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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1222 - ver ahora
Transcripción completa

Como me alegro de que nos hayamos encontramos, Felicia,

estás igual que la última vez que nos vimos.

-No seas zalamero,

hace muchos años ya que dejamos el pueblo.

Por desgracia, ya no somos los mismos.

-Yo tengo más años y más achaques,

pero tú sigues siendo la misma mocita

que corría por los prados de nuestra tierra.

-Te aseguro que estoy para muy pocas carreras.

Ay... Cómo echo de menos aquel paisaje.

Aquí lo único verde que puedes ver es una maceta

o una lechuga.

-Es de suponer que este señor que nos mira pasmado es tu hijo.

-No estamos acostumbrados a que los clientes sean tan afectuosos.

-No es un cliente,

es un viejo amigo.

Deja que te presente. Es Emilio, mi hijo.

-Encantado de conocerte. Mi nombre es Marcos Bacigalupe.

-Encantado. -Encantado.

-Por lo que puedo entender, es usted paisano de mi madre.

-Sí, nos criamos en el mismo pueblo.

-Los mejores años de mi vida son los que pasé allí.

-Lástima que tuvieras que emigrar con tu familia.

-No nos quedó otra que hacer las Américas,

en aquella época no había mucho futuro en el pueblo.

-Y vosotros siempre fuisteis muy lanzados,

solo pensabais hacer fortuna más allá del mar.

-También éramos muy ingenuos,

estábamos convencidos de que en América ataban a los perros

con longanizas, y no era así.

-Te eché mucho de menos cuando te fuiste.

-A mí también, a mí también me costó mucho...

perder a toda mi gente y empezar en una tierra nueva.

Desde entonces, no nos habíamos visto.

-Y de eso hace muchos años.

Apenas éramos unos críos.

-Tú ya eras toda una mujer.

Has de saber, que tu madre era una belleza

y que cuando había verbena,

los mozos acudían de todos los pueblos para bailar con ella.

-No seas exagerado.

Aunque reconozco que algún pretendiente ya tuve.

-Y más de uno.

Me acuerdo de unas fiestas en las que intervino la Guardia Civil...

-Por favor, me vas a sacar los colores.

Hay cosas que mi hijo no debe saber.

-¿Acaso miento?

Eras la más bella de toda la comarca.

-Eso fue hace mucho años,

ahora soy una viuda que se ha trasladado a la ciudad

y que tiene que encargarse de este restaurante y de su familia.

No es tiempo de recordar locuras de mocedad.

-Sentí mucho lo de tu marido.

Mi tía Juliana me escribía de vez en cuando

para contarme cosas de mis paisanos y me enteré de esa forma.

-Sí, desgraciadamente nos dejó muy pronto,

desde entonces, he tenido que sacar adelante

a Emilio y a mi hija.

-¿También tienes una hija?

-Sí. Se llama Camino.

He quedado con ella para ir al teatro.

-En ese caso, no te entretengo más.

-Discúlpame,

no quiero ser grosera, pero nos tenemos que ir.

-Si tienes una mesa libre,

mañana me encantaría almorzar en tu local

y aprovechar para ponernos al día.

-Claro que sí. Queda una mesa reservada a tu nombre.

-Entonces, hasta mañana.

Disfrutar de la función.

-Gracias. -Hasta mañana.

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cuándo me va a dejar salir?

Yo también trabajo en seguridad.

Se supone que entre bueyes no hay cornadas.

-No le puedo dar mejor trato hasta que no me cuente la verdad.

-Ya se lo he contado un montón de veces,

desde que encontré el cadáver, no he dejado de cooperar.

-Tiene que decirme cómo llegó a sus manos la medalla de Marcia.

-¿Qué importancia tiene eso? -Mucha.

Demuestra que, o es usted el asesinato,

o es cómplice del falso Santiago

o es un miserable que robó el cuchillo del cuerpo de Marcia

comportándose como un buitre carroñero.

-Ninguna de esas tres cosas son ciertas.

-¿Cómo lo consiguió entonces?

-Él me la entregó para que se la diera a Marcia en mano.

Por desgracia, no pude hacerlo,

cuando la encontré, ya estaba muerta.

-¿Por qué no declaro todo esto antes?

-Por miedo.

-Miedo, ¿a qué?

-A que no me creyera y me acusara de robo o de asesinato,

lo que está haciendo ahora.

-Precisamente, el haber ocultado esta evidencia

es lo que le delata ahora. -Lo hice por ahorrarme problemas.

¿Qué beneficio iba a sacar? Esa medalla no tiene ningún valor,

solo el que Marcia le daba.

-¿Trata de convencerme de que el esposo de Marcia,

el supuesto Santiago

se preocupaba por su mujer y le hizo ese encargo?

-Justamente así es.

-No le creo.

El marido de Marcia era un impostor y un asesino,

esa gente es poco dada a sentimentalismos,

como me quiere hace creer. -Le juro que es la verdad.

-No, su historia no se mantiene.

En el remoto caso de que su versión fuera cierta,

debería haberla declarado punto por punto

cuando dio aviso del hallazgo del cadáver.

-Ya le he contado mis razones.

-Pero yo no voy a creerlas.

-Se lo juro por lo más sagrado. Déjeme salir.

-No, se va a quedar detenido.

-Está cometiendo una injusticia.

