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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capitulo 1268 - ver ahora
Transcripción completa

Felipe, hablo en serio, ¿a qué estás jugando?

Me tutea...

Está claro que me conoce bien.

¿Se puede saber a qué viene todo esto?

A usted tampoco la conozco.

¿Tampoco me va a decir su nombre?

Ildefonso ha muerto.

-Todo apunta a que cayó accidentalmente al río

y se ahogó.

Debes recuperar ese espíritu de superación del pasado.

-Me han elegido para participar en el acto del cierre de campaña.

-Eso es estupendo, ¿no?

-Me han elegido como uno de los oradores

gracias al discurso de esta mañana.

-Yo, desde luego, no me lo pierdo. -Yo tampoco.

-Lo vas a hacer tan bien o mucho mejor que esta mañana,

hazme caso.

-Así es. En el caso de Felipe, él es consciente de su identidad,

de su profesión e incluso de ciertas etapas de su pasado.

En cambio, carece de ciertos recuerdos que han sido olvidados.

Perdone,

¿puede concretar de cuándo data el último recuerdo de mi esposo?

Parece que sus recuerdos se remontan a más de una década atrás.

¿Es posible que haya olvidado que soy su esposa?

Es una posibilidad.

¿Y si les digo que Felipe no recuerda a Genoveva?

Liberto, es un gran amigo. Se acuerda de mi nombre.

Liberto ha conquistado a una de las mujeres más pudientes de la ciudad.

Si no recuerdo mal, creo que...

ahora viven los dos juntos en una casona,

con Leonor, la hija de Rosina.

Además, no importa como acabara,

si por voluntad propia o por accidente,

él no quería vivir y yo no supe ayudarle.

-Abandona esos pensamientos que nada te ayudan.

-Cómo si fuera tan fácil, Anabel.

A no ser que llamemos al Aquilino. -¿Quién es ese?

-Aquilino

es el hijo de Aquilino el Parlanchín,

es nieto de Aquilino el Bocas y bisnieto de Aquilino "Cagüentó".

-Todo un linaje de sanadores.

Ja, justo lo que Antoñito necesita, ¿a qué si?

-La verdad es que estoy desesperado.

Yo estaba completamente enamorada de Ildefonso.

Pero no le guardo rencor, señor marqués.

Le agradezco su oferta.

Le prometo que me lo pensaré y le contestaré cuanto antes.

-¿A qué han venido tantas largas? -¡Que me lo tengo que pensar!

Quién sabe si no acaba subiéndonos el caché.

-Ay, emperadora, que no te reconozco.

-"No os toméis esto a broma". Felipe sufre la muerte de Celia,

Tano era un mozalbete y Marcia ni ha existido.

-¿Y tú no le has dicho la verdad?

Bastantes líos tiene Felipe en la cabeza

como para hacerle dudar de todo.

Ya recuperará la memoria por sí mismo.

-Puede que no tarde en recuperarla.

Si llega a recordar que intenté envenenarlo...

-Acabarías entre rejas, tenlo por seguro.

-Lo mejor es que me vaya de aquí lo antes posible.

-Tú no vas a ninguna parte.

-Me hace daño.

-Chist. ¿Ves cómo no es momento para juegos?

¿Estás dispuesta a razonar?

Puedo pedirle a mi amigo que aprieta más, no le costará.

-No. Haré lo que me pide.

-Sin fallar.

Sin pensarlo, y sin sentir compasión en el último momento.

-Sí. (SOLLOZA)

-No te voy a permitir más errores, Laura.

No hagas que me arrepienta.

No le defraudaré, lo prometo.

-Suéltala.

Déjame con Laura.

Pero no te vayas muy lejos, no estoy seguro de dejarla con vida.

Espero que no haya nada que te una a Felipe, sería un contratiempo.

-Nada.

-Muy bien.

Tenemos que aprovechar el tiempo que dure la amnesia para matarlo.

-A la primera oportunidad, lo haré.

-Pronto, tiene que ser muy pronto,

por tu bien y por el de tu hermana.

No me obligues, Laura, es Felipe o vosotras.

-Lo haré. -Bien, tengo tu palabra.

Espera unos minutos a que yo me vaya para salir.

Última oportunidad, Laura, no lo olvides.

(Sintonía de "Acacias 38")

Sí que ha sido suerte que ese hombre estuviera en la ciudad

y no hayas tenido que ir a buscarlo a Cabrahígo.

-Yo lo sospechaba.

Aquilino el Mudo es así.

-Así, ¿cómo?

Tiene poderes, está donde tiene que estar.

-O me lo explicas o no lo entiendo.

Pues que además de saber de hierbas y amuletos,

el Aquilino sabe estar en el sitio donde se le necesita.

En el pueblo es famoso por eso.

Si alguien tenía un accidente en el bosque,

¿quién iba paseando por el bosque en ese mismo instante?

Aquilino, el Mudo. ¿Qué?

-No será gafe. -No, mujer,

no lo hay más bienaventurado.

Y ahora que lo necesito para mi esposo,

¿quién está de visita en la ciudad? -Aquilino, el Mudo,

está claro. -Pues eso,

que siempre aparece cuando le necesitas.

Es pensar en él, y le veas dando la vuelta a la esquina.

-Eso sí que es un don y no el de tocar la flauta.

¿Y de dónde le viene esa habilidad? -De su tatarabuelo,

el primer Aquilino, un portugués que se casó con una de Cabrahígo.

No sé cómo se entendían,

porque él no hablaba español.

