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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1231  - ver ahora
Transcripción completa

"Felicia, buscar aquí acomodo ha estado determinado

por tu presencia, no me duele reconocerlo".

"¿Por qué ir a otro sitio cuando en Acacias conozco a alguien?".

"Pero...

olvídalo, de verdad,

no me quedaré donde no sea bien recibido".

¿Los hombres quieren creer que ellos son los que citan,

templan y mandan? Pues que se lo crean.

-Fabiana, ¿y cómo te los llevas a banderillas?

-A la chita callando. Dejándoles sitio.

"Gracias por tus atenciones".

"No tienes que temer por tu empleo".

"Te quedarás con nosotros".

"Conmigo". "Esto no lo hago con intenciones,

solo quiero que sufra lo menos posible, eso es todo".

-No, señora, no me atrevería a reseñarlo;

aquí tratamos a todos los clientes por igual.

-(SERVANDO RÍE)

Veo que la señora tiene avidez de ejercicio esta mañana.

(SERVANDO RÍE) Me place.

-Ya está bien, Servando, cállate y déjanos desayunar.

Me refiero a la mafia.

Son los amos y dueños del lugar. -¿Verdad que sí?

Qué tipos, oye.

Golden me habló una vez de que tenía en la cabeza

que yo interpretara a un mafioso.

Creo que lo haría bien, así.

¿Ha aclarado ya la cosas con Marcos?

-Le puse los puntos sobre las íes.

-Cuente, cuente usted. -No tuve pelos en la lengua.

Le emplacé a aceptar que había venido a rondarme.

-¿Y? -Lo negó todo.

Se finge inocente, pero, para que usted vea,

desde que hablamos, no ha vuelto a dar señales de vida.

¿Te imponen las comisarías?

Voy a necesitar algunas explicaciones.

El señor se encuentra atendido y trabaja de sol a sol.

En la casa... Explicaciones sobre ti, Laura.

Lo sé todo.

Sacrificio, ¿por qué? -Su arresto era una trampa.

Se trataba de hacer pensar a la verdadera culpable

que no teníamos puestos los ojos sobre ella,

y así cometiera un error.

Siempre supe que acabarías haciendo lo que más te convenía.

No tenía ninguna duda.

Y ahora, sabiendo lo que sé, menos aún, claro está.

A su servicio, señora.

Lo sé.

A mi servicio y al de nadie más.

-¿Esas ganas de conversación

significan que va a entrar usted en política?

-(ASIENTE)

-¿Y cuál es la respuesta?

El comisario no viene a molestarla porque su caso

ha subido a más altas instancias.

¿Al juez?

Mis gestiones han dado los frutos deseados.

Será puesta en libertad.

(EXHALA)

(Puerta)

Perdone el retraso,

me han entretenido más de lo que pensaba.

No te preocupes. ¿Qué hora es?

¿No sabe qué hora es? ¿No ha salido?

Tenía que consultar la jurisprudencia de un caso.

¿Ni siquiera ha comido? Creía que bajaría al restaurante.

Voy a prepararle algo, al menos para que aguante a la cena.

(Puerta)

¿Espera a alguien?

Laura, ve a abrir.

El comisario, señor.

Comisario.

¿Alguna novedad? Tome asiento, por favor.

-No va a gustarle mucho lo que vengo a decirle.

Déjanos solos, Laura.

Su esposa, doña Genoveva...

va a ser puesta en libertad.

¿Cómo es posible?

Cálmese. Libertad con cargos.

Ha conseguido que el magistrado le permita esperar en casa

la incoación del sumario. Comisario, hay móvil,

hay oportunidad y pruebas fundamentadas.

No estoy en la cabeza del juez ni he sido consultado.

¿Qué ha alegado Velasco?

La inexistencia de riesgo de fuga.

Esto no tiene ningún sentido.

¡Genoveva tiene dinero para dar y regalar!

¡Podría marcharse del país en una noche!

Pero está casada con usted y está embarazada.

Su señoría ha considerado que esas circunstancias

anclan a Genoveva a su hogar y a usted.

No, tiene que haber algo más.

Velasco habrá tocado otras teclas.

Y untado manos.

La falta de ética de don Javier Velasco es ampliamente comentada.

Y la de quien haya recibido el dinero debería serlo.

Nada puedo hacer.

Como comprenderá, se habrán cuidado mucho de dejar pruebas.

¿Viene conmigo a verla?

Comisario, no me apetece verla.

Me marcho.

Lo lamento. La convivencia no será fácil ahora.

No se imagina hasta qué punto.

(Sintonía de "Acacias 38")

Yo voy a pedir en la ofrenda, por los de la familia que están lejos:

María Luisa y Milagros en París y mi hijo Raúl en el norte.

-Por cuantos más pida usted, más caro le va a salir.

-Ya hablaré yo con el párroco.

No me parece ni medio bien que pida una limosna por cabeza.

¿A usted le ha cobrado por Camino y por Emilio?

(SONRÍE)

Ya hablaremos, que veo que no tiene usted la cabeza por estos lares.

-Perdone, Carmen, estaba pensando en mis cosas.

-No se preocupe, ya hablaremos. -Con Dios.

-Con Dios.

-¡Los "viperinos" de la tarde!

-Vespertinos, Marcelina. -Yo sé lo que me digo.

-Gracias.

Marcelina, ¿quieres ganarte unas perras?

-Ah, nunca le vienen mal a nadie.

-Cierra el restaurante esta noche y las tendrás.

-Miel sobre hojuelas.

Cuanto menos tiempo pase con el Jacinto, mejor.

