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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 1266 - ver ahora
Transcripción completa

-Por lo que sé, el matrimonio de su hija no va a mejorar a corto plazo.

¿Hasta cuándo va a esperar usted?

-Lo que sea necesario. -Largo me lo fía usted.

A Felicia no le perturba tanto su hija,

como su responsabilidad en esa boda.

Ella se empeñó, la que le impuso ese hombre a Camino,

ahora se siente responsable. -Anabel,

no te atrevas a hablar delante de mí de matrimonios fallidos.

Tú no.

Fui a la policía y denuncié su desaparición.

Ya consta como desaparecido. -Te has precipitado.

-Podría ser muy embarazosa para él esa búsqueda.

Cuando se vea acorralado por unos policías...

-Usted no le conoce, ni le vio como le vi yo.

Podría cometer una locura.

Deseo una relación seria contigo, una relación a largo plazo.

No me atosigues, no en estos momentos.

¿Estoy perdiendo el tiempo? Si me esperas, no.

Quiero lo mismo que tú, siento lo mismo que tú.

-Amor, está muy susceptible.

Quizá entre todos...

podemos encontrar una forma más... suave...

-Algo me dice que las dos ya tenéis pensada esa forma más suave.

No es fácil ser tan sencillo cuando uno viene de la nada

y ha llegado a donde ha llegado él.

-¡A lo más alto! Sí, querido público,

a lo más alto.

-¿Qué estará tramando este ganapán? -Na bueno.

-¿Me ha confundido usted con un pendón de vodevil?

-En París, todo el mundo admira a Coco.

-En París, admiran a los pendones.

-"Me tenía que haber dicho que iba a cantar pa su partido".

-"No te enfades, mi vida, que lo has hecho mu bien

y el público te adora".

-Mi primo tiene razón.

Servando lo ha usado de cebo pa medrar él.

No digas "usar" con tanto desprecio,

porque ¿somos todos pueblo o no somos todos pueblo?

El partido conservador admite las opiniones diferentes,

siempre que busquen el bien común y el interés general.

Y defendiendo la censura vamos a ganar las elecciones,

porque la mayoría de españoles piensan como nosotros.

(Aplausos)

-¡Bravo, cariño!

-¿Me están aplaudiendo?

-Hijo mío, aplaudo

y me congratulo por la pasión con que las has defendido,

por tu elocuencia y tu convencimiento.

-Yo también me "congraculo".

-(CANTA BELLITA) -¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia!

(Aplausos)

(CARRASPEA)

-¿Ta pasa algo, reina mora?

-"Si su marido no reacciona en las próximas 24,"

podría quedar en estado vegetativo para siempre.

-No tengo intención de vender de este local.

Pero por curiosidad, ¿podría saber quién es su cliente?

-Doña Sabina Muñiz, hostelera de prestigio

y que ha sabido ver las posibilidades de su negocio.

Le entrego mi tarjeta

con la cifra escrita.

Doctor, no entiendo su actitud,

¿me puede decir lo que está pasando?

Si su marido no reacciona en las próximas 24 horas,

es posible que muera o... ¿O?

¿O qué?

¿Morir o qué? Podría quedar en estado vegetativo

para siempre.

(Sintonía de "Acacias 38")

Estarás satisfecho.

Ya te has salido con la tuya.

Podríamos haber sido dichosos,

pero te empeñaste en arruinarlo todo.

Te vas a morir sin saber todo el mal que nos has hecho,

¡de lo que hemos perdido por tu mala cabeza!

Yo di mi vida por ti, Felipe.

¿Y qué recibí a cambio? Solo desprecio.

Y no contento,

me arrebataste lo único que podría habernos unido...

Por tu culpa perdí al hijo que esperaba.

¡Me lo arrancaste de mis entrañas!

(LLORA)

Nada me hubiese hecho más feliz

que darte lo que la vida siempre te había negado,

la sangre de tu sangre, tu descendiente.

Cuidaré de mi hijo,

le daré una educación, pero ya no te considero mi esposa.

¿Por esa perra mestiza?

¡¿Me vas a dejar porque no puedes olvidar a tu fulana negra?!

Tendrás que matarme para salir. No te lo voy a permitir.

No hagas que esto termine mal. ¡Nunca me dejarás!

No mientras mi hijo y yo sigamos con vida.

¡Quita, quita! (GRITA)

¿Me está diciendo que tengo que elegir

entre mi esposa y mi hijo? Por supuesto que no.

Le pongo al tanto del cuadro médico en el que nos encontramos

y las opciones que tenemos.

