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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1201 - ver ahora
Transcripción completa

Mi esposa y yo poco podemos ayudarle sobre la muerte de Úrsula.

¿Verdad, cariño? Puede que usted no, Felipe.

Es con doña Genoveva con quien necesito hablar.

¿Conmigo?

Pensé que había quedado claro que no había tenido nada que ver

con la muerte de ese maldito diablo.

Comisario, ¿a qué viene tanta insistencia?

Asegurarme de que encajan todos los asuntos relacionados

con la investigación.

Comisario, me inquieta su tono,

tengo la impresión de que me está acusando de estar implicada.

No me malinterprete, yo no acuso, investigo.

Comisario, por favor, hable claro.

De acuerdo. Ha aparecido un nuevo testigo.

¿Y qué tiene que ver eso con Genoveva?

Ese testigo ha declarado que su esposa

está implicada en la muerte de Úrsula Dicenta.

(Sintonía de "Acacias 38")

Es absurdo que den credibilidad a un testigo que aparece de la nada.

Créame, tiene sus razones para no haber hablado hasta ahora.

¿Podría saber la identidad de ese testigo?

Se trata del padre Anrubia,

el sacerdote del convento en el que Úrsula vivió sus últimos días.

Fue él quien la escuchó en confesión el mismo día de su asesinato.

Y que acusó a Genoveva de querer maltarla.

Algo así.

¿No le parece sospechoso que ese testigo haya tardado tantos días

en dar señales de vida?

El padre Anrubia se encontraba de viaje en Roma con su congregación.

He hablado con ellos y me han confirmado el sacerdote

estaba fuera de España. Fue al regresar

y enterarse de la muerte de Úrsula, cuando decidió contactar conmigo.

¿Ese sacerdote ha podido explicarle cómo es posible

que me encontrara en dos sitios a la vez?

Le recuerdo que ese día estaba en Ocaña con unas amigas.

Doña Genoveva,

si no tiene nada que temer, no debería ponerse a la defensiva,

sino a ayudarme con algunas preguntas.

¿Dispone de alguna otra prueba de cargo para sus acusaciones?

No estoy acusando a nadie.

He venido para poner al tanto a Genoveva del testimonio del cura.

¿Está seguro, comisario?

Me ha dado la impresión de que venía con una idea preconcebida.

Lamento si mis maneras les han incomodado.

Lo más sensato es que volvamos a hablar del asunto,

pero esta vez en la comisaria.

¿Algo más, comisario?

Recibirá noticias mías.

Será mejor dejar este asunto para un momento más adecuado.

Efectivamente.

Buenas tardes.

Gracias por recibirme.

Le acompaño.

Te juro por mi vida que no conozco a nadie que se llame Concha López.

-Ella dice que te aprovechaste de su hija, y por eso te denunció.

-Si nunca he ido al río,

no conozco a nadie que trabaje allí.

Tienes que creerme.

-Te creo.

Esto solo puede ser un montaje.

Tiene que haber una tercera persona.

Alguien tiene que estar manipulando a esa lavandera.

-"Mi hija no la ama". -"Sí que me ama".

Nos queremos.

Nos deseamos.

Usted jamás podrá acabar con ese amor.

-No vuelva a cercarse a mi hija, soy capaz de matarla.

Soy capaz de matarla sin culpa y sin arrepentimiento.

-Intenta recordar, Maite.

¿Quién puede odiarte tanto como para hacer algo así?

-No lo sé.

En realidad, no tengo enemigos en la ciudad,

como no sea la Iglesia

o aquellos que protestaron por la exposición...

-Pero estoy segura de que ellos no han sido.

Creo saber quien ha manipulado a esa muchacha.

-¿Quién? -Mi madre.

Seguro que ella ha convencido a la lavandera de que te denuncie.

Hablaré con mi madre para que retire la denuncia.

Sé cómo hacerlo, no te preocupes. -¿Cómo?

-Con un soborno mayor al que haya recibido por mi madre.

-¿Un soborno, con dinero?

-Con lo que sea.

Más pronto que tarde conseguiré sacarte de aquí.

Confía en mí, te lo prometo.

-Mi amor...

Bueno, voy a quitarme los zapatos, que tengo los pies reventaos.

-¿Dónde vas? Deja que te dé un achuchón.

-¿Y esto a qué viene?

-El cuerpo, que me pide calorcito.

-¿Y no es mejor que te eches una manta?

-Una manta contigo dentro.

-Jose, que te me vienes arriba.

-Arriba o abajo, que el amor no ocupa lugar.

¿No ves que estamos solos? La niña está en Córdoba.

-Ay, ay, Dios mío.

Que parecemos dos chiquillos. Déjame que me quite los zapatos.

