www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
5502441
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1193 - ver ahora
Transcripción completa

No se preocupe usted mucho por la ceremonia, señor.

Lo más importante es que de el sí a tiempo, y eso sabrá hacerlo.

¿Tú saber la historia que hay detrás de esa nana?

-Yo solo sé que mi madre la cantaba antes de dormir.

-Mi más sentido pésame.

¿Crees que Úrsula me contaba algo sobre Genoveva

en la carta que me mandó?

¡Eres escoria!

No vuelvas por aquí.

-Podría habernos matado. -Necesitaba saber

quién estaba detrás del hombre que me atacó.

Se ha acabado todo,... ya no le buscaré más.

-Entonces, dime por qué estás dispuesto a perderlo todo,...

incluso a mí, buscando a ese hombre. ¿Qué buscas, Santiago?

-Nada, nada, no busco nada.

¡¿Qué le ha dicho a mi hija?!

¡¿Qué asquerosidades le ha dicho para enredarla en su indecencia?!

-Intenté alejarme de ella, intenté disuadirla, se lo juro,

pero Camino me dio una lección:

debíamos amarnos, sin trabas.

-No vuelva a acercarse a mi hija.

Soy capaz de matarla.

No debe ser nada fácil enterarse de que se tiene un hijo.

Y bien crecidito que está.

Se lo tiene que decir a madre.

Ni harto de vino.

Tan solo díganle a Camino...

que me arrepiento por haber roto con nuestra amistad.

Genoveva,...

¿sabes algo de la carta de Úrsula?

¿Sentiste miedo cuando recibí la carta?

No, ninguno. ¿Y alivio cuando la rompí?

Tampoco alivio, pero me sentí orgullosa de ti,

no te dejas influenciar como todos los demás.

Me marcho. Me lo puede impedir, a golpes.

-Camino, no vas a ir a ningún sitio. -¡Ya, madre, ya!

-¡Camino, ven aquí!

Ha estado por aquí el comisario Méndez preguntando por vosotros.

-¿Preguntando qué? -Quería saber si os habíais ido.

-Pronto se librará de nosotros, que no le corra tanta prisa.

-Se ha extrañado que no denunciara lo de los navajazos.

Quería preguntarle si saben algo más del asesinato de Úrsula.

Me temo que no.

Es más, creo que nos encontramos en un callejón sin salida.

Carmen, creo que la criatura ya está aquí, que ya está aquí.

-Pues... respira.

En unos días hay un nuevo vapor... destino La Habana.

Es lo que queríamos.

-"Marcho mañana".

-Ahora que hacíamos buenas migas.

-Pero vine pa conocerle y ya le he conocío.

No quisiera ser un impedimento pa su matrimonio.

-Me duele que te vayas.

-Las cosas son así, ¿no? Tienen su principio y su final.

-Chiquillo, un par de días, una semanita como máximo.

-De acuerdo.

-¿Tan importante es para ti esa mujer?

-No te haces una idea.

No tiene que enterarse de que he estado aquí si no se lo dices.

¿De verdad quieres marcharte ahora y para siempre?

¿Qué es lo que quieres tú?

Estar a tu lado.

Marcia, ¿Qué te ocurre?

Felipe, ¿qué estamos haciendo?

Nada más que lo que tanto deseamos.

No podemos dejarnos llevar por lo que queremos,

solo haríamos daño, a quienes nos rodean y a nosotros mismos.

¿Qué te lo impide?

Lo sabes muy bien.

Marcia, no te he mandado invitación

a la boda porque pensaba que no querías venir,

pero si no es así ya sabes que tienes las puertas abiertas.

No, Felipe,...

para mí seguirán cerradas.

¿O acaso crees que puedo verte casándote con otra mujer?

Marcia.

Por nada del mundo iré a esa iglesia.

No hay nada que me duela más que esa boda, Felipe,

significa que tú y yo jamás podremos volver a estar juntos.

No, Marcia,...

lo que realmente nos lo impide no es eso.

Nuestro amor resulta imposible...

desde el momento en que apareció Santiago,

justo el día que iba a ser el más feliz de nuestras vidas:

el día de nuestra boda.

En aquel momento todo cambió para nosotros,

había regresado tu marido.

Felipe, Santiago no es...

Santiago no es ¿qué?

(Sintonía de "Acacias 38")

Marcia, estoy esperando.

¿Querías decirme algo sobre Santiago?

Que Santiago no...

no es alguien que se merezca más humillaciones.

Ahora lo único que importa...

es que vas a ser padre, y mereces ser feliz, con tu hijo

y con Genoveva.

Espera, espera.

Felipe,...

déjame marchar,... es lo mejor para los dos.

Lo sé,...

pero necesito que me abraces,...

necesito sentirme entre mis brazos una última vez.

Por favor.

Te echaré de menos todos los días de mi vida.

Marcia.

Felipe, sé muy feliz.

Le he hecho una pregunta, Emilio, ¿qué sucede aquí?

-No le debo ninguna explicación.

-Me la debe. Esta es mi casa,

y usted está dentro. -Pero ¿cómo se atreve así?

¿No se le cae la cara de vergüenza? -Emilio, por favor, contente.

-Estará contenta, ha destrozado a mi familia.

-No,... yo no he hecho nada.

-¿Cómo que no?

¡Ha pervertido a mi hermana, es usted es usted una depravada!

¡No tienes derecho a hablarle así!

-Le ruego que abandone mi estudio.

