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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 1265 - ver ahora
Transcripción completa

Irás al hospital y te encargarás de que Felipe deja de respirar.

¿Cómo voy a hacer lo que me pide? Los médicos no me dejarán entrar.

-Nadie impedirá que la criada vele por su amo.

Incluso te agradecerán que vigiles a un enfermo tan grave.

-Si muere estando yo allí, caerán sobre mí todas las sospechas.

Estoy hablándote, Anabel,...

de volver a casarme.

Ya se lo he propuesto a la interesada.

-Nunca hubiera sospechado que tuviese estas intenciones.

-Estoy muy enamorado de esa mujer y quiero compartir mi vida con ella.

Además, lo que más me escama es que Cesáreo le vio por el río.

-¿Por el río? ¿Para qué querría ir allí?

-No lo sé.

Pero temo que esté en peligro,

que haya podido cometer una locura.

-¿No les parece extraño que después de declarar en el juicio

que había abusado de ella,

se presentara en su casa?

-¿Insinúas que fue allí a vengarse de Felipe por lo que la hizo?

-No, no llego a afirmar eso,

pero me da en la nariz que algo se nos escapa.

Reconozco que a mí también me intriga esa visita,

pero no creo que la criada atacara a mi esposo.

Aunque Felipe estuviera bebido, sabría defenderse de ella.

Lo importante es saber si Felipe saldrá de este brete

o perecerá en él.

quizá Felipe nos abandone en las próximas horas, y si eso sucede,

quizá no se perdone no haberle acompañado en ese último trance.

Se me rompe el corazón cada vez que escucho que va a morir.

-Un mozo ha traído esto para usted.

Es del periódico de Ferrairó hijo.

-A ver...

-¿Qué pone?

Dice que quiere hacerme un reportaje,

y pide permiso para venir aquí con un fotógrafo esta misma tarde.

Agradezco que te hayas quedado conmigo a comer.

-No tienes que agradecerme nada, es un placer estar en tu compañía.

Por favor, Marcos, no me presiones.

-No es esa mi intención, por nada del mundo.

Solo buscaba tomar un café y un dulce.

-Sabes que eso no es cierto.

Estás buscando que te dé una respuesta a tu proposición

y, ahora no es el momento. -Te equivocas.

Entendí que necesitas tiempo.

-Vais a acabar conmigo.

Mi padre le ha pedido matrimonio a tu madre.

-Nosotras dos hermanas, pues no me parecería tan mal.

-No nos desviemos del tema que nos interesa.

Haz la oferta de compra cuanto antes,

y no olvides que tiene que ser a nombre de tu abuela.

-¿Están seguros de que quieren el restaurante?

-Nunca hemos estado más seguros de algo.

-"Podría cuidarle mientras usted descansa".

No te quiero aquí, ni cerca.

Eres capaz de todo por dinero, soy testigo.

No muy bien al parecer,

don Ramón dice que el coma de don Felipe es profundo,

sino irreversible.

Los médicos han hecho todo lo que estaba en sus manos.

-Con su permiso, retiro el pescado, señor.

-Sí, claro.

Y traiga un vaso de leche.

-Estar tarde le vi salir a usted del restaurante.

-Ni que fuera pecado. -Sabe a qué me refiero.

No llevaba usted buena cara.

-La que tengo.

-Padre, que no me chupo el dedo. -Bien lo sé.

-Ni trato de meterme en sus asuntos,

pero... no me gustaría que le humillara a usted.

Y eso es lo que parecía, humillado.

O burlado. Mortificado, desde luego.

-Te equivocas. -No, no me equivoco.

Piénseselo, padre.

Esa mujer solo mira por sí misma.

No digo que sea interesada, es otra cosa.

Egoísmo, insensibilidad...

-Solo me ha pedido que espere.

En cualquier mujer, sería una reacción normal,

en ella, es casi obligada.

El triste matrimonio de su hija

acapara toda su atención en estos momentos.

-Por lo que sé, el matrimonio de su hija no va a mejorar a corto plazo.

¿Hasta cuándo va a esperar usted?

-Hasta que Felicia encuentre el sosiego.

Lo que sea necesario. -Largo me lo fía usted.

A Felicia no le perturba tanto su hija,

como su propia responsabilidad en esa boda.

Ella se empeñó, la que le impuso ese hombre a Camino,

y ahora, se siente responsable. -Tengamos la fiesta en paz, Anabel.

-Cuando me llama usted Anabel con ese tono,

significa que estoy acabando con su paciencia

y, por lo tanto, que llevo razón.

-Sigues siendo una inconsciente. ¿Cómo te atreves?

No te atrevas a hablar delante de mí de matrimonios fallidos.

Tú no.

-Su vaso de leche, señor.

-¿Van a ir ustedes a visitar a don Felipe al hospital?

-Sí.

Claro.

(Sintonía de "Acacias 38")

(Graznido de patos)

(Timbre)

¿Quién es?

-Soy yo, hija.

¿Nada?

¿Estabas durmiendo?

-Creo que dormí un rato de madrugada.