-Pero espera, chiquilla. -(BELLITA GRITA)

Jose,

la escoba, rápido.

Pero ¿cómo vamos a fregar...? -¡Una cucaracha!

¡Mira qué grande! ¡Se ha metido ahí, mátala!

¡Mátala, por Dios! -Yo la mato.

Vete a por la escoba y yo la mato. -Si me sigue.

¿Cómo te va a seguir? Yo te cubro.

Venga. -¡Ay!

Chist. Venga, pa fuera.

-¡Oh!

-Lo siento. -Da igual, fuera, fuera.

Espera. Corre.

Espera. Ya.

-Jose, aquí está la escoba.

Mátala o me muero, mátala o me muero.

-Sí, sí, sí, a ver dónde está.

Ahí está. ¡Ahí!

Nadie conoce mejor que yo el currículum de Úrsula.

Su penosa salud mental, así como la falsa acusación a Marcia

no la convierten en alguien digna de fiar.

Pero insiste en hablar con mi esposa

en base a una falsa confesión.

Felipe, lo único que tengo claro es que Úrsula fue asesinada

por alguien de su círculo

y, no me negará que su esposa y la finada compartieron casa

durante un tiempo.

¿Y la coartada de Genoveva no le sirve de nada?

Úrsula se había convertido en una grave amenaza para Genoveva.

No es descabellado pensar que contactara con un tercero

para que la matara en su nombre.

Ya. Vuelve a la carga con la acusación contra mi esposa.

Si quiere defender a su mujer, debería ponerse en lo peor.

Un tribunal no será tan magnánimo como yo.

Comisario, con esas pruebas, Genoveva jamás irá a juicio.

Son absurdas, no son pruebas contundentes.

Ojalá todo quede en eso,

pero la hipótesis de que Genoveva

era autora intelectual del crimen no es mía.

Esa hipótesis hace aguas por todas partes.

No hay móvil ni interés.

Úrsula nunca ha sido una amenaza para mi esposa.

Estese tranquilo, de momento son suposiciones.

En cuanto haya algo concreto, usted será el primero en saberlo.

Se lo agradecería.

Felipe,...

me gustaría estar equivocado en todo este asunto,

aunque solo sea por nuestra amistad.

Le entiendo.

(HACE GÁRGARAS)

"Iepa-ia". "Iepa-ia".

-"Iepa-ia". -"Iepa-ia".

-"Iepa-ia". -Con más ahínco, hijo.

-Como me despierten al rorro...

-"Iepa-ia". -"Iepa-ia".

-"Iepa-ia". -"Iepa-ia".

-"Iepa-ia". -"Iepa-ia".

-Hale, ya le habéis despertao.

¿Estáis contentos? -¿No veis lo que habéis hecho?

-Ya le dije que era un sin sentido.

-Y mira que le he puesto voluntad.

No se rinda. Ahí, con ahínco, encuentre el tono justo.

-Como si fuera fácil.

-Tenemos que callarnos, que más que tranquilizarle,

cada vez se enrabieta más.

-No seas aguafiestas y aplícate, como tu padre.

Uno u otro tiene que aprenderse el grito ovejero.

Ya, cariño.

(Solloza el bebé)

Primero frotas con un poco de amoniaco, ¿eh?

Y ya está hecho.

Y ahora le das con un jabón de toda la vida.

-¿Usted cree que así se irá la mancha?

-Si no se va, se notará menos.

-A las buenas noches.

-¿Qué le trae por el altillo a estas horas de la ronda?

-He hecho un receso

porque sabía que les encontraría aquí.

-Uste dirá.

-Se trata de Arantxa.

El otro día las noté enfadadas conmigo.

Imagino que piensan que la he dejado abandonada en el caserío.

No quiero que piensen que soy un desconsiderado ni un mal hombre.

La vida en el caserío no era para mí, ¿me entienden?

-No. Pa chasco que no lo entiendo.

-Haberlo pensado antes.

Entiendo sus recelos, las dos eran amigas de Arantxa,

pero les aseguro que no me guarda ningún rencor.

Acabo de recibir una carta que lo dice claramente.

-¿Qué es lo que dice tan claramente?

-Ah, ya,... que como se aburría,

le dio alas para que volviera por donde había venido.

-No exactamente.

Ella sabe que la vida en el campo no es para todo el mundo

y no me guarda ningún rencor.

-¿Y cómo sabemos que eso es cierto?

-Lean la carta si quieren.

Arantxa habla de sus sentimientos, de lo que pudo haber sido y no fue.

Pero el caserío ha podido conmigo.

-Traiga eso acá.

Vamos a ver.

Les tengo aprecio y no quiero que tenga un concepto tan ruin de mí.

-Vamos a ver qué pone aquí.

-Servando, no se lo quede to pa usted y léala en alto.