Doctor, ¿qué le pasa? Su mujer ha entrado en crisis.

Mi hijo tiene que estar bien. Me encantaría decirle que sí.

Pero no hemos podido hacer nada.

¡Miente! Me dijo que mi hijo saldría adelante.

¿Qué ha pasado?

Lo hemos perdido.

Espero que puedas perdonarme,

porque yo no sé si voy a poder hacerlo.

Pero no...

(RÍE NERVIOSA)

Y a pesar de todo, no te odio.

Por mucho que me esfuerzo, no lo consigo.

Te amo,

más si cabe cada minuto que pasa.

Es curioso,

la llama de mi amor es imposible de apagar,

como también lo es la de mi odio.

Tendría que estar trabajando, que los señores se van a quejar.

Si tanto te urge, solo tienes que hacer lo que yo te pido,

y sigues con tus cosas.

Es que no termino de verlo claro. Eso es que necesitas gafas,

porque está más claro que el agua del río.

Será un río embarrao y turbio.

Tan solo tienes que dar tu grito como en la canción de doña Bellita

en una nueva reunión fundacional del Partido Servandino.

¿Y pretende hacerlo en el mercao? Sí, no se me ocurre un sitio mejor.

También podría hacerlo en una taberna,

pero lo mismo iban a querer que les invitara a una ronda y...

Por eso no tema, no pagaría más de un chato.

Militantes no tiene ni uno. Tiempo al tiempo,

que entre mi oratoria y tus admiradores,

pronto seremos legión.

No sé.

Mire, que la música y la política no tienen nada que ver.

¿Cómo que no?

¿No dicen que la política está llena de cantamañanas?

En eso tengo que darle la razón.

Pero...

temo que doña Bellita se moleste

si uso su canción en reuniones que tienen un cariz que no es apropiao.

¿Qué tontunas estás diciendo? ¿Qué cariz ni qué cariz?

¿Cómo van a ser inapropiadas mis reuniones?

Doña Bellita se sentirá orgullosa

de que colabores con un partido que busca el progreso de España.

¿De España?

El único beneficiado va a ser usted.

Pues eso. ¿Y quién soy yo?

Soy más español que la siesta.

Empezaré arreglando mi progreso

y después me ocuparé del progreso de otros.

No hay nada de malo en que amenices con tu arte una reunión.

-Servando.

Vaya...

Vaya, qué raro, Servando, usted aquí pegando a la hebra.

¿Se le ha olvidao que le dije

que tenía que darme relevo en la recepción?

No se me ha olvidado, pero no la he hecho caso.

Muy bonito.

Lleva to el día danzado por ahí y yo trabajando sin parar.

Es hora de que vaya a dar el callo.

De verdad... Es que estoy ahora mismo inmerso

en una tarea con mucho más fuste, mujer.

Mire, pa fuste,

el sopapo que le voy a dar como siga escaqueándose.

Supongo que esa supuesta labor se refiere

al partiducho ese que está organizando.

-El Partido Servandino. -El partido de las tontás,

en to caso.

Ni caso, Jacinto, así son nuestros rivales políticos,

solo saben descalificar.

Por cierto, he encontrao varios pasquines en la pensión,

ya se los está llevando.

No voy a consentir que involucre al negocio en ese asunto.

-¿Lo ve? Mi Marcelina dice lo mismo.

Por eso no quiere mezclar churras con meninas.

Con esa mentalidad tan poco generosa,

este país nunca va a progresar. Si es que...

No te amuela, y con uste de político seguro que tampoco.

Nada tiene de malo aprovechar tu popularidad

para captar simpatizantes.

Vamos a ver, que...

Si fueses un verdadero amigo, no te resistirías tanto, Jacinto.

-A ver, que tampoco es eso. No, sí es eso.

Para un favor que te pido y no lo haces,

eso me duele en lo más hondo del alma.

-Ni caso, Jacinto, ni caso.

(CARRASPEA)

(TARAREA)

(TARAREA)

Por Dios, me ha vuelto a dar un pinchazo.

¿Qué me está pasando en la garganta?

Jesús...

-Aquí le traigo estos bollos recién hechos.

¿Me ha llamado usted? -(NIEGA)

-Juraría haberla escuchado. -Sí, pero no te llamaba.

Ni a ti ni a nadie, calentaba la voz.

-¿Tan temprano? -¿Por qué habría de esperar?

-Más que nada, pa no despertar a los vecinos.

-Ya son horas de ponerse en marcha. Y si no les levanto yo de la cama,

lo habría hecho el aroma de tus bollos.

