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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capitulo 1269 - ver ahora
Transcripción completa

Espero que no haya nada que te una a Felipe, sería un contratiempo.

-Nada.

-Muy bien.

Tenemos que aprovechar el tiempo que dure la amnesia para matarlo.

-A la primera oportunidad, lo haré.

-Pronto, tiene que ser muy pronto,

por tu bien y por el de tu hermana.

No me obligues, Laura, es Felipe o vosotras.

-Lo haré.

¿Dicen que el nieto de Aquilino está en la ciudad?

Me interesa hablar con ese hombre. -¿Con el Mudo?

-Sí, sí. Para preguntarle una cosa

de una conocida mía que tiene un mal.

-¿Y qué tiene su amiga?

-Por lo que me ha dicho ella,

es un mal de mujeres, pero le da vergüenza contarlo en público.

-No se preocupe, que yo le digo cómo dar con él.

Yo creo que ha sido él mismo quien se tiró,

pero Dios me libre de juzgarlo. -¿Cuándo es el entierro?

-Mañana por la mañana.

-¿No va a ir nadie en representación de los criaos del barrio?

-No hemos sido invitaos.

Y hasta en un entierro

hay que saber cuándo uno es bienvenido y cuando no.

¿Ha venido a visitarle don Ramón?

¿El asesino de Celia?

¿Ese canalla no está en la cárcel? -Felipe, está equivocado.

¡Nadie va a convencerme de aceptar la presencia de ese asesino!

-Camino, tienes toda la vida por delante.

No dudes de una cosa,

el destino siempre nos da segundas oportunidades.

Sé fuerte y confía en las personas que te quieren.

-Te está diciendo lo que todos pensamos.

Quería hablar con don Aquilino.

Don Aquilino, tengo un problema muy grave

y le necesito, necesito una cita urgente, cuanto antes.

No sé si es temporal, pero Felipe sufre una amnesia parcial,

ha olvidado todo lo ocurrido en los últimos diez años.

Para él, usted es el asesino de su esposa Celia.

Mi padre parece enamorado de ella.

No sé, quizá acaben compartiendo su vida.

-Tu padre quizá esté enamorado, pero ella no.

Ella solo se ama a sí misma. Si acaban juntos,

le hará a tu padre un hombre infeliz.

-No sé cómo podría advertir a mi padre.

-Da igual que le adviertas,... ella siempre consigue lo que quiere.

No hay nada puede apartarla de sus propósitos.

No podemos volver a todo aquello.

Para mí sería horrible que él vuelva a pensar que yo soy responsable

de la muerte de su amada esposa.

-Entiendo su zozobra.

Pero comprenda que Felipe ahora es otra persona.

Sigue anclado en su odio hacia usted.

Es una gran enfermera.

Yo tampoco tengo queja de usted como enfermo.

(RÍE)

Voy a por esas píldoras, aunque son muy amargas.

Tenga.

Me sabrán a gloria... si vienen de su mano.

(Graznidos de pájaros)

Estoy deseando saber de ti.

(Puerta)

Anabel, pasa.

-¿Cómo te encuentras? Sigues teniendo mala cara.

-¿Qué cara quieres que tenga?

Me encuentro desolada, no creo que llegue a superarlo nunca.

-Claro que lo harás, tienes que ser fuerte.

He traído unas pastas para que merendemos juntas.

-No quiero comer nada, tengo el estómago cerrado.

-Haz un esfuerzo, debes alimentarte y mejorar tu ánimo.

No voy a permitir que caigas enferma.

-Te agradezco el interés, Anabel.

Luego quizá coma algo.

-Como quieras, dejaremos las pastas para dentro de un rato.

¿Sigues dándole vueltas a esas absurdas ideas que me contaste?

-Sí.

Tengo que tomar una decisión a la mayor brevedad posible.

-Evidentemente, tienes que decidir qué hacer con tu vida,

pero me parece un disparate renunciar a la herencia

e ingresar en un convento. Son dos ideas absurdas.

-No sé por qué dices eso, me parece lo más digno que puedo hacer.

-No se trata de dignidad,

tienes que buscar lo que te haga más feliz.

No creo que entrar en una orden religiosa sea tu menor decisión.

-Es curioso, mi madre me dice exactamente lo mismo.

Lo único que consigue con ese discurso

es que me aferre más a mi decisión.

Cada día que pasa la soporto menos.

-Esa no es razón para que tomes esa decisión,

te prohíbo que sigas pensando de esa forma.

-Tú a mí no me prohíbes nada, es asunto mío.

-Siento haberte molestado, no es mi intención contrariarte.

-¡Estoy harta de que todo el mundo decida sobre mi vida,

que crea saber lo que me conviene sin tener en cuenta mi voluntad!

-Entiendo cómo te sientes,

solo quiero que cuando tomes una decisión,

lo hagas únicamente pensando en ti

y no en castigar a Felicia.

-¿Me tomas por estúpida, crees que no sé lo que hago?

-Creo que la rabia te nubla el entendimiento.

-Ahora me tomas por loca.

¡¿Quién te crees que eres, Anabel?!

