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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capitulo 1267 - ver ahora
Transcripción completa

Me esfuerzo por odiarte, pero no lo consigo.

Te amo...

más si cabe cada minuto que pasa.

Nada tiene de malo aprovechar tu popularidad

para captar simpatizantes.

Vamos a ver, que...

si fueses un verdadero amigo, no te resistirías tanto.

-A ver, que tampoco es eso. No, sí es eso.

Susana me ha invitado a un rosario que se rezará

esta tarde por Felipe en casa de Genoveva.

-Los criados haremos nuestro propio rosario en el altillo.

-Esperemos que esos rezos procuren el milagro de su recuperación.

-¿También le interesa la política?

-Lo justo, nada más.

-Espero que tenga permiso de sus señores, que por ahí bajan.

-¿Era necesario que viniéramos?

-Va a hablar un vecino, lo mínimo es escucharle.

Buenos días.

-"Quiere reunirse cuanto antes con nosotros".

Eso solo puede querer decir una cosa,

querrá hacernos una buena oferta para que actúes en su teatro.

¿Qué? ¿Y ese rostro tan sombrío?

¿No te gusta?

-Sí, claro que sí.

Soy tan dichosa, que no termino de creérmelo.

-Vamos a verle de inmediato.

Pepe Caro no es hombre al que se le daba hacer esperar.

Les pido que en las próximas elecciones

me voten como candidato a las cortes.

Les aseguro que no voy a defraudarles.

No podría hacerlo, pues mis sueños son los mismos que los suyos:

-¡Así se habla!

Con semejante oratoria, es difícil que no gane.

-¡Viva mi marío!

-Ramón, ¿no aplaudes?

-No puedo, Carmen, mis convicciones políticas me lo impiden.

-Sí, sí, pero por dentro lo estás deseando.

-¿A eso ha venido, a rematarle?

¿No deberías preocuparte más del bienestar de tu hermana,

que cuidar tanto y bien de Felipe?

No me gustaría que Lorenza pagara las consecuencias de tu desidia.

-"¿Y pa eso qué hay que hacer?".

Que el ministerio nos acepte como partido político,

convocar a la gente, dar mítines...

-Yo pensaba que era poca cosa.

Bueno... No veas qué ideas tengo para el partido.

Es que... el partido va a ser el futuro.

He recibido una oferta de compra por el restaurante,

una oferta muy tentadora.

-¿Y qué has pensado al respecto?

A diferencia de mí, dudo que el comprador

esté dispuesto a esperar mucho tiempo tu respuesta.

Lo lamento, Camino, traigo muy malas noticias.

-¿Dónde está Ildefonso?

-Han encontrado su cuerpo ahogado en el río.

(CAMINO LLORA)

Debo estar en el cielo,...

porque he visto un ángel.

Felipe...

¿Me conoce?

Sí, claro.

¿Y usted es?

(Sintonía de "Acacias 38")

Felipe, hablo en serio, ¿a qué estás jugando?

Me tutea...

Está claro que me conoce bien.

¿Se puede saber a qué viene todo esto?

No sé su nombre,...

en cambio, usted sí conoce el mío.

A usted tampoco la conozco...

¿O sí debería?

¿Tampoco me va a decir su nombre?

No sé qué...

ha ocurrido ni...

por qué estoy en esta cama, pero...

está claro que soy un hombre afortunado.

¿Cómo era aquello...?

Ah, sí,...

ahora lo recuerdo.

Nunca fue caballero de damas

tan bien servido...

como don Quijote lo fue...

cuando de su aldea vino... Laura, sal y avisa a un médico.

Tienen que examinar a Felipe con urgencia.

Felipe...

Siéntese.

-Ildefonso muerto...

-Debe infundirse de valor y fuerzas para afrontar lo que se te viene.

-No puede ser.

-La policía no tiene ninguna duda...

de que el cuerpo sin vida que han encontrado es el de Ildefonso.

-Pero...

¿qué ha pasado, cómo ocurrió?

-Todo apunta a que cayó accidentalmente al río

y se ahogó.

Una tragedia...

y un brutal golpe para ti.

-Ahogado...

-Los agentes...

están estudiando los alrededores por si pudieran recabar alguna pista

que nos ayude a esclarecer que ocurrió exactamente.

Sé que ha sufrido

lo indecible en los últimos tiempos,

por eso debes recuperar ese espíritu de superación del pasado.

¿Por qué? ¿Por qué este final tan triste?

No lo entiendo.

-Mi esposa lo llamaría resignación cristiana.

Ojalá yo tuviera la fe suficiente

para... poner nombre a una desgracia semejante.

El destino te ha sometido a pruebas muy difíciles.

Camino, estoy convencido de que la vida...

te compensará algún día por estas desgracias.

Escúcheme, Camino. Debes sobreponerse al dolor,

por muy insoportable que te resulte ahora.

