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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1260 (Parte 1) - ver ahora
Transcripción completa

Sigo convencido que Genoveva es la culpable de la muerte de Marcia

y haré cualquier cosa para demostrarlo.

¿Piensa que en Cuba puede encontrar alguna evidencia?

Sí, recorreré toda la isla hasta dar con Becerra.

Su testimonio es crucial para conocer la vedad.

-Los dos hemos pecado de embusteros,

nos hemos ocultado terribles secretos.

-Pretendíamos vivir una mentira, y eso no es posible.

-Cuando te decía que te quería, lo hacía de corazón.

Siempre he estado enamorado de ti con toda mi alma.

Te voy a hacer un disco digno...

del mismísimo Caruso.

Es una maravilla lo que pueden hacer en este sitio con la voz.

El médico te ha prescrito 24 horas de reposo,

así que, no voy a permitir que dejes la casa.

-¿Qué van a decir los vecinas?

-Me importa muy poco lo que digan, lo principal es tu salud.

La criada ha estado con ella todo el tiempo.

-¡Querida amiga, qué inocente eres! Eso cuentan de puertas para fuera,

pero de puertas para dentro, solo saben ellos lo que ha pasado.

Laura usa su cuerpo para medrar.

Estoy seguro de que algo trama.

Te creo, pero no ha nacido criada que sea capaz de engañarme.

Cuando salga el disco, tendrá a todos cantando esta corralera.

-Justamente, es como todas las suyas, como las de toda la vida.

-Vamos,...

que suena como siempre han sonado mis canciones.

-Ildefonso sigue encerrado en nuestra casa.

¿Tan avergonzado está?

-Imagínese, que ni siquiera su abuelo lo sabía.

-Pobre muchacho.

-Y pobre de mí también, madre.

Si usted no me hubiera obligado a casarme con él,

nada de esto hubiera pasado.

-Hija, por favor, deja de fustigarme.

-Cuando usted me abofetea, yo lo tengo que aguantar,

pero luego no puede soportar que le ponga la verdad de frente

¡que le diga que me ha destrozado al vida!

¿Sabéis si los Palacios andan regañados?

-No creo. -¿Por qué lo dice?

-Porque acabo de ver como toda la familia se está escondiendo

los unos de los otros.

# Que quiero ir presumiendo y ole, de mi marido.

# Que quiero ir presumiendo y ole, de mi marido. #

-¡Iepa-iá!

-Qué susto me has dado, Jacinto.

¿Qué te ocurre?

-Que he tenido una idea.

-(FELICIA) Lo único... que he conseguido es...

sumirla en un pozo de infelicidad.

No te tortures más.

No consigo entenderlo, señora. ¿Por qué quiere echarme?

¿Qué ganas quedándote? Podría ofrecerle algo.

(Llaman)

Abro yo, tú ya no trabajas en esta casa.

Señora...

Tengo que decirle algo, escúcheme. -¿Qué está pasando aquí?

Retírate, Laura.

¿No has oído a la señora? -Es ella la que no me escucha a mí.

¡Insolente! -¿Qué está pasando?

Acabo de despedirla.

Recoge tus cosas; no quiero seguir discutiendo delante de una visita.

Recibirás una liquidación justa.

Podrás viajar a Alemania con tu hermana.

-No es por el dinero. Ha de saber...

-¿No sabes cuándo se ha dicho la última palabra?

¡Obedece!

Haz tu equipaje y no aparezcas más por aquí.

Pierden los modales cuando creen que tienen confianza con sus señores.

Pero no te preocupes, no te dará más problemas.

Me ha sido útil,

pero la desvergüenza y la desfachatez no caben en mi casa.

(Sintonía de "Acacias 38")

Deja de atormentarte.

Tú has sido una víctima más.

Ildefonso no debería haber desposado a Camino,

sabiendo que jamás podrían llegar a ser esposos de verdad.

-Aunque así fuera,

aunque solo él fuera culpable,...

mi hija está condenada a la infelicidad para siempre.

