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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

¡Haz las maletas y no aparezcas más por aquí!

Pierden los modales cuando creen que tienen confianza con sus señores.

Solo querías lo mejor para ella.

Trataste, como cualquier madre, de darle un futuro, una vida mejor.

-Pero en contra de su voluntad. -La orientaste.

Pero a ti... también te engañó Ildefonso.

¿Te vas a ir con ella? -Somos un matrimonio.

Todo seguirá igual entre tú y yo,

pero no fingiremos entre nosotros.

Tienes mi respeto, mi cariño

y permaneceré a tu lado en estos momentos tan duros.

-Gracias.

Quiero que metas tus borregadas en mis corraleras.

-Perdone, ¿mis gritos en su arte?

¿Usted se lo ha pensado?

Quedaría más auténtico si lo interpretaras tú mismo.

Si me deja en la calle, es como si me traicionara usted.

¿Me llamas traidora, tú?

No quiero volver a verte.

Si vuelves a molestarme, te denunciaré.

¿Hablaban ustedes de mi marido? -¡No, para nada!

No permitiré habladurías ni burlas.

Mi marido no acepta ni la pena ni la compasión,

tan solo su admiración como el héroe de guerra que es.

Doña Bellita le ha puesto la zanahoria del disco,

pero ¿habéis hablao de parné? ¿Es que le vas a regalar tu arte?

De gorra, no.

Le vas a sacar hasta los higadillos a la canzonetista.

Me ilusionaría de nuevo como una cría con su primer enamorado.

No cancelaré mi viaje a Cuba,

y no cejaré en mi empeño de lograr justicia para Marcia.

Una escenita de esposa afligida.

Lo ha hecho delante de los vecinos, con la intención de dejarme mal.

Solo ustedes sabían que iba a buscar a Becerra,

¿le han contado algo?

Es posible que Rosina haya deducido algo.

Es habilidosa leyendo entre líneas.

-¡Te has aprovechado de la atracción que ejerces sobre mí!

Cuando te viste libre de tu condena, yo ya no entro en tus planes.

Te equivocas.

No quieres que vaya a Cuba, no quieres estar lejos de tu marido.

¡Quieres seguir siendo la esposa de ese abogado!

¡Odio a Felipe!

He decidido que...

¡Que sí lo voy a hacer! -Gracias, Jacin... ¡Compañero!

Vi en usted el hombre que cualquier mujer querría tener.

Y, sin embargo, ahora está casada con un eunuco

que no solo no le dará hijos,

tampoco la complacerá como mujer.

¡Ya está bien, se acabó!

No podemos dudar siempre de lo que digan los demás.

-Creía que eso era hacer política.

-Tengo hambre.

-¿Sí? Pues ya sabes dónde está la cocina.

Es muy liberal que cada uno se prepare su propia cena.

-"Tienes visita".

-Gracias por su visita, abuelo. Estaba esperando...

-"Es usted un cerdo. -Chist...".

-Déjela fuera de esto, por favor. -¿Cómo podría dejarla fuera?

Es lo que más quieres, ¿no?

Quiero que mates a Felipe Álvarez-Hermoso.

¿No tienes nada que decir al respecto, Laura?

¿Acaba de pedirme que mate a don Felipe?

-Te equivocas, no te lo he pedido, te lo he ordenado.

Me sorprende que no seas capaz de entender una orden tan sencilla.

-No, no pienso hacerlo.

-Chist... Tú harás lo que yo te diga,

¿te queda claro? -¡Es usted un cerdo!

(ESCUPE)

¿Le vale como respuesta?

(SE QUEJA) -(CHISTA)

De nada vale resistirse, ya deberías haberte dado cuenta.

Ya no cuentas con la protección de Genoveva.

-No le haré nada a don Felipe, téngalo muy claro.

-Yo no estaría tan seguro.

-¡Deje a mi hermana!

¡Si vuelve a arremeter contra ella, le juro que acabaré con usted!

¡Le mataré, no lo dudaré ni un segundo!

-¿Ahora te atreves a amenazarme?

Eres una caja de sorpresas.

Para que veas que no soy el canalla que crees,

no te lo tendré en cuenta, al menos de momento.

Te dejaré que reflexiones,

te darás cuenta qué es lo que te conviene a ti y a Lorenza.

No voy a dejarte ni a sol ni a sombra.

Y como sigas así,...

me temo que voy a empezar a tratarte...

con menos consideración.

-(LLORA)

(Sintonía de "Acacias 38")

Me ha abofeteado, abuelo.