-No puedo.

-Sí. Si hay alguien capaz de salir adelante, eres tú.

No en vano, has superado otras pérdidas muy dolorosas,

muy traumáticas.

No... hace falta que te lo recuerde.

Has conseguido salir adelante sin olvidarla.

Si eso no es fortaleza...

-(LLORA)

Ya no me quedan más fuerzas, don Armando.

-Tú...

Tú no eres como el resto,

eres especial, saldrás adelante.

-Gracias por sus palabras.

Genoveva...

Don Ramón, don Liberto.

Nos ha dicho una enfermera que Felipe ha despertado del coma.

Ha sido tan inesperado, que no me lo acabo de creer.

-Estamos deseando verlo con nuestros propios ojos.

-¿Le han dicho van a traerle? No.

Los médicos también están muy sorprendidos.

Han traído a otros doctores para evaluarle de nuevo.

-Por algo se dice que la esperanza es lo último que se pierde.

-Si me lo permite, ¿cómo reaccionó Felipe al verla?

La persona que despertó no es el Felipe que todos conocemos.

¿Qué quiere decir?

Su estado mental era... inquietante.

Estaba muy desorientado.

-Supongo que será normal después de tanto tiempo en coma.

Sí, pero más que su confusión, me chocó su falta de memoria.

No recordaba nada de lo sucedido.

Es normal, con el tiempo recuperará esos momentos

y podremos saber qué le ocurrió exactamente.

Lo preocupante es que ni siquiera me reconoció a mí.

-¿Se refiere a cómo se llamaba, a cuál era su nombre?

Ni mi nombre ni nada.

Se comportó como si fuera la primera vez que me viese,

incluso trato de coquetear conmigo.

Eso sí que no me extraña.

-Un síntoma de que quien tuvo, retuvo.

Habrá que esperar a que los médicos esclarezcan el desorden mental

que afecta a Felipe.

-¿Desorden mental?

¿No está pecando de catastrofista?

No.

-El despertar de un coma no es cuestión baladí,

pero de ahí a calificarlo de desorden mental...

Tenían que haberlo escuchado, incluso verlo.

No era el Felipe que conocí, ni con el que me desposé.

-Dejemos de aventurar y esperemos el dictamen de los médicos,

tendrán un diagnóstico más fundado.

-Genoveva, ¿por qué no aprovecha para tomar algo el aire?

Liberto y yo nos quedaremos aquí a la espera de noticias.

Gracias, pero prefiero esperar a que venga el doctor Echevarría.

De momento, sigo siendo su esposa,

y la única con capacidad de decisión sobre cualquier asunto.

A Liberto y a mí nos gustaría acompañarle,

solo un rato, que mañana tengo que madrugar.

Si nos lo permite, claro. Por supuesto.

Los dos son excelentes amigos de Felipe,

y siempre les tendré en cuenta, para acompañarme

o para asesorarme ante cualquier decisión.

-Nos limitaremos a estar con usted.

-Ya verá como pronto tendremos a nuestro amigo de vuelta.

Una pena que no hayas podido ver a don Felipe.

-Yo, desde luego, me hubiera quedado más tranquila.

-Si Liberto no ha llamado es por que no hay novedades.

Le dije que me telefoneara en cuanto supieran algo.

-Si no estuvieran las elecciones tan próximas,

me pasaría ahora mismo. -De eso nada.

Tú céntrate y no te despistes.

Ya tendrás tiempo para ir a visitarlo.

-Di que sí, que tienes en tus manos el futuro del país.

-La verdad es que has estado muy bien en tu discurso.

-Gracias.

Sois un gran apoyo para mí.

-Ahí has hablado, hijo mío.

¿Qué sería de nadie sin el apoyo de su familia?

-Si me disculpáis,

he de preparar los papeles de la reunión de mañana en Alcalá.

-¿Tiene algo que ver con los terrenos?

-Sí. Después de varios meses, ha salido un comprador.

Cuanto antes cierre la operación, antes recuperaré mis réditos.

-¿Quiere que le acompañe?

Si vamos temprano, podría volver pronto.

-Gracias por el ofrecimiento, hijo,

pero insisto en que tu tarea

es estar al pie del cañón con tu partido.

Quién sabe cuándo van a requerir de tus servicios.

-No soy el único del partido, padre.

Aunque aquí hago más falta que en la firma de una venta.

-¿Han visto el buen talante que tiene mi marido?

Va a ser el diputado más joven y guapo de todo el Congreso.

-Lola, que no soy el primero,

tienen que salir unos cuantos diputados antes de que salga yo.

(Puerta)

Voy, voy yo.

-¿Esperas a alguien?

-No, que yo sepa. -Suegro,

traiga unas rosquillas de Alcalá.

-Que sí.

-No se acordará. (RÍE)

-¿Te han traído un telegrama?

