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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 1234 (Parte 2) - ver ahora
Transcripción completa

Adelante.

¿Da usted su permiso? Pasa, Fabiana.

Señor, perdone el atrevimiento de presentarme aquí.

Vengo en representación de todo el servicio de Acacias

para darle todo nuestro apoyo

y ofrecernos pa lo que sea menester.

Gracias.

He traído estas flores pa la señora.

Déjalas donde puedas.

Ella sigue en observación, no sé cuando la van a traer.

Sepa que estamos todos mu tristes

por lo que les está pasando.

Son momentos muy duros.

Ha de ver cómo se recuperan enseguida,

en cuanto regresen a casa.

No lo sé, Fabiana, no lo sé.

El doctor me ha dicho que Genoveva

puede sufrir una fuerte melancolía al salir del hospital.

Tenga paciencia, señor.

Ella es una mujer muy fuerte.

Ya.

Pero...

ya viví esto con Celia

y me horroriza pasar otra vez por este trance.

Saldrá usted adelante, ya lo verá,

saldrá adelante como lo hizo la otra vez.

No sé de dónde voy a sacar las fuerzas.

Genoveva no sabe nada de...

la terrible noticia.

Parece que la vida, a veces se ceba con nosotros.

Parece que la vida no quiere que tenga descendencia.

Celia sufrió dos abortos

y, Genoveva, otro.

¿Por qué me pasa esto a mí?

Los caminos del Señor son inescrutables, pero tenga fe,

tenga fe, Él sabe hasta dónde puede apretar.

No me deja ninguna esperanza.

Ninguna.

Que tengas muy buen viaje, prima.

Y cuida de Jacinto, que ese ve borregas,

y tira pal monte y no hay quien lo baje.

-Me da coraje que no te vengas con nosotros.

-Y a mí.

Pero cada día que pasa, doña Rosina está es más rancia y más amargá,

y más agarrá.

Un día de estos voy a tener que pagarle por limpiarle la casa.

-No entiendo las prisas que te han entrao por salir de Acacias.

-¿Prisas? No, prima, prisas ninguna, prima.

¿Qué tiene de malo que una quiera darse un garbeo y cambiar de aires?

-En los años que llevas aquí solo has salido una vez,

y hace bien poco.

Tú te has enemistao con alguien.

-¡Quia! Yo me llevo fetén con to el mundo.

-¿Pues algún problema tienes? -Sí, tengo un problema,

que me voy a jartar a faenar

y no me voy a hacer rica. Fíjate tú qué problemática.

-Es que me tienes mu escamá, prima.

A ver si las prisas que te gastas

tienen que ver con esos telegramas misteriosos que recibes.

-Que no me jeringues más, Marcelina, que no me ocurre nada.

-Bueno, no te pongas así.

-Por cierto, ¿la señá Fabiana ha ido al hospital?

-Se lo ha pensao mucho,

pero ha decidido acudir en representación de todos nosotros.

Yo he colaborao preparando un ramo de flores pa la señora.

-Eso está mu bien, a ver si así se anima.

-Poco le va a hacer, ni aunque le regalaran mil rosas,

se le iba a pasar el disgusto.

Lo que cuenta es la intención, prima.

-Aquí estás. Te estoy buscando por to el edificio.

-Si te he dicho que me venía a despedir de tu prima.

Te hablo y tú no me escuchas.

-Será que estaba pensando en cosas de más enjundia.

-Sí, en tus ovejas, na más que tienes cabeza pa eso.

-Y pa meterte prisa, que los vecinos me han dao dos días

y vamos a perder el coche.

-Si falta más de una hora pa que salga.

-Pero no podemos arriesgarnos, es mu poco tiempo.

Además, que estoy deseando calentarme a la lumbre del hogar

y ver a las ovejas en el corral.

-Lo vamos a pasar de fábula. -Has tenido una idea de dulce.

-Oye, por favor,

dejaros de arrumacos, que os quedáis en tierra.

-Te traeremos una manta de las que tejen en el pueblo.

-Y un queso de esos que metes en aceite

y luego te rechupeteas los dedos cuando lo catas.

-Anda, marchaos, que llegáis tarde.

-Sí, que hay que coger la maleta, del chiscón.

Cuidar bien de mi prima estos días, ¿eh?