Pero estaba en la cama, sí. -No puedes seguir así.

A media mañana iré a la botica a comprar adormidera.

-No necesito nada.

¿Quiere un café?

-No, ya lo tomaré cuando abra el restaurante.

¿Hablaste con la familia de tu marido?

-Anoche. -Y no saben nada, claro.

-La policía lo encontrará.

-¿Lo has denunciado?

-Sí. -Te dije que...

-Ya está hecho.

Fui a la policía y denuncié su desaparición.

Ya consta como desaparecido. -Te has precipitado.

-Eso dijo el policía de guardia, pero yo sé que no.

En cualquier caso, lo buscarán.

-Podría ser muy embarazosa para él esa búsqueda.

Cuando se vea acorralado por unos policías...

-Es mi intuición, madre. Sé que está en peligro

y que algo le ha sucedido.

-Estás exagerando, ya lo hemos hablado.

-Usted no le conoce,

ni le vio como le vi yo.

Sus ojos, sus palabras...

Podría cometer una locura.

-Aparecerá sano y salvo y tú te avergonzarás de tus miedos.

-Ojalá, madre.

Pero algo me dice que no,

tengo un presagio, una mala sensación.

Él necesitaba mi ayuda y no se la di, no supe dársela.

-Esto se quedará en un susto.

Es tu angustia la que te impide ver las cosas como son.

Pero créeme, Ildefonso volverá.

Anda ahí. Hoy voy a desayunar como un pachá.

-Siempre desayunas como un pachá.

-¡Está más guapa que un sol!

-¿De veras?

Yo creo que si me hubiera puesto una onda en la frente...

-Dejaos de pamplinas,

que lo que va a misa son las letras.

Pepón Ferrairó no había escrito algo tan lisonjero

desde la oración fúnebre de su padre.

-¡Ay, que eso da mal fario!

-Me lo he inventao, pero es la verdad.

"Voz prodigiosa, temple torero,

la voz de España".

-Críticas como esa he tenido muchas.

-Cierto. Pero es que va a más.

Según Ferrairó, le has dado un giro a tu carrera,

pero conservando la esencia, tu identidad y tu genio.

-Es lo que he intentado, sí.

-Y él lo ha captao como se capta el sonido del eco.

Y sigue, dale que dale, sin contemplaciones.

Hasta le aconseja a las jóvenes promesas...

-"...que se fijen en la diva...".

"Que se fijen en la diva,

que estudien desde los matices de su voz,

hasta cómo transmite con ella los sentimientos más profundos".

-"No es la misma Bellita del Campo,

es mejor,

es más, es... insuperable”.

-Así es.

Y luego se explaya en consideraciones técnicas:

la innovación, las... -Chist. "La valiente innovación".

-Eso es. Como si tú hubieras inventao

una nueva escuela del cante, un nuevo palo.

-Las bellitillas. -(RÍE)

-Gracias, cariño mío.

-La emperatriz eres tú.

-Gracias por haberme animado, por ayudarme.

-Tonterías. Lo has hecho todo tú. Tu arte y tú.

-Y Jacinto.

-Eso, y Jacinto.

-Tenías razón, Alodia, la señora está espléndida en las fotos.

-Bueno,

aunque con una onda aquí sobre la frente, un caracolillo...

-Anda ya. Los caracolillos en salsa.

-Espérate, que tengo otra buena nueva.

¡Los discos se han agotado en las tiendas! Hay que sacar más.

-(ALODIA TARAREA)

¡Iepa-ia! -(RÍEN)

# Vaya tronío,

# me dicen las vecinas y ole, vaya tronío.

# Me dicen las vecinas y ole, vaya tronío.

# ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! #

(RÍE)

-Ya puedes estar contento, ya.

-La vida es un prao mu grande y con muncho verde.

-La vida es una sorpresa.

¿Quién te iba a decir a ti que ibas a salir en los periódicos

y para bien?

-El mérito es de doña Bellita. -También te nombran a ti.

Dicen que tus intervenciones en la canción

le dan un aire de frescura y originalidad.

Vamos, una revolución a la tonadilla.

-Sin falsa modestia,

más de uno en mi pueblo tiene que estar rabiando.

Con la de pedradas que me he llevao por gritar a destiempo.

-Pues mi más sincera enhorabuena. -Se agradece.

Yo estoy contento por la Marcelina,

mire las horas que son y cerrado el quiosco

por falta de existencias.

Ha marchao a por más papeles. -Bien orgullosa tiene que estar.

-Como un pavo con paperas.

Eso es lo más grande que hay en el mundo,

que tu mujer alce la cabeza por que está orgullosa de uno.

-¿Y qué dicen los vecinos en el barrio?

-Están encantados.

Algunos me piden que les firme en el disco o en un papel.

-No me pregunte por qué. -La fama, Jacinto.

Quieren tener algo que tú hayas tocado.

-No hay quién lo entienda.

Si les gusta cómo entono,

lo cristiano sería que me pidieran que cante.

Pero se empeñan en que les eche una firma, por mal que me salga.

-Misterios de la vida, que es un prado verde, como tú dices.