Con Dios. -Con Dios.

Usted conoce a Rosina casi mejor que yo,

es maravillosa y agotadora al cincuenta por ciento.

-Yo, que la conozco, aunque no bíblicamente,

cargaría un poco más el porcentaje hacia lo de agotadora.

-No sea cruel. -No, hijo, si soy su mejor amiga,

pero hay que cargarse de paciencia con ella, lo sé perfectamente.

-Veremos cómo termina nuestra estancia en la pensión.

-¿Se queja? -¿Quejarse?

Gruñe y clama al cielo constantemente.

Si no nos ponen antes de patitas en la calle,

a Fabiana y Servando habría que hacerles un monumento

por aguantarla.

-Ponte tú en medio de los dos para ese monumento.

-Si me paso el día tratando de que la cosa no vaya a más.

-No sé por qué no os habéis ido a un hotel.

-Porque Servando le dijo que era gratis y vio el cielo abierto.

-Sí, a nadie se le escapa que es de la cofradía del puño cerrado.

-No se lo diga, que se ofende.

-¿Tenéis fecha para volver a casa? -Eso es lo peor de todo,

Jacinto no sabe cuándo podrán solucionar el entuerto.

Voy a ver si Rosina no se ha acostado todavía.

-Suerte, hijo. -Gracias.

-Doña Felicia. -Doña Susana.

-¿Qué horas son estas de volver al trabajo?

-He dejado a Marcelina encargada de cerrar.

-¿Para andar de picos pardos?

-Marcos me dejó una localidad para un concierto de cámara.

-Una localidad al lado de la suya, imagino.

-Eso pensaba yo, pero la butaca de al lado estaba vacía.

-¿No se ha presentado?

-Iba a pedirle perdón.

Es verdad que me he sentido importunada y molesta

con su insistencia, pero... no estuvo bien que se lo dijera así,

tan... descarnado.

-Ya aparecerá.

-Se ha marchado, estoy casi segura.

Y me temo que ha sido por mi culpa.

-"No dejo de pensarlo".

¿Tú te imaginas a 200 bisontes viniendo para aquí

y yo esperándoles a puerta gayola y con mirar torero?

-¡Ole!

Y viniendo en estampida,

y yo, una verónica por aquí, otra verónica por aquí...

Y ahora te remato con una media, que me disloca la cadera.

-¡Torero!

-¡Y un bisonte aquí y otro bisonte por aquí, sin dejar de pasar!

Y grande y alto,

veleto, con un trapío...

y un tamaño de cuerpo, que no deja de pasar al bisonte.

No les voy a enseñar yo ni na a esos cowboys.

No veo la hora de embarcar.

-(APLAUDE)

¡Ya está aquí la cena!

-Venga, a cenar. Me zamparía un león.

-Los leones viven en África.

-¿En África?

Pronto empezarán a rodar películas allí también.

Te llevaré conmigo y te haré la reina de África, corazón.

¿Ha hecho Alodia puntillitas para cenar?

-No, hoy no.

-¿Y gambitas? -Tampoco.

He pensado que os gustaría probar la comida americana,

para ir acostumbrándoos.

Antoñito me ha dicho lo que allí se come,

y le he encargado a Alodia que lo prepare.

-¡Pues mejor! La comida, comida es,

aquí y en los "Wuasintones", ¿verdad, niño?

-Usted lo ha dicho.

-Destapa las viandas.

-Digo.

Ahí está.

-¿Eso es maíz? -Así es, hijo.

Pero si tiene los granos todavía pegados a la panoja,

como si fuera para los cerdos.

-Al estilo americano, como tanto les gusta a ellos.

-¿Y esto... aplastao

y con bultitos como de viruela?

-Carne. -¿Carne?

Pues parece que a la ternera la ha atropellao el expreso.

-Tres veces la ha tenido que atropellar.

-Se llama hamburguesa, y se come con esta salsa.

Ahí está. -¿Esta es la salsa?

Yo creía que era la sangre del bicho,

que la había recogido el maquinista en el lugar del atropello.

-También creías que los leones estaban en América

y te los querías comer.

-Esto no lo pruebo.

-¿Tampoco tú catas nada, hijo?

-Hombre, yo con unas patatitas, aunque sea a lo pobre.

-Ay, vaya par de dos.

Yo que os creía dos trotamundos dispuestos a todo, ¿eh?,

capaces de comer betún después de un largo día toreando bestias.

-(RESOPLA)

-Estamos empezando.

Por lo menos yo.

El maestro tiene más recorrido.

-Tú eres un Judas.

-Pues esta es la pitanza que se come en EE. UU. día tras día.

-Muy bien.

¿No le dirías a Alodia que me haga un caldito?

-Ni hablar.

A comer.

¿Quieres que nos mire todo el mundo

cuando saques en Hollywood los callos con garbanzos?

Anda, cateto, más que cateto.

¡Y tú, a comer también, hijo de cateto!

-Eso por reírte. Ahora, empieza tú.

-¿Eso es verdad de la buena? -Como un puño de grande.

-Pues se ha lucido el comisario.

Primero, le echa la culpa a usted y luego lo suelta.

Y ahora, va y pone en la calle a doña Genoveva.

La policía falla más que una escopeta de feria.

-¡No es lo mismo, Fabiana!

Cesáreo es inocente, pero doña Genoveva no.

-El comisario no ha tenido nada que ver,

a él se lo comunicaron cuando estaba conmigo.

-Ahora me entero que está usted a partir piñones con la autoridá.

-Bueno, es que yo también soy autoridad.

