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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1188 - ver ahora
Transcripción completa

En nuestra tierra se han hecho eco de mi debut

y están interesados en que haga una gira por tierras andaluzas.

-¿Cree que debería clausurar la exposición y cerrar la sala?

-En mi opinión, debería aguantar un tiempo, ha invertido mucho dinero.

-¿Cuánto tiempo estarías fuera?

Es un detalle que has olvidado comentarme.

El tiempo que sea necesario, según las actuaciones que se contraten.

Podrían ser hasta padre e hijo.

-Servando, no me parece nada bien lo que está sugiriendo.

-Entre las personas famosas esto es normal,

les salen hijos secretos como a otros les salen granos.

-Sepa que haberla conocido es lo mejor que me ha pasado.

-"¿Y si no vuelve?".

-¿No has escuchado que Bellita tampoco está conforme del todo?

A lo mejor se queda en nada. -Ojalá sea así.

-¿Y tú crees que Ildefonso se declarará pronto?

-Antes lo dudaba,...

pero después de la visita de hoy, no creo que tarde.

-¿Y esa carta? -Me la ha enviado Úrsula.

-Jacinto y Servando sospechan que... Julio es en realidad su hijo.

Ahora temo que el rumor pueda extenderse hasta que sea imparable.

-"Doña Genoveva me obligó a hacerlo".

"Me encargó que acabase con su vida como prueba

de que era digna de su confianza".

"Tiene que evitar que doña Genoveva siga haciendo el mal

a todo aquel que la rodea".

"El preparado que acompaña la carta le ayudará a lograrlo".

"Podrá envenenarla sin dejar rastro".

Llevo días pensando ciertas cosas sobre Genoveva.

Quizá fue ella la que dejó el pañuelo de Marcia

en el lugar del crimen,... incriminándola de esa forma.

Sabemos que Genoveva no es la persona de la que está enamorado.

Creo que ya va siendo hora de que se aclare de una vez.

Apenas quedan unos días para el enlace.

-¡¿Eludió sus obligaciones con la madre patria?!

-Hombre, no, tampoco...

-¡Y habla así de los patriotas que dan su vida por España!

¡Cobarde! -No me hable en ese tono.

-Ya se puede ir buscando un padrino, le reto a un duelo.

-Todos sabrán quién es en realidad usted.

Pienso arrancarle de una vez por toda su máscara.

¿Ha perdido el oremus? Muy cuerda estoy.

No le voy a tolerar que me hable de esta forma.

¿Ahora pide respeto? -Agustina, por el amor de Dios.

-Es usted una miserable y una embustera, es una mala persona.

-Por favor, déjelo estar, se lo ruego.

Sé que usted no es así, Agustina.

Sé que su enfado se debe a un malentendido sin importancia,

así que olvidemos todo esto.

Retráctese y aquí no ha pasado nada.

¡No me toque! ¡Ay!

Me ha atacado. ¡Se ha vuelto loca!

(Sintonía de "Acacias 38")

-Doña Genoveva, levántese, ¿está bien?

No. Por supuesto que no estoy bien.

Ha perdido la cabeza por completo.

¡Es usted una manipuladora y una asesina!

-Agustina, no diga eso. -Una y mil veces lo digo.

¡Una asesina!

He leído la carta de Úrsula.

Por eso no quería que la leyera yo, ¿no?

Le juro que no sé de qué me está hablando.

Usted orquestó mi muerte,... Úrsula solo fue el instrumento.

Pero ¿qué está diciendo? Solo usted es la responsable.

Usted provocó que casi terminara bajo tierra.

¡¿Cómo me culpa de semejante barbaridad?!

Úrsula lo explica todo en esta carta, con pelos y señales.

Esa mujer era una mentirosa compulsiva,

una especialista en esparcir el mal hasta muerta.

Díselo tú, Marcia, díselo.

Dile como también envió una carta a la policía,

tratando de acusarte de su muerte.

Úrsula estaba loca...

y ha tratado de arruinarnos a todos la vida

antes de marcharse a la tumba, esa es la verdad,

y usted más que nadie debería conocerla.

Yo lo único que he hecho durante este tiempo ha sido ayudarla,...

preocuparme por usted,

tratar de que estuviera lo mejor posible, ¿y así me lo paga?