-Eso ya se verá.

De momento, va a pasar la noche en el calabozo a solas.

Quiero que reflexione sobre lo que me ha dicho.

Mañana volveré a interrogarle

y espero que me diga la verdad de una vez por todas.

Carcelero.

Llévelo a una celda, sigue detenido.

-Está cometiendo un grave error.

Yo no he hecho daño a nadie en mi vida.

¡En mi vida!

Nunca me acostumbraré a las comidas de Cabrahígo,

esto es comer y comer como si no hubiera un mañana.

-Mientras haya condumio, se zampa, ea.

La ley del pobre, reventar antes de que sobre.

-Menudo peligro tiene eso,

teniendo una mantequería, le puede dar por comerse toda la mercancía.

-Qué hambrienta.

-Chist... Oye...

No hagáis mucho ruido, no sea que se despierte Moncho.

-Parece que desde el bautizo está más tranquilo y llora menos.

-Sí, debe ser que disfrutó de la ceremonia tanto como nosotros.

-Ha sido un placer compartir nuestra felicidad con los vecinos.

-Quedaron encantados con el convite, y no es para menos,

nos costó un riñón.

-No vamos a andar con miserias en una cosa tan principal

como era cristianar a mi nieto.

-En eso está bien gastada hasta la última peseta.

-A mí eso no me preocupa.

Tengo la cabeza en otros menesteres.

-¿Qué te quita el sueño, amor mío?

-Atender la tienda.

Desde que no tenemos a Marcia,

que en paz descanse,

solo puedo contar con la ayuda de Carmen.

-No sufras por eso, mujer,

nos apañaremos de una manera o de otra.

Nos llevamos al niño a la tienda, no sé.

-¿No será malo para Moncho?

-No creo, el niño está totalmente recuperado.

-Sí, y no llora tanto.

Puede estar en la trastienda.

-Moncho se porta como un vendito,

pero una de las dos tendrá que estar a su vera.

-Es lo normal, siendo tan pequeño.

-Lo sé, lo sé,

y sé que, como su madre que soy, soy responsable su crianza.

No sé... -Eso siempre ha sido así.

-Sí, cariño, pero eso no quita que precise de ayuda

para atender la tienda como Dios manda,

que no solo es atender a las clientas,

también hay que reponer mercancía...

-Seguro que se os apañáis las dos,

las mujeres siempre sacáis tiempo para todo.

-Padre, mañana tiene la reunión con la aseguradora, ¿no?

-Tengo que revisar ciertas cuentas con ellos.

-Yo tengo asuntos que atender,

pero nos podemos buscar en el Ateneo

y buscamos un hueco para almorzar.

-Me parece de fábula.

Me voy a acostar, que mañana tengo que levantarme muy temprano.

-Yo también voy a acosarme. Buenas noches.

-Buenas noches.

-Carmen, ¿ha visto el caso que me han hecho,

menos que al pito del sereno?

-Lolita,

estos no se plantean echar una mano con el cuidado del niño.

Tendremos que hacerlo solas,

como siempre.

-Menuda cruz con esto de ser mujeres.

-Tarde te has dado cuenta.

Vamos a recoger todo esto,

que también me quiero acostar

y nos queda un buen rato de fregar cacharros.

De piedra me he quedao cuando han detenido al Cesáreo,

hasta el aliento se me ha cortao.

-La he tenido que pellizcar pa que reaccionara.

-Ya lo podías haber hecho con más mimo,

que me has dejao un cardenal de los gordos.

-No me da la sesera pa creer que se hayan llevao preso al sereno,

si no hay nadie más bueno en el barrio.

-Y eso no es lo peor, cuando le han detenío,

he podido escuchar que le acusaban de algo gordo.

-Na menos que de robar a Marcia y...

de darle matarile, prima.

-Madre del amor hermoso.

¿Cómo le pueden acusar de semejante barbaridad?

-Muy sencillo, han encontrao escondido en casa de Cesáreo

la medalla de Marcia, y eso es muy raro.

-No, no puede ser.

Cesáreo no ha podido matar a Marcia.

-¿Y por qué tenía en su casa la medalla de Marcia?

-Ya. La verdad que eso también me escama.

-Tiene que haber alguna explicación,

que no sea que se la robó después de matarla.

-A ver si la encuentran pronto,

que tiene toda la pinta de que le van a cargar el muerto,

con perdón, al pobre de Cesáreo.

-Has de ver como eso no pasará.

El comisario entrará en razón.

Conocemos a Cesáreo desde hace mucho tiempo

y sabemos que es más bueno que el pan blanco.

-Pa mí siempre ha sido un hombre sin maldad ninguna,

pero me barrunto que lo tiene una miaja negro.

-¡Que no!

Él es incapaz de hacerle daño a nadie,

y mucho menos a Marcia, todos sabíamos cuánto la apreciaba.

-Ojalá consiga convencer de eso al comisario.

-¿Tú qué opinas? Estás más callá que un mudo con anginas.

-Yo no conozco a ese hombre,

pero visto desde fuera, no lo lleva muy bien.

-¿Piensas que pueden condenarle?

-Yo no soy abogado ni policía,

pero... me da a mí que o se espabila mucho

o tiene un pie en el cadalso.

-Eso tenemos que impedirlo,

no quiera Dios que se cometa semejante injusticia.

