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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 1264 - ver ahora
Transcripción completa

Caminaba rápido, como si escapase de un incendio.

Y no solo eso, hablaba solo, como un orate.

-¿Vio adónde se dirigía? -Iba en dirección al río.

-¿Al río? -Eso me pareció.

¿Qué pasa, Camino? ¿Estás bien?

-Sí, todo bien, es solo que me ha sorprendido.

A Ildefonso no le gusta pasear por esos parajes alejados.

La culpa la tiene la dichosa política.

-Ahí le voy a dar la razón,

que desde que Antoñito ha entrado en política, todo se ha estropeado.

-Se acabó, dejo la política.

-Soy yo el que deja la política. -¿Tú también?

He meditado mucho esta decisión y es lo que voy a hacer.

-¿Y a qué espera pa meterse en política?

Lo mismo llega a ministro. -O a presidente.

Voy a crear un nuevo partido en España,

el Partido Servandino.

-Se trata de Felipe.

-¿Problemas en su viaje?

Ha sufrido un accidente y está ingresado.

Doña Bellita, don José,

ya hay admiradores suyos que cantan su canción.

-Anda.

(RÍE) -Eso es imposible,

si el disco no se ha puesto a la venta.

-Pues no sé de dónde se la han aprendido,

pero se la he oído cantar a más de tres personas.

-Habrá sido Marcelina, que pone el disco en el quiosco.

¿Envenenamiento?

-No digo que sea eso lo que se ha producido, no me malinterpreten.

Pero no tengo datos para saber qué pudo haber ocurrido.

-¿Has visto cuanta gente ha entrado?

-Sí, es un buen negocio, está bien gestionado.

He estado haciendo cálculos,

el retorno de la inversión no es inferior al ocho por ciento mensual.

-¿Contando con el gasto en personal? -Contando con todo.

-¿Qué ha dicho Laura?

-Que Felipe la llamó para consultarle

su postura en la apelación, y que él estaba algo achispado.

-¿Achispado?

-Completamente beodo, borracho como una cuba.

-Yo no me lo creo. -¿Sabes algo de Laura?

Supongo que estará a punto de partir a Alemania.

¿Y Felipe? ¿Se marchó a Cuba?

Supongo que sí.

He decidido olvidarme de Felipe. -"¿Cómo ha ido?".

-La bodega no está muy surtida,

aunque los vinos están bien conservados.

Lo que más me ha gustado ha sido la cocina:

limpia, ventilada, bien equipada...

-Eso es importante.

Cada minuto que pasa, me gusta más este restaurante.

Doña Genoveva, tengo que darle una terrible noticia.

Felipe está ingresado en el hospital.

Está en coma y se teme por su vida. -"¿Qué hiciste?".

-Envenené su agua.

Felipe se mareó y le empujé.

-Después le ayudaste, en vez de marcharte.

-No fue así. -Le ayudaste.

Le llevaste al hospital y le salvaste la vida,

en lugar de dejarlo morir como te pedí.

¿Qué hago, Laura? ¿Qué hago?

Contéstame de una vez, ¿por qué auxiliaste a Felipe?

No lo hice. -Mentira.

Si no, ahora mismo estaría vistiendo un traje de pino.

-No sé bien qué pasó.

Cuando le vi caer al suelo pensé en huir,

pero me quedé para darle más veneno.

-Si eso fuera cierto, ¿por qué pediste socorro?

¿Por qué no está muerto?

-Di la voz de alarma porque pensé que ya había entregado la pelleja,

para que no sospecharan de mí. -¿Por qué iban a hacerlo?

-Algunos vecinos me vieron entrar en la casa.

Sí, me vieron entrar en la casa, y pensé que sería buena idea

contarle a todos que don Felipe estaba borracho cuando se cayó

y se dio algún golpe con algún mueble.

Tiene que creerme,

nunca pensé que pudiera sobrevivir al veneno y al golpe.

-Es una lástima que no se desnucara, todo esto se habría resuelto.

-No se apure, los médicos no creen posible que salga del coma,

es como si ya estuviera muerto. -Eso espero,

porque sería terrible para los dos que recuperara la conciencia.

-Eso no va a pasar.

Debo irme.

-(CHISTA)

No ha terminado esta conversación.

-¿Qué más quiere de mí?

-Tu encargo no ha terminado,

tienes que acabar lo que has dejado a medias.

Irás al hospital y te encargarás de que Felipe deja de respirar.

¿Cómo voy a hacer lo que me pide? Los médicos no me dejarán entrar.

-Pamplinas,

él estará solo

y nadie impedirá que la criada vele por su amo.

Incluso te agradecerán que vigiles a un enfermo tan grave.

-Si muere estando yo allí, caerán sobre mí todas las sospechas.

-Peor será que no cumplas mis órdenes.

No tendré piedad si no haces lo que te pido.

Felipe no debe salir de esta. ¿Entendido?

-(ASIENTE)

(Sintonía de "Acacias 38")

Padre, dígame a qué se refiere

con eso de cambiar su vida, y deje de dar vueltas, me está mareando.

-No me resulta fácil hablar de esto.

¿No te haces una idea?

-No, no se me ocurre qué puede ser.

