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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1232 - ver ahora
Transcripción completa

Doña Genoveva... va a ser puesta en libertad.

Ha conseguido que el magistrado

le permita esperar en casa la incoación del sumario.

Marcos me dejó una localidad para un concierto de cámara.

-Una localidad al lado de la suya, imagino.

-Eso pensaba yo, pero la butaca de al lado estaba vacía.

-¿No se ha presentado?

La policía falla más que una escopeta de feria.

-¡No es lo mismo, Fabiana!

Cesáreo es inocente, pero doña Genoveva no.

-¡Viva España y vivan los EE. UU.!

-Y la ternera y los trenes. -Eso.

-Ea. (RÍEN)

Con suerte, tengo piso para Camino.

-¿Cerca? -En el barrio, sí.

-¿Y para don Marcos? ¿Ha encontrado usted algo?

-¿No se ha enterado?

Don Marcos está buscando pisos

en los barrios nuevos de las afueras.

No quiero discutir más.

-(GRITA DE EMOCIÓN)

Pues va a ser verdad que las joyas ablandan.

-"De inglis".

-Sigo sin pillarlo.

¡El inglés, mi alma, el inglés que parlan en los EE. UU.!

Voy a traer a Antoñito pa que le dé clases, digo.

En cuanto mi catetillo comprenda

que jamás se hará entender por los americanos, desiste.

-"Una joya".

-No tenías que haberte gastado tanto dinero.

-No lo he comprao.

Me lo ha dao Casilda, que lo usó en la boda.

-¿Cómo creen que llevará don Felipe el regreso de Genoveva?

-Por el bien de su hijo,

procurará llevar una vida discreta y sin sobresaltos.

-Ya veremos con qué cara la mira.

-Y lo de la chistera es un detalle que me suena de algo.

-Ah, el Servando.

-Ah, sí, ahora caigo. -¿Qué le ha dao a cambio?

-¡Que na! Voy a pulir el suelo del tercero.

Perdone.

-Pues te pillé, socio.

Ni me mandaron un mensaje.

Bueno, ya está usted aquí, pelillos a la mar.

No.

Si no vinieron a visitarme

es porque me creen culpable de ese asesinato.

Se confunde usted, Genoveva, somos buenas cristianas.

Hipócrita.

Me siento muy orgulloso de comunicaros

que me voy a unir al partido.

-¿Qué partido?

-Al Partido Liberal, por supuesto.

Pienso dedicarme activamente

a la política nacional.

Yo soy la única que ha luchado por este matrimonio.

Todo lo que sea necesario.

Me voy. No serás capaz.

No me dejas alternativa.

Cuidaré de mi hijo, le educaré, pero ya no te considero mi esposa.

(EN INGLÉS) "I am Jose,

I come from Spain".

-No sé, señora, el señor parece que tiene talento.

-Lo que tiene es caradura, que no le da vergüenza nada.

Nunca, ¿me oyes? ¡Nunca me dejarás,

no mientras mi hijo y yo sigamos con vida!

¡Quita, quita! (GRITA)

Genoveva. ¡Eh, Genoveva!

Contéstame. ¡Ayuda, por favor!

¡Un médico, por favor! ¡Ayuda, rápido!

¡Señora! Dios mío.

No la toques.

¿Qué ha pasado? No la movamos.

La lesión puede empeorar.

¿Quiere que vaya a pedir ayuda?

-El oído los gritos de auxilio.

¿Qué ha pasao?

Quédate con ella, voy a llamar a un médico.

Tenemos que llevarla a un hospital.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Tan fuerte fue el golpe como para llevársela al hospital?

-La mujer no volvía en sí ni con sales ni con na,

y se la han llevado inconsciente.

-Desde luego, lo que no le pase últimamente a esa familia...

Mira, ahí está el señor.

Buenas tardes.

Bellita, te hacía merendando con las otras señoras.

-Calla, anda, que no sabes lo que acaba de pasar ahí enfrente.

-Luego me cuentas, no me vengas con dramas,

que te traigo buenas noticias.

-Noticias no sé, pero el señor viene cargadito de paquetes.

-Mira lo que te he comprao.

Este negro para ti, que es más elegante.

-¿Esto es para mí? -Ese para ti...

y este para mí.

Anda.

¿Y qué me dices de esto? -¿Y esos botos?

¿Estás pensando ir al Rocío?

-Que Rocío ni Rocío.

Verás cuando te ponga esta música.

-¿Qué vas a poner?

-Música americana, para meternos en el ambiente, como tú decías.

(Música)

¡Yuju!

¡Yija!

(RÍE)

-¿Y eso es lo que se escucha en los EE. UU.?

-Así es, así que ve haciéndote el oído.

-Si parece el organillo de mi primo Carlitos.

-Venga, a bailar todos.

Tú también, que no se diga que los de Almería no tenemos gracia.

-Don Jose, está música no me provoca.

-Tú muévete y haz lo que puedas.

Vamos a enseñarle a Alodia cómo se baila.

Ven p'acá.

¿Ves?

Y ahora.

-Jose, para.

-Venga, que ya le has cogido el tranquillo.

-¡Para, que no quiero bailar esto!

¡Como me pises los juanetes, vas a llegar América antes de tiempo!

-Anda ya. Ven aquí.

(Música)

-¡Jose, que no tengo el cuerpo pa cachondeo

con lo que le ha pasado a Genoveva!

-Vamos a ver,

¿se puede saber qué le ha pasado a esa mujer ahora?

-Que se ha matado, que lo mismo se ha matado.

(Apaga la música)

-Chiquilla,

¿cómo que se ha matao?

No vean cómo gritaba el abogado,

que parecía que tuviera la casa en llamas.

