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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1195 - ver ahora
Transcripción completa

-¿Cuál es el motivo de su visita?

-Mi trabajo hoy se limita a cumplir las últimas voluntades

de un reo que está a las puertas de la muerte.

-¿Un reo, y yo qué tengo que ver con eso?

-Será mejor que nos lo explique como si tuviéramos tres años.

-Un reo pide como la última de sus voluntades hablar con usted.

-¿Quién? -César Andrade.

No hay quien le quite los nervios a Lolita.

La pobre está pasando lo indecible.

-Y usted, detrás. -Sí.

Cree que va a dar a luz cada media hora

y son siempre falsas alarmas.

Los nervios van a terminar con ella y yo voy detrás.

A lo mejor debería hablar con Felipe y sugerirle

que ponga otros padrinos porque no sería adecuado

poner en riesgo el enlace.

-Sería un gesto bastante generoso por su parte.

Su hija no tiene culpa.

Sepa usted que nosotros hemos tomado las medidas oportunas

para obligarle a abandonar el barrio.

-¿Crees que tu familia es la única que guarda secretos dolorosos?

Todo el día que si Julio esto, Julio lo otro. ¿Y a mí qué?

Te pasas todo el día hablando de tus preocupaciones.

Yo también tengo preocupaciones y mucho más graves que las tuyas.

Y como intente hacernos algo,... ¿Qué?

...la mataré con mis propias manos.

Con el puñal que el sicario que contrató intentó matarme.

Así que hasta que no zarpemos a Cuba,

no se acerque a nosotros.

No le cuente nada a su esposa.

Ya lo ha hecho.

-Debo pedirle que abandone el estudio.

Andrade. Ha pedido hablar con Marcia.

¿Y qué querrá decirle?

Ni lo sé ni sé si lo llegaremos a saber nunca.

¿Por qué? Santiago, el marido de Marcia,

se niega a que su esposa tenga ese encuentro.

Quiero que Julio venga aquí.

Me gustaría enseñarle mi capote, mi guitarra

y otras cosas importantes.

¿Usted se ha vuelto loco?

¿Cómo va a traer a su hijo ilegítimo?

He venido a pedirle disculpas a su hija.

Me he dado cuenta de que fui un estúpido al romper la relación.

Y no dejo de pensar en ella.

(Guitarra)

¡Claro que me da coraje!

Mi mujer.

Vamos.

Espere, que se me ha quedado la llave atrancada.

A mí también me pasa. Sí.

Ea, venga, ya. Ya, ya.

Ya no soy una niña.

Y como me siga tratando como tal... -¿Vas a amenazarme?

¿Qué vas a hacer?

-Gritaré a los cuatro vientos que estoy enamorada de Maite.

-Camino, por favor.

¿Por qué no quieres que hable con Andrade?

¿Acaso hay algo que escondes que no me hayas contado?

¿Algo que Andrade pueda contarme?

¿Qué temes? Dime.

Me ofende que me preguntes si escondo algo.

¿No te das cuenta que mi intención es protegerte?

-Tu vehemencia me confunde más que convencerme.

-Intento evitar que ese malnacido vuelva a hacerte de daño.

-Está preso, encadenado y sentenciado de muerte.

¿Qué va a hacerme en esas circunstancias?

Además, no le tengo miedo.

-No irás a verlo. No pienso darle ese gusto.

Andrade es un indeseable que no merece tenerte delante nunca más.

-¿Y si tiene algo importante que decirme?

-Es evidente que solo quiere pedirte perdón

ante el tenebroso destino que le aguarda.

Que se muera de una vez y se pudra en los infiernos.

¿Qué? No me mires así,

además, eres mi esposa y debes obedecerme.

No irás a ver a Andrade y punto.

-¿Tanto te has creído tu mentira que piensas que soy tu esposa?

Llegaste aquí engañándome a mí y a todos los vecinos.

Te he perdonado, incluso estoy dispuesta

a iniciar una vida a tu lado.

Pero no tienes derecho a reprochar mi desconfianza,

mis dudas son normales después de todo lo que ha ocurrido.

Muy bien,...

pues vete si quieres.

-No necesito tu permiso, ¿queda claro?

-Allá tú, yo ya te he dicho lo que pienso.

-Y yo.

Y no permitiré que la duda me persiga toda la vida.

Que me diga lo que tenga que decir y ya está.

-¿Te vas?

-Sí, te lo dije, he de volver a la mantequería.

No quiero que Lolita me regañe por dejarla desatendida.

Buenas tardes.

(Sintonía de "Acacias 38")

No te atrevas a amenazarme.

-Ni usted a forzarme a no propagar mi amor a los cuatro vientos.

-Por favor, ¿eh? Espectáculos ni medio,

¿o piensan que esto es bueno para alguien?

-Yo, desde luego, no pienso seguir como si no pasara nada.

Buenas tardes.

