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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1196 - ver ahora
Transcripción completa

Intento evitar que ese malnacido vuelva a hacerte de daño.

-Está preso, encadenado y sentenciado de muerte.

¿Qué va a hacerme en esas circunstancias?

Además, no le tengo miedo.

-No irás a verlo. No pienso darle ese gusto.

Eres mi esposa y debes obedecerme.

No irás a ver a Andrade y punto.

-¿Tanto te has creído tu mentira que piensas que soy tu esposa?

-No necesito tu permiso, ¿queda claro?

No te atrevas a amenazarme.

-Ni usted a forzarme a no propagar mi amor a los cuatro vientos.

-Por favor, ¿eh? Espectáculos ni medio,

¿o piensan que esto es bueno para alguien?

-Yo, desde luego, no pienso seguir como si no pasara nada.

Tiene que contarle que tiene un hijo antes de que se entere.

No estoy preparado para contárselo a tu madre.

¿Y yo qué? Julio también es mi hermano,

¿no ha pensado que quizá quiera hablar y estar con él?

¿Tú también?

Canelita, no rices más el rizo, que bastante lío tengo ya.

Me gustaría vivir esta situación con normalidad,

y no escondiéndonos como rateros.

Seréis los mejores padrinos del mundo.

-Claro, juventud y fertilidad,

¿se puede pedir más para bendecir un matrimonio?

Quédate un momento, tengo que salir.

-¿Adónde va? Tenemos mucho que hacer.

-"A grandes males, grandes remedios".

-Le he pedido a Maite que abandone el estudio.

Se irá en cualquier momento.

No ha sido una decisión fácil.

Camino...

¿Adónde vas? Camino, espera. ¡Camino!

¿Cómo que toallas? Hay que llevarla al hospital.

-No, yo de aquí no me muevo. (SE QUEJA)

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

Ya no soy una niña y sé lo que quiero.

-¿Qué vas a hacer?

-Necesito media hora,

es el tiempo que requiero para coger algo de dinero y de ropa.

-No hagas eso, Camino.

-Espérame.

-Con el afecto que me ha demostrado, me basta y me sobra.

-Ole ahí.

Ven, que te doy otro abrazo, chiquillo.

-Los guardias preguntan por ti y vienen hacia acá.

-¿Cómo?

-Huye, Maite, no te quedes aquí.

¡Maite!

¡No!

Gracias a usted, tengo a mi lado a un buen hombre.

Al gemelo de Santiago, mi difunto marido.

-Eso deberías agradecérselo...

a Genoveva,

no a mí.

(TOSE) -¿Cómo dice?

-(TOSE)

-¿Cómo ha dicho, Andrade? -(TOSE)

-(TOSE)

-¿Agradecérselo a Genoveva? No entiendo.

-Lo que te estoy diciendo.

Fue Genoveva la que organizó todo

para que tu ex marido apareciera en tu boda con don Felipe.

No es posible, ella no sabía que yo estuve casada.

-Marcia,...

ya sabes que estoy a punto de morir,...

y quiero cerrar viejas afrentas, así que no tengo por qué mentir,

fue ella.

Yo lo organicé, pero ella fue la que pidió

que hiciera lo posible por parar tu matrimonio.

-¡Maldita bruja!

Debo reconocer que fue una maniobra brillante.

No le pudo salir mejor.

Por lo que me han dicho, hoy se casa con el que iba a ser tu esposo.

-¿Y... el verdadero Santiago estaba muerto?

-Ella no sabía eso.

Pero cuando me pidió ayuda, yo me acordé

de... Israel.

Sabía que existía y que tenía

una mala relación con Santiago.

-Santiago nunca me habló de un hermano, yo no sabía que existía.

-Confié en eso,

aunque no podía estar seguro.

Tuve dudas de que funcionara.

Yo estaba allí,

mientras caminabas del brazo del novio hacia la Iglesia,

comprobándolo, aunque nadie me viera.

-"Tuve que darme cuenta

en ese mismo momento".

-¿Santiago?

-Aquí estoy, esposa mía.

-En tu descargo debo decir que,...

era imposible darse cuenta del engaño a simple vista,

más cuando desconocías que Santiago tuviera un hermano.

(TOSE)

¿Y él?

¿Él sabía que estaba en España gracias a Genoveva,

que era la promotora del engaño, lo sabía?

-Tu marido y Genoveva siempre han sido cómplices.

-¿Qué?

-Y no me extrañaría que siguieran siéndolo.

-(ATURDIDA) No. -En mi vida,

el tiempo de las mentiras ya quedó atrás.

(TOSE)

-Rápido, hay que avisar al médico.

¡Corre!

-(TOSE)

(Sintonía de "Acacias 38")

¡Guardias, vamos, vamos!

¿Dónde está Maite Zaldúa? -No lo sé. ¿Por qué?