-Yo no escuché nada desde la cocina de mis señores.

-¿Y dice que se encontró a Genoveva tirada en el suelo?

-Con un golpe en la cabeza. -Dios bendito, ¿y estaba viva?

-Parecía que respiraba, pero nos atrevimos a tocarla.

-Imagino que don Felipe le daría alguna explicación.

-No dijo ni mu,

digo yo que por los nervios o la premura de ayudar a la mujer.

-Ya. Pa mí que algo de enjundia ha ocurrido entre esos dos.

-Casilda, mejor no entrar en honduras

y esperar a ver qué nos cuentan.

-Sabemos seguro que un coche se la llevó al sanatorio.

-Dios quiera que todo esto salga bien.

-Buenas.

-Seguro que tú tienes noticias más frescas sobre tu señora.

-No sea gañán, Servando, ¿no ve que la muchacha viene descompuesta?

-Una tila me vendría de perlas, aún me tiemblan las manos del susto.

-Anda, mujer, tranquila.

Siéntate, que yo te sirvo una tisana.

-Menos mal que estaba usted,

me dejan sola con la señora y me da un patatús.

-A ti y a cualquiera.

-¿Y tú dónde estabas cuando eso ocurrió?

-En la cocina, trajinando en mis cosas.

-Ah. Qué raro que no escucharas nada.

-Servando, por Dios.

-A ver, que entre el salón y la cocina del principal

no hay tanto trecho.

-Algo escuché.

Creo que los señores discutían,

de vez en cuando oía una palabra subida de tono, ya me entienden.

-¿Lo ve? Lo que yo decía.

-¿Ve cómo no voy tan desencaminao?

¿Estás sugiriendo que llegaron a las manos

y que don Felipe fue el culpable de dejar a doña Genoveva en ese estado?

-No se atreva a poner esas palabras en mi boca.

-Basta ya de malmeter y elucubrar, que no hacen más que darle al magín.

Ya saben que cuando el ingenio se desborda,

la locura campa a sus anchas.

-Diga que sí, Fabiana,

que seguro que al final ha sido un accidente.

-Sea lo que sea, habrá que esperar a ver qué resulta.

-Hay que ver, lo que no le pase a esa pareja...

-A mí me da pena don Felipe,

desde que se fue doña Celia, no levanta cabeza.

-Dios quiera que doña Genoveva no salga malparada de esto.

-Ni lo pienses, muchacha.

Anda, tómate eso calentito, que te sentará bien.

¡Las siete y media y sereno!

-Por favor, limpia esa mesa.

-¿Se sabe algo de la parejita?

-Nada, Cesáreo, Camino ni me ha llamado

ni me ha enviado una postal.

-Esos dos tortolitos se lo están pasando tan bien,

que no tienen tiempo para más.

-Conociendo a mi hija, es bastante normal.

-Tome la falta de noticias como una buena señal y alégrese.

-Imagino que son así las cosas. -Mentalícese,

su hija ya no es una cría, es una mujer casada.

Hay que deja volar a los hijos.

-Se me han ido los dos al mismo tiempo,

me va a costar acostumbrarme.

-Hágame caso y piense en usted,

ha criado y casado a dos hijos. Ahora tiene que pensar en usted.

Es su momento. -¿Mi momento para qué?

-Para hacer lo que quiera.

Viajar, tomar clases de baile, conocer otra gente...

-Qué cosas dice, Cesáreo,

bastante tengo ya con el restaurante.

-Si hay voluntad,

siempre hay tiempo.

-Ande, no le dé al palique y siga su ronda.

-Con Dios. -Con Dios.

-Don Marcos.

-Hola, Marcos.

-Hola, Felicia.

-¿Te importaría entrar en el restaurante?

-He almorzado tarde y no me apetece cenar.

-No es para comer.

Por favor, pasa un momento, te lo pido.

-Siéntate.

-Tú dirás a qué tanto misterio.

-Quería disculparme por mi comportamiento del otro día.

Mis dudas hacia ti fueron de muy mala educación y mal gusto.

No debí juzgarte sin saber.

-No tiene la mayor importancia.

-¿Me perdonas, entonces?

-Disculpas aceptadas.

Aunque yo también quería perdón a ti,

no suelo hablar así a una mujer.

-Tu comportamiento era normal ante mi actitud.

-No, no, no, aun así, pequé de temperamental.

-Marcos, quiero que sepas que me alegra volver a verte.

Después de mi metedura de pata, pensé que no volverías a venir.

-Ya ves que estabas equivocada.

-Te vi antes en la calle, pero no me pareció el momento.

-Bueno, dejémonos de perdones y disculpas y vayamos al grano.

-¿Al grano?

-Si me he acercado hasta el barrio es porque tenía un propósito,

me gustaría reservar una mesa para mañana.

-Por supuesto. ¿Para ti solo?

-No, esta vez comeré acompañado.

Seremos cuatro.

-¿Cuatro? -He pensado que...

no hay mejor lugar para agasajar a mis invitados.

-Estaré encantada. Espero estar a la altura de tus acompañantes.

-Los conoces, se trata del matrimonio de Liberto y Rosina.

-Son amigos del barrio.

Entonces,...

don Liberto, Rosina y tú sois tres,

pero hablabas de una cuarta persona, ¿no?

-La otra es alguien muy especial,

por eso es importante que todo resulte impecable.

-Descuida, así será.

-Está bien.

Te dejo, Felicia.

Gracias por todo.

Te concretaré la hora en cuanto hable con mis invitados.

-No hace falta que te pases,

con una llamada telefónica será suficiente.

Así lo haré. -Con Dios.

-Con Dios.

Cuanto más sabemos, del accidente de doña Genoveva,

más sospechoso es todo.