Dudando de mí,

creyendo antes a esa harpía que a su propia señora.

-¿Por qué no nos tranquilizamos una miaja?

Señora, ¿por qué no baja uste a su casa?

Ya se hablarán las cosas un poquito más adelante con calma y sosiego.

Agustina está muy ofuscada, nosotras vamos a hablar con ella.

Está bien.

Por ahora no tomaré en cuenta lo que ha sucedido hoy,

pero no aceptaré ni un insulto más.

-Agustina.

-¿Está uste bien? -¡No, no!

-¿Cómo se le ocurre?

-(LLORA)

-Un duelo.

-Sí, sí, sí,...

eso es lo que dijo el nieto del marqués de los Pontones.

-A ver, un... ¿un duelo, duelo?

¿De verdad?

-Pero ¿qué pamplinas y tontás son esas?

Que ese hombre tenía que estar de chanza.

-Ojalá, Lolita, ya me gustaría a mí, pero no, por su tono...

mucho me temo que lo decía en serio.

(Puerta)

-¿Qué es eso que acaba de contarme Emilio?

¿Es cierto que don Ildefonso te ha retado en duelo?

-Como lo oye, padre. -Pero ¿qué ha sucedido?

-En realidad tampoco ha sucedido mucho, simplemente

estábamos comentando la actualidad -¿Y?

-Hice un comentario sobre la guerra.

-¿Qué comentario?

-Dije que esos pobres muchachos estaban yendo al matadero

y que la guerra estaba perdida.

Pero simplemente fue un comentario,

lo que pasa es que ese hombre se puso como una hidra.

-Pero ¿cómo se puede ser tan imprudente, hijo mío?

-Yo qué sé, si es que...

se lo tomó muy a pecho.

Luego,...

la cosa empeoró cuando le dije que yo

me había librado de ir a la guerra...

y Emilio le contó que habíamos engañado al inspector militar.

-Virgen santa.

O sea, que te vas a batir en duelo por una discusión absurda.

-No, ni siquiera fue una discusión, solo fue...

un comentario sin pensar, y el hombre perdió los papeles.

-Esto no pue estar pasando, que no, que no pue estar pasando.

Suegro, tie que hacer algo, por favor, dígame que va a hacer algo,

que mi hijo no puede nacer huérfano. -¿Cómo se puede ser tan bocazas?

-Bueno,...

basta ya, Ramón, basta ya, ¿o acaso no ves lo asustado que está tu hijo?

-Que no, que no pue estar pasando.

Antonio, como ese hombre te mate, yo te remato, te juro que te remato.

-Que no, Lola, pero ¿cómo me voy a morir?

Que yo no me puedo morir.

-A ver, vamos a mantener todos la calma,

que me parece que la estamos perdiendo.

Carmen, vete a preparar unos cuantos litros de tila

que la vamos a necesitar.

Antonio, vete preparando porque mañana vamos a hablar

con la familia de ese muchacho para que entre en razón.

-Y si no entra, ¿qué? -Si no entra,

ya pediré asesoramiento a un juez conocido mío.

Hay que impedir semejante dislate.

-No me puedo creer que la buena de Agustina le haya dicho

todas esas cosas a doña Genoveva. -Pos sí, como lo oyes, así ha sido.

Yo he pensao que casi le da un tabardillo.

-Pobre, lo tie que estar pasando mal.

-A ver qué nos cuenta doña Fabiana, solo espero que Agustina esté mejor.

-Cuando a una se le mete el fuego dentro,

no hay forma de sacarlo pa fuera. -¿Os habéis enterao de lo del duelo?

-¿Qué duelo?

-Antoñito se va a batir con Ildefonso.

-¿Cómo?

¿Y a santo de qué se ha peleao con un señor tan refinao?

-Han discutío sobre la guerra.

-¿Qué guerra?

-La de África, ¿qué guerra va a ser?

-¿Qué nos importa a nosotros la guerra esa?

¿Se van a matar por esa pamplina? -Chist.

¿Pueden bajar un poco la voz?

Al fin he conseguío que Agustina se duerma con unas hierbas

que le he dao, ahora solo faltaba que me la despertaran.

-Señá Fabiana,... díganos, ¿cómo está?

-¿Un poco más tranquila?