-Emilio, por favor, danos un momento a solas.

-Espero que sepas lo que estás haciendo,

porque todo esto va a terminar muy mal.

Te esperaré fuera, no tardes.

Nos volvemos juntos a casa.

-Camino.

-Siento que...

todo mi mundo se desmorona ante mis ojos.

-Pero ¿qué hacías aquí con tu hermano?

-Mi madre le había mandado seguirme.

Ella quiere evitar a toda costa que nos veamos.

¿Por qué no puede entender que no hacemos daño a nadie?

-No la culpes, Camino,...

el responsable es este mundo, que no entiende

y no acepta que dos mujeres se amen.

-Pero ¿cómo puedes decir algo así, cómo...?

Después de todo lo que ha hecho,

¿cómo puedes no arremeter contra mi madre?

Parece que incluso la justificas. -No,

pero no es ella nuestra enemiga.

Nuestra enemiga es la sociedad,

la sociedad cruel e hipócrita en la que vivimos.

Te lo dije.

-¿Y qué va a ser de nosotras ahora, Maite?

-No lo sé.

No lo sé, pero...

tenemos que estar preparadas para lo peor.

Si lo nuestro sale a la luz,...

todo acabará mal,...

sobre todo para mí.

Se supone que soy la que te... pervierte.

-No podemos permitir que pase algo así.

Yo sin ti me muero.

Te amo, Maite.

Otra vez tú.

¿Qué vas a hacer ahora, vas a amenazarme de nuevo?

Se equivoca,...

mi única intención es perderla de vista para siempre

y marcharme de Acacias junto a Marcia.

Hazlo de una santa vez, abandona estas calles,

no voy a permitir que tu mera presencia arruine mi triunfo.

Estoy a punto de casarme con el hombre al que amo.

Efectivamente,...

un hombre al que ha hecho creer que la criatura que crece en su vientre

es suya. Pobre diablo.

No te consiento que hables así de Felipe.

-Buenas tardes.

-Buenas tardes.

Comisario,... no le había visto.

Qué casualidad verlos juntos,... no sabía que se conocían.

A penas de vista.

Sin embargo, desde la distancia juraría que estaban discutiendo.

¿Acaso tienen alguna disputa?

¿Y madre? En su cuarto.

Así aprovecho la ocasión para hablar con usted.

Y ya supongo de qué tema: de Julio, ¿no es cierto?

Si parece adivino y todo. ¿Le ha contado algo a madre?

Por Dios, ¿me quiere responder?

Que yo no he heredado sus dotes adivinatorias.

Se lo ha dicho ¿sí o no? No.

Ya te dije que era pronto para revelárselo.

Y yo le respondí que pronto o tarde, no le quedaría otra.

Como madre se entere por otro lado, arde Troya, se lo digo.

No seas agorera, chiquilla, eso no tiene por qué suceder.

¿De verdad cree que puede evitarlo?

Que cada vez está al tanto más gente.

Pronto va a ser madre la única que no lo sepa.

No será para tanto.

Hasta Marcelina está preocupada por el asunto.

¿Cómo puede estar tan tranquilo?

Porque estoy de muy buen humor como para preocuparme.

Pues no le sobran motivos para muchas alegrías.

Siempre se puede buscar alguno.

¿Te he contado ya el buen detalle que ha tenido Julio?

No.

Estaba dispuesto a marcharse definitivamente de la ciudad,

para no causarme problemas con tu madre.

Aguarde un suspiro, ha dicho "estaba", ¿no?

Yo lo he convencido para que se quede.

No me cabe ninguna duda: usted ha perdido el oremus.

No, le he pedido que se quede unos días,

para poder conocernos un poco más, pero necesito tu ayuda.

¿Mi ayuda? ¿Mi ayuda para qué?

Para escribir su testamento, ¿no? No.

Pues temo que va a precisarlo muy pronto.

No, para que entretengas mañana a tu madre

mientras le enseño la ciudad a Julio.

Mire,... de verdad, yo aprecio mucho a Julio,

y me satisface que usted quiera conocerle mejor,

pero no puedo engañar a mi madre, me duele en el alma.

Canelita, será una mentirijilla piadosa.

Además, por que la retengamos en casa un poco más

tampoco va a pasar nada. Pues no va a resultar nada fácil,

que mi madre está que se sube por las paredes.

No puedo más, ¿cómo es que no ha venido ese médico todavía a verme?

Cinta, quedaste en darle aviso. Sí, si lo he llamado,

pero el hombre está muy ocupado.

Seguramente vendrá mañana a visitarla.

¿Cómo que seguramente? Mira, vendrá sí o sí.

Dentro de nada es la boda de Felipe y Genoveva

y yo no pienso perdérmela.

-¿Y no preferirías quedarte aquí tranquilita, en la casa,

y yo te lo cuento después?

-¿Quedarme yo tranquilita en la casa?

Vas tú listo, galán.

Está bien, ya llamo yo y le insisto al doctor

para que venga.

Ea, coge tino y le dices de mi parte

que si no se presenta, llamaré a otro médico,

que hay más doctores que longanizas.

Por cierto,... hablando de longanizas,

¿qué ha hecho Marcelina para cenar?

Voy a echarle un ojo.

Aún no me han contestado satisfactoriamente.

¿Por qué estaban discutiendo?

Comisario, la distancia le ha debido confundir,

nosotros no estábamos discutiendo.

¿Ah, no?

No. ¿Por qué íbamos a hacerlo?