-¿Qué hace usted aquí?

-Tenía clases de pintura, doña Maite es mi maestra.

Me ha extrañado no verla aquí y verlo todo tan recogido.

-Mirad a ver si está escondida.

-¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho doña Maite?

-Hay una denuncia contra ella por delitos contra la honestidad.

-¿Qué es eso? -Escándalo público,

comportamiento inmoral e inadecuado en una señorita.

-Dios mío.

-¿Es por sus cuadros de desnudos? Es arte, nada más que eso.

En cualquier museo puede encontrar cientos de cuadros como esos.

Seguro que se trata de un error.

¿Quién la ha denunciado? -Váyase a casa.

Si ve a Maite Zaldúa, avise a las autoridades

o estará incurriendo en un delito de ocultamiento.

-Sí. señor, claro.

Con su permiso. -¡Guardias!

¡Guardias!

Vosotros, peinad las calles más cercanas.

Que no quede una sola esquina en la que no hayáis buscado.

A Maite la conocen en toda la ciudad,

será difícil que se nos escape.

Doña Brígida. ¿No viene usted a la boda?

Estoy segura de que no se va a hablar de otra cosa,

así que no se perderá usted na, aunque no lo vea con sus ojos.

Pues nada, espero que su esposo se recupere.

Con Dios, doña Brígida.

Tira tú por delante, con cuidadito.

-Uy, tenga usted cuidadito,

que nos llevan por delante.

-Eh.

-Jose, ¿qué haces ahí?

-Lucero mío.

- Debías estar ya arreglándote.

-Tranquila, ya sabes que yo tardo un suspiro,

me anudo la corbata, una chaqueta y pa'lante.

-Pero me gusta ver cómo te arreglas

y te conviertes en el hombre más pinturero de la ciudad.

-Uno del montón.

Lo que pasa es que al ir junto a la más bella, algo se me pega.

-Anda, zalamero. Vamos.

Marcia...

¿Qué ocurre? ¿Qué te ha dicho ese hombre?

-¡Eres un canalla!

¡Fuera de mi vista!

Agustina.

¿Ha bajado ya el novio? No quiero llegar antes que él.

No, no ha bajado.

Tenemos que esperar, no puede llegar usted antes que él.

¿Pasa algo?

Dígame qué pasa.

No sé qué decirle, señora.

Lo que he visto en casa de don Felipe no me ha gustado nada.

-(MARCIA) Es mentira.

-¿El qué?

-Que eres cómplice de Genoveva.

-Claro que es mentira.

No puedes creer a Andrade,

ese hombre es un delincuente, un malnacido, un facineroso.

Ese hombre está a punto de morir. -Y quiere hacer daño hasta el final.

No te creo.

Eres un canalla.

Llevas todo este tiempo engañándome.

Llegaste mintiendo, diciendo que eras mi marido.

Y por eso,...

juraste una y otra vez aun cuando no te valía su alianza,

o cuando te dije que no tenías sus cicatrices.

-Marcia, escúchame.

-Me obligué a creerte,

a pensar que quizá podría ser feliz a tu lado,

pero no has sido más que una marioneta en manos de Genoveva

que solo ha buscado hacerme infeliz separándome del hombre al que amo.

-Por favor, escúchame.

Mira, es cierto

que Andrade me buscó por orden de Genoveva

pero hace tiempo que solo me mueven mis sentimientos hacia ti.

Nunca, nunca había estado tan enamorado.

-Eres un embustero.

-Haría lo que fuera con tal de hacerte feliz.

-Jamás,...

jamás volveré a tu lado, y menos después de tantas mentiras.

-Por favor.

-Tengo que parar esa boda.

¡Cochero!

¡Cochero, por favor, necesito que alguien me lleve!

-No, tiene que descansar.

-Por favor. -No.

-Chaval, ven aquí. ¿Quieres unas monedas? Ayúdanos.

¡Sube, sube!

¡Venga!

Es eso lo que quieres, ¿no?

Pues venga, lucha por él.

-¡Eh, el caballo!

(RESPIRAN AYUDANDO A LOLITA)

¿Y ahora qué, qué se hace ahora?

-Lo primero, quitarme el abrigo, que me agobia.

-Sí. Yo creo que deberíamos llevarla al hospital ahora mismo.

-¡No, al hospital no!

-¿Por qué no? -¡No da tiempo!

-¿Y qué hacemos?

-Traer a la partera a casa.

-Tampoco, tampoco da tiempo.

¡El niño sale ya, tengo que parir ya!

-Pero no sabemos qué hay que hacer. -Esto es un sinsentido.

-Vamos a ver,

los hijos llevan naciendo desde que el mundo es mundo.

Ramón, ve a la cocina y pon agua a hervir.

-No sé si voy a saber encender el fuego de la cocina.