-Lo mejor es no dar nada por sentado

y rezar para que su hijo salga bien de esta.

-Con lo ilusionada que estaba la señora...

-Ya. Ella y don Felipe,

que por fin iba a ver su sueño de engendrar a un niño.

-Me marcho al mercao antes de que cierre el puesto de las especias,

que a la señora se le ha antojao cenar callos.

-Veo que sigue sin querer probar la comida de la pensión.

-Que no, Fabiana, no es por su comida, si su comida le pirra,

es que ya sabe usted, mi señora es un poco tiquismiquis.

-De algo me había percatao.

-Casildilla, echa un poco más de garbanzos

y me apartas un plato pa mí.

-Pa usted y pa la señá Fabiana, faltaría más. Con Dios.

-Venga. -Prima, aquí estás.

Ha llegado un telegrama urgente pa ti.

-¿Para mí?

-Ábrelo, ¿no te han dicho que es urgente?

-¿De quién es? ¿Qué pone?

Pero ¿qué haces, loca? -Nada.

No hago na.

-¿Han visto eso?

-A la Casilda le pasa algo raro.

-No hay que ser muy astuto

para ver que algo preocupante se trae entre manos.

-Preocupante es no haber cambiado aún las sábanas

de las habitaciones desalojás con la hora que es.

Yo voy pa dentro.

-Marcho también a faenar.

-(CHISTA) Jacinto, ven p'acá.

-¿Qué? -Pasa. Cierra la puerta.

¿Cómo va lo de la avería en casa de doña Rosina?

-Ah.

Como la seda, tal y como usted quería.

-¿Podrías alargar el paripé unos días más?

-¿Más? Pero Servando,

a ver si se van a dar cuenta y va a ver su gozo en un pozo.

-Que no, hombre, que no.

-Un día voy a perder la cabeza.

-(SILBA) -¿De qué rayos están hablando?

-De nada. -Ya, ya, ya.

-De nada bueno, diría yo.

¿Qué andan tramando?

-Eh... -"Eh"...

Que no.

¿En qué lío le ha metido a este?

No ve que no piensa en na bueno. -¿Yo?

-Sí, usted.

-No hay ninguna avería... -Por el amor de Dios...

-¡Deje que hable, deje que hable!

¿Qué es eso de que no hay ninguna avería?

No hay ningún problema con el agua en casa de doña Rosina.

-Chivato. -¿Y qué hacen en la pensión?

-Servando quería que los señores se hospedaran

para tener clientes de postín. -Ya.

Y usted se ha prestado a hacer el paripé con este insensato.

-Algo así. Con Dios.

-¿Y usted qué? ¿Se puede ser más zoquete?

No hay manera de que usted aprenda.

-Deje que yo le explique... -No hay na qué explicar.

Aclare este asunto con los señores, si no quiere que lo haga yo.

Usted verá. ¡Y rapidito!

-De verdad, uno no sabe cómo hacer las cosas pa que le salgan bien.

Me parece una gran noticia.

El país necesita a gente de principios

y con las ideas claras como usted, don Ramón.

-Entrar en política es una decisión seria que requiere de su tiempo.

-¿Todavía no lo tiene decidido?

-Así es, hijo, pero es normal que surjan dudas, ¿no, don Armando?

-Normal y recomendable, diría yo,

pero en su caso, puede estar tranquilo,

su ideario encaja a la perfección en el programa del partido Liberal.

De hecho, me sorprende que no haya ingresado antes.

-He de reconocer que me he visto varias veces tentado,

pero no me atrevía a dar el paso,

supongo que necesitaba un empujón.

-O que usted es demasiado íntegro como para corromperse,

que no sería el primer político deslumbrado por el poder.

-Preferiría cortarme las mano antes que meterlas en las arcas públicas.

-Doy fe de que mi padre está vacunado contra esos instintos.

-No le dé más vueltas,

ha dado el paso adecuado en el momento preciso, hágame caso.

-Señores, marcho.

-¿Vas a salir?

-Sí, tengo cosas que hacer,

y así ustedes pueden continuar con su tertulia particular.

-Bueno, pues que pase buena tarde.

-Muchas gracias.

-Venga.

En fin, señores, que sea lo que sea,

espero tener los pies en la tierra

y ser coherente con mi forma de actuar.

-Usted es una persona muy íntegra,

no creo que deba preocuparse por perder las formas.

-Hablando de perder las formas, ¿qué dicen del asunto de Genoveva?

-Lolita me ha comentado que ese asunto no está del todo claro.

-Por lo poco que conozco a los implicados,

creo que ambos mantienen una relación...

delicada, digamos.

-Esperemos que el asunto no tenga mayores consecuencias.

-Ojalá me equivoque, pero tengo la impresión

de que la relación entre don Felipe y su esposa es bastante compleja.

-¿"Compleja"?

No sea tan correcto, don Ramón, y diga lo que todos pensamos.

Es una relación basada en la desconfianza.

-En esas circunstancias, establecer un equilibrio,

debe resultar imposible.

-Efectivamente, quien es víctima pasa a ser verdugo y viceversa.

-Yo no quisiera estar en la piel de Felipe.

-Y tampoco en la de Genoveva.

-Esperemos que lo que ha sucedido

no tenga consecuencias irreversibles.

-Ojalá, porque sería una desgracia.

-¿Un poco más de café? -Por favor.

-Yo estoy bien.

¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cómo?

¿Don Felipe Álvarez Hermoso?

Doctor, ¿cómo está Genoveva?

Su mujer ha recuperado la consciencia

y ha preguntado por usted.

¿Cómo está?

Verá,...

los resultados de las pruebas y las exploraciones han sido positivos.