Hablaba por los codos, pero to en su lengua.

-Es que... Aquilino no parece un nombre muy portugués.

-Es el mote que le pusieron en el pueblo,

porque cuando preparaba sus pociones, decía:

(EN PORTUGUÉS) "Aquele não, aquele não...".

Y se quedó con Aquilino, lo mismo que sus descendientes.

Dicen los viejos del pueblo que no había mal que se le resistiera.

Y a su nieto, Aquilino el Mudo, lo mismo.

-Oye. -(SE ASUSTAN)

-Mujer. -Bellita, qué susto nos ha dado.

-Perdón. ¿Dicen que el nieto de Aquilino está en la ciudad?

Me interesa hablar con ese hombre. -¿Con el Mudo?

-Sí, sí. Para preguntarle una cosa

de una conocida mía que tiene un mal.

-Dígale a su amiga que vaya al galeno,

que me fío más de un médico que de un sanador.

-Más fácil será que le cure el Aquilino,

que confiar en un matasanos. -Si no será na,

seguro que con una infusión se cura. -¿Y qué tiene su amiga?

-Por lo que me ha dicho ella,

es un mal de mujeres, pero le da vergüenza contarlo en público.

-No se preocupe, que yo le digo cómo dar con él.

-Que Dios te lo pague. Eso será lo que te diga ella.

-¿Y qué? -¿Qué?

-Que si quería algo o solo venía...

-Sí, que estaba en mi casa y estaba pensando en si me daba tiempo...

He venido a escape.

...a llegar pa pediros un poquito de manzanilla,

que a mi José y a mí nos sienta bien después de cenar.

-Eso está hecho, mujer. -Muchas gracias.

A las buenas noches. -A las buenas noches, Cesáreo.

Hoy ya le tengo preparado su cafetito, pa que no se me queje.

Por la noche son pocos lo que lo quieren.

-Agradecido. Por la noche tomo café donde doña Felicia,

pero hoy está cerrado.

Y para un sereno, un café antes de la ronda,

es como un ungüento para el que sufre de dolores.

-Sí, ayuda a mantenerse bien despierto, desde luego.

Por otra parte, es normal que doña Felicia no abra en unos días,

con la desgracia que se le ha venido encima a esa familia...

-Así es.

Ya ve lo que dice la policía, que resbaló en el puente.

¿Usted no cree que se ha quitado la vida él mismo?

-Cesáreo, Dios me libre de decir algo malo

sobre un hombre que ha sufrido tanto como el pobre don Ildefonso

en sus últimos días. -No es decir nada malo.

Pero esa muerte...

Yo le vi deambulando, como ido, y ni me reconoció.

-Es que... cuando se sufre, solo se mira pa dentro.

-Pues eso,

que en su ánimo podía estar lo peor,

acabar con sus sufrimientos de una vez por todas.

Que Dios le acoja en su seno.

-Buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas.

-No hace falta que se callen,

supongo que hablan de lo mismo que to el mundo.

-¿Y de qué habla todo el mundo, Jacinto?

-De la muerte...

del esposo de Camino, don Ildefonso,

de si se cayó al río o se tiró él mismo.

-Pues sí, de eso hablábamos.

Que aunque la policía diga que ha sido un accidente,

eso no está tan claro.

-Mire, yo creo que ha sido él mismo quien se tiró,

pero Dios me libre de juzgarlo.

-Nosotros no somos quiénes pa hacerlo.

Una nunca sabe lo que está pasando el otro.

-Ni si le duele mucho o poco.

Está claro que no soportó que sus desdichas estuvieran

en boca de todo el mundo. -Y los que tuvieron que ayudarle,

los suyos, no estuvieron a la altura.

-Pa eso no vale la pena ser marqués, ni rey, ya si me apura.

-Menos humanidad hay en algunos marqueses,

que en algunas familias de criaos.

Ni un entierro como Dios manda le han hecho al pobre Ildefonso:

un responso y al cementerio,

y a echar tierra sobre la caja y sobre el recuerdo.

-¿Cuándo es el entierro?

-Mañana por la mañana.

Y ni velatorio le han hecho pobre hombre.

-¿No va a ir nadie en representación de los criaos del barrio?

-No hemos sido invitaos.

Y hasta en un entierro hay que saber cuándo uno es bienvenido

y cuándo no.

-En fin, que descanse en paz,

toda la que no pudo tener en vida.

Les dejo, sigo con la ronda.

-Con Dios. -Con Dios.

-tenga.

-Gracias.

-¿Quiere un café? -Gracias.

(Suenan las campanas)

¡Las once en punto y sereno!

(Graznido de patos)

No se preocupe, que yo me encargo de que mi marido siga el tratamiento,

tío Aquilino.

Ah, y no olvide que le va a llamar una vecina, Bellita del Campo.

A más ver.

-Vaya con Dios.

No hace falta que me expliques por qué le llaman el Mudo.

No ha dicho ni una palabra.

Dicen que de pequeño hablaba,

pero es como su abuelo, que habla portugués

y, pa eso, mejor quedarse callao, ¿no?

-Lo de la infusión,

pase, pero no pensarás que voy a ir a dar mi discurso

con todas estas cosas colgando.

-Es lo que te ha recetao el tío Aquilino.

-Y no olvides el ramillete de romero y eneldo en el bolsillo,

en el bolsillo. -Que voy a oler a campo.

-Anda que no hay perfumes de hierbas, cariño.