-Pues tú, Antoñito.

Pon, pon mucha agua,

pon la olla más grande que encuentres.

-Voy, voy. Lolita, Lolita. (RESPIRA)

-¿Y yo qué hago?

Ve al cuarto de la plancha y trae más toallas,

que me he quedado corta.

Y también sábanas, lo que encuentres. Corre.

-Lolita, hija... (RESPIRA)

-(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

Bueno, Lolita...

Digo que... creo que vamos a empezar.

Escúchame bien. -Sí.

-Levanta las piernas.

-(SE QUEJA) Levanta las piernas.

Escucha,

ahora tienes que empujar como en tu vida.

Muy fuerte, ¿me oyes? -Sí.

-Muy fuerte. -Muy fuerte.

-Vamos, ¡empuja!

¡Empuja! ¡Más! -(LOLITA GRITA)

Olvide todas esas simplezas que me cuenta de Felipe.

No hay nada de lo que preocuparse.

Seguro que tiene usted razón, señora.

Claro que la tengo.

Felipe me ama como nunca lo ha hecho antes.

Ni a Celia,

ni a Marcia, ni a nadie. (AGUSTINA) Sí, señora.

Asómese al balcón, a ver si ya ha bajado.

No alcanzo a distinguir bien, pero no lo veo.

Solo están los vecinos.

Tiene que estar a punto de bajar. Vamos a darle cinco minutos más.

Felipe me adora,

solo falta que tengamos la bendición del párroco

para que no haya nadie que pueda entrometerse.

(Suenan las campanas)

Los novios no sé, pero tu hermana viene.

Me va a escuchar. -Temple, madre, con calma.

Este es un negocio familiar, y un día como hoy

tiene que trabajar toda la familia, no andar por ahí.

Por fin llegas.

-Tentada he estado de no volver a hacerlo nunca.

Creo que a alguien como usted, no la echaría de menos.

-Soy tu madre, respétame.

-No lo merece. -Camino,

ten respeto.

Los novios están al llegar,

¿pueden dejar la discusión para luego?

-No puedo dejar nada para luego.

¿Sabes qué ha hecho tu madre?

Ha denunciado a Maite por escándalo público para que la detengan.

(TOSE)

Esto no empieza.

No bajan.

-Extrañaos estamos, que ya pasan cinco minutos de la hora.

Que no baje doña Genoveva, pase,

pero don Felipe tendría que estar esperando.

A ver si va a bajar la novia y el novio va a llegar tarde.

-Sería lo nunca visto.

-¿No les parece que hay muchos guardias?

-Pues ahora que lo dice...

-Pues normal,

con las bodas que hemos tenido en Acacias, no es de extrañar.

-Servando, no miente a la bicha,

que aquí hemos tenido hasta explosiones en las bodas.

-Y tampoco han llegao los padrinos.

Que boda más deslucía,

ni padrinos ni novios.

-Sin padrinos ni novios no hay boda, como sin niño no hay bautizo.

-Tiene razón. -Y sin muerto no hay entierro.

-Eso es, prima, lo has entendido a la perfección.

-¿Qué pasa aquí?

Los novios ya deberían de estar entrando en la iglesia.

-Na, no sabemos na, doña Rosina, pero nada de nada.

-No sabemos nada ni del retraso

ni de la presencia de los guardias.

Y Jacinto, que es el que debería saberlo, no se entera tampoco.

-¿Y por qué yo?

Una de las obligaciones de los porteros es saber qué pasa.

-Basta de meterse con mi marido, que la tenemos.

-¡No grites, Marcelina, que es de baja estofa!

-¿Saben algo los criados? -Nada, son unos sin sal,

pa una vez que tienen que saber qué hacen sus señores, no lo saben.

-Que no haya bajado la novia, es normal, se querrá hacer esperar,

pero que no haya bajado el novio... -Ni los padrinos.

-Espero que no haya pasado nada.

Mientras más cosas pasen, más interesante será la boda.

-Pues esto va pa largo y a mí me duelen los pies.

Voy a sentarme. ¿Vamos, Jose?

-Venga, mi amor. ¿Vienen ustedes?

-No, acabo de ver a unos señores que no vemos en años. Vamos.

-Como quieran, con su permiso. -Vamos pa la pérgola, hijo.

-Yo no he hecho tal cosa. -¿Encima miente?

Tenga valor para reconocer sus actos.

-No he denunciado a nadie, de verdad.

No le creo ni una palabra. Es usted un ser despreciable.

-Camino, por favor.

-Cállate.

Quédate con ella, porque yo no puedo.

Ya he tenido suficiente con sus sucias maniobras.

-De verdad, hijo, créeme, no he denunciado a nadie.

No pasa nada.

Voy a subir a casa de don Felipe, que es muy raro que no haya bajado.

