www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5591775
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 2)
Transcripción completa

¡Haz las maletas y no aparezcas más por aquí!

Pierden los modales cuando creen que tienen confianza con sus señores.

Solo querías lo mejor para ella.

Trataste, como cualquier madre, de darle un futuro, una vida mejor.

-Pero en contra de su voluntad. -La orientaste.

Pero a ti... también te engañó Ildefonso.

¿Te vas a ir con ella? -Somos un matrimonio.

Todo seguirá igual entre tú y yo,

pero no fingiremos entre nosotros.

Tienes mi respeto, mi cariño

y permaneceré a tu lado en estos momentos tan duros.

-Gracias.

Quiero que metas tus borregadas en mis corraleras.

-Perdone, ¿mis gritos en su arte?

¿Usted se lo ha pensado?

Quedaría más auténtico si lo interpretaras tú mismo.

Si me deja en la calle, es como si me traicionara usted.

¿Me llamas traidora, tú?

No quiero volver a verte.

Si vuelves a molestarme, te denunciaré.

¿Hablaban ustedes de mi marido? -¡No, para nada!

No permitiré habladurías ni burlas.

Mi marido no acepta ni la pena ni la compasión,

tan solo su admiración como el héroe de guerra que es.

Doña Bellita le ha puesto la zanahoria del disco,

pero ¿habéis hablao de parné? ¿Es que le vas a regalar tu arte?

De gorra, no.

Le vas a sacar hasta los higadillos a la canzonetista.

Me ilusionaría de nuevo como una cría con su primer enamorado.

No cancelaré mi viaje a Cuba,

y no cejaré en mi empeño de lograr justicia para Marcia.

Una escenita de esposa afligida.

Lo ha hecho delante de los vecinos, con la intención de dejarme mal.

Solo ustedes sabían que iba a buscar a Becerra,

¿le han contado algo?

Es posible que Rosina haya deducido algo.

Es habilidosa leyendo entre líneas.

-¡Te has aprovechado de la atracción que ejerces sobre mí!

Cuando te viste libre de tu condena, yo ya no entro en tus planes.

Te equivocas.

No quieres que vaya a Cuba, no quieres estar lejos de tu marido.

¡Quieres seguir siendo la esposa de ese abogado!

¡Odio a Felipe!

He decidido que...

¡Que sí lo voy a hacer! -Gracias, Jacin... ¡Compañero!

Vi en usted el hombre que cualquier mujer querría tener.

Y, sin embargo, ahora está casada con un eunuco

que no solo no le dará hijos,

tampoco la complacerá como mujer.

¡Ya está bien, se acabó!

No podemos dudar siempre de lo que digan los demás.

-Creía que eso era hacer política.

-Tengo hambre.

-¿Sí? Pues ya sabes dónde está la cocina.

Es muy liberal que cada uno se prepare su propia cena.

-"Tienes visita".

-Gracias por su visita, abuelo. Estaba esperando...

-"Es usted un cerdo. -Chist...".

-Déjela fuera de esto, por favor. -¿Cómo podría dejarla fuera?

Es lo que más quieres, ¿no?

Quiero que mates a Felipe Álvarez-Hermoso.

Marcelina, Marcelina.

¿Qué? Eh, eh, eh.

¿A que voy hecho un pincel?

-Jacinto, casi no te reconozco, pareces alguien importante.

-Marcho con doña Bellita al estudio a grabar la tonadilla.

-Estás tan guapo y resultón...

Seguro que bordas tu "iepa-iá".

-Dios te oiga, Marcelina.

-No lo dudes ni una miaja, Jacinto.

Ya verás que como gracias a ti,

doña Bellita vuelve a las portadas de los periódicos,

como la mejor artista que ha dao España.

-Mujer, esperemos que no dependa solo de uno.

No las tengo todas conmigo. -Pa chasco que sí.

Tú sigue los consejos que te dé don Jose durante la grabación

y asunto arreglao.

¡Jacinto, Jacinto!

Dime que no es verdad.

Dime que no vas a pervertir tu grito borreguero.

Tú, al Servando, ni caso,

que lo que le pasa es que le hierve la envidia.

¿A mí?

Cuánta razón, que piensa el ladrón que todos son de su condición.