Sufre una contusión craneal y una pequeña brecha,

que no ha necesitado puntos de sutura,

con un apósito ha sido suficiente.

Al ver la sangre, temí lo peor.

De momento, es mejor que no la vea,

ya que sufre de un tremendo dolor de cabeza,

algo normal que no debe preocuparle.

No se aflija, el parte de su mujer es optimista,

aunque tendrá que estar en reposo.

Para ello, le hemos suministrado sedantes,

en la medida de lo posible, claro.

¿En la medida de lo posible?

¿Eso quiere decir que la criatura...?

El feto no ha sufrido daño alguno y el embarazo prosigue con normalidad.

(SONRÍE)

Le dejo, tengo pacientes que atender.

Aquí tiene doña, Felicia.

¿Quiere que le ponga una revista para las señoras?

-No, gracias, sería tirar el dinero,

las señoras prefieren hablar y no leer.

-Buenos días. Marcelina, ¿podrías darme la prensa de Armando?

-Enseguida.

-A mi marido le gusta desayunar leyendo el periódico,

ya ves tú, empezar el día con malas noticias.

-O buenas, doña Susana, que no todo son desgracias.

El otro día sin ir más lejos, se desposaron los dos hijos de Felicia.

-Sí, y ayer casi perdemos a Genoveva.

-Hay que ver, que no pasa ni una.

-¿Le ha comentado su sobrino algo de la casa que ha conseguido

para Camino e Ildefonso?

-No hemos coincidido, me lo dirá cuando nos veamos.

-Cuando lleguen de viaje, iremos a verla.

Espero que les guste.

-Lo bien que va a estar con su niña cerca.

-La verdad es que me tranquiliza mucho.

Es normal que una madre se preocupe por su hija, ¿no?

-Sí, pero ahora, con quien mejor va a estar Camino es con su marido.

-Ya.

Siento cierta desazón por saber cómo le ha ido en su luna de miel.

-¿Cómo le va a ir? Bien, como todas las parejas.

-Diga usted que sí,

anda que no estábamos encendíos mi Jacinto y yo esos días.

-¡Pero bueno!

No se inquiete, Felicia,

Ildefonso es un caballero de buena familia,

y seguro que sabe tratar estas situaciones con mucha delicadeza.

Hasta más ver.

-Con Dios. -Con Dios, señoras.

-¿Sabe lo que le digo?

Que su amigo, don Marcos, me parece todo un caballero.

-Tanto, que últimamente se rodea de muy buena compañía.

Ayer mismo me pareció verle con una mujer.

-¿Una mujer?

Parecía más joven que él, y muy elegante, por cierto.

-Me extraña que mi sobrino no me haya dicho nada al respecto.

Marcos y él se han hecho muy amigos,

y suelen confiarse ese tipo de cosas de hombres.

-La mujer no parecía una querida.

-Vaya usted a saber, a los indianos

les sobra el dinero y las mujeres.

Vienen con esas costumbres de América

y se pasean sin ningún pudor con la primera de encuentran.

-Me extraña que don Marcos se exhiba de forma tan ostentosa

con una cualquiera.

A lo mejor se ha comprometido con alguien de aquí.

-¿"Comprometido"?

En ese caso, habrá que felicitarla,

por la rapidez con la que lo ha cazado.

-Doña Susana, tengo que dejarla, tengo trabajo. Con Dios.

-Con Dios. Voy a tomar agua con limón.

-Cuídese.

(Llaman)

Adelante.

Buenas, don Felipe.

Buenas.

-¿Cómo se encuentran Genoveva y la criatura?

Bien,

ambos están bien.

Según los médicos, han conseguido escuchar el latido del feto.

Gracias a Dios.

Saber que mi hijo está bien y que no ha sufrido daño,

me ha quitado un gran peso de encima.

-Que Genoveva esté bien, también le habrá tranquilizado.

Sí, también es una gran noticia.

-Don Felipe, no quiero ser indiscreto,

pero entenderá que la rumorología se ha disparado después de lo sucedido.

Si han escuchado que yo la agredí, es falso.

-Entienda a la gente, usted estaba con ella cuando todo ocurrió.

Pero yo no soy el causante del mismo. Verán,...

Genoveva y yo discutimos,

yo quise marcharme de casa y ella lo impidió.

Apenas la empujé, fue un accidente.

Si le llega a pasar algo a mi hijo,

me sentiría culpable aunque no lo fuera.

Eso no ha ocurrido, así que no se torture.

Si la situación de nuestro matrimonio ya era difícil,

la vida en casa será extremadamente complicada.

-Lo más importante es que Genoveva se recupere y esté pronto de vuelta.

Sí,... tiene razón.

-Además, ya sabe que puede contar con el apoyo de todos los vecinos.

Gracias por el apoyo.

¿Le gusta?

Le he puesto zurrapa que sobró de ayer.

-Esto es manjar de dioses. Prepárame otra.

¿No quieres un poco, niña?

-Quita, que estoy desganá.

-¿Todavía sigues pensando en... Genoveva?

-Bueno, en realidad sí, la que estará pasando la pobre,

que una no le desea el mal a nadie.

-Ya. Deja las angustias, que esa mujer está en buenas manos.

-No es solo la vecina, Jose,

me tiene inquieta pensar qué pasará con Cinta cuando acabe su gira.

-Pues qué va a pasar, que empezará otra y ya está,

que pa eso, la niña es una artista como la copa de un pino.

-¿Y si no estamos en España cuando ella vuelva?

-Que se vaya a Hollywood,

seguro que allí hace carrera.

-Ay, Jose, a todo le ves solución.

-¿Y eso es malo? -Malo no,

pero eso no quita que el problema esté ahí.

-A ti no hay quien te entienda, bonita.