Va, va. (CHASCA LA LENGUA)

He encontrado este jarrón para poner aquí las flores.

Así están bonitas.

Aquí viene.

Seguro que está bien,

solo hay que ver lo plácidamente que duerme.

En fin,

les dejo, no quiero molestar ahora que su esposa ha vuelto.

A más ver. Gracias.

Cuando despiertes, te tendré que dar la terrible noticia.

No sé cómo hacerlo.

(SUSPIRA)

Pues esa es la pitanza que se come en EE. UU. día tras día.

-Muy bien.

¿No le dirías a Alodia que me haga un caldito?

-¡De eso nada!

A comer.

¿Quieres que nos mire todo el mundo en Hollywood cuando saques

los callos con garbanzos?

Anda, cateto, más que cateto.

Niña, prueba esto, que está "easy".

O sea, que está chupao. -Lo he entendido.

Yo no pienso hablar con nadie. -¿Qué pasa?

¿Estás enfadada?

-No, que me ha salido así.

¿Cómo me voy a enfadar, si he sido yo la que te ha traído el profesor?

Alodia,... -¿Sí, señor?

-...¿de dónde te has sacado eso de que Bellita no quiere ir

a los EE. UU.?

-De ninguna parte, es lo que me a mí parece.

-Ya. Pues creo que te equivocas,...

Bellita no para de animarme.

Hoy la he tanteado todo el día y no me ha puesto ninguna pega.

-Hágame caso, que la señora no tiene ninguna gana de marcharse.

-¿No serás tú la que no quiere ir?

A ti te da miedo cruzar el océano y tratas de desanimarnos.

-No, señor, ¿cómo iba yo a hacer eso?

En mi pueblo me hartaba de montar en el barco de mi tío.

-Mira, pues no entiendo nada.

-Si me permite un consejo,

yo que usted hablaba con ella,

pero por favor, no le diga que he sido yo la que se lo he contado.

(Puerta)

Aquí la tiene.

-"Ahora les traen lo que ha pedido".

Buenas, Ildefonso.

¿Qué le ha parecido la casa, está contento con ella?

-Estoy tan feliz como su hija, es justo lo que necesitamos,

ni más ni menos. -Me alegra escucharlo,

me hubiera llevado un disgusto si no fuera de su agrado.

-No tiene que preocuparse.

-He reservado la mejor mesa para los dos.

No tenía que haberse molestado.

-Como Camino todavía no trabaja,

le corresponde ser la clienta de honor por un día.

-Nunca me he sentado en una mesa a disfrutar del menú tranquilamente.

-Pues hoy será la primera vez.

-Buenas tardes, Felicia.

¿Tienes una mesa libre para nosotros?

A mi hija se le ha antojado.

-Solo me queda una junto a la puerta.

-Comeremos bien en cualquier sitio.

Veo que tu hija ya ha regresado de su viaje de novios.

Voy a saludarla.

Me alegro de verte, Camino.

Me ha dicho tu madre que la boda fue todo un éxito.

Enhorabuena.

-Agradecida, don Marcos.

Discúlpeme por mi actitud del otro día,

estaba nerviosa y lo pagué con usted.

-Lo comprendo, no te preocupes.

-Le presento a mi marido.

Ildefonso. -Mucho gusto.

-Encantado.

-Y yo quisiera presentarles a mi hija Anabel.

Y convidarles a una botella de champán.

-Estoy encantada de conocerles,

mi padre me ha hablado mucho de doña Felicia y su familia.

Les felicito por su enlace.

-¿Ves como también hay gente joven en Acacias?

Haréis buenas migas. -Claro.

-Estaremos encantados de recibirla en casa.

-Por favor, siéntense con nosotros,

no vamos a bebernos la botella los dos solos.

-No quisiéramos importunar a unos recién casados.

-Al contrario, estaremos encantados de que nos acompañen.

-Está bien, voy a por el champán.

¿Cómo te ha ido el día, gitana? -Muy bien.

He estado con las señoras viendo la casa de Camino,

no está mal.

Luego me he dado una vuelta por los regaos.

-Yo he estado, haciendo los últimos preparativos para el viaje.

He pensado que Cinta y Emilio

se pueden unir a nosotros cuando terminen en Argentina.

-No es mala idea.

California está pegada a México

y allí también puede tener su público nuestra hija.