-Bueno, algo... sí, pero no del to, sigue hecha carbón.

Primero por lo de la carta y luego, con el disgusto de su señora.

-Pobre mujer.

-Mira,...

le he quitao los polvos venenosos, por si le da por tomárselos.

-Esa endemoniada de Úrsula hace el mal hasta estando bajo tierra.

-Lo que aún no doy crédito

es que la señá Agustina le haya pegao un empujón a doña Genoveva.

-Tanto como empujar... le soltó la mano y se dejó caer.

La señora ha exagerado un poco.

-Uy. ¿Y por qué iba a hacer eso una señora como doña Genoveva?

-Vete tú a saber, Marcelina, pero es lo que ha pasado,

es la verdad.

-La verdad o no, eso no es lo que va a contar.

-Doña Genoveva contará que Agustina la ha empujao por dar pábulo

a las palabras de Úrsula.

-A estas alturas ya lo sabrá to el mundo, menudo es este barrio.

-Maldita Úrsula,

¿no podía dejarnos en paz ni muerta?

-¿Qué haces aquí tan sola, Camino? ¿Ocurre algo?

-Ildefonso ha retado en duelo a Antoñito.

-¿Que ha hecho qué?

-Lo que oyes.

-Estamos en el siglo XX, ya nadie reta en duelo.

-Pues Ildefonso sí. -¿Por qué lo ha hecho?

-Estuvieron hablando acerca de... la guerra en Marruecos y...

Antoñito tuvo un comentario desafortunado

acerca de los soldados. -¿Qué comentario?

-No lo sé, no lo sé exactamente.

El caso es que Ildefonso se sintió ofendido,

dijo que era una humillación y una ofensa hacia su persona.

-Qué despropósito.

-Un despropósito que podría costarle la vida a alguien.

-Camino, no has de preocuparte, seguro que ha sido

una chiquillada de juventud, no creo que sus familias

vayan a permitir que cometan tal tontería.

-¿Tú crees?

-Estoy convencida, así que quita esa cara.

Todo se va a arreglar.

-Madre. ¿Sabe algo acerca del duelo, hay alguna novedad?

-Está en casa de los Palacios tu hermano y todavía no ha vuelto.

-Yo también tengo pensado hacerles una visita

y decirles que estoy de su lado. -No, no vas a hacer tal cosa.

-¿Cómo?

-Es mejor que no te entrometas en este asunto.

-Estoy metida aunque no quiera. -Ya, pero es mejor

que te mantengas al margen.

Estas cosas han de solucionarlas los hombres,

que son quienes realmente saben hacerlo.

-Bueno, en este caso yo creo que son ellos

los que las han estropeado.

Concretamente... don Ildefonso.

-Es tarde y vamos a cerrar

así que, si no le importa, tenemos mucho trabajo.

-Buenas noches.

-¿Por qué ha sido tan seca con Maite?

-Porque se ha metido donde no la llaman.

Vamos dentro.

-Buenos días, niña.

Madre, ¿quiere un poquito de café?

Chiquilla, ¿tú qué quieres, envenenarme como Margarita?

Se me han quemado un poquito. ¿Un poquito, vas a decir?

Bastante.

Como que parece el carbón de la chimenea.

Ay, Cinta, la cocina no es lo tuyo.

No le voy a quitar la razón.

¿Usted vio ayer lo bien que se le daba a Marcelina hacer la tortilla?

Y lo buena que estaba. Deliciosa.

-Buenos días.

-Buenos días, ¿tú por dónde has entrado?

Le he abierto la puerta de servicio.

Como se entere tu padre que le abres la puerta

de servicio al mozo, vas a tener más que palabras.

Amor, ¿quieres café?

-Sí, gracias. Siéntate.

-Bueno, ¿qué, cómo está hoy, suegra?

-Estupendamente. El que no va a estar bien

vas a ser tú como sigas llamándome así.

-¿Y su esposo, no les acompaña?

Mi padre ha ido a pasear de amanecida.

¿Querías hablar con él? No, no, luego lo veré.

En realidad, venía a contaros las novedades del barrio,

que como no pisan la calle.

-Ay, es que antes era Arantxa la que nos contaba los chismes.

¿Qué? Cuenta, cuenta.