-Una amiga que trata de ayudarte. -¡Pues guárdate tus consejos!

No eres quién para decirme nada.

¡Sé lo que me conviene y lo que he de hacer!

-Estás perdiendo los nervios. -¡Fuera de mi casa!

¡No necesito que venga una niña a darme lecciones!

-Te estás equivocando conmigo. -¡Fuera de aquí!

Como quieras.

Ya veo que no vas a entrar en razón ni dejarte ayudar.

Ya sabes dónde... -¡Vete!

(Se cierra la puerta)

Y llévate tus estúpidas pastas.

(Sintonía de "Acacias 38")

Quiero arreglar la cama para que descanse a gusto.

No se preocupe,

estoy bien.

Estaba pensando si, cuando salga del hospital,

estaría usted dispuesta a acompañarme a la costa,

me gustaría conocer el mar.

¿Qué ocurre?

Me ha parecido ver a la mujer

que vi cuando volví a la vida,

pero se ha marchado a toda prisa.

No me parece bien que Laura venga a verlo.

¿Qué tiene contra ella?

Era chica era su criada,

pero usted la despidió por mentirosa y manipuladora.

Sin duda, ha venido a enredar,

a intentar que la readmita en su trabajo con alguna sucia artimaña.

¿Tan mala es? Sí.

Le pido que nunca confíe en ella.

Si vuelve, avíseme,

no debe creer ni una palabra de lo que le diga.

Así lo haré.

Es una suerte tenerla a mi lado,

usted me previene de los que quieren hacerme mal.

De eso no tenga duda.

Por cierto, no me ha contestado,

¿qué le parece la propuesta de hacer ese viaje juntos?

Virgen del Carmen, haz que este ungüento haga efecto

y se me quiten los pinchazos de la garganta.

Virgencita, que mi voz es el único tesoro que tengo

y no la puedo perder.

-Lucero del alba. ¿Dónde estás?

Ya sé dónde estás.

¿Y ese portazo?

-No pasa nada, te estoy preparando una cena sorpresa.

-No sabía que ahora te había dado por cocinar.

-Anda, vete tranquilo y déjame terminar.

Hoy vas a cenar como un sultán, ya lo verás.

-Desde luego que lo veremos,

todo lo que tienes de buena cantante te falta de cocinera.

-Buenas.

Uy, ¿qué tiene ahí puesto? Parecen babas de sapo.

-Es un preparado para la piel del cuello,

que lo pone más terso que el pellejo de una pandereta.

-Se le pondrá bien tensa, pero eso huele a perro muerto.

-Porque está hecho con productos del campo.

-¿Con qué? ¿Con boñiga de vaca? -Con lo que a ti no te importa.

¿Qué vas a hacer para la cena?

-Había pensado hacer una tortilla de patatas.

-No, eso es muy simple para mi José.

Tiene que ser algo de más enjundia. Una lubina guisada

o unos hojaldres rellenos de setas.

-Eso es mucho trabajo para la cena, ¿no?

-Es posible, pero le he prometido algo especial.

-¿Y no pueden ir al restaurante? -Está cerrado.

No te lo pienses más y date brillo, que no tienes tiempo que perder.

Y lúcete, que no me puedes dejar mal con mi marido.

Venga, manos a la obra.

Vamos.

Ramón, apenas has comido nada.

No tengo apetito, Carmen,

el disgusto no me deja probar bocado.

-No tiene que ser plato de buen gusto

volver a revivir la muerte de Celia,

y después de tanto tiempo.

-Es toda una desgracia, todos lo pasamos muy mal con ese asunto.

-Pero tiene que alegrarse, suegro.

La medicina ha avanzado, seguro que hacen una pastilla

que se acuerda uno del día en que nació.

-No creo que eso lo vayamos a ver.

Solo queda confiar en la fortaleza de Felipe,

y que su mente se aclare pronto.

-¿Tienes que llevar eso puesto todo el rato?

-No lo sé, a lo mejor, es lo que me ha recomendado Aquilino.

-¿Vale para algo?

-Eso parece, sí, ya he terminado el discurso,

y estoy muy satisfecho con el resultado.

-El Aquilino es un hacha con los remedios.

-No sé si es la infusión o los abalorios,

pero me siento más tranquilo y concentrado.

Mañana leeré el discurso a mis compañeros de partido,

así que, a ver cómo se da.

-Seguro que te aplauden a rabiar. -Ojalá, ojalá

tanto sacrificio merezca la pena.

-¿La infusión te sigue soltando la tripa?

-Ni se lo imagina.

-Eso no es na, lo importante es que vas a hacer el discurso de tu vida.

-Ojalá.

Quién iba a decir que estas magias iban a servir.

-Yo no soy de la misma opinión,

la infusión esa no te permite salir del excusado

y esos accesorios te convierten en un fantoche.

-Lo que quiera, pero me ayudan a conseguir mis objetivos.

-Los objetivos de un hombre hecho y derecho

se consiguen trabajando, no con esas zarandajas.

Quítate esas tonterías

o mañana serás el hazmerreir de tus compañeros.

-Lo importante es que mi mensaje se entienda con claridad y con...