-Algo hay que hacer pa sacarle de ese atolladero.

-¿El qué?

Yo de pastoreo lo que sea, pero de estas cosas, ni papa.

-Pues piensa y usa la cabeza pa otra cosa

que no sea pa dar gritos borregueros.

Hombre.

Si llega un poco antes, encuentra el restaurante cerrado.

-Ha madrugado mucho.

-Sí, tengo muchos asuntos que atender

y en casa no hay quien pare con el niño.

-Ya. ¿Lo de siempre? -Sí, lo de siempre.

-Me figuro...

que el niño les tiene revolucionados ahora que se encuentra bien.

-No tanto, son Lolita y Carmen los que se ocupan de todo.

-Yo no sé qué haremos cuando Cinta y yo tengamos hijos,

ella no se va a poner a cantar con el pequeño en brazos.

-Eso se soluciona fácil,

con todo el dinero que va a ganar Cinta en los escenarios,

pueden contratar a un ama de cría.

-Me parece que aún queda mucho tiempo para eso.

-No, tienen que tener descendencia cuanto antes.

Moncho va a necesitar amiguitos para jugar

y no se me ocurren otros que sus futuros hijos.

-No creo que Cinta tenga prisa en eso,

oyéndola hablar con Julio no la veo muy ama de su hogar.

-¿Por qué? ¿Pasan mucho tiempo juntos?

-Pasa más tiempo con él que conmigo.

En poco tiempo han cogido confianza, demasiada confianza.

-Cualquiera diría que está usted celoso.

-No, no debo pensar algo así,

pero parece que solo le interesa estar con ese muchacho.

-Y eso le escuece.

-Sí. Me da vergüenza decirlo,

pero me molesta que le preste tanta atención.

-Pero es normal, acaba de descubrir los lazos que les unen.

-Eso no se lo discuto, pero no debería escatimarme en atenciones

para dedicárselas a Julio.

-Y dale.

Cinta siempre ha pensado que es hija única,

descubre que tiene un medio hermano,

es lógico que quiera recuperar el tiempo perdido.

Es sangre de su sangre.

-¿Piensa que veo fantasmas?

-Absolutamente. Y no debería pensar así,

y menos, teniendo la boda tan próxima.

-Me gustaría no pensar en eso, pero no puedo evitarlo.

-Pues solo va a conseguir amargarse.

Cinta le adora,

y por Julio solo siente amor fraternal,

ya está, es todo.

-Ya.

Eso mismo me digo yo,

pero... la veo hacerle alguna carantoña

y es que se me llevan los demonios.

Anda, parece que hoy todo el mundo se ha caído de la cama.

Otra que madruga.

Y tanto, tengo mucho que hacer esta mañana.

Y yo, por eso me estoy afanando en terminarlas pronto,

que no he olvidado que quieres ir de compras.

De eso mismo te quería hablar.

¿Por qué no dejamos las compras para otro día?

Quiero aprovechar para ensayar con Julio Jose.

Sí, como quieras,

pero ya lo tenía todo organizado para salir

y no sé si podré otro día.

No te apures por eso, ya encontraré a alguien.

Te veo luego.

¿Entonces dice usted que veo fantasmas?

-Sí.

Levanta el brazo de la barra, que no me deja limpiar.

-A mí no me eche la culpa y céntrese.

-Menos criticar y más ocuparse de la portería, que la tienes abandonada.

-Es mi rato de descanso.

-Pero si trabajas menos que un párvulo cuando sale de la escuela.

Y sí, estoy preocupado por lo de Cesáreo, no quepo en mí.

-Normal, Servando, todos estamos muy afectados por el asunto.

-Pero yo más. -Que esto no es una competición.

-Pero sospecho que le han detenido,

y su detención ha sido en parte culpa mía

por hablar con el comisario.

-No sería la primera vez que mete la pata hasta el corvejón

por no quedarse callado,

que no para ni debajo del agua.

-¿Qué le contó a Méndez?

-Todo lo que quiso saber sobre Cesáreo.

A lo mejor no interpretó bien alguna cosa.

-Ya. No le puso bien al sereno.

-Lo mismo me calenté y no fui todo lo elogioso que debía.

-No sé de tanto pisto,

que si le han detenido es porque han encontrao el colgante de Marcia

en su casa.

-¿Piensa que es culpable?

-No he dicho eso,

pero pa mí que es una infamia

que se lo hayan llevao p'alante.

Ahora, que... lo del colgante escama.

-Entonces, ¿no ha sido culpa mía?

-Usted dijo lo que sabía y el comisario puso sospecha,

pero tranquilo,

estoy segura de que pronto se aclarará to.

-Eso mismo piensan Casilda y Marcelina.

Debemos hacer to lo posible por ayudarle.

-Le podemos llevar unas mantas y comida,

y si no nos dejan entrar, se lo dejamos a los guardias

y que se lo hagan llegar.

-Cuente con los del altillo,

estamos dispuesto a arrimar el hombro.

-Me parece fetén, Jacinto,

ya que está encerrao, al menos que no pase ni frío ni hambre.

-Esta misma tarde le preparamos un paquete.

-Yo se lo llevo.

Ya me ayuda Servando a cargarlo.

Con un poco de suerte, nos dejan verlo.

-Yo, de verdad, ya me gustaría,

pero es que tengo un reuma que no puedo que no puedo.