-El matrimonio no se ha consumado,

es motivo para que el Vaticano le conceda a tu hija la nulidad.

Camino debería solicitar la disolución del vínculo.

Mientras tanto, ni siquiera tendría que convivir con Ildefonso.

-Sería un escándalo, Marcos.

No puede condenarse a una vida como la que le espera.

-La familia de Ildefonso es muy poderosa.

-No nos arredraremos.

-No me he expresado bien,

yo no les tengo miedo.

Pero pertenecen a la aristocracia,

no solo está en juego el honor de Ildefonso,

también el de su familia

y, por tanto, el del marquesado de Pontones.

-Que cada palo aguante su vela.

-Si Camino solicitara la nulidad matrimonial,

la deshonra sería insoportable para el marquesado.

-Ildefonso debería haberlo pensado antes de desposarla.

-Es Camino quien me preocupa,...

no sé si podría afrontar el desdoro que le ocasionará el lance.

-Cualquier cosa antes que condenarse a una infelicidad de por vida.

-(LLORA)

Me equivoqué, Marcos.

-Tú solo querías lo mejor para ella.

Trataste, como cualquier madre, de darle un futuro, una vida mejor.

-Pero en contra de su voluntad.

-La orientaste,

como era tu deber.

Pero a ti...

también te engañó Ildefonso, eres una víctima más.

-Quizá tengas razón, pero... me siento mal.

Me siento muy mal.

(LLORA)

(Graznido de pájaros)

La cena está lista.

¿Nos sentamos?

-Gracias.

-¿Por qué?

-Por tu afán de complacerme.

-He sido una idiota.

No debí contárselo a Anabel.

¿Cuándo vas a empezar a salir?

Las especulaciones y las habladurías irán a más.

-¿Cesarán si salgo?

-No sabrán a qué carta atenerse.

No debes explicaciones a nadie.

La mayoría fingirá que nada ha ocurrido,

y luego, volverá a la normalidad.

-¿Normalidad? -Sabes lo que quiero decir.

Es peor bajar la mirada o esconderte.

No les debes nada.

Ignóralos sin más.

Yo... mañana abriré el restaurante con la cabeza muy alta.

-¿Por qué dices "abriré"?

-Mi madre sufrió un desmayo

y el doctor le prescribió reposo, desde entonces, ha estado cerrado.

-¿Está mejor?

Tu madre. -(ASIENTE)

-Supongo que...

ese "desmayo" habrá disparado las conjeturas.

-Igual que nuestra ausencia de las calles.

-Lo siento,... no puedo.

-Como prefieras.

-Tengo que preguntarte algo.

Nuestro matrimonio,

¿ha terminado?

-Sabes que amo a... -Sí, sí, sí.

A otra persona, sí.

¿Te vas a ir con ella?

Somos un matrimonio.

Todo seguirá igual entre tú y yo,

pero no fingiremos entre nosotros.

Tienes mi respeto, mi cariño

y permaneceré a tu lado en estos momentos tan duros.

-Gracias.

-Lamento mucho no poder amarte como te mereces.

-Es mucho más de lo que esperaba.

(BELLITA TARAREA UNA CANCIÓN)

(BELLITA TARAREA UNA CANCIÓN)

-Eh, te me has escapado.

-Los picatostes me estaban llamando.

-Cuando la llamada de los picatostes tira más que la del marido,

un hombre debería ponerse a pensar. -¡Anda, agonías!

Oye, Jose,...

¿te has pensado lo que te dije ayer sobre las corraleras?

-¿Lo de Jacinto? -Sí, mi alma, lo de Jacinto.

-¿Te lo has pensado bien?

-Es lo que necesito para mi estilo renovado.

Algo nuevo.

Una verdadera artista no puede quedarse anclada en el pasado,

por muchos éxitos conseguidos.

-Mira, verás...

(Llaman)

¡Yo abro!

-A los buenos días, don Jose. -Hablando del rey de Roma...