Y ten seguro que no será la última bofetada con la que te premie.

-No será en mi casa.

No le consiento que le levante la mano a mi esposo.

-¿Acabas de decir que tú no me consientes?

-Lamento decírselo así, pero no está siendo justo con su nieto.

-Al parecer, tu esposa tiene el coraje que a ti te falta.

-Camino,...

déjanos solos.

-Pero, Ildefonso... -Vete, te lo ruego.

Merece un altar por su bondad. Aun así te defiende,

después de casarte con ella bajo engaño, de haberla burlado.

-No, abuelo.

Yo no pretendía tal cosa. Yo la amo.

-Buena forma de demostrarlo,

condenándola a unir su vida con la tuya.

¿Qué derecho crees que tienes de arruinarle la vida con tus mentiras?

¡Has dejado por el suelo nuestro apellido!

No hay nada peor que un cobarde ¡y un embustero!

¡Mírame cuando te hablo!

¡¿Qué es lo que traté de enseñarte durante todos estos años?!

-Que el honor estaba por encima de todo.

-¡Exacto!

-Lamento haberle defraudado.

-Yo también lo lamento.

Siempre te defendí, evité que rompieras con tus padres.

-Y yo siempre se lo he agradecido.

-Ya no podré evitarlo.

Con todo esto, la familia te repudiará.

Y no puedo criticárselo.

-¿Usted también me dará de lado?

-No tendré otro remedio sino tratas de enmendar tus errores.

Debes resarcir a esa pobre muchacha por lo que le has hecho.

-¿Cómo?

-Liberándola de esta farsa de matrimonio.

Si no lo haces,

me obligarás a que yo también te repudie.

-Descuide, abuelo,

no debe preocuparse,

sé perfectamente lo que debo hacer. -Eso espero.

No me defraudes más.

(Se cierra la puerta)

Otra vez, Jacinto.

Aún estamos lejos del resultado deseado.

-Llevo media vida dando gritos borregueros sin ensayar,

y, hasta el momento, no ha habido queja.

-No es lo mismo gritarles a tus ovejas,

que al distinguido público. Repítelo, te lo ruego.

-¡Iepa-iá!

¿Qué le ha parecío ahora?

-Hijo, aún me duelen los tímpanos del berrido que has pegado.

Con tales gritos, nadie va a poder escucharme a mí.

¿No te parece, Jose?

-Amor mío, ya sabes lo que opino al respecto.

Dudo mucho que esto termine de funcionar, grite alto o no.

-Ten fe, que tengo el presentimiento de que va a ser un éxito.

Un antes y un después en mi carrera. -Bueno, ojalá tengas razón.

-Ea.

Vamos, hijo, otra vez, Jacinto, pero más bajito.

-Iepa-iá.

-Y ahora, ni siquiera se te escucha. ¿Tú no tienes término medio?

O don Juan o Juanillo.

-Lo que tengo es un juanete. Es que, uste nunca está contenta.

-(RÍE)

-Vamos a ver, Jacinto,

tu grito no debe ser ni demasiado alto ni demasiado bajo.

Que se integre en la canción, que forme parte de ella,

¿te ha quedado claro?

-Sí.

-Bueno, vamos a comprobarlo.

# Vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

-# Iepa-iá.

-# Que vaya presumiendo y ole, de mi marido,

# que vaya presumiendo y ole, de mi marido.

-# ¡Iepa-ia!

-# Y en tu caballo, subidita a la grupa y ole,

# y en tu caballo,

# agarrada a tu cintura y ole, te iré cantando.

-# ¡Iepa-ia! #

-¡¿A qué vienen ahora esos gorgoritos?"

-¿No me había dicho que lo integrara en su cante?

-¿Y desde cuándo uno canta así? ¡Además, tenías que gritarlo!

-Ya, gritarlo, ni alto ni bajo, sino to lo contrario.

-¡Exactamente!

-Una cosita, una cosita,

tampoco estaría mal que entonara un poco,

y debería hacerlo con un estilo más cercano al tuyo,

de forma más natural.

-¿Cómo, así?

¡Iepa-ia!

-Este hombre no tiene oído, orejas como mucho.

-Cariño,

quizás sea mejor que os toméis un descanso.

-Tienes razón, Jose,

¡que si no, creo que le terminaré estrangulando!

-Yo no quiero ser cenizo,

pero... me da la impresión de que la señora

no termina de estar satisfecha con uno.

-Anda ya. Figuraciones tuyas.

Tomen esta sopa, que resucita a un muerto.

-Eso espero, que estoy harta de tanto faenar.