-Mírelos.

No sé si aguantarían un temporal, pero con buen tiempo, no se cansan.

¿Tiene un lápiz?

-Sí. Pero de vuelta, que es del ayuntamiento.

Bueno, bueno, calma, ya estoy aquí.

En este país, siempre lo mismo,

ellos se lo guisan y ellos se lo comen.

-¿Quiénes son "ellos"? Los de sombrero y levita.

Los empingorotados que traen el empingorote de familia

y por generaciones.

Los señores. Así se hacen llamar, sí.

¿Se cree usted que la gente normal

no puede fundar un partido político?

A nosotros nos dejan los partidos de balompié.

Sí, tómeselo a pitorreo.

Ellos hacen y deshacen a su antojo.

Vengo del ministerio de Gobernación

para que me dijeran el cuál es el procedimiento

para montar un partido. El Servandino, entiendo.

Exactamente, aunque eso lo he dicho al final,

al principio me he callado,

que ya tenía pensado el nombre y la doctrina.

Quería saber cómo era la formación en la implantación de un partido.

Y no le han hecho ni caso.

Yo creo que hasta en las respuestas se han burlado un poco.

¿Guasearse de usted? No lo creo.

A lo mejor era yo, que estaba tiquismiquis.

El caso es que se necesitan miles de firmas,

solvencia económica y moral... Lo ponen muy complicado,

¡imposible para gente de a pie! ¡No hay derecho!

-¡Iepa-ia!

(Aplausos)

-Mírelo,

ahí lo tiene.

Desde que sale en los periódicos, más famoso que doña Bellita.

Ya.

Le dejo a usted, que tengo que pedirle un favor

al célebre Jacinto.

Jacinto, amigo mío. -Servando.

¿Conocen a Servando? Encantado, mucho gusto.

Misma respuesta que la ronda anterior, doctor.

Sin novedades, no ha movido ni un músculo

y su respiración es igual de superficial.

¿Por qué sigues aquí?

Hay muchas razones.

No lo sabes,

ni siquiera sabes por qué le velas con tanta devoción

o asiduidad.

Me costó decidirme, hice bien en venir.

Él te hundiría si pudiera.

Y así le será más difícil.

Me conviene estar a su lado como una fiel y atribulada esposa.

En el juicio no solo se dirimió mi responsabilidad penal,

también se me juzgó moralmente.

Creo que tu Felipe salió peor parado en cuanto a decencia.

Y volvería a pasar.

A pesar de su odio y de su aversión hacia mí,

yo sigo cumpliendo con mi deber de esposa.

Estar a su lado en la salud y en la enfermedad.

Perdonando lo imperdonable.

Una esposa abnegada.

O enamorada.

Si lo que voy a obtener de ti es tu sarcasmo, ya puedes marcharte.

No es sarcasmo; habría otra posibilidad.

Ayúdame en esto, Javier, por favor.

Te di mi consejo y no me escuchaste. Ya estoy aquí.

Consigue que mi presencia redunde en mi beneficio.

En nuestro beneficio.

Lo haré,

siempre que me convenzas de que no sigues enamorada de él.

Te lo he dicho y repetido.

No, ya no le quiero, le odio.

Genoveva,...

lo mío no es un juego.

Los doctores entran sin llamar.

Deseo una relación seria contigo, una relación a largo plazo.

No me atosigues, no en estos momentos.

Puedo tener paciencia, lo sabes. Y te lo agradezco.

Bien. Una última cosa.

Dime...

¿Estoy perdiendo el tiempo? Si me esperas, no.

Quiero lo mismo que tú, siento lo mismo que tú.

Lo único que me produce Felipe es lástima.

Estaremos juntos...

cuando podamos.

¿Sales, Ramón?

-Voy a visitar a Felipe, a interesarme por él.

¿Mi hijo sigue en el dormitorio?

-Se fue temprano, a pasear.

Está que no hay quien haga carrera de él.

-Dile cuando le veas que quiero hablar con él.

-Creía que ya habíais tenido una charla.

-Y a calzón quitao. -Y lo hice.

Le pregunté por qué había perdido el empuje, el entusiasmo.

-¿Y? -¿"Y"?

Me dejó con la palabra en la boca.

No quería ni hablar del asunto.

-¿Y crees que hoy te hará más caso?

-Hoy ya no le voy a preguntar por las razones de su dejadez,

hoy le voy a cantar las cuarenta.

-Ea, vuelta la burra al prado. Más peleas.

-No, hija, dos no se pelean si uno no quiere.

Y no quiero discutir con él, en eso estoy contigo.

Pero es mi obligación de orientar y de regañar a mi vástago

si no se comporta como un hombre cabal.

-Si le dices eso a Antoñito, ya la tenemos liada.

-Carme, es completamente necesario.

La política es algo muy serio.

Hay que llegar a ella y practicarla con honradez,

responsabilidad y con entrega.

Con entrega. Y hasta entusiasmo.

Si algunas de esas cualidades te falta, lo mejor es dejarlo.

-Le ha quedao un discurso de lo más pintón.