Como ya le he dicho, apenas nos conocemos, ¿no es así, Santiago?

-Así es.

No hay ninguna cuita pendiente entre nosotros,

todo lo contrario, el marido de Marcia

me estaba felicitando por mi próximo enlace con Felipe.

Sí, y doña Genoveva a su vez me estaba deseando

la mayor de las felicidades junto a mi esposa,

ahora que se ha resuelto el entuerto y está libre.

-Todos felices entonces.

Sí.

Si me disculpan, he de subir a mi casa,

tengo que ultimar los detalles de mi próxima boda.

Con Dios, señores. -Con Dios.

Yo también debería marcharme, Marcia me estará esperando en la pensión.

-Su esposa va a tener que aguardarle un poco más.

Me gustaría hablar con usted de cierto asunto.

-Usted dirá.

-Me han llegado noticias de que ha sido usted víctima de una agresión.

-No le han informado mal, así es.

-¿Por qué no fue a denunciarlo?

-No quería hacerles perder el tiempo,

es que no pude ver el rostro del atacante.

No sé quién sería ese canalla. -¿Seguro que no puede darnos

alguna pista que nos sirva para atraparlo?

-No. No, por desgracia no.

Ahora, si no tiene nada más que preguntarme...

-Sí, hay algo más que quiero preguntarle.

Descuide, no le entretendré demasiado.

Dígame, Santiago,...

¿tiene usted alguna sospecha sobre quién puede ser el asesino

de Úrsula Dicenta?

-¿Y por qué tendría que tener yo alguna idea al respecto?

-He pensado que mientras Marcia estuvo en prisión acusada

de tal crimen, usted podría haber investigado por su cuenta,

o haber estudiado el caso.

Era la forma que tenía de ayudar a su esposa,

demostrar su inocencia.

¿No es cierto?

Toda la tarde en el hospital para nada.

-Bueno, se ha quedado en un susto.

-Otra falsa alarma.

-Lamento haberles alarmao.

-Cuando Casilda nos dijo que si ibas al hospital,

pensábamos que el niño estaba de camino.

-Madre mía la carrera que nos hemos pegado.

En mi vida había visto correr así a mi padre.

-Conocer a mi nieto bien vale la pena el esfuerzo.

-Lo que no entiendo es por qué los médicos

han asegurado que era una indigestión,

si todos comimos lentejas y más o menos las mismas.

-Y a ti nunca te habían sentado mal.

-Puede que la culpa no la tuvieran las lentejas.

-Y si no han sido las lentejas, ¿qué ha podido ser?

-Puede que haya tenido que ver con el bizcocho que trajo la Carmen.

-No te lo habrás comido entero, ¿no?

-Entero, entero tampoco, mujer.

Me dejé un bordecito que estaba quemao, y las nueces.

-¿Y acaso dudaste que eso podía ser la causa de tu malestar?

-Pero ¿cómo puedes ser tan borrica?

-No me miren así, que... son los nervios del embarazo.

Y, además, ahora como por dos. -Ja. ¿Solo por dos?

Con el bizcocho que te has comido podrías alimentar a un regimiento.

-Escúchame, en serio,...

tienes que tener más cuidado.

-Sí, sí, te juro que no lo volveré a hacer.

-A partir de ahora, y para evitar las tentaciones,

Carmen no va a traer ningún bizcocho más.

En esta casa, y hasta que no nazca la criatura, se acabaron los dulces

y los pasteles, ¿estamos?

-Estamos.

-Ay, Dios.

Bueno, voy a ver si preparo algo de cenar.

-Ay, Liberto, deja el periódico y hazme un poquito de caso.

-Cariño, solo trato de informarme.

-Más te vas a informar con tu esposa que con esos papeles.

Genoveva me ha contado todos los detalles de su próxima boda.

-¿Ah, sí? Pues mira, tienes razón, de ese tema tan importante

no hablaba el diario.

-¿Ves como estabas perdiendo el tiempo?

Al parecer, la celebración será en una pinada,

y habrá varias carpas.

-Creía que la celebración iba a ser íntima.

-Bueno, eso no quita para que lo esté preparando al detalle.

Ya verás, Liberto,...

me da que esta boda será una de las más elegantes

de los últimos tiempos.

Me da una rabia que no esté aquí tu tía,

con lo que hubiéramos disfrutado comentando todos los detalles.

(Llaman a la puerta)

-¿Quién será a estas horas?

-No sé, ahora lo veremos. Voy a abrir, porque Casilda

ya está en el altillo.

Ay, Felicia, qué sorpresa. -¿Puedo pasar?

-Sí, pero ¿le pasa algo...?

-No la esperábamos, Felicia.

-Mi hija no atiende a razones, hace horas que se ha ido

y no sé nada de ella.

Esto es lo que ha conseguido por consentir semejante libertinaje.

-Tranquila, Felicia, ¿de qué está hablando?

-Siento lo que está ocurriendo,

pero yo no tengo responsabilidad.

-¿Cómo que no? ¡Usted fue quien trajo el demonio

a Acacias, por tanto, es el único responsable

de que el pecado campe a sus anchas y de que nuestro apellido

se haya visto deshonrado!

-Yo no empujé a Camino a los brazos de Maite ni les obligué a besarse.

-Pero ¿qué estás diciendo?

Que Camino y Maite... -Así es, Rosina,

y pocas luces tiene usted si todavía no lo ha comprendido.

-Felicia, ya está bien.

Entiendo su desazón, créame,

pero no pienso consentir que hable así a mi esposa.