¿Qué novedades han acontecido? -Pues...

la verdad es que viene el barrio cargadito.

Pero cuéntalo ya, que nos tienes en ascuas.

Agustina empujó a doña Genoveva al suelo.

-¿La buena de Agustina?

¿Y por qué iba a hacer algo así?

-Pues...

al parecer, Úrsula le confesó por carta que era la viuda

la que le ordenó matarla.

¿Y por qué iba a querer doña Genoveva matar a Agustina?

Ninguna razón, qué acusación más zafia.

Úrsula era una mujer retorcida.

Y espera, que no he terminado.

-¿Hay más?

-Ildefonso ha retado a duelo a Antoñito,

por una estúpida discusión de cafetería.

(AMBAS) ¿Un duelo? Un duelo de los de verdad.

Sí.

-Qué barbaridad, el barrio se está volviendo completamente loco.

Las criadas atacando a las señoras, los jóvenes batiéndose en duelo,

qué barbaridad.

-Yo espero que don Ramón

pueda detener este dislate.

Antoñito lo está pasando realmente mal

Todo se arreglará, ya lo verás.

Mira,...

voy a ir a hablar con Rosina, a ver si sabe algo más

de todas estas habladurías.

O mejor aún, bajaré al restaurante, a ver si me entero de algo más.

-Mejor... quédese usted quietecita, doña Bellita,

que está todo el mundo con gripe, no vaya a ser que usted pille algo.

-¿Qué pasa, hay andancios de gripe? -Sí, sí,

muchísimo, está todo el mundo con tos y fiebre,

no le conviene nada salir.

-Todo sea por curarme del todo.

Iré a descansar.

Con Dios. -Con Dios.

Bueno, ¿y...

al final vas a hacer esa gira por Andalucía?

No lo sé, amor, mi madre no está muy por la labor.

Confío en poder convencerla.

Niña, se me olvidaba.

Llama a Marcelina y dile que a ver si puede prepararnos

un cocidito para hoy,

que yo no me quiero morir de hambre.

-Como el gobierno ha enviado más soldados al norte de África,

nuestra misión de rescate de soldados heridos

seguirá siendo necesaria.

¿Cómo marchan los comités de las mujeres?

Las damas se han involucrado y están haciendo grandes donativos.

Me alegra oír eso.

Es una suerte que exista tanta generosidad.

Suerte para esos muchachos, sobre todo.

Creo que esta será la última reunión antes de nuestra boda,

en la de la próxima semana seremos marido y mujer.

Si Dios quiere.

Tendremos que concretar cuándo va a ser

y avisar a don Ramón. ¿Sabe por qué no ha acudido hoy?

Cierto,... no suele perderse ni una.

No quería comentarles nada hasta que no termináramos,

pero don Ramón ha tenido que atender un asunto de su hijo.

Espero que nada grave. Lamentablemente sí.

Ayer, el nieto del marqués de los Pontones retó a Antoñito a un duelo

tras una discusión absurda.

¿Un duelo a estas alturas?

Sí, parece ser que el muchacho se toma las cosas muy a pecho.

Don Ramón está intentando detener el asunto y hacerle entrar en razón.

Espero que así sea, de lo contrario sería terrible.

Yo marcho, tengo muchos asuntos que atender todavía.

Buenos días. Con Dios.

Un duelo.

Pensaba que esas cosas ya no ocurrían.

En fin, yo también me marcho. Aguarda, Felipe.

He de comentar contigo un asunto peliagudo.

¿Qué asunto? Se trata de Agustina.

Madre, ¿sabe si Antoñito ha pasado por aquí?

-No, yo no le he visto.

-Estaba en el Ateneo con su padre y me ha dicho que luego se pasaría.

-Aún no deben haber regresado.

-Estoy deseando tener noticias sobre lo que ha ocurrido.

-Tú y todos,

está todo el barrio muy preocupado por este asunto.

-No es para menos. Es que un duelo en estos tiempos

es algo completamente absurdo, una absoluta estupidez.

-No para muchas familias de la alta sociedad.

El honor es sagrado.

-Madre, no me irá a decir que está de acuerdo con todo esto.

-Yo no he dicho eso.

De hecho, estoy deseando que don Ramón pare este asunto.