¡Hala!

Ahora vengo, padre. -Hala, hala, hala.

Corre, cariño, corre. -Le ha dao otro retortijón.

-Ahora no. ¿Tú crees que esto es bueno?

Se va a dejar la salud con tanto apretón.

-Se le ve contento, y eso es lo que cuenta.

Ya está.

A mí todo esto me parece un disparate,

uno más de los que hemos tenido que hacer

por las costumbres de tu pueblo.

Empiezo a estar muy cansado de todo esto.

¿Qué te ocurre, hija?

En toda la mañana no has hablado ni para pedir café.

-No se apure por mí, no me ocurre nada,

simplemente, estoy inquieta por Camino.

-Todos están preocupados por ella.

En el altillo no se habla de otra cosa.

Y más en las circunstancias en las que ha sido el deceso,

una vergüenza para él y para sus deudos.

-¿Qué quiere decir?

-No se piense que soy una chismosa,

pero se comenta que don Ildefonso se ha quitó la vida.

Nadie se cree lo del accidente.

-Es posible que tengan razón, es todo muy sospechoso.

Mejor le hubiera ido a ese muchacho muriendo en el frente.

Al menos, hubiera tenido un final más honorable.

-Y no le hubiera causado ningún mal a la familia Pasamar.

-El daño no lo causo él, fue Felicia la que obligó a su hija a casarse.

-Puede retirarse, Soledad.

Anabel, no digas eso,

Felicia siempre ha buscado lo mejor para su hija.

-Pues con ese matrimonio, bien que se ha lucido.

Buscaba una buena boda para ella,

algo que repercutiera en la buena fama de su negocio,

los sentimientos de Camino le importaban muy poco.

-Es evidente que se equivocó, y ese error le perseguirá muchos años,

pero no creo que lo hiciera con mala intención.

Estoy convencido de que empieza a ser consciente

de lo mal que aconsejo a su hija.

-Me cuesta creerlo, padre.

Felicia ha dado numerosas muestras de insensibilidad,

con su hija y con todos los que la rodean.

-Como comprenderás, no soy de la misma opinión.

-Abra los ojos, esa mujer no es tan buena como se piensa.

Yo me andaría con pies de plomo. -No me gusta que hables así de ella.

-Solo trato de prevenirle,

si ha obrado de forma tan egoísta con su propia hija,

¿por qué piensa que será una buena esposa para usted?

Ramón ha pasado muy mala noche con lo de Antoñito y lo de Felipe.

Ha dado más vueltas en la cama que una peonza.

-Por mi marido no tiene de qué preocuparse,

ha de ver cómo con lo del Aquilino, todos sale de perlas,

Lo de don Felipe es peor.

-Piensas que no va a levantar cabeza, ¿verdad?

-Me da mucho miedo que vuelva a la gresca con don Ramón

y se quede a vivir en ese pasao.

-No se me ocurre nada peor para ese hombre,

que revivir todo el calvario que pasó con la muerte de doña Celia.

(Puerta)

-Mucho ha madrugao usté,

casi llega antes de que abramos.

-Ya sé que es temprano,

pero no aguantaba sola en casa,

las paredes se me caen encima.

-Lamentamos mucho lo que ha ocurrido con su yerno,

ha sido una desgracia.

-¿Cómo se encuentra su hija?

-Mal, muy mal,

ninguna de las dos tenemos ánimo para nada.

Hoy tampoco vamos a abrir el restaurante,

no podemos atender a los clientes así.

-Tómense su tiempo,

sus clientes comprenderán lo que ocurre.

-Si podemos ayudarles en algo, no dude en pedírnoslo.

-Se lo agradezco,... pero lo que ha ocurrido ya no tiene solución.

-¡Qué pena!

Un hombre tan joven...

Yo, desde que retó a mi Antoñito no le tenía mucho aprecio,

pero resultó ser más cabal,

lamento que haya terminao de esa guisa.

-Ahora tiene que intentar animar a Camino,

hacer que vuelva a ilusionarse con la vida.

-Sí, créame que lo hago, pero... no es fácil.

Además del dolor que ella siente por la pérdida de su esposo,

hablar con ella es muy complicado,

cada vez que intentamos cruzar dos palabras,

discutimos.

Esto es todo un calvario.

-Le voy a traer agua antes de que le de un torozón.

-¿Por qué no se sienta?

-Gracias.

-Tenga fe, mujer,

nuestro Señor nos pone pruebas, demasiado duras algunas veces,

pero siempre acaba aflojando.

-No sé si tendré fuerzas.

-Gracias, Lolita.

Ojalá algún día puedas llegar a ser dichosa junto a Maite.

-¿Por qué dices eso?

-Tú nunca renunciarás a ella.

Y está bien.

Lucha por tu amor.

Necesitaba sentir tu cuerpo junto al mío.

-Gracias, Camino.

"¿Tú y yo hermanas? No me parecería tan mal".

¡Jesús, que cosa más asquerosa!

Ya puede servir para algo.

(CARRASPEA)

Sí, parece que ha hecho efecto, he recuperado mi voz.

A ver...