En lugar de buscar culpables

en quien nada tiene que ver, tal vez deba preguntarse algo:

qué le ha llevado a Camino a buscar el amor de una mujer

lejos de su casa.

Tal vez usted como madre tenga alguna responsabilidad.

-Gracias, Liberto, muchas gracias por traer la vergüenza y la desdicha

a mi casa,...

¡por ser tan cobarde de dar cobertura a una infamia como esta!

Buenas noches.

Le agradezco que haya aceptado mi invitación a desayunar.

Pierda usted cuidado, que siempre es un placer verle.

¿Cómo está Lolita?

Pues mucho mejor después del susto.

Pensábamos que el parto se estaba adelantando,

pero afortunadamente, solo se trataba de una indigestión.

Pero, en fin, no creo que me haya hecho usted llamar

solo para interesarse del estado de mi nuera.

¿Qué quería comentarme?

No me va a decir

que ya no quiere que mi hijo sea su padrino de boda.

Me temo que es un asunto... mucho más desagradable:

Úrsula.

Quería preguntarle por las cartas que mandó antes de morir,

en concreto la que recibió usted.

Quería preguntarle si en ella

le decía algo de Genoveva.

¿Por qué pregunta tal cosa justo ahora, antes de su boda?

Necesito saber la verdad.

La verdad no la va a encontrar ahí.

Hay asuntos que...

es mejor olvidar,...

y todos hemos hecho un gran esfuerzo por superar esas cartas.

Lo siento, pero no puedo dejarlas atrás de forma tan sencilla,

no puedo quedarme con la duda.

Don Ramón, se lo pido por la amistad que nos une:

¿Úrsula acusaba de algo a mi prometida?

Don Ramón, por favor.

En la carta,

Úrsula acusaba a Genoveva de ser cómplice,

junto con Bryce, del accidente de coche que sufrí.

Accidente no,... intento de asesinato.

Felipe, no debe dar crédito a las palabras de una trastornada

que tan solo pretendía hacernos daño desde la tumba.

Es posible que su prometida haya cometido errores en el pasado,

pero desde luego, no es ninguna asesina.

-"He estado pensando cómo pude perder el pañuelo

que encontró la policía". "¿Lo has recordado?".

Ese pañuelo puede indicarnos a quien te quiere

cargar el asesinato.

Recuerdo perfectamente que lo tenía en la mano

y me estaba secando las lágrimas con él

cuando discutía con...

¿Con quién?

Con Genoveva.

"Felipe, pronto seremos marido y mujer,

la sinceridad debería presidir nuestra relación".

Esto solo te lo voy a preguntar una vez:

¿tuviste algo que ver con la muerte de Úrsula?

Por supuesto que no,

¿de verdad me crees capaz de hacer algo tan horrible?

"Quién sabe. Una cosa es despreciar a alguien

y desearle la muerte"

y otra muy distinta es llegar a este punto,

que es el homicidio”. Alguien tuvo que hacerlo.

Claro está que no es un ningún iluso,

los tiene a todos confundidos.

Antes o después cometerá un error, todos los criminales lo hacen.

-Felipe, escúcheme.

Eso es precisamente lo que pretendía Úrsula:

sembrar la duda en nosotros, esparcir la cizaña.

Por eso no quería contarle nada, porque no podemos permitir

que se salga con la suya. Lo sé, amigo,

lo sé.

Sé que lo ha hecho de buena fe.

Pues agradézcamelo olvidando todo lo que acabamos de habar.

Eso no se lo puedo prometer.

Sea verdad o mentira lo que dice la carta,

eso reafirma ciertas dudas que tenía sobre Genoveva.

La única razón por la que sigo adelante con la boda

es el niño que esperamos.

No voy a permitir que esa criatura

no tenga a su padre a su lado.

Comprendo sus temores,...

pero, créame,...

entre la palabra de Úrsula y la de Genoveva,

me quedo mil veces sin duda alguna con la de Genoveva.

"(Llaman a la puerta)".

Voy.

Cinta. No esperaba tu visita.

¿Puedo pasar?

Claro. Pasa.

Toma asiento. Gracias.

Julio, perdona por... haber aparecido tan de repente,

pero como no hemos tenido oportunidad de vernos,

he pensado que estaría bien que conversáramos un poco.

Por supuesto, siempre es un placer hablar con una artista

de tanto renombre. Anda ya,

no me bailes tanto el agua.

Hay dos motivos de mucha importancia para no hacerlo.

El primero es que estoy muy lejos de ser una estrella.

Poco te falta para conseguirlo.

¿Y el segundo motivo?

Porque somos hermanos.

Tengo que decirte que todavía no me hago a la idea.

Se me hace extraño tener una hermana así de repente.

No eres el único, te lo aseguro,

pero al final acabaremos acostumbrándonos, ya verás.

Mi padre me ha hablado maravillas de ti.

Yo opino lo mismo de él.

Al principio es verdad que empezamos con mal pie, pero...

me ha demostrado tener un buen corazón.

No lo dudes,... nuestro padre es bueno y generoso,

y si al principio se mostró arisco contigo

fue por miedo a que nosotras nos pudiésemos sentir heridas.

Por eso mismo estoy aquí,

para que no te tomes a mal que no le haya dicho nada a mi madre.

Pierde cuidado,... sé que no es algo fácil para él.

Cinta, me siento muy orgulloso de que seas mi hermana.