Vino un guardia y le dijo al comisario que doña Genoveva

había sido puesta en libertad.

-Yo creía que era el comisario

quien metía a la gente en prisión o ponerla en libertad.

-Por encima del comisario está el juez, que tiene la última palabra.

-Y a los jueces se los camelan los abogaos.

-¿Creen que ha sido don Felipe el que ha sacao de galeras a su esposa?

-No, don Felipe no ha tenido nada que ver.

-¿No ha defendido a su esposa?

-Nones.

-Ya me extrañaba a mí, porque don Felipe tiene conocimiento.

Él quería mucho a Marcia

y sabe que ha sido su esposa quien la mató.

Es más, seguro que de ser por él,

le gustaría que doña Genoveva se pudriera en la cárcel.

-No está tan claro eso.

Doña Genoveva lleva en sus entrañas al hijo de don Felipe.

Y un hijo tira más que dos carretas.

-A las buenas.

¿Queda una miaja de puchero pa mí?

-Todavía no hemos empezao, Jacinto.

-¿Y tu costilla?

-Se ha quedao encargá de cerrar el restaurante.

-¿Sigue disgustada contigo?

-Disgustada no, emberrenchiná.

-Primo,

he estao dándole vueltas al magín

y creo que sé lo que tienes que hacer.

-¿Ahorcarme?

-No, hombre.

Algo menos incómodo, pero más caro.

Tienes que hacer lo que me ha dicho don Liberto, comprarle una joya.

-¿Otra vez con eso? ¿De las que brillan?

¿Y no puede ser otra cosa?

¿Cómo dices que se llama esta cosa que está entre la salsa y el puré?

Ketchup, la llaman. -¿"Ketchup"?

Pues combina con todo la mar de bien.

Tengo que probarla con los camarones.

-¿Hay más ternera atropellada?

-Yo me comería otro filete, están de muerte.

-¡Alabado sea dios, Jose Miguel!

¡Esto es un atropello a la razón!

¡Tú, que has sido capaz de pelearte defendiendo el jamón de tu tierra!

-Porque aquel imbécil decía que era mejor el jamón de York,

lo hubiera matado.

-Pues mírate ahora. -Esto no tiene nada que ver.

La ternera atropellá no tiene la desfachatez de llamarse jamón.

Y por que no ha probado usted la zarzaparrilla esta con burbujas.

-Ahora mismo.

Digo, si esto está bueno.

Y parece que despeja la nariz. ¿Qué tendrá?

¿Esto es americano también?

-Sí, como los rascacielos.

Está bueno, me gusta, mucho.

Pero le falta... A esto le falta duende.

Niño, alárgame el vino, que está detrás.

Ya verás. -Ah, mira, algo más razonable.

Vino de la tierra,

vino español, ¡ole!

-Trae. -Tome.

Esto lo arreglo yo.

¡Jose Miguel Domínguez Chinarro, que eso es un sacrilegio!

-Qué sacrilegio ni sacrilegio.

Está mucho mejor, dónde va a parar.

Niño, échale vino, ya verás.

(JOSE RÍE)

-Mira el niño.

-Mucho más cuerpo, dónde va a parar.

Esto me recuerda al vino con azúcar que me echaba mi madre

en el chusco para la merienda.

-¡Viva España y vivan los EE. UU.!

-Y la ternera y los trenes. -Eso.

-Ea.

(RÍEN)

Buenos días. Carmen. -Buenos días, Felicia.

¿Abre usted hoy la mantequería?

-Sí, alguien tiene que hacerlo.

-Carmen, quería pedirle disculpas por lo de ayer.

No estaba yo muy en mi ser y no le hice mucho caso.

-No se preocupe, todas tenemos días malos.

-Estaba usted muy enfadada con el cura, ¿no?

-Es un poco soberbio.

-Sí tiene sus cosillas.

Pero no por eso dejará usted de acudir a la ofrenda.

-No, claro que no. Tengo mucho por lo que pedir.

-Entonces, nos vemos. Con Dios.

-Hasta más ver.

-Buenos días, doña Felicia.

-Buenos días. -Traigo buenas noticias.

Con suerte, tengo piso para Camino.

-¿Cerca?

-En el barrio, sí.

Quizá sea algo pequeño cuando tengan familia,

pero puede servirles.

Iré a verlo y, si le parece bien,

concertaré una cita para cuando vuelvan.

-No hace falta decirle lo agradecida que le estoy.

-Lo hago con mucho gusto.

-¿Y para don Marcos? ¿Ha encontrado usted algo?

-Pisos hay muchos y muy agradables,

pero ninguno cumple con las exigencias de don Marcos.

-¿Ni siquiera algo provisional?

-¿No se ha enterado?

Don Marcos está buscando pisos

en los barrios nuevos de las afueras.

-Ah, pensé que...

a don Marcos, Acacias le parecía el lugar ideal para vivir.

-Esa era su idea inicial, sí.

Supongo que se ha enfriado al ver la dificultad.

Eh, eh.

Ahí.

Aquí tenemos pan con mantequilla y azúcar

y y y... achicoria.

El desayuno de los princesas.

-Las princesas ni saben lo que es la achicoria.

-Pero las naranjas sí.

Eso decía mi madre:

"Naranjas de Valencia para mi príncipe".

-¿Desayunabais naranjas?

-El día de Reyes, pero no siempre,

solo cuando se lo pedía con fervor a los Magos.

-No me vas a engatusar con una naranja.

-Marcelina, no quiero discutir más.

Necesito que me perdones

y volver a estar felices y apretaos.