-Doña Bella quería verme. -Sí, sí, pasa, te está esperando.

-A las buenas. -Muy buenas, Jacinto.

Estoy dale que dale a una corralera,...

-Ah. -...y quería yo

darle un tanteo con algo original.

-Ah. -¿Lo entiendes?

-No.

-A ver...

# Vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

# Moreno mío,

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío,

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío. #

-¡Ole! ¡Bravo! ¡Muy bien, señora!

Aunque no me la hubiera cantao uste, habría sabido que era suya.

Todas sus tonadillas tienen un aire que no se puede confundir.

-Ole.

Escúchame bien,

ahora la voy a repetir, y cuando te haga una seña,

quiero que metas tu grito borreguero

con todo el arte que puedas. -Perdone, ¿mi grito?

-Sí.

El "iepa-ia" ese que te escucho. -¡Iepa-ia!

-Eso, que lo sueltas cada dos por tres.

-¡Iepa-ia! -¡Iepa-ia! Ese.

-¡Iepa-ia! -Sí, sí.

Yo empiezo y tú lo metes cuando te haga una seña.

Voy.

Escucha.

# Vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

-¡Iepa-ia!

# Moreno mío,

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

# vámonos pa la feria y ole, moreno mío.

-¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia! ¡Iepa-ia!

¡Ole!

-¡Ole!

Niño,

¿qué?

¿Arte?

-Suena.

-Pues eso, Jacinto,

que quiero que metas tus borregadas en mis corraleras.

-Perdone, ¿mi chillo en su arte?

-Sí, claro, suena muy bien, es muy musical.

Tiene un aire rural,

agrario, hasta pastoril, que me viene al pelo.

-A la lana mejor, que está pensao pa eso.

Pero espere,

¿está uste segura?

-Es más, Jacinto,

creo que quedaría más auténtico si lo interpretaras tú.

-¿Yo? -(BELLITA ASIENTE)

# ...moreno mío... #

¡Iepa-ia! ¡Ole!

¡Ole! ¡Olé! -Di que sí.

Ahí nos tiene, Fabiana,

tirándonos los trastos a la cabeza cada vez que nos juntamos.

Y pa embarullar más la cosa, yo regaño con mi marido

y la Carmen con el suyo, y viceversa.

Un sindiós.

-¿La Carmen también?

-Como una fiera. Defiende a Antoñito en to.

Maldita la hora en la que se metieron en los partidos esos.

Ay, Señor.

¿Algo más?

-Mira, sí, ponme almendras, un kilo.

pero me las apuntas aparte, que son pa mí, no pa los huéspedes.

-¿Un kilo pa uste sola? Pues como estriñan...

-¡Calla, deslenguá!

Son pa unos que se van a relamer como los gatos.

-¿Cuálos?

-Es una sorpresa, ya te enterarás.

-¿Soy yo una de las que se van a relamer?

-Ya te enterarás, curiosona.

(Graznido de pájaros)

(Motor de coche)

Señora...

¿Podemos hablar un momento? ¿Qué quieres ahora?

No la entretendré, se lo prometo.

Te he dejado el dinero en la cocina.

¿Te ha parecido poco, desagradecida?

No es el dinero, señora, solo quiero que me escuche.

No puede hacerme esto.

¿Que no puedo? Ya está hecho.

No quiero volver a verte más. ¡Es injusto, señora!

Siempre la he obedecido en todo, sin rechistar.

Si me deja en la calle, es como si me traicionara usted.

¿Me llamas traidora?

¿Tú, que has sido capaz de todo por dinero?

No quiero volver a verte.

Si vuelves a molestarme, te denunciaré.

No podrás viajar a Alemania con tu hermana.

Señora, por favor...

Espere, doña Susana, la acompaño.

-Genoveva, ni que tuviera usted un sexto sentido.

Tengo noticias que le pueden interesar

sobre Felipe.

Se le ha metido entre ceja y ceja encontrar a ese Santiago

de mis pecados y traerlo de vuelta.