-Don Felipe, Genoveva...

denme los abrigos, por favor.

He convencido a Felipe para que me acompañe y compruebe

cómo van los preparativos de la boda.

Acomódense, enseguida estoy con ustedes.

Gracias.

-¿Quieren tomar un refrigerio mientras esperan?

Mejor más tarde, ¿verdad Felipe?

Como quieras. Por aquí.

Siempre fingiendo y disimulando. -Debe ser agotador, ¿verdad?

-No te consiento que me hables así.

-¿Sabe qué, madre?

Que digo lo que pienso, no actúo de cara a la galería.

Ni quiero ni pienso ser como usted.

(Golpea la copa)

Permítanme un momento de atención, señores.

Me gustaría aprovechar la presencia de esta pareja,

que mañana será matrimonio ante Dios y ante los hombres

para desearles la mayor de las felicidades.

Doña Genoveva, don Felipe, enhorabuena.

Gracias, Camino.

El amor es un gran acto de libertad,

y nadie debería estar privado de él.

Todos deberían tener derecho a disfrutar de este sentimiento

y mostrarlo libremente sin que nada ni nadie diga lo contrario.

¿Camino es sufragista? Quizá en un futuro no muy lejano,

podrán por fin los seres humanos amarse libremente

sin miedo al qué dirán o qué pensarán.

Ojalá ese momento llegue pronto y pueda

proclamar bien alto... -¡Viva el amor!

Un aplauso, por favor.

Quiero,...

quiero pedir un fuerte aplauso

para los futuros esposos,

cuya libertad les ha hecho tomar una decisión para toda su vida:

estar juntos en lo bueno y lo malo.

Un fuerte aplauso, por favor.

¡Bravo!

(Aplausos)

-Traigo el libro de pedidos y estoy con ustedes.

-Conmigo.

No, padre, no está solucionado.

Tiene que contarle que tiene un hijo antes de que se entere.

Que no, eso no va a ocurrir.

Tu madre no se va a enterar.

Tanto secretismo solo puede traerle problemas.

Dígale la verdad,

que ese hijo nació antes de conocerla a ella.

Ay, qué poco conoces a tu madre.

¿Y yo qué?

Julio también es mi hermano,

¿no ha pensado que quizá quiera hablar y estar con él?

¿Tú también?

Canelita, no rices más el rizo, que bastante lío tengo ya.

Me gustaría vivir esta situación con normalidad,

y no escondiéndonos como rateros.

Que no, canelita,

que no es el momento.

No estoy yo preparado para contarle esto a tu madre,

y menos ahora, que se está recuperando.

Déjese de excusas,

que madre está más sana que una rosa,

que solo quiere jopear por las calles.

No la veo yo tan recuperá.

Usted mismo,

pero entre sus líos y las cuitas de Emilio, poco respiro me dan.

¿Qué le pasa a Emilio?

Me dejó caer que tiene problemas con su familia.

¿Sabe usted algo? Ni mu,

pero si quieres, yo indago.

No se preocupe, no la vaya a liar más.

Ya le preguntaré yo.

Como quieras, pero tu pide, que pa eso soy tu padre.

Padre,

¿de qué hablaron usted y Julio mientras estaban en casa?

De to un poco.

La verdad es que es buena gente.

-Oye, ¿qué hacéis aquí cuchicheando a mis espaldas?

Como es usted, siempre pensando en lo peor.

Piensa mal y acertarás.

Y tú, Jose,

¿qué hacían tus cosas desparramás por el salón?

-Estoy haciendo inventario,

que uno ya no sabe ni lo que tiene. -Inventario...

Muy raro me parece a mí to esto.

Qué cansina está, siempre viéndolo todo revirao.

Cansina tú, que estás muy cabezona y contestona últimamente.

¿Es cierto o no, Jose? -Tan cierto

como que el Guadalquivir muere en Sanlúcar.

-Vamos. Voy a la cocina.

(Suenan las campanas)

¿Tanto te costaba quedarte en casa reposando?

-Carmen, aquí estoy la mar de bien en la mecedora

que ha bajado mi Antoñito,

¿qué más quiere?

-Quiero que estés en casa cuando yo vuelva de la iglesia.

No me hagas llevarte de la oreja como a una chiquilla,

¿entendido? -Sea.

-Eso espero.

-La que se lió ayer.

Carmen, traspuesta con las sales, mi suegro blanco como la cal

y, Antoñito, canino perdío comiendo.

-Por lo que veo fue una falsa alarma.

-Pues sí, dolores,

pero una es novata y no diferencia de la misa a la media.

-Y usted, ¿cómo se encuentra? ¿Más tranquila?

-Más me vale, porque hoy hago doblete.

Madrina de la boda de don Felipe y proveedora de vinos.

Como falle, la lío. -Despreocúpese de los vinos.

El repartidor de la bodega ha venido bien temprano.