# Me dicen las vecinas y ole, vaya tronío,

# el porte y la elegancia y ole, de tu marido,

# el porte y la ele... #

Da gusto escuchar a la señora de tan buen humor.

-Y con esa voz tan hermosa que tiene.

-No lo voy a negar, me siento muy bien esta mañana.

Quería preguntaros una cosa,

¿hay novedades sobre don Felipe?

-No, pero he oído que doña Genoveva se pasa todo el día cuidando de él.

-No se separa del hospital ni una miaja.

¿Dónde le pongo las flores?

-En ese jarrón quedarán bien.

-Es normal que esté tan contenta,

doña Bellita,

la oferta que le han hecho pa actuar no se puede rechazar.

-Sí, sí que es muy buena.

Qué recital tan bonito nos va a regalar la señora,

y con canciones nuevas y to.

-Te agradezco tus ánimos, pero ¿cómo te has enterado de la noticia?

-¡Qué chismosa eres!

Te dije que no comentaras nada,

que la señora no sabe si va a actuar.

-No la reprendas.

Es cierto que no me he decidido, pero hoy me encuentro muy animada

y me estoy pensando muy seriamente decir que sí a esa gala.

-Claro que sí, como que va a ser to un éxito,

de esos que se recuerdan cuando uno ya está mayor,

viejo.

No sabe cómo me alegro.

-Y una servidora también,

que me daba mucho coraje verla tan nerviosa estos días.

-¿Nerviosa, por qué?

No sé de dónde te sacas esa bobada,

ni que tuviera motivos para preocuparme.

Te inventas una cosas más disparatadas...

-Doña Bellita, ¿dónde le dejo el jarrón?

¿Se encuentra mejor?

-Sí, les agradezco sus palabras y sus ánimos,

necesitaba hablar con alguien.

-Ya sabe que nos tiene aquí siempre que nos necesite.

-Si se quiere quedar en la tienda, también nos puede ayudar.

-No se me iban a caer los anillos por arrimar el hombro.

-No le haga caso, que lo llevamos muy bien entre las dos.

Si me disculpa, voy a colocar el género en la trastienda.

-Yo también he de irme. -Por mí no tenga ninguna prisa.

-Antes de irme, tengo que pedirle un favor, Lolita.

¿Puedo usar su teléfono?

No llevo encima las llaves del restaurante para llamar desde allí.

-No sufra por eso, está usted en su casa, llame lo que le haga falta.

-Gracias.

Operadora, quiero hablar urgentemente con alguien.

Sí. Escúcheme, por favor.

Gracias, compañeros por venir a escuchar mis palabras.

No vea si me ha costao convencerles, les he tenido que dar una peseta.

Toda noble causa merece un esfuerzo.

¿No me va a devolver la peseta? Ni hablar.

¡No me distraigas!

Por que vosotros sois la sal de la tierra,

sois... los pies y las manos

que empujan este país.

Poco empujan estos, que no salen de su portería ni por un incendio.

Déjame.

Si me apoyáis, y el Partido Servandino

llega al congreso, ¡vais a ser la envidia de los trabajadores!

La primera ley que promulgaré

será vuestro aumento de sueldo y quitaros horas de trabajo,

¡y el que quiera tener las escaleras limpias,

que las barra él mismo!

He dicho. -Ole.

(Aplausos)

Ahora, compañeros,

tomad estas hojas y repartirlas entre los porteros.

Quiero que todos los porteros

apoyen para la creación del partido.

Ir con Dios.

Con Dios.

Con Dios, compañero. Compañero.

¿Cree que le van a ayudar?

Si hay que caminar mucho, no se lo firma nadie.

Ya verás cómo se aplican, les he prometido subirles el sueldo

y rebajar horas de trabajo, con eso te apoya cualquier hijo de vecino.

Es posible, pero...

¿podrá cumplir lo que promete si sale elegido?

No creo, pero ellos no lo saben.

No sé si está mu bien lo que hace.

Creo que va a dar igual, no va a servir de nada,

no tiene tiempo de formar un partido a pocos días de las elecciones.

Pero habrá que probar,

que de los cobardes nunca se ha escrito nada.

Pero han vivido más tiempo y más a gusto.

Anda, anda...

Don Antoñito, ¿qué hace por aquí tan de mañana?

Tengo reunión con los del partido y voy a leerles mi discurso.

Caramba, ¿quiere que le eche una mano como la semana pasada?

Ya me apaño solo, pero te lo agradezco.

Estoy muy satisfecho con lo que he escrito.

-A Servando también le va bien con lo de su partido.

Pero ¿cómo es posible, si hace unos días no daba pie con bola

y ahora tiene más seguridad que el mismísimo Antonio Maura?

Ya. Es... por... A ver, sujeta.

Y sujeta.

Es por esto.

-Uy.

Oiga, oiga...

¿Qué es toda esa quincalla?

Un remedio de uno de Cabrahígo.

Es toda una eminencia en el pueblo. Ah.

¿Y... da resultado?

Ya lo creo.

-Lo mismo le venía bien para su partido, Servando.

-Si quieres probar... A mí me ha ido de perlas.