Huelen que alimentan. -Mejor sabrán. Tome uno.

-No hace falta que insistas.

-Me ha levando ese olorcito tan rico,

¿Has horneado bollos, Alodia?

-¿Lo ves, Alodia? Son mejor que el canto del gallo para despertar.

-¿Y qué menos? Son deliciosos.

-Lástima que, como todo lo bueno, engorden demasiado.

-Amor mío, ni motivos tienes de preocuparte por eso,

que no puedes estar más guapa.

Además, no merece la pena, hay que disfrutar de la vida,

que no sabemos lo que nos reserva el destino.

-Mira sino a don Felipe.

-Es cierto.

Pobrecito.

¿Se sabe algo más? -Poca cosa.

Pero el tiempo se le acaba.

Si no reacciona pronto, está perdido.

Se quedará como un muerto en vida o como muerto del todo.

-Jesús...

Susana me ha invitado a un rosario que se rezará

esta tarde por Felipe en casa de Genoveva.

-Los criados haremos nuestro propio rosario en el altillo,

también nos compadecemos del señor Álvarez-Hermoso.

-Esperemos que esos rezos procuren el milagro de su recuperación.

-En fin... Bueno,

no todo van a ser malas noticias.

-¿A qué te refieres? -Tachán.

Cinta y Emilio nos han enviado un telegrama.

-¿Qué nos cuentan en él?

-Léelo tú misma.

Se han enterado de tu éxito. Están muy orgullosos.

Tú sabes que la niña está empeñada en cumplir su sueño

de grabar un disco contigo, ¿no?

-Mi niña. Cómo me gustaría a mí eso también.

-Quizás muy pronto pueda cumplirse ese sueño.

-"Guapo".

Guapo.

-Se acercan muchos curiosos.

-Y más que estarán al llegar.

-Pareces nervioso por Antoñito, Ramón.

-Y eso que no comulga con sus ideas.

-Lolita, antes que liberal o conservador, soy padre.

-No sabía yo que le interesaban los mítines, Servando.

Debo saber las propuestas de mis contrincantes.

¿Sus contrincantes? Sí, sí.

Muy pronto, se legalizará mi partido,

y estaré en el congreso debatiendo tanto con conservadores

como con liberales.

-Servando dice que España necesita una tercera voz.

-Es posible, pero dudo que sea la suya.

-Perdonen, no ha empezado el mitin, ¿no?

-Ya debería haber empezado.

¿Cómo pretenden llevar una nación siendo tan impuntuales?

Esto, con el partido Servandino no hubiera pasado.

-¿También le interesa la política?

-Lo justo, nada más.

-Espero que tenga permiso de sus señores, que por ahí bajan.

-¿De verdad era necesario que viniéramos?

-Va a hablar un vecino, lo mínimo es escucharle.

Buenos días.

-Esperemos que al menos sea breve.

-Por lo pronto, no habrá que esperar mucho,

el orador ya sube al estrado.

(Aplausos)

-Gracias.

Estimados vecinos,

conciudadanos,

les agradezco que hayan venido.

-Va a tener que disculparme, pero recuerdo que quedé con Camino.

El orador está tan nervioso, que no creo que repare en mi presencia.

-Ante las próximas elecciones,

el partido conservador ha creído preciso

que sea yo quien les hable de nuestras propuestas.

Ildefonso.

Has vuelto. -Te echaba de menos.

-Y yo.

¿Dónde has estado? Me tenías muy preocupada.

-Eso ahora no importa. -Claro que importa.

Siéntate y ponte cómodo. -No, Camino.

No tenemos mucho tiempo y hay algo que debo decirte.

Tan solo quería que supieras que te amo...

y que siempre te amaré.

Y que...

el breve tiempo que hemos estado juntos,

ha sido el más maravilloso de toda mi vida.

-Ildefonso, yo...

-No, Camino, déjame terminar.

El cariño que sentí desde el principio por ti,

no tardó en convertirse en verdadero amor.

Sé que nunca fue correspondido,

pero no te culpo por ello.

Al contrario,...

te pido perdón

por no haber podido hacerte feliz.

Espero que ahora puedas serlo.

-No digas eso.

Lo importante es que ya estás de vuelta en casa

y que estás bien.

Me tenías muy preocupada, Ildefonso.

Ambos sabemos que yo no te amo como tú a mí.

Pero soy sincera cuando digo que te quiero.

A mi manera, pero te quiero.

(Timbre)

Anabel, ¿qué haces aquí?