-Ya, ya. A ver...

"Las cosas en el caserío siguen como siempre".

"Gorka y Eneko siguen porfiándose..."

-Gorka y Eneko son los maridos de las primas de Arantxa.

-...a ver quién puede más".

-Siga, siga Servando.

-Sí.

A ver... "El caso...

es que Gorka se despachó el otro día

para cenar dos chuletones y medio

y se pimpló tres frascas

de chacolí".

"Y Eneko, que no quería ser menos,

hizo lo propio

con tres merluzas y cuatro frascas".

-Qué barbaridad, por Dios. -Y eso no es lo peor.

Lo malo es cuando se ponen a cantar

o se lían a mamporros hasta que canta el gallo.

-¿Y lo hacen todos los días?

-Y servidor en medio.

Si medio mal y si me echo a un lado, peor.

Haga lo que haga, salgo escaldado.

-Pues sí que se lo ponen difícil.

-No sabía que esa gente era así

-Visto lo visto, son para darles de comer aparte.

-No hay ilusión que aguante esa presión.

Méndez dice que no me acusa,

pero no deja de apuntar sus sospechas sobre mí.

No arremetas con él.

Se pone en lo peor para que estemos prevenidos.

Sé que es tu amigo,

pero me indigna que quede contigo para volver a malmeter contra mí.

Conozco a Méndez desde hace años,

y no pretende indisponernos, tan solo encontrar al culpable.

Y mientras, ¿qué? ¿Me quedo de brazos cruzados?

Te pido que te tranquilices.

Yo me ocuparé de averiguar qué hay tras la nueva hipótesis de Méndez.

Perdóname, mi amor, este asunto me está desbordando.

Ya. No es para menos.

Úrsula sigue creando problemas incluso después de muerta.

¿Cuándo terminará este suplicio?

Espero que pronto.

¿Tendrá nuestro hijo que ver los infundios

con que tratan de manchar mi nombre?

No, eso no va a ocurrir.

¿Sabes algo de Agustina?

Supongo que estará en el altillo recuperándose del golpe.

Felipe, deberíamos buscar una sustituta más joven.

Con mayor equilibrio físico y mental.

Agustina lleva muchos años a mi servicio

y me resisto a prescindir de ella.

Adoro tu buen corazón,

pero debemos ser prácticos y tomar una decisión por el bien de todos.

Tienes razón, pero...

prefiero no precipitarme y esperar a que se recupere.

Sé que no quieres prescindir de ella, no insisto más.

No haces más que mirarte el ombligo sin pensar en nadie.

Tu obcecación y tu falta de miras solo te traerán problemas.

¿Me estás escuchando?

-No.

-Te espera un futuro muy negro si no entras en razón

y te dejas de tonterías. -¿Sus tonterías o mis tonterías?

-Buenos días.

-Buenos días.

Camino, atiéndele como se merece.

¿Desea algo? -No gracias, estoy bien.

¿Le gustaron las flores?

-Sí, muy bonitas. Gracias.

-Si quiere algo, estoy en la cocina.

-Gracias.

He notado cierta tensión con su madre.

-Algo así hay.

-En mi familia también hay personas muy rígidas.

Sé cómo se siente.

-Su abuelo parece muy afable.

-Es el único que me ampara y me apoya.

El resto, esperan tanto de mí, que pretenden marcar mi futuro,

¿sabe a qué me refiero?

-Más de lo que me gustaría.

-Intente no tenérselo en cuenta, como hago yo.

-Ojalá fuera tan fácil.

-Tienes que tener a alguien que confíe y apueste por ti.

Mi abuelo es esa persona para mí.

-Yo también solía tener a alguien así, pero ya no está conmigo.

-¿Qué le ocurrió?

-Maite Zaldúa, mi maestra.

Fue detenida y ahora está en la cárcel.

-Sí, lo sé, no sabe cuánto lo siento.

Y mi madre pretende que me desentienda de ella,

como si el afecto y la admiración se pudieran borrar de un día para otro.

-Somos víctimas de nuestra época,

jóvenes sin opinión sometidos

a lo que nuestras familias esperan de nosotros.

-Odio vivir en esta época. -Y yo,...

pero no nos queda otra.

Tengo algo para usted.

-¿Qué es?

-¿Qué le parece?

Será chuminá, pero no me acostumbro a abrir la puerta cada dos por tres.

Las ganitas que tengo de encontrar a la sustituta de Arantxa.

-Va a ser difícil, Arantxa les dejó el listón muy alto.

-Habrá que bajarlo, que la casa necesita un buen repaso.

(Teléfono)

Esa va a ser la niña. -¿Cinta?

¿Dígame? Madre, ¿es usted?

Cinta de mi alma, qué alegría.

¿Cómo estás, niña de mis ojos? ¿Qué tal la actuación de anoche?