Estoy hablándote, Anabel,

de volver a casarme.

Ya se lo he propuesto a la interesada.

No puedo creerme que no te barruntes nada.

-Nunca hubiera sospechado que tuviese estas intenciones.

-Estoy muy enamorado de esa mujer y quiero compartir mi vida con ella.

-Si eso es lo que quiere,

adelante,

yo no voy a poner ninguna objeción.

-Me alegro de que te lo tomes tan bien. Gracias.

-No podría ser de otra manera.

¿Quién es la afortunada?

-Eh... ¿Crees que soy un don Juan?

¿No está lo suficientemente claro?

-¿Es que yo la conozco?

-¿Me estás tomando el pelo?

-Claro que sí, padre.

Espero que sea muy dichoso con Felicia.

(Puerta)

Buenas noches. ¿Te disponías a salir?

Así es, voy al hospital a ver a Felipe.

No deberías ir a ver a ese tipejo. Por la noche no te dejarán verlo.

Ese tipejo sigue siendo mi esposo y está al borde de la muerte.

¿No te parece suficiente motivo para que le haga una visita?

Hoy me has dicho que te importaba un comino lo que le ocurriera.

Es mejor que no salgas, yo me ocupo de esto.

¿A qué te refieres? He preparado un documento.

¿De qué se trata?

Es un poder para que yo pueda tomar las decisiones oportunas

en lo que se refiere al tratamiento médico de Felipe.

Él no está en condiciones de disponer nada.

¿Quién te ha pedido que redactes algo así?

Nadie, lo he hecho porque es lo que más te conviene.

Quiero evitarte molestias,

no quiero que te veas implicada en decisiones complejas.

Se cuidarme bien de mí misma.

No te lo tomes a mal, lo hago porque es lo que más te conviene.

Lo único que hago es velar por tus intereses.

Debes firmarlo.

No, no pienso hacerlo.

Iré al hospital a interesarme por Felipe.

Te equivocas, te tacharán de hipócrita.

Nadie te puede criticarte por no ir a ver al hombre

que hizo que perdieras a tu hijo y que trató que te condenaran.

¿Sabes qué pena te habría impuesto el tribunal

si Felipe se hubiese salido con la suya?

¡Garrote vil!

Sé muy bien que buscaba mi muerte.

Entonces, ¿qué interés tienes en verle?

¿Sigues sintiendo algo por él? No.

Lo que siento por Felipe... es lástima.

(Suenan las campanas)

José, ¿cuánto dinero nos hemos gastado en las copias de los discos?

Lucero mío, sabes que yo te amo más de lo que se ama a cualquier esposa,

pero es más pesá que un mulo ahogao.

-Me preocupo por la economía familia.

-Pues no te preocupes tanto,

ese es el dinero mejor invertido en la historia de la música.

-¿Y si lo perdemos to?

-Si lo perdemos to es que la gente se ha vuelto loca

y no sabe apreciar lo bueno.

Y en ese caso, ya es mejor ni vivir.

-Ya ha salido la prensa.

-Trae, que aquí está la crítica del Ferreiró, seguro.

-No quiero verla. -Yo sí.

Aquí está.

(DON JOSÉ CARRASPEA)

"Una vergüenza pa el cante español, una vergüenza".

-¡¿Qué le he hecho a ese hombre pa que me trate así de mal?!

-Mala puñalá le den. -Eh, esperad, que esto sigue.

"Es una vergüenza pa el cante español que sea una vieja gloria

como Bella del Campo, la única que se atreve a hacer evolucionar

la canción patria hacia terrenos fértiles de gruesa enjundia,

mientras las artistas más jóvenes,

se contentan con refocilarse en la mediocridad del tópico.

-Toma ya.

-Le está poniendo a usté por las nubes.

La artista más grande de toda España.

-Ya sabía yo que tú solo podías triunfar.

-¡Qué alegría!

-¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia!

(RÍEN) -Oye,

¿me ha llamao vieja gloria?

¡¿Me ha llamao vieja gloria?!

-Pero no se lo tengas en cuenta.

Si el Pepón ese no tiene ojos en la cara.

Menos mal que tiene oído

pa saber quién es la mejor cantante de este país.

-Hay que mandarle un ramo de flores.

-Yo voy a mandar los discos a las tiendas.

-Y le mandas un disco a Cinta y Emilio.

Que lo escuchen cuanto antes.

Lo que más me importa es la opinión de Cinta.

-Ole ahí. Voy a ponerlo todo en marcha.

Ya sabía que iba a triunfar, doña Bellita.

Y don José también, que lo decía siempre.

-Prepara una gran cena pa esta noche pa celebrarlo.

Me bajo al quiosco a comprar el ramo de flores más grande

y colorido pa Peón Ferreiró.

Ole.

Hola, madre.

-Camino, ¿qué ocurre? Vienes sin aliento. Siéntate.

-No quiero sentarme.

-¿Has sabido algo de tu marido?

-No, anoche tampoco vino a dormir a casa.

-Voy a preparar una tila. -No quiero.

Estoy pensando en ir a la comisaría y dar parte de su desaparición.

-¿No crees que es un poco pronto para avisar a las autoridades?

