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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1270 - ver ahora
Transcripción completa

Solo quiero que cuando tomes una decisión,

lo hagas únicamente pensando en ti y no en castigar a Felicia.

-¿Me tomas por estúpida, crees que no sé lo que hago?

¿Qué ocurre?

Me ha parecido ver a la mujer que vi cuando volví a la vida,

pero se ha marchado.

Era su criada,

Usted la despidió por mentirosa y manipuladora.

Le pido que nunca confíe en ella.

Así lo haré. ¿Qué tiene ahí puesto?

-Es un preparado para la piel del cuello,

que lo pone más terso que el pellejo de una pandereta.

Felicia siempre ha buscado lo mejor para su hija.

-Solo buscaba una buena boda para ella.

-Se equivocó, pero no lo haría con mala intención.

-Ándese con pies de plomo. -No me gusta que hables así de ella.

si ha obrado de forma tan egoísta con su propia hija,

¿por qué piensa que será una buena esposa para usted?

-"Llame lo que le haga falta".

-Gracias.

Operadora, quiero hablar urgentemente con alguien.

Sí. Escúcheme, por favor. Hace unos días no daba una

y ahora tiene más seguridad que el mismísimo Antonio Maura.

Por esto.

-Uy.

Felipe ahora es pura simpatía, y solo tiene ojos para usted.

Así es. Esto beneficia a todos.

-A todos no, Felipe no puede ver a don Ramón.

No puede seguir en la inopia.

-Ir ahora, son ganas de llevarse un disgusto.

Conozco a don Felipe, y si no se acuerda de na,

estará enrabietao con nosotros.

-Está bien, Lolita.

Si sale nuestro partido,

todo esto que te digo puede que se haga en pocos meses,

pero necesito toda la ayuda que puedas conseguir.

No sé cómo le voy a ayudar.

Consiguiendo que todo el mundo que conozcas firme

el apoyo a mi formación.

No tengo na que perder.

Y no solo subiré el precio de vuestros productos,

sino que además, bajaré los impuestos que pagáis.

¿Eso es posible? Si gana mi partido, sí.

(RÍE)

De esta, entro en el Congreso por la puerta grande.

Más bien diría que lo contrario, me ofrece

el 75 % de la recaudación.

-Madre mía, con lo grande que es su teatro, eso es un dineral.

-Un dineral y pico.

Yo diría que sí sin pensarlo, pero la última palabra la tienes tú.

-Habrá que decirle que sí, no nos vamos a ver en otra.

Felipe está convaleciente,

y como soy su esposa, tengo que estar con él.

Qué estupidez estás diciendo.

No, de cara a los demás, es lo más sensato.

Me enamoré de una mujer, de Maite Zaldúa.

-Comprendo que no le resultara fácil seguir adelante ese amor.

-Y menos cuando lo supo mi madre.

-Que sepas que tienes en mí a una amiga fiel.

-¿Aunque sea una invertida?

Nadie puede mandar sobre nuestro corazón.

Considéralo una enfermedad, como si hubiera perdido la cabeza.

Como si hubieras perdido la cabeza por otro.

Aguarda a que salga del hospital,

y entonces, seré tuya.

¿Ese olor tan apetitoso que llega de la cocina es lo que yo creo?

-Espero haber acertado.

Me he permitido guisar chicharrón con salsa chipotle.

-Es mi plato favorito.

-La señorita me lo dijo.

-¿Y los chiles? ¿Cómo los ha conseguido?

No son alimento habitual en España.

-Lleva razón, no es nada fácil encontrarlos.

Aunque las chicas del altillo han buscado con tanto brío como yo.

-¿Y entonces?

-Al final, buscando aquí y allá,

hemos dado con unas guindillas del norte

que se parecen mucho a los chipotles.

-Mucho trabajo para una salsa.

-No si una sabe que va a ser apreciada.

-Complacido, Soledad, muchas gracias.

-Lo único que espero

es que se parezcan un poquito, y si no, usted me lo dice,

me dice lo que le falta, y la próxima vez,

se lo hago a su gusto. -Se lo haré saber,

pero me juego algo a que estará deliciosa.

¿Llama usted a Anabel para cenar?

-No está, señor, pero no tardará.

-Ya.

Y...

según me dice, en el altillo todas se llevan muy bien, ¿no?

-Sí, señor.

-O sea que no ha tenido problemas de acomodo y ya es usted una más.

Perdone que no me haya interesado antes.

-No era necesario, señor. Ha sido todo muy fácil.

Estoy más que contenta de servir en su casa.

Hasta el barrio me gusta.

-También a mí.

Me gusta ahora y le veo mucho potencial en el futuro.

Acacias irá a más, no le quepa duda.

-Hasta una con su poco discernimiento lo ve.

¿Sabe que van a abrir un banco aquí al lado?

-No tenía ni idea.

Banco Monte de Piedad o algo así.

Y ese no es el único cambio.

Doña Felicia vende el restaurante.

-¿Seguro?

-Sí. Mañana firman y entrega las escrituras.

Me lo ha dicho la doncella del notario.

-Sabía que le habían hecho una oferta,

pero... no que la hubiera aceptado ya.