Yo lo único que quiero es que no malgastes tu "iepa-iá" para nada.

Para nada no, que voy a cobrar mis pesetas.

¿Ah, sí?

¿Te van a pagar?

No será mucho.

-Mucho no, un dineral.

-No digas más, Marcelina,

que no sé si los señores quieren que se sepa.

-Pero el parné no nos importa.

Lo único de enjundia es que Jacinto va a pasar a la posteridad.

(EN VOZ BAJA) Los conservadores somos capaces de asumir...

Que la neutralidad del gobierno...

Nuestro grupo es mucho más equilibrado.

No puede ser...

Nuestra situación...

Disculpe, don Ramón,

¿se puede saber qué hace en la cocina?

-Antes, cuando usted no estaba,

vine a pedirles permiso para poder trabajar mi discurso en su casa.

Verá usted,

en mi casa no se puede porque es un polvorín,

y si voy con mis papeles al Ateneo o a algún café,

me arriesgo a encontrarme con algún colega de partido,

o peor, un oponente. -Le comprendo perfectamente,

pero ¿por qué está en la cocina y no en mi despacho?

-Rosina tenía que revisar algunas cuentas allí.

-¿Qué mi...?

Me va a oír mi esposa. ¿Cómo le manda a la cocina?

-No se preocupe, Liberto.

Les agradezco que me hayan dado refugio.

-¿Le ha ofrecido un café o algo de beber?

-La verdad es que no.

-Eso lo soluciono yo ahora mismo.

Un café, que seguro que le viene bien.

Por cierto, vengo de visitar a nuestro amigo.

-¿Sigue empeñado en partir a Cuba?

-Sí, de hecho, estaba preparándolo todo,

quiere partir hoy mismo.

-¿No ha logrado usted hacerle desistir de su idea?

Estoy muy preocupado por él.

Su empeño en culpabilizar a Genoveva de la muerte de Marcia

se ha convertido en una obsesión.

-Además, dudo que dar con Becerra sea tan solo una quimera.

-Sí, yo también lo creo así.

Y para serle sincero,

no creo que Felipe piense de forma diferente.

-Entonces, ¿por qué va a emprender tal viaje?

-Nuestro amigo necesita algo en lo que creer,

un combustible tras la pérdida de Marcia y el aborto de Genoveva.

Si dejase de creer en ello,

si no ocupase cada minuto de su vida,

la tristeza que le invade, acabaría por destrozarlo.

-Es cierto.

Y no quiero ni pensar que volviera a hundirse

como le sucedió tras la muerte de Celia.

-Nosotros poco podemos hacer por él.

Estar activo, buscando justicia para su enamorada muerta,

puede que lo salve del abismo.

Gracias por su visita. Hasta la próxima.

-Buenos días, Camino.

-¿Sucede algo, Cesáreo?

-No, nada, solo quería interesarme por ti.

¿Cómo estás?

-Veo que está al tanto de lo sucedido.

-Como todo Acacias,

lo escucharon los señores en la fiesta de don Marcos,

luego lo supieron los criados, y después, el resto del barrio.

Hasta el párroco se ha enterado.

-Era de imaginar.

Ha llegado a los oídos de la familia de Ildefonso.

-Pero... ¿acaso no sabían que estaba...

impedido?

-No, y les ha resultado una deshonra enterarse de esta forma.

Mi esposo está muy afectado.

Anoche tuvo una terrible discusión con su abuelo.

-¿No era el ojito derecho del marqués de los Pontones?

-Usted lo ha dicho, lo era.

Ha perdido el único apoyo que le quedaba en la familia.

-Entiendo que esté destrozado.

-No imagina hasta qué punto.

Para él, discutir con su abuelo es la muerte.

-Lamento lo que está sucediendo, tanto por tu marido como por ti.

De verdad, lo siento.

-Cesáreo, perdone, haga el favor de no entretener a Camino,

tenemos mucho trabajo en el restaurante.

-Claro, doña Felicia, discúlpeme.

Con Dios. -Con Dios.

-No debería haber tratado con tal desdén al sereno.

-Trataba de evitar que te siguiera molestando con sus chismorreos.

-¿"Chismorreos"? Es preocupación sincera, madre.