Seguramente se ha tomado un poco de tiempo para reflexionar.

-No... Y sin haberme enviado ningún tipo de aviso, no.

Hablaré con la policía.

-Templa, hija.

No conviene remover las cosas.

Piensa que si el abuelo de Ildefonso se entera de que ha desaparecido

sin avisar, se enfadará más.

-Ya.

-¿Qué debo hacer entonces, quedarme con los brazos cruzados?

-Estate tranquila, verás como pronto aparecerá.

-Ojalá que sí, pero no lo creo, madre.

¿Dónde puede estar?

-Tal vez se ha ido a una de sus fincas a cazar,

eso siempre le distrae.

-No.

Salió de casa de forma precipitada

y no cogió ni su capote ni su escopeta.

Además, lo que más me escama es que Cesáreo le vio por el río.

-¿Por el río? ¿Para qué querría ir allí?

-No lo sé.

Pero temo que esté en peligro,

que haya podido cometer una locura.

-Tranquila, hija, verás como todo se va a arreglar.

-No lo creo, madre, me estoy temiendo lo peor.

Y todo ha sido por mi culpa.

Has tardao mucho.

Me van a llamar la atención por no estar en mi puesto.

No puedo quedarme vigilando el quiosco.

-Cinco minutos que me he retrasao na más.

Deja de quejarte, anda,

que si el Servando te hubiera pedido el favor, no refunfuñarías tanto.

-¿Qué traes ahí?

-Una pila de discos de los tuyos y doña Bellita.

¿Pa qué has comprao tantos? Pero...

si ya tenemos uno y no tenemos ni fonógrafo.

-Ya lo sé, pero estos son pa venderlos aquí.

La pena es que solo tenían 20. -¿Veinte?

Muchos me parecen. ¿Tú crees que esto se va a vender?

-Mejor que las rosquillas.

-Espero que a los Domínguez no les moleste que los vendamos aquí.

-Lo vamos a saber pronto, por ahí viene doña Bellita.

-Muy buenas.

Prepárame un ramo bien cargadito de claveles.

-Bien reventones que los tengo.

-Oye, ¿y esos discos que has puesto ahí?

-Son de los suyos con mi Jacinto.

Tenga.

-¿Los vas a vender aquí? -Si no le parece mal a la señora.

-Mire que hemos comprao veinte pa revender,

a ver qué hacemos con ellos si no le parece bien.

-No sé si este va a ser el sitio más adecuado,

que los discos no se venden en quioscos.

-Aquí vendemos de to lo que haga falta, usté por eso no se preocupe.

-No sé qué decirte, me parece muy inusual.

-A las buenas.

¿Qué, le interesa el disco? -Sí.

-Es de doña Bellita y de mi marido.

Si quiere se lo dedican.

Aquí mismo los tiene.

¿Ve como se vende bien?

Lo importante es que se conozca el disco,

y si sacamos unos dineros, pues mejor.

-Me parece que a eso no puedo poner ningún pero.

-Doña Bellita y Jacinto firman su disco a todos sus admiradores,

dense prisa, que solo quedan diecinueve ejemplares.

Sí, sí, diecinueve ejemplares.

Vamos, vamos que se acaban.

Tenemos pa todos.

-El monís. -Cojan.

-Qué maravilla.

-Eh, eh, a la cola, póngase a la cola, que vamos aquí...

Les agradezco su visita, estoy atravesando muy malos momentos.

No hay de qué.

Teníamos que pasarnos a preguntar cómo se encontraba usted

tras la hospitalización de Felipe.

-No tiene buena cara, le llegan las ojeras al suelo.

Tengo que confesar que mis sentimientos son contradictorios.

Por un lado, estoy muy dolida con Felipe.

-Claro, es que estuvo en contra suya en el juicio.

-Por no hablar de lo que pasó con el niño que esperaban.

Lo sé.

Pero por otra parte, estoy preocupada por él.

-A fin de cuentas, sigue estando casada con él.

-Lo cierto es que Felipe siempre le ha dado muy mala vida a sus esposas.

-Celia pasó por momentos muy duros

por culpa de la mala cabeza de Felipe.

-Y ahora, le toca a usted.

¿Saben que Laura asegura que Felipe cayó al suelo porque estaba bebido?

-Sí, conocemos los detalles del accidente.

-Felipe siempre se ha dado a la bebida cuando se le ha complicado

la vida.

Eso tengo entendido, y puede que llegue a acabar con él.

-¿Sabe qué hacía la criada en casa de Felipe?

Tengo entendido que él estaba a punto de marchar a Cuba.

-¿No les parece extraño que después de declarar en el juicio

que había abusado de ella,

se presentara en su casa?

-¿Insinúas que fue allí a vengarse de Felipe por lo que la hizo?

-No, no llego a afirmar eso,

pero me da en la nariz que algo se nos escapa.

Reconozco que a mí también me intriga esa visita,

pero no creo que la criada atacara a mi esposo.

Aunque Felipe estuviera bebido, sabría defenderse de ella.

Lo importante es saber si Felipe saldrá de este brete

o perecerá en él.

-Me temo que no las tiene todas consigo.

Por eso dudo si debo ir a visitarle al hospital.