-Pensé que querría estar usted al tanto.

(Puerta)

-¿Salsa chipotle? -Las ganas que tú tienes.

No sería posible conseguir chipotles aquí.

-Es una sorpresa.

-¿Es el correo de hoy?

-Perdone, señor, estaba usted trabajando y no se lo he entregado.

-No se preocupe. ¿Vamos a cenar?

-Ahora mismo.

-Para mí solo es esta. De una amiga mexicana.

El resto son para usted.

-Aquí está la cena.

-¡Chicharrón! ¡Lo sabía!

Le dije a Soledad que era uno de sus platos preferidos.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Suenan las campanas)

Pase, pase, Fabiana y siéntese.

-Que no, mujer, si va a ser un momento.

-¿Se va a tomar el café de pie?

-Ya he desayunao. -¿Y qué tiene que ver?

El café se toma a todas horas, sin ganas.

Que hace mucho que no somos criadas.

-Lolita lleva razón, Fabiana.

La hemos llamado para tomar café y que nos ponga al cabo de la calle.

Siéntese, por favor.

-Venga, sea.

-Entonces, ¿fue a ver a don Felipe?

-Ayer.

Una calamidad como está el hombre. Se ha quedao en los tiempos

de Maricastaña.

-Parece que no recuerda nada posterior a Celia.

-Por ahí, por ahí debe andar.

A mí me mentó como criada.

No se acuerda de la pensión ni de na de después.

-¿Dijo algo de mi marido?

-Ni dijo ni dejó decir.

Yo saqué el tema y se puso to desasosegao,

y por descontao, me callé como si me hubieran cosido la boca.

-¿Y Genoveva?

-Pues allí, a lo que él quiera pedir.

Se desvive. Pendiente todo el tiempo de él.

Cuando lo de don Ramón, cuando lo de don Ramon...

me puso una cara...

Claro, luego me explicó que era mejor que no se le dieran disgustos,

que pa decirle las cosas como son,

habría que esperar a que se pusiera bueno.

(SUSPIRA) Da mucha pena el hombre.

Venga Celia p'arriba, Celia p'abajo...

Como si no hubiera llovido.

-¿Y de Marcia nada?

-¿Pues no te he dicho que no? Pa él, no ha existido la criatura.

La verdad es que solo tiene ojos para doña Genoveva.

-Sin saber que es su esposa.

-Como si fuera de la caridad.

Pero la mira con buenos ojos, que eso se nota.

La mira como si fuera una aparición de la virgen,

pendiente de cada gesto de ella.

-Y ella de él, por lo que cuenta usted.

-Es muy raro verlos a partir un piñón,

cuando se han peleao en el juzgao.

-Digan lo que digan, Genoveva sabe estar.

Hace una miaja estaba casi en galeras

por la acusación de él, y ahora ahí, bien sacrificá.

-Todavía es su mujer.

-Por eso, que hace lo que tiene que hacer.

A más de una le está callando la boca.

-Hasta a mí me impresiona.

Será buena o mala o peor, pero quiere a Felipe.

Le ama.

-En eso tiene usted razón,

que pocas quieren de ese modo, pero muy pocas.

Pué que ni Marcia le hubiera querido igual.

Café no le permitirán tomar,

pero de tarta de almendras, nadie ha dicho nada.

No sabes lo que significas para mí.

Me imagino que ya te lo he dicho alguna vez:

pero cuando perdí a Samuel, pensé que nunca podría recuperarme,

no ya a ser feliz, sino ni siquiera volver a reír.

Pero la vida, el amor...

me dio una segunda oportunidad,...

tú.

Mi amado Felipe.

Mi regalo.

Y también lo perdí.

Te perdí.

Como si no pudiera conservar nada,

como si no mereciese conservar nada.

pero ahora...

¿Crees que Dios ha mediado para que vuelvas a mí?

¿Crees que Dios o el amor me ha otorgado

esta tercera oportunidad?

Podría durar,...

yo haría que durase.

Sería una mujer nueva para ti.

Volverías a quererme, Felipe, estoy segura.

Pero pronto,

días, semanas,...

No sé, pronto...

saldrás del hospital y...

yo me alegraré, me alegraré de que recuperes tu vida.

Pero...

también tendré que contarte todo.

Y eso será el fin. Otra vez.

Me expulsarás del paraíso.

Porque eso eres para mí,...

el paraíso.

¿Me ha escuchado?

Mejor,...

soñaba con usted.

¿Qué soñaba?

Me sentía desconsolado por la muerte de Celia,

era un... dolor infinito,

un dolor del que no podía escapar.

Usted me tendía las manos...

y yo se las cogía.

El alivio era inmediato.

Lo hubiese hecho de haber estado ahí.

Y tras el alivio, la esperanza.

Usted secaba mis lágrimas...

y me besaba en la frente.

La esperanza surgía en mí.

Puedo ser su apoyo.

Y besarle si eso le alivia y le esperanza.

(SONRÍE)

No es un sueño.

No, no lo es.

¿Más té, señoras? -Sí, por favor, Alodia.

Gracias.

-Yo también, Alodia. Gracias.