-Ayer también se interesaron por ti doña Rosina y Susana,

y no fuiste tan comprensiva.

No entiendo por qué le tienes que contar al sereno tus cuitas,

cuando tienes acceso a las señoras que, sinceramente,

se preocupan por ti. -¿"Sinceramente" dice?

-Contigo no se puede.

Por cierto, no sé si tu esposo te ha comentado

la conversación tan incómoda que tuvimos ayer.

Tan solo le reclamé su farsa,

que me dijera por qué nos había engañado.

-Mal hecho, madre,

ya le dije que no se entrometiera.

-Solo quiero ayudarte.

Comprendería perfectamente que pidieras la nulidad matrimonial.

-No entiende nada.

Si nuestras esposas piensan que van a amargarnos

por negarse a hacernos la comida, están muy equivocadas.

-Sí, si hay algo que no falta en esta ciudad,

son buenos restaurantes, empezando por el de Acacias.

-Buenas. ¿Una mesa para cuatro, señores?

-No, Felicia, una mesa para dos. Hoy comeremos solos mi hijo y yo.

-No, no, mesa pa cuatro y sitio para el cochecito el Moncho.

-Insisto en que queremos una mesa para dos.

-Como quieras, Ramón,

en tal caso, nosotras también precisamos de otra mesa.

-Como hoy no tienen a las criadas en casa, han venido al restaurante.

-Ya veo.

Pero nosotras también tenemos derecho a agasajarnos.

-Y una botella de vino.

-Mejor será que nos sentemos, hijo, no demos un espectáculo.

-¿Tú entiendes algo, Susana?

El otro día, Antoñito y Ramón estaban como el perro y el gato

y hoy parecen estar a partir un piñón.

-Sí, visto lo visto, ahora se trata de los esposos contra las esposas.

-¿Qué les pasará a los Palacios?

(Motor de coche)

¿Qué dice el telegrama que ha traído el mozo?

¿Es de mi primo?

-Así es, Alodia, y no pueden ser mejores noticias.

Al parecer, Julio Jose ha dejado impactado a Golden

con su actuación en su primera película.

-Si es que vale un potosí.

Y si llega a ser el protagonista, se quedado pasmado.

-Míster Golden debe pensar como tú.

Le ha ofrecido ser protagonista en su próxima producción.

Está seguro de que va a ser todo un galán.

-Qué alegría, señor.

-No puedo estar más orgulloso.

También te manda saludos cariñosos, Alodia.

Dice que cuando sea famoso y rico,

te comprará un collar de perlas.

-¿Se imagina, señor, yo con perlas, como toda una señora?

Don Jose, ¿se puede? Estaba la puerta abierta.

Con la emoción del telegrama, se me habrá olvidado cerrarla.

-No tiene importancia, Alodia. ¿En qué puedo servirle?

Usted tranquilo, como en su casa.

Siéntese.

En este caso, es más bien al revés.

Tengo una propuesta que le va a encantar.

Usted dirá.

¿Le he contado que soy el verdadero compositor de la famosa canción:

"La niña de Cabrahígo"?

Sí, alguna vez le he oído presumir de eso.

Pero no sé qué tengo que ver con eso.

-Conociéndole, prepárese para cualquier tontuna.

Nadie te ha dado vela en este entierro.

Lo que quiero proponerle es grabar un disco juntos,

usted a la guitarra y yo como cantante y compositor.

Y perdón por lo que le toca,

pero íbamos a dejar a su esposa y al Jacinto como aficionados.

Bueno, incluso,

hasta he pensado en un grito mucho mejor

que el "iepa-iá" ese. ¿Qué le parece?

¿Qué le decía? Una tontá de cabo a rabo.

Lo lamento, Servando,

aunque me resulta tentador,

pero yo ya me he retirado, yo...

¿Va a dejar usted escapar un talento como el mío?

Pues no, porque le voy a presentar a unos productores

que estarán encantados

de conocer al autor de "La niña de Cabrahígo".

Niña, anda,

tráenos unos digestivos, que tu señor y yo tenemos que hablar.

Cuente, cuente.

Cuente usted.

Lo que yo decía, como en su casa.

(RÍE) Trae el aperitivo, Alodia,...

que lo vamos a echar aquí.

Es que...

Le agradezco su visita, estimada amiga.