Me tengo que ir a mi cuarto, no puedo con el dolor de la espalda.

-¿Qué le ha pasao a este? Se ha ido haciendo fu como el gato.

-Pa mí que se sigue sintiendo culpable

y tiene miedo de verse con el sereno.

-Yo soy de su opinión, lo que dijo no es la razón de que lo detengan.

-Y si dijo algo, Jacinto, no fue con mala intención.

Ahora lo que hay que hacer es tratar de ayudar al sereno.

-También tengo que contarle lo que se le ha ocurrido a Casilda.

Pa mí que anda muy atiná.

-Dime, soy toda oídos.

(LAURA CARRASPEA)

¿Te has resfriado o es que tienes algo que contarme?

Más bien lo segundo.

He sabido algo que creo que puede interesar a la señora.

Déjate de rodeos y dime lo que sea.

Han detenido al sereno del barrio.

Fue ayer por la tarde en esta misma calle.

¿A Cesáreo?

Sí, señora.

¿Se sabe por qué razón?

Le acusan del asesinato de Marcia.

Muy bien, gracias por la información.

Ya sabe que estoy a sus órdenes.

En ese caso, debes mantener la boca cerrada,

quiero que seas muy discreta con este asunto,

sobre todo con el señor.

¿No quiere que le diga nada?

No, me ha costado mucho que nos volvamos a entender.

Sí, señora, se le ve mucho mejor.

Y quiero que siga siendo así.

La muerte de esa criada ha impresionado demasiado a mi esposo,

temo que cualquier novedad pueda afectar al equilibrio que existe

entre nosotros.

Lo que usted ordene,

aunque don Felipe, tarde o temprano, sabrá lo ocurrido.

Lo sé, por eso pienso contárselo yo,

pero en el momento oportuno.

¿Entendido?

Perfectamente.

Voy a subir a mi despacho.

¿No quieres desayunar?

No, ya tomaré algo más tarde.

¿De qué hablabais?

La señora me daba indicaciones de lo que debo comprar en el mercado.

Con Dios.

Felipe.

(Se cierra la puerta)

Muy bien, así debes permanecer, con la boca cerrada.

Descuide la señora, he entendido perfectamente sus indicaciones.

Ese debe ser tu máximo interés, obedecer.

Qué más da a quién encarguemos las flores,

todo corre a cuenta de Ildefonso.

-Todavía no ha dicho quien va acudir de los suyos, y ya va siendo tarde.

-Tiene invitados sin confirmar, entre ellos, su abuelo.

¿No va a venir el marqués?

Depende de cómo se encuentre de salud.

-Tendríamos que saberlo ya para asignarle un lugar principal.

Y deberíamos saber cuántos invitados va a traer,

que no es cosa de colocarlos de cualquier forma.

-No tengo ni idea, Emilio.

-Debes preguntárselo, y cuanto antes.

-Basta de apremios, por favor,

ya me abruma bastante esta maldita boda.

No te preocupes, nos encargaremos nosotros de averiguarlo.

-Y si no, nos colocamos todos revueltos y asunto solucionado.

El caso es pasarlo bien en la boda.

Claro, como anoche en el teatro.

Qué bien lo hizo ese Beniamino Gigli.

Fue una noche estupenda.

Ildefonso fue muy educado

y... Julio Jose estuvo muy divertido.

-Sí, contó unos chistes muy graciosos.

Es un encanto de hombre.

Y no solo eso, es muy buena persona.

Le estoy cogiendo mucho cariño.

Ya se ve, pasas mucho tiempo con él.

¿Piensas que paso mucho tiempo con él?

No, lo natural entre hermanos.

Y más siendo él tan simpático.

Yo diría que hasta es de lo más pinturero.

Es cierto que no le faltan virtudes,

pero no más que a tu futuro marido.

Ildefonso es elegante, refinado

cariñoso, amable, y siempre está pendiente de ti.

No se puede pedir más.

Sí, he tenido mucha suerte.

-No lo dudes, es un gran partido.

-Lástima que no te puedas casar tú con él.

Me voy al restaurante,

no podemos estar los dos aquí y madre allí sola.

No hace falta ser muy listo para saber que Camino

no tiene ilusión por casarse.

-Después de lo que ha pasado, es su mejor opción,

a mí tampoco me gusta, pero es lo que hay.

Ser infeliz el resto de su vida no es que sea una bicoca.

A mí tampoco me gusta esta solución,

pero peor sería terminar con sus huesos en la cárcel,

y ha estado a un paso del desastre.

No sé cómo Ildefonso no se da cuenta

de que mi hermana no tiene interés por él.

Ildefonso no es tonto, yo creo que lo sabe perfectamente.

Entonces, ¿por qué no anula la boda?

Habrá echado cuentas y ha visto que le conviene.

Él está completamente enamorado

y no pierde la esperanza de que Camino le corresponda,

aunque sea en el futuro.

A mí también me gustaría que a la postre fuera feliz.

Ildefonso es un buen hombre.

Nosotros nos casamos por amor

y eso es lo mejor que te puede pasar en la vida.

Me encantaría que tu hermana pudiera sentir lo mismo.

Y a mí, pero después de lo que ha ocurrido,

es imposible.

Ea.

Aquí tiene, Fabiana, el mejor tocino de la ciudad.