-Esperemos que tu marido me escuche.

-Amor,...

si le hablas a Antoñito con tanta crudeza...

-Carmen, la vida es a veces cruda. -Si yo no digo que no,

pero si le hablas así, puede que sea peor el remedio que la enfermedad.

-Está de mírame y no me toques.

-Sí, está muy susceptible.

-Eso. Eso, eso.

Quizá entre todos...

podemos encontrar una forma más... suave...

-Mansa. -Eso.

Otra forma de hacerle entrar en razón.

-Algo me dice que las dos ya tenéis pensada esa forma más suave.

-No.

-No. -No.

-Contadme.

Servando, ¿toda esta gente qué hace aquí?

Son admiradores incondicionales de Jacinto.

-Y yo que creía que era la única.

¿Os habéis dao cuenta?

La gente le quiere.

-Mientras no les arree como al ganao.

-¡Qué va! Ya se ha hecho con la situación.

Les saluda, les mima, los tiene en el bote.

¿Ya estamos todos?

-Los que hemos venío, sí.

Por favor, tomen asiento.

Muchas gracias.

Queridos amigos, convecinos

y compañeros de fatiga.

Quizás le extrañe por qué estamos aquí,

pero estamos pa conmemorar una ocasión muy especial.

¿Lo qué?

Ahora pasaré a solventar las dudas que tenga el público.

Pero antes de todo, quiero que demos un fuerte aplauso,

qué digo aplauso,

una ovación para el más digno representante del barrio.

Con todos ustedes,

¡Jacinto, el pastor cantor!

Jacinto, por favor. -¡Bravo!

-¡Bravo! -¡Bien!

Bueno, de todos es conocido

por su bonhomía y su humildad, pero no es fácil

ser tan sencillo cuando uno viene de la nada

y ha llegado a donde ha llegado él.

-¡A lo más alto! Sí, querido público,

a lo más alto.

Por eso, Jacinto, nos gustaría que nos deleitaras

con tu arte.

Jacinto, el público es tuyo.

Es mi marido.

# Vámonos a la feria y ole, moreno mío. ¡Iepa-ia!

# Moreno mío, vámonos pa la feria y ole, moreno mío,

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

# ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! #

¡Todos juntos! ¡Todos juntos!

-¿Qué estará tramando este ganapán? -Na bueno.

# Y en tu caballo, subidita a la grupa y ole, en tu caballo,

# subidita a la grupa y ole, en tu caballo.

# ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! #

Si te entiendo, hija, ¿cómo no te voy a entender?

Yo misma peco de indiscreta.

Prefiero que no me cuenten nada para no verme tentada de soltarlo.

A veces, pocas pero a veces.

-Yo no fui indiscreta por incontinencia.

Lo dije porque me dolía la situación de mi amiga.

-Excusas tenemos todos.

-Tengo que marcharme. Ha sido un placer.

-Una cosa más antes de que te vayas.

Tu padre y Felicia andan de amoríos, ¿no?

Lo intuyo, pero me gustaría conocer detalles.

Pregúntele a los interesados, que serán más precisos.

Buenas tardes.

¡Ay!

-(EN FRANCÉS) "Coco, ¿eres tú?".

"Lo siento, Coco".

-Mire por dónde va.

-"Perdón".

Segundo, pida disculpas en un idioma en que se le entienda.

Tercero, ¿quién es Coco?

-¿No es usted? -¿Se lo preguntaría si lo fuera?

-Sí,

es posible que me haya confundido.

-No ha contestado a mi pregunta.

-El parecido es extraordinario.

-También todos los hombres son iguales.

-No, no me malinterprete usted.

Estaba convencido de que era Coco Leblanc.

-No tengo el gusto.

-Una estrella del cabaret parisino.

Los carteles con su rostro decoran toda la ciudad.

-¿Me ha confundido usted con un pendón de vodevil?

-En París, todo el mundo admira a Coco.

-En París admiran a los pendones.

Se ha confundido usted, y no solo de nombre.

Yo ni siquiera hablo con desconocidos,

y menos con majaderos.

# Y a tu cintura, agarrao a tu cintura y ole,

# y a tu cintura, agarrao a tu cintura y ole, iré cantando.

# ¡Iepa-ia! #

-¡Iepa-ia! -¡Ole!

(Aplausos)

Primo...

Gracias, gracias, Jacinto,

por congregar y contentar a tanta gente.

Y antes de que se vayan, antes de que se vayan,

requiero pasar a un acto solemne.

Les pido un aplauso

para el Partido Servandino,

que ha patrocinado las coplas del pastor.

Un aplauso, por favor.

Muchas gracias, Jacinto.

Estimados votantes y, sin embargo, amigos.

¿Cuántas veces os han permitido opinar

los otros partidos políticos al uso?

No, no, no, no, no.

No me lo digáis, yo lo sé, ninguna.

Y os preguntaréis ¿por qué?

No, no, no, yo os diré también el por qué.

Porque no existía el Partido Servandino,

que llega a la gente con mucho tino.