Madre, menuda jartá de aplaudir, tres veces salí a cantar.

Ole. ¿Y sabe con qué me arranqué?

Con el primer fandango que me enseñó.

Ese que decía...

# Camino,

# camino de los pinares,

# una niña se perdió... #

Virgencita de la Cinta, si me la topara yo.

Ay.

# Camino de los pinares,

# una salve rezaría

# con todo mi corazón. #

Ese era, ¿verdad? Ole.

Qué arte, chiquilla.

En el bolsillo te los habrás metido.

Anda que no había entendidos. Hombre.

Triunfar en Lucena no es moco de pavo.

Ríete tu de Córdoba o Sevilla.

¿Y padre, cómo está?

Bien, contento, ya verás cuando le cuente to esto.

Qué alegría.

Madre, la tengo que dejar. ¿Ya?

Les quiero. Cuídate, lucero mío.

Qué arte.

La niña ha triunfado en Lucena como el regaliz.

Ha dejado al público entusiasmado. Qué alegría.

-Si es que, Cinta es una artista.

¿No ha preguntado por mí?

Digo, anda que no.

Lo primero que ha preguntado es por su Emilio.

-Ya. -Escucha, Emilio,

a todo esto, ¿tú a qué habías venido?

-Sí, eso.

Venía a traerle este periódico,

hay una pequeña reseña de Cinta.

-¿Qué dice? Trae, trae. -Aquí, mire.

(SUSPIRA) -Ahí.

"Cinta Domínguez, Lucena".

A ver.

"Emocionante actuación

y notable interpretación ante un público entregado

a su arte y sentimiento".

Ole, mi niña.

"Emocionante actuación

y notable interpretación ante un público entregado

a su arte y sentimiento".

Esa es mi niña. Ole.

Qué emocionante.

"Y notable interpretación".

Agustina, coma un poco, que le hará bien.

-Gracias, Casilda, pero no tengo ganas de nada.

-Que sí, hombre,

se toma usted esta leche con pan, que le va a sentar divinamente.

Buenos días.

Doña Genoveva, ¿qué hace usted aquí?

Casilda, tengo que hablar con Agustina.

¿Podrías dejarnos a solas?

Sí, claro, claro que sí.

No hace falta que se levante.

¿Cómo se encuentra?

El golpe que se dio nos asustó mucho a Felipe y a mí.

Siento lo ocurrido, señora. No era mi intención preocuparles.

Lo sé, pero entiéndanos a nosotros.

No podemos vivir con la incertidumbre

de que le ocurra algo más grave.

Quizás haya llegado el momento de que se tome un gran descanso.

¿Descanso, por cuánto tiempo?

Lleva toda la vida sirviendo en familias de forma impecable.

Una retirada a tiempo es mejor que prolongar la agonía, ¿no cree?

Señora, le seguro que no sé cómo pude resbalarme.

No recuerdo haber encerado el suelo...

¿Lo ve? Está perdiendo la memoria a marchas forzadas,

entre otras facultades.

Esa caída fue algo puntual,

me siento en perfectas condiciones para seguir sirviendo en su casa.

Agustina, no se puede luchar contra la edad.

Ahora es usted, y en unos años me tocará a mí.

Por mucho que nos obcequemos, debemos asumir las pérdidas

que la vejez nos ocasiona, no disimularlas.

Yo no me siento vieja ni mermada. Póngase en mi lugar.

¿Y si hubiera sido Felipe quien hubiera resbalado

o yo misma?

Reflexione sobre el asunto.

No seré yo quién la prive de su trabajo,

es una decisión que solo usted debe tomar.

Cuídese y aliméntese bien.

Si necesita algo, no dude en decírnoslo.

Jacinto, que se trata de lanzar un grito,

no de interpretar a Shakespeare.

-Oiga, oiga...

Don Jose dice que si no les sale el grito es porque no se lo creen.

Hay que ponerse como pastores pa que les salga de verdad.

-¿Y no sirve con que nuestras mujeres hagan de ovejas?

-No pienso repetir esa ridiculez, ¿eh?

-No se preocupen que lo tengo todo pensado.

Para empezar, pónganse esto.

Este, aquí.

-¿Qué es esto, una pelliza de pastor?

Me niego a ponerme este criadero de chinches.

Anda, ¿y usted tampoco, padre?

Creía que no iba a tirar la toalla.

Jacinto, hasta la disciplina tiene límites, no sé,

y no soy el único blandengue.

-Si hay que ponerse esto,

se lo pone uno y ya está.

-Así se habla, don Ramón.

-Ahí, ahí.

Muy bien, padre.

-Oiga...

-(ANTOÑITO BALA) -Un respeto, ¿eh?

-Vamos.