Riquísimos los bollitos, exquisitos, Bellita.

-Son una especialidad de Alodia.

-Estás comiendo como si no hubiera un mañana.

Están... Son delicadísimos, Alodia. Felicidades.

-Gracias, señora.

-¿Podrías enseñar a Casilda a amasarlos?

-A Casilda y a mí.

Me encantaría hacerlos para la familia.

-Cuando usted quiera, señora.

-No me parece bien que ahora nos pongamos a entrar en la cocina.

Perdona, Carmen, pero las señoras no deberíamos andar entre fogones.

-Un consejo a destiempo, doña Susana,

¿o acaso no sabe que no tenemos servicio?

-Ahí quería llegar yo.

Una familia del prestigio y posición de la suya, bueno, de los Palacios,

debería rodearse de un servicio en consonancia.

¡Por el amor de Dios,

que tu yerno podría llegar al Parlamento!

-Y no sería un desdoro para él

que su mujer y su suegra hicieran las tareas del hogar.

-Desdoro, quizá no.

Pero no se hablaría de otra cosa entre las esposas de los diputados.

-Mire, mejor vamos a dejarlo.

Doña Bellita, ¿cómo van esas veladas que se comenta que va a dar usted?

-A las mil maravillas. Dentro de nada, una semana,

actuaré en el mejor teatro de la ciudad, y de ahí para arriba.

-Qué bien.

Mi más sincera enhorabuena. -Espero que nos deje a todos

con la boca abierta, como es lo habitual.

-A ti con la boca abierta no, que nos llenarías de migas.

Reciba también mis felicitaciones,

aunque le pido un favor, que no cante la canción del pastor.

Es como ver al papa de Roma

partir las hostias con una navaja de Albacete.

-Me temo que no podré complacerla, doña Susana,

esa canción es la que me ha puesto de nuevo en lo más alto.

El empresario que me ha contratado la exige y la quiere como bis.

-Se ha perdido el gusto hasta en lo más sencillo.

Definitivamente, soy de otro tiempo.

-Tú siempre has sido de otro tiempo, Susana.

Y no me refiero al siglo pasado, sino a la Edad Media.

-No sea así, Rosina,

si algo tiene este siglo, es que todo el mundo puede dar su opinión.

-Más vale estar demodé

que agarrarse a cualquier simpleza que se ponga en boga.

Partido Servandino, que llega a la gente con mucho tino.

Vote al Partido Servandino.

(SUSPIRA)

Estaba yo aquí dándole vueltas a la actualidad del país.

¿Ha visto usted esta joya?

Bueno, yo me la sé de memoria

porque me gusta estar al tanto de lo que publica

la Junta Central de mi partido.

¿Usted sabe que para mi partido los serenos

y las fuerzas del orden en general son la sal de la tierra?

Algo he oído, sí.

Si saliera el Partido Servandino,

los serenos y las fuerzas del orden en general,

serían la élite de la clase trabajadora.

Ya. Y ahora es cuando cree que me tiene a punto de caramelo,

y me pedirá mi firma para legalizar su partido, ¿no es eso?

Es el procedimiento habitual. ¿Qué le cuesta a usted una firma?

Ya, pero como fuerza del orden,

no puedo decantarme ni por uno ni por otro partido.

Así no avanza un país.

Si no nos ayudamos entre amigos y vecinos, mal va la cosa.

Debería tomar ejemplo de Casilda y Marcelina,

se han ofrecido a recoger firmas entre...

las criadas y los quiosqueros. Eso se llama solidaridad.

Sí, y por eso el pobre Jacinto se ha quedado a cargo del quiosco,

pudiendo perder su empleo por abandono del puesto de trabajo.

¿Eso a usted le da igual, don solidario?

¿Me va usted a acusar a mí, a un servandino,

de no ayudar a mis conmilitones?

Va usted a ver la ética servandina en acción.

Has tenido suerte, Jacinto,

aquí llega un piquete solidario y servandino.

¿Te echo una mano? Sí, que está esto muy revolucionao.

Nada de revoluciones,

que los servandinos somos reformistas,

el Partido Servandino huye de los extremos, señoras y señores.

-¿Y este éxito?

-Don Antoñito ha salío retratao. Y nosotros.

¿Sí?

¿Salimos retrataos los servandinos en la prensa?

Madre del amor hermoso.

-¿Sabe don Ramón algo de esto?

-Pa mí que no.

Por ahí viene Carmen, y por su sonrisa,

no parece estar enterá.

-Muy buenas.

-Con Dios.

Tendría que haberles visto, padre. Me escuchaban con la boca abierta.

Solo les faltó aplaudir.

-¿Y por qué no te aplaudieron esos levitones?

-Era una reunión en petit comité, no se suele aplaudir.

Era solo para aprobar el discurso.

-Lo supe en cuanto terminé de leerlo, lo sabía.

-Era muy equilibrado.

Eso es justo lo que les gusta a los de las barbas y levitas.

Es verdad que tenía en mente agradar a los altos cargos del partido,

pero todo lo que dije, lo siento de verdad.

-Por eso les llegaste al alma, diputao.

