nos precipitemos, que aún quedan dos semanas para la actuación.

-Seguro que en ese tiempo, usted se recupera del to.

-Lo mío no tiene solución, mi carrera está acabada.

-De momento, no diremos na, hasta que no veamos a otro médico.

-Anímese señora,

que le he preparado un potaje, que le va a levantar el ánimo.

-No tengo hambre.

-Mire que le he puesto una buena tajada de bacalao.

-¡Ay, qué pena y qué desgracia más grande!

Póngase cómoda.

Lolita está de paseo con Moncho, igual tiene que esperar.

-No se preocupe, no es con Lolita con quien quería hablar,

sino con usted. -Bueno, pues usted dirá.

Ahora que se va a convertir en un hombre tan importante,

no debería olvidar quiénes son sus amigos de toda la vida,

esto es,

Liberto y yo misma.

-Descuide, que no me voy a olvidar de ustedes.

-Claro. Porque yo estoy convencida de que...

con su nueva posición, usted...

podrá conceder algunos favores, que en nuestro caso,

agradeceríamos profundamente.

-Lo que esté en mi mano.

-(GRITA DE ALEGRÍA)

Me gustaría asistir a la Casa Real y codearme con la nobleza.

-A lo mejor nos estamos...

-Usted ya sabe de mi interés por los asuntos pecuniarios.

-Doña Rosina...

-Buenas, don Ramón.

He venido a ver a su hijo para decirle que Liberto y yo

estaríamos encantados de conocer los entresijos económicos del país

para saber cómo organizar mis ahorros.

¿Usted cree que sería posible?

-Lo que yo opino... -Padre, padre,

igual prefiere que le conteste el futuro diputado.

Lo primero, Rosina, agradecerle su confianza,

pero no puedo comprometerme en asuntos que, de momento desconozco,

eso sí,

le iré manteniendo informada en el futuro.

-Antonio, no deberías vender la piel del oso antes de haberlo cazado.

-Venga, Ramón, no sea aguafiestas.

Todos estamos convencidos de que Antoñito va a salir elegido.

-No deberían de estar tan seguros,

porque las elecciones van a estar muy reñidas

y no deben dar nada por seguro. -Ay, por favor.

Usted no se deje desanimar por el sieso de su padre,

y no olvide esta conversación con la emoción del triunfo.

Ya me voy.

No hace falta que me acompañen. Queden con Dios.

-Con Dios, Rosina.

-Con Dios.

¿Qué le parece, padre? No deja de aumentar mi popularidad.

Aún no se saben los resultados, pero todos me dan por ganador.

Todo el mundo se acerca a saludarme,

a preguntarme cómo estoy, pedirme favores...

Y eso no es más que el principio.

¿Qué pasa? ¿No se alegra por mí o qué?

-Creo que estás pecando de vanidoso,

y no me gusta que alardees de esa manera.

Antonio. ¡Antonio, hijo!

Espero que no te importe que haya venido.

-Me da igual.

-He estado pensando qué hacer con el dinero de la venta del restaurante

y voy a invertirlo para instalarme en Santander.

-¿Va a volver? -Sí.

Allí está mi casa familiar.

La restauraré y podrás venir cuando quieras.

¿No dices nada?

-Pensaba que...

le iba a dar una segunda oportunidad al amor

con la reaparición de Marcos, pero veo que no es así.

-Tuve que rechazar su proposición.

No podía afrontar el amor con él.

-Pensaba que lo amaba.

-Lo quise con locura, pero ahora ya no sería lo mismo.

No se puede volver atrás en el tiempo.

-¿Por qué no?

-Porque no quiero borrar mi pasado.

Me casé con tu padre

y tuve dos hijos que me han hecho la mujer más feliz del mundo.

Emilio me hará pronto abuela y...

tú estás próxima a cumplir 21 años.

-Veintiún años y viuda.

Y libre de hacer con tu vida lo que te plazca.

Vente conmigo, Camino.

He trabajado lo suficiente y creo que me merezco un descanso.

-No puedo,

he de guardar luto por mi marido.

-En ese caso, esperaré a que superes tu abatimiento.

-Dudo que eso ocurra,

los recuerdos de mi desgraciado matrimonio me abruman.

No hay motivo para la esperanza.

-No digas eso, hija, todo se sale.

-¡Mentira!

Ildefonso era un chico sensible

y bueno,

y yo le aboqué a la muerte.

Y usted también,...

con su maldita estrategia de engaños y mentiras.

La culpa me ahoga,

me ahoga tanto que,...

que he llegado a pensar

si... no sería mejor correr yo esa misma suerte

y abandonar pronto un mundo que me hace profundamente infeliz.