Mi abogado me lo desaconseja, pero a mí me gustaría acercarme.

Lo cierto es que Felipe se ha portado muy mal con usted.

-Ya pero, Dios no lo quiera,

quizá Felipe nos abandone en las próximas horas, y si eso sucede,

quizá no se perdone no haberle acompañado en ese último trance.

Se me rompe el corazón cada vez que escucho que va a morir.

No sé que he de hacer.

¿Y se le acercó mucha gente?

-Hasta las manos me duelen de firmar tantos discos.

Estoy agotada.

-¡Qué cosas se le ocurren a Marcelina!

Mira que vender discos en un quiosco...

-Puede que no fuera el sitio más adecuado,

pero nos los quitaron de las manos.

-Vamos, que lo disfrutó un rato largo.

-Más que una niña, es muy agradable recibir el cariño del público.

(Puerta)

-Buenos días.

Vengo más contento que unas castañuelas.

-¿Nos ha tocado la lotería? -Mejor que eso,

tus discos se están vendiendo por cientos.

-¡Qué bien!

Su disco se va a escuchar en todas las casas.

-Y tanto.

Van a agotar las existencias y van a tener que hacer una segunda tirada.

-¡Quién nos lo iba a decir hace un par de días!

(Puerta)

-si tú no has hecho nada mal en tu vida,

por fuerza tenía que ser un éxito.

-No lo tenía tan claro, que ya me voy haciendo vieja.

-Tonterías, tú eres como los vinos, cada año que pasa, mejoras.

-Ole. (RÍE)

-Un mozo ha traído esto para usted.

Es del periódico de Ferrairó hijo.

-¿Qué pone?

-Mira,

dice que quiere hacerme un reportaje,

y pide permiso para venir aquí con un fotógrafo esta misma tarde.

¿Qué te parece?

(Timbre)

Ildefonso.

¿Puedo pasar? He venido a ver cómo te encuentras.

-Claro, pasa.

Te agradezco que hayas venido.

Me he pasado por el restaurante, pero sigo sin ser bien recibida.

-Ya me figuro, a mi madre no le agrada tu presencia.

-Me duele muchísimo que me siga mirando con tanta rabia,

y más, después de lo que me ha contado mi padre.

-¿Qué ocurre?

-Ya hablaremos de eso en otro momento.

Tendrás que ser paciente con ella,

cuando le toma manía a alguien,

pasa mucho tiempo hasta que le vuelve a mirar con buenos ojos.

-Tendremos que darla tiempo.

¿Has tenido noticias de tu esposo?

-No. Ni buenas, ni malas, y eso me está matando.

No saber nada, me está haciendo perder el juicio.

-Sé que es difícil, pero debes mantenerse serena,

dejarte llevar por los nervios es lo peor que puede hacer.

-He querido dar parte a la policía,

pero.... mi madre me ha pedido que espere.

Teme que se reavive el escándalo de su invalidez.

-Nunca me arrepentiré lo bastante de lo que hice.

-No te tortures, ya no podemos remediar lo que ocurrió.

-Pero fue culpa mía que el secreto de Ildefonso se descubriera.

-Estoy convencida de que tarde o temprano,

ese asunto habría salido a la luz, y más en Acacias.

Prefiero no hablar de eso.

-Ahora, lo importante es que él regrese y tú te tranquilices.

-Ha pasado mucho tiempo sin saber de él, me temo que no esté bien.

-No te pongas en lo peor,

va a aparecer de un momento a otro.

-No lo sé.

Puede que Ildefonso se haya marchado para no volver nunca.

Tengo muy mal presagio.

Muchas gracias, don Víctor, que tenga un buen día.

Esto es un galimatías sin sentido.

No voy a conseguir que se entienda nada.

¿Qué murmura usté con esa cara de funeral?

Nada de enjundia.

Sin duda, está preocupado por la salud de don Felipe.

¿Hay alguna novedad?

Sigue sin reaccionar.

La cosa pinta del color de las hormigas.

Siempre he tenido al abogado en alta estima.

Lástima, porque tenía que consultarle un asunto.

¿Anda con líos legales? No, no, Dios me libre.

Dios me libre de los pleitos, hasta de los que se ganan.

Ya. Y entonces, ¿para qué necesita un abogado?

Quería consultarle un intríngulis sobre la formación

de un partido político.

¿Para qué quieres montar un partido político?

Debes de afiliarte a uno que ya exista

y se adapte a tu ideología.

Yo no tengo ideología.

Ah. ¿Y de qué le vas a hablar a la gente?

O liberales o conservadores, en algún palo te tendrás que quedar.

No obligatoriamente ni por fuerza, no, no, no.

Mi partido va a tocar de todo un poco.

Con los convecinos, lo importante es lo que les une,

no lo que les separa.

Eso tiene bastante sentido.

Me lo apunto para mi discurso,

puede que por ahí consiga enhebrar alguna idea.

Apunte lo que quiera.

Ocurrencias a mí no me faltan. Ya,

lástima que la mayoría no sean tan buenas.

Me voy a reescribir mi discurso, a ver si consigo algo con sentido.

Con Dios, Servando. Con Dios, don Antoñito.