Bueno, pero ¿cómo funciona?

Fácil. Simplemente te lo pones, y listo.

Ya está.

Parece un salvaje de los que salen en las películas de indios.

Es posible, pero yo ya me voy acostumbrando,

además, funcionar, funciona.

Pues este romerito pa un guiso...

Les agradezco mucho su visita, es agradable ver caras conocidas.

Le vemos muy bien, casi como antes del accidente.

-Sí, se está recuperando muy rápidamente.

Y gracias a mi ángel de la guarda.

Sin ella, no estaría así de bien.

-Ya vemos la buena sintonía que hay entre los dos.

Genoveva es una santa,

no ha dejado ni un momento de atenderme.

Es todo un lujo tener a una mujer tan bella atendiéndole a uno.

Don Felipe, por favor, me va usted a ruborizar.

Ahora que caigo, no sé si ustedes la conocen.

Claro que nos conocemos.

Somos todas muy buenas amigas desde hace tiempo.

A usted también le agradezco la visita,

aunque lamentándolo mucho, no consigo recordar quién es.

-No se apure, me hago cargo,

ese olvido es parte de la enfermedad que padece.

Es Bellita del Campo una cantante muy famosa.

Tiene un disco en el mercado que se está vendiendo muy bien.

Una artista en el barrio, estoy deseando escuchar sus canciones.

Voy a tener que dejarlas, no dejan de hacerme pruebas.

-No se apure, al verlo tan bien, nos vamos encantadas.

Usted no se marche muy lejos,

su ausencia me dejaría muy triste a mi regreso.

Usted es la luz que ilumina las tinieblas

de las que trato de salir.

Le prometo que le estaré esperando.

Por usted no pienso moverme de aquí.

Habéis visto eso, parecen dos enamorados.

-Hay que ver cómo se llevan los dos de bien.

-Genoveva,

Felipe ahora es pura simpatía,

y solo tiene ojos para usted.

Sí, la amnesia ha trasformado a mi marido,

ha vuelto el Felipe sensible y atento del que me enamoré.

Va a ser verdad eso de que no hay mal que por bien no venga,

esto beneficia a todos. -A todos, no.

Porque Felipe sigue sin poder ver a don Ramón.

Eso es lo que yo digo, que Felipe y Ramón no pueden verse por ahora.

-Entonces, ¿es verdá to lo que he escuchao decir?

-Sí, Fabiana, el abogado ha borrado los 10 últimos años de su vida

de un plumazo. -Como si nunca hubieran pasado.

-¡Qué cosa más tremenda!

-Para él, mi suegro sigue siendo el culpable de la muerte de Celia.

-Todo esto es muy ingrato.

¡Con lo que costó que se reconciliaran!

-Me da mucha pena que esta amnesia del demonio

haya hecho retornar esos momentos tan dolorosos pa tos.

-Pues sí, Fabiana.

Ramón tiene un disgusto de los gordos por esta causa.

-Estaba empeñao en explicarle a Felipe que to aquello quedó atrás.

-Pero... le convencimos de que no lo hiciera,

porque eso solo serviría para poner peor a su amigo.

Así que... ha decidido esperar.

-A ver si se repone pronto,

en esos tiempos, tampoco podía ver a Lolita y a su esposo.

-Por eso no vamos a verle.

Yo estoy tentada de ir hospital y poner al día a Felipe,

no puede seguir en la inopia.

-Ni se le ocurra, la va recibir con cajas destempladas,

eso es seguro.

Se lo digo.

-Le digo lo mismo que a mi suegro,

tenga paciencia y deje que se recupere el enfermo,

que no gana na precipitando las cosas.

-Hasta que vuelva por el barrio va a pasar un tiempo,

lo mismo ya está recuperado cuando eso pase.

-Ir ahora son ganas de llevarse un disgusto.

Conozco a don Felipe, y si no se acuerda de na,

estará enrabietao con nosotros.

-Está bien, Lolita,

te haré caso y me quedaré en casa.

Fabiana,

Fabiana, ¿en qué piensa? Se ha quedado así...

-No sé. Estoy cavilando, que a lo mejor,

yo sí que puedo ir al hospital y hablar con don Felipe.

Contra mí no tenía nada en esos tiempos.

Un pena lo de esta gente.

Y tanto que sí.

Es mu malo lo de perder al marido, se lo digo por experiencia.

La pena es tener cerrado el restaurante,

estarán perdiendo mucho dinero.

Tie usted la misma sensibilidad que un canto rodao.

Espera, que tengo algo que decirte.

Necesito que las criadas apoyen la fundación de mi partido.

Déjeme de jaranas,

¿no tuvo bastante con el lió que montó en el altillo?

Me pareció un debate muy constructivo,

la gente dice lo que tiene que decir.

Pero dentro de un orden,

si aquí decimos todo lo que pensamos, acabamos a tiros.

Me marcho, que doña Rosina estará a punto de volver del hospital.

Haces mal en no escucharme,

porque el Partido Servantino tiene mucho que decir a las criadas.

¿A las criadas? Sí.