-Eso espero, porque la vida de un hombre está en juego,

a la sazón mi amigo. -Un amigo...

que podría haberse callado. -Que yo estaba delante,

y a penas dijo nada.

-Algo dijo para que estemos en esta situación.

A veces es mejor oír, ver y callar.

Anda, toma, lleva la cuenta a la mesa dos.

Voy a ver a Rosina, me ha avisado para que vaya a visitarla.

Con Dios.

-Aquí tienen la cuenta.

-Hermano, ¿sabemos algo de Antoñito, hay noticias?

-No, nada.

Creo que me siento... bastante responsable de todo este asunto.

-¿Tú? -Sí.

Yo estaba presente cuando ocurrió y no hice nada para detenerlo.

-No hubieras podido hacer nada para detenerle.

-Es que me pilló completamente por sorpresa,

Ildefonso parecía un muchacho tan agradable.

-El duelo no puede prosperar, no puede seguir hacia delante.

-No, sobre todo porque sé a ciencia cierta

que Antoñito va a perder. No ha cogido un arma en su vida

e Ildefonso es un experto tirador.

-Hay que evitar ese duelo como sea.

Aunque madre me lo haya prohibido, tomaré cartas en este asunto.

-¿Qué piensas hacer?

¿Qué ocurre con Agustina? Me estás preocupando.

No quería decírtelo,

pero supongo que ya hay gente que lo comenta en la calle

y no quiero que te enteres por extraños.

Habla. Agustina me empujó ayer

de muy malas formas. ¿Cómo?

Recibió una carta de Úrsula

en la que me acusaba de muchas barbaridades.

¿Qué barbaridades?

No sé, decía que yo había instigado a Úrsula a matarla

y no sé cuántos dislates más.

No me puedo creer que Agustina te empujara.

La carta la alteró mucho.

Suerte que estaban Marcia y Casilda y lograron contenerla.

¿Y por qué Úrsula le mandó esa misiva?

Eso es sencillo.

Úrsula solo trataba de causar el mal a toda costa.

Cuando Agustina me empujó y me tiró al suelo,

temí por nuestro hijo.

Gracias a Dios, logré frenar el golpe seco contra el suelo.

¿Quién sabe lo que podría haber pasado?

Está bien,...

hablaré con Agustina, pero te pido por favor

que no le guardes rencor.

Estaría ofuscada por la carta. Seguro.

No seas muy duro con ella,...

y tranquilo, que haré por olvidar este asunto,

no quiero que se convierta en un escándalo.

-Señoras, aquí les traigo los cafeses.

-Gracias.

-Bueno, usted dirá,

¿para qué quería verme?

-Pues ¿para qué va a ser? ¿Es cierto lo del duelo?

¿Es verdad que Antoñito e Ildefonso van a batirse?

-Así es, Rosina,

solo espero que don Ramón detenga este asunto.

-Yo también lo espero, que no se pasa bien.

Usted no sabe que mi Liberto, hace unos años, se vio involucrado

en un asunto parecido, ¿verdad? -¿De verdad?

-Sí, sí. Con el coronel Valverde, que en paz descanse.

Fue un asunto tan desagradable, pero afortunadamente

se solucionó a tiempo. ¿Qué dice Camino de este asunto?

-Camino se está manteniendo al margen.

-Pero ¿por qué?

Ese muchacho es su pretendiente. -Rosina, por Dios,

este es un asunto lo deben solucionar los hombres.

-Hombres, ¡le arranco los ojos a los hombres!

Yo nunca hubiese imaginado que era un muchacho violento.

-Y no lo es, lo que pasa es que está educado a la antigua.

Bueno, ¿y ustedes qué,

ya ha hecho las paces con su marido?

-Bueno, no... no del todo, para qué engañarnos.

Aún estoy fría con él. -No es para menos.

-Aunque...

no sé qué decirle, hemos ganado un dineral con la venta de los cuadros.

-Señora, aquí le traigo el correo.

-Aguarda, Casilda.

Me pareció oír a unas criadas hablar en el portal sobre un altercado

entre Genoveva y Agustina.

-¿En el altillo, qué hacía Genoveva allí?

-Es que... subió para hablar con la señá Agustina.

Y precisamente, lo que ocurrió fue que terminaron

teniendo una pequeña regañina.

-Pequeña regañina no fue, según les oí hablar a las criadas.