-Usted se queda en la pensión, que hay clientes.

-¿Y por qué no se queda usted? -Porque no puedo perderme la boda.

-¿Y yo sí?

-Lolita es la madrina, y si yo soy una madre para ella,

es como si se casara una hija. -Y yo soy como si fuera su padre.

-Esperen, ¿y si se ha puesto de parto?

-Anda, hijo, acércate a su casa

y me mandas recao, y yo voy corriendo.

-Voy volando. -Esta vez me toca a mí.

-¿Cómo? -Claro.

-¿Qué está pasando? Está todo el mundo nervioso.

Hasta el cura ha preguntado. -No se sabe, Casilda, no se sabe.

-¿Nada?

-Nada. -Nada de nada, don Liberto.

-Voy a subir a por Felipe.

-Liberto.

Liberto, no te metas, sus motivos tendrán para retrasarse.

-¿Motivos? -Sí.

En mi boda con Maximiliano, me retrasé casi una hora.

-¿Y creen que a don Felipe le está pasando lo mismo?

-O a Genoveva, ya se verá.

Esperemos un poco más, seguro que bajan.

"Me están esperando abajo".

"El día de tu muerte...

me juré a mí mismo que no me volvería a casar".

"Y ya ves".

"Es la segunda vez que estoy así vestido

y con el cura y los invitados esperando".

"La primera estaba lleno de deseo,...

pero ahora...".

¡Lolita, ¿estás bien?!

Don Ramón, don Antoñito, soy Jacinto.

-Así, muy bien, respira.

(Puerta)

-(LOLITA SE QUEJA)

¿Es que nadie va a ir a abrir? -Sí, voy yo.

-Sí, yo coy con él.

-(RESPIRA SOFOCADA) -Lolita,

lo tenemos que hacer tú y yo solas,

esos dos no van a ayudar.

-Hago lo que puedo.

-Pues tienes que hacer más.

-Dios mío. ¿Quién me manda?

-¿El qué, tener hijos?

Ya ves, ley de vida.

-Uno y no más, Carmen, por esto no vuelvo a pasar.

(SE QUEJA) -Sí, sí,

eso decimos todas,

y luego, mira, el mundo lleno de gente.

Vamos, respira.

-(RESPIRA)

Espero que no sea por ningún problema grave,

que lo que no es de buen gusto es no ir a tu propia boda.

Mira, voy un momento donde Fabiana,

a ver si tiene algodón pa ponerme en el zapato.

-Muy bien.

-Don Jose,... le hacía en el casamiento.

¿Se ha suspendido?

-Eh... No.

-Cualquier día me dejo la cabeza.

Hace na me dijo Fabiana que cerraban un ratillo la pensión

pa ver salir a los novios.

-Bellita, te presento a Julio, es de mi pueblo.

-Encantada.

-Lo mismo digo.

-Es hijo de una vecina de casa de mi madre,

me lo encontré el otro día por casualidad.

¿No es pequeño el mundo? -Digo.

Y que lo digas, ya lo dicen: el mundo es un pañuelo.

¿Lleva usted mucho tiempo en la ciudad?

-Apenas dos semanas.

-Pues a ver si viene un día a comer a casa.

-Bellita, ahora sí que tenemos que irnos,

los novios tardan mucho en bajar, a ver si ha pasado algo.

-Eres un impaciente.

Bueno, venga, vamos.

Total, a esperar de pie, porque a otra cosa...

Bueno,

ha sido un placer, joven.

(Puerta)

Jacinto, qué bien que has venido. Lolita se ha puesto de parto.

-¿Qué me dice? -Entra, entra.

-Pasa. -Deprisa.

Ey, ey, ¿tú sabes algo de partos?

-He traído miles de ovejas al mundo. No será mu distinto.

-Poco más o menos será lo mismo.

-¿Dónde está la parturienta? -En la habitación. ¡Tira!

-Venga. ¡Yepaya!

-Vamos, vamos.

Vamos, respira.

-(SE QUEJA)

(GRITA)

-Carmen, deja a Jacinto, él se encarga.

-Vale, vale, será mejor que salgan,

no se vayan a desmayar y tengamos cuatro pacientes.

-Ni hablar, yo de aquí no pienso moverme.

-¡Sí! Ya han oído al doctor.

Todos fuera. -Que no me quiero ir.

-Carmen, Carmen. -Que no la quiero dejar sola.

-Muy bien.

Bien, Lolita, no te voy a engañar.

Esto duele,

y mucho. Y va a ser largo.

Pero es muy fácil,

piensa que todos nacemos de la misma manera.

-¿Qué tengo que hacer? -Todavía nada.

Cuando yo te diga, empujas.

Y tranquila, que sé lo que me hago.

-¡Vamos, Jacinto!

-Voy, voy.

Vamos allá, ¿eh?