-Eso espero, que quiero preparar un buen guiso

pa llevárselo a Cesáreo a la comisaria.

Ya que no podemos evitar que esté preso, que coma decentemente.

-No me puedo creer que le hayan acusado del crimen de Marcia.

No tiene ningún sentido.

-Pa mí que el comisario está despistao.

¿Cómo se le puede ocurrir detener a Cesáreo?

Si es incapaz de matar una mosca.

-Y más, Méndez, que le conoce desde hace años.

-Y hasta ha colaborao con él es su pesquisas en más de una ocasión.

-No saben a quién acusar y han cogido a este,

como podrían haber cogido a cualquiera.

-No creo que la policía sea tan negligente.

-Si fueran más avispaos, no se les habría escapado Santiago.

-Sea como sea, muy poco podemos hacer,

lo que ha dicho Casilda y poco más.

-Tenga, Fabiana.

Llévele por cuenta de la casa este chorizo,

no sé, por si le da hambre entre horas.

-Agradecida.

Bueno, ¿qué, cómo marcha mi ahijado?

-Como la seda. Cada día que pasa está mejor.

Come como una lima, a juzgar por lo que mama,

se piensa que soy una vaca. -(RÍE)

-Y ya casi no llora.

(MONCHO SOLLOZA)

Parece que le ha escuchado y quiere llevarle la contraria.

Voy a ver si lo calmo.

-¿Se han traído al niño aquí?

-Qué remedio,

no le vamos a dejar solo en casa.

En la tienda se precisan dos personas.

-Les va a faltar tiempo pa atenderlo to.

-No lo sabe usted bien,

en un rato tengo que irme a preparar la comida.

-La veo corriendo calle arriba y calle abajo.

-Sí, Fabiana.

Ya podrían los hombres arrimar el hombro de vez en cuando,

en vez de pensar que las mujeres tenemos cuatro brazos

y que llegamos a todo.

-¿Quiere que un hombre se ocupe de un chiquillo?

-¿Y por qué no?

Vamos, que no les iba a pasar nada.

-Ni se le ocurra semejante disparate,

¿quiere que Moncho vuelva a enfermar?

-Claro que no.

A un rorro lo tiene que cuidar su madre, que pa eso lo ha parido

y pa eso está ella.

¿Quién le ha dicho que un hombre se puede ocupar de una criatura?

-Pues tienen dos manos, mire,...

como nosotras.

-Ya, pero pa emplearlas en otros menesteres,

que un hombre vale tan poco para niñera,

como nosotras picando piedras.

Aquí tiene, va bien.

-Será en eso en lo que piensan ellos,

porque moverse, lo que se dice moverse,

no mueven ni un dedo por el pequeño.

-A más ver, Carmen. -Con Dios, Fabiana.

¿Cómo ha ido la reunión con Cinta y tu hermano?

¿Habéis cerrado ya los detalles de la boda?

-Sí, más o menos.

-¿Tiene tu prometido la lista de los invitados?

-¿Por qué todos me preguntan por lo mismo?

No, no la tiene.

-Camino, vas a casarte y empezar una vida nueva,

anímate un poco.

Marcos.

Tan puntual como anunciaste.

-Me gusta administrar bien mi tiempo y disfrutar lo más posible de él.

Deja que te presente, ella es Camino, mi hija.

-Encantado.

Es usted un belleza, señorita.

Casi como su madre cuando era joven.

-Te falla la memoria, ella es mucho más bella de lo que lo fui yo.

-Si me perdonan, tengo que irme,

nos hemos quedado sin pimentón y van a cerrar la mantequería.

-Perdónala, está a punto de casarse y está muy nerviosa.

Es muy difícil hablar con ella.

-No te apures,

sé que las mozas a su edad son una verbena de sentimientos.

Seguro que cuando pase la boda, sabré ganarme su simpatía.

-Pensaba que estabas instalado en México,

que aquí solamente estabas de paso.

En el pueblo decían que te había ido muy bien.

-Me fue bien durante unos años, pero ahora,

la revolución ha puesto el país patas arriba.

Además, mi tierra me reclama con fuerza

y mi idea es establecerme en España. -¿Vas a volver al pueblo?

-Andar por esa comarca me llena de gozo y nostalgia,

pero solo por unos días, lo justo para visitarla

y recordar viejos tiempos.

-Yo tampoco puedo estar mucho tiempo allí,

ya estamos hechos a otro tipo de vida.

-Y tanto.

Después de vivir en una gran urbe como Ciudad de México,

se me haría pequeño el pueblo.

-¿Has pensado dónde vas a fijar tu residencia?

-Así es, pienso establecerme aquí.

He dado una vuelta por el barrio y me han cautivado sus casas

y sus gentes.

-¿Te vas a instalar en Acacias?

-Si encuentro el lugar adecuado, por supuesto que sí.

¿Te parece mal? -¿A mí? No.

Ni bien ni mal, es una decisión tuya.

-Seguro que este va a ser mi restaurante favorito,

me veo como cliente fijo.

-Bueno, espera a probar la comida, igual no te gusta.

-No necesito probarla, estoy convencido de que me encantará,

tú siempre has tenido muy buena mano.

Siéntate, Marcos, esta mesa la hemos reservado para ti.

-Gracias.