(SERVANDO RÍE)

Pero eso ya se ha acabado.

Ya estoy aquí dispuesto a darlo todo por vosotros.

Seremos el corazón,

seremos las entrañas,

seremos la voz del pueblo.

El Partido Servandino, que llega a la gente con mucho tino.

-¿Ya está legalizado ese partido?

Todavía no, pero por eso, necesitamos vuestra fuerza,

por eso necesitamos vuestras firmas,

para que se enteren,

para que sepan que estamos aquí para legalizarlo.

Por eso, os pido, queridos compañeros y votantes,

que plasméis vuestra firma.

Si no sabéis vuestro nombre o no sabéis escribirlo,

poned una equis, y si no, vuestra huella digital.

No hay tampones de tinta para las huellas.

No, pero nosotros el pueblo,

y como pueblo,

tenemos las manos lo suficientemente sucias

como para dejar nuestra marca.

-Mire que se puede liar.

No se va a liar, no se va a liar, de eso se trata, Jacinto,

de cambiar opiniones.

De que el pueblo y los menesterosos digan lo que les venga en gana.

Me tenía que haber dicho que iba a cantar pa su partido.

-No te enfades, mi vida,

que lo has hecho mu bien y el público te adora.

-Mi primo tiene razón.

Servando lo ha usado de cebo pa medrar él.

No digas "usar" con tanto desprecio,

porque ¿somos todos pueblo o no somos todos pueblo?

-Me tiene hasta la coronilla con tanto pueblo.

-A ver qué les dice a los señores

cuando se enteren de la que ha organizao.

Los señores no se tienen que enterar de nada

de lo que hace el pueblo si no que queremos,

¡porque el pueblo no se chiva del pueblo!

-Servando, se acabó. El pueblo pa la calle.

Perdónenme, caballeros, márchense ya.

A recoger las sillas.

Partido Servandino. Con Dios, con Dios.

Partido Servandino... Ahí está.

...que llega a la gente con mucho tino.

Partido Servandino, que llega a la gente con mucho tino.

Por favor. Gracias.

Aquí.

Tienes que estar riéndote mucho, ¿verdad?

¿Cuál ha sido tu milagro esta vez?

¿Impedir que se vaya?

¿Cuánto más te vas a ensañar conmigo?

¿Todavía te parece que he sufrido poco?

¿Por qué no has dejado que se marchara a Cuba?

Necesitaba un motivo,

solo un desplante más para empezar a olvidarle.

Pero no, has tenido que interrumpir su viaje.

¿Cómo voy a odiarle viéndole yacer en una cama de hospital?

Y si muere, yo...

Y ahora...

siento desprecio por mí misma,

por seguir amando al hombre que me ha robado el corazón,

que ha matado a mi hijo,

que está jugando con mi cordura...

Perdone usted, pero la he visto entrar al edificio

y... quiero acompañarla en su desdicha.

¿Cómo ha entrado? La puerta estaba abierta.

No me he dado cuenta, estoy agotada.

No me extraña, hija, conozco muy bien los hospitales.

Me marcho, ya veo que no es buen momento,

pero quiero que sepa que solo quería consolarla.

No, por favor, no se vaya usted.

Perdone mi brusquedad. Necesito su compañía.

Todos necesitamos una mano amiga.

¿No quiere sentarse?

Gracias.

¿Es usted devota de la virgen de los Milagros?

Sí. Y ahora la necesito más que nunca.

Nunca decepciona.

Los doctores no creen que sea posible un milagro.

Genoveva, los doctores no son hombres de fe.

Hace usted bien en encomendarse a la virgencita.

Solo ella sería capaz de dejar a los doctores como idiotas.

Que Dios la escuche.

Suele hacerlo.

Pero sería mejor que la escuchara a usted también.

¿Quiere que vayamos a la iglesia a rezar por su esposo?

(ASIENTE) sí, nada me agradaría más.

Podemos ofrecer una penitencia por su salud.

Todo lo que el Señor me pida.

A pesar de su comportamiento errático,

me siento unida a él para siempre,

como prometí el día de nuestra boda.

Lo que Dios ata en el cielo,

que no lo desate el hombre en la tierra.

¿Vamos? Sí.

...Partido conservador.

-¿Ya te lo sabes? -Claro que se lo sabe,

lo hemos estado repasando toda la tarde,

no le pongas más nerviosa.

Me lo sé. Aparte del repaso, es que me lo creo.

La gente tiene derecho a decir lo que le salga de las narices

aunque se enfade el gobierno. -Lo sé, no pretendía ofenderte.

-¡Ya está aquí!

-Suerte y al toro.

-Buenas. -Buenas.

-¿Cómo está mi muchacho? -Está dormidito, déjalo.

-¿Y tú, cariño? ¿Muy cansada? -Na, lo normal.

¿Has leído los papeles de la tarde?

Vespertino, se llama vespertino.

-Ya.

¿Has leído que los conservadores apoyan la censura informativa?

-Sí, naturalmente. La defendemos a capa y espada.

Censura previa, guste o no guste.

-Tendréis valor.