¿Dónde estará esta niña?

Camino, ¿dónde estabas?

¿Qué tal esta mañana con Ildefonso?

Por el tiempo que habéis estado juntos,

lo habréis pasado bien.

¿De qué hablasteis?

-No es un asunto de su incumbencia.

-Camino, no podemos estar todo el día discutiendo

y porfiándonos como perros y gatos.

Te lo pido de corazón,

déjame que sea tu madre.

-Eso no depende de mí.

-Habrá un día en que desapareceré y ya no estaré a tu lado.

Y Emilio también, se marchará con Cinta y formará una familia.

¿No has pensado qué va a ser de ti?

Camino, me preocupas.

Debes valorar bien qué va a ser de tu futuro

y por dónde tirar.

No eres justa conmigo.

Yo solo busco tu bien.

Gracias por acudir a mi llamada, don Liberto.

-¿Ha ocurrido algo? Casilda me dijo que era urgente.

-Sí.

Quería comentarle que he estado en casa de Concha, la lavandera.

-No deberías haber vuelto allí.

No se inquiete, no pude dar con ella,

pero necesito ayudar a Maite de alguna forma.

-Lamento decirte que yo no puedo hacer nada más.

-Se equivoca, sí puede.

Necesito que me deje las llaves del estudio de Maite,

por eso le he hecho venir.

-No. Lo siento, Camino, pero no voy a seguir siendo tu cómplice.

Este asunto es muy feo

y no me quiero involucrar más de lo que ya he estado.

-Es para coger algunas cosas,

algo de ropa, utensilios de pintura para que sobrelleve su encierro.

-Escucha,

no deberías volver a ver a la pintora.

Si necesitas llevarle algo, yo lo haré, pero aléjate de ella.

-Se lo agradezco, pero deje que decida yo qué cosas.

Conozco los gustos de Maite

y sé qué puede necesitar para aliviar su encierro.

Por favor...

Serán unos carboncillos, lápices, su cuadernos favoritos.

-De acuerdo, te las daré, pero con una condición,

que nadie te vea entrar allí.

¿De acuerdo?

-Seré lo más discreta posible, nadie se dará cuenta.

-Y hazlo rápido,

me das las pertenencias de Maite y yo se las doy.

-Gracias, don Liberto, le estaré siempre agradecida.

Sé que en el fondo confía en la inocencia de Maite.

Ella jamás haría eso de lo que se le acusa.

-Eso ya no lo sé, Camino,

pero si quieres un consejo,

entierra este asunto y haz tu vida.

(Puerta)

Marcia, ¿qué haces aquí?

-He venido a recoger algo de ropa que necesito.

Enseguida me iré.

-Sí, claro. Pasa.

-¿Te marchas?

-Así es.

Ya nada me retiene aquí.

Tu tampoco tienes nada que te ate a Acacias.

Vente conmigo.

No empieces otra vez.

Marcia, si te quedas aquí,

lo único que conseguirás es ponerte en ridículo ante Felipe y Genoveva.

-Me da igual lo que piense la gente.

De momento, no me voy a ir a ningún lado.

-Olvida mi engaño y sé práctica.

Lo mejor que puedes hacer

es seguir con nuestro plan y emigrar juntos a Cuba.

-Te lo digo por tu propio bien. -¿Por mi bien?

Dudo que tengas algo en tu mente que no sea por tu propio bien,

y no por el mío.

-Eso no es cierto.

Sabes que te amo profundamente,

y que haría cualquier cosa por ti, por nosotros.

-La distancia será lo mejor para nosotros.

Así podremos empezar una nueva vida sin un pasado lleno de mentiras.

-No habrá más mentiras.

Mi amor es sincero.

-¡Basta!

No vuelvas a decir que tu amor por mí es sincero.

Tú nunca sabrás lo que eso significa de verdad.

-Déjame demostrártelo,

por favor.

Dame una oportunidad, solo una.

-No vuelvas a acercarte a mí.

Si quiero, puedo ponerte las cosas muy difíciles.

-Sabes que nunca lo harías.

Eres demasiado buena para hacer eso.

-Pruébame.

Adiós, Israel Becerra.

(Silbido)

-Alodia. -Julio Jose.

Camino, ¿estás bien?

-Perfectamente.

-Buenas. -Buenas.

¿Qué le trae por aquí?

¿Le pongo algo? -No, gracias, no hace falta.

Solo vengo a despejarme un poco y charlar con usted.

-Sentémonos aquí, así estaremos más tranquilos.

-Ay.

¿Qué?

¿Alguna novedad sobre su prometida?

Carmen me dijo que ha salido una reseña en un diario de provincia.

-Así es, la verdad es que ha tenido muy buena acogida en Lucena.

-Me alegro. Estará contento, ¿no?