-Es nuestra obligación, no hay porqué quejarse.

-Déjela, Soledad, que el pataleo es el único consuelo del pobre.

-Y eso que mis señores me han dejado salir más temprano,

como tenían que ensayar con Jacinto...

-Mira a mi primo, codeándose con los grandes artistas.

Cuando se enteren en el pueblo...

-Mi Jacinto vale un potosí.

Ni cabía por la puerta de lo ancho que estaba.

-Perdona, Marcelina,

pero tengo la sensación de que estás tú más ilusioná con el asunto

que mi primo.

Pa mí que el Jacinto ha aceptado solo pa contentarte.

-La verdad es que se le veía nervioso.

-No te amuela, por tener que actuar con una artista de renombre,

no por otra cosa.

Mi Jacinto es un hombre muy sensible que sabe apreciar el talento.

Os aseguro que, en estos momentos, debe estar disfrutando como un niño.

Jacinto, siéntate ahí, tranquilito.

Verás cómo entre todos, encontraremos el "iepa-iá" adecuado.

Me gustaría ser tan confiado como uste.,

pero uno duda ya hasta de su querido grito ovejero.

-Es lo que tiene el cante, que todo tiene que resultar perfecto.

-Mis ovejas nunca se quejaron cuando las gritaba.

Oh...

-Nada, tú ahí, tranquilito, como en tu casa.

-Gracias, gracias.

-Además, el ensayo tampoco ha ido tan mal.

-¿Cómo que no? Si apenas me queda voz.

Esto va a ser un desastre. -No digas eso, que trae mal fario.

Estoy seguro que será un éxito rotundo.

-¿Eh?

Perdone, pero juraría que hasta hace na,

uste no confiaba en la ocurrencia.

-Pero yo me fío de mi señora.

Si ella está convencida de que esto funcionará,

Jacinto, no te quepa, esto funciona.

-A uno no le importa si esto funciona o no funciona,

lo que no quiero es no defraudar a nadie,

ni a doña Bella ni a mi Marcelina.

-Pues lo que tienes que hacer es controlar esos nervios.

¿Sabes qué te digo?

Piensa en tus ovejas cuando grites.

-A ver...

Ay, Remigia...

La Lucera...

(RÍE) La Coronela.

(Pasos)

-Ea, se acabó el descanso. Volvamos al trabajo.

Repetiremos el grito mil veces hasta que quede fetén.

-¿Mil veces? -Digo.

Escucha con la oreja. -Que Dios nos coja confesaos.

# Vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

-# ¡Iepa-ia!

# Moreno mío,

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío,

# que vaya presumiendo y ole de mi marido. #

Díganos, Soledad,

¿alguna novedad por casa de sus señores?

-¿Y por qué habría de haberla?

-Porque últimamente,

las cosas están bien revueltas entre esas paredes.

Que si el desmayo de doña Felicia, que si la imprudencia de la niña.

-¿Creéis que lo que dijo la señorita Anabel es verdad,

lo de que don Ildefonso es manso?

-Yo lo único que digo al respecto,

es que unas criadas no deben hablar de las cuitas de sus señores.

-Y entonces, ¿de qué quiere que hablemos si son de enjundia?

Además, ¿sabéis de qué me he enterado en casa de doña Rosina?

Que la señorita Anabel no va desencaminá,

esas acusaciones son ciertas.

Es manso.

-Uy.

-Pobre Camino, así no se quedaba en estado de buena esperanza.

-Eso está complicado teniendo al marido impedido.

-Sea o no sea verdad, toda Acacias lo da por hecho.

Menuda losa le ha caío a ese matrimonio.

-¿No tenéis otra cosa de la que hablar?

Qué chismosas.

-Soledad tiene razón.

¿Os habéis enterado del escándalo que montó doña Genoveva

esta tarde implorándole a don Felipe que no se fuera a Cuba?

-No me refería a eso.

-Pobre mujer...

-No sé si debemos compadecernos de ella.

Cuando don Felipe está tan empeñao en demostrar su culpabilidad,

por algo será.

-Ya se dice, que cuando el río suena, agua lleva.

-Y este lleva tanta, que se va a desbordar.

Yo lo único que quiero es que se haga justicia a la pobre Marcia.

-¿Qué pasa?

¿Por qué me miráis con esas caras largas?

-¿Qué?

¿No le vais a responder?

Tendré que decírselo yo.

Laura, lo que no se atreven a decirte...

es que no pintas nada en el altillo.

-¿Cómo que no?

-No puedes dormir aquí.