Bueno, por eso y por la ayuda de Aquilino de Cabrahígo.

¿No te lo dije yo? -Lo dijiste, Lola.

-Claro. es que, Aquilino el Mudo es mucho Aquilino.

-Hijo, ¿te das cuenta de que dentro de nada

podrías ser un diputado?

-Sí. Y me abruma un poco tanta responsabilidad.

-Eso te honra, pero mucho ánimo, valor y al toro.

-Tenéis que ver esto.

Menos mal que los servandinos somos todos para uno.

Si crees que no estoy trabajando,

es que desconoces la responsabilidad de un dirigente.

No dejo de darle vueltas

a cómo afectará este retrato al ascenso imparable del servandismo.

-No diga majaderías,

el que está en problemas es Antoñito.

A ustedes, ni siquiera se les ve.

Mire lo que dice en la foto.

(LEE) "El flamante candidato del Partido Conservador

disfrazado de espantapájaros".

"¿Busca el voto del campo español?".

El campo, el campo español,

ya sabía que se me olvidaba algo en el programa de gobierno.

Esto afectará a la candidatura

de don Antoñito, y no para bien.

-Ese fotógrafo ha ido a carroñear, como los buitres.

Si ya tiene uno. -Me ha dado el cambio mal.

-¡Ese fotógrafo es un buitre carroñero!

-No digo yo que no lleve mala intención publicar el retrato,

pero no puedes culpar de todo al fotógrafo.

No deberías haber salido a la calle con esas pintas.

-No salí así, solo quería que Servando y Jacinto vieran.

-No, si ahora la culpa la va a tener Aquilino el Mudo.

Son esos periodistas, que quieren pillar a la gente buena

con el calzón bajao.

(Teléfono)

Yo lo cojo. -No, voy yo.

Será la Junta Nacional del partido.

Sí. Dígame. Sí.

Soy yo. Sí, pero yo no salí así para que...

Ya.

Sí, allí estaré, claro.

Adiós.

Quieren verme.

Es el final.

Hola.

Si ha venido a visitar a Genoveva, tendrá que ir al hospital.

-No se separa de su marido. Incluso ha dormido allí.

-Gracias.

-¿Quiere que le demos algún recado si la vemos?

-No, gracias, no es urgente. Que tengan una buena tarde.

Ese ya se creía que podía galantear con Genoveva,

y se va a quedar con las ganas. -Haz el favor, Rosina,

no tienes información para hablar así.

-Tu esposa tiene razón, sobrino.

Tendrías que haber visto a Genoveva ayer en el hospital.

Se comportaba como una recién casada.

-La ha venido Dios a ver con la amnesia de Felipe.

-Como que pagaría porque Felipe no se recuperara nunca.

-Sois muy exageradas. Ni un poquito, Liberto.

Genoveva quiere a Felipe,

a pesar de lo que se hayan hecho.

Ahora es como si nada hubiera pasado.

-Si por ella fuera, se quedaría toda la vida junto a él,

como dama de la caridad o como lo que se tercie.

-Es un deseo con muy poco recorrido. Si Felipe continúa mejorando,

tendrá que contarle la verdad.

No podrán hacer vida normal si continúa engañándole.

-O peor,

alguien se lo contará todo a Felipe y arderá Troya.

-Otra vez. -Otra vez.

-En resumidas cuentas,

que el letrado Velasco pierde el tiempo.

Se ha quedado compuesto y sin novia. -¿Nos vamos?

-Vamos, vamos. -Sí.

¿Ves? No hace falta ni contarlas.

He recogido más firmas que tú, de aquí a Lima.

-¡Toma y no!

Vas a comparar a las criadas con los quiosqueros, somos cuatro gatos.

-No haberte cambiao de gremio. ¿Qué?

¿Cómo van mis sufridas militantes? ¿Tenemos ya esas firmitas?

Ya puede uste ayudar a las criás, les he prometido el oro y el moro.

-Pues no le digo los quiosqueros,

hasta botijos de agua fresquita pal verano he tenido que ofrecerles,

y de gorra. Los tendrán,

Pero cuando yo sea diputado, de otro modo, tengo las manos atadas.

-Mejor, así podrán darle las leches más cómodos los firmantes.

Bueno, bueno, la política no es un camino de rosas.

¿Se quiere uste creer que a lo mejor yo valgo para la política?

Muchos son los llamados y muy pocos los elegidos.

Yo me he obligado a tanto con los quiosqueros,

que me salían unas prédicas, que ríase uste de Castelar.

¿Te escuchaban? Sí, sí,

como a Cristo en el sermón de la montaña, estaban Embobaos.

¿Y qué les decías?

Toma, pos lo del programa del Partido Servandino.

¿Que es...?

¡Recoñe, lo de que los quiosqueros son la sal de la tierra

y que se convertirán en la élite de la clase trabajadora!

-Vamos a ver, ¿eso ha salido de tu mollera?

-No, prima, eso es lo que Servando llama su ideario.

Sin falsa modestia, claro

-¡Su modestia no será falsa, pero todo lo demás, sí!

¡A las criadas nos llama la sal de la tierra

y la élite de la clase trabajadora!