-Ya, es que... la señá Agustina recibió una carta

que le había mandao Úrsula, antes de espicharla,

se comprende, en la cual le contaba

que doña Genoveva había hecho cosas mu malas

y la señá Agustina le pidió explicaciones.

-Pero ¿cómo? ¿Quién es Agustina para pedirle explicaciones a una señora?

-Una cosa son explicaciones y otra, lo que yo les oí a las criadas.

-¿Qué decían las criadas?

-Al parecer, Agustina empujó a doña Genoveva al suelo

de muy malas maneras. -¿Qué?

¿Y tú por qué no me habías dicho esto antes? ¿Te has dado un golpe?

-Pero que no es cierto, que no, que fue un accidente,

solamente le dio un empujoncillo de na.

-¿Un pequeño empujón? Si cayó al suelo, Casilda.

-¿Adónde vamos a llegar?

Ahora mismo voy a ver a Genoveva, ¿me acompaña, Felicia?

-No, no puedo, debo ir al banco a hacer unos pagos.

-Ah, usted se lo pierde.

Luego me paso y le cuento. A más ver, querida.

-Por favor, la espero.

Con Dios.

-Tú prepárame mis cosas.

Y ya hablaremos, ¿qué es eso de guardarme secretos?

¡En esta casa se cuentan los chismes!

-Sí, sí, señora.

"Ven".

Más cerca.

"¿Me concedes este baile?".

"Aquí estás a salvo".

"Yo te voy a proteger y cuidaré de ti".

Nadie volverá a hacerte daño.

(Llaman a la puerta)

Buenos días. No les esperaba.

Teníamos que haberle enviado una nota

avisándole de que llegábamos, lo lamento.

No, no se preocupen. Por favor, pasen.

Tomen asiento. ¿En qué puedo ayudarles?

No sé si sabe usted que don Ildefonso,

el nieto del marqués de los Pontones ha retado en duelo a mi hijo.

Don Liberto nos lo contó.

Pensé que trataba de convencerle a través de su familia.

Sí, pero no ha habido manera.

Después intentamos ir a ver a un juez que...

-Amigo de mi padre, del Ateneo.

-Al parecer estaba de viaje y no le hemos podido localizar.

-Por eso queríamos hablar con usted, para hacerle una consulta legal.

Ya saben que siempre pueden contar conmigo,

pero no conozco los detalles de lo ocurrido,

así que les pido por favor que me cuenten todo con pelos y señales.

Estábamos en el restaurante, hablando un poco

de la actualidad del país, noticias del periódico,

y no sé cómo terminamos hablando de la guerra del Rif,

yo odio la violencia.

Simplemente dije que a esos muchachos los mandaban al matadero

y que la guerra estaba perdida.

¿Y ya está? Sí, solo fue un inocente comentario

-¿Cómo podemos evitar que se celebre ese duelo?

¿Qué dice la ley sobre ello? ¿La ley?

La ley prohíbe los duelos desde 1870.

¿En serio? (ASIENTE)

El código penal prohíbe los duelos,

incluso pueden estar castigados con cárcel.

Pero eso es maravilloso, ¿no? -La mejor de las noticias.

Bueno,... no tanto.

Pese a que la ley está de su parte,

los duelos se siguen practicando en este país.

Políticos, periodistas,

muchos resuelven sus disputas a tiros,

y lo peor de todo es que los jueces no suelen intervenir.

Pero, y todo eso ¿qué significa?

Pues que hacen la vista gorda, miran para otro lado.

Nadie aplica la ley contra los duelistas

porque se consideran asuntos de honor.

¿Y para qué está la ley, para saltársela?

¿Recuerdan al coronel Valverde?

Sabía perfectamente que los jueces estarían de su parte

cuando retó a Liberto, a Víctor y después a usted.

Siento darles malas noticias,

pero... esta es la realidad.

Gracias por su ayuda, Felipe.

-¿Sabes algo de Agustina, cómo se encuentra?

-Nones, no la he visto en toda la mañana.

-Yo me pregunto por qué Úrsula le habría enviao esa carta.

-Uste mismo lo dijo: para hacer el mal.

-No creo que tan malo fuera lo que ponía ahí.

-Enterarse que quieren matarle a uno no tie que ser leve ni bonico.