-Ah. ¿Dónde los has puesto?

-Ya están camino del convite.

-Gracias, Marcia.

Aunque sea una fiesta sencilla,

Felipe y Genoveva se merecen algo lúcido, bonito.

Perdona, Marcia, que he sido muy torpe.

Ayúdame a levantarme.

No tenía que haber dicho eso.

-Tranquila, no pasa nada

-¿Seguro?

-Sí. Ahora solo pienso en mi marcha a Cuba.

Lo mucho que te voy a echar de menos.

-Y yo.

¿Quién le va a ayudar en la tienda?

-Carmen, aunque seguro que me da más lata que tú.

-Seguro que eso no pasa.

-Te tengo que dejar, que se me echa la boda encima

y con esta barriga tardo mucho en cambiarme.

-Vaya y póngase guapa. No pierda tiempo.

-Guapa de esta guisa,... pues no sé yo.

-Disfrute de la boda con alegría y controle los nervios de los suyos.

Con Dios.

Ay, Lolita,

esta mañana a última hora necesito ausentarme de la mantequería.

¿Puedo? -Sí, claro.

¿Va todo bien? -Sí,

será solo una hora. Volveré enseguida.

-Marcia, parece importante.

-César Andrade ha despertado del coma...

y ha pedido hablar conmigo.

¿Y vas a ir después de todo lo que te ha hecho?

-Tengo que ir si quiero pasar página.

-Marcia, eres muy valiente.

Espero que no te lleves un disgusto.

-Yo también.

Ten cuidado, anda. Venga.

Mira quién viene. -(SONRÍE)

Aquí tiene sus infusiones.

Buenos días. ¿Qué desea tomar?

-Lo que usted quiera, siempre que me haga compañía.

-Ildefonso, no le había reconocido. Disculpe.

-Tómese un respiro y siéntese.

Seguro que a su madre no le importará.

-No crea, últimamente no me deja tranquila

con el trabajo del restaurante.

-Deje que interceda,

ya sabe que se me dan muy bien las madres.

-No se ofenda,

pero no tengo ni tiempo ni ganas.

-Veo que es verdad lo que me contó Felicia.

-¿Qué le dijo mi madre? -No hace falta que finja conmigo.

Sé que quedó muy afectada por nuestra ruptura.

-¿Eso le dijo que ella? -No sabe cuánto lo siento.

Mi intención nunca fue contrariarle.

-Las cosas tampoco son así.

-No hace falta que disimule conmigo. Entiendo su desazón...

y le ruego que me abra su corazón,

igual que yo lo estoy haciendo con el mío.

Camino,...

nunca he querido contrariarla ni jugar con sus sentimientos

pero debe saber que la amo y,

si me lo permite, no hay nada que desee más que hacerla feliz.

¿Recibió la flor que le traje ayer?

-Sí. Es muy bonita, gracias.

Pero lo nuestro es imposible, Ildefonso.

-No diga eso.

Habiendo amor no existen barreras.

-Ojalá todo fuera tan sencillo. -Sí que lo es.

A los dos nos cuesta estar separados,

es evidente que tenemos un futuro juntos por delante.

-No siga.

Olvídeme, se lo ruego.

Si no va a tomar nada, tengo trabajo que atender.

Lo siento.

Espero no ser inoportuno.

Tú siempre eres bienvenido en casa de los Domínguez.

-Gracias. -¿Qué es eso que traes en la mano?

-Unos bombones para Cinta.

-Buena falta le van a hacer

para quitarse el amargor que tiene contigo.

-¿Le ha dicho algo?

-Sé que anda mosqueada con algo que le has dicho.

-Veo que no hay secretos entre usted y su hija.

-Pocos,... eso creo,

y espero que siempre sea así.

-Es admirable la relación que tienen,

poder confiar el uno en el otro y que impere la sinceridad.

Reconozco que les envidio.

-Barrunto que las aguas andan revueltas en tu casa, ¿no?

-No se equivoca,

pero es un tema del que ni puedo ni quiero hablar.

Así seguirá,

no voy a ser yo quien te tire de la lengua.

Cinta, ven que está aquí Emilio.

(Pasos)

Aquí estoy, padre.

Me voy y os dejo que habléis.

Era tu madre, no sé lo que quiere.

Eh... -Sí, las manos quietas.

Hombre,... estás aprendiendo.

Son de licor, como los que te gustan.

Gracias.

¿Nos sentamos o...?

De acuerdo.

Cinta, quería disculparme por mi actitud de ayer.

Todo lo dije estaba fuera de lugar.

Pues sí. No sé qué te pasó, pero no entendí nada.

Últimamente tienes unas reacciones bastante raras.

Ya, es cierto.

Bueno, ¿qué, me vas a contar lo que te ocurre?

Lo siento, pero no puedo contarte nada.

¿Por qué?

Entiéndelo, tengo mis razones para callar.