-Sí y es urgente.

De la dirección del Partido Conservador.

-¿Ha pasado algo?

-Me han elegido para participar en el acto del cierre de campaña.

-Eso es estupendo, ¿no?

-Sí, sí, me han elegido como uno de los oradores

gracias al discurso de esta mañana.

-Ay, que listo es mi marido. Listo y guapo.

-Déjame ver, hijo.

-¿No me cree?

-Claro que sí, pero quiero sentir el orgullo de verlo escrito.

-Yo, desde luego, no me lo pierdo. -Yo tampoco.

-Lo vas a hacer tan bien o mucho mejor que esta mañana,

hazme caso.

-Se va haciendo tarde, voy a bañar a Moncho.

¿Me acompaña?

-Claro. No me pierdo un baño de mi niño por nada del mundo.

-Yo también me retiro a preparar los papeles de la reunión.

Me sabe mal tenerle tantas horas aquí mano sobre mano.

Le recuerdo que usted lleva más tiempo que yo,

y aún no la he oído quejarse.

Es mi deber como esposa, estar a su lado en los malos momentos,

pero usted no tiene por qué.

Felipe es un gran amigo mío, es lo menos que puedo hacer por él.

Su actitud le dignifica, Liberto.

Es usted una gran persona.

Es raro que no haya venido nadie a decirnos algo.

Si le soy sincera, no sé si eso es bueno o malo.

¿Qué le dijeron cuando se lo llevaron?

Fue bastante parco.

Tenían hacerle más pruebas y otros médicos estaban interesados

en revisarle.

Espero que no lo usen como conejillo de indias.

Buenas noches.-

Doctor, ¿cómo está mi marido?

-¿Tiene un diagnóstico sobre Felipe?

-Le hemos realizado una serie completa y exhaustiva

de pruebas neurológicas

y los resultados son bastante concluyentes.

Sea concreto, doctor, ¿qué le pasa a mi marido?

Tras haber superado el coma,

las constantes vitales de don Felipe Álvarez Hermoso

han vuelto a la normalidad de manera casi milagrosa.

Eso es bueno, ¿no?

Aunque el edema causado por el golpe ha remitido,

hemos acusado unas graves secuelas más que significativas.

-¿A qué se refiere?

Todos los médicos coincidimos en que el fuerte traumatismo

le ha ocasionado una severa pérdida de memoria.

Por eso no se acordaba de mi nombre.

Es algo más complicado que un simple olvido de un nombre.

Su marido padece amnesia.

¿Amnesia? No, no...

He leído algo sobre ello.

Son lagunas en la memoria que pueden abarcar entre...

minutos a décadas en la vida de una persona.

-Así es. En el caso de Felipe, él es consciente de su identidad,

de su profesión e incluso de ciertas etapas de su pasado.

En cambio, carece de ciertos recuerdos que han sido olvidados.

Doctor, perdone que le interrumpa,

¿podría concretar de cuándo data el último recuerdo de mi esposo?

Es difícil saberlo con certeza, pero por lo que hemos observado,

parece que sus recuerdos se remontan a más de una década atrás.

Diez años.

-Es mucho tiempo, sí.

Es una estimación en base a las preguntas que le hemos hecho.

¿Es posible que haya olvidado que soy su esposa?

Es una posibilidad.

Dios mío.

¿Cómo va a haber olvidado nuestra relación?

Eso... sería terrible.

No puedo aventurarle el alcance real de su pérdida de memoria,

se trata de algo puramente estimativo.

-¿Y qué probabilidad hay de que recupere esos recuerdos?

-Existen técnicas con las que se está empezando a trabajar

enfocadas a la recuperación de la memoria.

Si ustedes dan el visto bueno, alguno de nuestros especialistas

podría empezar con ellas.

-Pero, según usted, ninguna puede garantizar el éxito de las mismas.

-Así es.

Lo siento.

(Suenan las campanas)

No queríamos molestar, pero somos familia y teníamos que venir.

Acepta nuestro más sentido pésame.

-Gracias, señor Domínguez.

-El disgusto que nos llevamos cuando nos los contó tu madre.

¿Has pasado la noche con ella?

-Sí. Se acaba de ir.

-Aunque por tu cara, me da a mí que no has dormido na de na.

-Ojalá hubiera podido evitarlo..

-No digas eso, tesoro que tú no tienes la culpa de na.

-Gracias.

-Cualquier cosa que necesites, nos la pides, que pa eso estamos.

-Son muy amables.

-No te lo decimos por amables, sino porque nos sale del corazón.

-Lo sé, doña Bellita, lo sé.

Voy por otro pañuelo.

Gracias.

-Pues sí que está mal la criaturita.

-No es pa menos. -¿Tú también vas a llorar?

-Camino me recuerda mucho a mi Cinta.

-Pues que no te la recuerde.