¿Tú la entiendes, Alodia?

(Puerta)

-Voy a abrir.

-Niño, ¿tú esperas a alguien?

-(CHISTA)

-Muy buenas.

Antoñito, qué bien que haya venido. Hola, Julio.

Espero no importunarles, pero Jose me dijo que viniera temprano.

-Sí, le he pedido que nos dé otra clase de inglés.

Esta vez, para aprender a llamar a los animalitos de granja,

por si montamos un rancho.

-¿Animalitos pa un rancho? ¿Tú has perdido la chaveta?

-Allá donde fueres, haz lo que vieres, ¿verdad Antoñito?

-Sí, cierto.

Es muy común entre las estrellas de Hollywood tener un rancho

para huir de la vorágine de la ciudad.

-Como Julio nos va a visitar cada dos por tres,

le he dicho que se venga y así también aprende algo de inglés.

Ah, y en cuanto Cinta y Emilio desembarquen de vuelta,

les apuntamos a una academia,

no vayan a quedarse atrás con el idioma.

-¿Nos ponemos manos a la obra? -Vamos ya.

Julio, siéntate aquí conmigo.

-He traído unas tarjetas para dinamizar la clase.

Enseño la cartulina, lo digo y ustedes lo repiten.

Sencillo, ¿no?

Muy bien.

A ver...

Podemos empezar, por ejemplo, con...

"horse".

-"Horse". -"Horse".

-Sí. -"Horse".

-"Hors". -"Horse".

-"Horse". -"Horse".

-Muy bien, no está nada mal. Bellita.

-"Jors..."

"Jors". Si parece una palabrota.

-Bueno, igual es complicada para empezar.

Busquemos otra, por ejemplo...

"chicken".

-"Chickan".

-"En".

"Chicken". -"Chickon".

-¿Qué chickon? No, "chicken".

-"Chicken". "Chicken".

"Chicken".

-Bien, bien, bien.

-"Chicken". -Alodia.

"Chicken".

-¿Qué?

-"Chicken".

-"Chicken".

-Muy bien.

A ver, Bellita.

"Chicken".

-"Shiki".

-(RÍE)

-¿Cómo que "shiki", qué es eso?

-"Shiki". Como chiquillo, ¿no?

-Bueno, sí.

La siguiente. Por ejemplo,...

"rabbit".

¡Iepa-iá! ¿Qué haces?

¿No ves que nos puede ver cualquiera, cordera?

-Y si no, ya te encargas tú de dar la señal de alarma

para que pregunten qué es lo que pasa.

-Eso me gustaría saber a mí,

que no es normal verte tan encendía a estas horas.

-Encendía perdía me pongo

cada vez que me acuerdo de tu declaración de amor,

que to es poco pa demostrarte que te he perdonao todas las afrentas.

-Se agradece que se le valore a uno como merece.

-Y el regalo que me hiciste, me llegó al alma.

Cuánto te quiero, Jacinto.

¡Iepa-iá!

-Pero ¿qué estáis haciendo aquí?

¿Y ese grito borreguero que ha resonado hasta en la calle Mayor?

-Aquí os dejo con vuestras cosas,

que tengo que ir al plomero a hacer unos recados.

-Claro.

¿Qué pasa aquí?

¿Por qué se pone a gritar si estáis tan acaramelados?

Como nos hemos reconciliao, nos hemos puesto cariñosos.

-Eso está muy bien, pero andaos con ojo,

porque os he pillao yo, pero podía ser una señora.

-Lo sé,

pero con mi Jacinto es difícil contenerse,

cada vez que miro el broche que me ha regalao,

me dan ganas de llorar de contentura.

-Mira qué bonito.

Pues cuidado, que doña Rosina no lo vea,

que luego se enfada conmigo por haberme deshecho de un regalo suyo.

-No te preocupes, prima. No sabes lo feliz que soy.

Anda que no me arrepiento de haber sido tan dura con él,

si no hay hombre más bueno en to el firmamento.

-Ya. Mi primo tiene sus cosas, pero a bueno no le gana nadie.

-¿No sería de justicia corresponderle regalarle algo?

-¿Algo cómo qué?

-No sé, tú lo conoces mejor que nadie, ¿podrías ayudarme?

-Por amor de Dios, Marcelina, que tú eres su mujer,

le conoces mejor que yo.

-Ya, pero tú eres su prima.

-Bueno, pues na, déjame que le dé vueltas al magín.

Marcho, que tengo faena.

-Me voy contigo.

Felicia, ¿qué hace tomando un café en la competencia?

-Estoy esperando a que Liberto baje de su habitación.

Hay un asunto que debo tratar con él.

-Yo he aprovechado para liquidar con Fabiana unas cuentas.

¿Algo reseñable en la prensa?

-Los anarquistas, han vuelto a atentar contra un político.

Como sigamos así,

nos vamos a tener quien nos represente.

-¿Y dice ahí cómo fue?

-La víctima era un diputado en Cortes que estaba en la barbería

de la calle de la Fuente.

-A Ramón le gusta mucho ir allí a afeitarse.

-¿Ah, sí?

Pues que se ande con cuidado, que estos asesinos se llevan por delante

a cualquiera,

aunque no tenga nada que ver con la política.

-Sí, se lo diré.

Son tiempos convulsos.

-Y tanto, las barbaridades están a la orden del día.

Dan ganas de no salir de casa.

-Buenas. -Buenas.

-Buenas, Rosina. Pensaba que estaría en la habitación.

-Esta mañana hemos madrugado para ir a visitar a Felipe al hospital.

Liberto se ha quedado acompañando a su amigo.

-Bien hecho.

-En ese caso, ya encontraré otro momento para hablar con él.