-Quedé contigo que vendría a hacerte compañía.

¿No lo recuerdas? -Claro. Disculpa, lo había olvidado.

Pasa.

-No vas a creer lo que acaba de ocurrir.

-¿Y bien, qué es eso que ha ocurrido?

Camino, pareces disgustada. ¿Es algo grave?

-No, no,

es solo que por unos segundos me pareció que Ildefonso...

Disculpa mi estado,

hace días que no duermo bien y creo que empieza a afectarme.

-Por eso no quería que estuvieras sola.

Quería infundirte ánimos,

alejar de ti los malos pensamientos.

-Te lo agradezco, pero...

te has propuesto una tarea poco menos que imposible.

No dejo de ponerme en lo peor.

Sé que Ildefonso está en peligro, lo siento.

-No digas eso. No tiene por qué ser así.

Ya verás como pronto aparece. -No, Anabel,

no puedo seguir engañándome.

Si estuviese a salvo, ya habría dado señales de vida,

la policía hubiese dado con su pista.

-Nada ganas con tales pensamientos.

Lo que tienes que hacer es entretenerte.

¿Quieres que demos un paseo?

Necesitas liberarte de este encierro que te has impuesto.

-No...

Prefiero quedarme en casa,

por si la policía viene a darme noticias.

-En tal caso, deja que me quede contigo.

Las penas en compañía son menos.

-Claro.

-"Todos debemos poner nuestro grano de arena"

para lograr que la patria a la que tanto amamos,

siga en el camino del progreso

y la bonanza, eso sí,

sin perder de vista los valores que nos distinguen.

-Qué pico de oro tiene.

Sí, es una lástima que no se afilie al Partido Servandino.

-Lo mismo aún pude convencerle.

-¿Quieren callarse? No se escucha nada.

Les pido que en las próximas elecciones

me voten como candidato a las cortes.

Les aseguro que no voy a defraudarles.

No podría hacerlo, pues mis sueños son los mismos que los suyos:

una patria justa,

próspera y grande.

Gracias.

-¡Así se habla!

Con semejante oratoria, es difícil que no gane.

-¡Viva mi marío!

(Aplausos)

-¿No aplaudes?

-No puedo, Carmen,

mis convicciones políticas me lo impiden.

-Sí, sí, pero por dentro lo estás deseando.

(CARRASPEA)

(TARAREA)

(TARAREA)

(TARAREA)

¡Maldita sea! El dolor de nuevo.

(Puerta)

-Buenas tardes, reina mora.

Han estado comentando en el café el discurso de Antoñito.

Qué pena que nos lo hayamos perdido.

Dicen que ha estado brillante.

Ese joven tiene por delante un gran futuro.

-Señor, un mozo ha traído esta nota.

Es de un tal don Jose Caro.

¿Pepe Caro,

el reputado empresario, propietario del mejor teatro de la ciudad?

-¿Qué querrá?

-Quiere reunirse cuanto antes con nosotros.

Eso solo puede querer decir una cosa,

querrá hacernos una buena oferta para que actúes en su teatro.

Ya sabía yo que este disco solo iba a traernos alegrías.

¿Qué? ¿Y ese rostro tan sombrío?

¿No te gusta?

-Sí, claro que sí.

Soy tan dichosa, que no termino de creérmelo.

-Vamos a verle de inmediato.

Pepe Caro no es hombre al que se le daba hacer esperar.

-Chiquillo, ¿y por qué tanta urgencia?

En un santiamén se va a rezar el rosario por Felipe

y quedé en acudir a casa de Genoveva.

-La tarde es muy larga, llegaremos a tiempo al rosario.

Lucero mío, quiere vernos cuanto antes, no hay motivo en retrasarlo.

-Anda, ya habrá tiempo.

-¿Qué...?

Deberíamos irnos marchando.

No quiero llegar tarde al rosario en casa de Genoveva.

-Aún tenemos tiempo.

Allí, con tanto rezo, no vamos a tener tiempo de ponernos al día.

Liberto me ha dicho que el discurso de Antoñito ha sido un éxito.

-Todo Acacias opina lo mismo.

Lamento habérmelo perdido,

pero Armando no comparte las ideas de los conservadores

y no quería que le vieran con sus adversarios.

-Sin embargo, Ramón sí que ha acudido.

-Mujer, es su hijo.

-No se imaginan lo orgulloso que siente por Antoñito.

Tanto Liberto como don Marcos

se deshicieron en halagos por su oratoria.

-Así que, también estaba don Marcos...

-¿Y a ti qué más te da don Marcos?

