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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1228  - ver ahora
Transcripción completa

Sí, quiero.

(Murmullos)

¡Miren, ya salen los recién casados!

¡Que vivan los novios!

(TODOS) ¡Vivan!

¿Es cierto que forcejeó con el falso Santiago Becerra

por este cuchillo? Le ayudaré a recordar.

Acabo de comunicar que han detenido a Genoveva.

-¿A la señora?

¿Y de qué se le acusa? -Del asesinato de Marcia.

-Le presento a su compañera de celda.

Le llaman "la Cuervo".

Y es una buena colaboradora.

Sus métodos son tan eficaces que hace hablar al más mudo.

Quizá con ella... Déjeme en paz.

...se le refresque la memoria. No me toque.

¡Ah! He dicho que no me toques.

Camino, haz el favor de cambiar esa cara,

parece que estás de funeral.

-Me cuesta disfrutar de la fiesta. Entiéndame.

-Vas a empezar una nueva vida. Haz el esfuerzo.

-¿Y se cree que no lo estoy haciendo?

-Todo lo he hecho pensando en tu bien.

(JOSÉ) Le presento a mi señora.

Bellita, el señor Sacramento.

Joe Sacramento, un cazatalentos de Mister Golden.

Vaya arte que tiene tu hijo.

Cómo se nota que viene de familia.

Con clientes como estos no ganamos el concurso.

-¿Qué les pasa? Son los de siempre.

-Que de nada sirve que nosotros vayamos elegantes

si la clientela no lo es. ¿No lo ves?

Mi amor por Camino está por encima de mis apellidos.

Me adaptaré para vivir al margen de mi linaje.

-¿Va a rechazar su título?

-Jamás renunciaré ni a mis apellidos

ni a mi herencia. Sería renegar de mis orígenes.

Otra cosa es que quiera salir adelante

sin ayuda de nadie.

Buscaremos un piso sencillo por el barrio.

-¿Os vais a instalar aquí? -Sí.

Yo te voy a esperar el tiempo que haga falta.

Ya sabes dónde estoy.

Ahí arriba me tienes a mí y tu casa.

Os he citado aquí porque quería despedirme de los dos a la vez.

Os voy a echar muchísimo de menos.

-Y nosotros a usted, madre.

Amor mío, ¿a qué viene este regalo?

-Ya te lo he dicho, por ser tan buena madre.

Y para agradecerte por liberarme de los asuntos de Moncho.

-¿Liberarte? O sea, que te refieres...

Me pareció ver a Casilda con el broche en la boda.

¿Es posible? -¿Qué?

¿Es que una no puede ser generosa y desprendida?

He decidido asumir la defensa de mi esposa.

Necesito saber qué locura le llevo a asesinar a Marcia.

¡Felipe!

Sabía que vendrías.

(SUSPIRA)

Oiga usted, apártese de mi cliente.

Javier Velasco. El mismo.

Cuanto menos contacto, mejor.

No vaya a ser que le ponga una navaja en el bolsillo.

¿Qué hace aquí este hombre?

Es mi abogado. Le he contratado para que me defienda.

¿Por qué has hecho tal cosa?

No sé de qué te sorprendes.

Buscarse un letrado es habitual si te detienen.

¡Esto no tiene sentido! ¡No atosigue a mi cliente!

¡Felipe, detente!

Detente, me estás importunando.

Genoveva está pasando por un trance muy difícil.

Ni se le ocurra darme órdenes. Solo trato de ejercer mi oficio,

igual que lo haría usted si estuviera en mi caso.

¡No se compare conmigo, botarate! ¡Retire esa ofensa, letrado!

No pienso amedrentarme. ¡Ya está bien!

Señor Velasco, le ruego que me deje a solas con mi esposo.

No me parece bien dejarla con una persona tan alterada.

No se apure, sé defenderme.

Como quiera.

Pero procure no hablar del caso sin que esté yo presente.

¿En qué estabas pensando, por qué le has contratado?

Tengo entendido que no es mal abogado.

Te equivocas, ese hombre es un experto en sobornos

y en asuntos al margen de la ley. Has elegido muy mala defensa.

¿Y qué querías que hiciera?

No sabía a quién llamar.

Puede que tenga mala fama, pero es muy resolutivo.

Te has puesto en muy malas manos.

No tenía otra opción.

No quería implicarte, no quiero perjudicarte.

Y no estaba muy segura de si ibas a querer ayudarme.

Y por eso le has contratado. Entiendo.

Despediré a Velasco de inmediato si tú me lo pides.

Verte aquí me ha dado fuerzas.

Al fin y al cabo, eres el padre de esta criatura.

No sigas por ese camino.

Que hayas contratado a Velasco activa mis peores sospechas.

Si fueras inocente, no necesitarías a ese canalla.

Felipe, te lo ruego, soy inocente.

Es Santiago quien debería estar en esta celda, no yo.

Pasen, amigos.

-Les agradezco que hayan accedido a reunirnos para conversar.

Necesitaba una charla ajena al mundo infantil.

-Al venir me he encontrado con su familia.

Y he de decir que Moncho tiene un aspecto muy saludable.

-Afortunadamente, han pasado los nubarrones.

-Ya me ha contado Antoñito que ha ido don Felipe.

-Sí, está dispuesto a emprender la defensa de su esposa.

Solo nos queda esperar. -Bueno.

¿Y Maite, tenemos noticias de París?