A ver.

A ver, a ver.

Muy bien.

Mírame, Lolita,

ahora nos ponemos en serio.

¿De acuerdo, borrega?

Dame la mano.

A la de tres, empujamos bien fuerte.

Una,... dos...

¡y tres!

(GRITAN)

Pero ¿qué querrán los guardias ahora?

-No lo sé, pero esto me da mala espina:

los guardias, los novios que no llegan...

-Ni los padrinos.

Y mi Jacinto ha ido a buscarlos y no ha vuelto.

-Será que lo han raptao.

-No digas eso, que me da susto.

-Van a raptar a Jacinto,

hombre, por Dios. De raptar, raptarían

a un ciudadano respetable, como yo,

no sé, a un empresario querido por todos,

al dueño de una pensión.

-No caerá esa breva.

-Jacinto ha mandado recado.

Lolita está de parto.

-¿Qué?

-Me subo ahora mismo a ayudar. -No, no, Casilda,

quédate, que allí serás más de estorbo que de ayuda.

Ya se encarga Jacinto.

-¿Mi Jacinto?

-Sí. Por lo visto, es el único que sabe lo que hay que hacer.

Dice que ha traído al mundo miles de borregos.

Que no compare a un borrego con un humano.

Creo que precisan de mi sabiduría. Este tema es mío.

-¿Qué sabiduría?

-Bonita, no sé si lo sabrás,

pero estuve a punto de estudiar el noble arte de la medicina.

-Será mejor que nos quedemos todos.

Voy a avisar a los demás, tenemos que encontrar nuevos padrinos.

-Si sirvo yo, me tienen a su disposición.

-Sí, Servando, lo tendremos en cuenta.

Madre me ha jurado que ella no puso la denuncia.

-Ya, y tú la crees.

-Si ella lo dice, no tengo por qué dudar de su palabra.

-Claro, porque ella nunca miente. Ella basa su vida en la mentira.

¿No recuerdas cómo llegamos a este barrio,

mintiendo sobre nuestro pasado? -Era necesario.

-Para ella siempre es necesario mentir.

-Me duele que digas esas cosas de madre.

-Tu madre,

para mí no es más que una presencia negativa.

Al menos no se ha salido con la suya.

-¿A qué te refieres?

-A que los guardias no han encontrado a Maite,

no la han detenido, consiguió escapar.

-Me alegro. ¿Dónde está ella ahora?

-No lo sé, pero espero que se ponga

en contacto conmigo.

En cuanto, lo haga me marcharé y no volveré jamás.

Liberto, ¿has sabido ya algo de los novios?

-De los novios no, pero sí de por qué no llegan los padrinos.

Lolita está de parto. -Ay, Dios mío,

y en el momento menos oportuno,

como yo, que rompí aguas en el escenario.

-Casi rompiste aguas,

no exageres.

-Bueno, casi. No rompí aguas, pero tuve contracciones.

-Eso sí, que casi no llegamos al hospital.

¿Ha llegado la partera? No la he visto.

-Ha llegado Jacinto,

es el único que sabe traer criaturas al mundo.

Ay, Dios mío, que te tenga que ayudar a parir un pastor de ovejas.

¿Es tradición de Cabrahígo?

-No sea usted capciosa, doña Rosina.

-Ya sabe como es mi esposa, Jose.

-Pues si ellos no pueden, habrá que pensar en otros padrinos.

-Lo decidirán los novios, supongo.

-Mejor dárselo hecho. -Sí, tienes razón, cariño.

Me temo que solo hay dos opciones,

o ustedes o nosotros.

Aunque tengo que decirles, que Servando se ha ofrecido.

-(RÍE)

-No, por Dios, ustedes, que son amigos del novio

desde el siglo pasado o más. -Sí, sí, sí.

Aunque tendrán que decidirlo don Felipe y doña Genoveva.

-Ahí sale el novio.

(Relincho)

(TOSE)

Gracias, caballito. A partir de ahora, sigo yo sola.

Disculpen la tardanza.

¿Y los padrinos?

Hay un problema, don Felipe.

Lolita se ha puesto de parto. ¿La han llevado al hospital?

La está asistiendo Jacinto.

Figúrese.

-Eso es un portero como Dios manda.

Lo mismo te barre la escalera,

que ayuda a una vecina a traer a un niño al mundo.

-Ande, que si se muerde la lengua se envenena.

Seguro que trae a la criatura la mar de bien.

Ojalá. ¿Y qué hago yo sin padrinos?

Liberto y yo estamos dispuestos. -Siempre que le parezca bien.

Aunque Servando también se ha ofrecido.

(ROSINA RÍE)

Me hace mucha ilusión que sea usted, Liberto. Gracias.

-Señores, perdonen la interrupción,

que dice el cura que qué pasa.

Genoveva tiene que estar a punto de salir.