¿Cómo se ha enterado usted? ¿Se lo ha escuchado a él?

Liberto se lo ha contado a Rosina.

¿Y ha dicho cuándo piensa partir?

La fecha no la sé, pero es inminente.

Muchas gracias, doña Susana. Es usted una buena amiga.

Siempre he querido tener alguien en quien confiar,

alguien como usted. Dios se lo pagará.

Por Él y sus sacramentos lo hago.

No se puede consentir que los matrimonios se disuelvan

al antojo de sus siervos.

Marcho, que tengo otros asuntos que atender.

Con Dios. Con Dios.

Mira, Casilda,

traigo unos huesos de pernil que me ha regalado el charcutero.

Podemos hacer un caldo para cenar.

-Puede que sea por mi querencia de criada,

pero me gusta más el caldo de hueso, que el de jamón.

-Es por ser criada, hazme caso.

-Alodia, hablando de criadas,

¿sabes por qué nos llaman criadas en lugar de sirvientas?

-Qué más dará.

-No, no da igual. No es lo mismo.

Mira, Alodia, criada es una criatura

que tú la alimentas, la ves crecer...

Nosotras no somos criadas,

somos: doncellas, sirvientas, chachas, maritornes,

pero no criadas.

-Si hubiéramos sido hijas de Fabiana y Servando,

podrían llamarnos criadas.

-Mira, no me hables de la parejita,

que siguen sin dignarse a darnos las gracias.

Ni una palabra, oye.

-No me digas que esperabas eso de Servando.

No es más egoísta, porque es un vago.

-¿Y Fabiana, qué?

Ella siempre nos ha tratao con apego.

-Se lo habrá pegao Servando, como un constipao.

-No.

Mira, Alodia,

conozco de hace muchos más años que tú a la señá Fabiana,

y la ella no se deja influenciar tan fácilmente.

-Escuchad, escuchad.

¿A que no sabéis que le ha ofrecido doña Bellita a mi Jacinto?

-¿Una oveja? -¿Una cabra?

¿Un rebaño?

-Que no, callad, que ahora os lo cuento.

Será un éxito seguro.

-Sí, será entre los pastores.

Y los pastores no tienen gramófono en sus chozas.

-Tú mismo me has dicho 40 veces que era el momento de volver a cantar,

que mi público estaba esperando mi retorno como agua de mayo.

-El tuyo sí, no me desdigo;

otra cosa es que esperen con tanto fervor el grito de un pastor.

-No has visto en Jacinto lo que yo: su alma, su duende.

-¿Su "duende"?

Bueno, todavía no ha dicho que sí.

No vendamos la piel del carnero antes de haberlo pastoreado.

-Buenas. Me alegra verles por aquí.

-¿Cómo estás tú?

-Bien, perfectamente.

Ya me ven, trabajando y con poco tiempo libre.

¿Van a almorzar?

-Sí. Y con una gazuza de lobo.

-Ahora mismo les traigo la carta.

-¿Han hablado con Camino?

-Dos palabras.

No me ha dado tiempo ni a preguntarle por su madre.

Ha estado un poco brusca de trato.

-No quiere que le hagamos preguntas, es de cajón después de...

la revelación.

-Por Felicia no se preocupen, ha vuelto a trabajar.

Debe andar en la cocina.

-De Ildefonso ni una palabra, claro.

-No ha dado opción, ya le digo.

-Y no creo que fuera de gente cabal preguntar por él.

-No sé qué entiende por "cabal",

pero nada de extraño tiene que nos interesemos por su estado,

dado que no ha puesto un pie en la calle desde la revelación.

-¡Deja de decir "revelación" con ese tono solemne,

que parece que hablas del segundo advenimiento!

-Como noticia, no le va mucho a la zaga.

-Pobre Ildefonso. -Sí.

-¿Hablaban ustedes de mi marido? -¡No, para nada!

-No me trate de tonta, doña Rosina.

-Hablábamos, pero poquito

y de nada en particular, en términos generales.