No lo entiendo y no lo entiendo. -¿Qué te ocurre, Rosina?

Llevas mirando ese broche toda la mañana.

-No entiendo por qué me lo ha regalado tu tía.

-Por simple generosidad,

le dije que te llamaba la atención.

-Ya me extrañaría. Tu tía, como buena sastra que ha sido,

no da puntada sin hilo, alguna intención hay detrás del regalo.

¿Siempre vas a pensar mal de ella? -Se lo voy a aceptar.

-Pues no le busques pelo al huevo,

si te lo ha dado es porque pensaría que te agradaría, nada más.

-Siempre hay una intención detrás de un regalo,

pero no sé cuál es la suya. -No te creas,

precisamente estoy leyendo esta revista ilustrada, y dice

que en África, las tribus se hacen regalos entre ellos

con el fin de agradar a sus vecinos.

-No me importa lo que hagan los aborígenes.

-Pues debería. Hay unas fotos de una exposición

donde muestran objetos de esas culturas,

y hay uno que se parece mucho a tu broche.

-No puedo creerlo, déjame ver.

Unos son ornamentales y otros tienen fines mágicos,

se usan en magia negra para hacer hechizos de amor,

de fertilidad o para echar mal de ojo.

-Este es muy parecido. ¿Será mágico el mío?

-No lo creo, pero está bien que lo tengas, por si acaso.

-Yo no tengo necesidad en el amor, la fertilidad es agua pasada,

pero lo del mal de ojo sí que se lo echaría yo alguna.

-Algo bruja sí que eres,

pero si te escucha tu confesor decir esas barbaridades,

te va a tener rezando padrenuestros hasta Navidad.

-Voy a ir poniendo la mesa, si no les importa.

-Sí, ya era hora, hace rato que tengo apetito.

(Ruido de platos rotos)

-Cuidado, abanta.

A este paso, nos quedamos sin vajilla, cada día rompes uno.

-Perdone, señora, pero hoy estoy un poco alterá.

-¿Y cuándo no?

Haces las cosas al tuntún y así salen las cosas.

-No riñas a Casilda,

la pobre tiene que estar alterada por la detención del sereno.

¿No es así? -Sí.

Sí, señor, ha pegao usted de lleno.

No me lo puedo quitar de la cabeza.

No es justo que encierren a un inocente.

-Eso de inocente... tendrá que demostrarlo.

-No, señora, Cesáreo es más bueno que el pan blanco,

él no puede haber sido. -El comisario no opina lo mismo.

-Ya verás como todo se arregla.

Ya puedes traer la sopa, pero sin romper la sopera.

-Esta chica, cada día es más desastre,

espero que traiga la sopa caliente.

Ea, ya tengo todo listo pa la boda.

Con la prisa que te has dado, lo mismo olvidas algo.

Mientras tenga al cura y al novio, lo demás es accesorio.

No gastes bromas con esto, que solo vas a casarte una vez.

No me lo puedo creer, en unos días voy a estar casada con Emilio

y camino a la Argentina.

Sí, el tiempo pasa volando.

Qué ganas de ponerme el vestido, me queda espléndido.

Es difícil que algo te quede mal con ese tipo.

Está muy seria, ¿le ocurre algo?

Arantxa todavía no ha contestado a la invitación.

A saber cuándo llegan las cartas a ese caserío.

Eso espero.

Me gustaría estar rodeada de las personas que aprecio.

¿No se toma el café conmigo?

No, tengo mucha jaqueca, voy a echarme un rato a descansar.

Alodia.

¿Sabes que le ocurre a mi madre?

Yo llevo aquí poco tiempo, pero creo que solo tiene tristeza.

Esperaba que estuviera más animada con lo de la boda.

Que se case tu única hija, no es algo que pase todos los días.

Por eso está más apagada.

¿Piensas que le molesta que me case?

No, ni mucho menos,

solo que... cuando usted lo haga,

se irá de su casa, naturalmente,

y ella se va a quedar un poco más sola.

Quizá tengas razón,

pero debe entender que volveré por la casa, que no va a perderme.

El tiempo lo dirá.

El casado, casa quiere

y pronto tiene asuntos más urgentes que visitar a sus padres.

No creo, mis padres son lo más importante que tengo.

Lo que usted diga, señorita.

Bueno, ya me dirá...

¿Por qué me ha citado?

Me figuro que no es solo para invitarme a café.

Ya veo que no está al tanto de las últimas novedades,

por eso quiero explicarme bien, no quiero causarle ningún disturbio.

Liberto, se está luciendo, me está asustando con tanto rodeo.

Disculpe, iré al grano. Por favor, tome asiento.

Sé que lleva todo el día en su despacho,

por eso le he mandado recado para que viniera.

Han detenido a Cesáreo como sospechoso del asesinato de Marcia.

¿Cómo dice? ¿Han detenido a Cesáreo?

Sí, la detención se produjo ayer

y de forma muy discreta.

Hasta hoy, no ha transcendido la noticia.

No comprendo cómo Méndez no me ha dicho

que iba a realizar semejante detención.

¿Qué le parece el suceso?

Por un lado, bastante grotesco,

siempre he tenido a Cesáreo como un hombre de ley,

pero por otro lado, todo es posible en esta perra vida.

Eso pensé yo al principio,

que Cesáreo sería incapaz de cometer un asesino.