Nuestra niña, de momento, conserva el marido.

-La suerte que hemos tenido con ese muchacho.

Y encima,

ahora, por si fuera poco, nos traerán a nuestro primer nieto.

-Lo diferente que se ha portado la fortuna con los Pasamar.

-Qué mala suerte ha tenido la pobre Camino,

con lo buena muchacha que es.

-Dios quiera que salga a flote después de este luto.

-Saldrá, que tiene todo el futuro por delante para rehacer su vida.

-¿Adónde se habrá metido?

-Habrá ido a retocarse,

que la pobre estaba descompuesta.

¿Tienes que ir a algún sitio?

-Quería pasarme por la tienda de los discos.

La segunda tirada se está vendiendo de lujo.

En nada tendremos que encargar unos cuantos más.

-Ay, Jose, todo esto me da mucho susto.

-¿Susto, de qué?

-De que nos vayan tan bien las cosas,

mientras hay tanta desgracia a nuestro alrededor.

-Lo del marido de Camino ha sido una fatalidad puntual.

-¿Y el ingreso de Álvarez Hermoso también?

Visto así, parece que el barrio tiene un cenizo cerca.

-Sí, cerca y bien adentro. Ay. (CARRASPEA)

-¿Qué pasa?

¿Te duele?

-Pues claro que me duele, y mucho,

que la pobrecita de Camino no merece tanto dolor.

-Ya.

Ni ella ni nadie, faraona.

-"¿Y cómo se enteró su marido de la desgracia de Ildefonso?".

-Casualidad.

Se encontraba en el restaurante cuando llegó la policía

y les dio la terrible noticia.

-¿Y él estaba delante cuando se lo dijeron a Camino?

-Camino no estaba, solo estaba Felicia.

Tuvo que ser Armando quien fuera a su casa a contárselo

y a ponerla al corriente. -Ay, pobre.

A mí no me habría gustado estar en su pellejo.

-Ni en el de Armando ni en el de esa muchacha.

Quedarse viuda tan mocita es una desgracia de las grandes.

-Qué lástima el pobre chico.

Si es que lo tenía todo: guapo, noble,

rico, patriota...

-Bueno, todo, todo, ya sabemos que no lo tenía.

Será posible que no seas capaz de olvidar ese detalle tan zafio.

-Zafio pero fundamental, querida.

-A Lolita y a mí nos ha extrañado la causa de la muerte.

¿Cómo pudo ahogarse?

-Sobre todo en esta época, que aún no han llegado los calores.

-A no ser que... -¿Qué?

-Que cometiera el peor de los pecados, el suicidio.

-¿Te ha comentado Armando algo sobre esa posibilidad?

Ya saben que mi marido es muy discreto,

pero una no es tonta y sabe leer entre líneas.

-No es por quitarte mérito, pero no hay que ser muy ducha

para ver que el heredero de Pontones no andaba muy bien de ánimo.

-Desde la fiesta de don Marcos no se le había vuelto a ver.

-Lo que allí se dijo sobre su virilidad,

no hay hombre que lo aguante.

-Bueno, es todo caso, el asunto está en manos de la policía.

Armando me ha contado, que han calificado el caso

como óbito en extrañas circunstancias.

-"Extrañas circunstancias". -Sí. Y eso quiere decir, Rosina,

que no se sabe nada con certeza, así que a fantasear a otra parte.

-Tampoco es tan descabellado pensar que hay asido un accidente, ¿no?

Quién sabe si Ildefonso intentó cruzar el río,

trastabilló, se cayó y se lo llevó la corriente.

Por esa parte, las aguas bajan con fuerza.

-Sí, puede ser, porque ha llovido mucho estos días.

-Sí, claro, será eso, un accidente.

Porque si fuera un suicidio,

el finado no podría ser enterrado en sagrado,

y su aristocrática familia no va a consentir semejante desdoro.

-La que me da muchísima pena es Camino,

por no hablar de su madre.

Con lo que ha sufrido esa mujer por sacar a su hija adelante...

-Y ahora, las dos viudas.

Aunque las penas unen más que cualquier alegría.

-Dependerá de las alegrías.

No nos engañemos,

es una desgracia, pero Camino se quedará más que bien situada

con la herencia de Ildefonso.

Y ya sabéis, las penas con pan, son menos.

-Qué cosas dice usted, doña Rosina.

-Verdades como puños, ni más ni menos.

-¿Y qué se sabe del ingreso de Álvarez Hermoso?

-Ayer estuvo mi marido en el hospital,

pero no pudo quedarse mucho tiempo.

-¿Le ha dicho algo su marido esta mañana?

-Y tanto que me ha dicho.

Agarren lo machos, no se lo van a creer.

-¿Qué? No te pongas misteriosa, que seguro que no es para tanto.

-¿Ah, no?

¿Y si les digo que Felipe no recuerda a Genoveva?