-Sí, he hablado con ella y ya está instalada allí.

-¿Y tiene previsto volver pronto? -No, no creo.

Imagino que se perderá el contacto.

A fin de cuentas, Camino era su única amiga

y ahora que se ha casado...

-¿Por qué no vamos con nuestras esposas a ver algún estreno?

-Me parece un gran plan.

La cartelera está repleta de nuevos espectáculos.

-En tiempos convulsos, la gente busca diversión.

¿Han visto ustedes cómo se las gastan

los obreros de Béjar?

Cinco meses en huelga sin bajarse del carro.

-Esa guerra entre obreros y empresarios no pinta bien.

-Que conste que yo comparto sus reivindicaciones.

Solo buscan un mejor futuro para ellos y para sus hijos.

Lo que no entiendo es la violencia de las masas.

-¿No ha pensado nunca unirse a una tertulia política?

Tengo un grupo de amigos

que estaría encantado de tenerle con ellos.

-¿Política?

No sé yo si...

-¿Cómo que no? Claro que sí. Siempre ha sido

una persona juiciosa y les vendrá bien otro punto de vista.

-No lo piense y venga. Mañana nos reuniremos.

-Está bien, acudiré.

Así amplío mi círculo de amistades.

-Le vendré a buscar, iremos juntos, si le parece bien.

¿Qué cordera, colocando los vespertinos?

-Recién llegados que están.

-Jacinto, ¿qué haces, loco?

¡Que nos pueden ver!

-No te sulfures, mujer.

Es que me he puesto cariñoso.

-Cariñoso, ¿eh?

Te voy a dar yo a ti cariñoso.

¿Has visto cómo viene el Cesáreo?

-¡Cesáreo!

¿Qué tienen los adoquines, que no les quita ojo?

-Mejor mirar al suelo que al horizonte.

Ha sido salir de la cárcel y torcerse todo.

-Si lo dice por la detención de doña Genoveva, no se culpe,

que nada tiene que ver con usted. -Y por la llegada de Arancha.

Me ha dejado muy trastocado.

-No sea agonías, hombre.

Si han disfrutado muchísimo los dos juntos.

-¿Por qué no estará más cerca el maldito caserío?

Les dejo, voy a hacer la ronda en el barrio de la Esperanza,

a ver si se me pega el nombre. Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

-Pues sí que está hundido.

-Creo que hay algo que puede animarlo.

Oye, por favor, tened un poco de cuidado.

En esos baúles va la ropa de una artista que va a triunfar.

Mm.

Anda, que...

¿Y esas voces, Emilio?

Los tuercebotas estos,

que tratan los baúles como si fueran de acero.

Más de un golpe se van a llevar. Es un viaje muy largo.

Es verdad.

Cinta, estoy deseando llegar al compartimento del tren.

Pasar la noche de bodas al lado de tus padres ha sido durísimo.

(RÍEN)

Eso sí. Hemos hecho menos ruido que un conejo cuando se abre la veda.

(RÍE)

Yo también tengo muchas ganas de tener intimidad contigo.

Como bien has dicho, el viaje es largo.

En algún momento saldremos del camarote.

Sí, para comer.

Y no todos los días.

(RÍEN)

Cinta. (SUSPIRA)

Todo el tiempo del mundo es poco

para pasarlo junto a la mujer más maravillosa.

(Pasos)

(CARRASPEA)

Dejad algo para más tarde.

-¿Ha llegado ya el coche? Sí, madre.

-Daos prisa o perderéis el tren.

-Qué pena me da que os vayáis tan pronto.

Si enseguida vamos a volver.

Antes de que se dé cuenta de que nos hemos ido.

-Sí, y después de haber triunfado al otro lado del mar.

-Ay, hija de mi vida.

Es un consuelo saber que todo te va a ir de fábula.

Pero preferiría que no te fueras tan pronto.

Le escribiré todos los días para que sepa cómo estoy.

Eso sí, mándame los recortes de los periódicos

para leer cómo te halagan.

Y una cosa, ten en cuenta que el público porteño

es algo más frío que el español.

-Sí, pero si consigues enamorarles,

te adoran como a una reina.

Cuida de mi niña.

¿Eh?

No dejes que le pase nada malo.

Que te llevas el mayor tesoro de esta casa.

-Descuide, la cuidaré tan bien como ha hecho usted con Bellita.

-¿Se puede pasar? -Fabiana, Marcelina, pasad.

-Hemos visto los baúles

y hemos querido subir a desearles un buen viaje.

Muchísimas gracias, de verdad.

-Abríguense bien, que según me han dicho,

allí es invierno todo el año.

-Que no, Marcelina.

Cuando aquí es verano, allí es invierno.

-¡Qué despropósito!

-Os he traído una tarta para el camino.

-Madre, en el tren hay coche restaurante.

No se tendría que haber molestado. -Cualquiera sabe lo que os darán.

-Menos mal que me he podido escapar.

Un poco más y no llego. Hermano.

Tened un buen viaje.

Eres muy amable.

Es un gusto recibir tanto cariño.

Casi nos dan ganas de quedarnos a disfrutar de vuestra compañía.

-Hija de mi vida.

Te voy a echar mucho de menos.

Te llevo en mi corazón.

-Tened mucho tino por esos mundos de Dios.

-Madre.

Cuídese de mi hermana.

-Hijo.