A mí nada, pero a Felicia seguro que sí que le importa.

Seguro que le estaba haciendo ojitos desde el restaurante.

-Qué más da, ya son mayorcitos para hacerse ojitos y lo que quieran.

-Nunca es tarde si la dicha es buena.

Felicia podría tenerlo todo para ser dichosa:

mucho dinero, mucho amor...

Amor, no lo dudo, pero lo primero ya es otra cosa,

que nuestra amiga no nada en la abundancia.

-Eso es cierto, pero por poco tiempo,

y no solo por la fortuna de su pretendiente.

Felicia ha recibido una jugosa oferta

por la venta de su restaurante.

-No sabía nada. ¿Estás segura?

-Ella misma me lo ha contado.

-En tal caso, debería primero vender el restaurante,

y luego, pensar si casarse con el indiano.

Tenías razón,

es muy afortunada.

-Doña Susana,

el dinero no da la felicidad.

-Pero ayuda enormemente a encontrarla.

-No siempre. Miren sino a Genoveva,

su fortuna no le ha librado de las desdichas.

-Querida, está mal que sea yo la que lo diga,

pero deberías sacarnos algo para merendar y acompañar el café.

-No será necesario,

porque ya sabes que como en casa de Genoveva,

no se merienda en ninguna otra casa, así no perdéis el apetito.

Señá Fabiana, maldita sea mi perra suerte.

Todas las criadas estarán libres

porque sus señoras van a estar en casa de doña Genoveva,

servidora no.

-Doña Rosina se ha ofrecido a llevarte

pa que sirvas durante el rosario?

-Mismamente.

Como doña Genoveva no tiene criada,

no ha encontrado a otra tonta más cerca.

Así que na,

tendré que estar atendiendo a las señoras

en lugar de rezar con mis comadres.

-Deja de quejarte, que lo que diga tu señora, va a misa.

-Eso ya lo tengo comprobado, por injusto que sea.

-Mira, aquí lo único injusto que hay,

es que don Felipe esté más allá que acá.

Si lo que te preocupa es quedarte sin rezar,

puedes hacerlo desde el pasillo de la casa de doña Genoveva

y unir tus peticiones con las de las señoras.

Dios te va a escuchar igual.

-Sí, supongo que eso es cierto.

Haré eso, rezaré mientras sirvo a las señoras.

-Claro que sí.

Lo importante es pedir por la recuperación de don Felipe.

¿Eh?

-Muchas gracias por el consejo, me quedo más tranquila.

-Anda, vete ya,

no vayas a tener disgusto con doña Rosina.

Venga. -Con Dios.

-Vaya, al fin aparecen,

un poco más y no llegan ni a un avemaría.

¿A qué tamaña urgencia? Si aún no hay nadie.

-Porque están todas esperando en sus cuartos

a que se dignaran a aparecer.

-El Servando, que no ha dejado de darnos la tabarra con el partido.

Menos protestas, que a este paso no le admito en él.

Pierda cuidado, que no tenía intención.

-Bastante tiene con haber liado al tonto de mi esposo.

-Mujer, uno por ayudar.

-Tú sigue ayudando a Servando, que vas a terminar escaldao.

Oye, Marcelina, que es tu marido el que tenía que estarme agradecido

por haberle involucrado en tan alta obra.

-Ya basta.

Estamos aquí pa pedir por don Felipe.

¡Como les escuche un palabro más sobre esas tontás, me van a oír!

¿Queda claro?

Sí. -Sí.

-Mejor.

Muchachas, pueden ir viniendo, que ya estamos tos.

-Ya era hora.

-Empecemos cuanto antes, que debo servir la cena a mis señores.

-Estamos aquí reuníos para pedir por don Felipe.

Quiera Dios escuchar nuestro modesto rezo

y que le volvamos a tener por estas calles sano y salvo.

¿Un poco de limoná pa aclarar la garganta antes del rezo?

-¿Y la merienda? Aunque sea para acompañar al refresco.

-No,

la merienda será servida después del rosario.

-¿Ves cómo tendrías que habernos dado algo de merendar en tu casa?

-No quería que os empacharais merendando dos veces.

-Y ahora no vamos a merendar ni una vez siquiera.

-No deberían decir eso, puede que doña Genoveva les escuche.

Les agradezco que hayan venido.

-Disculpe mi tardanza. Temía no llegar a tiempo.

-Yo también.

Me he entretenido en casa de Camino, acompañándola.

Descuiden, aún no hemos comenzado.

Vayan tomando asiento.