Y no solo porque seas buena persona,

sino porque eres una artista como la copa de un pino.

Anda ya, Julio. No lo soy tanto como mi madre,...

pero trato de mejorar día a día.

¿Podré verte actuar?

No lo sé.

Me han ofrecido una gira por toda Andalucía, pero...

todavía estoy dudando si aceptarla o no.

Pues no dudes más,... tienes que aprovechar la ocasión.

Dios te ha dado un don,...

no lo desaproveches.

¿Seguro que no me mientes?

-Madre, ayer estuve toda la tarde con Camino, ya se lo he dicho.

Fuimos a dar un paseo por los alrededores.

-¿Y no fue tu hermana a ver a Maite?

-No, Camino no fue a ver a Maite.

-Halago que trates de proteger a tu hermana,

pero más lo harías si no me ocultaras la verdad.

No te creo ni una palabra.

-Y hace bien, madre, porque sí que fui a ver a Maite,...

pero no se alarme,...

Emilio no nos dejó ni a sol ni a sombra,

cumpliendo con sus órdenes.

Te agradezco que intentes taparme, pero no puedo permitir que mientas

por mí y que mis problemas acaben siendo los tuyos.

Sepa que Emilio intentó... impedir el encuentro,...

pero al final se apiadó de mí. -Más amor te hubiera mostrado

si te hubiera traído de vuelta a casa.

¿Cuándo vas a dejar de avergonzarme?

¿Cuándo te vas a curar de esa enfermedad?

-¿Sabe qué, madre? Que tiene razón: estoy enferma,...

enferma de amor.

Desearía pegarme, ¿verdad? Adelante, hágalo,

hágalo cuanto quiera, pero no cambiará mis sentimientos.

-Bueno, ya basta, debemos calmarnos, estamos llevando las cosas

demasiado lejos. -¿Demasiado lejos?

¿De parte de quién estás? ¿De tu madre o de tu hermana?

-De parte de mi familia,

y tenemos que encontrar una solución ya.

-No habrá solución hasta que no entendáis que la amo.

-No digas eso, por favor, me avergüenzas.

-En tal caso, le ahorraré el disgusto de mi presencia.

-¿A qué esperas? ¡Ve tras ella!

-Madre, eso solo empeoraría las cosas, ¿es que no se da cuenta?

-El que no se da cuenta de nada eres tú.

Peor no pueden estar.

Aquí le traigo el café, señor.

Señor,...

ando preocupá por doña Rosina.

Está mucho más rara que de costumbre.

Esta mañana, na más desayunar, se ha vuelto a la habitación,

¿uste sabe si le sucede algo?

-No, no le pasa nada, no te preocupes.

Está un poco cansada, nada más.

-Hablando del rey de Roma. ¿Ha descansao uste bien, señora?

-Malamente. Prepárame una tisana, a ver si me asienta el cuerpo.

-Está claro que pa mandar sí que tiene fuerzas.

-¡Te he oído! ¿Qué decías?

-Que enseguida le preparo la tisana a la señora.

-Liberto, he estado pensando: tenemos que ponernos en contacto

con Susana y con Armando.

Informarles inmediatamente de lo que ha pasado con Maite.

-¿Pasa algo con la pintora? -¡No, no ha pasado nada

con la pintora, ya, ve a la cocina!

No debemos decirles nada de lo que ha pasado.

Tenemos que ver cómo evoluciona todo.

-Eso te lo digo yo:

todo acabará en tragedia, en escándalo.

-Pues si eso acaba así, al menos que no sea por nuestra culpa.

-Está bien, no escribiré a Susana, al menos de momento.

Cómo me gustaría que estuviera aquí para contárselo todo de viva voz.

Ya sabía yo que esa pintora ocultaba algo.

Lo que no podía ni imaginar es que fuera una pervertida, que sí.

-Rosina. -Sí, una pervertida,

y quería aprovecharse de Camino.

-Eso no sabemos si ha sido así. -Por favor, ¿todavía tienes dudas?

Nuestras vecinas se quedarán de piedra.

-Rosina, te he dicho que no digas nada.

-Que no diga nada a Susana y Armando,

del resto no has comentado nada.

-¿No ves que es un asunto muy serio?

-Por eso quiero contarlo.

-¿Tú sabes las consecuencias que podría tener para todos nosotros

si esto se supiera?

-Lo que les suceda a los Pasamar es algo que no me quita el sueño,

pero a nosotros... Nosotros nada tenemos que temer.

-¿Cómo que no?

Rosina, abre los ojos, que el escándalo nos cogería en medio.

Nosotros hemos organizado la exposición, es más,

tenemos intereses económicos con ella,

podríamos perder el dinero de la venta de sus cuadros.

-Está bien, me callaré.

Todo sea por no perjudicar a los Pasamar,

que sabes que soy muy considerada.

Finalmente asistirán unas 50 personas al banquete.

Y eso que dijo que quería una boda íntima.

Parece que no lo va a ser.

-Seguro que todo saldrá a las mil maravillas, Genoveva.

Ay, Carmen, así lo espero.

-Yo tengo la solución pa que no haya ningún inconveniente.

Llevo días queriéndole dar esto. Ay, qué detalle, Lolita.

Se lo quiero prestar pa su boda, es muy importante

que lo lleve debajo del vestío.

-No nos digas más, es una costumbre de Cabrahígo.

-Pos sí, es un pescao,

y es costumbre que las novias lo lleven debajo del vestío.

Le traerá suerte y le ayudará a tener descendencia.