-Ea, se acabó el melodrama.

Si van a estar de vuelta en dos meses.

Este día tiene que ser alegre, que la niña va a triunfar.

Y los dos están enamorados. Si marcha todo fetén.

Les prometo que les dedicaré mi primer concierto.

Estupendo, pero salid ya

o tendrás que cantar en el quiosco de Marcelina.

(RÍEN)

(SUSPIRA)

(SUSPIRA)

Esto es insultante.

No me lo puedo creer. Velasco defendiendo a Genoveva.

¿Le sirvo ya la cena, señor? No, no voy a cenar.

No tengo apetito.

Me barrunto que su mal humor se debe a la visita a la cárcel.

Sí, así es.

Pero no es asunto tuyo.

Perdone por meterme donde no me llaman.

Pero le veo alterado y eso me preocupa.

Lamento mucho que lo lleve tan mal con doña Genoveva.

¡Ni se te ocurra pronunciar su nombre!

Me enerva solo escucharlo.

(Puerta)

-¿Está don Felipe? -Sí, pase usted.

(SUSPIRA)

Amigo.

Quería saber qué tal le ha ido con Genoveva.

Mal.

Muy mal.

De la peor de las formas. ¿Qué ha pasado?

Genoveva ha contratado a Velasco para que la defienda.

Dios mío, qué desfachatez.

Me han entrado todos los males cuando me he enterado.

Créame que lo entiendo, no es para menos.

Aunque tal vez no lo ha hecho con mala intención.

Genoveva no mueve un hilo sin saber las consecuencias.

Ya.

Entonces, no sé, tal vez pensó

que usted no querría encargarse.

Eso me ha dicho, pero podría haber elegido a cualquiera

y ha elegido al peor.

Al defensor de Andrade, toda una provocación.

No ha sido una buena decisión.

Don Felipe, siéntese, por favor.

Y trate de tranquilizarse. (SUSPIRA)

Lo intentaré.

Pero no pienso quedarme de brazos cruzados.

¿Y qué puede hacer?

Mañana iré a la judicatura para recusar su nombramiento.

No consentiré que Genoveva cuente con la ayuda de ese canalla.

Laura.

Por favor, prepárale un café a tu señor

y otro a mí.

La noche va a ser larga para nosotros.

Me alegra verle tan temprano.

Eso demuestra su interés en el caso.

No puede ser de otra forma.

Su libertad es una prioridad para mí.

Me agrada que mi abogado se gane la minuta.

Voy a poner todo mi celo en conseguir sacarla de la cárcel.

Pero antes, necesito que me diga una cosa.

¿Sigue confiando en mí para que la defienda?

Por supuesto que sí.

No hay ocurrido nada que me haga cambiar de opinión.

Es usted mi abogado y punto.

Me encanta su seguridad.

Una cosa más. El comisario Méndez me ha informado

de que su compañera de celda ha pedido el traslado.

¿Ha tenido algún problema con ella?

Nada de enjundia, solo unas pequeñas desavenencias.

Lo importante es que tengo la celda para mí sola

y me he ganado el respeto de las demás.

Usted saldría adelante en cualquier lugar.

No tenga la menor duda.

Pero imagino que no ha venido tan temprano a hacerme cumplidos.

¿Entramos en materia? Entramos en materia.

Lo primero que necesito saber

es qué hizo el día del asesinato de Marcia.

No omita ningún detalle.

Le aseguro que nada de lo que me diga saldrá de aquí.

Está bien, le contaré todo.

Pero antes, quiero que sepa que amo a mi marido con locura.

¿Está claro?

Sí, por supuesto que sí.

Pero lo que me interesan son los hechos.

¿Qué pasó ese día?

(SUSPIRA)

-Con tantos suspiros va a despertar a los vecinos.

-No puedo evitarlo, hija, no me sale otra cosa.

-Me da que tanta pena es por la marcha de su hija.

-¿Y por qué iba a ser, si no?

La noche me la he pasado en blanco pensando qué estaría haciendo.

-Pues recién casada y de viaje con su marido, así que figúrese.

-Hija, Alodia, no seas descarada, que esto es muy serio.

-Yo solo quería animarla.

-Te has lucido.

¿Crees que le irá bien con sus actuaciones?

-Eso no lo dude usted ni un momento.

Su hija tiene talento como para ir regalándolo.

-Ojalá se meta al público argentino en el bolsillo, como hice yo.

Aunque no creas que es fácil.

Los argentinos son muy exigentes con el asado y con las cantantes.

-En cuanto le oigan cantar, caerán rendidos a sus pies.

Ya lo verá.

-Naturalmente.

Todas las noticias que lleguen desde Argentina serán buenas.

-Voy a rezarle a mi Virgen del Carmen para que todo

les marche bien y vuelvan pronto, que ya la echo de menos.

-Para animarle, se me había ocurrido

prepararle unas cocochas de bacalao siguiendo la receta de Arancha.

-Eso es todo un reto.

Las cocochas de Arancha eran dignas del mejor restaurante.

-Es un detalle, pero ya las prepararás mañana.

Hoy quiero que nos hagas algo más de nuestra tierra.

Flamenquines y salmorejo.

-¿Y ese cambio a qué viene?

Esa cosa cordobesa que te ha entrado.

-Porque es lo que le gusta a Julio

y le he dicho que coma con nosotros.

(Puerta)

-¿Has invitado a Julio? -Eso es lo que he dicho.