¿Cómo vamos a defender que vivimos en una monarquía constitucionalista

si hay que pedir permiso al rey para publicar una opinión?

¿Y cómo vamos a vivir en un país unido,

si cualquier puede poner a las instituciones a caer de un burro?

-Porque la libre opinión y la confrontación de ideas

son herramientas de progreso. -¿"Progreso"?

¿Le llama usted progreso a propugnar por escrito cualquier majadería?

¡Eso se llama anarquía! -Se llama libertad.

-¡Se llama libertinaje!

Tiene que existir una entidad que defienda al rey

de las infamias y a las instituciones

que quieren acabar con ellas.

El partido conservador admite las opiniones diferentes,

siempre que busquen el bien común y el interés general.

Y defendiendo la censura vamos a ganar las elecciones,

porque la mayoría de españoles piensan como nosotros.

Ya lo he dicho.

(Aplausos)

-¡Bravo, cariño!

-¿Qué hace? ¿Me están aplaudiendo?

-Y con ganas, hijo, con ganas.

-Creía que usted estaba en contra de la censura previa

y de la libertad de expresión. -Y lo estoy.

-¡Toma, y yo! -¿Y entonces?

-No aplaudo tus ideas,

que ya he combatido en el pasado.

Aplaudo y me congratulo por la pasión con que las has defendido,

por tu elocuencia y tu convencimiento.

-Yo también me "congraculo".

-Pues esa pasión y elocuencia es lo que te tiene que dar ánimos

para tu discurso, Antoñito.

-Echa el resto, hijo, mañana es el penúltimo discurso de la campaña.

"La suerte está echada".

-Tú... encandila a tu público, haz que me sienta orgullosa.

-Sabes que te apoyamos, que tu familia está contigo.

-Esto ha sido una provocación orquestada.

-Sí.

Por las malignas fuerzas de los liberales.

-Pues gracias de corazón, intentaré no defraudaros.

(HABLAN TODOS A LA VEZ)

Que ya viene, ya viene.

-Adelante, señores,

que se les espera.

-Muchas gracias por venir, doña Bellita.

Y también a uste, don Jose. -Yo solo soy consorte.

A propósito, ¿no tendrá por ahí algo de picar?

-Temple, hombre, cada cosa a su tiempo.

-Nadie nos ha dicho qué es lo que se celebra.

-Bueno, es que es difícil de explicar.

-Una de las de Servando, señora, una servandada.

No, es por un buen fin.

-Verá, doña Bellita,

Servando ha reunido a unos amigos, todos seguidores suyos.

-Y de mi marido.

-Sí, seguidores de los dos. Pero Jacinto ya ha cantao.

-Y, aunque ha gustado, les ha sabido a poco.

Yo soy un pobre ovejero,

y ellos la quieren a uste, como es natural.

-El caso, señora, es que, como uste ve,

están todos deseando escucharla,

y sería un honor pa nosotros que cantara en nuestro humilde local.

No tan humilde, sencillo.

-¿Nos dará usted el gusto, señora?

-Sea.

Siempre que Jacinto me acompañe. Y solo una estrofa.

(Aplausos)

Vámonos. -Vamos.

-# Vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

-# ¡Iepa-ia!

-# Moreno mío, que vaya presumiendo y ole,

# de mi marido,

# que vaya presumiendo y ole, de mi marido.

-# ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! #

(Aplausos)

-(CARRASPEA)

-¿Te pasa algo, reina mora?

-Mírela, si se ha emocionao y to.

¿Se ha enterado usted de algo? -Tranquilízate.

-No me puede pedir que me tranquilice,

no cuando se presenta a estas horas sin que le haya llamado.

-Solo quiero tenerte al tanto de cómo van las pesquisas.

-¿Ha hablado con la policía?

-Sí, me han llamado a comisaría.

Querían que les contara de nuevo mi encuentro con don Ildefonso.

De haberlo sabido... -No se torture con eso.

De haberlo sabido, todos habríamos actuado de otra forma.

-Los guardias están en ello.

-Y con sinceridad, por favor,

usted que los conoce más, ¿cree que le ponen interés al caso?

-No me cabe duda.

Algunos ya están en la ribera del río,

donde yo les dije que le perdí de vista.

El comisario ha ordenado que miren hasta debajo de las piedras.

-Yo he informado al marqués de los Pontones de la denuncia

y, habrá movido sus hilos para incentivar a los investigadores.

-Poca ayuda es poca. Pronto tendremos noticias, ya verás.

No tengas miedo.

-¿Cómo no tenerlo, Cesáreo?

Si las noticias que llegan son las que me temo,

nunca podría perdonarme a mí misma.

Señor, tenía que haberla visto uste.

Así, como está usted de mí, así la tenía.

¡Qué arte! Y mi primo,...

una eminencia, una revelación como dicen.

Si no termina en los escenarios, poco le va a faltar.

Tenía que haberlo visto, la piel de gallina es poco.

Ay, perdóneme, señor,

que ya sabe que yo con la emoción, me olvido de lo pesada que resulto.

-No eres pesada, Casilda, es el momento.