Tú lo sabes todo de mí y de mi familia.

Fuiste la primera persona que supo de la existencia de Julio.

Mi padre y yo confiamos ciegamente en ti y tú no te fías de nosotros.

Cinta, lo siento mucho pero le dije a mi madre que no diría nada.

Eso sí, escúchame, cuando llegue el momento,

tú serás la primera en saberlo.

¿Sabes qué es lo que más me gusta de ti?

La fidelidad y el amor por tu familia.

Sé que si tu madre te ha dicho que no abras el pico,

no lo vas a hacer,

así que seré paciente.

Gracias, Cinta.

Eso sí, aquí estaré para escucharte cuando me lo quieras contar.

Eres la mejor novia del mundo.

Sin moros en la costa.

Me has dicho que son de licor, ¿no?

Yo hubiera suavizado la junta de la pata, fíjate.

-¿Usted cree que se darán cuenta? -Muy avispados tendrían que ser.

De todos modos, se van a fijar en la parte donde está el retrato.

Por detrás no se fija nadie.

-Eso es verdad.

-Vamos a guardarlo, no sea que termine peor de lo que está.

-¿Qué tienen en esa caja?

-Esto es el regalo de don Felipe y doña Genoveva.

-Un marco la mar de fino. Déjenme que lo vuelva a ver.

-Quite, Agustina, que ya está dentro de la caja.

-Ya ve usted qué problema. Ande, ande, déjeme ver.

¿Por qué no lo envolvemos en un papel bonito para que luzca más?

-La veo muy ociosa, Agustina.

¿No tiene faena en casa de don Felipe?

-Cierto.

Los señores están al llegar y yo aquí perdiendo el tiempo.

¿Cómo me he podido despistar de esta forma?

-Vaya tranquila,

que ya le pedimos ayuda a Fabiana para envolver el regalo.

-¿Y el papel?

-Seguro que alguien de la pensión tiene algo que nos sirva.

-No sé si fiarme,

mire que los señores tienen un gusto muy exquisito.

-¿Cómo no va a fiarse de nosotros

que le hemos conseguido un regalo de categoría?

-La Fabiana tiene buena mano para envolver regalos.

-Bueno, lleva usted razón.

-Claro, claro. Hale, con Dios.

(RESOPLA)

-Paso, que voy que bufo.

-Marcelina, ¿a qué vienes tan nublá?

Nublá y contrariá.

Vengo de casa de los Domínguez,

¿y a qué no saben de qué me he enterao?

-Que don Jose tiene otro hijo. -Cinta se ha ido con Emilio.

-Jacinto, déjate de tontás.

Los señores van a regalar a los novios

un marco casi igualito al que les hemos comprao.

Eso sí,

nuevo, na de segunda mano.

-¿Estás segura de eso?

-Claro,

como que lo he visto con estos luceros que me ha dao el Señor.

-¿Y ahora qué hacemos, Servando?

-Na, Jacinto, ya no podemos hacer nada.

Les agradezco que hayan venido a despedir mi soltería.

Les guste o no,

les considero mi familia.

Familia por méritos y no por nacimiento.

-Personalmente, he de decirles que tengo más cercanía con ustedes,

que con muchos de mis parientes.

-La sangre tira, pero compartir risas y llantos,...

eso une de por vida.

-En eso tiene usted toda la razón, don Jose.

-Señores, aquí les traigo unos canapés

para que el champán no caiga en vacío.

Gracias, está usted en todo.

¿Desean que les prepare algo más?

De momento estamos bien, puede retirarse.

-Bueno, caballeros, como padrino del evento,

me gustaría dedicar unas palabras al novio.

-Ahí lo tienen, padrino y padre dentro de nada.

-Calle, no mencione a la criatura, que me pone nervioso.

-Estamos entre amigos, Antoñito, no se amilane.

-Antes de nada, quiero agradecer a Felipe que nos haya escogido

para acompañarles.

Es un gran honor, intentaré estar a la altura.

Estoy seguro de ello. Y no lo digo solo por mí,

que Lolita está como loca con el papel de madrina,

sería capaz de cualquier cosa antes de ser sustituida.

-Espero que Lolita no se tome esto al pie de la letra.

Gracias, Antoñito.

Seréis los mejores padrinos del mundo.

-Claro, juventud y fertilidad,

¿se puede pedir más para bendecir un matrimonio?

-Brindemos por la suerte de los novios.

-Eso. Por la pareja más atractiva y exitosa de todo Acacias.

Se están ustedes viniendo arriba.

Seguro que tiene una boda llena de alegría y sin imprevistos

algo poco común en este barrio.

Eso espero.

-Aquí tiene, las costillas en salsa con puré de castaña.

Cuidado, que quema.

-Muchas gracias, Felicia,

espero que Lolita no le haga ascos a su plato favorito.

-Le habría preparado algo más ligerito,

pero como es lo que más le gusta de la carta.