-Necesito, necesito...

¿Y lo que necesita servidora? Eso no te lo preguntas, ¿a que no?

-Pues lo mismo, juntitos. Al menos, eso decías anteayer.

Sin ti soy como un pastor sin rebaño.

-¡Y vuelve la vaca al trigo! -¡No quería decir eso!

-Lo has dicho. -Se me escapa.

¿Y si te demuestro lo mucho que te quiero?

-¿Ah, sí? ¿Cómo?

¿Poniéndome un cencerro al cuello?

-Al cuello sí,

pero otra cosa.

-(MARCELINA GRITA)

Pues va a ser verdad que las joyas ablandan.

-Si no lo digo por eso, patán.

-Algo habrá hecho.

-Es que, cuando quieres, sabes cómo tratarme.

-Se intenta.

(JACINTO RÍE)

Una joya, ¿eh?

-No tenías que haberte gastado tanto dinero.

-No lo he comprao.

Me lo ha dao Casilda, que lo usó en la boda.

Como me veía tan compungido y mohíno.

-Ven aquí, pastor. Dame un beso de los buenos.

Parece que las entrañas recuperan su ritmo.

¿El qué?

-Tu corazón, que al acercarse al mío,

parece que haya fundido la escarcha.

-(SUSPIRA)

Uy,...

no solo tu corazón se ha calentao.

-¡Iepa-iá!

Niña, te he dicho que buscaras más formas de disuadir del viaje

al señor, no que te comieras a Dios por los pies.

-Es que las terneras atrope... La hamburguesa está de rechupete.

Y con pan más. -Lo que faltaba.

¿Qué será lo próximo? ¿Bocadillos de croquetas?

¡Deja de zampar y piensa!

-No se me ocurre nada.

Al señor le cae la baba con todo lo que viene del otro lado del mar.

-"Ozú".

¿Y qué puedo hacer? -Hablar con él.

A las claras. Usted dígaselo y ya está.

-Lo de la comida me ha dejado pasmada.

A él, que si lo sacas del marisco y el jamón le sale un sarpullido.

-Por no hablar de que quiere enseñar a torear a los cheroquis.

-"De inglis".

-¿De qué?

Eso es lo que le va a hacer desistir de su aventura.

"De inglish".

-Sigo sin pillarlo.

¡El inglés, mi alma, el inglés que parlan en los EE. UU.!

Voy a traer a Antoñito pa que le dé clases, digo.

En cuanto mi catetillo comprenda

que jamás se hará entender por los americanos, seguro que desiste.

-¿Y si lo aprende?

-Qué va a aprender, si no entiende a los de Valladolid.

Ya verás, con lo que le gusta darle a la húmeda,

si tiene que quedarse callado, ese no va a ningún sitio.

-Sí, porque el señor no se queda callado ni debajo del agua.

-Eso es, "de inglish", eso es lo que nos va a salvar,

tenlo por seguro.

¿Creéis que Genoveva es culpable?

-Ha sido mi amiga, y yo no la veo capaz.

Si le han dejao que espere en casa,

es porque no tiene las cosas claras ni el juez.

-Yo no sabría qué decir, doña Susana.

-Pues, si estamos con estas dudas,

a ver con qué cara la recibimos cuando regrese.

Una no mira igual a una asesina que a una vecina decente.

-Habrá que estar atentas a Casilda,

quería mucho a Marcia y, es capaz de plantarle cara cuando la vea.

Doña Susana, su chorizo, tocino y sus lentejas.

-Apúntamelo.

No me faltéis a la ofrenda, que hay que pedir por don Felipe.

-Que le salgan buenas las lentejas.

Ya me esmeraré, que a mi marido, por muy diplomático que sea,

le pirran. Y más cuanto más grasientas.

Voy a la pensión a ver a Rosina y Liberto.

-Deles recuerdos.

-Descuida, que no te han olvidado.

Con Dios, doña Susana. -No me falte a la ofrenda, Bellita.

-Digo. Muy buenas.

-A las buenas. ¿Haciendo ya las maletas?

-De eso precisamente quería hablar contigo, Lolita.

-Me lo imaginaba.

¿Quiere que le ponga bien de jamoncito

pa pasar el trago del barco? -No exactamente.

Querría que tu marido me echara una mano.

-Supongo que sí, él es mu servicial. ¿En qué?

(RÍEN)

Rosina.

¿Te ha dejado sola mi sobrino?

-Por ahí anda, buscando casas para todo el mundo,

y la nuestra sin barrer.

-Te quejarás.

Me dice Liberto que os atienden como a reyes.

-Como a los reyes de la baraja, que son los que hay aquí.

No puedo más.

Tenías que ver a los viajantes dándole al naipe,

con el mondadientes colgando de los labios

y soplando aguardiente hasta las tantas.

-Yo nunca vendría a un lugar como este,

claro, pero a bote pronto, no me parece que esté tan mal.

Al menos, Fabiana es muy limpia. -No digo yo que no,

y cocina como los ángeles.

Pero, hija, una pensión.

Dos matrimonios de categoría para terminar en una pensión.

Qué injusticia. Si esto no es crueldad, que venga Dios y lo vea.

-Bueno, es solo para unos días. -Eso sí.

Y no fue nuestra primera elección.

Fuimos a los mejores hoteles, pero no tenían suites.

-La gente, que viaja por viajar.

-No sé cuánto voy a aguantar aquí, te lo digo de verdad.

Tenías que ver nuestra habitación.

La celda de una cartuja tiene más chispa, es feísima.