Porque vosotras sois la sal de la tierra,

sois los pies y las manos que empujan este país.

Si me ayudáis y gano,

la primera ley que promulgaré será subiros el sueldo

y bajaros horas de trabajo.

Eso suena fetén,

pero eso lo vamos a tener cuando las ranas críen pelo.

No lo creas, no lo creas,

si sale nuestro partido,

todo esto que te digo puede que se haga en pocos meses,

pero necesito todo el apoyo que puedas conseguir.

No sé cómo le voy a ayudar.

Consiguiendo que todo el mundo que conozcas firme

el apoyo a mi formación.

Si lo haces,

seré muy generoso contigo y tus compañeras de oficio.

¿Vas a dejar pasar una ocasión así?

Bueno, tampoco tengo na que perder.

Así se habla.

Toma estas hojas y tráemelas firmadas mejor hoy que mañana.

Ya veremos cómo se me da.

No olvides decirles que voy a subirles el sueldo,

verás como pican. Quiero decir, como firman.

Con Dios. Con Dios.

Ay...

Criaturita.

Vaya, otra presa.

Créame lo que le digo, la señora está más calmada que la bahía Cádiz

una tarde de agosto.

-Ya era hora, estaba muy desasosegá.

-Dígamelo a mí, que cuando entraba en la cocina, me echaba a temblar.

-A ver si tenemos suerte y se piensa lo de la oferta de Pepe Caro.

-Ya le digo que sí,

se está pensando lo del concierto.

-Me alegra oírlo.

No entendía por qué le ponía peros a una oferta tan buena.

-Y tanto, yo no ganaría ese dinero ni en dos años limpiando esta casa.

Es muy raro que se comporte así,

ella siempre ha cuidado de mantener un buen caché,

pero nunca ha sido tan pesetera.

(Puerta)

-Buenas.

-Buenas.

-Hijo mío...

-¿Cómo ha ido la visita al hospital?

-Muy bien, aunque me podía haber ahorrado el viaje,

Felipe no sabía quién soy.

-Es que ha vuelto a un tiempo en que no nos conocía.

Pero ¿está bien?

-Divinamente. Está encantado con Genoveva.

No dejaba de lanzarle lindezas.

Nos hemos quedado de piedra.

-Esto de la amnesia es asombroso,

nadie diría que hace unas semanas Felipe acusó a Genoveva de asesina.

-De pensarlo, se me ponen los pelos de punta.

Esta carta es de Pepe Caro.

-¿Qué dice? ¿Qué dice?

¿Retira su oferta?

-Espera.

Más bien diría que lo contrario,

me ofrece el 75 % de la recaudación.

-Madre mía, con lo grande que es su teatro, eso es un dineral.

-Un dineral y pico.

Yo diría que sí sin pensarlo, pero la última palabra la tienes tú.

-Habrá que decirle que sí, no nos vamos a ver en otra igual.

-Tenemos que empezar a prepararlo to ya mismo.

-Sí, pero sin prisas, la actuación será en unas semanas.

-Lo que tú digas, lucero del alba.

-Ole, don José, que la señora vuelve a los escenarios.

-(RÍE) Ya era hora.

Los quiosqueras sois la sal de la tierra,

sois los pies y las manos que hacen que este país se mueva.

Si me apoyáis, seréis la envidia de todos los trabajadores.

La primera ley que promulgaré

será para subiros el sueldo y bajaros las horas de trabajo.

¿Qué está diciendo?

Yo no trabajo a sueldo, yo gano según vendo.

Pues subiré el precio de los periódicos

y de las flores para que ganes más.

Pero tienes que apoyarme.

Ahórrese el esfuerzo, yo ya apoyo a su partido.

No ve que mi marido es cofundador de los servantinos.

Razón de más para que pidas firmas entre los quiosqueros.

Uy...

Es que es un gremio muy especial, no quiero enemistarme con nadie.

Bueno, pues si me apoyáis,

seré generoso con vosotros,

y no solo subiré el precio de vuestros productos,

sino que además, bajaré los impuestos que pagáis.

¿Cómo de bajos?

Si nos vamos a ahorrar dos pesetas, no merece la pena.

¿He dicho bajarlos?

¿Bajar? Os quitaré los impuestos,

sois un servicio público, no tenéis que pagar impuestos.

¿Eso es posible?

Si gana mi partido, sí.

Cuente con todos los quiosqueros,

los piperos y los de los puestos de castañas.

Me voy a por firmas ya mismo.

Toma. Y que no te falte ninguna, ¿eh?

Con Dios. Con Dios.

(RÍE)

De esta entro en el Congreso por la puerta grande.

Señoras, señoras mías...

Voten al Partido Servandino, llega a la gente con mucho tino.

Voten, voten.

(Puerta)

¿Puedo pasar?

-Claro que sí.

Aunque tengo que confesarte que no esperaba tu visita.

-He venido a disculparme.

-Yo también tengo que pedirte perdón.

Si deseas irte a un convento y enterrar tu vida,

yo no soy quién para cuestionarlo.

-No te preocupes por eso,

lo he estado pensando mucho, y eso no va a suceder.