-En fin, más nos vale que coma algo, o nos volveremos todos locos.

-Deberían insistirle,

no solo por ella, también por la criatura.

-Eso hacemos Ramón, Antoñito y yo todo el día.

Pero dice que con los nervios no le entra nada,

y con lo terca que es, cualquier la contradice.

Vamos, que tiene a toda la familia revolucionada.

-Así es.

Es el mal de vivir todos juntos,

que cuando uno no está bien, el resto tampoco.

-Y tanto.

-Felicia, la noto ausente, ¿va todo bien?

-Sí, pero hablar de la familia me ha remontado al pasado.

-Y a nada agradable, por su gesto.

-Nada de enjundia.

Mis más y mis menos con Emilio, sin más.

-Bueno, todo pasa.

Le traeré la tartera en cuanto se lo termine.

-Sin prisa. Eso sí, ya me dirá si le han gustado o no.

-Viniendo de usted, dudo que le haga un feo.

Yo pensé...

"¿que no quieres comer?".

Pues a grandes males, grandes remedios.

Gracias, Felicia.

-Con Dios.

¿"A grandes males, grandes remedios"?

Hijo, estás sudando, ponte algo, te vas a resfriar.

-Con este trajín, lo dudo mucho, madre.

Pero ya está casi todo preparado.

La verdad es que el esfuerzo, va a merecer la pena.

Quédate un momento, tengo que salir.

-¿Adónde va? Tenemos mucho que hacer.

-"A grandes males, grandes remedios".

Vamos, chicos, que ya nos queda poco.

¿Será posible que la boda me ponga nerviosa?

Siempre me pasa lo mismo, más que a la novia.

Ni que fuera la suya, madre.

Eso digo yo. Pero siempre me pasa lo mismo con las bodas.

¿Ha decidido ya qué ponerse?

Más o menos.

Quiero que la gente me vea radiante.

-Si es por eso, bastará con tu presencia,

siempre luces como la más guapa, te pongas lo que te pongas.

-Ole.

Con lo que sí ha acertado es con el regalo.

Que buen gusto tiene.

¿Tú crees que les gustará el marco? Y si no, me lo quedo yo,

que anda que no iban a quedar pintones los retratos de mi debut.

-La niña tiene razón, hay qué ver lo insegura que eres pa algunas cosas.

-A mí también me gusta,

pero hace un rato se lo enseñé a Marcelina

y puso los ojos como platos. Sería de asombro.

La mujer no dijo ni mu, que lo mismo le podía haber gustado como que no.

-¿Cómo no le va a gustar?

Si algo tiene mi faraona es buen gusto,

que no hay más que ver al marido pitón que escogió.

-Anda que no tienes guasa.

Voy a ponerle un lazo al regalo.

¿Por qué no aprovecha que madre está de humor y le habla de Julio?

-¿Tú estás majara?

Loco tenía que estar para amargarle la fiesta a tu madre.

¿No ves lo contenta que está? -¿Sabéis qué?

He pensado ponerme el vestido que acabo de mandar a arreglar.

-Sea lo que sea, estarás más bella que la novia.

Además, tengo algo que te irá que ni pintado.

-¿Para mí? -Sí.

Tachán...

-¡Un broche!

Qué regalo más bonito, Jose. Mira, niña.

Muy bonito. Precioso.

Qué cosas tiene tu padre. Tengo el mejor marido.

-Pa que luzcas la más bella, si es que eso es posible.

-Ole.

-Me acabo de acordar que tengo que hacer algo antes de la boda.

-¿Otra sorpresita?

-No me tires de la lengua...

-No tardes, no nos vaya a coger el toro.

-Iros arreglando, que estaré de vuelta en menos de un suspiro.

Qué cosa más bonita. Que es de tu padre, ¿eh?

Sí, es muy bonita.

¿No crees que el tocado destaca demasiado?

-No, vas elegantísima.

-Es que me preocupa.

No está bien eclipsar a la novia en una boda.

(RÍE)

Uh, ¿dónde está la gente?

-Ya te dije que era demasiado pronto para bajar.

-Una cosa es que sea pronto, y otra que no haya ni un alma

en la puerta de la iglesia.

No han llegado ni padrinos, que son los primeros.

-Ya llegarán.

¿Nos sentamos en la terraza mientras hacemos tiempo?

-¿Ahora?

-Sí, no vamos a quedarnos aquí plantados como dos pasmarotes.

-Está bien, pero yo no voy a comer nada,

quiero reservarme para el banquete.

Seguro que Felicia ha preparado unas delicias para quitar el hipo.

-¿Y no puedes conformarte con un agua o una infusión?

-No, que tanto líquido me hincha la vejiga

y no quiero perderme nada de esta boda.

-Querrás decir nada de la comida. -(RÍE)

Tratándose de Felicia, va a estar exquisita.