-¿Vosotras también? Es que lo son, lo son.

-¡Es uste un mentiroso!

¡Pero ¿cómo no me lo había figurao?!

La culpa es mía. El que con niños se acuesta, meao se levanta.

No saques las cosas de quicio. -Servando,

desde ahora mismo le digo

que como los quiosqueros no sean la élite de la clase trabajadora,

van a enrollar los periódicos como en Sanfermines

y le van a correr a uste hasta chiqueros.

Eso es lo que tiene ser líder,

que no siempre todos me comprenden. Yo solo quiero...

que las criadas y los quiosqueros,

los quiosqueros y las criadas sepan que son lo más granado

de la clase trabajadora.

¡La élite no!

¡La élite, o lo son unos o lo son las otras!

Te equivocas por tu naturaleza radical.

No todo es blanco o negro.

-Sus intenciones son más negras que la pez.

¿Así estamos? Esa no es manera de hacer país.

Lo que el Partido Servandino quiere

es que todas las clases sociales

y los estamentos se unan en una paz social.

¿Y cómo se logra esa paz social?

Juntando a criadas y quiosqueras,

quiosqueras y criadas para que no riñan entre ellas

y que podamos ser la sal y la élite,

la élite ¡y la sal de la tierra!

Y el que no lo vea así... ¿A cuántos más, Servando,

a cuántos ingenuos más les ha prometido el oro y el moro?

¿Yo? A nadie.

Esto, te lo juro y te lo prometo Es palabra de diputado.

-Diputao sin elegir todavía. Así es.

Tengo que reconocerlo, vuestra visión política supera

la de la mayoría de los que hoy se sientan en los escaños.

Porque vosotras sois el sostén,

la fuerza de choque, la élite de mis militantes.

Voy a recontar estas firmas,

y si son suficientes,

mañana estaréis conmigo en el paraíso.

Con Dios.

Me sentí muy bien después de contarte mi vida y milagros.

-Y yo más cercana a ti que nunca. No debió resultarte fácil.

-No.

Temía que cuando supieras de mi amor por Maite, huirías espantada.

-¿Yo?

Hace falta algo más que eso para espantarme a mí.

-¿No sentiste... repulsión...

o temor por si me acercaba a ti?

-Ni se te ocurra. (RÍE)

No me escandaliza el amor entre mujeres.

Cada uno es cada uno.

Lo que no entiendo es qué le encuentran a eso.

A mí me faltaría algo, algo... importante,

algo más... sólido.

Perdón, eso ha estado de más.

Olvidé el luto que guardas.

-No pasa nada.

Necesito esa... risa y frescura que tú tienes.

Y, sobre todo,

necesito alguien con quien hablar y que no se lo tome a la tremenda.

Alguien que te diga las cosas como las siente, con sinceridad,

¿no es eso?

Seré ese alguien para ti.

-¿Como una hermana?

-Como una hermana.

Y no es una metáfora.

Puede que muy pronto figure así en el registro civil.

-Yo no me lo tomaría con tanta alegría.

-No me voy a poner a llorar porque mi padre esté enamorado.

-¿Crees que acabarán casándose?

-Eso debería preguntarlo yo.

Al fin y al cabo, depende de tu señora madre.

-Por el bien de tu padre y por el tuyo propio,

espero que no sea así.

-He visto mucho,

pero nunca a nadie que le tenga tanta ojeriza a su madre.

-Rencor.

Ha destrozado mi vida.

-Sé que es duro lo que voy a decir, pero...

ahora que eres usted viuda, tienes más perspectivas.

-No tengo a Maite.

-Y no la tengo por culpa de mi madre.

Además, también...

en última instancia, ella puso a Ildefonso en el disparadero.

No la perdonaré jamás.

-¿Y no has tenido noticias de Maite en todo este tiempo?

Susana me ha puesto en antecedentes, sí.

Una tragedia.

-Imagínese, la esposa de mi mejor amigo.

A la cual yo apreciaba.

-Nadie lo duda,

sobre todo, porque Felipe supo reconocer

que usted no fue el responsable de su muerte.

-La vida.

-Que ahora se repite.

-Vuelvo a sentir el odio de Felipe sobre mis hombros.

-Felipe volverá a su ser y le ofrecerá su amistad.

-Eso espero.

Mientras tanto, es duro no poder visitarlo,

explicarle la verdad,

saber que su odio crecerá con los días y no poder atajarlo.

-Sosiéguese.

Hágase a la idea de que nada puede hacer

mientras esté en el hospital.

Tenga paciencia y piense en cómo abordará el tema

cuando vuelva al barrio.

Eh...

No me resulta fácil sacar a colación el tema,

pero... -Mi hijo.

-Su hijo, sí.

-Y la maldita fotografía.

-No debió exhibirse con esas fachas.

-Es un error de novato.

-La política no tiene compasión.

Ser novato no se premia, al contrario.

Y más entre los conservadores,

que alardean de su experiencia y seriedad.

-También necesitan sangre joven, ideas nuevas,

como usted decía de nuestro partido.

-Créame,

por mucho que necesiten renovación,

no van a tolerar actitudes que puedan acarrearles la mofa

y el escarnio. -Tampoco ha sido para tanto.