Si es que no me deja compuesto y sin novia.

(RÍE) Qué cosas tiene usted, don Felipe. Eso es imposible.

-¿Qué le digo al cura?

¿Le digo que no pasa na? Sí, dile eso.

-¿Qué pasa? -¿Hay boda o no hay boda?

-Sí, que no pasa na, que doña Genoveva ya baja.

-Pues él tiene más cara de funeral que de casorio.

-Es que...

para un hombre, perder la soltería es... como morirse un poco.

-¡Miren!

¡Ahí viene la novia!

Estás preciosa.

Perdona la tardanza, quería estar radiante para ti.

¿Y los padrinos?

Lolita está de parto.

¡Oh!

Seguro que es señal de buen augurio.

Serán Liberto y Rosina, si te parece bien.

Mientras el novio sigas siendo tú.

Yo no tengo suplente.

¿Vamos?

Claro.

Soy su padrino, Genoveva, entraremos tras el novio.

-Venga, señores, venga, que ya están aquí los novios.

Vamos, para dentro, vamos. Vamos.

Ya llega, ya llega.

¿Vamos?

Vamos.

(Pasos)

(Música: Ave María)

Señá Agustina, ¿sabe por qué han bajado tan tarde los novios?

-¿No os han enseñado que no se habla de las cosas de los señores?

-¿La culpa es de ella o de él? -Como una tumba hay que ser.

-Desde luego, como una tumba, menuda cara tiene el novio.

A la lápida le falta el nombre y la fecha.

-Le han sacado con aceite hirviendo de casa.

-Y casi ni así.

-¡Silencio!

(Música: Ave María)

-Queridos hermanos,

siento comunicarles que debemos hacer una ceremonia

más corta de lo habitual debido al retraso.

Hay otros actos esperando

al acabar este.

Empecemos. En el nombre del Padre,...

del Hijo y del Espíritu Santo. -(TODOS) Amén.

(LOLITA GRITA)

-(SERVANDO) Muy bien, muy bien, va.

Fuerte, fuerte, ahí.

-Padre, tranquilo. -Tranquilo, hijo, tranquilo.

-(LOLITA GRITA)

-Lo estás haciendo muy bien, borrega.

Empuja fuerte ahí, más.

Ahí, ahí. (GRITAN AMBOS)

-Vamos, Lolita,

que lo estás haciendo muy bien, te estás portando como una jabata.

Tu hijo va a nacer. -Esto iba mejor cuando no estaba.

-Tú a lo tuyo, no te distraigas.

-(SE QUEJA) -Necesito la otra mano también.

Ya viene, ya viene.

-(GRITA) -¿Cómo le vas a llamar?

-Ramón, como su abuelo, si es niño, claro.

(GRITA) -Pues va a ser un jaleo, ¿eh?

Va a ser don Ramón y don Moncho.

-(GRITA) -Muy bien.

Un último esfuerzo.

¡Empuja, empuja!

(GRITAN LOS DOS)

(Se escuchan los gritos de Lolita)

(GRITA) -¡Empuja, empuja!

¡Yepaya!

-¿Qué pasa?

¿Le ha pasado algo a Lola o al niño?

-Tranquilo, hijo, que todo va a ir bien.

-(GRITA) -Es un macho.

-(RESPIRA SOFOCADA)

-Corto el cordón y te lo doy.

(Llanto de bebé)

-(CHISTA)

(Llanto de bebé)

-Hola, hola.

(Llanto de bebé)

(LLORA)

-(LOLITA CHASCA LA LENGUA)

Mi niño.

-Ahí está don Moncho.

-Voy a avisar al padre y al abuelo.

(Llanto de bebé)

-Uy, uy, uy, que de Cabrahígo eres.

-Lo veo entero, chiquitajo pero entero.

-Muchas gracias, pastorcillo.

Esta es la última caja, date prisa al llevarlas, ¿de acuerdo?

Ya podemos irnos a la boda.

Démonos prisa o cuando lleguemos habrá terminado.

-No sé pa que vamos.

Deberíamos asistir cuando haya que repartir el banquete.

-Don Felipe y Genoveva nos han invitado.

Tenemos que ir.

-¿Una obligación de las que se le dan tan bien?

-Eres una impertinente.

-No me va a tener que aguantar mucho más tiempo.

En cuanto Maite esté a salvo, me reuniré con ella.

-Te lo prohíbo. -Usted no me prohíbe nada.

Haré lo que quiera. -Basta ya.

¿Tenemos que montar un espectáculo en mitad del barrio?

Vamos para la iglesia.

-Maite.

-Camino.

-¡Ahí está, detenedla!

-¿Qué hacen? -Que no vuelva a escapar.

¡Detenedla! -¡Suéltenme!

-No, no, no. -Quieta.