-Por lo de don Felipe, ¿no?

Sepa uste que...

a los criados también nos ha afectado, también lo hemos sentido.

Unos más y otros menos, pero todos.

La señá Fabiana ha ido esta mañana al hospital.

-Está en coma.

-Sí, ha ido solo a verlo.

También a mí me ha afectao,

que Marcia era muy amiga mía

y don Felipe es el único que le puede hacer justicia.

-Bastante tendrá Felipe con salir de esta.

-Eso mismamente me digo yo.

Y eso, seguramente, le diría Marcia, señor.

Le diría: "Don Felipe,

no merece la pena que uste arriesgue su vida por la mía".

"Uste tiene que continuar, rehacer su vida, y arreando".

Claro, que ella le trataría de tú.

(Puerta)

Voy, a abrir, señor.

Doña Susana, señor.

-Siéntese, tieta.

¿Qué la trae por aquí? -¿Qué va a ser?

La angustia. -Y cuándo no es pascua.

Una tragedia,

no se puede calificar de otra manera, una auténtica tragedia.

-¿Los Álvarez-Hermoso? -Tú lo has dicho, los dos.

Él con un pie ya en el otro mundo, y ella,

después de todo lo que ha pasado,

viendo cómo se le marcha el amor de su vida.

Vengo de estar un rato con ella,

consolándola, ya sabes.

-No podría haber encontrado a nadie mejor.

-Bien dices.

¿Qué otra le habría acompañado a la iglesia

a ofrecer una penitencia por el alma de su esposo?

Y por el cuerpo, si es posible,

que también lo hemos pedido a la corte celestial.

-¿Se ha impuesto una penitencia? -Se la ha impuesto el Señor,

por medio del párroco, claro está. -¿Qué penitencia?

-La que mejor le va

y mejor se ve en las alturas,

el ayuno.

Tan católica ella, tan sufrida y tan señora...

¡Qué lástima!

También ofrecerá un donativo a la iglesia si Felipe sale del coma.

-Que así sea. -¡Ah, bueno,

y lo del rosario!

Me ha pedido, yo diría, me ha rogado,

que hiciéramos un rosario en su casa mañana.

Ni que decir que me volcaré en ello.

-No creía yo que, tras el juicio y todo lo que salió,

Genoveva se entregara tanto.

-Entregarse es poco. Adora a su esposo.

-Ella adora a todos sus esposos.

¿Qué has dicho, botarate? -Nada.

-¿"Nada"?

Pues por si acaso: sí, es viuda,

pero las viudas podemos querer a nuestros siguientes maridos

con tanto afán o más.

-Nadie lo pone en duda, tía.

-Desde luego...

He venido a buscar a Rosina para que me ayude a organizar el rosario.

¿Está en casa?

Pues sí que se hace la interesante. Si en el barrio se sabe todo.

Querer a un hombre no es pecado, solo le pido una confirmación.

En fin, cada una es libre de hacerse la interesante.

Pero en este barrio nos conocemos todos, al final se sabe todo.

Los vecinos sabían que me iba a casar con Liberto

antes que yo misma.

Y eso que eran segundas nupcias y lo llevábamos en secreto.

-¿Sabe algo de don Felipe?

-Poca cosa,

que sigue con un pie aquí y el otro allá.

Mi marido ha ido a visitarlo varias veces

y dice que se le rompe el alma al verle.

-Tan desamparado y tan desvalido el pobre...

-Ay, sí. Dice Liberto que es como si estuviera dormido para siempre,

pero a la vista de todos. -Me está poniendo nerviosa.

-Buenas tardes. -Buenas tardes.

-¿El propietario del establecimiento, por favor?

-Sí, soy yo, ¿desea algo?

-Mi nombre es Miguel Olmedo, abogado,

y querría tratar un asunto que espero sea de su interés, señora.

-Sí, claro. Siéntese.

Rosina...

¿Dónde está?

Tienen que informarme antes de hacer nada con mi marido.

En su busca venía.

¿Nos deja solos?

¿Adónde se lo han llevado? Siéntese, por favor.

-"Usted dirá".

-No me andaré con más preámbulos.

Un cliente me ha designado como intermediario

para hacerle una oferta de compra sobre su restaurante.

-Así, ¿sin conocernos?

-Son negocios, señora.

Las relaciones personales poco importan.

-No siempre ha sido así.

Los negocios acaban siendo algo muy personal.

-Hay que adaptarse a los tiempos.

La oferta es muy suculenta.

-Ni siquiera voy a escucharla.

No tengo intención de vender de este local.

Pero por curiosidad, ¿podría saber quién es su cliente?

-No hay inconveniente.

Doña Sabina Muñiz, hostelera de prestigio

y que ha sabido ver las posibilidades de su negocio.

-Estamos cenando maravillosamente bien.

-Mejor que bien.

Ha sido un acierto entrar en este establecimiento.

-Perdonen que me meta donde no me importa,

pero veo que hacen unos cálculos.

¿Puedo ayudarles?

-¿Esto?

No es nada importante.