-¿No se acuerda de ella?

-Ni de ella ni de muchas cosas. Vamos, que se ha quedado en albis.

-Dios mío.

-Liberto dice que tiene amnesia.

Felipe...

No hace falta que me ayuden, puedo yo solo.

¿Estás...?

¿Está seguro de que no necesita ayuda?

Déjenme intentarlo al menos.

Uh...

Nunca dejará de sorprenderme.

Eso es bueno, ¿no?

Gracias, ya me quedo yo con él.

No me creo que esté tan recuperado, parece un milagro.

Un milagro es que una joven tan bella como usted

se congratule de mi mejoría.

Entiéndame, ha estado muy mal.

Los médicos me han dicho que un coma

me ha tenido inconsciente varios días.

Así es,

ha sido terrible.

Sin embargo, hay algo que me ronda desde que abrí los ojos

y que nadie quiere decirme.

¿De qué se trata?

¿Quién es usted?

Gracias, Marcelina. Toma.

Quédate con el cambio.

-Agradecida, don Antoñito.

Mucha suerte en las elecciones, que bien que la merece.

-Gracias. Que el pueblo decida quien es el mejor.

-Aguarde, señor.

¿Le he contado que mi Jacinto también pensaba presentarse?

-¿A las elecciones generales?

-Ah, pues digo yo que serán esas.

Está en el partido de Servando, pero no han podido apuntarse.

-Vaya, otra vez será.

Con Dios. -Con Dios.

Don Antoñito, ¿qué, cómo van los ánimos?

Ya no queda nada... Pocos días, pocos días.

¿Sabe que yo mismo he fundado un partido?

Algo me comentaba Marcelina.

El Partido Servandino, ¿a qué suena bien?

Peculiar.

Bueno, déjeme que lo termine.

Lo tengo que pulir un poco, pero ya verá usted cómo se hablará mucho.

¿Se imagina un día, usted y yo sentados en las cortes

tratándonos de igual a igual y hablando de los problemas del país?

Servando, no quiero ser descortés, pero ando un poco apurado.

Me han elegido para hacer el acto de cierre de campaña

y tengo que preparar el discurso.

¿No me diga que va a estar usted

con los grandes del Partido Conservador?

Imagino que estarán todos.

Pero eso es un orgullo para todos,

para todos los que le conocemos

desde que apenas levantaba un palmo.

Razón de más para prepararlo, a conciencia.

Y además, todo el país estará pendiente de sus palabras.

Sus palabras transmitirán esperanza,

serán esa luz que alumbren en la oscuridad,

por no decir de quién va a estar usted acompañado:

Dato, Sánchez de Toca,

González Besada...

Estoy un poco nervioso.

Fíjese, le voy a dar un consejo que le va a venir de perlas...

Aproveche la ocasión para saludar a una formación nueva,

al Partido Servandino.

Y no lo trate como rival,

trátenos como amigos.

Tomo nota. Gracias. Con Dios, don Antoñito.

¿Has visto cómo me traro con los señores?

Si usted lo dice...

Además, mira cómo ha cogido mis consejos.

Nos hemos tratado de igual a igual.

Voy a aprovechar este don que tengo

para seguir dándole forma al Partido Servandino.

¿Qué va usted a hacer ahora?

España ya se enterará cuando el partido esté listo.

Pero bueno, Felipe, ¡qué sorpresa!

No le hacía tan recuperado.

Si que debía estar mal, no veo más que caras de sorpresa frente a mí.

No es para menos,

verle así después de estos días tan desalentadores, es una sorpresa.

La vida me ha dado otra oportunidad

y pienso aprovecharla.

Me alegra verle tan animado.

Es usted un gran amigo, Liberto.

Se acuerda de mi nombre.

Sí.

Aunque no le perdonaré que se mudara lejos de Acacias.

Liberto ha conquistado a una de las mujeres más pudientes de la ciudad.

Una mina de oro tiene, nada más y nada menos, ¿verdad?

(ASIENTE)

Si no recuerdo mal, creo que...

ahora viven los dos juntos en una casona

con Leonor, la hija de Rosina.

Es una muchacha estupenda, ¿verdad, Liberto?

Discúlpenme, no les he presentado.

El coma me ha hecho perder las buenas maneras, perdona.

Liberto,

esta dama de la caridad tan hermosa se llama Genoveva.

Lo sé.

Hemos coincidido mientras estaba inconsciente.

Dice que somos grandes amigos, pero...

no consigo recordarlo.

¿Se puede ser más cretino?

Desde luego, no es una mujer para olvidar.

Tiene usted toda la razón.

Prometo no volver a olvidarla más.

(SONRÍE)

Aquí tienes el azúcar.

-Gracias.

No sé qué decirte, lo siento tanto.

Si yo no hubiera aireado su secreto, Ildefonso jamás se habría suicidado.