-(ASIENTE)

He de confesarle que estoy bastante inquieto.

¿Quiere creer que desde que se marchó de gira apenas hemos hablado?

-En muchos de esos pueblos de Dios no ha llegado el teléfono.

-No es eso. Habla con su madre casi todos los días.

-Ya sabe cómo son las madres,

sería la típica llamada de compromiso para tranquilizarla.

-Esta mañana me acerqué a casa de los Domínguez

para enseñarles la reseña en la que aparece Cinta,

y coincidió con su llamada.

-¿Aprovechó para hablar con ella? -No.

Habló con su madre, y cuando terminó, colgó.

-Seguro que antes de colgar preguntó a su madre por usted.

-Ni preguntó ni me mencionó.

Y le aseguro que tenía bien puesta la oreja.

-Eso no quiere decir que no piense en usted,

simplemente estará centrada con sus ensayos y actuaciones.

-Antoñito, ¿no será que ha conocido a algún hombre y...?

-Emilio, por favor,

no empiece con sus celos e inseguridades.

-Ya, si tiene razón, pero entiéndame,

no sé, algo tiene que estar pasando. -No pasa nada, Emilio.

Estoy convencido que Cinta solo tiene ojos para usted.

No se obsesione por esas nimiedades,

o será un desgraciado y pondrá en peligro su compromiso.

-Puede que tenga razón.

He de mantener a raya esos malos pensamientos.

-Eso es.

Ojalá fueran así todos los problemas.

Yo sí que estoy metido en un buen fregado.

-¿Y eso?

Desde que soy padre, no duermo, Emilio, no duerno.

Lo que daría por una noche durmiendo del tirón, tranquilo.

-A ver, yo no soy ningún experto,

pero creo que eso es un efecto colateral de los recién nacidos.

-Eso parece sí, eso parece.

Emilio, ¿conoce el grito de Jacinto?

-¿El que utilizaba con sus ovejas? -Sí, el "Iepa-ia".

-Alguna vez se lo escuchado.

-A ver cómo le sale.

-¿Quiere que le grite aquí?

-Quiero que grite ahora con mucha fuerza

y sin vergüenza ninguna.

-Espere a que no haya clientes, ¿no?

-No, no, ahora.

-Pero ahora no. -Emilio.

Qué alegría me da verte.

-Y a mí. En cuanto me diste aviso, cogí el primer coche de línea.

No está esto lejos ni nada, Julio Jose.

Ya me podría haber recogido un automóvil como ese.

-Que más quisieras. ¿Qué te parece el barrio?

Es fino, ¿eh? -Sí, muy bonito.

Por algo viven aquí los Domínguez.

Por cierto, ¿dónde están?

-¿Voy a conocerlos ya? -Paciencia, niña,

que esto no es llegar y besar el santo.

-¿Ah, no?

¿Y pa qué me he pegao esta paliza de viaje?

Ni me acuerdo de cuándo salí del pueblo.

Alodia, no me metas bulla, tenemos que hacer las cosas bien,

despacito y con buena letra.

-Vamos, que hoy no los voy a conocer.

-No. Pero tranquila,

conseguiremos nuestro objetivo con los Domínguez.

-Lo que tú digas, primo, que pa eso tienes más mundo.

-Ahora vamos, que te voy a enseñar el barrio por encima.

-Sí, venga.

¿Dónde pongo el tocino?

A Lolita le gusta que esté en un lugar fresco y oscuro

para que la luz no lo estropee.

-Pero si la gente no lo ve, no sabe que lo tenemos.

-Eso mismo dije yo cuando llegué.

Pero dijo que seríamos la única mantequería sin tocino.

La gente ya sabe que lo tenemos,

no hay que metérselo por los ojos.

-¿Y es verdad? -Yo diría que sí.

Dos de cada tres clientas se llevan tocino.

Tenemos que tener a la vista otros productos, como los chorizos.

-Pues nada, saquemos los chorizos

y dejemos el tocino fuera para que Lolita no se enfade.

-Que por cierto, ¿cómo está?

-Ella bien, pero el niño...

El niño no deja de llorar.

Pero aunque no le duela nada.

Hace días que no duerme nadie en esa casa.

Y lo peor son mi marido y Antoñito haciendo el grito,

como Jacinto.

-Pero eso no hace daño a nadie.

-Cuando son las tres de la madrugada,

que te crees que estás a punto de quedarte traspuesta...

y se oye un "iepa-ia",...

te aseguro que querrías matar a alguien.

-Pues póngase algodón y cera de abeja en los oídos,

ya verá como no escucha nada.

-Pues no es mala idea,

así no escucharía ni al niño ni al padre, ni al abuelo.

Buenas tardes.

Buenas tardes.

Estoy buscando algo pero no sé si lo tendrán, es muy caro.