Si te lo ha mandao el tío Aquilino, te lo tomas y se sanseacabó.

-Trae las hierbas,

que te voy preparando la infusión.

-A ver...

Ten más cuidado.

No, no, no, yo no pienso ponerme esta cosa.

-Es lo que te ha mandao el tío Aquilino, que tiene poderes,

tiene magia, cariño,

y si desprecias la magia, se vuelve en tu contra.

-¿Qué dices? -Que sí.

El molinero le pidió un remedio

porque pensaba que su mujer le sisaba en la compra.

-¿Y qué pasó? -Que no se lo creyó,

pensó que eran supercherías y no lo usó,

y su esposa se fugó con un viajante de comercio.

-Pónmelo. -Claro.

La verdad es que si vas a dar el discurso con esto,

sí que vas a dar la nota un poco.

Úsalo solo en los ensayos.

-Si me ve así mi padre, se va a reír de mí.

Él no se cree en estas cosas, dice que es de paletos,

y con razón.

-Pues ya os daréis cuenta de que funciona cuando

cuando te vaya bien en tu discurso.

Aquilino es conocido en media España.

-Toma.

¡Uf! No sé qué hierbas son, pero oler, no huele muy bien.

-Sí que huele mal, sí.

-Entero, to pa dentro.

-Esto sabe a rayos. -Que no quede ni una gota.

-A ver si Aquilino intenta envenenarme.

-No. Venga, bébetelo.

Carmen, ¿está segura de haber hecho bien la infusión?

-Ah, no, a mí no me mires,

que yo no me meto en los asuntos de Cabrahígo.

Si Aquilino dice que hay que beber una infusión,

la bebes y ya está, ¿no? -Claro.

Y ahora, ponte a trabajar,

que sin trabajo, no hay amuleto ni infusiones que valgan.

Entera, cariño. -Ya, ya voy, Lola.

Ya va.

-Madre mía.

-Qué bien.

No huele bien.

-(ANTOÑITO RESOPLA)

¿Guerra en Europa?

Esto es absurdo

Esperemos que no se llegue a declarar.

Pero no ha habido en toda la historia una época mejor que esta.

Eso era cierto hace 10 años, pero todo ha cambiado mucho.

Me cuesta asumir que hay 10 años borrados de mi mente y...

que leo todo como si no hubieran pasado.

Sé que es difícil,

pero poco a poco se irá poniendo al día.

Sigo pensando que el presidente del Consejo de Ministros

es Antonio Maura.

Maura entra y sale del gobierno, quién sabe si volverá a serlo.

¿Y Canalejas?

Siempre creí que sería un buen presidente.

Sí, Canalejas llegó a presidente,

pero murió asesinado hace año y medio.

¿Asesinado?

A tiros, en plena Puerta del Sol.

Voy a tener que hacer un resumen de la política española

de estos años. (SONRÍE)

Buenas.

¿Estorbamos? No.

Doña Rosina...

¿Me recuerda? Claro que sí.

Sigue tan joven como hace 10 años.

-Siempre tan galante, don Felipe. -Galante no, sincero.

Le hemos traído unos bombones. ¿De la Deliciosa?

-Me temo que la Deliciosa ya no existe.

Ahora hay un restaurante, el Nuevo Siglo XX, se come muy bien.

Doy fe. Iremos en cuanto podamos.

Deme los bombones, doña Rosina.

Se los guardaré para la hora de la merienda,

que don Felipe es goloso y luego no come lo que mandan los médicos.

¿Don Felipe?

-Rosina, ¿cómo encuentras a Felipe?

-Me lo esperaba peor.

Yo me he llevado un susto al mirarme al espejo

y ver que he envejecido diez años en un solo día.

Me pasa a mí eso y vuelvo al coma.

Lo mismo le digo, doña Rosina, al coma, y no me despierto.

-Se habrá alegrado de volver a la vida, pese al envejecimiento.

De volver a la vida y de darme cuenta que...

he conservado a muchos amigos en estos diez años.

-¿Ha venido a visitarle don Ramón?

¿Ramón Palacios? -Con su esposa, con Carmen.

¿El asesino de Celia?

¿Ese canalla no está en la cárcel? -Felipe, está equivocado.

¡Nadie va a convencerme de aceptar la presencia de ese asesino!

Entonces, ¿don Felipe piensa que doña Celia está viva?

-Nones, señá Fabiana,

piensa que ha muerto hace poco.

-Espero que no vuelva a empezar lo de su enemistad con mi suegro.

-No creo,

en todo caso, le explicarán la verdad.

-No sé qué decirle, señá Fabiana. Tú ponte en lo peor,

que en este barrio to lo que se puede liar, se lía.

-No, no creo. Liberto y Rosina están en el hospital,

habrán aclarado cualquier duda sobre el asunto.

-Doña Genoveva no lo ha hecho.

Ni siquiera le ha contao que es su esposa.

-¿Y qué le ha dicho?

-Que es una dama de la caridad. -Vaya idea.

-Ya.

Si le dice que se han visto más en los juzgaos que fuera de ellos,

se vuelve al coma y no se despierta en otros diez años.

-Entonces, ¿don Felipe no sabe na de la muerte de Marcia?

-Es posible, que ni siquiera sepa quién fue Marcia.

-Hay que ver locura de la mente humana.

-Eso decía doña Rosina.

Un perro sabe que es un perro,

y sabe quién le da de comer

y quién lo trata a puntapiés.

Y los seres humanos pueden cambiar de idea tres veces al día.