-¡Suéltame, Emilio! -Que no.

-Que me dejes, que voy a ir con ella.

-¡Por favor, no! ¡Déjenme!

-Es peor para las dos. -No voy a dejarla sola.

-Ya, Camino, quieta.

-¡Maite!

-No deis el espectáculo y meteros en el restaurante, por favor.

-No.

(LLORANDO) No.

Que no.

(EXHALAN)

(Pasos)

Venga,

¿o es que no queréis conocer al pequeño Moncho?

-Pues claro.

-Ay.

Ay, ay, ay.

Que voy a ser padre.

-"Operadora, póngame..."

con el 181294.

-Disculpe.

Hable tranquilo, que voy a tomar el aire.

-Muchas gracias.

¿Hola?

Soy Julio, ¿me oye? No puedo hablar más fuerte.

Mira,...

te llamaba solo para decirte que ya he conocido a don Jose.

Todo va bien. Muy bien.

No, los detalles te los doy por carta.

Volveré a llamarte en cuanto pueda.

Adiós.

(Llanto de bebé)

¿Está bien? -Mejor que bien.

(Llanto de bebé)

Antoñito, que hemos tenido un hijo.

Antoñito.

¿Y Antoñito?

(Llanto de bebé)

-Antonio, Antonio, hijo.

Haz el favor de entrar a conocer a tu hijo.

-A ver si se va a agobiar el pequeñajo con tanta gente.

-Vamos.

¿Y si no sé cogerlo en brazos, qué hago?

-No digas tonterías y acércate, que no te va a morder.

-Ay, Lola. -¿Qué?

Ay, Lola...

(Llanto de bebé)

Esto es lo mejor

que hemos hecho en nuestra vida.

(Llanto de bebé)

Vas a ser la mejor madre del mundo, ya verás.

(Llanto de bebé)

-Uy.

(Pedo)

-(RIENDO) ¿Eso ha sido mi nieto?

-El zagal viene con fuerza.

-(RÍEN)

-Eso es que es de Cabrahígo.

Moncho, sí, Moncho, de Cabrahígo.

Y tanto que es de Cabrahígo.

(RÍE)

(Llanto de bebé)

Genoveva, ¿quieres como esposo a Felipe?

Sí, quiero.

Felipe, ¿aceptas como esposa a Genoveva?

(Música de tensión)

(Llanto de bebé)

(Llanto de bebé)

Uy.

(Llanto de bebé)

Uy, mi amor.

(Pasos)

Señora Fabiana, ¿se han casado ya?

-No lo sé, hace un buen rato entraron.

-Tengo que parar la boda. -¡No hagas locuras, muchacha!

-¡Tengo que pararla!

-¡Marcia!

¡Muchacha!

Por Dios.

Sí, quiero.

Yo os declaro marido y mujer.

-(RESPIRA SOFOCADA)

-Bueno.

-¿Estás bien?

(Murmullan)

¡Marcia!

Que no hay evento sin sorpresa, vamos.

-Digo. No deja de sorprenderse una,

como al conocer al hijo de esa paisana tuya.

Oye, qué mozo más bien plantao.

Fíjate tú, que yo os sacaba hasta parecido.

-¡Voy a ir a ver a Maite y me da igual que me intenten detener!

-¿Has perdido el oremus?

-Anoche me logró detener,

me encerró y no me dejó salir, pero hoy no lo va a conseguir.

-Te equivocas, no voy a permitir que te pongas en peligro.

Me ha llamado el empresario.

Tiene que cerrar las fechas con los teatros, que le están apremiando.

Hija, no sé qué decirte, no lo veo claro.

Echarte a los caminos no era el plan que tenía pa ti.

Necesito verla, saber que está bien.

-Es un error, Camino, hazme caso.

"Nadie sabe quién es la amante de Maite".

-"No pretendo hacer daño a nadie

ni quiero crear un escándalo, solo quiero...

sostener su mano en la mía por un instante".

-Casi ni llora, y come y duerme como un bendito.

(Llanto de bebé)

-Ya empieza a llevar la contraria a su padres.

-Cómo chilla, parece un gorrino en una matanza.

Su hermana está pasando por momentos terribles.

La veo capaz de cualquier cosa.

-¿Lleva mucho con esa perra?

-Desde esta mañana que ha empezao a llorar, no ha parao.

No sé cómo lo hace, pero llora hasta mamando.

Escuche...

Sí, sí, sí, lo sé, pero no tengo mucho tiempo.

Quiero que me mantenga al tanto de cómo evoluciona el asunto.

Y no se le ocurra llamar a este número.

Ya he tomao una decisión.

¿Cuál?

Buenas, comisario.

¿Qué se le ofrece?

-He venido a hablar con su hija.

-"¿Qué ha pasado?". -Tranquila, sosiégate.

Tranquila.