No sé ni cómo tiene ánimos para asumir esta responsabilidad.

Esa hija que tiene va a acabar con ella.

-Rosina, baja la voz, nos van a oír.

-Muy buenas. ¿Qué desean tomar?

-Buenas. Pues...

Yo algo que me anime, pero me mantenga la cabeza en su sitio.

-¿Un vino?

-Me pongo en tus manos.

-¿Y usted, doña Rosina?

-No quiero nada, me estoy reservando para el convite.

Voy al baño.

-¿Le pongo algo para acompañar la bebida?

-No, gracias.

Camino,...

por favor.

Quiero aprovechar que mi esposa está en el baño para decirte algo.

Tengo remordimientos por algo que he hecho.

-¿Qué ha hecho?

-No sé si debo contártelo.

-¿Contarme qué?

-Le he pedido a Maite que abandone el estudio.

Se irá en cualquier momento.

No ha sido fácil,...

solo espero que lo entiendas, como ha hecho ella.

Camino.

¿Adónde vas? Camino, espera. ¡Camino!

¿No está tardando demasiado Lolita?

Lleva más de una hora arreglándose.

-Padre, asómese, a ver si le ha pasado algo.

-No te muevas, que no hay manera de ponerte la flor.

-Deje que vaya a ver a Lolita y ahora sigue.

-Que no, Antoñito.

Que esta flor la ha traído Agustina con toda su ilusión

y no vas a salir sin ella.

-¡Lola, Lola, ¿estás bien?!

Y encima me pincho.

-No vayas a buscarla, que la vas a poner más nerviosa.

-¿Y si le ha pasado algo?

-Carmen, trae unas sales de esas que tranquilizan,

que nos hacen un poco de falta.

-Aquí nadie va a inhalar sales

ni a comer tarta con desespero.

Nos tranquilizamos,

nos vamos a calmar,

cogemos aire...

y esperamos a que salga Lolita sin sorpresas.

-Me asomo y vuelvo. -Estate quieto,

aquí no se mueve nadie.

-Bien, dicho Ramón,

porque desde hace tres días, esta casa parece un manicomio.

¡Y además, que no!

Que Lolita no va a parir, ¡porque no está en fecha!

-Lolita, estás preciosa.

-Lo guapa que te has puesto, ¿verdad Ramón?

-La belleza de la maternidad, sin duda alguna.

-Lolita, ¿estás bien?

-Carmen, suegro,

¿les importaría ser ustedes los padrinos de la boda?

-Pero no digas tonterías, mujer,

con la ilusión que te hace ser la madrina.

-Hablo en serio, no puedo ir a esa boda.

Maritornes, son los nervios, pero es lógico.

No pasa nada. -¡Ah!

Que la criatura está aquí.

Que está aquí.

-Pero ¿así rompéis aguas las de Cabrahígo?

-Carmen, que esta vez sí que sí.

-Vamos. -¡Que vas a ser padre, Antoñito!

-Anda, vamos.

-¿Adónde me lleva, Carmen? -¡A parir!

-Pero no tan deprisa, mujer.

Qué ganas de ver a doña Genoveva vestida de novia.

-Seguro que no tiene na que envidiar a la reina Victoria Eugenia.

Esperemos que no tengan la misma suerte,

que ya sabemos lo mal que acabó la boda de su majestad.

-No sea agorero, Servando, que solo le gusta contar desgracias.

-Buenas. -Buenas.

¿Habéis visto a Lolita y a Antoñito?

Ya deberían haber llegado, ¿no?

-Por aquí no han pasado todavía,

y es costumbre que lo padrinos sean los primeros en aparecer.

-Y más Lolita, con lo puntual que es.

La hacíamos plantada en la puerta de la iglesia desde el alba.

-Sí.

La que tampoco ha aparecido es Agustina.

-Se supone que está ayudando a la novia a acicalarse.

-O quizás al novio.

Es raro que don Felipe no haya hecho aún acto de presencia.

-Miren, ahí está Santiago.

-Buenas. -Muy buenas.

-¿Necesita algo de la mantequería?

-No, en realidad no. ¿Saben dónde está mi esposa?

-Sí, yo sí que lo sé.

Ha ido un momento al penal a ver a César Andrade,

pero ha dejao dicho que volvería enseguida.

-Discúlpenme.

(RESPIRA PROFUNDAMENTE)

-El niño está en camino, Antoñito.

-¡Ay, qué viene empujando! -¿Ya?

¿Aquí?

-Sí.

(SE QUEJA)

-¿Te duele mucho, Lolita?

-Suegro, que estoy de parto.

-Pero ahora no puede ser, Maritornes.

-Sí.

¿Y esas toallas? Esas son las buenas.

-Calla, mujer.

-¿Cómo que toallas? Hay que llevarla al hospital.

-No, yo de aquí no me muevo. (SE QUEJA)

(SE QUEJA)

(Puerta)

Voy.