Doña Genoveva ha informado de tu despido

y ha dado orden de que sea así.

-Entiendo.

Déjenme quedarme esta noche, mientras encuentro otro sitio.

-Yo no tendría inconveniente,

pero podemos perder la colocación si doña Genoveva se entera.

-No tiene por qué saberlo.

Marcharé con al alba, por favor.

-No, Laura.

Nosotros solo somos unas mandadas.

Tienes que irte ya.

-Está bien.

Tampoco quiero... causaros problemas.

Recogeré mis cosas.

Unas vacaciones en Cabrahígo con Monchito es lo que yo necesitaba

para airearme de vosotros. -Pues...

me parece bien, Lolita,

pero no te olvides de llevarme contigo.

-Pero ¿qué hemos hecho nosotros ahora para que estéis tan enfadadas?

¿En serio, Ramón?

¿Acaso lo dudas?

Nos tenéis hartitas con tanta política.

-Y no olvide tanto rifirrafe y tanta mala cara, Carmen.

-Yo también estaba considerando poner tierra de por medio

e ir unos días a ver Raúl para perderos de vista.

-Tampoco es para tanto.

-¿Cómo que no?

Además, no sería tan descabellado que nos fuésemos,

que hace la intemerata que no tenemos días libres.

-Sí. -¿Días libres?

¿Desde cuándo una esposa tiene días libres de su esposo?

-Desde que este no sabe comportarse.

-Nunca he tenido días de asueto.

Toda la vida trabajando y, ahora que soy señora,

me dejo los riñones tras el mostrador de la mantequería.

Claro, que como aquí los señores han vivido siempre de rentas,

no saben de qué les hablo.

-Cuidado con lo que dices, nuera,

que las rentas no se han forjado solas,

que buenos dolores de cabeza me han causado los negocios.

-Igualito que los de trabajando deslomá.

-Típico, padre, los trabajadores acusándonos de sus males,

como si fueran los únicos que se ganan el pan con esfuerzo.

-No traigas a colación la política, que te veo venir.

-Pero todo lo que hemos ganado, lo hemos sudado.

-(RÍEN)

¿"Sudado"?

Apenas... unas gotas, ¿no?

-En el altillo, en un jergón de más de cien años

y con las ventanas desvencijadas me gustaría veros a los dos.

Sirviendo de sol a sol,

sin días de descanso, sin hora de comida,

ahí me gustaría veros.

Pues se acabó, se acabó, Carmen.

Tantos años siendo criada,

que no me da la gana ahora serlo de mi esposo y mi suegro.

Servidora se declara en huelga.

-Tienes más razón que un santo, Lolita.

Cuenta conmigo.

-¿Habéis perdido el oremus?

-No.

Esto es lo que habéis conseguido con vuestras interminables disputas.

Y que no, hombre, que no tenemos por qué seguir aguantándoos,

encima de que os servimos todo el día.

-Claro. -Es más,

a partir de hoy, quien quiera comer,

se puede preparar la comida él solito.

-Y podéis empezar por el desayuno.

-Hijo, tú me puedes preparar unas tostadas, ¿verdad?

-No sé. Pero usted sí me puede preparar unos huevos fritos

con beicon.

-La primera vez que freí un huevo, me freí la mano, tengo marcas.

Al fin,

dudaba si ir a despertarte.

-No podrías haberlo hecho.

Después de la discusión con mi abuelo no he podido pegar ojo.

-Es de entender.

-He permanecido la noche en vela, pensando.

Y ahora, no tenía fuerzas para vestirme y salir del cuarto.

-Ildefonso,

no te dejes derrotar.

No hagas caso a lo que digan los tuyos,

ahora, tu familia soy yo.

-Gracias.

Pero ¿por cuánto tiempo?

-No te comprendo.

-Sí,

sí que lo haces.

No tiene sentido no enfrentarse a la verdad.

Camino,

te agradezco de corazón tu apoyo.

De verdad que,

admiro la determinación con la que me defiendes.

-No podría actuar de otra forma, eres mi esposo.

-Muchos no me considerarían así.

Sé que te sientes culpable por tu indiscreción con Anabel.

Pero quiero que sepas una cosa,

aquí, el único culpable soy yo.

Como bien dijo mi abuelo, solo soy un miserable que...

te engañó vilmente.

-No, no te equivoques, Ildefonso,

si te apoyo no es por remordimientos,

sino por convicción.

No soporto que la gente murmure de lo que no le concierne,

ni que haga leña del árbol caído.

-Entonces, me apoyas por rebeldía.