Y el frío que hace, sacas un pie de la manta

y se te quedan las uñas, moraditas como el nazareno.

-Mujer, no te hagas mala sangre. Tomemos un té, invito.

-Por fin lo has dicho.

Es la excusa perfecta para salir.

-Yo decía aquí. -¿Qué dices?

Es como si la reina Victoria tomara el té en el escobero.

El juez ordenó mi liberación ayer,

no puedo comprender que me haya visto obligada

a pasar en esa sucia mazmorra una noche más.

Los trámites son engorrosos

y por la tarde apenas quedan escribientes en la comisaría.

¿Y hoy? Estamos a media mañana.

Debe de haber escribientes a rebosar.

Lo de hoy, sí puedo explicarlo.

Solo falta la firma del comisario para su puesta en libertad.

¿Y por qué no ha...?

Comisario.

¿Está retrasando intencionadamente mi liberación?

-Eso es lo que ha alegado su abogado en el escrito que ha remitido

a mis superiores en el ministerio.

Le exijo que firme de inmediato ese documento.

No veo el momento de perder de vista su cara.

Por desgracia, no es usted mi única preocupación.

-La libertad es sagrada, comisario, lo sabe tan bien como yo.

Y la libertad decretada por un juez es sagrada y... obligatoria.

Cualquier limitación de los derechos de mi defendida será denunciada.

Es la primera vez que me pongo a temblar

por las amenazas de un letrado.

-Preferiría que no temblara, así su firma sería más legible.

-De nuevo, me deja sin palabras, abogado.

Dejen la pelea y que le traigan al comisario los documentos.

-Ya ha escuchado, comisario.

-Solo será un hasta luego.

Volverá usted después de la vista oral.

-Siempre que el tribunal dicte sentencia condenatoria.

-Cosa que hará, sin ninguna duda.

Por mi parte no quedará, se lo aseguro.

-Ahora soy yo el que tiembla.

-Mire, señora,

a mí no me ha engañado nunca.

Desde que llegó a Acacias, supe de qué pie cojeaba usted.

Anote, abogado, el comisario también es médico traumatólogo.

Muy gracioso.

Verá usted cómo el tribunal también se parte de risa

cuando les presente sus antecedentes en Bilbao y alrededores.

Delira.

Ha progresado usted mucho desde entonces, eso no se lo quito.

-Mi defendida ha demostrado con creces

ser una señora integrada en la comunidad,

defensora de las tropas en África y caritativa.

No le aconsejaría seguir esa línea de acusación.

-También ha sabido usted acompañarse de lo mejorcito de la abogacía.

-Gracias.

Si ha terminado de halagarme, firme usted, tenemos algo de prisa.

Serán debidamente notificados en cuanto estampe mi firma,

que no será hasta que haya terminado otras actividades más urgentes.

Adiós, polizonte.

No, señora, hasta la vista.

Qué preciosidad de rosario.

-¿No te acuerdas? Mi tatarabuela lo mando tallar.

Ha ido pasando de madres a hijas.

-Yo no he encontrao el mío por más que lo he buscao,

pero no pasa na, tengo diez dedos pa contar los avemarías.

-¿Por qué vas a pedir?

-Pues por mi Moncho.

Después de lo que hemos pasao, cualquier ayuda es poca. ¿Y uste?

-Por mi Cinta también, los hijos son los que más te quitan el sueño.

Aunque puede que también pida porque a mi Jose se le trabe la lengua.

-Bellita, no se pueden pedir cosas malas para los demás,

que el Señor se lo reclamará después.

-No es malo lo que pido, yo me entiendo.

-Yo también pediré por mi Leonor, aunque pondré cláusula,

a ver si se me arreglan las cañerías de casa.

-No se puede distraer a la virgen con un asunto tan banal,

que parece que la confunde usted con la fontanera.

-¿Banal?

Vivir en esa pensión es una penitencia

que ni el santo Job soportaría.

-Yo, además de por Moncho, voy a rogar por otra cosa,

pero quisiera que ustedes también lo hicieran.

-Si es por la prosperidad de la mantequería, me sumo,

que también soy del gremio.

-No, no es eso. Me gustaría que pidiéramos por don Felipe.

-(RÍEN)

-Si hemos venido a eso, Lolita.

-Claro, roguemos por don Felipe, pero habrá que concretar.

-Eso es blasfemia, Rosina.

La virgen conoce perfectamente la situación

y sabrá aliviar a don Felipe mejor que bien.

-Hay que rogar que le dé paciencia al abogado

para poder convivir con una sospechosa de asesinato.

-Y no un asesinato cualquiera.

No lo olvidemos, del asesinato de la mujer que amaba.

-Ya. -Mejor que la virgen no se entere.

-¿Otra vez?

La virgen lo sabe todo, otra cosa es que lo apruebe.

-¿Cómo creen que llevará don Felipe el regreso de Genoveva?

-¿Con virgen o sin virgen? Quiero decir,

¿con ayuda del cielo o sin ella?

-Se comportará como el caballero que es.

Por el bien de su hijo,

procurará llevar una vida discreta y sin sobresaltos.

-Ya veremos con qué cara la mira.

-Me preocupa más con qué cara la miraremos nosotras.

¿Cómo vamos a tratar a Genoveva?

Y hay que decidirlo ya, porque está al caer.

-La virgen.

-Rosina.

Bienvenidos, excelentísimos vecinos.

Un placer volver a verle.

Por si el día no era bueno, he aquí a Fabiana.

Dios la bendiga.

-Jacinto, ese al que ha llamado uste "excelentísimo",

es el auxiliar del ayudante de un notario.