-Me alegra oírlo. Siéntate un rato conmigo.

Es una suerte que hayas recapacitado,

tienes mucha vida por delante,

suficiente para rehacerte de lo que ha pasado.

-No va a ser fácil,

hay... cosas de mí que tú no sabes, Anabel.

-¿A qué te refieres?

Tu amistad es muy importante para mí,

por eso lamento mucho la discusión.

Estar junto a ti

ha resultado ser un bálsamo que me ha ayudado a soportar mis penas.

-Me alegra que sea así,

yo también te aprecio desde que llegue a este barrio.

-Y es por esta amistad

por lo que quiero desvelarte todos mis secretos.

Pañuelos, toallas, colonia...

Sí, creo que está todo.

(Puerta)

Buenas tardes. Buenas.

Llevo toda la tarde queriendo hablar contigo.

Tendrá que ser en otro momento, tengo prisa.

¿Adónde vas con tanta prisa?

Al hospital

No puedo creerme que corras a atenderle.

Será mejor que te sosiegues.

Felipe está convaleciente,

y como soy su esposa, tengo que estar con él.

Qué estupidez estás diciendo.

No, de cara a los demás, es lo más sensato.

¿Has olvidado lo que te hizo ese hombre?

Perdiste a un hijo por su culpa.

Casi consigue que te manden al patíbulo.

Déjalo, Javier, por favor. Lo que digo es verdad,

aunque escueza.

Ni olvido ni perdono lo que me ha hecho.

Pues no comprendo ¡por qué te comportas de esta guisa!

¡He decidido aplazar mis planes de venganza!

¿Por qué? No tengo por qué explicártelo.

¡Mientras Felipe no sea consciente de sus actos

no pienso hacer nada en su contra!

Entonces, no alcanzo a comprender por qué te conformas así.

Hay algo importante que parece que olvidas.

¿Qué puede ser?

Mi vida ha estado llena de sinsabores,

ya te conté que siendo una adolescente un hombre abusó de mí.

Fue un señorito del pueblo donde vivíamos,

un joven arrogante y sin respeto por nada.

-¿Por eso dejasteis Santander? -Así es.

Nos vimos obligados a mudarnos,

recorrimos varias ciudades hasta que nos instalamos en Acacias.

-Tuvo que ser terrible para ti.

-Mucho.

Tanto, que estuve años sin poder articular palabra

por culpa de ese suceso.

Pero conseguí salir del bache...

y... encontrar al amor de mi vida.

Un amor que me hizo muy dichosa...

y que acabó convirtiéndose en algo muy doloroso.

-¿Quién era él?

-No, no era él,...

era ella.

Me enamoré de una mujer, de Maite Zaldúa.

-Eh... Comprendo que no le resultara fácil seguir adelante ese amor.

-No, no fue nada fácil,

sobre todo cuando lo supo mi madre.

Consiguió que metieran en la cárcel a Maite con una acusación falsa.

Cuando la pusieran en libertad, se vio obligada a dejar el país.

-Sé que es duro decirlo,

pero no me sorprende que tu madre actuara así,

es una mujer muy cruel.

-Su crueldad no termina ahí.

Cuando Maite se fue de España,

ella me presionó para que me casara con Ildefonso.

Bueno, el resto ya lo conoces.

-Me sorprende que puedas contarme todo lo que has padecido

sin dejar caer una lágrima.

-Me quedé sin ellas de tanto llorar la ausencia de Maite.

Que sepas que tienes en mí a una amiga fiel.

¿Aunque... sea una invertida

y tenga un amor desviado?

-Ningún cariño sincero puede admitir ese adjetivo,

no considero que sea escandaloso que te hayas enamorado de una mujer.

Nadie puede mandar sobre nuestro corazón.

-Te agradezco muy sinceramente tus palabras.

Ahora tienes que mirar al futuro y tomar las riendas de tu vida.

Yo estaré a su lado,

como amiga o quién sabe si hasta como hermanastra,

si es que nuestros padres llegan a un acuerdo.

-Gracias, Anabel.

Me debes un respeto.

¿Alguna vez no te he considerado?

Me desaíras volviendo con tu marido. ¡Teníamos algo, Genoveva!

Y aprecio que luches por esta relación.

Por esta relación estoy dispuesto a todo.

Aprecio y agradezco, ya te digo.

Aunque no olvides que el amor impone sacrificios.

Lo que sea.

Sacrificios y paciencia.

¡No he sido más paciente en mi vida!

¡Haz un mayor esfuerzo!

Sabías que era una mujer casada.

Mal casada. No siempre.

¡Te odia, Genoveva!

Me odiaba.

No te voy a engañar,

desde que Felipe recobró la consciencia,

y viéndole tan desamparado, tan indefenso...

¡Sigue! Di lo que quieres decir.

Ha olvidado a Marcia, esa buscona ya no existe para él.

Pero tú sí existes.

Vuelve a quererme.

Ya te quiso una vez y casi acabas en el cadalso.

Te salvé de él, Genoveva, te salvé de la muerte.

No puedo negar lo que siento.

Sería mentirte y mentirme.

No puedes ser tan ingenua. No.