Ha sido por mi culpa.

Ojalá pudiera dar marcha atrás en el tiempo...

Te equivocas, la única culpable soy yo.

Mi marido confió en mí contándome su desgracia,

y yo no tenía derecho a airearlo.

-La indiscreción fue cosa mía.

-Y mía.

Además, yo acepté casarme con Ildefonso,

y eso solo le trajo infelicidad,

y esa infelicidad ha acabado con él.

-Eso no es cierto, Camino, no puedes cargar con esa culpa.

-Ildefonso ha sido mi víctima y la de nadie más.

Además, no importa como acabara,

si por voluntad propia o por accidente,

él no quería vivir y yo no supe ayudarle.

Abandona esos pensamientos que nada te ayudan.

-Cómo si fuera tan fácil, Anabel.

-Escúchame, Camino,

debes ser fuerte, tienes toda una vida por delante.

-No hay nada que pueda paliar mi dolor y mi culpabilidad.

-Quizás es demasiado pronto.

La muerte de Ildefonso está muy reciente

y es normal que tenga esos sentimientos.

-Siento tanta pena, tanto dolor...

-Pero tú no le amabas.

-Pero le quería a mi manera, Anabel.

-Haces bien en llorarle,

pero no debes incubar ese sentimiento de culpa,

si no quieres acabar como él.

-Quizás lo merezca yo también.

-No digas tonterías, por Dios.

-Ildefonso ha muerto a causa de mi indiscreción,

pero no solo por eso, todo fue... un cúmulo engaños,

de mentiras y de ocultaciones.

Soy un ser terrible.

-No lo eres.

Este dolor pasará y yo estaré aquí para ayudarte.

No lo olvides.

-Gracias, Anabel,

pero no sé si lo superaré.

(LLORA)

Ramón ya debe estar por Alcalá.

Confío en que pueda liquidar el asunto cuanto antes.

-A ver si se acuerda y me trae las roquillas de yema, que me pirran.

-Chist...

Solo el Partido Conservador

podrá devolver al país el orgullo y la dignidad

que los enemigos de España intentan arrebatarle.

-Uh. ¿Qué?

¿Tampoco te convence?

-Suena a antiguo, lo podría haber dicho Cánovas hace cincuenta años.

-Antoñito, a todo le pones pegas.

-Si los primeros espadas del partido me han invitado,

será para que introduzca aire fresco,

no para repetir lo que decían nuestros abuelos.

-Pues... quizás es hora de reivindicar

las ideas de los políticos más veteranos.

-Para eso, no me necesitan.

-Es que eres muy guapo, eres muy guapo.

-Lola, así no hay quien se concentre, de verdad.

-Ay.

-Guapo.

-Me va a estallar la cabeza, ¿podéis parar?

-Antoñito, no te obsesiones.

Has demostrado que eres un gran orador,

lo más difícil ya lo tienes hecho.

-Un orador de segunda que no es capaz de repetir un buen discurso.

-Se tendría que haber ido a Alcalá con su padre.

Lola, ven. -¿Yo, para qué?

-Ven, por favor, que te necesito.

-Toma.

-Mi niño, madre.

Pero si a ti te gusta estar conmigo, malandrín.

-Lola, por favor, necesito que me ayudes.

Algún consejo, eres de pueblo, dominas la sabiduría popular.

-Pues cariño,

el pueblo no sabe de discursos, al menos en Cabrahígo.

¡Oh! A no ser que llamemos al Aquilino.

-¿Quién es ese?

-Aquilino es el que cura a la gente en el pueblo.

-¿El médico? -No, el matasanos no.

Aquilino es el hijo de Aquilino el Parlanchín,

es nieto de Aquilino el Bocas y

y bisnieto de Aquilino "Cagüentó".

-Y tataranieto de Aquilino lo que sea, ¿y qué?

-No, tataranieto de Aloisio,

el Aquilino, el primero de la estirpe.

-Madre mía, qué familia más longeva.

-Aloisio el Aquilino fue un mito,

aunque su tataranieto, el Mudo, no se queda mudo, cariño.

Han curado desde males musculares, a males espirituales,

han ahuyentado el mal de ojo y han atraído la buena fortuna.

-Todo un linaje de sanadores.

Ja, justo lo que Antoñito necesita, ¿a qué si?

-Que a mí no me duele nada.

La cabeza un poco, como mucho.

-Amor, Aquilino el Mudo está de visita en la ciudad, ¿le avisamos?

-(RESOPLA)

La verdad es que estoy desesperado. -Claro.

Cualquier ayuda será bien recibida,

aunque sea de Cabrahígo y de un Aquilino.

La que se nos viene encima.

Cada día me canso más subiendo la escalera.

(CARRASPEA)

-No tiene de qué preocuparse.

Mi faraona lo hará. No tenga ninguna duda.