-Yo iré a ver a Felipe cuando vuelva mi suegro.

-Pues ya nos contarás.

Ojalá que no pase na y se lo expliquen todo bien.

-Muchacha, si a mí me pasa lo mismo,

si se me olvidan diez años de mi vida de golpe,

que me cuenten solo lo bueno y se ahorren las desgracias.

-Y a mí. Y que no me digan que soy de Cabrahígo,

que es muy fatigoso ser de allí.

-Por cierto, ¿ha estao por aquí el sanador?

-¿Aquilino el Mudo? Sí.

Le ha dado a Antoñito una infusión que sabe a rayos.

Bellita me ha preguntado por él.

-¿Qué tiene? -Ella no,

una amiga, pero no me ha dicho quién era.

-Ay, nos enteraremos, que en este barrio, al final to se sabe.

Anda, hija, cóbrate.

Si falta algo, ya me lo apuntas. A más ver.

No puedes tomar esa decisión así

sumida por el dolor el día del entierro de tu marido.

Necesitas pensarlo mejor.

-No quiero su dinero y no quiero tener nada que ver con su familia.

Ellos le llevaron a hacer lo que hizo.

-Ni siquiera sabes si fue un accidente,

como dice el informe. -Quizá solo resbaló.

-Que no, madre, que no,

que sé que se tiró, lo siento como si él me lo hubiera dicho.

-No te dejes llevar por la intuición,

lo quieras o no, eras su esposa por ley,

y lo que le pertenecía a él, ahora es tuyo.

-Te aseguro que su familia sufrirá más si lo aceptas

que si lo rechazas. -¡No quiero ese dinero!

No quiero hacerme pasar el resto de mi vida por su viuda

como me ha hecho pasar por su esposa.

Ya he vivido una mentira, no quiero vivir más.

-¿Y no sería una mentira que entraras en un convento?

¿Sería una vida más adecuada para ti?

-No lo sé, madre, no lo sé.

Solo sé que no quiero seguir llevando la vida que llevo.

-Tómate las cosas con más calma

y piensa lo mejor, por favor.

-Por lo que la conozco, no está hecha para ir a un convento.

-Tampoco estaba hecha para la vida de esposa.

No fui justa con mi esposo,

no supe hacerle feliz ni acompañarle.

-Él también te ocultó sus heridas de guerra.

(Timbre)

-Yo iré a abrir.

Hija, solo voy a darte un consejo.

Acepta la herencia de tu esposo,

aunque solo sea para que te proporcione una vida mejor.

-Buenos días. -Buenos días, Marcos.

-Espero no molestar.

-Siempre eres bienvenido.

Eh... Venía a hablar contigo, Camino.

Me habría gustado asistir al entierro de Ildefonso,

pero sé que su familia quería que fuese lo más discreto posible.

-Sí, así tenían que avergonzarse delante de menos gente.

-Son momentos duros.

Yo solo quiero darte el pésame

y decirte que lo siento.

Mis recuerdos de Ildefonso son inmejorables,

un hombre cordial y educado

al que se le notaba el amor por ti en cada instante.

-Gracias, don Marcos.

Es usted el primero que tiene buenas palabras hacia él.

Y yo lo recuerdo como un hombre bueno.

-Camino,

Tienes toda la vida por delante.

No dudes de una cosa,

el destino siempre nos da segundas oportunidades.

No desesperes, que llegarán.

Sé fuerte y confía en las personas que te quieren.

Solo eso.

-Gracias, don Marcos.

Escucha a Marcos, hija,

te está diciendo lo que todos pensamos.

-Sabe que nos tiene a mi hija y a mí para lo que haga falta.

-Gracias, Marcos.

Yo tengo que marcharme al restaurante.

-¿Vas a abrir el negocio?

-No, pero tengo asuntos pendientes,

voy a revisar el género, no se me vaya a estropear.

¿Me acompañas?

-Encantado.

Anabel, ¿te quedas haciendo compañía a tu amiga?

-Claro, no me voy a mover de su lado.

-Con Dios, hija.

-Con Dios, Camino.

-Mi padre tiene razón, seguro que todo se arregla.

-Nada va a arreglarse.

Ildefonso no va a resucitar.

Solo son buenas palabras que no sirven para nada.

Operadora. Sí, buenos días.

Quería hablar con el hostal Carmona. Gracias.

Buenos días.

Quería hablar con don Aquilino.

Sí, espero.

¿Has acabado en la cocina?

-Sí, pero podía haberme esperado a que usted acabara de hablar.

-Yo no estaba hablando por teléfono, te imaginas cosas.

-Pero si tenía el auricular en la oreja.

-No hablaba por teléfono, como si yo tuviera que hablar con alguien.

-Eso no lo sé, pero cuando alguien tiene el auricular en la oreja

es pa hablar.

-Quería ver si había línea, que dice el periódico

que hay cortes de línea y quería saber si en el barrio los hay.

¿Vas al mercado?

-Ya he comprado todo.

-Se me antojan manzanas asadas de postre.

-Me dijo que hoy quería arroz con leche.

Lo tengo todo preparado para hacerlo.

-He cambiado de opinión, quiero manzanas asadas.

Ve antes de que cierren, anda, y compra reinetas.

-Como mande, señora.

-Por cierto, están Jacinto y Servando en la cocina,

lo digo por si vienen a molestarla mientras yo estoy fuera.

-Muchas gracias. Ahora vete y déjame tranquila.

Operadora.

Póngame de nuevo con el hostal Carmona.