(RÍE)

-A los buenos días.

-Buenas. -¿Qué, han dormido bien?

Yo no he pegado ojo pensando en el viaje de Cinta.

-Vaya, no soy la única.

Anda, siéntate a desayunar.

-Lo hago de mil amores.

Quiero que aproveches todos los ratos libres

para pasarlos con nosotros.

Las semanas que va a estar Cinta fuera

puede ser un buen momento para conocernos

y disfrutar de la familia.

-¡Pero tú eres lo más grande de este mundo!

Faraona.

-Se hace lo que se puede.

-Que es mucho. No se puede ser más buena, cachito de cielo.

-Yo voy a apañarme, que he quedado con las señoras.

Andan todas revolucionadas con la detención de Genoveva.

-No es para menos.

Menuda sorpresa para todo el barrio.

-Yo ya no sé qué pensar de todo esto.

A ver de qué me entero.

Anda, Alodia, échame una manita con el traje.

Qué a gusto estoy en esta casa con ustedes.

Doña Bellita es una santa. -Lo es.

Con sus genios y sus prontos, pero una santa.

(Teléfono)

(Teléfono)

(Teléfono)

(CARRASPEA)

José Miguel Domínguez al aparato. Dígame.

¿Quién dice que es?

¡A las buenas!

-A las buenas, Marcelina. ¿Me traes los periódicos?

-Sí.

-Aunque no sé para qué, la gente los lee todos los días.

Para mí que siempre viene lo mismo.

-No digas sandeces.

Anda que no pasan cosas y es bueno saberlas.

-A mí solo me interesa lo que pasa por el barrio.

Y seguro que no sale nada de la detención de doña Genoveva.

-Pues no, no es noticia. Al menos, de momento.

-¿Usted cree que es inocente o culpable?

-Mira, hija, yo la única certeza que tengo

es que Marcia se ha quedado para simiente de rábano.

-A mí doña Genoveva siempre me dio mala espina.

Pobre don Felipe. Tiene que ser muy ingrato

estar casado con una presunta asesina.

-Y más, de la mujer con la que estuvo a un tris de casarse.

Esto se cuenta y no se cree.

-Bueno, ya averiguarán si es la criminal o no.

Eso tampoco es problema nuestro.

A mí me duele la cabeza por otro asunto.

-Lo mismo es por el gorro que se ha mercado.

A lo mejor le aprieta la sesera.

Si usted es más de gorra, Servando.

-A mí el gorro me sienta divinamente.

Lo que estaba pensando...

No paro de darle vueltas a cómo mejorar la pensión.

-¿Todavía sigue con eso, Servando?

-Es que antes estaba ahí sentado pensando

que tendríamos que hacer que viniera gente más de alcurnia.

No los mindundis estos que tenemos por huéspedes.

-¿Y a quién quiere alojar, a los marqueses de los Pontones?

¿No ve usted que esos ya viven en sus palacios?

-Y cuando salen de sus casas, se van a hoteles de esos

donde el portero parece un mariscal de campo.

-Que ya sé que no va a venir el marqués de los Pontones.

Solo estaba diciendo que tendríamos que pensar

en cambiar de clientela.

-¿Sí, y en quién está pensando usted?

-Pues estaba pensando en don Liberto, en don Ramón.

En los Domínguez.

Que si ellos nos alquilaran unas habitaciones para unos días,

esto quizá podría ser lugar de encuentro para señores.

-Eso, sin dudar.

La pensión tendría mucho más relumbrón con esos huéspedes.

-Y en cuanto vieran los del concurso

que es un hospedaje para gente ilustre, nos daban el premio.

-Ay.

-Me parece de lo más sensato.

-Es que es una idea brillante.

-Salvo por un detalle.

¿Por qué iban a querer quedarse aquí esos que ha nombrado?

-Bueno, quizá mi plan tenga algún agujero.

-Más que un colador.

-Vamos a ver, pues se le da un par de vueltas.

Forzando un poquito la situación...

¿Dónde está Jacinto?

Me alegra mucho su visita.

Aunque me sorprende al mismo tiempo.

A estas horas suele estar tomando café en el restaurante.

-Es cierto que se me ha hecho muy raro

pasar por el Nuevo Siglo XX y no ver a Emilio.

-Sí que es extraño.

Solía estar abriendo el negocio.

Siéntese. ¿Le apetece un café?

-Eh...sí, gracias.

En estos momentos estarán embarcando rumbo a Argentina.

Espero que Cinta tenga mucho éxito.

-Eso es lo que deseamos todos,

que vuelva convertida en una estrella

Cuénteme, ¿qué le trae por aquí?

-Eh...

Lo de Genoveva ha sido un pasmo.

Su detención.

¿No? A saber cómo estará Felipe.

-Pues se puede imaginar.

La encrucijada en la que está metido es de órdago.

Pero no me ha contestado.

Que no es que me moleste su visita.

Me da que quiere algo más.

-Sí, sí, sí.

He oído en el Ateneo

que han publicado una nueva novela de misterio

y quería saber si usted tenía un ejemplar.

-¿Quiere hacerme creer que ha venido

a hablar de literatura o de la carrera de Cinta?

Vamos, Antoñito.

-Es por mi hijo, Liberto.

-¿Vuelve a estar enfermo?

-No, no, afortunadamente, está bien.

Es solo que no puedo con él.