-Porque te estimo, Ildefonso.

No lo olvides.

-No lo hago.

Y te lo agradezco de corazón.

Lástima que solo pueda... tener tu amistad

y nunca con tu amor.

Sé que tu corazón nunca me pertenecerá.

¿Le has contado a Maite lo que está sucediendo?

¿Se los has contado en tus misivas?

-No, ella no nada sabe.

Ahora, mis pensamientos están todos contigo.

Sé perfectamente cómo... te sientes...

señalado y perseguido por todos.

Por eso, te voy a apoyar siempre...

y permaneceré a tu lado.

-Eres una mujer maravillosa.

¿Cómo no amarte?

Te mereces la felicidad que yo no puedo darte.

-No digas eso. -Es la verdad.

Ojalá algún día puedas llegar a ser dichosa junto a Maite.

-¿Por qué dices eso?

Tú nunca renunciarás a ella.

Y haces bien.

Lucha por tu amor.

-Cállate.

(Se cierra la puerta)

Laura se marchó.

-Qué triste irse de un sitio

y que nadie se despida de ti.

Ni siquiera un simple adiós. -Pues sí, y tú que lo digas.

Señá Fabiana, ¿quería vernos?

-Así es, Casilda, por eso os he mandao recao.

-Y veo que no ha venido sola.

-¿Qué se les ofrece? -Veréis,

os he preparao un tronco de mazapán.

Sé que es tu dulce favorito, Casilda.

Espero que esto sirva pa agradeceros toda la ayuda prestada.

Sí, es para todos los que hicisteis de nuestros hijos.

Casilda, no lo mires con esos ojos, que te lo vas a zampar tú sola,

y como tengamos que hacer un bollo para cada uno,

no vamos a ganar para mazapán. -Tampoco estaría de más, Servando.

-Bueno...

El dulce no es todo.

Mirad.

Ayúdeme, Servando.

También os hemos comprao un brasero de latón

pa poner bajo la mesa del altillo.

-Qué bien, con el frío que pasamos...

-Sí.

Ahora no va a haber quién nos levante de la mesa.

Cenaremos con más ganas.

Les estamos muy agradecidas.

Ya sabía yo que uste no nos fallaría, seña Fabiana.

Un abrazo.

Eh...

¿Y a mí no me dices nada?

Mejor que no digamos nada, Servando, créame.

-Estamos muy arrepentidas por haber dudado de ustedes.

He de confesar que les hemos puesto verdes.

Pues muy mal hecho.

Fabiana estaba esperando a que Lolita le trajera las almendras

para hacer el mazapán, por eso no os habíamos dicho nada.

-Lo que tenemos que hacer ahora

es festejar todos juntos el premio dando buena cuenta del tronco.

Hala.

-Habrá que esperar a Marcelina y Jacinto.

Les dimos aviso, pero les era imposible venir.

Marcelina estaba atareada en el quiosco.

¿Y Jacinto qué excusa te ha dado? Si no da un palo al agua.

-Servando, que mi primo se está preparando

pa grabar un disco con doña Bellita del Campo.

Pero ¿qué me estás diciendo? Ahora vengo.

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Acacias 38 - Capítulo 1261 (Parte 1)

05 jun 2020

El Marques le reprende duramente a Ildefonso por mentiroso y por no haberle dicho la verdad a Camino. Felicia le propone a su hija la nulidad matrimonial y la otra se enfada. No se entienden de nuevo. Camino regresa a casa y se inquieta al ver el estado del lugar y verificar que Ildefonso no está.
Bellita y Jacinto ensayan antes de la grabación, pero no termina de acoplarse. Jose hace el papel de mediador para que el ensayo funcione. ¿Será un desastre el resultado? Servando sondea a Jacinto cómo van las cosas. Está envidioso del portero mientras que las criadas están llenas de expectativas. Así que Servando le propone a Jose grabar un tema.
Los Palacios vuelven a mostrarse enfrentados en público, pero los rivales ahora son distintos: Carmen y Lolita se alinean en contra de Ramón y Antoñito.
Laura se niega a hacer nada en contra de Felipe. Se va a su casa y accede a cambiar su declaración en la apelación. Javier intenta evitar que Genoveva vaya a buscar a Felipe pero no logra pararla.

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  1. Mjose

    No hay forma de ponerle volumen. Rea,mente va muy mal , en gsneral

    05 jun 2020
  2. Filomena

    Me da mala espina el nuevo personaje, la criada Soledad, creo que el tiempo me dará la razón

    05 jun 2020