-Servando, ya le he dejao en la cocina el pedido de Fabiana.

¿No estaba aquí mi marido?

Se acaba de marchar ahora mismo, iba a reescribir su discurso.

Al pobre no se le está dando nada bien esto de las peroratas,

no termina de dar con un discurso original

y que se entienda.

Por eso no te preocupes,

ya le he puesto yo en el buen camino.

Por el buen camino, ¿cómo es eso?

Le he dado un par de ideas brillantes

y se ha ido muy contento.

¿Usted le ha dado ideas a mi marido pa su discurso?

Él solo no es capaz de juntar cuatro letras.

¿Desde cuándo sabe de política? De toda la vida.

Estoy a punto de formar un partido político,

que va a sacar a este país del marasmo en el que está metido.

Que, por cierto,

¿sabes si don Ramón querría afiliarse,

ahora que ha dejado a los liberales?

En dos años estoy gobernando.

¡Dios no lo quiera!

Si eso pasa, me voy a vivir a China.

Menudo disparate, usté en la política...

Anda que...

Como gobernemos, voy a subir los impuestos a todas las mantequerías.

Muy buenas, señores. Bienvenidos a esta su pensión.

Siéntense, por favor.

Pues nada.

Me temo que esta reunión no nos va a dar muchas alegrías.

-Las perspectivas para nuestro amigo Felipe no son nada halagüeñas.

Antes de que llegue el resto,

quiero que sepa que siento mucho que haya dejado la política.

-Es cierto, este país necesita gobernantes honrados como usted.

-Les agradezco la consideración en la que me tienen,

pero... no me ha quedado más remedio que abandonar ese mundo.

(Puerta)

La situación en mi casa se estaba haciendo insostenible,

y la familia es lo primero.

-Le comprendo.

Le ha dejado el camino libre a Antoñito.

-Lo que no me parece mal.

Aunque no coincidamos en algunas ideas,

estoy convencido de que será ecuánime

y que actuará guiado por el sentido común.

-Disculpen el retraso, pero tenía asuntos que resolver.

-A mí me ha ocurrido lo mismo.

-No se apuren, estábamos charlando para matar el rato.

Siéntense, por favor.

-Gracias.

Y bien, ¿qué pueden contarnos de don Felipe?

-Don Ramón y yo hemos hablado con los médicos.

Lamento decirles que su vida pende de un hilo.

-Los doctores no saben si se recuperará.

Y en caso de que lo hiciera,

no saben en qué condiciones quedará.

-Es terrible

pensar que en el mejor de los casos no volverá a ser el que era.

-No se crea, Felipe ha salido de situaciones muy graves,

tiene una naturaleza de hierro.

-No sé si esta vez bastará con eso.

-¿Han averiguado las causas de su caída?

-Parece que fue el alcohol.

-¿Qué hacía esa criada en su casa?

-Sin duda, Felipe la citó para convencerla

de que si se repetía el juicio contra Genoveva, ella declarara.

-Felipe estaba obsesionado con repetir la causa.

Pensaba que si encontraba a Becerra en Cuba

y lo traía a declarar, todo iba a cambiar.

-A mí lo que me cuesta creer es que esa sirvienta,

tras acusar a Felipe de abusar de ella,

tuviera el valor de visitarlo en su domicilio.

-En eso tiene más razón que un santo.

Hay cosas oscuras en este asunto.

-La única forma que tenemos de saber lo que ocurrió

es que Felipe salga del coma y nos cuente como sucedieron los hechos.

-Ojalá fuera así,

pero me temo que tendrá que producirse un milagro.

Me ha venido muy bien no estar sola,

por un momento,

se han disipado las nubes negras que tenía sobre mi cabeza.

-No pierdas el ánimo, todo va arreglarse,

a tu esposo no le ha pasado nada. -Espero que así sea,

que solo necesite un tiempo para reflexionar y que regrese pronto.

-Ten un poco de paciencia.

-Me haces ver las cosas de otro color, Anabel.

Me ha sentado de maravilla este paseo

y eres muy atenta conmigo.

-Es lo mínimo que puedo hacer.

Agradezco que te hayas quedado conmigo a comer.

-No tienes que agradecerme nada, es un placer estar en tu compañía.

¿Todo bien?

¿Qué tal? Ya les dije que la tarta de chocolate estaba deliciosa.

¿Podría usted atenderme? Llevo esperando casi media hora.

-Discúlpame, pero tengo el restaurante lleno.

-Ya veo, pero estás atendiendo a clientes que han llegado después.

-Perdona, no te había visto.

-Cualquiera diría que te molesta mi presencia.

-¿Cómo me va a molestar? Estoy deseando verte, Marcos.

-Entonces, ¿qué es lo que te pasa?

-Que tengo un mal día.

Mi hija y su esposo me tienen en un sinvivir.

-Me hago cargo, y sé que lo estás pasando mal,

pero... solo te pido una sonrisa.

-No puedo darte más que esto.

Por favor, Marcos, no me presiones.

-No es esa mi intención, por nada del mundo.

Solo buscaba tomar un café y un dulce.

-Sabes que eso no es cierto.