He tenido que mentir a Lolita,

llevar el niño a la mantequería

y decirle que usted necesitaba verme.

-Entiendo.

O sea, que me ha utilizado

para escaparse por un tiempo de su esposa y su hijo.

No sé muy bien qué decirle, eso es casi un delito.

Me convierte en encubridor.

-Sé que no está bien hacerle mentir.

Necesito que me eche un capote, no puedo más.

Necesito tomarme café sin que nadie escupa a la leche.

-Ya.

Si conmigo puede contar, pero debe tener cuidado.

Su esposa tiene un pronto muy malo

y no le va a gustar nada descubrir esta treta.

-Lo sé, es un riesgo que estoy dispuesto a asumir.

(Puerta)

-Disculpe, voy a abrir.

¡Don Felipe!

Buenas.

Vengo de los juzgados.

Necesito desahogarme.

¿Qué ha ocurrido?

No encuentro la forma legal de impedir

que Velasco defienda a mi esposa.

-Pero ¿no se va a encargar usted? No.

Genoveva le avisó cuando la detuvieron.

Entonces, comprendo su enfado. No, no lo comprende.

Nadie puede saber hasta dónde llega mi indignación.

-Voy a pedirle a Casilda que le prepare una tila.

No quiero nada.

Maldito sea Velasco y todos los abogados corruptos.

O tiene usted el baile de San Vito

o le ha sentado mal la marcha de su hija, tiembla como un flan.

-Sí, sí que tengo los nervios a flor de piel.

Pero por mi hija no es.

Yo sé que va a volver con el éxito debajo del brazo.

-Ha vuelto a discutir con su esposa.

-No, no, no.

Mi vida con Bellita ha vuelto a ser una balsa de aceite.

Es por una llamada que he recibido.

-Desde entonces está que no para quieto.

-Entiendo que son malas noticias.

-Pues no, todo lo contrario, muy buenas.

-Noticias de primera.

-La llamada era de Mister Golden. ¿Se acuerda?

-¿El productor de películas?

-El mismo. -Y le ha ofrecido un papel.

-Uno, no, cuatro.

-Quiere que sea el protagonista

en dos películas de aventuras y dos románticas.

Me ha llamado desde Roma para decirme

que la próxima semana estará aquí.

-No ha parado de insistirle en que le acompañe a Hollywood.

Que allí se han hecho más de 15 estudios de cine.

-Bueno, bueno, pero esa es una magnífica noticia.

Déjeme que sea el primero en felicitarle.

-No sabía yo que mi padre tuviera talento.

-Tiene y mucho.

Su padre es un actor de primera.

Debe usted estar bien contento.

-Y lo estoy, lo estoy, pero solo en parte.

-Comprendo que se trata de una aventura.

Pero le animo a que corra ese riesgo.

-Valor para enfrentarme con la cámara no me falta.

Pero me aterra la reacción de Bellita.

-Ahora comprendo sus nervios.

-Recuerde que tuvimos nuestros más y nuestros menos

cuando surgió la primera oportunidad.

Y aquello acabó en trifulca.

-Pero dejar pasar semejante oportunidad

y por segunda vez sería casi un delito.

-Sí, lo sé.

Además, Bellita se quedó con remordimiento de conciencia

cuando rechacé la oferta la primera vez.

Pero ahora no sé cómo reaccionará.

Además, si no tengo tiempo ni para pensármelo.

La intención de Mister Golden es que embarquemos

para Nueva York en poco más de 10 días.

-Sí que tienen prisa estos yanquis.

-Padre, es una gran oportunidad.

No la puede dejar pasar.

Esto le va a traer fama y fortuna.

-Soy de su misma opinión.

Si yo estuviera en su lugar, hablaría con mi esposa.

-Don Ramón, esto es más fácil decirlo que hacerlo.

(SUSPIRA)

Don Liberto, me alegra verle por aquí.

¿No le acompaña su esposa?

-La acabo de dejar en casa de Bellita.

-Hacia allí iba yo ahora.

Pero me gustaría comentarle un asunto,

si no le importa que interrumpa la lectura.

-No, por supuesto, la lectura puede esperar.

Siéntese, por favor. ¿En qué puedo ayudarle?

-Me consta que es un conocedor del mercado inmobiliario.

-Alguna inversión tengo en el sector.

¿Piensa vender el restaurante?

-No, de ninguna manera, es mi medio de vida.

Estoy buscando piso para Camino e Ildefonso.

Cuando vuelvan de la luna de miel, piensan instalarse en el barrio.

-Es una muy buena decisión.

Acacias es un barrio muy agradable.

-Por eso quería preguntarle si tiene viviendas en alquiler.

-Tengo todos mis pisos alquilados.

Pero puedo ayudarle a encontrar alguno

que sea del agrado de su hija y de su marido.

-No quisiera molestarle.

-Para nada, no es ninguna molestia.

Ya estoy buscándole piso a su amigo Marcos.

Una vez iniciada la búsqueda, puedo matar dos pájaros de un tiro.

-¿Marcos piensa instalarse en la zona?

-Sí, he quedado con él y ya debería estar aquí.

He quedado para mostrarle algunas viviendas.

Precisamente, ahí viene.

Buenos días, don Marcos.

Estábamos hablando de usted. -Bien, espero.

Me alegro de verte, Felicia.

Y aprovecho para felicitarte por la boda de tus hijos.