Pues díganos qué es y saldremos de dudas.

Pastas inglesas.

Estoy organizando una merienda para las señoras y quiero agasajarlas.

Usted está más que invitada, Carmen, no podía ser menos.

Se lo agradezco, pero no creo que pueda ir.

Entre la criatura y la tienda, tengo poco tiempo libre.

Lo de la criatura lo entiendo, pero la tienda,

¿no le ayuda su empleada?

-Hago lo que puedo.

Claro, no es lo mismo la dueña que una simple moza.

Lo entiendo perfectamente.

-Se equivoca, doña Genoveva, Marcia es como una más,

no hay nada que hagamos las demás que ella no pueda hacer.

-¿Quiere pastas inglesas? Claro que tenemos.

¿Cuántas latas quiere?

Con una será suficiente.

-Pues creo que están en la trastienda.

Ya voy yo, y así guardo el tocino.

Ahora mismo se lo traigo. Gracias.

Me he enterado de que te has cambiado al altillo,

¿ya no te llevas bien con tu marido?

-Eso no es asunto suyo. ¿Qué pasa?

¿Ya no te trata con amor? Estos hombres...

Me he enterado de que fue usted quien lo trajo de Brasil

para impedir mi boda con Felipe.

Miserable.

¿Qué estás diciendo? ¿Cómo te atreves?

Ayer por la tarde vi al comisario Méndez entrar en el 38.

Estaba en el principal hablando con don Felipe.

-Algo deben traerse entre manos esos dos,

porque también los vi platicar aquí.

-¿Aquí, en la pensión? -Sí. No pude escuchar mucho,

pero por sus caras era algo serio.

-Para mí que colea la muerte de Úrsula.

Aún no han dado con el culpable, pero algo deben tener.

-¿Algo, cómo qué?

-Vaya usted a saber.

Imagino que estarán poniendo más interés

después del patinazo que se dieron acusando a Marcia.

-Después de aquello no han vuelto a detener a nadie.

-Sea quien haya sido, más le vale no bajar la guardia.

El comisario Méndez es un hueso duro de roer,

de los que no abandonan a la primera.

-Espero que siga al acecho.

Lo de los crímenes sin resolver y sin culpable, no me hacen gracia.

-Imagínese la que me hace a mí,

tener por ahí suelto a un asesino.

-Creo que el que la hace, la tendría que pagar,

aunque la víctima fuera un mal bicho,

¿no cree Santiago?

No has aprendido educación, ¿qué acabas de llamarme?

Miserable.

Se lo digo las veces que quiera.

A lo mejor tengo que comprar jabón para lavarte la boca.

No sé de dónde te has sacado esa patraña de que traje a tu esposo.

Veremos si a Felipe le parece una patraña.

Don Felipe para ti, no lo olvides.

Pues cuando don Felipe se entere de que no hemos podido ser felices

por sus mentiras, la repudiará.

Eres tan inocente... Felipe es muy feliz conmigo.

(RÍE)

¿Cree que la va a seguir queriendo?

Bueno, eso si la quiere, que lo dudo.

¿Y por qué lo dudas, fregona?

Porque me ama a mí, Genoveva.

¿No se ha dado cuenta? Solo tiene que ver cómo me mira.

Mentirosa.

Dime una cosa, ¿cómo piensas hacer para que Felipe

se crea semejante calumnia?

El mismo Andrade lo confirmará.

Andrade. Ajá.

Murió ayer.

Pues sí, anoche. Estaba tan enfermo el pobre desdichado...

Así que ya sabes, no tienes nada.

No las encontraba. Aquí tiene, sus pastas inglesas.

No pasa nada, Carmen. Apúntelas a mi cuenta,

señora de Álvarez-Hermoso.

Con Dios.

Con Dios.

Ahora finge que le preocupa mi futuro, pero es una hipócrita.

-No deberías hablar así de madre, ella solo quiere lo mejor para ti.

-¿Te vas a poner de su parte?

-No se trata de estar de parte de nadie,

sino de ver la realidad tal y como es.

-Y como la veis vosotros.

-Camino,

más pronto que tarde, yo me casaré con Cinta

y tú te quedarás sola con madre, si sigues enfrentándote a ella,

acabarás más sola que la una.

-A ella no le importan mis sentimientos,

solo quiere que cumpla sus expectativas,

que tenga la vida que ella no tuvo.

-No eres justa, ella lo ha dado todo por nosotros.

-¡Estoy harta de escuchar lo mismo una y otra vez,

la pobre viuda que saca adelante a sus dos hijitos!

¡Nada justifica lo que le ha hecho con Maite,

denunciarla como si fuera una delincuente!

-Ella no está detrás de esa denuncia.

-Solo ha podido ser ella.