Estás buscando que te dé una respuesta a tu proposición

y, ahora no es el momento. -Te equivocas.

Entendí muy bien que necesitas tiempo.

-No lo parece, entre mi hija y tú vais a acabar conmigo.

-En ese caso me voy, no quiero molestar a nadie con mi presencia

y, mucho menos a ti. -Espera, no te marches así.

Por favor, lo siento.

Perdona mi mal humor, ya no sé ni lo que digo.

-Perdóname tú a mí. Lo comprendo. No tiene importancia.

-Vas a necesitar mucha paciencia conmigo.

-Lo sé y estoy preparado.

Lo único que te puedo decir es que espero con tanta ansia tu respuesta,

que los días me parecen años.

-Siento hacerte pasar por esto.

-Lo daré por bien empleado,

si tu respuesta es afirmativa.

-Marcos, solo te pido más tiempo, por favor.

¿Qué le ocurre a tu padre?

Lo encuentro inquieto.

-Tiene razones para estarlo.

-¿Es por eso que no has querido contarme antes?

-Estaba esperando a que estuvieras más animada para contártelo,

pero creo que ha llegado el momento oportuno.

Es posible que terminemos siendo hermanas.

-¿Qué dices?

Eso es imposible.

-No creas. Mi padre le ha pedido matrimonio a su madre.

-¿Y ella que ha respondido?

-No le ha dado una respuesta concreta,

-Ya.

Supongo que su indecisión será por mi causa.

-Es posible, pero eso no debes preocuparte,

bastante tienes con tus problemas.

-Problemas que terminan salpicando a todo el mundo.

Pienso que eso no depende de ti,

ellos terminarán decidiendo lo que más les convenga.

-Nosotras dos hermanas, pues no me parecería tan mal.

El niño está durmiendo como un angelito.

Volveré lo antes que pueda.

-No te apures y tómate el tiempo que quieras.

-Sí que quería quedarme un rato en el hospital.

-Lo estás pasando mal con lo de Felipe, ¿no?

-Ya le digo, me tiene destrozá por dentro.

Yo llegué al barrio para servirle a él.

-Es una lástima lo poco que podemos hacer por él.

-Parece que tos los palos van pa nosotros,

también estoy muy preocupada por mi Antoñito.

Lleva unos días mu revirao y tendría que estar contento,

las elecciones son en una semana.

-Se ve que le puede la responsabilidad.

-Y tanto, hasta Servando dice que le ha tenido que ayudar

con su discurso.

-A buen sitio ha ido para pedir ayuda.

Servando tiene cabeza para llevar la gorra.

-Eso pienso yo, muy desesperao tiene que estar para recurrir a él.

-Ayer, cuando nos leyó un poco de su discurso,

le vi muy inquieto. -Es lo que me da coraje.

A mí no me hacía feliz que entrara en política,

pero ahora que lo ha hecho, le tengo que ver triste y preocupado.

-Yo creo que sé lo que le pasa.

Lo que animaba a Antoñito era la rivalidad con Ramón,

pero ahora que mi marido se ha retirado, ha perdido el interés.

Antoñito es muy competitivo.

-¿Qué le ocurre a mi hijo? -Nada, Ramón,

que anda muy amilanado con esto de la política.

-No se le termina de dar bien,

no encuentra palabras pa sus discursos,

y eso le hace estar mohíno.

-Me parece fatal, si se ha comprometido,

tiene que cumplir hasta las últimas consecuencias,

y más ahora, que se acercan las elecciones.

-Lo mejor es que lo deje y pasara a otra cosa.

-No me extrañaría que sea eso lo que está pensando.

-¡Y un cuerno!

No voy a permitir que sea tan irresponsable.

Yo he renunciado a mi candidatura para no perturbarle, y ahora,

en vez de volcarse en su carrera política, se viene abajo.

¡Mi hijo me va a escuchar!

-Ramón, Ramón.

-Madre mí, no pensaba que se lo fuera a tomar tan mal.

-Ahora sí que se ha liado.

-(SUSPIRA)

-Voy yendo, Carmen.

Se han puesto sus mejores galas.

-No es pa menos, nunca nos hemos visto en otra igual.

-Son las ropas que llevamos en nuestra boda.

Ya pensaba que no iba a tener otra ocasión pa ponérmela.

-Parece que tarda doña Bellita. -Sí.

Y los de las fotos están a punto de llegar.

¿Cómo va la señora? Dile que salga ya mismo.

-Mejor que no lo haga, está en paños menores,

no sabe qué vestido ponerse. -Esta mujer no tiene remedio.

-A mí no me ha costao na elegir la ropa,

na más que tengo este vestido.

-Tampoco tenías que haberte esmerado,

en la foto solo salen Jacinto y Bellita.

-Ya lo sé, pero una no tiene ocasión pa vestir sus galas,

así que he aprovechao.

-Don José, ¿vamos a tener que cantar delante de los periodistas?

-No, no lo creo.

-Menos mal, estoy tan asustao, que no me saldría ni un silbido.

-Ea.

-¿Qué tal? -Ole ahí.

Ha merecido la pena la espera, estás impresionante, mi cielo.

-Se me saltan las lágrimas de verla, parece la reina de Saba.