-Gracias, eres muy amable.

-Bueno, la felicitación tiene que ser doble.

Librarte de tus dos hijos de una tacada tiene mérito.

(RÍEN)

-No sé qué tiene de bueno ver la casa vacía

y perder la ayuda de mis hijos, pero agradezco la felicitación.

Don Liberto me ha comentado que buscas piso en la zona.

-Sí, ya te dije que estas calles me resultan muy agradables.

Especialmente, por las personas que viven aquí.

-Doña Felicia también está buscando piso para su hija.

-Estupendo, ven con nosotros

y si ves algo de tu agrado, estaré encantado en cedértelo.

-No, no quiero quitarte ninguna oportunidad.

Ya buscaré en otro momento.

Me voy, he quedado con las señoras.

-Sí que le han entrado prisas de repente.

Tengo que servir yo misma, que Alodia está en la cocina

preparando flamenquines para comer.

Es el plato favorito de Julio.

-Ha acogido con mucha naturalidad al hijo de su esposo.

-Demasiada.

Yo no hubiera sido tan comprensiva.

-Tú eres más estricta que un cabo de la Guardia Civil.

-No es difícil, se hace querer el chiquillo.

-¿Se sabe algo de Genoveva? -Sí, algo yo sé.

Mi Liberto ayer tuvo que acompañar a Felipe parte de la noche.

-¿Se encontraba enfermo?

-No, pero tenía un berrinche de los gordos.

Genoveva ha contratado a Velasco.

(Puerta)

-¿Al que defendió a Andrade?

-El mismo.

-¿Por qué no ha querido a su esposo?

No entiendo nada.

-Buenos días. -Buenos días, Felicia.

-Alodia me ha dicho que pase.

-Discúlpala, está muy liada en la cocina.

Pase y siéntese, está en su casa.

-Gracias.

Perdonen que llegue tan tarde.

Me he entretenido hablando con el marido de Rosina.

Estoy buscando casa para Camino.

-¿No van a vivir en el palacete de los Pontones?

-No, han decidido quedarse en Acacias.

-Qué chasco, despreciar una casa con tantos lujos.

-Para unos recién casados son superfluos.

Y yo estoy muy feliz de que mi hija se quede a mi lado.

-Sí, cuanto más cerca, mejor.

No sabe lo que sufro pensando que mi Cinta

está en medio del océano.

-Claro que sé lo que sufre.

Mi Emilio va acompañándola.

-Dejen de lamentarse, que en unos meses están de vuelta.

-Yo sí que llevo tiempo sin ver a mi Leonor.

-Sí, todas tenemos a los hijos muy lejos.

Pero no vamos a pasar la reunión lamentándonos.

-Sí, hija, sí.

He de decirles que la boda me pareció memorable, perfecta.

Pueden estar satisfechas. -Bueno, casi perfecta.

Es una pena que Camino no estuviera tan contenta como Cinta.

-Cada uno tiene su carácter.

-Ah.

-Mi Camino estaba muy feliz, pero peca de tímida.

-A su estilo, yo la vi muy contenta.

Siempre viendo lo que no hay.

-Yo solo deseo que mis hijos sean muy felices.

Ha sido muy duro criar yo sola a Camino y Emilio.

Pero les aseguro que me he dejado la piel

para sacarles adelante.

Puede que se pudiera haber hecho mejor.

Pero estoy satisfecha con el resultado.

-No nos pongamos tan sentimentales.

Todas pensamos que Genoveva es culpable, ¿no?

Qué buena pinta tiene ese bizcocho.

¿Me dejas catarlo? -¡Eh!

No puedes tocar ni una miga hasta que no llegue Cesáreo.

-Primo, a ver si nos enteramos.

Si le he sisado chocolate a mi señora,

no es para darte el gusto.

Todo esto es para Cesáreo, para animarlo.

-A ver si con la merienda se anima un poco.

Que lleva una racha muy mala.

-Ya tiene bastante con haber salido de comisaría.

Su lugar lo ocupa otra persona. -¿Sabéis una cosa?

He escuchado a mis señores decir

que doña Genoveva ha contratado para que la defienda

al abogado que defendió a Andrade.

-Este asunto tiene muy mala pinta.

Don Felipe estará que trina.

-¡Hombre, ya era hora!

Siéntese, que le estamos esperando. Me muero de hambre.

-Se agradece el convite a merendar.

Pero hoy no voy a ser la mejor compañía. Ando tirado.

-¿Y eso por qué, por la señora Arancha?

-Tiene que animarse un poco.

Hacer de tripas corazón y pensar menos en la vasca.

-Ya me gustaría, pero veo ese bizcocho

y me recuerda a los que hacía Arancha.

Les echaba un chorrito de Pacharán.

-Usted por eso no se preocupe.

Mi prima y yo le vamos a hacer bizcochos.

-Y bien empapados en anís,

para que no recuerde las tierras del norte.

-Y si es menester, le echamos la botella entera.

-Con tanto anís, va a olvidarse de Arancha y hasta de su nombre.

Menuda melopea va a pillar con semejantes postres.

(RECUERDA) "No sigas por ese camino".

Que hayas contratado a Velasco activa mis peores sospechas.

Si fueras inocente, no necesitarías a ese canalla.

Felipe, te lo ruego, soy inocente.

Es Santiago quien debería estar en esta celda, no yo.

No.

Por mucho que quiera, no puedo creerte.