¿Quiere una pasta?

Lamento no tener criada en casa para atenderla como merece.

Descuide, querida,

ya me he enterado de que Laura ya no está a su servicio.

Sí, he tenido que prescindir de ella.

¿Resulto demasiado curiosa si le pregunto por el motivo?

¿Acaso tiene que ver con aquel vergonzoso suceso con su esposo?

No, aquello quedó olvidado.

No me cabe duda de que Laura fue víctima de la lujuria de mi esposo,

jamás podría despedirla por eso. La entiendo perfectamente.

Lo que no comprendo es como después de tantos desplantes,

sigue enamorada de su esposo.

Debería seguir mis consejos,

no debería rogarle delante de todos, como hizo ayer.

Usted es una señora, no debe permitirse

esos arrebatos. Lo sé, y le agradezco el consejo.

No entiendo cómo es posible que mi corazón siga latiendo por él.

El amor es así de caprichoso e incomprensible.

Felipe sigue siendo mi esposo ante los ojos de Dios.

Y aunque a él eso no parezca importarle, a mí sí.

¿Aunque la desprecie?

Y aunque esté empeñado en llevarme a la cárcel,

a pesar de mi inocencia.

Claro, por eso va a Cuba, para encontrar pruebas contra usted.

Usted misma me lo dijo,

va tras la pista de Becerra para encontrar alguna prueba.

Lo peor es que va a poner en riesgo su vida

y no va a encontrar nada.

Felipe piensa que va a saber la verdad cuando le vea,

pero lo más seguro es que se lleve una puñalada.

Por eso debo detenerle,

protegerle así de ese encuentro con su verdadero enemigo.

Hay algo que no sabía si decirle,

pero al escucharla ahora, creo que debe saberlo.

Felipe...

piensa marcharse hoy a Cuba, antes del anochecer.

Ildefonso, ¿estás en casa?

Pero ¿qué..?

¿Qué es esto?

¿Ildefonso?

¡Ildefonso!

(Puerta)

¿Quién será ahora?

Ya va.

Laura.

No te esperaba.

He sabido que quería verme.

Así es.

¿Se marcha ya de viaje?

Quizá.

Pero depende de lo que vayas a contarme.

Supongo que va a insistirme en la propuesta que me hizo Méndez.

Supones bien. ¿Estás dispuesta a escucharme?

Sí, por eso he venido.

Pero, antes de nada, hay algo que debo aclararle.

Debe saber el motivo de mi proceder en el juicio.

Descuida, estoy al tanto.

Sé que Velasco te tiene sometida utilizando a Lorenza.

Sí. Lorenza es mi hermana pequeña, está impedida

y es mi obligación protegerla.

Ya.

Sé que harías cualquier cosa por ella,

incluso faltar a la verdad en un juicio.

Sé que no me excusa, pero así es.

Me avergüenza tanto, que...

quiero reparar el daño que hice con mis mentiras.

Laura,

¿estás dispuesta a decir la verdad en los tribunales,

a desenmascarar de una vez por todas

a Genoveva y Velasco? Sí.

Estoy dispuesta.

Pero antes,... debe poner a Lorenza a resguardo

y asegurarme la protección policial que me prometió el comisario.

Tranquila,... Méndez está fuera de juego,

pero yo puedo conseguirte esa protección, tengo mis contactos.

Eso sí,

pondré condiciones,

necesito tu compromiso,

no puedes volver a fallarme en los tribunales.

No lo haré, no tema.

No puedo permitir que Genoveva se salga con la suya.

Se lo debo, Felipe.

No, Laura,... no me lo debes a mí,

se lo debes a Marcia.

Al fin podremos hacerle justicia.

¿Puede traerme un vaso de agua? La situación me ha puesto nerviosa.

Claro. Voy a la cocina a buscarlo.

Te voy a detener, Felipe,

esta vez tendrás que escucharme.

(Puerta)

No es un buen momento, Javier, me disponía a salir.

Tenemos que hablar.

No te he invitado a entrar.

Lo sé, pero no es necesario, hay confianza.

Tengo prisa, ya te he dicho que me iba en este momento.

Pero no me has dicho dónde.

Ignoraba que tuviera que darte explicaciones.

Estás especialmente atractiva, te has arreglado a conciencia.