¿Cómo se encuentra Genoveva?

-Aún convaleciente, prefieren que no reciba visitas.

Al menos, el golpe le ha afectado solo a ella y no a la criatura.

-Me alegro de oírlo.

¿Le dio Felipe detalles del accidente?

-Al parecer, un tropiezo fortuito que la hizo caer.

Parece que estaban discutiendo.

-Vaya.

Bueno, señoras, marcho, que me queda mucho por hacer.

Que tengan un buen día. -Con Dios.

-(SUSPIRA) Yo también me retiro,

aunque no soporto el olor a col que se cuela por las habitaciones.

-Nos vemos luego en el restaurante. -Ah, sí.

Creo que Marcos se ha encargado de reservar mesa, ¿no?

-Sí, ha reservado mesa para cuatro:

Marcos, Liberto, usted y...

¿Sabe quién es el cuarto comensal?

-Ni idea. Yo con que me inviten, lo demás, plin.

Ni sabía que íbamos a ser cuatro.

¿Por qué le interesa tanto? -Por logística.

Me gusta quedar bien,

y nada mejor que saber la identidad para poder sorprenderla

con algo que la complazca.

-¿Cree que será una mujer? Ha dicho "sorprenderla".

-Cómo es usted. Es una manera de hablar, no me haga caso.

¿Le ha dicho Felipe cuando saldría Genoveva del hospital?

-Ya le he dicho que no,

está convaleciente y no recibe visitas.

Bueno, a más ver.

Luego nos vemos, Felicia. -Con Dios.

Ni "jors", ni "chiqui", ni "cao",

con lo fácil que es decir caballo, pollo y vaca.

-Digo yo que será acostumbrarse,

que los forasteros que van al pueblo no entienden na cuando llegan.

Que si chavean, que si merdellón... -Que sí, que sí,

pero vengan los americanos a darnos lecciones cuando no saben ni hablar.

-Señora, coma despacio los mostachones, que se va a atragantar.

-Parece que me ha mirao un tuerto, haga lo que haga, se me tuerce.

Le voy a poner un poco de "water".

De agua.

Jose está tan metío en lo suyo, que no ve más adelante.

A él, todo le parece bueno. Ya verás el porrazo que se va a dar.

Niña, estos mostachones están de muerte.

¿Te los han traído de las clarisas de Utrera?

-No, los he hecho yo esta mañana.

Niña, parece que le vas cogiendo el tranquillo a la cocina.

-Le he puesto casi un kilo de harina y media docena de huevos,

pa que no se quede con las ganas.

-Pues nada, la próxima vez le echas el doble,

que con esta tensión americana, los voy a necesitar a todas horas.

Señora, a ver si se va poner mala.

-Mala estoy con la que me está cayendo,

que cada vez, la cosa se pone peor.

-Don Jose no se baja del burro ni a la de tres.

-Nuestra única esperanza es que el dichoso Golden cambie de opinión

o que se encapriche de otro actor en Italia.

-¡Traigo "very good news"!

-¿Qué ha dicho?

Mira, mi alma, hazme el favor de hablar en cristiano.

-Digo que traigo muy buenas noticias.

Acaba de llamarme Mister Golden, recién llegado a la ciudad.

-Pronto se ha aburrido de Italia el gachó.

-Escucha, faraona,

me ha dicho que partirá a los EE. UU. en el primer barco salga,

dentro de cuatro días.

-Pues mira tú qué bien, que tenga buen viaje.

-No, no me has entendido bien,

no, no, no, no,

que quiere marchar a Norteamérica pero con nosotros, todos juntos,

¿qué te parece?

(DON JOSE RÍE)

Habitación nueve para usted, caballero,

habitación número once para usted.

Que tengan una buena estancia con nosotros.

Para lo que sea menester, aquí me tienen, soy Fabiana.

Y ahora, les acompaño.

Al fondo tienen ustedes las habitaciones.

-Gracias, muy amable.

-(ROSINA SUSPIRA)

-Señora, ¿se puede saber qué le molesta ahora?

El café está frío, al menos para mi gusto,

bueno, para el mío y para cualquiera con un poco de sensibilidad.

-Se ha quedao frío, porque lleva quince minutos

removiéndolo con la cucharilla. -¿Qué dices?

-Lo que oye, que cuando se lo serví estaba calentito de ley,

como el del señor, ¿verdad? -Qué impertinente.

-¿Perdone?

-¿Tiene la señora alguna otra queja más?

-Pues sí, ahora que lo dices, sí,

mi armario es muy pequeño, Fabiana,

y eso que no he traído todas mis cosas.

Los vestidos están tan apretados, que se arrugan sin ponerlos.

-Vaya por Dios, el armario no es de su gusto.

-Y también le recomendaría que instalara

algún sistema de ventilación.

El olor a comida inunda el pasillo y se me hace insoportable.

-Pobre, el olor tampoco le gusta.

-Más que olor, lo llamaría peste, señor.

-(SERVANDO RÍE)

Doña Rosina, por fin va a volver a su casa.

-¿De verdad?

Los operarios me han dicho que mañana mismo terminan la faena

y podrá volver a su casa.

Ni hoteles de lujo ni castillos reales,

no hay nada como el hogar de uno.

-Y que lo diga. Más tiempo aquí y sabe Dios qué sería de mí.

-Señora, y de sus vestidos, no lo olvide.

-Pues sí, quiera Dios no volver con ningún vestido apolillado.

Las polillas las traerá usted de fuera,

que mis armarios están aireaos y con lavanda pa espantarlas.

-Y que sepa, que tanto don Liberto como usted

pueden volver cuando quieran,

las puertas de esta pensión siempre estarán abiertas para ustedes.

-Qué suerte tenemos.