Sí, gracias.

Quiero hablar con...

Sí, sí, ya sé, ya sé que acabo de llamar y he colgado

porque me ha surgido un asunto de fuerza mayor,

ahora sí quiero hablar con Aquilino. Sí, espero.

Buenos días, doña Bellita.

-Si quiere, esperamos a que termine.

-No estaba hablando con nadie, qué manía.

Usted perdone, pero estaba hablando al teléfono.

-¡He dicho que no y es no!

-Si quiere hablar, hable. Y si no, no hable.

Hay gente que habla, y total, pa lo que hay que decir...

Ya hemos terminado con el desagüe.

-Muy bien, pues si ya han acabado, pueden marcharse, ¿no?

Sí, pero antes quería comentarle algo.

¿Ha escuchado hablar del Partido Servandino?

No, nunca.

Le advierto que es un partido de gran futuro,

quizá le interese apoyarnos.

A mí la política no me interesa.

Es un partido muy importante para España.

De hecho, los servandinos siguen a su líder...

Espera, espera, espera,

¿lo de Servandino viene de Servando?

(SONRÍEN)

Sí, señora.

Y si quieren que yo gobierne España

como lo hago en la pensión, con mano dura en guante de seda,

así lo haré, como lo hacía nuestra reina con el destino de este país.

¡Miren, no estoy pa tonterías!

¡Si han acabado con el desagüe, a la calle!

-Vamos, Servando, ya hablaremos con la señora más tarde.

-Eso.

Con permiso, doña Bellita. Muy bien.

-Perdone.

Déjenlo, que ya lo recoge Alodia.

¡Venga, déjenlo ahí!

Con Dios.

Operadora, póngame de nuevo con el hostal Carmona, por favor.

Quería hablar... No, no, no, no,

le aseguro que no vuelvo a cortar la llamada.

Quería hablar con don Aquilino.

Don Aquilino, tengo un problema muy grave

y le necesito, necesito una cita urgente, cuanto antes.

A veces eres muy dura con tu madre.

-Lo sé, pero tengo mis motivo.

Ha manipulado mi vida desde que tengo recuerdo.

-Supongo que ella trata de hacer lo mejor.

-Intentarlo no salva a nadie.

Cuando era una niña, un hombre abusó de mí,

y para ella, era más importante que callara y nadie se enterase,

a que ese hombre recibiera castigo.

-Seguro que lo hizo por miedo.

Ninguna madre quiere ver sufrir a su hija.

Después impidió que me dedicase a la pintura,

que Maite me siguiera enseñando.

Luego,

me obligó a abandonar a mi amor,

y casi me obligó a casarme con Ildefonso.

-Ella no podía saber que Ildefonso había recibido esas heridas.

-Bien se ve que no has crecido con ella,

si no, no serías tan condescendiente.

-Doña Felicia no es santo de mi devoción, lo reconozco,

pero trato de entenderla.

-Lo único que hay que entender es que es una persona egoísta,

le da igual a quién perjudicar con tal de conseguirlo,

aunque sea su propia hija.

Hasta su empeño en que no renuncie a la herencia de Ildefonso

tiene por objetivo que ella también disfrute de su fortuna.

-Estás siendo muy dura con tu madre.

-La conozco, he tardado tiempo,

pero ya no me engaña.

Es un ser...

despreciable del que más convendría alejarse.

-Mi padre parece enamorado de ella.

No sé, quizá acaben compartiendo su vida,

entonces tendré que adaptarme.

-Tu padre quizá esté enamorado, pero ella no.

Mi madre solo se ama a sí misma. Si acaban juntos,

le hará a tu padre un hombre infeliz.

-No sé cómo podría advertir de eso a mi padre.

-Da igual que le adviertas,... ella siempre consigue lo que quiere.

No hay nada puede apartarla de sus propósitos.

-Entonces, no sé qué puedo hacer.

-No bajar la guardia,

estar pendiente de lo que pueda hacer.

Y si es posible, poner tierra de por medio.

Siento hablar así de mi propia madre,

pero es lo que pienso.

Don Ramón, ¿ya de vuelta?

-Seguro que su esposa se pone contenta.

Espero que sí, el viaje se ha adelantado unas horas.

Vengo sediento. -No me diga.

Acabo de terminar una limonada bien fresquita,

de esas que tanto le gustaban, ¿recuerda?

-Claro que lo recuerdo.

Dice la Biblia que hay que dar de beber al sediento.

-No se hable más, pase, que le sirvo una.

-Muchas gracias.

-Tome asiento, haga el favor.

Ya verá lo bien que le sienta.

-Seguro.

-Aquí tiene.

A ver si se va a atragantar,

que ya sabe que dicen que así murió

Felipe el Hermoso, por beber con ansias.

-Tienes razón, pero es que haces la mejor limonada de España.

Con razón Trini te la pedía por arrobas.

-Sin exagerar ni una miaja. (RÍE)

Y dime, ¿algo nuevo por Acacias?

-Hoy ha sido el entierro de don Ildefonso,

pero...

su familia pidió que no hubiera asistencia,

así que nadie fue, supongo que resultaría muy triste.

-Lo siento por ese joven,

a pesar de que no le conocía mucho

y que tuvo aquel altercado con Antoñito

al poco de aparecer por el barrio. -Es verdad,

que llegaron a estar retados para un duelo.

Fíjese usté, ya no me acordaba yo de eso.

-Pese a aquello, le tenía por un hombre correcto y educado.

Siento mucho su muerte.