Verá, unos médicos alemanes han descubierto que la mente

se conserva mejor si se ejercita con ejercicio matemático.

-Entonces, yo conservaré la mía hasta el último día.

No imaginan las cuentas que debo hacer a diario

para mantener este negocio.

-Lo imaginamos, créame que lo imaginamos.

Y hablando del negocio, ¿podría pedirle un gran favor?

-Claro, si está en mi mano.

-Ver la bodega donde guardan los vinos.

-Yo no tengo inconveniente,

pero le aviso de que no hay grandes marcas,

solo las de consumo habitual.

-Es un gran aficionado al mundo de la enología, le haría tan feliz...

Tenemos unos minutos hasta que salgan las carnes,

si me acompaña... -Por supuesto.

¿Sabe?

De joven fui inspector municipal

y me encanta ver la evolución de los locales.

-¿Ah, sí? ¿Y el mío cumpliría las normas?

-Con creces, doña Felicia.

-Si no tienen más curiosidades, me voy a atender la terraza.

-Muy bien.

Como está dispuesta a pagar un precio más que justo,

no me importa que sepa usted lo que le ha gustado.

¿No quiere usted saber cuánto?

Pero yo no puedo resistirme.

Le entrego mi tarjeta

con la cifra escrita.

Por si le hiciera pensar.

¿Qué tipo de pruebas?

En principio se trataba de una exploración craneal.

¿En principio? ¿No se la han hecho?

Sí, y no ha habido variación.

Eso es prometedor, ¿no?

Ante la ausencia de evolución o nuevos datos,

no podíamos sino reservamos el pronóstico.

Por eso, tras consultar con algunos colegas,

decidimos someterle a más drásticos estímulos sensoriales

para analizar sus reacciones... si las hubiera.

¿Y reaccionó?

Doctor, no entiendo su actitud.

¿Me puede decir de una vez lo que está pasando?

Si su marido no reacciona en las próximas 24,

es posible que muera o... ¿O?

¿O qué?

¿Morir o qué?

Podría quedar en estado vegetativo para siempre.

Podríamos haber sido dichosos, pero te empeñaste en arruinarlo todo.

Te vas a morir sin saber todo el mal que nos has hecho.

Bellita estará orgullosa de que colabores con un partido

que se ocupa del progreso de España.

El único beneficiado va a ser uste.

¿Quién soy yo? Soy más español que la siesta.

No ha empezado el mitin, ¿no? -Ya tendría que haber empezado.

No sé cómo quieren llevar una nación con esta impuntualidad.

Esto no hubiera pasao con el Partido Servandino.

¿Era necesario que viniéramos? -Habla un vecino, hija,

lo mínimo es escucharle. Buenos días.

(Aplausos)

-Estimados vecinos...

(TARAREA UNA CANCIÓN)

(CARRASPEA)

Por Dios, otra vez me ha dado un pinchazo.

¿Qué me pasa en la garganta? -"No puedo seguir engañándome".

Si Ildefonso estuviera a salvo, habría dado señales de vida,

la policía habría dado con su pista.

-Nada ganas con esos pensamientos.

Les pido que en las próximas elecciones

me voten como candidato a las cortes.

Les aseguro que no voy a defraudarles.

No podría hacerlo, pues mis sueños son los mismos que los suyos.

-Ramón, ¿no aplaudes?

-No puedo, mis convicciones políticas me lo impiden.

Tú ayúdale, que vas a terminar escaldao.

Jacinto me debería de agradecer que le haya involucrao en tal obra.

Basta ya.

Estamos aquí para pedir por don Felipe, rediez.

-"Ildefonso...".

Has vuelto.

-Te echaba de menos.

-¿Dónde has estado? Me tenías muy preocupada.

-No tenemos mucho tiempo y hay algo que debo decirte.

En silencio e inmóvil deberías estar para siempre.

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Acacias 38 - Capítulo 1265

16 jun 2020

Javier Velasco no ve con buenos ojos los desvelos de Genoveva por Felipe, que sigue inconsciente en el hospital. Pero ella le convence afirmando que lo hace para controlarlo, no vaya a ser que despierte y se vuelva en su contra.
Lolita y Carmen tienen un plan para devolverle la confianza a Antoñito y que retome su carrera como político. Y lo consiguen gracias a la colaboración de Ramón.
Camino ha denunciado la desaparición de Ildefonso. Cesáreo consuela a la muchacha, él ya ha dado testimonio a la policía, es cuestión de tiempo que lo encuentren.
Miguel, el joven abogado nieto de Roberto y Sabina, tiene un agradable encuentro con Anabel; pero la chica marca las distancias con el joven, que queda encandilado con ella. La presencia de Miguel se justifica cuando le hace a Felicia una cuantiosa oferta por su restaurante.
La felicidad de Bellita por el éxito de su disco se nubla cuando siente malestar en la garganta. Servando se aprovecha de la fama de Jacinto para hacer proselitismo de su partido.
Genoveva se reafirma en su amor a Felipe y acude al hospital, pero el doctor no tiene buenas noticias: Felipe está en sus últimas horas.

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