-¿Y eso qué tiene que ver?

Que, como mucho, como mucho, es "señor don".

-Bueno, a nadie le amarga un dulce, mujer.

-Se le ve a uste mu jubiloso. -Mis razones tengo.

-¿Ha parido alguna oveja de las más allegadas?

-Mejor. -Ah,

yo creía que esas eran las noticias que mayor contento le daban.

-Sí, eso también, pero es que...

me he arreglao con la Marcelina. -Enhorabuena.

Aunque pa mí hubiera sido mejor que arreglara usted

las tuberías de doña Rosina. -Ah.

Sí, es que no he tenido tiempo de encontrar a nadie.

Como estaba tan mustio por lo de la parienta...

Pero ya verá que ahora que vuelvo a estar centrao en mis quehaceres,

viene to rodao.

Oh, espere, espere.

Bienvenido de vuelta, excelentísimo vecino.

Me alegro de verle, pase, pase.

Eh, eh.

-Desde luego, si no le hacen a usted

un monumento al mejor portero del barrio,

será por las envidias que despierta en España todo el que destaca.

-¿Verdad, verdad?

-Y lo de la chistera es un detalle que me suena de algo.

-Ah, el Servando.

-Ah, sí, ahora caigo.

-Sí. Es que me ha dado consejos de elegancia.

-En eso, él es un hacha.

¿Cuánto le ha cobrao?

Na de na. Por la patilla.

-¿Servando?

-Sí, Servando, el mismo que viste y calza.

-¿El Servando no le ha hecho soltar la mosca por sus consejos?

-Ni una perra chica.

-Jacinto, ¿recuerda alguna vez que Servando haya hecho algo gratis?

-Eh... Pues...

Casi mejor que voy entrando, que tengo faena que hacer.

-¿Qué le ha dao a cambio?

-¡Que na! Voy a pulir el suelo del tercero.

Perdone.

-Pues te pillé, socio, te pillé, pero bien pillao.

Bien pillao.

Solo sería como máximo una hora al día, más o menos.

-No tienes ni que pedírmelo, me encanta quedarme con Moncho.

-Lo sé. Y que conste que no es que no me guste quedarme con mi hijo,

pero Bellita me ha pedido que le dé clase de inglés a su marido,

y claro... -Claro.

Has sido incapaz de negarte. -Hago lo que sea por los vecinos.

-(RÍE)

-Bueno, y que también estoy hasta el gorro de tanto pañales.

Cualquiera lo estaría, ¿no?

-Cualquiera que pudiera endosarle la tarea a otro.

La madre no tiene esa suerte.

-Tampoco cargue las tintas, Carmen,

que Lolita es capaz de oponerse a las clases,

aunque sean por una buena causa.

-Fuiste tú quien te empeñaste en que eras capaz y eras capaz...

-Y capaz soy,

lo que no soy tanto es constante.

-Ah, "constante".

Vete antes de que me arrepienta.

Que Dios se lo pague.

-Dios no, me lo tendrás que pagar tú.

Supongo que has dejado a Moncho dormido, ¿no?

-Como un alcornoque. No tendrá ni que moverse.

-Hala, corre. -"Bye, bye".

-¿Adónde vas? -A un penoso deber.

-Espera, que tengo algo muy importante que comunicaros.

-Padre, me está esperando don Jose.

-Y lo que yo tengo que deciros,

puede que cambie la vida de esta familia.

Haz el favor de sentarte.

-Ramón, por Dios, me estás asustando.

-Sentaos, por favor.

Me hubiera gustado que estuviera Lolita presente...

-Padre, padre, deprisa, vamos.

-Yo se lo cuento yo a Lolita después.

Bien. Veréis, Carmen, hijo,

esto es algo en lo que llevo meditando mucho tiempo

y de lo que no estaba muy seguro.

Un buen amigo,

un hombre que me ha demostrado que me tiene en alta estima,

me ha convencido de que...

-Al grano, por favor, que no está usted en las Cortes.

-Algo que no descartaría a medio plazo.

-¿Cómo?

-Lo que quiero decir...

es que me siento muy orgulloso de comunicaros

que me voy a unir al partido.

-¿Qué partido?

-Al Partido Liberal, por supuesto. -Pero,...

Ramón, yo creía que tú decías que no tenías paciencia para ser político,

y que te gustaban las cosas claras y el chocolate espeso.

-Y me sigue gustando la honestidad y la claridad, Carmen,

pero precisamente, don Armando me ha convencido

de que no tengo que dejar de ser yo mismo por entrar en política.

-¿Y qué?

A fin de cuentas, va a asistir a las reuniones, opinar y votar,

no es muy diferente a asistir a las reuniones del Ateneo.

-No me limitaré a la vida de partido.

Pienso dedicarme activamente a la política nacional.

Es su hija, ¿no? -Muy guapa, pero pobrecita.

-¿Por qué? -Se ha quedado soltera.

Un aristócrata. -De duque para arriba.

-Qué mala suerte que venga la aristocracia al barrio

cuando yo vivo en esa pensión de tres al cuarto.

Yo no entro en ella hasta que se vayan.

-¡Madre mía, que viene a tu portal!

-Si viene a mi casa, dile que no estoy,

que estoy tomando las aguas en Fuentefría.

-Veamos primero de quién se trata.

¡Es Genoveva!

Habrá que ir a saludarla.

Vamos.

-Lo que yo te diga, en este país,

las cárceles son la casa de Tócame Roque.

-Genoveva.

¡Qué alegría volver a verla, Genoveva!