Pero eso no es todo, hay más. Cuente, le escucho.

Según he podido saber por Casilda y los porteros,

en un registro policial del domicilio del sospechoso

encontraron una medalla de Marcia,

por eso le detuvieron.

Es extraño que la medalla apareciera allí.

Y es suficiente para que las sospechas se dirijan hacia Cesáreo,

pero ese hombre es incapaz de cometer ese crimen.

Lo sé, eso mismo piensan Casilda, los criados

y muchos de los vecinos.

De hecho, están organizando una colecta

para pagar un abogado que defienda al sospechoso.

Dígales que pueden contar con mi aportación.

Más que su dinero, van a necesitar de su tiempo,

creen que es usted el abogado idóneo para defender a su amigo.

También creen que tratándose de Marcia,

a usted no le apetezca defender al sospechoso

y prefiera mantenerse al margen.

Tendría que pensármelo.

Bien. Casilda me pidió que se lo dijera, y eso he hecho.

Desde luego, todo encaja.

Solo habría un sospechoso que quisiera

que toda la culpa cayera sobre él:

Genoveva. -"No cometamos otra vez el error

de quedarnos con lo que parece evidente a nuestros ojos".

Detengámonos a pensar y aguardemos

para ver si hay alguien más escondido en la sombra.

Comisario, solo quiero que se haga justicia.

Confíe en mí,

sabe que no voy a cejar en mi empeño hasta resolver esos dos crímenes.

"Y una vez que lo haya hecho,

no me temblará el pulso, caiga quien caiga".

-Perdonen que me meta en su conversación,

pero no he podido evitar escucharles.

Quería decirles que yo también estoy indignada.

-Gracias por compartir tu opinión.

-Don Felipe, sepa que si se encarga del caso,

yo iré gustosa a testificar a favor de Cesáreo.

Si llega la ocasión, lo tendré en cuenta.

Puede contar conmigo, con mi madre y mi hermano

con cualquier persona del barrio que le conozca.

Cesáreo es una excelente persona...

y es incapaz de hacer aquello de lo que se le acusa.

Julio, vamos desde el principio, ¿sí?

Vámonos.

-Eh, ¿cómo va mi sustituto?

¿Mejor el baile que la guitarra? Mucho mejor, donde va a parar.

Ea, darle, que yo os vea. -¿Vamos?

(Música)

¡Ole!

Muy bien, muy bien.

Pero echarle más salero, que no se diga.

-Menuda juerga que se han montado.

Alodia, vamos a preparar una limonada.

Estoy sedienta, necesito algo para seguir bailando.

Os acompaño. ¿Sí?

Emilio, ¿qué haces aquí? No te había visto.

-Nada, que me he pasado para contemplar el espectáculo.

Siéntate, ahora volvemos. Verás lo que hemos preparado.

-No pareces muy contento,

teniendo en cuenta lo poco que queda para tu boda...

-Será que vengo cansado de trabajar.

-ya. Pues siéntate conmigo

y echamos una parrafadita, que no quiero verte tan mustio.

-No se apure, no me pasa nada.

-Pero quédate un rato con nosotros.

-No, de verdad.

Si... yo solo venía a ver si Cinta había terminado los ensayos,

pero ya veo que no.

Me voy al restaurante a ocuparme mis asuntos.

No hace falta que me acompañe.

Con Dios. -Con Dios.

(SUSPIRA)

Vengo de la mantequería reventá entera.

Antes no me resultaba tan cansada la faena.

-En unos días te acostumbras.

-Lo veo difícil,

con el niño no descansa y cada vez está más agotada.

-Y menos mal que la tengo a usted.

-Pues mañana, no, Lolita,

tengo reunión en la parroquia.

-¿Y cómo me voy a apañar?, si yo sola no llego a to.

-Tú puedes con esto y con mucho más, menudas son las de Cabrahígo.

-Más recias que la madera,

pero también nos quebramos si nos aprietan demasiao.

No queda otra, tendrás que echarme una mano.

-Sí, un hombre cuidando de un crío. Muy buena la broma.

-De broma na, lo digo totalmente en serio.

Yo no alcanzo más lejos.

-No es ninguna tontería,

Moncho también es hijo tuyo.

-Sí, pero yo no sé manejarme con un crío,

ni limpiarlo ni cambiar pañales.

-Eso se aprende en un tris,

que limpiarle el culo no tiene mucha ciencia.

-Que se me puede caer al suelo y hacerse daño.

-Ya harás porque eso no pase.

-Me parece mucho riesgo, no contéis conmigo.

-Es verdad, no le insistas más,

si se ve inútil, ¿qué le vamos a hacer?

-Tampoco tiene que faltar, digo yo.

-Te lo digo desde el cariño,

puede que no estés preparado, te queremos igual, no te preocupes.

-Discúlpame por haberte pedido algo tan difícil,

-Ya está bien de llamarme torpe.

Me voy a quedar con el niño, a ver quién es el torpe.

Pues mañana tienes a Moncho todo el día, suerte.

-Cuando vuelvas, estaremos los dos la mar de contentos.

Espero que a la postre, mi abuelo pueda asistir.

-Sería una pena que no pudiera, va a ser el padrino.

-Todo depende de sus achaques.

Si su salud lo permite, acudirá.

-Eso espero, sé que es algo de mucha enjundia para ti.