-Claro.

-Además, pueden pasar años hasta que volvamos a España.

¿Te has hecho ya a la idea?

-Sí, claro que sí.

-Le he pedido a Mister Golden que nos deje unos días en Nueva York,

pa ver la Estatua de la Libertad y los rascacielos.

-Sí, puede ser digno de verse.

-Luego, cogeremos un tren que atraviesa todo el país,

lo mismo, hasta nos cruzamos con los indios que queden.

-Mira que bien, a ver si nos cortan la cabellera.

-No, mujer, no lo creo.

Ya verás cómo te va a gustar California.

Si es primavera todo el año, mucho mejor que Andalucía.

-No, Jose no, eso no, como nuestra tierra no hay nada.

-Ya verás como sí,

es un paraíso en la tierra, allí no falta de nada.

No vas a echar de menos ni el pescadito frito.

¿Qué te ocurre, corazón de mis entretelas?

¿No quieres que nos vayamos?

(RIENDO) Hala, gané.

Al dominó y a las tabas, se murió el que me ganaba.

-Buenas. -Muy buenas.

Buenas, buenas.

Óscar, siéntate, no te quiero robar más tiempo de tu partida.

¿Trae noticias del hospital?

-Sí, Servando, y son malas.

Don Felipe parece más muerto que vivo.

Y doña Genoveva está en la habitación, pero no ha despertao.

-Pues sí que estamos bien.

No sé quien me da más pena de los dos.

-¿Qué?

¿Echando una partidita? -Sí. Eh, no, no, no.

Pero muy poco.

Se supone que tenía que limpiar los cristales

y el suelo, en vez de estar de farra con los amigotes.

¿Es que no se va a centrar nunca? -Mujer, ha sido un rato de asueto.

Esto es para coger fuerzas y hacer la tarea con más ganas.

No me toree Servando,

que no se me ha olvidao la jugarreta que le hizo a Liberto y a Rosina.

¡Menudo camelo lo de la avería!

-No me reprenda por eso,

que eso lo hice por el bien del negocio, por ganar el concurso.

-"Por el bien del negocio, por el bien del negocio".

¿Y esas flores?

Ya sabía que le iba a echar la regañina, ¿verdad?

-No son mías. Si cada vez que me regaña,

le tuviera que traer flores, esto parecería el jardín botánico.

Las ha traído Marcelina, y con una nota para usted.

-¿Y esto? No entiendo nada.

-Mire la nota, a ver si se aclara.

-No hace falta.

-Doña Rosina.

-Buenas.

El regalo es nuestro, y en la nota les damos las gracias.

Es la forma que tengo de agradeceros el trato que nos habéis dispensado

durante los días que hemos estado en la pensión

hospedados.

-No entiendo nada, señora, yo pensé que todo eran quejas.

A ver, esto no es un palacio,

los colchones son duros, el desayuno justito, el olor,

los armarios pequeños...

Pero nada más se le puede exigir a quien da todo lo que tiene.

-Pues me está usted poniendo bien el local.

-Te lo digo desde el cariño.

-Pues mire, señora, yo también aprovecho para decirle

que no es usted tan quisquillosa como dicen todos.

-Me lo tomo como un cumplido.

-Ahora sí, señora,

el regalo, o sea, la chaquetilla es preciosa.

-Y de muy buen género, te diré que era mía,

está en muy buen uso. -¿Y para mí no hay nada?

-No.

-Ah, bien.

Por lo menos, recomiende el establecimiento a sus amistades,

que necesitamos clientes de alto copete.

-Bueno, si arregláis el asunto de los olores,

a lo mejor nos pasamos a tomar el aperitivo de vez en cuando.

Con Dios. Gracias.

-Con Dios.

-Que la disfrutes.

-(RÍEN IRONICAMENTE)

-La madre que la trajo.

Casi me pega un tiro el posadero

cuando le dije que las enchiladas parecían rellenas de gato.

(RÍEN) -Había un gato cuando llegamos

y dejamos de verle en cuanto hicimos el pedido.

-Si me pregunta si he comido gato, no puedo jurar que no.

-Es usted muy divertido, amigo Marcos.

-Será que esta tierra saca el lado festivo de mi padre.

Siempre ha sido muy serio. -Volver, me pone de buen humor.