Camino, ¿qué haces aquí?

-Es verdad. Te ibas sin decirme nada.

-Deja que me explique. -¿El qué?

¿Qué ibas a huir como una vulgar delincuente?

-Las cosas no son tan sencillas.

Si me quedo,... te arruinaré la vida.

-Y si te vas, les darás la razón a los retrógrados e intransigentes.

Será nuestra derrota, el fin de nuestro amor.

-Lo sé.

-No te vayas, por favor, no me abandones.

-Juré no volver pasar por lo mismo.

-La vida sin ti no tiene sentido.

No vuelvas a decir esa estupidez, ¿me oyes?

-Es verdad.

Prefiero la muerte antes que tener que separarme de ti.

-Yo tampoco voy a separarme de ti, pero nadie va a morir.

-¿Y qué vamos a hacer? -Ser pacientes

y pensar con calma cada paso que demos.

Camino,

la sociedad no nos acepta, puede ser muy peligroso.

Lo mejor es que nos separemos un tiempo.

-No pienso separarme de ti, Maite.

Si te vas,

me voy contigo. -No.

-Es algo que ya teníamos que haber hecho.

-¿Y tú familia? Tu madre y tu hermano...

El sacrificio de separarme de ellos es infinitamente menor

que el sacrificio de apartarme de ti.

-No pretendo que elijas entre ellos o yo.

-Tú no, amor, mi madre,

ella me ha metido en esta encrucijada.

Pero se acabó,

ya no soy una niña y sé lo que quiero.

-¿Qué vas a hacer?

-Necesito media hora,

es el tiempo que requiero para coger algo de dinero y de ropa.

-No hagas eso, Camino.

-Espérame. Solo media hora, por favor.

-Adiós, amor mío.

Una cartera.

-Con las iniciales de tu nombre.

-Julio Jose.

Tu madre dio en el clavo con tu nombre,

sobre todo con el segundo.

-Jose, como usted.

-Sin acento, como lo pronuncia la gente de nuestra tierra.

-¿Y esto?

-Es la carta de tu madre, deberías tenerla tú.

-Muchas gracias, de verdad.

Nadie me había regalado nunca nada así.

-Ahora te toca a ti llenarla de billetes.

-Oiga, ¿le puedo dar un abrazo?

-Claro.

-La llevaré siempre conmigo.

Muchísimas gracias.

-Gracias a ti, muchacho,

por darme la oportunidad de conocerte

y sin pedir nada a cambio.

-Yo solo ansiaba conocerle, nada más.

-Ya lo sé.

Aunque me hubiera gustado que Bellita supiera de ti.

Tienes que perdonarme si esto te ha violentado.

-Estese tranquilo, es normal que se lo oculte a su señora.

-Entiéndeme, yo solo necesito un poco de tiempo

para decírselo poco a poco.

¿Sabes qué te digo?

Que te voy a ayudar a mejorar en la vida.

-Ya le he dicho que no quiero nada, que solo he venido a conocerlo.

-Ya, ya. Eres buen muchacho

y bien echao p'alante, como tu padre.

Con eso y un poco de pesquis, no habrá tren que te pare,

te lo digo yo.

-Con el afecto que me ha demostrado, me basta y me sobra.

-Ole ahí.

Ven, que te doy otro abrazo, chiquillo.

¿Dónde se habrá metido este hombre?

Está usted radiante.

Gracias, Agustina. ¿Me ayuda?

Todos van a quedarse sin aliento cuando la vean llegar a la iglesia.

Con dejar sin aliento a Felipe me conformo.

Cuente con ello.

Los dos hacen una pareja de ensueño,

ya verá como son muy felices.

No tengo la menor duda.

Ya casi es la hora.

Voy a ver.

¿Hay mucha gente? Bastante.

Y por los gestos, parecen impacientes.

Que esperen, la novia debe ser esperada.

¿Está Felipe también?

Si lo está, no lo veo.

Tampoco a Lolita y Antoñito.

¿Se ha fijado bien?

Los padrinos y el novio deben estar juntos en la entrada de la iglesia,

por eso no los veo desde aquí. Ahí estarán, seguro.

¿Vamos bajando?

¿Le importaría subir antes a casa de Felipe

y asegurarse de que ya ha bajado?

Como quiera, pero dudo que a estas horas no haya salido ya.

Entienda mi duda,

sería un bochorno que la novia llegara antes que el novio.

Claro, señora, voy a ver. Gracias.

(EXHALA)

(Aplausos)

¡Qué viva el novio y la novia por separados!

-¡Yepaya!

-Qué guapos.

(Motor de coche)

"¿Puedo verlo?".

-Se va usted a reír.

-Bueno, si me río es que me gusta lo que veo.

(Puerta)

Camino.

-Los guardias preguntan por ti y vienen hacia acá.

-¿Cómo?