-Y como gentileza de la casa,

sí quiere, puedo llevarle sus enseres al 38.

-Si se empeña... Voy a arreglarme, he quedado para comer.

-¡Mastuerzo!

Poco más y se arrodilla delante de ella, rediez.

-Qué poca cintura tiene usted para algunos clientes potenciales.

-Mire, si esos clientes son como doña Rosina,

los quiero bien lejos y encerraos,

que solo traen disgustos y sinsabores.

-Mal, mal, muy mal, si usted piensa así.

Menos mal que servidor tiene visión comercial,

si no, apaga y vámonos.

-Mejor me voy, harta me tiene de sus tontás.

-Mejor váyase, no vaya a liarla ahora

después de haber aguantado a Rosina estos días.

Señor, dame paciencia.

(RESOPLA)

Hola, mi vida.

Hola.

No recuerdo nada, ¿qué ha ocurrido?

No hables, estás muy débil

y debes descansar para curarte cuanto antes.

El niño...

Tranquila, el niño está bien.

Vamos.

No llores.

Descansa.

La única verdad es que tú y yo estamos casados

en santo matrimonio,

que prometiste amarme y protegerme,

y que, en consecuencia, harás lo mismo con el hijo que voy a darte.

Si esta carta está en lo cierto, eres tú la que has roto tus votos.

¡Sí, si estuviera en lo cierto!

Pero si fuera mentira, como lo es, eres tú quien está traicionándome

y, conmigo, a Dios y a tu hijo.

Yo soy la única que ha luchado por este matrimonio.

Y lo seguiré haciendo. Todo lo que sea necesario.

Me voy. No serás capaz.

No me dejas alternativa.

Cuidaré de mi hijo, le educaré,

pero ya no te considero mi esposa.

¡¿Por esa perra mestiza?!

¡¿Me vas a dejar porque no puedes olvidar a tu fulana negra?!

¡Tendrás que matarme para salir! ¡No te dejaré marchar!

No hagas que esto termine mal. ¡Nunca!

¡Nunca me dejarás, no mientras mi hijo y yo sigamos con vida!

¡Quita, quita! (GRITA)

Genoveva.

Genoveva.

¡Eh, Genoveva!

¡Un médico, un médico, por favor!

Enseguida les traen lo que han pedido.

-Me ha dicho Felicia que tiene ancas de rana.

A lo mejor las pido, hace tiempo que no las como.

-Dejemos que sea don Marcos quien decida,

a fin de cuentas, es una invitación suya.

-Que pida lo que quiera, pero no creo que me niegue un capricho.

-Mujer, ni que estuvieras embarazada.

-Le digo que lo estoy y santas pascuas.

-Serás capaz... -Ponme a prueba.

-Hay que ver, unos disfrutando de una suculenta comida

y otros se debaten entre la vida y la muerte.

-¿Y eso a qué viene?

-Es un pensamiento que me ha venido, una paradoja.

-Si lo dices por Genoveva, pues tranquilo,

Felipe nos comentó que está fuera de peligro,

ella y la criatura que esperan. -Lo sé, cariño,

pero puede haber acabado mucho peor. Pero al fin y al cabo, es la vida,

tiene momentos alegres y momentos tristes, son las reglas del juego.

-Amor, no hay que ser muy leído para llegar a esa conclusión.

-Estaba reflexionando en voz alta.

-La próxima vez, te guardas los dramas para ti,

que hemos venido a comer y a disfrutar.

-Qué contenta te pones cuando sales a comer fuera.

-Y más, regalada.

-Veo que no han llegado los comensales.

-Todavía no.

-Felicia, nos lo acaba de preguntar,

parece que nos quiere despachar para cerrar la cocina pronto.

-Rosina, por Dios, no me malinterprete.

-No le haga caso a mi mujer, estaba de broma, ¿verdad?

-No. Yo creo que detrás de tanta insistencia,

hay algo oculto.

-Parece que entre mujeres no hay secretos.

Reconozco que siento cierta curiosidad

por saber quién es la cuarta persona.

-¿Ves como tenía razón?

-Ya. En asunto de mujeres tengo mucho que aprender.

-Juego con ventaja.

Felicia lleva con el mismo run run desde esta mañana.

-Cuando Marcos reservó la mesa,

me dijo que se trataba de una persona muy especial

a la que le gustaría presentarme.

-¿Os imagináis que viene acompañado

de la mismísima reina Victoria Eugenia?

Tengo entendido que a ella también le gustan las ancas de rana.

-No creo,

ya de joven dio mucho qué hablar por sus ideas republicanas.

-Pero con la edad, el hombre se acomoda

y aplaca sus impulsos revolucionarios.

-A ver si no se demora y salimos de dudas.

-¿Otro aperitivo mientras esperan? -Sí, claro.

-No, no, Felicia.

No me parece oportuno esperarles con el estómago lleno,

sería una falta de consideración a su invitación.

-No estoy de acuerdo, más barato le saldría la comida.

(RÍE)

-Muy buenas. -Hablando del rey de Roma...

Lamento el retraso.

Es lo que tiene venir con compañía femenina.

-Los minutos de cortesía, faltaría más.

-No te preocupes, Marcos, estábamos esperando.

Yo soy Felicia, viuda de Pasamar. ¿Y usted es?

-Yo soy Anabel.

-Les presento a Anabel Bacigalupe, mi hija.

¿Quién eres, Genoveva?

Ojalá pudiera saber qué has hecho...

o qué has dejado de hacer.

Don Felipe, ¿podría hablar un momento con usted?

Sí claro.

Venga aquí, así respetamos el sueño de la paciente.

Como quiera.

Los resultados de las pruebas neurológicas son normales,

no así la presión arterial.