-Pensaba que habías perdido la chaveta y hablabas solo.

-Mira quién ha venido a vernos, el mismísimo Pepe Caro.

-Encantado de conocerla.

-Lo mismo digo. -Menuda sorpresa.

-Pero... ¿no habíamos acordado vernos más tarde?

-Sí, reina mora, pero aquí el amigo llamó por teléfono

y hemos adelantado la entrevista.

-Ya veo.

-El señor Caro tiene algo muy importante que ofrecernos, ¿verdad?

-Así es, no le robaré mucho tiempo.

-Muy bien. ¿Y de qué se trata?

-Toda suya. Dígaselo usted mismo.

Sufrí...

(Timbre)

Señor marqués, no le esperaba.

-Siento no haberme anunciado, ¿puedo pasar?

-Por supuesto, está usted en su casa.

Tome asiento.

-Gracias, estoy bien. -Como prefiera.

Perdone que no le ofrezca nada, no pensaba tener visita.

Señor, yo... -Déjeme hablar primero, por favor.

Mi nieto ha sido un miserable por ocultarle su estado.

Ildefonso...

no tenía derecho a haberla hecho tan infeliz,

a haberla humillado de esa manera en su corto matrimonio.

Me hago cargo de que ha debido sentirse usted mancillada.

Créame que he intentado inculcarle otros valores estos años.

Es terrible haberla hecho participe de esta tragedia, no merecía esto.

-Su nieto no tuvo la culpa de todo.

-¿Cómo que no?

Ildefonso era un buen muchacho, de los mejores que he conocido.

Pero tuvo la mala suerte de enamorarse de mí.

Mi nieto no supo valorar lo afortunado que era

por estar con usted,

una mujer que le amaba sinceramente.

Me he tomado la libertad de visitar a su madre antes de venir,

y me ha confirmado que usted bebía los vientos por él.

No se lo merecía, Camino.

-Bueno, es cierto,

yo estaba completamente enamorada de Ildefonso.

Pero no le guardo rencor, señor marqués.

Y ahora, si me disculpa, me gustaría estar sola,

tengo muy reciente la pérdida de Ildefonso.

-Claro.

-Gracias.

-Con Dios.

Le agradezco su oferta.

Le prometo que me lo pensaré y le contestaré cuanto antes.

-A más ver. -Con Dios.

-(CARRASPEA)

-Espero que lo próximo que salga de tu boquita es que estás de chanza.

-Nunca he dicho nada más serio que esto.

-Pero si Pepe Caro se ha marchao casi enfadado.

¿A qué han venido tantas largas?

-¡Que me lo tengo que pensar! -¿Pensar el qué?

-El trato, ¡que no me gusta a mí lanzarme

a la primera oportunidad que se me presente!

-¿Te parece poco que nos dé el 60 por ciento de la taquilla?

-Generoso ha sido un rato largo, desde luego.

-Eso. ¿Y aún así le dices que te lo pensarás? ¡Ole tú!

-Te dije que me iba a hacer de rogar, y no cambio de opinión.

-Pues cuidadito, no te vaya a salir el tiro por la culata

y nos quedamos con dos palmos de narices.

-La segunda tirada del disco se vende como rosquillas.

Quién sabe si no acaba subiéndonos el caché.

-Pero... (SONRÍE)

Vamos a ver,

vamos a ver, lucero del alba, tú siempre has sido una diva,

pero no me imaginaba hasta qué punto.

-Hazme caso, que todavía podemos apretar un poquito al empresario.

-¿Cómo?

(RÍE)

Ay, emperadora, que no te reconozco.

A ver, entonces, ¿no recuerda nada de los últimos 10 años?

-Sí, diez, doce años...

En la mente de Felipe, Celia acaba de morir.

-Qué pena más grande.

Eso es como quedarse viudo por segunda vez.

-Así es.

La mente humana es un misterio absoluto.

-¿Se acordará de cómo era yo hace diez años?

Debo parecerle una anciana.

-No creo que eso le preocupe demasiado.

-Me preocupa a mí, ¿qué quieres que haga?

¿Qué estaba haciendo yo hace diez años?

-No me acuerdo.

Nada, vivir tranquila, como hemos vivido siempre.

Ya estábamos casados, eso seguro.

-Ya le digo yo lo que estaba haciendo usted hace 10 años,

estaba dándome órdenes pa no dejarme vivir tranquila.

-Pues sí. Y seguramente te diría que no te metieras

en las conversaciones de los señores.

Y diez años después, no lo has aprendido.

-Discúlpeme, señora,

pero es que lo que cuenta don Liberto de don Felipe

me ha dejado turuleta.

Hay que ver, diez años borraos de la mente, "isofasto".

-Ipso facto. -Eso, como se diga.

Uno cierra los ojos teniendo 40 años,

y, al abrirlos, tienes 30.

-Visto así, no me importaría que me pasara a mí.