-No le perdonarán, siento decirlo.

Estoy seguro...

de que la mayoría de la Junta Central

está pidiendo ahora mismo su cabeza. -Lo sé.

Solo estoy actuando como abogado del diablo.

Mi hijo ha puesto mucho de sí mismo en esta iniciativa.

Hasta nos ha costado la armonía familiar... para terminar así.

-Lo siento.

-Quizá deberíamos fijarnos más en las propuestas que en las personas,

en los hechos que en las apariencias,

pero hoy por hoy, la reputación manda.

Cuesta años

labrarse una y se puede destruir en segundos.

¿Qué es esto, el comité de pésames?

-No hables así.

-¿Hay fumata?

-Me he explicado por activa y por pasiva, me he disculpado...

No he rogado de milagro. -¿Y?

-Levitones, padre, como dice Lolita.

Todos mesándose la barba con sus dedos llenos de anillos,

y su convencimiento de que están por encima del bien y del mal,

y su integridad intacta.

-¡Termina de una vez, por el amor de Dios!

Al menos, no me han arrancado los botones ni expulsado del partido.

-Procure ceñirse a los hechos, estamos aquí para ayudarle.

-Bien poco podrán hacer.

-Por favor...

La mayoría está en contra de que yo participe

en el acto de final de campaña.

Preferirían que desapareciese de la faz de la tierra.

-Era de esperar. -No se deje llevar por el pánico,

impide pensar con claridad.

Dígame, hijo, ¿por qué llevaba ese atuendo tan, peculiar?

-Extravagante.

-Déjele hablar, por favor.

-Fue un consejo de mi esposa. Ella es de Cabrahígo, ¿sabe?

-Un pueblo muy tradicional, diría yo.

Evita los detalles más incomprensibles para don Armando.

-No, no, es necesario saber la razón de las cosas.

-Resulta que en Cabrahígo, para la suerte, para levantar el ánimo,

y para dar estímulo,

lo que yo necesitaba, vamos,

confían mucho en los Aquilinos.

-¿Qué es un aquilino?

Continúe, por favor.

-El caso es que el remedio que me dio el Aquilino

fue... vestir ese collar,

llevar un ramillete...

Vestirme de don Nicanor tocando el tambor.

-No tiene ninguna gracia.

-Yo diría mejor, que es vestirse como se visten en Cabrahígo

los que desean algo mucho, ¿no es eso?

Yo obviaría esos deseos.

Lo que usted tiene que hacer

para contrarrestar las dudas que ha generado,

hacer de la necesidad virtud.

-Poca virtud voy a encontrar en el atuendo aquilinal.

-Se equivoca.

La única salida que tiene,

es hacer gala de su atuendo en lugar de avergonzarse.

Se está usted embadurnando como si fuera una momia egipcia.

-Muy aguda.

Te voy a llevar a mi concierto

para que hagas tu número cómico en el entreacto.

Lo decía por su bien, para que parara.

La veo muy nerviosa. ¿No quiere decirme lo que le pasa?

-(VOZ RONCA) Me está cambiando la voz.

-Ay, sí que es verdad.

-Adjudicado, ya tienes tu número cómico en el entreacto.

-Dese más ungüento, dese, dese.

-Al fin entras en razón.

Dame en la nuca, dame en la nuca,

que esto no se arregla solo con la garganta.

-Señora, ¿no sería mejor que se diese usted?

-¡Que me untes, recoñe!

-Sí.

-Venga, dame en la nuca, anda.

¡Más brío! Eso es.

Esa pomada.

-Señora, digo yo una cosa,

¿no tendrá el ungüento algo que ver?

-(VOZ RONCA) ¿Con qué?

¿Con qué va a ser? Con la voz de cazalla que se le ha quedao.

-¿Quieres decir que va a más con esto que me doy, sea lo que sea?

-Podría ser.

-Al Aquilino le llaman el Mudo. -Por algo será.

-¡Quítamelo, quítame este maldito ungüento!

Quítamelo, quítamelo.

¡Quítamelo! -Espere un momento, señora.

-Ahí está.

Ay, Jesús, ay, Jesús.

-Buenas tardes. ¡Reina mora!

-Aquí, en la cocina, la mejor habitación de todas las casas.

¿Qué me he perdido?

¿Qué?

Que está cansada y se va a acostar.

Puede que ni cene.

Buenas tardes. -Buenas tardes.

-Buenas.

-¿Ha tenido usted tiempo de despedirse a gusto?

-Yo las guardaré. -Gracias.

Bueno, pues poco más puedo decir.

Lo único, encarecerles que garanticen al personal

sus puestos de trabajo.

-Pierda cuidado.

Sabemos que gran parte del éxito de un restaurante,

recae sobre su personal.

Los conservaremos y los mimaremos.

-Bien, pues... no tengo más que decir.

Que lo disfrute con salud, doña Sabina.

-También le deseo a usted fortuna en sus próximos empeños.

¿Va a llevar de este negocio usted sola?

-No, no, no, no podría aunque quisiera,

este restaurante es mucho para una sola persona.