¿Pues no va uno el otro día y me dice, y me dice

que si le alquilo el periódico?

Que una vez que lo ha leído, no lo quiere para nada.

-De verdad que hay cada uno por ahí...

Era más tonto que el que vendió la estufa para comprarse leña.

-Eso es como el borracho que me pidió

que le ayudara a abrir la puerta.

Llevaba un boquerón frito en la mano

con el que pretendía abrir.

-¡Qué ocurrencia!

-Qué bueno está el bizcocho y qué bien me ha sentado.

Me dan ganas de ponerme a andar y llegar al caserío de Arancha.

(RÍEN)

-Sí, allí estará ahora Arancha ordeñando las vacas

y las cabras.

Bueno, mejor será que me marche.

Voy a seguir con la ronda, que no tengo muchas ganas

de seguir de cháchara.

Con Dios.

-¡Cesáreo, Cesáreo!

¡Pero no se vaya, hombre!

¡Tienes más boca que un buzón de Correos!

¿No podías quedarte callado? -No he dicho casi nada.

-Con lo poquito que has dicho ya la has pifiado.

Con lo que nos había costado animar al sereno.

-Oye, ¿qué le habéis hecho al sereno,

que baja las escaleras llorando?

-Eso se lo pregunta usted a este cacho de carne con patas

y ojos que considera su amigo.

-Esta noche vas a dormir en una silla.

-Que no ha sido para tanto. -¡Ah!

¡Mejor me voy al quiosco antes de que se me escape un improperio!

-Si es que tienes menos tiento que un rebaño de cabras.

Cuando te termines la merienda, recoges todo esto.

-¿Qué has hecho para soliviantarlas?

-No sé, algo inadecuado, pero ni me he enterado.

-Por eso, no penes que si quieres, te doy unas clases de elegancia.

Y de paso, para que atines,

te enseño unos comentarios finos e inteligentes.

Eso sí.

Me tienes que hacer un favor.

¿Sigues dispuesto a formalizar nuestra relación?

Claro.

¿Qué te contó Andrade? (MARCIA) Que fue Genoveva.

Ella organizó la llegada de Santiago.

Marcia, lo nuestro era imposible. No, Felipe.

Ese hombre no era Santiago.

Sino su hermano gemelo.

Felipe, si llegara a atacarme,

no sería solo mi vida la que estaría en juego.

Vengo del médico. Ha confirmado mi embarazo.

¿Está seguro? Vamos a ser padres.

(Puerta)

¿Se encuentra bien, señor?

Ya es la hora de la merienda y no ha bajado a tomar nada.

No sé a qué hora me pasaré, si es que me paso.

Entonces, le dejaré comida

por si le entra el apetito más tarde.

¿Qué haces ahí parada, quieres algo más?

Verá, señor, no quiero parecerle insensible.

Pero me preocupa mi futuro.

Fue la señora quien me contrató y después de lo que ha pasado,

temo por mi trabajo, señor.

No temas por tu empleo.

Yo me encargaré de que cobres religiosamente.

Perdone por haber sacado el tema.

Lo he hecho porque necesito el dinero.

Ya te he dicho que no tienes nada que temer.

Déjame solo.

¿El marqués también dejó pagadas las flores de la boda?

-Así es, el marqués apoquinó el gasto de su bolsillo.

Y dejó una buena propina para servidora.

-Qué bien. Entonces, si no se debe nada, me marcho.

Con Dios, Marcelina. -Con Dios.

Buenas tardes, Felicia. -Buenas tardes.

Ya has vuelto. ¿Has encontrado alguna vivienda de tu agrado?

-He visto una muy agradable y soleada.

Pero era un poco pequeña para mis necesidades.

-Tendrás que buscar en otra zona.

Y ahora, vuelvo al restaurante, tengo mucho trabajo pendiente.

Ya no tengo la ayuda de mis hijos, como me he librado de ellos...

-Dame un momento, Felicia.

Quiero disculparme por ese comentario tan poco afortunado.

-La verdad es que no es lo más acertado que he escuchado.

-Solo era una broma inocente.

Siento mucho que te hayas disgustado.

Mi hija Camino me ha dado muchos disgustos últimamente.

Y estoy un poco susceptible con este tema.

-¿Los problemas son por Ildefonso o previos a la boda?

-Prefiero no hablar de ese tema, es muy angustioso para mí.

-Tienes mi ayuda para lo que necesites.

-Gracias, pero no puedes ayudarme con este asunto.

Ya está todo solucionado. Tengo que dejarte.

Me alegro de verla, doña Susana.

-Si usted lo dice, no lo pongo en duda.

Pero apenas nos conocemos. -Eso va a tener remedio.

Tengo la intención de vivir en este barrio.

-En ese caso, sea bienvenido.

No es un mal sitio para vivir.

La mayoría del tiempo.

-En cuanto encuentre una casa, pienso mudarme.

-Pues no lo va a tener fácil.

Aquí los pisos están muy solicitados.

-Pagando más no habrá problema.

Pero...

No es de la vivienda de lo que me gustaría hablar con usted.

-¿Ah, no, y en qué puedo ayudarle?

-Quería saber si conoce usted bien a la dueña del restaurante.

-Sí, la considero mi amiga. ¿Por qué quiere saberlo?

-Porque necesito su ayuda, doña Susana.

-¿Mi ayuda, para qué?