-No os toméis esto a broma, Rosina.

Felipe sufre ahora la muerte de Celia,

Tano era un mozalbete y Marcia ni ha existido.

-¿Y Genoveva? Hace diez años, Felipe no la conocía.

No sabrá quién es.

-Pa chasco que no, tiene que ser una desconocida pa él.

-No sabe quién es.

Y ella tampoco le ha ayudado, no le ha dicho que es su esposa.

-¿Y qué le ha dicho? -Que es una dama de la caridad.

-Qué disparate,

si esa mujer se parece a las malas del cinematógrafo.

-Le ha dicho que era una dama de la caridad y una amiga.

-¿Y tú no le has dicho la verdad?

-No me he atrevido, Rosina.

Bastantes líos tiene Felipe en la cabeza

como para hacerle dudar de todo.

Ya recuperará la memoria por sí mismo.

-Hay que ver, lo que decías,

la mente humana... es un misterio absoluto.

-Y el corazón, todavía más.

Iba a cumplir su encargo

cuando apareció Genoveva y el señor despertó.

-¿Me tomas por tonto?

No le he dicho a este que te traiga para que me mientas.

-Fue así, se lo juró por lo que más quiero.

-¿Y cómo está?

-No se recuerda nada, ni siquiera me reconoció.

-¿Segura? -Ni a mí ni a doña Genoveva.

Ha perdido la memoria. -Puede que no tarde en recuperarla.

-Eso ni los médicos lo saben. -¿Y eso es bueno o malo?

-Bueno, creo que nos beneficia a los dos.

Si llega a recordar que intenté envenenarlo...

Acabarías entre rejas, tenlo por seguro.

-Lo mejor es que me vaya de aquí lo antes posible.

-Tú no vas a ninguna parte.

Ahora que lo necesito pa mi esposo, ¿quién está de visita?

-Aquilino el Mudo, está claro. -Pues eso.

Los viejos del pueblo dicen que no había mal que se le resistiera.

Y su nieto, lo mismo. -Oye.

-(SE ASUSTA)

-Mujer.

-Bellita, qué susto nos ha dado. -Perdón.

Dicen que el nieto de Aquilino está en la ciudad.

Me interesaba hablar con él.

¿Ves cómo no es momento para juegos, Laura?

¿Estás dispuesta a razonar?

O puedo pedirle a mi amigo que aprieta más, no creo que le cueste.

-No. Haré lo que me pide.

-Sin fallar, sin pensarlo

y sin sentir compasión en el último momento.

-Sí. -"No me lo pongo".

-Es lo que te ha mandao el tío Aquilino, que tiene poderes.

Él tiene magia, cariño.

Si esa magia la desprecias, se vuelve contra ti.

-La verdad es que me lo esperaba peor.

Yo me he llevado un susto al mirarme al espejo...

y darme cuenta que he envejecido 10 años en un solo día.

¿Ha venido a visitarle don Ramón?

¿Don Ramón Palacios? -"Entonces,..."

don Felipe no sabe nada de la muerte de Marcia, ¿no?

-Es posible que ni siquiera sepa quién es Marcia, señá Fabiana.

-Camino, no estás hecha para encerrarte en un convento.

-Tampoco estaba hecha para la vida de esposa.

-Permíteme que te dé un consejo, acepta la herencia de tu marido,

aunque solo sea... para que te proporcione una vida mejor.

Quería hablar con don Aquilino.

Sí.

¿Ya has acabado en la cocina?

-Sí, pero podría haberme esperado a que acabara de hablar.

-Yo no estaba hablando por teléfono, anda niña,

imaginas cosas.

No sé si es temporal,

pero nuestro amigo sufre una amnesia parcial.

Ha olvidado todo lo ocurrido en los últimos 10 años.

-(NIEGA CON LA CABEZA)

No podemos volver a empezar con todo eso.

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Acacias 38 - Capítulo 1267

18 jun 2020

Felipe despierta del coma, pero despierta amnésico: no recuerda quién es Genoveva. La señora se lo comunica a los amigos del abogado, que no salen de su sorpresa.
El barrio conmocionado al conocerse la noticia de la muerte de Ildefonso. Todos acuden a casa de Camino para darle el pésame. La muchacha está destrozada y tiene un duro enfrentamiento con su madre, a la que acusa de ser la causa última de la muerte del joven. El Marqués de Pontones pide disculpas en nombre de su nieto y presenta sus respetos a Camino.
Bellita, asustada por su pérdida de voz, pospone la visita a un importante empresario musical, que no duda en mejorar su oferta. La folclórica duda ¿acepta a pesar de no tener voz?
El éxito del mitin de Antoñito en Acacias lleva a su partido a proponerle participar en el acto de cierre de campaña. Para combatir los nervios, Lolita propone recurrir a Aquilino, de Cabrahigo.
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