-Nos ha tenido usted en un ay.

-Sepa que se la ha echado de menos.

-En todas nuestras tertulias se la recordaba a usted.

Eso ya me lo creo más. -Estamos a su disposición

para lo que necesite, como ha sido siempre.

Señoras, les agradecería que no me hicieran reír,

no es lo que más me apetece en este momento.

-¿Quiere que la acompañemos hasta su puerta?

Así podría desahogarse, que falta le hará.

Sí. También me hizo falta mientras estuve presa y no las vi por allí.

Uy, si yo le contara mi caso...

Mi Liberto y yo andamos de un lado para otro,

a salto de mata, como aquel que dice.

En casa no tenemos suministro hidráulico.

Me va a hacer usted llorar, doña Rosina.

Ni siquiera me mandaron un mensaje de aliento.

-Bueno, bueno, ya está usted aquí,

pelillos a la mar. No, señora, no,

jamás olvidaré este desaire.

Si no vinieron a visitarme

es porque me creen culpable de ese asesinato.

-Todos podemos convivir en Acacias.

Cómo hubieran disfrutado viéndome arrastrada por el suelo.

Con mis privilegios perdidos,

mi dignidad destrozada y rogando clemencia.

-Se confunde usted, Genoveva, somos buenas cristianas.

Hipócrita.

Hasta más ver, señoras.

Voy a subir a reunirme con mi esposo.

Que no se les atragante la bilis.

¿Me ha llamado hipócrita? -Pero creo que se refería a todas.

No era nada personal. -¡Es una sindiós!

-Será lo que sea, pero nos ha calado de arriba abajo.

-Vamos.

(EN INGLÉS) "I am Jose,

I come from Spain".

Muy bien. "Came", lo único,

pero bien, se le da el inglés como hongos.

-Bueno. Como en Andalucía en cada provincia se tiene un acentillo,

pues tiene ya uno el oído hecho.

-No sé, señora, el señor parece que tiene talento.

-Lo que tiene es caradura, que no le da vergüenza nada.

Eso que le ha enseñado era muy fácil.

Cuando empiecen con lo complicado, se cae con todo el equipo.

-Diga, dígame usted, ¿cómo se dice torero?

-Torero. -Sí.

-Gracias. -"Bullfighter".

-"Bullfighter". -"Bullfighter".

-¿Así, na más? -Sí.

-¿Y guitarrista?

-"Guitar player o guitarist".

-Guitarrista dice, cuidao. La madre que lo parió.

-"Guitarist", casi como en Cádiz.

A mí esto se me va a dar bien. (RÍE)

"I am a bullfighter" y un "guitarist..."

Niña: "I am a bullfighter"

y un "guitarist", aparte de estar casao.

¿Cómo se dice "casado"?

-"Married".

-¡Anda la leche, "merry", como el "crismas" ese,

el villancico, Merry Christmas.

-Más o menos, sí. -(RÍE)

¿Y "chupao"? -"Easy".

-¿Ya está? "Easy". -Sí.

Niña, prueba esto, que está "easy".

Quiero decir que está chupao. -Que lo he entendido.

Yo no voy a hablar con nadie. -Qué pasa?

¿Estás enfadada?

-No, hijo, que me ha salido así.

¿Cómo me voy a enfadar, si he sido yo quien te ha traído el profesor?

-Pues diga usted algo, señora, a ver cómo se le da.

-Sí, puede decir, por ejemplo:

"Soy una estrella de la canción española".

"I am a star of the Spanish song". -Que diga también que está casada.

-"I am a star of the Spanish song and I am married".

-Un momento.

"Ai a estar o espanis son...

en Ai marry".

"Marry, marry", de toda la vida.

-La pena es el acentillo,

que desvirtúa un poco el concepto general.

Pero va encaminada. -Sobre todo el "marry".

"Ma-rry".

Niña, "marry", como "Merry Christmas".

-Ah, no,

esto se ha acabado.

Vamos, que venga el media lengua este a corregirme a mí.

Hasta ahí podríamos llegar, vamos, hombre.

-Qué se le va a hacer,

si me toca hacer de intérprete, estudiaré por los dos.

-Lo único,... que para la próxima clase,

voy a preparar algo más dinámico, sí.

Y tú te apuntas con nosotros, Alodia.

Se te van quedando conceptos.

¿Algo más, señora? Retírate.

Podrías mostrarte un poco más expresivo

el día que tu esposa sale de esta horrible pesadilla.

¿Qué ha hecho Velasco para sacarte?

El señor Velasco ha hecho lo que su oficio requiere

lo que, por cierto, habría sido tu obligación, como marido y abogado.

Por mucho que me acusen,

jamás utilizaría las artes de ese corrupto.

No sé si lo habrás pensado ya,

pero tendrás que decidir de qué lado estás,

junto al comisario y sus falsas acusaciones o junto a mí.

No me moveré de donde he estado siempre.

Al lado de la verdad y la justicia.

Entonces, no tengo por qué preocuparme.

He recibido carta de Becerra.

Me gustaría que la leyeras.

Me encantan estas calles.

Me gustaría quedarme aquí, en Acacias.

-Doña Felicia, lo de la mesa cuatro.

-Ahora te doy las vueltas.

(Suena la caja registradora)

Llévalo a la mesa tres, por favor.

A ustedes. Gracias por todo.

¿No te vas a defender?

¿De qué? Becerra es muy claro,

vino a España porque tú le necesitabas

y te hace responsable de la muerte de Úrsula y de Marcia.

Eso son mentiras, infundios.

¿Y cuál es la verdad?