Nos preocupa que no se estabilice de cara al parto.

¿Y no pueden hacer nada para controlarla?

En ello estamos,

pero tememos que la medicación, al ser tan fuerte, afecte al embarazo.

¿Eso podría afectar a la criatura?

Es una posibilidad que hay que contemplar,

pero no tenemos la certeza de que sea así.

Los ensayos realizados con este compuesto son recientes.

Es importante que preserven el bienestar de la criatura,

¿de acuerdo?

Lo sabemos, pero también nos inquieta el estado de su mujer.

Ya le he dicho que si no controlamos la presión arterial,

podría sufrir una preeclampsia en el parto.

¿El qué?

La presión arterial alta,

puede dañar órganos como los riñones y el hígado, si no algo peor.

Doctor, ¿me está dando a elegir entre mi mujer y mi hijo?

Por supuesto que no,

solo le pongo al tanto del cuadro médico en que nos encontramos

y las opciones que tenemos por delante.

(SE AHOGA)

Doctor, ¿qué le pasa?

Su mujer ha entrado en crisis.

Hay que liberar las vías respiratorias.

Rápido, llame a una enfermera.

Venga.

¡Don Felipe, no tenemos tiempo, vaya!

Genoveva.

Genoveva.

Genoveva...

Me encanta que sepa usted acompañarme.

-No hay nada que me guste más que visitar tiendas.

Tienes que encontrar un piso para don Marcos lo antes posible.

Mister Golden...

nos invita esta noche a cenar en su hotel.

Es para hablarnos de sus planes en Hollywood.

Marcos, Bacigalupe, encantado.

Y mi hija Anabel.

-Encantada. -Encantado, señorita.

No tiene muchas ganas de acompañar a su esposo.

-De acompañarle sí,

que sin mi Jose no puedo vivir,

y él sin mí, tampoco, pero yo preferiría acompañarle por aquí,

en España, con nuestras cosas, nuestras costumbres.

-Allí también hay otras cosas buenas.

Piense que hablamos de Hollywood.

Ha decidido entrar en política.

-¿De verdad? -Sí, el Partido Liberal,

que yo no sé cuál es.

Pero si mi suegro ha decidido estar ahí, por algo será.

¿Qué dice Golden del viaje?

-Tiene planes grandiosos. De momento, quiere que haga

cuatro películas.

-Se van a distribuir por el mundo entero.

Hasta en la China.

Cada uno en su casa y Dios en la de todos.

-Veo que ha terminado muy harta de doña Rosina.

-Es una desagradecida, no ha parado de malmeter de la pensión

y de quejarse por todo, cuando nosotros nos hemos desvivido

por darle lo mejor y arreglarle el problema.

Tengo miedo a las noticias. Lo entiendo.

¿Quiere que espere con usted?

Claro.

¿Estás seguro de que te quieres dedicar a la política?

Piensa en Prim, que fue asesinado.

Cánovas, también. Canalejas, lo mismo.

¿Es que quieres acabar como ellos?

Camino, hija.

Qué alegría.

-Madre.

La situación es grave.

¿Corre peligro su vida?

¿Y la de mi hijo?

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Acacias 38 - Capítulo 1232

31 mar 2020

Genoveva sufre una grave crisis y aunque ella está fuera de peligro, los médicos le comunican a Felipe de que su hijo no.

Golden invita a los Domínguez a encontrarse para hablar de su proyecto. Bellita prefiere que Julio vaya en su lugar y padre e hijo se reúnen con el americano encantados. Tras haber hecho las paces y conocer que la acompañante de Marcos era su hija, Felicia se relaja con Marcos y parece que las cosas vuelven a fluir entre ellos.

Las señoras especulan sobre los sentimientos de Felicia hacia Marcos, rezan por la salud de Genoveva. Carmen, además, tiene dudas sobre la decisión de Ramón y la política. Marcelina decide que ella y Jacinto se irán un par de días al pueblo. Fabiana reprocha a Rosina su actitud durante su estancia en la pensión.

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  1. María Ruiz de la Peña De la Peña

    Extrañando el capitulo de hoy, desde Chihuahua, Chih., México. estoy encantada con esta serie. inicié a verla hace casi año y medio y cuando la encontré aquí en este sitio me fui viendo de 2 y hasta 4 capítulos diarios hasta que me puse al día. Estoy preocupada por los actores que participan, algunos andan como resfriados, espero que todos estén bien. Aquí estamos igual que en todo el mundo, pero con una administración federal pésima. Dios nos ampare, en lo único que confiamos es en el gobierno de cada estado que es independiente del gobierno federal. Bendiciones para todos Ustedes.

    02 abr 2020
  2. Filomena

    Sería interesante saber cuantos capítulos llevan grabados para saber hasta cuando tendremos >Acacias 38, ya que imagino, en estos momentos no estarán filmando.-Por lo pronto hoy 1/4 no subieron a la red el capitulo correspondiente, el 1233

    02 abr 2020
  3. lina

    Virginia, hoy no hubo capítulo sino un informativo sobre el coronavirus

    02 abr 2020
  4. virginia

    No han puesto el capitulo de Hoy 1ro de abril

    01 abr 2020
  5. Felisa

    Se formará una nueva pareja, Julio Jose y Anabel.- Y Bellita ya aburre con su "guerra " sin cuartel para hacer desistir a Jöse de su viaje y además con su expresión habitual de estar oliendo pescado podrido

    01 abr 2020
  6. Sol

    mejor es que esos escritores se pongan pilas porque ya es hora de que Genoveva sufra. Que pierda el bebe y que su marido la deje y que se vaya a Cuba a buscar a Santiago para que la desenmascare y se pudra en la carcel.

    01 abr 2020