Se lo agradezco.

Buenas, queridas vecinas, ¿interrumpo?

En absoluto, estábamos hablando de la boda.

El Nuevo Siglo XX se encargará del banquete,

además, doña Felicia nos agasajará con un entrante frío.

Ha tenido usted una idea excelente al pensar en celebrar la boda

en el campo.

-¿Y qué más ha preparado? Enseguida les pongo al día,

pero no nos quedemos aquí.

Les invito a merendar. -Ay, pos sí.

Un churrito no le hace mal a nadie. -Uno, Lolita.

-Ya, pero...

¿la terraza? ¿Por qué no vamos a dar un paseo?

-Uy, doña Rosina, no la reconozco, usted rechazando una invitación

a la terraza.

¿Está a dieta?

-No. Bueno, sí, me he puesto a dieta, mejor un paseo,

además no hace tanto frío, hace buen tiempo.

¿Vamos? Como quiera.

Podemos ir a pasear a los Jardines del Príncipe.

Aguarden un momento, enseguida estoy con ustedes, señoras.

Marcia, Santiago.

Esperad.

-Por supuesto. Aquí todo es de muy buena calidad.

-Seguro que entre tanta maravilla encontramos el regalo perfecto.

-Uste que lo diga, aquí hay presentes para cientos de bodas.

-Fabiana y Agustina se van a tener que tragar sus palabras.

Anda que no confiar en nosotros...

Y usted mientras, puede dar una vuelta,

mientras nos decidimos.

-Sí, es que tenemos que esperar al resto.

-Queden con Dios. -Con Dios.

-Ay.

Pero hemos hecho mal en despedirle,

¿a quién preguntamos los precios?

-Hombre, cada cosa lleva su precio puesto.

Y nos lo ha ajustao una barbaridad.

-Ea, aquí me tienen.

Veamos los regalos.

-¿Y Agustina, y la Casilda? ¿No vienen?

-No, no, están muy atareadas, tendremos que elegir entre los tres.

-Ellas se lo pierden.

-Pues sí.

-Bueno, Servando, he de reconocer que por una vez en la vida

me sorprende usted, ¿eh? Aquí hay cosas de...

muy buen gusto. -¿Y qué esperaba?

(RÍE)

-Por ejemplo, este jarroncito es...

fetén, fetén.

-Ea, pues ya tenemos regalo. -No, no, un momento,

a ver qué vale. -Está puesto en la etiqueta.

-¡Santo Dios!

Pero ¿esto qué es, el precio del jarroncito o la fecha de nacimiento?

-A ver, a ver. -Madre mía.

-Servidor nunca había visto tantos números juntos.

-Pues aguarden ustedes que eso no es lo más caro.

-Menos mal que nos iba a ajustar los precios.

-Sí, ajustao al cuello, menudo bazar más caro.

Más nos hubiera valido la pena ir a la joyería.

-Mire, este cortador de puros se nos sale, por poco,

de lo que teníamos pensao gastarnos. -Oye,

¿y estos guantes de boxeo? Están en el precio, ¿eh?

-Acabáramos, ¿y por qué no lo han dicho antes?

Seguro que doña Genoveva tenía en capricho unos guantes de boxeo.

-¿Uste cree?

-¡Pues claro que no, alma de cántaro!

¿Cómo le vamos a regalar unos guantes de boxeo?

Menudo ridículo. -Y ahora ¿qué hacemos?

-Ni la menor idea, pero ustedes nos han metido en este embrollo

y ustedes nos van a sacar de él.

-Que faltan un par de días pa la boda y no tenemos regalo.

-Oye,... ¿y esta Biblia tan pintona?

-A ver, a ver. ¿Ha visto uste el precio?

-Le arrancamos el Nuevo Testamento y nos sale mejor.

-Arranque el antiguo a ver si nos descuenta más.

-Es una idea.

No sabéis cuánto lamento que no vayáis a asistir a mi boda.

Felipe ya me ha comentado que tú, Marcia, rechazaste la invitación.

Aunque, por otra parte, he de decir que lo comprendo:

os sentiríais fuera de lugar en un evento así,

rodeados de gente de alcurnia.

En fin, no os molesto más, tendréis muchas cosas que hacer.

Os deseo toda la suerte del mundo vayáis donde vayáis.

Que seáis tan dichosos como sin duda yo voy a serlo.

Con Dios.

Maldita sea.

¿Cómo puede ser tan hipócrita?

-No sabía que nos habían invitado a la boda y que lo habías rechazado.

¿Por qué lo has hecho?

-Genoveva tiene razón en una cosa:

allí nos sentiríamos fuera de lugar. -No, Marcia, los dos sabemos

que esta no es la razón.

¿Cuándo vas a olvidar el pasado de una vez por todas?

-Madre mía, Emilio, todavía me dan como escalofríos

cuando me acuerdo del susto de ayer. -No me extraña,

es la segunda vez que creen que el niño viene en camino.

-Ya verá como al final, cuando el niño nazca,

ni nos lo vamos a creer.

¿Y esa cara a qué viene, qué le pasa?

-Nada.

Problemas familiares que me están dando quebraderos de cabeza.

-No tendrá que ver con Ildefonso, no habrá vuelto a Acacias.

-No, no, qué va. Bueno, volvió para tratar

de hacer las paces con Camino,...

pero ella no quiso saber nada de él. -Bien hecho,

Camino es una muchacha muy sensata

y con la cabeza bien puesta sobre los hombros.