-Lo es, pero además, el que acuda a nuestra boda,

es una forma de aprobar nuestra unión ante la familia.

-¿Han confirmado todos su asistencia?

-Algunos, aunque una gran parte de los miembros de la casa Pontones

no ven con buenos ojos que me case con una plebeya.

-Sabía que los tuyos no me iban a aceptar de buen grado.

-Es solo la parte más rancia de la familia,

lástima que mis padres estén entre ellos.

-Tendrán sus razones para no apoyar nuestro enlace.

Parece que no te importe nada lo que te cuento.

-Son asuntos muy graves para que te afecten tan poco.

-En vez de enfadarte conmigo, podrías agradecerme

que me lo tome con buen talante,

otra novia estaría ofendida por el desprecio de tu familia.

-Tienes razón, he sido muy insensible.

Te pido perdón.

-Me tengo que ir con mi madre a probarme el vestido de novia.

-¿Te vas a ir sin darme un beso?

Le veo bastante decaído.

¿Qué le ocurre?

-¿Qué quiere que le diga?

La frialdad de su hermana me está helando el alma.

-Mire, mi hermana siempre ha sido algo arisca.

-No la disculpe,

sé bien en qué punto está mi relación con ella.

Sé que Camino no me quiere lo que cabría esperar.

-No debe pensar eso.

-Sí, lo pienso.

Me temo que me esté engañando,

es como si me estuviese utilizando para superar otra relación.

Emilio,

¿cree que su hermana está enamorada de otra persona?

-No, no, ella no se comprometería con usted si fuera así.

-Ojalá tenga razón.

Me tengo que ir.

Con Dios. -Con Dios.

Se lo digo por enésima vez, comisario,

soy inocente, yo no le hice ningún daño a Marcia.

-No le creo, y se me está agotando la paciencia.

¿Por qué tenía esa medalla?

¡¿Qué sentido tiene que el falso Santiago se la diera

si pensaba asesinar a Marcia?!

-Ninguno. Yo nunca he creído que él fuera el asesino.

Ese hombre la amaba con toda su alma,

cuando decidió partir de España sin ella, es porque le confirmó

que no le quería, que ella amaba al señor Álvarez-Hermoso.

-Eso tiene sentido.

Y si no fue él, ¿quién fue?

¿Usted?

Está bien, déjele pasar.

-¿Qué hace usted aquí?

Vengo a representarte jurídicamente,

si es que me aceptas como abogado.

No vamos a suspender esa boda, ¿me oyes?

-Madre, Camino está muy frágil. Podría echarse atrás.

-Me encargaré de que eso no suceda.

La verdad, tienes que contármela, si no, no podré ayudarte.

Se la estoy contando. ¿Lo mismo que al comisario?

Me extraña que Arantxa no haya escrito para darte sus parabienes

y confirmarte que vendrá a la boda. Me extraña y me preocupa.

¿Estará molesta con nosotros?

Tenemos un testigo que afirma que Marcia era...

algo ligera de cascos.

Y que...

su cliente mantenía relaciones con ella.

Eso es una infamia.

Tengo derecho a saber quién es ese testigo.

¿Se queda o está de visita?

-Sí, me quedo.

Me quedo, de hecho, estoy buscando residencia.

Si tiene hambre, bajas y le doy el pecho.

-Pero ¿no te vas, no?

-Pa quedarme, no hacen falta alforjas.

-Tranquila, que me quedo echándole una mano.

-Uy, que no lo vea yo, Antoñito dijo que se podía quedar con su hijo,

y se va a quedar con él, ¿a que sí?

-Sé que soy un idiota, pero no puedo remediarlo.

Don Jose, amo a Cinta con toda mi alma.

Y... siento como que algo me araña el estómago

cada vez que la veo con otro varón.

Me arrepiento, si es lo que te estás preguntando.

Todavía estás a tiempo.

Pensaba que me ibas a hablar del dolor que le causaría a mi madre

y a Ildefonso.

Pero sería mejor que arrepentirse toda la vida.

Laura.

-¿Cómo estás, Lorenza? -"Tengo que hablar con Julio".

-¿Pa qué? -Para la boda.

Os dejo solos. -Que yo no he hecho na.

-No, pero lo vamos a hacer.

Marcia se llevaba muy bien con todo el mundo.

-No es eso lo que he oído.

-Si había alguien con quien tenía sus más y sus menos,

era solo una persona, y todos saben muy bien por qué.

-¿Quién? -Doña Genoveva.

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Acacias 38 - Capítulo 1222

16 mar 2020

Cesáreo ratifica su versión de los hechos ante Felipe, no cree que haya sido Santiago el culpable. Para Felipe está claro que es inocente y le pide al comisario que lo libere. Javier Velasco anuncia a Genoveva que se ha cerrado el caso por la muerte de Úrsula Dicenta.
Emilio cuenta a Felicia que mintió a Ildefonso y que no cree que haya boda. Camino se ha escapado y no da señales de vida. La que tampoco da señales de vida es Arantxa ante la invitación de boda de Cinta y Emilio.
En Acacias todos están revolucionados con la próxima doble boda. Señores y criados piensan en los regalos. Pero no solo eso, también comparten opiniones y comparan las actitudes de las dos novias: la alegría de Cinta y la tristeza de Camino.

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