También lo lamento por Camino,

parece que nunca va a encontrar la felicidad.

¿Algo más?

-Sí, que don Felipe ha despertao del coma,

pero eso ya se lo contarán. -Sí, ya lo hablaré con Liberto.

Bueno, me voy, que Carmen me estará esperando para comer.

Hombre, don Ramón.

¿Tiene un minuto para mí? Si solo es un minuto sí.

No necesito más, usted es un hombre inteligente

y lo va a entender a la primera.

¿Qué es para usted lo más importante en un partido político?

Que busque el bien común. Perfecto, estamos de acuerdo.

Por eso me atrevo a pedirle que apoye al Partido Servandino.

¿Servandino de Servando?

Jacobinos de Jacobo,

girondinos de Girondo y servandinos de Servando.

(RÍE)

Y... dime, Servando,

¿su partido sería liberal, progresista, conservador...?

Sería una amalgama de todo.

Tendríamos lo mejor de todos y lo malo de ninguno.

Bueno, tendríamos ideas servandinas,

no le digo más. Ni menos.

-Servando, ¿por qué no deja tranquilo a don Ramón?

Bueno, pues... me atrevo a pedirle

y decirle que tiene usted una oportunidad

de ser mi número dos en el partido.

-¿No era Jacinto el número dos?

Sí, pero esto va en plan lista,

él pasaría a ser el tres.

Usted sería el número dos y solo me tendría que dar explicaciones a mí.

Es una oferta tentadora,

pero antes debería conocer en profundidad los detalles.

Dime, Servando, ¿qué harían los servandinos con la inflación?

¿Con la inflación?

Atajarla.

Atajarla, atajarla de un tajo, ¡zas!, y fuera.

Y en caso de que estalle la guerra,

¿los servandinos serían germanófilos, aliadófilos?

Neutrófilos. Todos, todos neutrófilos.

Todos, sí. Interesante.

Bueno, ¿qué? ¿Se apunta, se anima?

Es una decisión de calado que tengo que meditar profundamente.

Ya te lo comentaré, Servando.

Con Dios. Con Dios.

¿Qué te debo?

-Está usté invitado.

-Muchas gracias.

Buen día. Buen día.

Yo creo que me va a decir que sí.

¿Sabe lo que yo creo?

Que usté va a espantar a la clientela con sus chaladuras.

Por Dios, qué carácter.

(RÍE) Que tengo que...

En esta hora de amenazas e incertidumbres

sobre la situación nacional, nosotros, los conservadores,

propugnamos un nuevo espíritu que conjugue tradición y modernidad.

-(APLAUDE) Bravo.

Antoñito, bravo.

Cada vez que me asomo al salón lo haces mejor.

-Gracias, Carmen.

Al final va a ser verdad lo de Aquilino.

¿Puede prepararme más infusión?

-Sabe a rayos, ¿de verdad quieres más?

-Sabe a rayos, pero es eficaz.

Mire cómo sale el discurso.

-Nada, pues yo te preparo otro.

Ah, por cierto, tu padre llega a comer.

-¿No venía esta noche?

-Se ha adelantado.

Voy a poner el agua a hervir y te hago la infusión.

-Gracias.

En esta hora de amenazas e incertidumbres

sobre la situación nacional, nosotros, los conservadores,

propugnamos un nuevo espíritu que conjugue tradición y modernidad.

-Tu collar sí que conjuga tradición y modernidad.

-Muy gracioso, padre.

Bienvenido. ¿Qué le parece mi discurso?

-El collar me impide escucharlo.

Aquilino el Mudo, como si lo viera,

muy típico de ese hombre.

-¿Le conoce?

-He estado casado con una mujer de Cabrahígo, no lo olvides.

Harto acabé de oír hablar de los Aquilinos.

Una superstición más de ese pueblo.

-Me alegro de tenerle de vuelta, suegro.

No vuelva a hablar mal de Cabrahígo.

-Yo solo sé que salgo dos días de viaje,

y cuando vuelvo,

mi hijo cae en las supersticiones más absurdas.

-Cierto, pero funciona, que antes estaba bloqueado.

-Sugestión,

¿habéis oído hablar de lo que significa "placebo"?

-¿Quiere decir que los remedios de los Aquilinos no funcionan?

-Como los de cualquier curandero de pueblo,

curan unas cosas por casualidad, y no hacen nada en la mayoría.

¿Me vas a decir para qué sirve un collar lleno de abalorios?

Mírale, acaba de llegar y discutiendo. Dame un beso.

Haya paz, por favor. Toma.

-Gracias.

-¿Eso qué es?

-Una infusión que me ha recetado Aquilino el Mudo.

-De hierbas de Cabrahígo.

-Despiertan mi creatividad.

-Hm...

-¿Qué te pasa?

-Ayuda. Que no llego.

Ay, ay, ay.

-Al parecer, también despiertan las ganas de ir al retrete.

-¿Qué tiene de malo un retortijón?

Lo importante es que a su hijo le ha funcionado para el discurso.

El que algo quiere algo le cuesta.

Bueno...

¿Se le ha pasado la descomposición?

-Cada vez que sale del baño, tiene que volver a entrar.

-Que no tome más infusión de esas.

-Se ha pasao, se tenía que haber tomao una y se ha tomao seis.

Claro. ¿Va a salir usted?

-Sí, mandé recado a Liberto.

Vamos a visitar a nuestro amigo Felipe.

Le propuse quedar en el portal,

pero me ha dicho que vendría a recogerme.