(Campana)

Toma, dale esto al párroco y dile que la ceremonia fue preciosa.

Quedamos todos encantados. Con Dios.

Doña Felicia.

A usted la estaba buscando.

¿Ha tenido noticias de Camino? -No, no sabemos nada.

Pero es normal, acaban de empezar su luna de miel.

-Debe ser una delicia viajar con la persona a la que uno ama.

En fin, sigo con mi ronda.

-Con Dios. -Con Dios.

-Felicia, aguarde un momento.

¿Le pillo mal?

-Para nada. ¿Le puedo ayudar en algo?

-Es más bien al revés.

He tenido un encuentro un poco particular

con el indiano, quería comentárselo.

-¿Con Marcos?

¿Tuvo una relación estrecha en el pasado con ese hombre?

-Nos criamos en el mismo pueblo, pero vivían a las afueras.

Apenas tuvimos trato.

-Pues para no tener apenas trato,

está muy interesado por usted.

¿Seguro que no pasó nada entre los dos?

-Por supuesto que no. ¿Por qué me lo pregunta?

-Porque he visto que la presencia del indiano le incomoda.

Y por eso me ha extrañado que me abordara

y me hiciera preguntas sobre usted.

-¿Cómo dice?

-Lo que oye, me ha hecho un interrogatorio.

(SUSPIRA)

(RECUERDA) "Ese chico llegará lejos.

¿Sabes lo que me dijo?".

Que quería ser abogado, como yo.

Imagínate, un chiquillo que me acababa de conocer.

Su padre ha de estar muy orgulloso de él.

Su padre.

-Te voy a dejar más limpio que una patena.

Te vas a dar un baño. -Que no me voy a bañar.

-¡Tira para dentro!

Me temo que estas discusiones van a ser algo habitual.

Si así ha de ser nuestra familia, que así sea.

Nuestra familia.

Parece que por fin hemos conseguido tener una.

(SUSPIRA)

No sabes cuánto te añoro, Celia.

(Puerta)

Adelante.

Perdone, señor.

Ya sé que está muy ocupado. ¿Y por qué me molestas?

Ha llegado esta carta con matasellos de La Habana.

He pensado que puede ser algo de mucha enjundia.

Tiene firma de Becerra.

Dígame de una vez qué quería saber Marcos sobre mí.

-Todo.

-¿Qué trata de sugerir?

-Yo creo que el indiano ha llegado a nuestras calles a buscarla.

Mister Golden me ha vuelto a proponer que me vaya a Hollywood.

¿Eh, te apetece?

Han quedado tan impresionados que me han pedido

que le pidiera ingresar en el Partido Liberal.

¿Y el broche que te regalé?

-Está guardado.

-¿A ti te gusta el broche?

-Lo que lamento es que tenga que marcharse justo ahora

que nos acabábamos de encontrar.

-En cuanto me establezca con Bellita y Alodia,

haré lo que esté en mi mano para que te reúnas con nosotros.

Hay una avería de las gordas en sus cañerías.

No van a tener agua hasta nuevo aviso.

-¿Cómo que hasta nuevo aviso, cuándo va a ser eso?

-Pueden ser varios días o semanas. La cosa pinta muy mal.

¿Qué opinión tenéis sobre Santiago?

¿Era un hombre de fiar o quizá un mentiroso?

Al parecer, así lo era. Y no era quien creíamos.

Ya sabe mi opinión sobre Santiago.

No pongo la mano en el fuego,

pero me cuesta creer que sea el asesino.

Lo haré, pero no sé si resultará de mi agrado.

Ya sabe que yo quiero vivir en el mismo Acacias.

A mi prima le escriben más que a un ministro.

No para de recibir cartas misteriosas.

¿Quién se la habrá enviado?

¿Pretendes hospedarme a mí en una pensión?

-Si no es en esta pensión, tendrá que ser en otra.

Pero deberíamos buscar un hotel.

-No podemos costearnos un hotel tanto tiempo.

Nos va a salir por un ojo de la cara.

¿Y la carta que recibí de Becerra?

¿Creen que debería entregársela al comisario?

Eso podría condenar a su esposa.

Necesito saber qué haces en Acacias.

Y por nuestra antigua amistad, te ruego que me digas la verdad.

¿Qué ha averiguado? Viene apuntado en el informe.

Laura Alonso es una mujer con una vida muy interesante.

¿Sanatorio La Merced?

Quisiera hablar con una interna. Su nombre es Lorenza.

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Acacias 38 - Capítulo 1228

25 mar 2020

Felipe lee la carta de Santiago y se queda atónito. Genoveva recibe un informe sobre Laura y escribe una carta a Felipe, además Velasco le asegura a Genoveva que la sacara de prisión
Felicia se entera por Susana que Marcos ha estado investigando cosas sobre ella y ésta le pide explicaciones sobre su interrogatorio.
Aunque Bellita ha accedido a su viaje a USA, las señoras se han dado cuenta de que tiene dudas así que todas le impulsan para que se arme de valor para confesárselo a Jose.
Jacinto se disculpa con Cesáreo por su metedura de pata, pero lo estropea con Marcelina. Servando ofrece alojamiento en la pensión a Liberto y Rosina porque sus tuberías se han roto.

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  1. Aleja

    Este comentario lo tendría que haber hecho hace dias:¡¡¡ Por fin Carmen es señora en la cabecera!!!

    26 mar 2020