-¿Seguro que me está bien? ¿No he cogido algún kilito de más?

-Ni un gramo, te sienta divinamente.

-¿Qué haces? -Na, que tienes un tiznao.

Adán, que eres un Adán.

-Señor Ferrairó, sea bienvenido a nuestra casa.

Permítame que le presente a Jacinto y Marcelina,

él es el que ha colaborado con mi esposa.

-¿Quieren tomar alguna bebida antes de empezar?

-Más tarde, después de hacer las fotos.

¿Qué haces aquí?

-Acompañando a don Felipe.

No quería que pasara solo por este amargo trance.

-No me puedo creer que nos vaya a dejar.

-Puede salir adelante, es muy fuerte.

-Hace años, cuando yo llegué a su servicio,

también estaba pasando las de Caín,

pero era distinto, tenía a doña Celia para animarle.

¿Cómo fue el accidente?

-Don Felipe había bebido en exceso, apenas se podía mantener en pie,

perdió el equilibrio, cayó de espaldas

y... se golpeo en la cabeza.

-¡Qué desgracia más gorda!

-Me hubiera gustado ser de más ayuda, pero no pude hacer nada.

Solo me queda rogar a Dios que no muera.

-Sal un poco y descansa, yo me quedaré atendiéndole.

No sé, me da apuro, así como está...

-No, mujer, ve a comer, repón fuerzas y regresas.

-Está bien, no he comido nada en todo el día.

-Pobre don Felipe.

Quiero que posen naturales.

-Yo solo se estar natural cuando estoy al lado de una oveja,

mejorando lo presente.

Eso me lo voy a tener que tomar como un cumplido, ¿no?

(Suenan las castañuelas)

El emplazamiento no puede ser mejor.

Y la casa parece de muy buena construcción.

-Y tiene clientela fija,

que no es lo mismo que empezar desde cero.

-Me parece una excelente elección.

-Como siempre, tienes un ojo divino, querido.

-Ya solo queda hablar con el abogado de la familia,

para que arranque la operación.

-¡El nieto más hermoso del mundo! -Conténgase.

Van a pensar que sigo siendo un chiquillo.

-Es lo que vas a ser para mí toda la vida, un niño.

-No puedes tratar de igual forma a un párvulo que a un abogado.

Bueno,

ahora toca hablar de negocios. -Sí.

A la postre ha venido a verle. No pensaba que fuera a hacerlo.

Sigue siendo mi esposo...

y no me importa lo que opinen los demás.

Está a un paso de la muerte.

No diga eso, mujer, mientras hay vida, hay esperanza.

Seamos realistas, Lolita,

los médicos no creen que vaya a sobrevivir.

Les dejo a solas.

Puede que no lo creas,

pero me rompe el corazón verte postrado de esta guisa.

Los dos hemos sufrido mucho el uno por el otro,

hasta has buscado mi muerte,...

pero no puedo evitar seguir unida a ti.

Te amo con locura, Felipe.

Nunca he amado a nadie de esta forma.

Todo lo que he hecho ha sido para intentar salvar nuestro matrimonio.

Eres única esperanza.

Eres mi aire, mi luz, mi todo.

Por eso he cometido las mayores atrocidades,

para mantenerte a mi lado.

¿Qué estás haciendo aquí?

Bueno...

Entonces, ¿están completamente convencidos?

-Totalmente. -Sí,

queremos hacernos con ese restaurante.

-¿No será otro capricho suyo?

Últimamente, cambian de ocupación como el que cambia de chaqueta.

-En algo tendremos que ocuparnos, ¿no?

-Me parece muy bien,

pero ¿han pensado quién se va a ocupar de la barra y de la cocina?

Nunca antes han regentado un local de este tipo.

-Yo de la cocina, sin duda.

-Pero si apenas sabes hacer una tortilla.

-Contrataremos a un cocinero y yo le iré dirigiendo.

-No, mejor me ocupo yo de los fogones.

-Pues si nos tenemos que fiar del que no diferencia

una col de una lechuga. -Bueno, a ver,

eso ya lo decidirán o lo echarán a suertes.

En cualquier caso,

yo me rodearía de buenos profesionales

para que les inicien en el negocio.

-No te falta razón, muchacho.

¡Qué bien hicimos mandándole a estudiar leyes!

Tienes que opositar para juez,

nos vendría muy bien tener uno en la familia.

-Me alegra que celebren mis logros, pero...

¿por qué cree que les vendría bien que entrara en la judicatura?

-Nada, nada, tonterías de tu abuelo.

-No nos desviemos del tema que nos interesa.

Haz la oferta de compra cuanto antes,

y no olvides que tiene que ser a nombre de tu abuela.

-Sí, contaba con ello, todo está a su nombre.

-Siempre he pensado que voy a vivir más que tu abuelo,

de hecho, una adivina zíngara me lo confirmó.

No quiero tener problemas de herencias.

-Menos mal que ya estoy hecho a sus extravagancias.

-(RÍE)

Entonces, ¿están seguros de que quieren el restaurante?

-Seguros, seguros.

-Nunca hemos estado más seguros de algo.

No soy su criada, no tengo por qué contestarle.