¿No irás a ver a Felipe?

Lo tomaré como un sí. Me da igual lo que pienses.

Debo irme. No puedes.

¿Por qué no, si puede saberse? Tú no mandas en mí.

He traído unos papeles que tienes que firmar.

Seguro que pueden esperar. No.

Tendrás que salir en otro momento.

Estás muy equivocado.

Puedes quedarte aquí, pero yo me voy ahora mismo.

Genoveva...

Cierra la puerta al salir.

Aquí tienes. Gracias.

Brindemos porque por fin se haga justicia.

No deberíamos hacerlo con agua.

No le hacía supersticioso.

Laura, estás temblando.

No tienes nada que temer, has hecho lo correcto.

Me aseguraré de que tu hermana esté a salvo y a resguardo

y, en cuanto a ti, la policía no te quitará el ojo.

Nada podrán haceros esos canallas, te lo aseguro.

Eso espero.

Méndez me comentó que un hombre te sigue.

¿Al mando de quién está ese hombre,

de Velasco o de Genoveva?

De Velasco.

Es él quien me obliga a hacer todo aquello que no quiero.

(CARRASPEA)

Todo aquello de lo que me arrepiento.

Incluido esto.

¿Incluido esto? ¿De qué estás hablando?

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

Mi garganta. Me quema.

(TOSE)

¿Qué has hecho?

Lo siento.

(SE AHOGA)

(TOSE)

No puedo respirar.

Ayúdame, por favor. Velasco me obligó.

¡Traidora, asesina!

Genoveva, espera. Suéltame.

No puedes arrastrarte hasta ese hombre.

¿Qué más te da a dónde vaya? -"Me harías el hombre más feliz..."

casándote conmigo.

-Me ha dicho mi Jacinto que un mozo les ha traído el disco.

-Habéis llegado a tiempo.

-Ay. -Venga, Jose,

pon el gramófono, que tengo el estómago pegao de los nervios.

Ildefonso, aparece, por favor.

¡Y el sagrado juramento de nunca abandonar a un hombre

en el campo de batalla hasta perecer!

-¿Ese no es...?

-¡Cumplirás con tu deber, aunque sea lo último que hagas en esta vida!

-Ildefonso.

Felipe, ¿por qué has tenido que marcharte?

Le traigo un paquete.

Pasa al salón, Jacinto.

¿Qué les ha parecido?

Vamos, que tampoco le ha gustado.

Ese debe ser el hijo de Ferreiro.

-¿El crítico musical?

-El mismo.

Según se dice, este...

parte el bacalao en el artisteo tanto o más que su padre.

Después de haber escuchado lo bien que ha quedao,

repetiría sin dudarlo.

¿Cuánto le han dao a este por un grito de na?

De na, dice.

Llévale un canapé al Ferreiro, que se ha quedao pasmao.

-Una vergüenza para el cante español, una vergüenza.

Dios mío.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1261 (Parte 2)

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 2)

08 jun 2020

El Marques le reprende duramente a Ildefonso por mentiroso y por no haberle dicho la verdad a Camino. Felicia le propone a su hija la nulidad matrimonial y la otra se enfada. No se entienden de nuevo. Camino regresa a casa y se inquieta al ver el estado del lugar y verificar que Ildefonso no está.
Bellita y Jacinto ensayan antes de la grabación, pero no termina de acoplarse. José hace el papel de mediador para que el ensayo funcione. ¿Será un desastre el resultado? Servando sondea a Jacinto cómo van las cosas. Está envidioso del portero mientras que las criadas están llenas de expectativas. Así que Servando le propone a José grabar un tema.
Los Palacios vuelven a mostrarse enfrentados en público, pero los rivales ahora son distintos: Carmen y Lolita se alinean en contra de Ramón y Antoñito.
Laura se niega a hacer nada en contra de Felipe. Se va a su casa y accede a cambiar su declaración en la apelación. Javier intenta evitar que Genoveva vaya a buscar a Felipe, pero no logra pararla.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 2)" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 2)"
Programas completos (1331)
Clips

Los últimos 3.975 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Maria

    ¡Madre mía! Creo que Felicia es aún más tontita que Rosina.Al menos esta es divertida.

    14 jun 2020