Tiene un odio irracional a Maite. -¡Basta, Camino!

¿No te das cuenta que todos estamos sufriendo con esta situación?

Hasta Ildefonso vaga por el restaurante sin saber cómo actuar.

-Eso es lo que más siento,

que tenga que sufrir esta situación sin saber por qué.

Hay veces que me gustaría contarle la verdad.

-Espero que nunca hagas esa tontería.

-Ildefonso es especial.

Es una pena que no haya llegado a mi vida en otro momento.

-No sé por qué hablas en pasado,

ese muchacho siente algo por ti. ¿Por qué no le das una oportunidad?

-No hace falta que lo haga.

Me ha dado esto.

-Este anillo debe costar una fortuna.

No quería aceptarlo,

pero él insistió y me dijo que me lo pensara tranquilamente.

-¿Pensaras el qué?

-Ildefonso Cortés quiere que sea su esposa.

-"Lo malo es que paguen justos por pecadores",

y se haga responsable de un crimen a un inocente, como con Marcia.

-Sí.

-Eso mismo pasó con Maite, la sobrina de don Armando.

-Antes de privar a alguien de su libertad,

deberían aportarse no una ni dos pruebas, sino varias,

¿está conmigo Santiago?

-Si he de serle sincero, solo estoy seguro de una cosa.

Voy a echar terriblemente de menos el tintorro de Servando.

-(RÍE) No se preocupe, hombre,

siempre lo tendrá aquí cuando tenga ganas.

-Servando, creo que Santiago se refiere

a poner tierra de por medio, o mejor dicho, mar.

-Sí. Ha llegado el momento de irme por fin a Cuba.

-Ya, y...

¿se irá con Marcia o solo?

-Marcia es una ilusa que solo piensa en recuperar el amor

de un hombre casado.

Tarde o temprano le pasará factura.

Ya no me retiene nada aquí, siempre he sido un culo de mal asiento.

Santiago, deje la navaja, que se va a hacer daño.

-Se equivoca,

no soy hombre al que le guste hacerse daño a sí mismo.

He sufrido mucho en el pasado y aprecio mi pellejo.

Así que, señores, mi tiempo en Acacias se agota.

Con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

Hombre, Alodia. Pasa, pasa, que estaba con don Jose.

-Buenos días, don Jose. -Buenos días.

Tú también eres andaluza.

Lo he notado por el acento.

-Honra merece quien a los suyos se parece,

como me han dicho siempre. -Cierre los ojos

e imagínese en mitad del campo.

Está con sus ovejas, con sus perros.

Y tiene miedo porque a lo mejor viene el lobo.

¿Se han enterado de lo de Méndez?

¿El qué?

Dicen que ha reabierto la investigación del caso de Úrsula.

Y dicen que tienen un sospechoso.

He estado pensando que con mi estado y mi edad,

ya no puedo seguir al servicio de los señores.

Agustina, esto es una mala racha, a usted le queda mucha mecha.

No, una casa como el principal

necesita mucha atención, y yo ya no estoy en condiciones.

AY.

¡Susana! ¡Qué alegría tenerte de nuevo en el barrio!

¡Armando!

Me tienes que contar todos los detalles de tu viaje.

Será malo si la lavandera sigue manteniendo su declaración.

-¿Y con eso podrían condenar a Maite?

-Podría celebrarse un juicio.

Pero confiemos que eso no ocurra.

Imagínense si nos queremos, que tengo algo que anunciarles.

Estoy embarazada.

(RÍEN)

Qué buena noticia.

Enhorabuena. Acacias se va a llenar de rorros.

¿Es cierto que ha pedido matrimonio a mi hija?

-Con el mayor de los respetos, por ella y por su familia.

¿Sangre?

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Acacias 38 - Capítulo 1201

14 feb 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Maribel

    Me ha encantado ver cómo Marcia ha sacado, por fin, su carácter tanto con Israel como con la mujer de Felipe. Espero que, en esta ocasión, el Comisario Méndez compruebe la coartada de la brujilla porque me pareció un error comentarle a la susodicha quién era el nuevo testigo (esperemos que siga vivo). He visto el vídeo de los 7 mejores momentos de amor y me ha parecido precioso y ... qué curioso que Felipe le dice a Marcia, en un momento dado, "volverás a mis brazos, no sé cómo, pero te estaré esperando el tiempo que haga falta"; por éso no entiendo qué le ha pasado a Felipe, no se entera de nada, cómo ha podido dejarse engañar de esa forma, pero, sobre todo, cómo ha podido casarse?. Me da pena de Agustina pero, ella misma se lo ha buscado, siempre estuvo halagando a quién no lo merecía, ahora tendrá que apechugar porque irá a la calle ya que Felipe sigue "dormido".

    14 feb 2020