-Si estiman en algo mi amistad,

quiero que me digan de inmediato lo que decían de mi marido.

-"Ha perdido el oremus".

-Estás hablando de mi marido.

-Como si es tu señor padre.

¿En qué cabeza cabe poner a Jacinto

a dar berridos en la canción de mi señora?

Es como meter un gorrino en el coro de una iglesia.

-¿Pondrán su nombre en los carteles?

-Todavía no le ha dicho que sí a doña Bellita.

-No tardará mucho en decirle que sí.

Mi primo cantante y de tronío.

Tendré que ahorrar pa comprarme el disco.

-Tendría más sentido que hiciera el disco con su hija.

Se podría llamar "Los dúos de Bellita y Cinta".

-No es mala idea, pero te has quedao corta.

Mejor sería un trío: la madre, la hija...

-Y el Espíritu Santo.

No corras tanto, que te sales del empedrao.

Mujer, de momento, va a dar un berrido, por ahí se empieza.

Luego, Dios dirá.

-Eh...

-¿Qué te ha pasao, muchacha?

Esta es más rara, que un chorizo de tres puntas.

-Eso va a ser la conciencia. ¿De verdad es tan mala como dicen?

-Como su señora,

un día parece un ángel y, al día siguiente, un demonio.

-Tenemos que enterarnos de lo que le ha sucedido.

-Sí, sí, sí.

Deberías entenderlo, Camino,

estamos preocupadas por tu marido,

y por eso nos interesemos por él,

pero con buenas intenciones, qué duda cabe.

-A eso que usted denomina "buenas intenciones",

yo le llamo entremetimiento.

-Cuidado, pequeña, que tus palabras pueden ofender.

-No se refiera a mí como "pequeña", doña Susana, por favor.

Exijo respeto.

Soy la esposa de don Ildefonso Cortés.

-Nadie duda de eso.

Sois marido y mujer y, por tanto...

-Sé lo que quiere decir.

Como también sé que disfrutan con lo escabroso,

y que nada les gustaría más que mirar en nuestra alcoba.

-Uy. -Camino...

Bellita y yo somos parte de tu familia y es mi deber aconsejarte:

modera tu lenguaje y tu tono.

Estás hablando con señoras de mayor edad que la tuya.

-Tampoco tanto.

-Me importa un ardite la edad

de quien trate de humillar a mi marido.

No permitiré habladurías ni burlas.

-Eso te honra como esposa,

pero no nos acuses en vano, somos vecinos...

-Y amigos, pese a la diferencia de edad.

-Y dale. Lo que quiero decir, Camino,

es que es humano que sintamos pena por él.

Mi marido no acepta ni la pena ni la compasión,

tan solo su admiración como el héroe de guerra que es.

Le defenderé ante cualquier tipo de humillación.

¿Queda claro?

-Camino, hija, atiende la terraza, los clientes están esperando.

-Felicia, solo nos interesábamos por su yerno.

-Ya.

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Acacias 38 - Capítulo 1260 (Parte 1)

03 jun 2020

A pesar de que todos los vecinos comenten el drama de Ildefonso Camino le aclara a su marido que lo va a apoyar pase lo que pase y le planta a cara a todos los rumores. El Marques de Pontones rechaza a su nieto.
Lolita se queja de las peleas políticas en su casa que hacen que no cenen juntos. Ramón se sincera con Liberto y le cuenta su preocupación sobre la situación familiar.
Como no se había quedado satisfecha del todo Bellita propone a Jacinto meter su grito en su nueva canción. Esto ilusiona a Jacinto y a Marcelina, quienes aceptan rápidamente, pero a Servando le da tanta rabia que malmete contra el portero.
Genoveva se arrastra ante Felipe pidiéndole que no se marche a Cuba, pero él la rechaza. Más tarde Velasco se enfrenta a Genoveva por el numerito que ha montado en la calle con Felipe. Por otro lado, Velasco le encarga a Laura el asesinato de Felipe.

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