Estoy deseando escuchar tu versión sobre Javier Velasco.

Fue él quien propicio que entrara a su servicio aquí en Acacias.

¿Con qué intención?

El sabía de sus desavenencias matrimoniales

y de los amoríos de don Felipe con Marcia.

Yo era parte de su plan para desacreditar a Felipe

y ganarse su amor.

Javier Velasco está profundamente enamorado de usted.

El muy canalla me ha utilizado.

Es muy astuto.

Ordenó cada una de sus delaciones a Felipe para separarles.

Y poder así presentarse como mi salvador, evitando mi condena.

Bajo su capa de hombre cortés y astuto, se esconde un ser malvado,

incapaz de tener compasión por sus semejantes.

¡No sé cómo no me percaté de su ruindad!

Hay algo más.

¿El qué?

Tras obtener sus favores,

me encargó que envenenara a Felipe.

Eso es lo que me dijiste.

Pero no fui capaz de hacerlo,

por eso me ordenó que volviera y lo matara.

Y lo hubieras hecho, de no haber entrado yo para impedirlo.

Amenazó a mi hermana pequeña con hacerle daño.

Entiéndame, no tenía escapatoria.

El que no va a tener escapatoria es Javier Velasco.

Ese hombre ha firmado su propia sentencia.

¿Estás de acuerdo conmigo?

Todo lo manipula y lo cambia para que cumpla sus deseos.

-Hija, solo quiero protegerte. -¿No es capaz de escarmentar?

Dentro de pocos días cumpliré 21 años,

y cuando ese día llegue,

perderá cualquier mínimo resquicio de autoridad que tenga sobre mí.

Ahora que sé lo que pretende, no podrá esquivar su castigo.

Tan solo debemos adelantarnos a sus pasos.

¿Sabes algo de su viaje?

Es posible que inventara ese viaje de negocios,

así cómo inventó lo del robo en su casa.

Me he encontrado este mazo. Me lo ha dado de parte de Pepe Caro.

-¿Qué es, Jose?

-Pues qué va a ser, una muestra de los carteles que anuncian

tu actuación en su teatro.

-Ay, virgencita, hay que anularla.

¿Y recuerda algo de mí?

He querido tener...

un recuerdo difuso de su rostro... en una de las ventanas de Acacias.

Cartas que habrá escondidas, llamadas en clave, telegramas...

-Mucho lío para un amante.

-No digas estupideces, claro que no tiene un amante,

ni lo he pensado. -Entonces, ¿qué te inquieta?

-Que se trate de asuntos de alto espionaje.

-¿Es eso cierto? -Hasta la última palabra.

-Me pinchas y no sangro.

No me extraña que no quieras volver a México.

-No es culpa de los mexicanos, sino de mi carácter impulsivo.

-Y de tu belleza.

No me lo esperaba para nada.

-Después de que tú me contaras lo tuyo con Maite,...

no sería justo que no supieras mi secreto.

-Que no se queda atrás del mío.

¡Eh, eh, don Antoñito, don Ramón!

¡Que ya han llegado los resultados de las elecciones!

Anabel me ha hablado de su rechazo a su padre.

Creo que esa decisión es muy acorde a...

su especialidad,... hacer infeliz a todo el que está a su alrededor.

-Supongo que merezco este trato.

-Quizá sí.

Quizá seamos el resto los que no merecemos cómo nos trata usted.

-Me duele.

Me duele que sea lo único que ves en mí.

-No va a ablandarme, madre, ahórreselo.

Se llamaba Marcia.

¿No se acuerda de ella?

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Acacias 38 - Capítulo 1272

25 jun 2020

Laura está a punto de matar a Felipe en el hospital, pero no es capaz de hacerlo. En estas la descubre Genoveva y la criada acaba confesando que obedece órdenes de Velasco.
Felicia rechaza la propuesta matrimonial de Marcos. Él, destrozado, propone a Anabel regresar a México. Y Felicia busca consuelo en Camino, pero la muchacha sigue deprimida por la muerte de Ildefonso.
Jose lleva al médico a Bellita, que se ve obligada a ocultar ante los vecinos lo ronca que está. El médico pide reposo a la folclórica.
Los nuevos dueños del restaurante se hacen un hueco en el barrio y se nota la complicidad entre Roberto y Ramón Palacios.
Son las elecciones y Antoñito está confiado con el resultado. Rosina aprovecha para pedir un favor personal al político. Ramón previene a su hijo.
Genoveva le ofrece un pacto a Laura: juntas terminarán con Velasco.
 

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