Me despidió, ¿recuerda?

Te lo repito, ¿qué haces aquí?

O te vas o tendré que echarte del hospital.

No me intimida, doña Genoveva.

Ya no, aun así, voy a contestar a su pregunta.

No tengo nada que ocultar.

Quiero cuidar de don Felipe, me da pena,

antes de que pregunte por qué. Mientes.

Eres una buscona.

Puede insultarme todo lo que quiera.

Solo hay dos razones para que estés aquí:

o estás interesada en mi esposo como la furcia que eres,

o vienes a rematarle, si consigue salir adelante.

Es eso, ¿verdad?

Estabas con él cuando se golpeó, ¿has sido tú?

Te conozco, solo miras por ti.

Tienes la soberbia y el orgullo dentro, ¿por qué?

¿Lo hiciste por despecho?

Yo solo le ayudé. Estabas con él.

¿Por qué?

Y no me cuentes las mismas mentiras que a don Ramón.

Él se cayó.

Jamás le haría daño a don Felipe, jamás.

Quizás haya hecho cosas feas por usted,

pero eso... no.

Estás enamorada de él, ¿verdad?

No trates de engañarme, una mujer lo sabe.

Yo solo soy su criada. Ya.

Pero él te mira.

Te miraba.

Y tú te creíste algo más que una criada.

Eso no es verdad. Pero tienes razón,

Felipe puede mirarte, alagarte incluso,

pero jamás se enredaría con alguien como tú.

¡Yo, yo soy su esposa, su familia,

la única mujer a la que ha amado de verdad!

Yo no he dicho otra cosa.

Y también soy la única que tiene derecho a estar junto a él,

a cuidarle.

No quiero entrometerme.

Solo... Podría yo cuidarle mientras usted descansa.

No.

Antes contrataría a alguien de confianza.

No te quiero aquí, ni cerca.

Eres capaz de todo por dinero, soy testigo.

Cuídele mucho,

por favor. Largo.

No te quiero volver a ver. ¡Fuera!

A Felicia no le importaba su hija como su responsabilidad en esa boda.

Ella se empeñó, la que impuso ese hombre a Camino,

y ahora se siente responsable. -Anabel, tengamos la fiesta en paz.

No hables delante de mí de matrimonios fallidos.

Tú no.

Voz prodigiosa, temple torero, la voz de España.

Según el Ferreiró, le has dado un giro a tu carrera.

Conservando la esencia, eso sí.

¿Y qué dicen los vecinos en el barrio?

-Están encantados.

Más de uno se me ha acercado pa que le firme un disco.

Váyase usté a saber pa qué. -La fama, Jacinto,

tener algo que tú hayas tocado.

Ni siquiera sabes por qué le velas con tanta devoción o asiduidad.

Me costó decidirme, pero sé que he hecho bien.

Él te hundiría si pudiera. -¿Ha salido mi hijo del dormitorio?

-Se fue temprano a pasear.

Está que no hay quién haga carrera de él.

-Pues dile cuando le veas que quiero hablar con él.

-Ea, vuelta la burra al prado, ¿más peleas?

Muchas gracias por venir, doña Bellita y don José.

-Nadie nos ha dicho qué es lo que se celebra.

-Una de las de Servando, una servandada.

No, es por un buen fin.

¡Ay!

(HABLA EN FRANCÉS)

(HABLA EN FRANCÉS)

Vengo a tenerte al tanto de cómo van las pesquisas.

-¿Ha hablado con la policía? -Sí.

Me han llamado a comisaria,

quieren saber cómo fue mi encuentro con Ildefonso.

¿El propietario del establecimiento, por favor?

-Sí, soy yo.

¿Desea algo?

-Mi nombre es Miguel Olmedo, abogado.

Quería tratar un asunto que espero sea de su interés, señora.

-Sí, claro, siéntese.

Si su marido no reacciona en las próximas 24 horas,

es posible que muera o... ¿O?

¿O qué?

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Acacias 38 - Capítulo 1264

15 jun 2020

Laura consigue excusarse frente a Velasco para justificar por qué Felipe sigue vivo. Mientras, Genoveva no sabe cómo reaccionar al recibir la noticia de que su marido está grave, Velasco la manipula para evitar que acuda a visitarlo.

Marcos se sincera con Anabel: le ha pedido matrimonio a Felicia y está a la espera de una respuesta. La muchacha comenta con Camino que quizás terminan como hermanastras. Camino sigue sufriendo la desaparición de Ildefonso y está dispuesta a denunciarla.

Bellita y Jacinto firman discos a los vecinos, finalmente ¡es todo un éxito!

Antoñito está agobiado porque no logra un buen discurso político ahora que no rivaliza con su padre. Ramón anima a su hijo: debe seguir con la carrera política.

Llega al barrio un apuesto abogado, Miguel, nieto de Roberto y Sabina y el encargado de negociar la compra del restaurante por parte de la pareja de ancianos.

Genoveva desoye los consejos de Velasco y ser persona en el hospital. Al ver desvalido a Felipe se reavivan sus sentimientos por el abogado. Y su sorpresa es mayúscula cuando ve aparecer en la habitación a Laura ¿qué hace la criada con su marido?

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