-Huye, Maite, no te quedes aquí.

¡Maite!

¡No!

Debe ser un placer verme así.

-No todos somos tan egoístas y malvados como usted.

Alegrarse de la desdicha ajena es una mezquindad.

-Marcia, Marcia,... mi negrita buena.

Perdóname por todo lo que te hecho.

-No quiero morir sin que me perdones.

Usted me destrozó la vida,

¿por qué iba a perdonarle?

-Por piedad, por compasión...

¿No habla de eso la religión?

-La religión también habla de amor al prójimo,

y usted nunca ha querido a nadie. -No.

Te equivocas.

¿O ya has olvidado cómo te protegía?

-Me tenía encerrada como un animal, era su esclava.

-Mi esclava más preciada.

Tú eras el tesoro de mi colección

mi favorita.

-¿Y de qué me sirvió?

-¿Necesitas que te recuerde cómo terminaron tus amigas?

-Monstruo.

-Sí, sí.

Por eso necesito tu perdón,

quiero dejar este mundo como un hombre de paz.

Estoy a un paso de reunirme con el diablo, Marcia.

¿Vas a dejar que se quede con mi alma?

-Está bien.

Le perdono,...

pero jamás olvidaré todo lo que me hizo sufrir.

Y le perdono porque a usted le debo mi futuro.

-¿Tu futuro?

-Gracias a usted, tengo a mi lado a un buen hombre.

Al gemelo de Santiago, mi difunto marido.

-Eso,...

eso deberías agradecérselo...

a Genoveva,

no a mí.

-¿Cómo dice?

-(TOSE)

-¿Cómo ha dicho, Andrade? -(TOSE)

Que no haya bajado la novia es normal, se querrá hacer esperar,

pero que no haya bajado el novio...

-Ni los padrinos. -Espero que no haya pasado nada.

-Mientras más cosas pasen, más interesante será la boda.

¿Por qué no quieres ir a un hospital?

-¡No da tiempo!

Fue Genoveva la que organizó todo

para tú exmarido apareciera en tu boda con don Felipe.

-¿Y él, Andrade?

"¿Él sabía que estaba en España gracias a Genoveva,

que ella era la promotora de este engaño, lo sabía?".

-Marcia...

-"Tu marido y Genoveva siempre han sido cómplices".

-¿Qué ocurre? ¿Qué te ha dicho ese hombre?

-¡Eres un canalla!

¡Fuera de mi vista!

Tengo que parar esa boda.

Felipe me ama como nunca lo ha hecho antes,

ni a Celia ni a Marcia ni a nadie.

Sí, señora.

¿Tú sabes algo de partos? -He traído miles de ovejas al mundo,

no será muy diferente. -Será más o menos lo mismo.

Tiene que estar a punto de bajar.

Vamos a darle cinco minutos más.

¿Sabes qué ha hecho tu madre?

Ha denunciado a Maite ante los guardias

para que se la lleven detenida.

Le hacía en el casamiento, ¿se ha suspendido?

-Eh... No. -Cualquier día me dejo la cabeza.

Hace na me dijo Fabiana que iban a cerrar la pensión

pa ver salir a los novios.

No te voy a engañar,

esto duele, y mucho.

Y va a ser largo. -"Soy Julio, ¿me oye?".

No puedo hablar más fuerte.

Mira,

te llamaba solo para decirte que ya he conocido a don Jose.

¿De acuerdo? -(ASIENTE)

Dame la mano.

(SE QUEJA) -A la de tres, empujamos fuerte.

-Y... -Una,

dos,...

y tres. -(GRITAN A LA VEZ)

¿Qué pasa?

Lo que he visto en casa de don Felipe no me ha gustado nada.

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Acacias 38 - Capítulo 1195

06 feb 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Victoria

    El capítulo ha estado trepidante, pasamos de una familia a otra cada cuál con su problema: los Pasamar; Maite; los Domínguez (con D. Jose pendiente de su hijo, que no me parece "trigo limpio") ¡la que se va a formar cuando le cuente a Bellita su "problema"!!; los Palacios (que están todos descentrados con el parto de Lolita) y quién nos iba a decir que Jacinto iba a ayudar a traer su niño al mundo. Qué puedo decir de Felipe y de su amada Marcia, ambos engañados por los que se empeñan en separarles porque quieren ser sus parejas ... tal y como me había imaginado creo que, a pesar de su "galope", Marcia va a llegar tarde a la boda de su amado y supongo que Felipe no va a tener el valor que tuvo Lucía de decir NO a Samuel en el altar. Estoy deseando ver el capítulo de hoy pero, al mismo tiempo, sé que me va a dar muchísima pena de Felipe y Marcia ... su amor me recuerda bastante al de Germán y Manuela, el casado y ella soltera ...¡¡qué pena!!!. ¿Y si resulta que me equivoco? ¡Ojalá!!

    07 feb 2020