-¿Le importa que les acompañe?

-Por supuesto que no, estaré encantado.

-Voy a por la chaqueta.

(Puerta)

-Debe ser Liberto.

-Le abro.

Adelante, Liberto. -Gracias, Lolita.

-No se vayan sin mí. -Descuida.

Bienvenido, don Ramón. ¿Qué tal su viaje?

-Bien, mejor de lo que esperaba.

Con ganas de volver al barrio y de visitar a mi amigo.

-Quizá no sea una buena hacerlo de momento.

-¿Por qué?

-Será mejor que nos sentemos.

Hay algo que debo decirle,

una novedad que ha ocurrido en su ausencia.

No sé si sabe los efectos secundarios que ha tenido Felipe.

-Tan solo lo que comentó Genoveva, que despertó desorientado.

-No sé si es temporal, pero Felipe sufre una amnesia parcial,

ha olvidado todo lo ocurrido en los últimos diez años.

-Vaya...

Le ayudaremos a recordar.

-Creo que no me ha entendido.

Son diez años, don Ramón,

para él, usted es el asesino de su esposa Celia.

-No, no...

no podemos volver a empezar con todo eso.

-Vamos al hospital.

Hay que decirle a don Felipe que eso no es verdad.

-No.

Lo mejor es no agobiarle y dejarlo tranquilo,

Lolita, y que su mente, poco a poco, vuelva a la normalidad.

-¿Sin aclararlo todo?

-Con el tiempo, él mismo se aclarará y recuperará la memoria.

¡-No,

no!

Felipe es mi amigo

y no puedo permitir que el rencor vuelva a instalarse entre nosotros.

-Tiene usted razón.

Hay que acabar con esto cuanto antes.

Voy a ir al hospital a visitarle.

Ea...

Me voy, tengo que hacer un recao. -¿Adónde vas?

Todavía no he terminao de tragar la comida.

-Lo siento, pero tengo prisa. -¿Sirvo las manzanas asadas?

-No me apetece.

-Señora, que me dijo usted que la hiciese.

Hasta he tenido que comprar manzanas reineta.

-Al señor le encantan.

Ponle la suya y la mía, se pone morado.

-¿Por qué no te sientas, nos comemos el postre y hablamos de Pepe Caro?

-Esta tarde, ahora me voy.

-Oye, es un empresario muy importante,

no le podemos hacer esperar.

Tenemos que darle una respuesta. -Que me voy, he dicho.

-¿Se puede saber qué mosca le ha picado?

-Ni idea, lo que sí sé es que usted tiene manzanas asadas de postre.

-Pues nada, me sacrificaré.

¿A ti te ha dicho dónde iba?

-No, pero lleva todo el día muy rara.

Antes estaba hablando por teléfono y colgó cuando yo entré,

como si no quisiera que la escuchara.

-¿No tendrá un amante? (RÍE)

Cómo va a tener un amante a estas alturas...

Trae esas manzanas, no se vayan a echar a perder.

Me temo que comete un error, no debería ir a visitar a Felipe.

-Es menester que yo conozca de primera mano su estado de salud.

-Le dirán lo mismo que yo le acabo de decir.

Es cierto, pero preciso contarle que está equivocado,

que yo no tuve nada que ver en la muerte de Celia.

-No le comprenderá.

Felipe no razona, para él es como si estuviera en otro tiempo.

-Pues entonces

tendré que decirle que su mente le está traicionando.

-¡Que no le va a hacer caso!

Para él, todos sus recuerdos son ciertos.

Es como si no hubiera pasado nada desde entonces.

-Pero ¿no se da cuenta de que no podemos volver a todo aquello?

Fue un auténtico infierno que ya habíamos superado.

No podemos volver a aquello.

Para mí sería horrible que él vuelva a pensar que yo soy responsable

de la muerte de su amada esposa.

-Entiendo su zozobra.

Pero comprenda que Felipe ahora es otra persona.

Sigue anclado en su odio hacia usted.

-Suegro, Liberto tiene razón.

Ha de tener paciencia

y esperar a que Felipe, poco a poco vuelva a su ser.

-Claro. Y con el tiempo irá recuperando la memoria.

-¿Y si no lo hace? ¿Y si no la recupera nunca?

-Dios no lo quiera,

eso sería terrible pa todos. -No nos pongamos en lo peor,

hay que tener fe en que mejorará poco a poco.

-Me gustaría tenerla, pero me espanta

volver a tener aquellos enfrentamientos.

-Le creo, pasaron por momentos muy tensos.

-¿Se imagina que vuelve a agredirme por la calle?

Para él sería un auténtico sufrimiento

encontrarse con el que él piensa que es el responsable

del asesinato de su esposa.

-Por eso no tiene que ir a verle, solo conseguirá que se soliviante.

-Si Felipe le ve por allí

y se encoleriza, haría que empeorara su situación.

-Y no solo no arreglaría na,

lo empeoraría to.

-Su salud es lo primero, eso debe ser la única prioridad.

-Ya tendrá tiempo de hablar con él cuando mejore.

-Eso es.

Háganos caso

y deje pasar unos días.

-(ASIENTE) Está bien.

Esperaré a que Felipe recupere la memoria.

-No sé qué sería de mí si se me olvidara to, qué desgracia.

-Ojalá esta pesadilla acabe cuanto antes.

Me alegro de que coma tan bien, muy pronto se va a recuperar.

No podía ser de otra manera,

su compañía me alegra y me da ánimos.