-Querida, le pido disculpas en nombre de Carmen y Lolita,

están con Moncho y atendiendo la mantequería.

Descuide, Rosina,

sé lo mucho que aprecian a mi esposo,

no dudo que, en la distancia, están rezando por él junto a nosotras.

Disculpen un momento.

-Que desmejorada se ve a Genoveva. -Natural,

no se despega de la cama del enfermo en todo el día.

Se ha entregado a su cuidado, a pesar, de todo lo que ha pasado.

-Qué capacidad de perdón. Es poco menos que una santa.

-Y aunque no sea de mi devoción,

debo reconocerlo.

Otra en su lugar, después de tanta faena y desplantes,

estaría rematando al marido y no orando por él.

Queridas amigas,

les agradezco de nuevo su presencia.

El motivo que nos trae hoy aquí es la salud de Felipe,

mi esposo y el hombre al que amo.

Ayúdenme a pedir por él,

y así terminar con mi sufrimiento.

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos,

líbranos Señor, Dios Nuestro.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Primer misterio.

-Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo,

bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito sea el fruto

de tu vientre Jesús.

Santa María, madre de Dios,

ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

-Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo,

bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

...bendita tú eres entre todas las mujeres

y bendito sea el fruto de tu vientre, Jesús.

-Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores,

ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

No quería entretenerlo, ya veo que iba a salir.

Descuide, iba a ir al hospital a ver a Felipe,

pero puedo ir algo más tarde. Siéntese.

-Gracias.

Me he enterado de que su hijo ha dado un gran discurso.

Acabo de leer una reseña en el vespertino.

-No sabía que ya habían publicado algo.

Le ponen por las nubes.

-Así es. Supuse que querría leerlo.

-No comparto sus ideales, pero como padre,

no puedo estar más orgulloso.

-Le comprendo.

Antoñito, hijo,

don Armando ha sido tan amable de traernos el periódico.

Hablan maravillas de tu discurso.

-Sí, lo sé.

Gracias. Es mérito es de ambos, padre,

usted me ha enseñado los grandes valores que profeso,

sean del partido que sean.

-Mi enhorabuena entonces a los dos.

Solo me queda lamentar que Antoñito se decidiera por los conservadores.

No me cabe duda que padre e hijo

hubiesen hecho un gran equipo.

-Agradezco sus palabras,

y más, teniendo en cuenta que dijo: "Que no tenía madera de político".

-(RÍE)

Rectificar es de sabios.

Es obvio que estaba equivocado.

-Estoy seguro que los electores van a ver un hombre honesto en ti.

-Seguro que sí.

En pocos días, le veremos triunfar en las elecciones.

-Ojalá, pero tenemos que ser cautos,

como mi padre me ha enseñado.

-Es un placer conversar con usted, don Armando,

pero tengo que ir al hospital, estoy muy preocupado por Felipe.

-Vaya, no quiero retenerlo.

Don Armando, yo le voy a invitar a un café, así charlamos un poco.

¿Quién sabe? Quizás le convenza y me gano su voto.

-Bueno.

Así,

callado e inmóvil para el resto de la eternidad deberías estar.

Quizás yo pueda ayudarte a terminar con su sufrimiento.

-¿Qué hace aquí?

-Eso debería preguntarlo yo. ¿Has venido a comprobar tu fracaso?

Ni cumpliste con lo encargado ni has tratado de enmendarte.

No has tenido la decencia de complacerme

y acabar con su sufrimiento.

-¿A eso ha venido, a rematarlo?

-Quizás es contigo con quien debería acabar.

¿Con quién te crees que estás jugando?

-No estoy jugando con usted, jamás me atrevería.

-Más te valdría, no puedes ganar.

Dime, Laura,

¿has ido hoy a ver a tu hermana al sanatorio?

Deberías visitarla.

¿No deberías preocuparte más del bienestar de tu hermana,

que cuidar tanto y bien de Felipe?

Lo digo por tu bien,

no me gustaría que Lorenza pagara las consecuencias de tu desidia.

-Debería marcharse.

Los enfermeros pueden llegar en cualquier momento

o, incluso peor, podría venir Genoveva.

-En eso tienes razón, nada hago aquí.

¿Para qué mancharme las manos, cuando tengo quién lo haga por mí?

Ya sabes lo que tienes que hacer.

Felicia,

¿ha ocurrido algo? ¿Ildefonso ha aparecido?

-No, por desgracia, seguimos sin saber nada.

Pero no es eso lo que me trae a tu casa.

-Pasa, no te quedes ahí.