La boda,...

¿se llegó a celebrar?

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Acacias 38 - Capítulo 1196

07 feb 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Maia

    En esa época no se decía Cantabriia, se decía Santander que era así como se llamaba a la provincia.

    11 feb 2020
  2. Santi

    De acuerdo contigo Ana Maria

    10 feb 2020
  3. lina13

    Y no se les podía haber ocurrido a alguno de ellos ir a buscar a alguien, por ejemplo a Fabiana

    10 feb 2020
  4. Marcela

    Dado que los guionistas son tan afectos a hacer aparecer y desaparecer personajes, alguna vez con buen tino y otras no tanto, pregunto si podrían ver la posibilidad de que regresen ;Mauro, esta vez por mas tiempo y TELMO.- Ojalá !!!!

    09 feb 2020
  5. Ana Maria

    por favor que se quede Genoveva con Felipe y se carguen ya a esa Marcia que no pega nada y aburre al personal,es un papel el suyo simplón y sin fondo

    09 feb 2020
  6. Victoria

    He vuelto a ver el capitulazo. Sabemos que los guionistas se burlan de las bodas y de lo que nos hacen sufrir con ellas. Genoveva comparándose con Celia y con Marcia dice que Felipe la quiere más a ella ... será tonta, si a ti no te quiere!!!. Felipe no parece que vaya a su boda, parece que lo llevaran al matadero ... pero, cómo ha podido casarse con ella y decir sí, por Dios!!! Felipe, no ves que te ha estado engañando y jugando contigo, cómo has permitido que te domine así?. Lolita ya es madre, el niño es precioso pero bastante llorón y Antoñito que se queda paralizado y no corre a ver a su hijo, claro, siempre fue un irresponsable y ahora le atenaza el miedo a su paternidad. Jacinto es el "Todo en uno" de Acacias, fantástico ayudando a Lolita. Me da mucha pena de Marcia, sólo espero que no siga junto a Israel y poder verla, de verdad, en acción y sin complejos. Creo que me va a ser duro soportar la historia de Felipe con Genoveva.

    08 feb 2020
  7. Leticia

    Totalmente de acuerdo con lo que comenta Maribel sobre las bodas en Acacias, solo debo añadir otra más, la de Samuel y Lucía; en este caso Lucía sí fue consecuente con sus sentimientos y tuvo el valor de decir No, porque sabía que su amor era Telmo ... aunque cuando llegó el momento de estar juntos, después de hacerles sufrir lo indecible, resulta que ella enferma gravemente y muere. En Felipe hemos visto un cambio bastante evidente, ha pasado de ser un hombre seguro de sí mismo al que no se le pasaba ningún detalle a tener dudas, pasar por alto lo que le contó D. Ramón sobre Genoveva, confesar que no puede olvidar a Marcia, que la sigue amando, no querer leer la carta de Ursula, su cara de tristeza y amargura, comentada incluso por los vecinos, el mismo día de su boda. En fin, Felipe se ha convertido en un hombre débil, totalmente manipulado por la que ahora es su esposa. Resulta curioso el plano que pudimos ver ayer de Genoveva de espaldas en la ventana tratando de emular a Ursula, a mí me pareció más bien una caricatura.

    08 feb 2020
  8. Maribel

    En el capítulo de hoy nos han dado lo que esperábamos. Nacimiento del hijo de Lolita y Antoñito (bien por Jacinto, Lolita no habría podido tener mejor "comadrona"); la "presentación" inesperada de Julio a Bellita; detención de Maite y enésima discusión de Camino con su madre; la "confesión" de Andrade a Marcia y la peor y más triste escena para mí, la boda de Felipe con Genoveva (nunca me ha gustado su personaje desde el día en que apareció del brazo de Samuel). Tenemos antecedentes de este tipo de bodas en la serie: Simón enamorado de Elvira, se casa con Adela; Mauro enamorado de Teresa, se casa con Humildad; Teresa enamorada de Mauro, se casa con Fernando y otra boda que terminó con el novio asesinado en la puerta de la iglesia antes de dar el sí, Arturo Valverde con Silvia, No me extraña todo lo anterior pero sí lo que ha sucedido hoy, pensé que los guionistas habían cambiado algo su mentalidad pero, veo que siguen sin querer que los que se aman de verdad, puedan llegar a ser felices juntos. Entiendo que hay que hacer cambios, que unos tienen que marcharse y otros tienen que llegar para renovar la serie pero, por ejemplo, ... el sufrimiento de Marcia galopando como si atravesara España, perdiéndose, corriendo, cayéndose y llegando justo en el momento en qué ese Felipe (desconocido para mí hoy) daba el sí quiero? ... total para nada porque ni siquiera nadie se acercó a ella cuando se desplomó, Desde hoy Acacias no será lo mismo.

    08 feb 2020