Buenas. -Buenas.

Acabo de dejar a mi madre en casa de Genoveva.

¿Vamos de paseo?

Pues...

me encantaría, pero tengo que quedarme a cargo del restaurante.

¿No se puede quedar tu madre o tu hermana?

Imposible, las dos están fuera.

-Bueno, Cinta, y sobre Julio, ¿qué, hay alguna novedad?

Mi padre sigue sin atreverse a contarle la verdad a mi madre.

Normal, es que se pondría hecha una fiera.

Esperemos que no tarde mucho en entrar en razones.

Aquí nadie tiene la culpa de nada, y Julio es muy agradable.

Esta mañana he hablado con él y me ha animado a que acepte ir de gira.

Como hay otros que no dicen nada.

-¿Has dicho algo?

¿Ve el caso que me hace mi prometido?

¿Qué?

Bueno...

Qué alegría que al final haya podido venir, Bellita.

-Que no me lo hubiese perdido por nada del mundo.

No me veía ya capaz de quedarme otro día más encerrada en mi casa.

-Pero si se le aprecia ya

estupendamente y recuperada.

-Haga usted el favor de decirle eso a mi médico a ver si se digna

a darme el alta de una vez. -(RÍEN)

-Qué extraño que Felicia no haya subido todavía.

¿Le habrá pasado algo? -(ROSINA TOSE)

-¿Y ese carraspeo, Rosina?

¿Acaso sabe algo que ignoramos? -¿Yo? Nada, nada.

Solo que teniendo en cuenta la hora, no creo que suba ya Felicia,

con lo puntual que es.

Seguramente le ha surgido algún imprevisto en el restaurante.

-¡Ay, qué bonito!

¿Qué les parece?

Pues ¿qué nos va a parecer?

Está usted guapísima.

Agustina ha sido tan amable de ayudar a vestirme.

-No ha sido nada, señora.

-Como que no se habrá visto otra novia más hermosa en todo Acacias.

-Tampoco es eso, que todas hemos pasado por el altar

en estas calles.

-Este vestido,

esta tela, esta caída,

nunca había visto na igual.

-Se ve que no ha reparado en gastos.

-Sí, pero permítame que se lo diga, una apreciación:

creo que no le han cogido bien las medidas,

se lo noto prieto por el vientre. -Rosina, por Dios.

He estado comiendo más de la cuenta estas últimas semanas

a causa de los nervios. Es normal.

A mí también me pasa por la cercanía del parto.

Creo que aún no he reunido todo lo que debo llevar

el día de la boda.

El objeto ya se lo he dao, el colgante.

Sí. -Y yo prometo traerle algo azul.

-Pues yo le regalaré algo viejo.

-Qué raro que Rosina elija lo más barato.

-Genoveva,...

y la liga que le regalé, ¿la lleva puesta?

¿Les vale como respuesta? (RÍEN)

Agustina, haga el favor de traer el té a las señoras,

yo mientras voy a cambiarme. -Muy bien.

Tengo unas ganas de hincarle el diente a esos pasteles.

-Sí, claro,... esos pasteles que no vas a probar.

-No le veo sorprendidos por lo que acabo de contarle.

-Estimado amigo, debo confesarle que ya me habían llegado

ciertos rumores.

-Ah, empiezo a ser la comidilla de todo Acacias.

-Al principio pensé que se trataba de maledicencias.

-Ya ve que no es así.

Julio, el muchacho este que ronda por Acacias, es mi hijo.

-Un hijo del que usted no tenía ninguna noticia

según acaba de contarme. -Por supuesto,

no hubiera huido de mis obligaciones.

-De eso no me cabe ninguna duda. -Es un buen muchacho,

me está resultando grato conocerlo,...

pero claro,...

temo lo que pueda opinar mi esposa al respecto,

por eso estoy tardando tanto en contárselo.

-Lo comprendo,...

pero antes de decirle nada,

debería usted hacer algo.

-¿El qué?

-Disculpe mi franqueza,

pero debería usted asegurarse sin ninguna duda

de que ese muchacho es en verdad su hijo.

-No, don Ramón, lo es,... sí que lo es.

Su historia encaja y me ha mostrado retratos y documentos.

-Documentos que puede haber adquirido de muchas maneras.

Hable usted con el ayuntamiento de su pueblo natal,

o con el párroco, para que le certifique ciertos detalles.

-Buenas. -Buenas.

Hijo, discúlpanos,

pero don Jose y yo estamos tratando un tema

de mucha enjundia y te ruego que nos dejes a solas.

-No, descuide, descuide, su hijo está al tanto de todo esto.

Él y Emilio me ayudaron a averiguar quién era realmente Julio.

-Ya veo que cuando la ocasión lo precisa, sabes guardar un secreto.

-No podía decírselo a nadie, ni siquiera a usted.

-Don Jose, hágame caso,

y antes de hacer nada, cerciórese

de que en realidad no se trata de un engaño.

-Gracias por sus sabios consejos, don Ramón,

pero estoy seguro.

Julio es quien dice ser.

(Suena el teléfono)

-Sueño de Cabrahígo.

Buenas tardes, doña Brígida.

Ajá, un segundito.

Garbanzos,...

pan,...

Sí, tengo punta de jamón.

Queso... y anchoas de Santoña.

Perfecto, ahora mismo se lo preparo.

Gracias.

-¿Tardarán mucho Lolita y Carmen?

-Ni idea, no sé cuánto va a durar la reunión en casa de doña Genoveva.