-Marcos, quería disculparme por mi comportamiento del otro día.

-Ya me pediste perdón.

-Siento que no es suficiente. Estoy muy arrepentida.

Tú no tienes la culpa de lo que está me sucediendo.

No debí tratarte de esa forma.

-Felicia, puedes desahogarte conmigo todo lo que necesites,

para eso están los amigos,

además de para ser unos inoportunos con su impaciencia.

-Te agradezco tu apoyo y tu comprensión.

He de reconocer que la situación de mi hija me tiene muy alarmada.

-Confiemos en que pronto todo se solucione

y que Ildefonso regrese sano y salvo.

-Yo también rezo por ello.

Aunque no se lo diga a mi hija,

cada día que pasa, la situación de Ildefonso es más preocupante.

¿Sabes?

Además de Ildefonso, hay otro asunto que me tiene inquieta.

-¿Qué más ha ocurrido? -Nada grave.

He recibido una oferta de compra por el restaurante,

una oferta muy tentadora.

-Ya. En cuanto a ofertas tentadoras,

no puedes quejarte, la verdad,

aunque algunas lo sean más que otras.

Perdóname, era una broma.

¿Y qué has pensado al respecto?

A diferencia de mí, dudo que el comprador

esté dispuesto a esperar mucho tiempo tu respuesta.

Servando.

Mira cómo me está quedando.

Se está perdiendo este mundo un artista...

Si uste lo dice.

¿No estás nervioso de participar en la primera reunión

de un partido nacido para estar

en las páginas de los libros de historia?

No vamos ni a escribir un párrafo. Solo somos uste y yo.

Para una reunión no hace falta más de dos personas.

Mira.

Y en un santiamén, vamos a ser cuatro.

Muchachas,

¿os interesa participar en un partido que va a salvar el país?

(RÍE)

Desde luego... Así va este país.

Luego no me digáis que os habéis arrepentido.

¿No sería mejor dejarlo pa otro momento

que ya haya reclutado a más gente?

Mañana, pasao mañana, la semana que viene, nunca...

No, no, de eso nada.

Es más, la primera medida

que voy a tomar es nombrarme a mí presidente,

y a ti secretario del partido, mi mano derecha.

Pues agradecío.

Qué pena que tenga también pa una mano izquierda.

-Ya sabía que estarías con el Servando.

¿Ya te está mezclando en sus embrollos?

Oye, deberías ser tú la que me lo agradecieras.

¿No te gustaría ver a tu Jacinto como diputado, como don Antoñito?

Ni a mi Jacinto ni a uste les dejarían entrar en el congreso,

ni aunque hubiese que limpiarlo. Mujer de poca fe.

Solo necesitamos participar en las elecciones de la próxima semana.

¿Y pa eso, qué hay que hacer?

Pues pa eso, que...

el ministerio nos acepte como partido político,

convocar a la gente, dar mítines...

-Yo pensaba que era poca cosa.

No te preocupes, que de la mayor parte te encargarás tú, secretario.

Bueno... No veas qué ideas tengo para el partido.

Es que... el partido va a ser el futuro.

-Bueno,

supongo que na pierdo por escucharle una miaja.

¿Has visto? Ya somos tres.

-Marcelina,

te va a tocar ser la mano izquierda, que la derecha ya está cogida.

Españoles, como Servando vuestro que soy,

os debo una explicación, y esta explicación

os la voy a dar, como Servando vuestro que soy.

No puedo, no puedo hacerlo.

De nuevo aquí. ¿Cómo te has atrevido a volver?

(FELIPE SE MUEVE)

¿Qué ha sido eso?

Está moviendo su mano.

¡Felipe!

(TARAREA)

(TARAREA)

Gracias, virgencita, que esto va mejor.

-Como estaba desganá, no le he preparado la merienda.

-Con el café me llega.

Me gusta llegar con apetito a la cena.

¿Adónde ha ido mi Jose?

-No sé, señora, salió hace un rato y no dijo dónde.

-Eso es que ha ido a tomarse unos calentitos

en la churrería del centro.

(CARRASPEA)

-¿Le ocurre algo, señora?

-Na, hija, el café, que me ha achicharrao la garganta.

(Puerta)

-Buenas tardes, reina mora.

-¿Le sirvo un café? -No, gracias, Alodia, estoy bien.

-Ahora mismo estaba preguntando por ti. ¿De dónde vienes?

-Estaba estirando las piernas y aclarándome las ideas.

-Las ideas y el gaznate.

Seguro que te has apretao unos cuantos de calentitos.