Perdón, perdón. Creía que no llegaba a despedirme.

-Disculpe, ¿se va a encargar usted de abrir y cerrar el local?

Sí. Lo hacemos todo juntos, como el matrimonio avenido que somos.

-Ah, que están casados.

Como no dijeron nada.

-Tampoco había por qué decírselo.

-Usted no lo preguntó.

-Es que como pusimos el restaurante a nombre de doña Sabina...

-Cuestiones administrativas. -Bueno, ha sido un placer

hacer negocios con usted, señora.

¿Qué hacía con el enfermera de mi hermana?

-Pronto lo descubrirás.

¿Le ha hecho algo a Lorenza? ¿Le ha pagado para eso?

-Insisto, pronto lo descubrirás.

Pareces ajena a las amenazas. O muy simple para entenderlas

o muy lista para creer que no las llevaré a cabo.

-¡Nunca me he negado a obedecerle! -Negarte quizá no,

pero así es cómo me tomo yo las reticencias,

los retrasos, los errores.

Ya no habrá más amenazas,

ahora son hechos, y te arrepentirás.

-¡No, por favor, espere!

¿Le ha hecho algo a mi hermana?

No pierdas el tiempo con preguntas que no voy a contestar.

Sabes lo que espero de ti.

Quiero resultados ya, Laura. ¡Ya!

-No le defraudaré.

Tu respuesta siempre es la misma: "No le defraudaré, señor".

Pero ese hombre sigue vivo.

Quiero hechos, Laura. Hechos, acciones, finales.

-Ahora, en estos momentos, es más difícil, es imposible.

-Acaba con ese perro miserable.

-Doña Genoveva no se separa de él ni a sol ni a sombra.

-Lo sé.

Lo sabía antes de ordenarte esta muerte.

-Ella está allí siempre.

Duerme allí, junto al cabecero. ¿Acaso cree que yo no he ido...

para hacerlo?

Pero ella siempre está allí, siempre.

-Me encargaré de que Genoveva no sea un estorbo.

-¿Cuándo?

-Esperarás a que te avise.

-Esta vez lo haré, no tenga duda.

-Eso espero, por tu bien.

-Pero no le haga daño a mi hermana, por favor, es lo único que tengo.

-No parece gran cosa.

-Lorenza es más que una hermana,...

le debo la vida.

No podría soportar la culpa si le pasara algo.

-Yo también sufro.

Sufro más de lo que puedas imaginar, pero tú,

eres el instrumento para aliviar mi sufrimiento.

-No lo estropearé esta vez. No tendrá queja.

-¿No he sido vuestro protector durante años?

Me gusta serlo, mejor dicho, me gustaría seguir siéndolo.

¿Por qué estropearlo?

¿Por qué estropear nuestra relación?

(Suenan las campanas)

"Al contrario de que lo que piensa esa prensa maliciosa,

no puedo estar más orgulloso de llevar y exhibir

los elementos folclóricos de la tierra que vio nacer a mi esposa".

-Bien dicho, cariño, bien dicho.

Te ha faltado nombrar a Cabrahígo, que no solemos salir en el diario.

-Eso es porque no os conocen,

que tu pueblo y sus costumbres dan para escribir un libro.

-Uno y doce. -¿Puedo continuar?

-Sí, hijo mío, sigue con la lectura de la carta.

"Desdeñar las costumbres propias y valorar las ajenas,

ha sido siempre una constante

de aquellos que son incapaces de comprender que, en lo nuestro,

en la identidad del español, está la esencia de lo que somos".

-Qué piquito de oro tiene tu hijo.

-Lástima que lo emplee en una causa equivocada.

-No empiecen con sus debates, que quiero saber cómo acaba esa carta.

-Sí, si me queda el final solo.

"Como figura pública no tengo por qué esconder mi amor

a las tradiciones,

las señas de identidad de todo país que se precie de serlo".

"Antonio Palacios,

candidato al congreso por el Partido Conservador".

-Hala.

¿Y bien? ¿Qué les ha parecido?

-Hijo, sabes que no comulgo con tus ideas,

pero he de reconocer que has sabido revertir una situación desesperada.

-La idea nos la dio don Armando.

Dijo que teníamos poco que perder y mucho que ganar.

-Y es de agradecer que el diario haya publicado tu comunicado.

-Si no lo hacen, me lío a mandobles con ellos.

-Ahora falta esperar que tus brillantes palabras

sean suficientes para convencer a los miembros de tu partido.

-Ya. No sé yo si será suficiente,

porque el cierre de campaña está ahí y todavía no me han dicho nada.

Estoy de los nervios.

-Termínate la infusión, ya verás cómo te templa.

Hale.

-Templar va a templar, ahora, las tripas...

-Entera, dale ahí, venga.

-No, Lola, otra vez, ha sido tomarlo y otra vez.

-¿Ya? -Tengo que volver al baño.

(Teléfono)

Ay, ay, ay.

-Sí, dígame.

Ah, pues...

Voy a ver si se puede poner. Disculpe, un segundo.

Antoñito, no te vayas, es para ti,

es del Partido Conservador.

-Habrán tomado ya una decisión.