La única verdad es que tú y yo estamos casados

en santo matrimonio,

que prometiste amarme y protegerme,

y que, en consecuencia, harás lo mismo con el hijo que voy a darte.

Si esta carta está en lo cierto, eres tú la que has roto tus votos.

¡Sí, si estuviera en lo cierto!

Pero si fuera mentira, como lo es, eres tú quien está traicionándome

y, conmigo, a Dios y a tu hijo.

Yo soy la única que ha luchado por este matrimonio.

Y lo seguiré haciendo. Todo lo que sea necesario.

Me voy. No serás capaz.

No me dejas alternativa.

Cuidaré de mi hijo, le educaré,

pero ya no te considero mi esposa.

¡¿Por esa perra mestiza?!

¡¿Me vas a dejar porque no puedes olvidar a tu fulana negra?!

¡Tendrás que matarme para salir de aquí!

¡No te dejaré marchar!

No hagas que esto termine mal. ¡Nunca!

¿Me oyes? ¡Nunca me dejarás,

no mientras mi hijo y yo sigamos con vida!

¡Quita, quita! (GRITA)

Genoveva.

Genoveva.

¡Eh, Genoveva!

¡Un médico, un médico, por favor!

Eh, Genoveva, eh, despierta.

Genoveva, eh, contesta.

Contéstame. ¡Ayuda, por favor!

Genoveva, contéstame, por favor.

Don Felipe daría alguna explicación.

-No dijo ni mu. Digo yo que por los nervios de ayudar a la señora.

-Pa mí que algo de enjundia ha ocurrido entre ellos dos.

-Casilda, mejor será no decir nada y esperar a ver qué nos cuentan.

-Lo único que sabemos es que un coche se la llevó al sanatorio.

¡Que no tengo el cuerpo pa cachondeo con lo que le ha pasado a Genoveva!

-A ver, vamos a ver,...

¿se puede saber qué le ha pasado a esa mujer ahora?

-Que se ha matao, Jose.

-Este es el mejor lugar para agasajar a mis invitados.

-Estaré encantada. Espero estar a la altura de tus comensales.

-Los conoces, son el matrimonio Liberto y Rosina.

-Don Liberto, Rosina y tú sois tres, pero...

hablabas de una cuarta persona.

-La otra es alguien especial,

por eso es importante que todo resulte impecable.

-Ha llegado un telegrama pa ti.

-¿Para mí?

-Ábrelo, que es urgente.

-Entrar en política es una decisión seria que requiere de su tiempo.

-¿Todavía no lo tiene decidido?

-Así es, hijo. Es normal que surjan dudas, ¿verdad?

-En su caso puede estar tranquilo,

su ideario encaja a la perfección en el programa del Partido Liberal,

de hecho, me sorprende que no haya ingresado antes.

Me extraña que don Marcos se exhiba de forma tan ostentosa

con una cualquiera.

A lo mejor se ha comprometido con alguien de la zona.

-Pues habrá que felicitarla, por la rapidez con la que lo ha cazado.

¿Cómo he llegado hasta aquí?

¿Cómo?

¿Acaso tiene la señora alguna otra queja más?

Pues sí, ahora que lo dices, sí, mi armario es muy pequeño,

y eso que no he traído todas mis cosas.

De hecho, los vestidos se arrugan de tan apretados que están.

-Vaya por Dios, el armario no es de su gusto.

Acaba de llamarme Mister Golden, recién llegado a la ciudad.

-Qué pronto se aburre el gachó.

-Dice que se marchará a Norteamérica en el próximo barco que salga,

en cuatro días.

-¡Que tenga buen viaje! -No me has entendido bien,

no, no, no, que dice que se marcha a Norteamérica, pero con nosotros,

todos juntos, ¿qué te parece?

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Acacias 38 - Capítulo 1231

30 mar 2020

Genoveva se queda inconsciente tras leer la carta de Santiago y la disputa con su marido. Todos salen a socorrerla, incluido Felipe. Es trasladada al hospital y su primer diagnostico es bueno para el feto. Pero empieza a sufrir crisis de manera ocasional.
En casa de los Domínguez a Bellita no le queda otra que seguirle la corriente a Jose, que sigue entusiasmado con la cultura americana. Además, ya tienen fecha de partida. Al final Felicia y Marcos acaban haciendo las paces y éste le encarga una mesa para cuatro personas. Tras muchas especulaciones ¿quién será la acompañante de Marcos?
Casilda vuelve a recibir otro telegrama inquietante. Fabiana descubre las trampas de Servando, está harta de su socio y de los comentarios desafortunados de Rosina acerca de su pensión. Marcelina ha perdonado a Jacinto y está feliz con el camafeo.

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  1. Aleja

    La llegada de Genoveva de la carcel y su reproche a las vecinas por la falta de visitas, me recordó el reproche de Cayetana cuando salió de la carcel tambien! Saludos desde Bs AS. Cuidemonos en casa!

    31 mar 2020
  2. Carmen

    Me encantan las escenas de Felipe con el Comisario Méndez son fantásticos!!. Casilda, ese viajecito al desierto me parece que va a cambiar su vida. Por Dios, que repelente está siendo Rosina ... una pareja que fue el mayor atractivo en su momento y cómo ha decaído, inexplicable. Y que decir de la asesina, por más que quiero compararla con las malas anteriores, sigue sin llegar a la altura de Cayetana ni de Ursula, es una "mala descafeinada", no tiene garra, le falta fuerza, cada vez que asoma parece más una "mujer fatal" que una villana o una "bruja".

    31 mar 2020