-Tentao he estado, no te creas.

Solo quería pensar, sin bulla.

-¿Y a qué tanto pensar?

-¿Por qué no concertamos pa mañana la cita con Pepe Caro?

-¿El dueño del teatro?

-(ASIENTE)

Decía que nos viéramos cuanto antes, ¿pa qué hacerle esperar?

-¿Y a qué tanta prisa?, ni que fuera a cerrar el teatro.

-Hágale caso a don Jose, que últimamente anda muy acertao.

-Poneros en mi lugar, que no me gusta ir de facilona.

-¿Tú?

Qué cosas dices, emperadora.

-Una mijilla de demora viene bien pa negociar.

-¿Qué quieres, cebar el interés del gacho?

-Tú lo has dicho.

¿A qué viene esa cara?

-Pensaba que no te gustaba la gente retorcida

y poco clara.

-¿No tengo derecho a hacerme de rogar?

-Tú tienes derecho a lo que te dé la gana.

Pero no hay quien te siga, entiéndeme tú a mí.

-Esta es la mejor táctica que podemos emplear con ese hombre.

Hazme caso.

(Timbre)

Ya va.

Don Armando, no le esperaba.

¿Qué ocurre?

-Lo lamento, Camino. Traigo muy malas noticias.

La policía acaba de estar en el restaurante.

He pensado que sería mejor que te lo dijera un rostro amigo.

¿Dónde está Ildefonso?

-Han encontrado su cuerpo

ahogado en el río.

(CAMINO LLORA)

Felipe...

¿Me conoce?

Sí, claro.

¿Y usted es? "Debes sobreponerte al dolor".

No en vano, has superado otras pérdidas muy dolorosas,

muy traumáticas.

-Ya no me quedan fuerzas, don Armando.

-Si me lo permite, ¿cómo ha reaccionado al verla?

La persona que despertó no es el Felipe que conocemos.

¿Qué quiere decir?

-"Lo tenía todo:"

guapo, noble, rico, patriota...

-Todo todo ya sabemos que no lo tenía.

-¿Cómo pudo ahogarse? -El suicidio.

Ha sido terrible.

Hay algo que me ronda la cabeza desde que abrí los ojos

y que nadie quiere decirme. ¿De qué se trata?

Por accidente o por voluntad propia, él no quería vivir,

y no supe cómo ayudarlo.

-Debes ser fuerte. Tienes toda la vida por delante.

Necesito que me ayudes, algún consejo.

Tú eres de pueblo, dominas la sabiduría popular.

-Aquilino es el que cura a la gente en el pueblo.

-¿El médico? -No, un matasanos no.

Aquilino es el hijo de Aquilino el Parlanchín,

nieto de Aquilino el Bocas y bisnieto de Aquilino "Cagüentó".

El señor Caro tiene algo importante que ofrecernos, ¿verdad?

-Así es. No le robaré mucho tiempo.

-Muy bien, ¿y de qué se trata?

-Mi nieto ha sido un miserable por ocultarle su estado.

Ildefonso... no tenía derecho a hacerla tan infeliz,

haberla humillado como ha hecho en su cuarto matrimonio.

Iba a cumplir con su encargo cuando apareció Genoveva.

-No me tomes por tonto.

No le he pedido a él que te traiga para que me mientas.

-Se lo juro.

-¿Y cómo está?

-Ni siquiera me reconoció.

-¿Estás segura? -Ni a mí ni a Genoveva.

Ha perdido la memoria.

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Acacias 38 - Capítulo 1266

17 jun 2020

Genoveva, destrozada, recibe a Felipe en la habitación del hospital sabiendo que son sus últimas horas. El barrio se reúne para rezar por la curación del abogado.
Felicia comunica a Camino la oferta de compra por el restaurante. Camino, preocupada por la desaparición de Ildefonso, asegura apoyar a su madre sea cual sea su decisión.
Servando se gana el apoyo de Jacinto y de varios gremios del barrio con promesas electorales.
Bellita, preocupada por su garganta, lo oculta a todo el mundo. Justo recibe una jugosa oferta para actuar en un importante teatro de la ciudad.
Gran expectación por el mitin de Antoñito. Que termina siendo un gran éxito, del que se hace eco la prensa augurando que logrará ser diputado del partido conservador.
Javier Velasco y Laura se personan en la habitación de Felipe, él espolea a la criada para que termine su trabajo y mate a señor. Pero la llegada de Genoveva impide la fatídica resolución… Y más tarde despierta Felipe.
Armando comunica a Camino la muerte de Ildefonso.

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