En eso llevas razón.

Para bien o para mal, no puedo ser tan ingenua.

Déjale. Tú me pides a mí esfuerzos, haz tu uno.

Entiendo que se haya vuelto a avivar la antigua llama, eres humana,

pero abandónale, aunque duela.

Lucha por ti misma, aunque te duela.

Será solo un tiempo,

poco tiempo.

Necesito sentir de nuevo su afecto.

De una forma u otra,

recordando o siendo avisado, sabrá cómo fue nuestro matrimonio,

y todo habrá acabado.

Y allí estaré yo, ¿es eso?

Javier esperará paciente, como un perrito,

a que la señora termine su devaneo letal

y después le lama las heridas.

Querría que esperases, sí.

No seré el segundo plato.

Y estás en tu derecho.

Entenderé que me des la espalda llegado el momento.

Pero te agradeceré y te corresponderé

si estás para mí.

No.

No, lo siento.

Es un espejismo, Javier.

Felipe es un espejismo.

Considéralo una enfermedad, como si hubiera perdido la cabeza.

Como si hubieras perdido la cabeza por otro.

Por el de antes.

Cuando me cure, me entregaré a ti en cuerpo y alma.

Será mejor que lo que teníamos.

Aguarda a que salga del hospital,...

entonces, seré tuya.

¿Sabe que van a abrir un banco?

-No tenía ni idea.

-Ese no es el único cambio.

Doña Felicia vende el restaurante. -"¿Fue a ver a don Felipe?".

-Ayer. Una calamidad cómo está el hombre.

-¿Dijo algo de mi marido?

Podría durar, yo haría que durara.

Sería una mujer nueva para ti.

Volverías a quererme, lo sé.

Genoveva sigue queriendo a Felipe.

A pesar de lo que se han hecho, le quiere, como si nada hubiera pasado.

-Si Felipe mejora, pronto tendrá que contarle la verdad.

-O peor,

alguien se lo contará a Felipe y arderá Troya.

¿Y este éxito?

-Don Antoñito y nosotros salimos retrataos.

¿Salimos retrataos los servandinos en los papeles?

Madre del amor hermoso.

No tenías que haber salido con esas pintas.

-No salí así, quería enseñárselo a Servando y Jacinto.

(Timbre)

-Contesto yo. -No, voy yo.

Pensaba que si te contaba lo de Maite, huirías espantada.

-Hace falta algo más para espantarme a mí.

-¿Y no sentiste...

repulsión o temor a que quisiera acercarme a ti?

-"¿El ungüento este no tendrá nada que ver...?".

-¿Con qué?

-Pues con la voz de cazalla que se le ha quedao a usté.

(VOZ RONCA) ¿Quieres decir

que esto con lo que me restriego va a más, sea lo que sea?

-Podría ser.

No me han autorizado el partido.

Qué injusticia, ¿verdad?

Si me hubiera apoyado más el gremio de los serenos...

No me eche a mí la culpa, que la culpa es suya

por meterse en cuitas que le vienen grandes.

¿Qué hacía con la enfermera de mi hermana?

-Pronto lo descubrirás.

-¿Le ha hecho algo a Lorenza?

-No habrá más amenazas, Laura, ahora son hechos.

Te arrepentirás.

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Acacias 38 - Capitulo 1269

22 jun 2020

Felipe agradece los cuidados de Genoveva en el hospital, y a los ojos de todos los vecinos, queda patente la atracción entre el abogado y su mujer, a pesar de la amnesia. Laura busca la forma de cumplir con la orden de Velasco de matar a Felipe, pero la presencia continua de Genoveva en la habitación del hospital se lo impide.

Camino, intratable tras la muerte de Ildefonso, discute con su madre y con Anabel y les comunica que va a ingresar en un convento. Felicia, perdida por la insistencia de matrimonio de Marcos y por la actitud de Camino, decide vender el restaurante e irse para siempre de Acacias.
Servando engatusa a distintos gremios del barrio con falsas promesas electorales.
Los consejos de Aquilino dan resultado tanto a Antoñito, a pesar de los estomacales efectos secundarios, como a Bellita, que confiada acepta la generosa oferta del empresario Pepe Caro.
Camino, arrepentida por cómo ha tratado a su madre y a su mejor amiga, intenta recuperar la amistad con Anabel y le termina contando su relación con Maite Zaldúa.
Velasco encara a Genoveva por cuidar de Felipe ¿es que acaso le sigue amando? La señora consigue tranquilizar a su abogado, pero en el fondo de su corazón duda.

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Añadir comentario ↓

  1. Rebeca PS

    Hola! Mi familia y yo somos súper fans, somos de México y ahora dice que no podemos mirar los capítulos, ¿hay alguna alternativa para verlos fuera de España?

    pasado miércoles
  2. Ester

    Camino no escarmienta? sigue contandole sus intimidades a la " amiga " Anabel; pronto veremos como la " amiga " se va nuevamente .de boca y ahí te quiero ver, Camino

    23 jun 2020
  3. Marcela

    NO ME GUSTA sOLEDAD, me inspira desconfianza

    22 jun 2020