¿Me puedes decir qué te sucede hoy?

Tienes un humor de perros.

-Genoveva es la responsable, y tú también,

que deberías haberme contado que rechazaste la invitación a la boda.

-No me vengas ahora con eso, por favor.

Tú llevas mintiéndome todo este tiempo.

No me vayas a reclamar ahora que no quiero ir a esa boda.

-No, Marcia, no tengo nada que recriminarte,

solo quiero estar seguro de que has roto del todo con tu pasado.

-Es que es más bien mi pasado el que ha roto conmigo.

Compréndeme, por favor.

Es normal que me duela esa boda, para olvidarlo todo necesito tiempo.

Pero también tengo seguro que a tu lado todo quedará atrás.

-Buenas.

-Comisario.

Creí que todo había quedado claro. ¿Qué quiere ahora de mí?

-No, Santiago, no es a ti a quien he venido a ver,

sino a Marcia. Tenemos que hablar.

-Cree que va a dar a luz cada media hora, y son siempre falsas alarmas.

-Los nervios y la ansiedad van a terminar con ella,

y yo voy detrás.

-Cuanto menos se acerque a mí y a mi esposa, mejor.

Y como intente hacernos algo... ¿Qué?

La mataré con mis propias manos.

-¿Cree que Camino podría haber sentido lo mismo que siente por mí

por un hombre? -Sí lo creo.

-Usted lo destapó todo.

-Debo pedirle que abandone el estudio.

-Tienes que pensar bien lo que haces, es mucho lo que arriesgas.

-Voy a envejecer al lado de Maite,...

lo tengo claro.

¿Vas a estar a mi lado?

-Me di cuenta en cuanto la vi vestida de novia.

¿No se fijó? Esos colores,

ese ligero aumento de peso.

Está encinta. -¿Qué?

-Sí, Genoveva se va a casar preñada.

-No puedo evitar acordarme...

de los momentos antes de su boda con Marcia.

Ahora es...

como un hombre distinto

a aquel que iba a casarse con ella.

¿No le ilusiona su enlace, señor?

-A la tercera va la vencida, cariño.

-¿Y no será una tercera falsa alarma?

-(SE QUEJA)

-Ay. -Ay.

-Hay que llamar a un médico.

-Sí, que venga, pero para que termine esta locura.

-¡Sácame este niño de dentro!

¿Qué demonios te pasa?

¿No te interesan mis problemas familiares?

¿Tus problemas familiares?

¿Crees que eres la única que tiene problemas?

-Marcia,...

¿puedo contarte una cosa que he descubierto, aunque...

pueda hacerte daño?

-Parece que no te alegras.

¿Cómo no me voy a alegrar de que usted quiera salir a la calle?

No sé cómo dice esas cosas. Ea.

Más te vale,... porque es eso lo que voy a hacer.

-He venido a pedirle disculpas a su hija.

Me he dado cuenta de que fui un estúpido al romper la relación.

La amo con todo mi corazón.

-Un reo pide como la última de sus voluntades hablar con usted.

-¿Quién?

-César Andrade.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 1193

  • Compartir en Facebook Facebook
  • Compartir en Twitter Twitter

Acacias 38 - Capítulo 1193

04 feb 2020

Felipe y Marcia se despiden para siempre. Méndez sorprende a Santiago y a Genoveva que confiesa que tiene un sospechoso sobre el asesinato de Úrsula. Felipe confiesa a Ramón sus dudas sobre su prometida.

Intentando buscar culpables Felicia acusa a Liberto de ser responsable de lo sucedido con Maite y su hija. Las enamoradas se preguntan qué será de ellas ahora. En un arrebato contra Felicia Camino se enfrenta a su madre y le cuenta que estuvo con Maite. Liberto impide a Rosina que cuente a las vecinas lo que ha descubierto de Maite y Camino.

El Choco aun no se siente capaz de confesarle a Bellita la verdad sobre Julio así que le pide ayuda a Cinta para que no salga de casa. Ramón le aconseja a Jose que se cerciore que Julio es realmente es su hijo.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 1193" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 1193"
Programas completos (1239)
Clips

Los últimos 3.848 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. lina13

    Por si fuera poco la cantidad de romances que no triunfaron nos meten el romance entre dos mujeres que en el año 1914 está avocado al fracaso, y eso en el mejor de los casos, porque en el peor puede ser un verdadero drama

    10 feb 2020
  2. carmela

    ¡¡¡El elenco y la novela están Geniales!!! Pero he visto un detalle entre Marcia y Santiago, cuando ella le descubre la cicatriz en la espalda, pero el joven tiene una cicatriz en su cuello, no soy la única que me dí cuenta de ese detalle. (Ese detalle ya pasó y la novela está cada día más interesante) Un saludo para todos desde Buenos Aires.

    06 feb 2020
  3. Jandy

    porque es que no dejan a Felipe y a Marcia ser felices

    06 feb 2020
  4. Maribel

    No puedo entender que Felipe, que siempre fue un abogado inteligente, no se haya dado cuenta de las "pistas" sobre Genoveva; por otro lado, cómo es posible que Marcia no le contara que ella no está casada; cuando vaya a querer decírselo será tarde. Estos guionistas son poco románticos ¿¿ y éso que se nos acerca San Valentín. Espero equivocarme y que Felipe y Marcia puedan estar juntos, ellos se lo merecen y nosotros nos merecemos esas preciosas escenas de ambos. ¿¿

    04 feb 2020