Ya puede retirarlo.

Voy a por sus medicinas.

¿Por qué me mira así?

Me gusta ver lo diligente que es.

¿Le molesta que le mire así?

No,

al contrario, me agrada.

Pero deje de hacerlo porque me va a distraer.

Lo intentaré.

Aunque...

me siento muy afortunado de que esté aquí cuidándome.

Solo trato de ayudarle

para que salga lo antes posible del hospital.

Pues lo está consiguiendo.

Cada minuto que paso a su lado,

me siento mucho mejor.

Pero...

¿por qué no se separa de mi lado?

¿Por qué tanta preocupación?

Ya le he dicho que nos une una estrecha relación.

¿Cómo de estrecha?

A fin de cuentas, somos marido y mujer.

Nuestro matrimonio fue una farsa.

Hemos pasado por momentos muy dichosos juntos.

Hemos viajado,...

hemos caminado por hermosos paisajes,

compartido horas de conversación.

Cuidaré de mi hijo, le daré una educación,

pero ya no te considero mi esposa.

¿Por esa perra mestiza?

¡¿Me vas a dejar porque no puedes olvidar a tu fulana negra?!

Y fuimos al baile de una embajada.

(RÍE)

¿De verdad hemos hecho todas esas cosas?

Sí.

Mátame si quieres salir.

No te lo permito. No hagas que esto termine mal.

"¡Nunca! ¡Nunca me dejarás!".

"No mientras sigamos con vida".

Se le va las manos y otras cosas.

¿Abusó de usted mientras su propia esposa estaba en el hospital?

-¡Protesto, señoría! ¡Esto es inadmisible!

¡Eso son rumores sacados de los periódicos de peor estofa!

Hemos compartido muchas cosas.

Seguro que era la envidia de todos

cuando me vieran disfrutar de su compañía.

No será para tanto. Yo creo que sí.

Es usted muy hermosa.

Seguro que hemos compartido...

momentos maravillosos los dos juntos.

Así ha sido.

Lástima que no recuerde nada.

No se apene.

Yo le contaré todo lo que hemos hecho hasta que se acuerde.

Podríamos repetir todo lo que ha dicho.

(RÍEN)

Cuente con ello.

Pero poco a poco, antes debe recuperarse.

Será pronto si sigo con sus cuidados.

Es usted una gran enfermera.

Yo tampoco tengo queja de usted como enfermo.

Voy a por esas píldoras, aunque son muy amargas.

Tenga.

Me sabrán a gloria... si vienen de su mano.

Tienes que decidir qué hacer con tu vida.

Pero me parece un disparate renunciar a la herencia

e ingresar en un convento.

-Es curioso, mi madre me dice exactamente lo mismo.

-Te prohíbo que sigas pensado de esa forma.

-¡Tú no me prohíbes nada!

"Es asunto mío".

¿Qué ocurre?

Me ha parecido ver a la mujer que vi cuando regresé a la vida.

Con el disgusto, apenas puedo probar bocado.

-No tiene que ser plato de buen gusto

revivir lo de la muerte de Celia.

-Solo queda confiar en la fortaleza de Felipe

y que su mente se aclare cuanto antes.

Ya sabes que mi voz es mi único tesoro, virgencita,

y no puedo perderla.

-Lucero del alba, ¿dónde estás?

¿Y ese portazo?

Mejor le habría ido a ese muchacho muriendo en el frente.

-Hubiera tenido un final más honorable.

-Y no le habría causado trastornos a los Pasamar.

-El daño no lo causó él.

Felicia obligó a su hija a casarse.

¿Puedo usar su teléfono?

-Llame lo que le haga falta.

Operadora, me gustaría hablar urgentemente con alguien.

Escúcheme, por favor.

Hace unos días no daba pie con bola

y ahora tiene más seguridad que Antonio Maura.

Por esto.

¿Qué es esto?

Un remedio de uno de Cabrahígo, es una eminencia en su pueblo.

Es una suerte que una mujer tan bella esté atendiéndome.

Don Felipe, por favor, me va usted a ruborizar.

En esos tiempos,

tampoco podía ver a Lolita y a su esposo.

-Por eso no vamos a verle.

-Yo estoy tentada de ir al hospital y poner al día a Felipe,

no puede seguir en la inopia.

Es de Pepe Caro.

-¿Qué dice? ¿No habrá retirado la oferta?

Felipe está convaleciente y como su esposa, tendré que estar con él.

Qué estupidez has dicho.

Encontré al amor de mi vida.

-¿Quién era él?

-No, no era... él.

Me enamoré de una mujer, de Maite Zaldúa.

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Acacias 38 - Capitulo 1268

19 jun 2020

Velasco harto de los fracasos de Laura, le da una última oportunidad para que mate a Felipe mientras esté en el hospital. Felipe, en su amnesia, cree que Genoveva es una dama de la caridad y sigue odiando a Ramón Palacios por considerarle en asesino de Celia.
La muerte de Ildefonso es la comidilla entre señoras y criadas, con la dura sospecha de que el joven militar se quitó la vida.
Lolita recibe las instrucciones del sanador de Cabrahigo, Aquilino, para quitar el miedo de Antoñito, pero todo lo que le provoca es que se vaya de vientre. Bellita también acude al sabio para que le cure su malestar de garganta.
Servando aprovecha la salida de la política de Ramón para invitarle a formar parte de su partido.
Marcos, ya sin paciencia, le da un ultimátum a Felicia, o se casan o desaparecerá para siempre.

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