Aquí tiene su café, Cesáreo. -Agradecido, Fabiana.

Es lo único que me despeja por las mañanas.

-Por cierto, que hace mucho que no le pregunto,

¿sabe algo de Arantxa?

-Hace nada recibí carta suya.

Está tan ricamente en el caserío.

-Vaya, se cartean ustedes. -Claro.

Si no recibo noticias suyas, me entran los siete males.

-Se ve que la añora.

-Una barbaridad.

Ojalá estuviera conmigo.

-Seguro que Arantxa también está deseándolo.

Pero no se me apure usted,

que la vida está llena de sorpresas.

¿Quién sabe si un día se abre esa puerta y es ella?

Lástima, tan solo es Servando, hombre.

-Pensé que se había producido el milagro.

Ya veo la alegría con la que reciben a un servidor.

-No se crea, Servando, que me da mucha alegría verle.

Así podrá hacerse cargo de la recepción,

que llevo toda la mañana sin tender las sábanas.

-¿Cómo le ha ido en el ministerio?

Entre mal y fatal, pa qué nos vamos a engañar.

¿Ha podido entregar las cartas de Jacinto, Casilda y Marcelina?

Las he presentao, pero ha servido pa lo mismo

que si uno tiene tos y se acuesta con su abuela.

No me han autorizao el partido.

Qué gran injusticia, ¿verdad?

Y que lo diga. Sobre todo,

una gran desdicha para España, porque han perdido la oportunidad

de que me presente yo a las elecciones.

Quizás... Si me hubiera apoyado más el gremio de los serenos...

No me eche la culpa,

que la culpa es suya por meterse en cuitas que le vienen grande.

Se equivoca, que yo, probablemente,

sería el político que este país precisa.

Pero yo creo que...

los conservadores y los liberales

tenían miedo de que les quitara sus votos.

Si usted lo dice...

Tome, por el café. Si sigo escuchándole,

tendré que tomar otro pa que no me entre el sueño.

Con Dios. Con Dios.

¡Eh! ¿Se cree que no le había visto?

Le visto vigilándome desde la distancia.

¡Vamos para adentro y desembuche!

¡¿Quién es usted y qué diantres quiere?!

Debemos abrir el restaurante de inmediato, Sabina.

-Antes de nada, tenemos que reformarlo a nuestra manera.

-Si está perfecto tal y como está.

No se arregla lo que ya funciona.

-Tenemos mucho que celebrar, y no solo la compra del local.

A las cinco de la tarde irás al hospital

y esperarás a la salida de Genoveva.

Encontrarás a Felipe solo, tendrás tiempo para hacer lo que debes.

No he podido preguntarle a su mujer si su amiga ha hablado con Aquilino.

-No sé de qué me estás hablando.

-¿No?

Soy Miguel Olmedo.

No será la última vez que nos veamos por aquí.

-¿Cómo lo sabe?

-Mis abuelos son los nuevos propietarios del Nuevo Siglo XX.

Espero que frecuente su negocio.

-Causa espanto escucharla. -(VOZ RONCA) Y lo peor no es eso,

lo peor es que han vuelto los pinchazos.

-Tiene que hablar con Aquilino y pedirle explicaciones.

-¿Y qué crees que he hecho?

(Puerta)

-Señor, ¿ya está de vuelta? -He oído una voz de hombre.

-Un hombre dice. (RÍE)

¿Verdad que es un encanto ese tal Miguel Olmedo?

Mi nieto.

-No le falta gracia, he de reconocer.

Me ha propuesto crear una asociación

de propietarios de casas de huéspedes,

y que yo sea el presidente. Lo que faltaba.

Padre, no me gustaría que se hiciera muchas ilusiones con Felicia.

No sabe con qué intenciones ha aceptado.

-Creo adivinarlas. Me siento como en un sueño.

Un sueño del que no quiero despertar.

Voy a ver qué sucede.

(JACINTO) Ha pasado algo terrible, han entrado en su casa.

¿Cómo? Ladrones. Mal rayo les parta.

(JACINTO) Han arramplao con todo. ¿Un robo en mi casa?

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Acacias 38 - Capítulo 1270

23 jun 2020

Los sentimientos de Genoveva son más que claros para las señoras que visitan a Felipe, la mujer se desvive en sus cuidados. Velasco escucha esto y se muere de celos.

Bellita abusa del ungüento de Aquilino y teme no poder cumplir su contrato para las actuaciones en el teatro de Pepe Caro.

Felicia prepara todo para marcharse sola a Cantabria, con gran dolor de su corazón.

El discurso de Antoñito frente a su partido es un éxito gracias a la serenidad que le transmitió el tratamiento de Aquilino. Pero los amuletos del sabio cabrahiguense son causa de mofa entre la prensa. Armando le da la clave para salir de esa: mostrarse orgulloso de su atuendo.

Las amenazas de Velasco no se hacen esperar y Laura encuentra al abogado "cuidando" de su hermana Lorenza. Ella sabe que está entre la espada y la pared: es la vida de Felipe o la de su hermana.

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  1. Eliana

    de verdad que cansones son los personaje de Servando, y Rosina

    23 jun 2020