-Y usted, ¿qué aficiones tiene?

-Me gusta mucho el arte,

sobre todo el dibujo y la pintura.

-Yo soy más aficionada a la música.

Si quiere podemos quedar un día y hablar de nuestras aficiones.

-Estaré encantada de que nos veamos.

-Y usted, Marcos, ¿piensa emprender algún negocio en España?

-Aún no lo he pensado, pero es muy probable,

no me gusta estar mucho tiempo inactivo.

-No les aburras con tus planes, estamos abusando de su hospitalidad.

-Es cierto, se me olvida que son unos recién casados.

Les dejamos.

-No, no, les ruego que se queden a cenar,

lo estamos pasando muy bien.

Nosotros tenemos toda una vida por delante para estar juntos y a solas.

-Como quiera, pero yo invito.

Felicia, siéntate con nosotros, por favor, no podemos cenar sin ti.

-Lo siento, pero tengo mucho jaleo. -Bueno,

nadie lo notará.

No puedes decirnos que no.

-Está bien, pero solo un momento.

¿Cómo te sientes? ¿Estás bien?

Tengo sed.

Cuidado.

¿Qué hora es?

Me siento muy extraña. ¿Qué ha pasado?

Te pusiste muy mal.

Todo se complicó.

¿Qué quieres decir?

¿Qué ha pasado?

El niño...,

lo hemos perdido.

Has comido con apetito, eso es bueno.

El médico dice que tienes que reponer fuerzas.

Claro, ¿por qué iba a dejar de desayunar?

Tengo que comer por dos.

En cuanto dé a luz volveré a mi ser y te resultaré irresistible.

Me siento tan orgullosa de que tu matrimonio haya cuajado.

Cuéntame, ¿os lleváis bien?

-Sí, bien.

-¿Solo bien? Una respuesta un poco tibia

viniendo de una muchacha recién llegada de la luna de miel.

Sigue pensando que lleva al niño en su vientre.

¿Ha insistido usted en la explicación?

Sí.

¿Tiene una habitación libre pa dos noches?

-¡Ja, pa tus señores!

-Es para mí.

-¿Qué pasa, tienes chinches en la habitación del altillo?

He tomado una decisión, si Bellita no quiere venir a Hollywood,

no pienso obligarla, aunque tenga mi sueño americano.

Por favor, se lo diré clarito,

¿no ha notado que el indiano babea por usted?

-¿Marcos? -No, el marajá de Kapurthala.

Claro, Marcos.

Su hijo ya no está en su vientre.

Dile que no, que se equivoca.

Escucha al doctor.

Solo pueden participar las pensiones que estén...

regidas por un matrimonio.

-¿Un matrimonio?

¿Se va, verdad?

-Mañana cogemos el tren. Y en dos días el barco.

Doña Celia, su primer esposa, tampoco pudo darle ningún hijo.

-Si la trataba como a esta...

-¿Qué sabrás tú?

-Es la comidilla del barrio, él la tiró.

Sabes perfectamente que lo único que nos unía

era el hijo que estábamos esperando.

Me casé contigo para disfrutar de él.

Espero que puedas perdonarme,

porque yo no sé si voy a poder hacerlo.

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Acacias 38 - Capítulo 1234 (Parte 2)

07 abr 2020

Una vez dada la noticia, Genoveva no puede creer lo que ha ocurrido, es incapaz de reaccionar y no llega a asimilarlo creyéndose que es mentira. Así que un médico va a contarle toda la verdad: ha perdido a su hijo. Mientras duerme, Felipe se disculpa ante Genoveva, quien haciéndose la dormida le clava una mirada de odio. Es su momento de destruir a Felipe.

Bellita tiene que disimular tras la pregunta que le ha hecho su marido. ¡Claro que le hace muy feliz irse a Estados Unidos! Pero Jose conoce a su mujer así que decide que quien disfrute de esa experiencia sea ¡Julio!

Felicia descarta una relación con Marcos a pesar de las insistencias de Rosina. Ahora mismo le preocupa más la relación de su hija con Ildefonso. Quien está muy seco con la joven.

Servando intenta sonsacar a Casilda cuando ella le pide una habitación en la pensión y además descubre algo del concurso que no sabía. Casilda acaba confesándole a Fabiana su gran secreto.

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