-Y lo peor de todo...

es que trabaja para don Felipe.

¿Qué pasará cuando se case

con la doña, seguirá trabajando sabiendo que le quería matar?

-Pues no lo había pensao.

-Hay que pensarlo todo, Jacinto, que luego pasa

lo que le ha pasado al Antoñito y se lía la de san Quintín.

-Por cierto, los he visto subiendo hace un rato a casa el abogado.

Irían a hablar del duelo.

No llevaban buena cara. -Irían a pedir ayuda legal

a don Felipe, que de esas cosas sabe mucho.

-Sí, ya me he fijao, que no era nada fácil sacar a Marcia de prisión,

y ahí está.

O don Felipe les ayuda, o don Antoñito va apañao,

que el nieto del marqués sabe mucho de armas,

pero el marío de la Lolita, na de na.

-Si estuviera aquí Cesáreo, ya estaría pensando en algún amigo suyo

que supiera de armas para ayudarnos.

Ay. Cuánto echo de menos esas conversaciones con él.

-¿Conversaciones? Discusiones, querrá decir.

-¿Qué dices, hombre? Pero si éramos como hermanos.

-Como hermanos que se llevan a matar.

-Venga.

-Buenas, ¿está por aquí Marcelina? He ido a buscarla al quiosco,

pero no la he visto. -Ha ido a casa de los Domínguez,

a hacerles un cocido. -He llegado tarde.

-¿Tarde para qué? ¿Ha pasao algo?

-No, aún no.

Sabía que Marcelina ayudaría con la comida en casa de Bellita,

y quería advertirle de que no dijera nada sobre ese rumor.

-Se refiere a lo del hijo ilegítimo de don Jose.

-Sí, me refiero a esa chaladura

completamente absurda, sí.

-No sé yo, no sé yo si es tan absurda.

-Pues... lo es.

En fin, si Marcelina sale de casa de Bellita por lo que sea,

¿podrías decirle que no... comentase mucho el asunto?

-Claro, claro, don Emilio, así lo haré.

-Muy bien, muchas gracias.

Verán, es que...

no me gustaría que Bellita volviera a enfermar por culpa de un disgusto.

Bueno,... muchas gracias, con Dios.

-Con Dios. -Con Dios.

¿Qué opinas de esto?

-Yo, de los señores, prefiero no opinar,

además, que el muchacho no se parece ni en el blanco de los ojos

a don Jose. -Pero es que

-se ha tomao muchas molestias Emilio en ello,

que ha subío al altillo, ha preguntao por tu mujer, no sé yo.

Cuando el río suena... es que agua lleva.

-Se va a armar la marimorena.

Chist.

-¿Qué haces ahí, muchacho, agazapao como un maleante?

-De agazapado nada, Servando, y de maleante menos.

-Era una manera de entablar una conversación, hombre.

¿Estás esperando a alguien?

-Sí, la verdad es que sí.

Estoy esperando a alguien que me va a llevar a la Barriada del Tuerto.

-¿Para qué quieres ir a ese sitio?

Allí no hay más que truhanes y gente de mal vivir.

-Uno de esos debió ser quien me atacó,

así que voy a ver si doy con él. -O sea, que...

quieres ir a la Barriada del Tuerto a buscar a quien te acuchilló.

¿Y no sería mejor que olvidaras todo este asunto?

-No, Servando, no pienso irme a Cuba sin saber quién encargó mi muerte.

He dado con una persona que puede llevarme hasta el criminal

que intentó darme matarile. Él me dirá para quién trabaja.

-¿Y por qué no te vas a Cuba y te olvidas de todo esto?

-No se apure,

que tan solo voy a preguntar. No me meteré en ninguna pelea.

-Pues a ver si de tanto preguntar

al final sales maltrecho.

-Hágame un favor y no le diga nada a Marcia,

no quiero que se preocupe. Gracias.

-Cuidado, chico, y ándate con ojo.

-Ay, estoy que no me cabe ya ni una aceituna.

Hay que ver lo rico que estaba el cocido de Marcelina.

-Díselo a Cinta, que ha tenido que irse a echarse una siesta.

-Como que no me extraña nada, se ha metido dos platos

entre pecho y espalda.

Oye, me extraña que ni lo has probado,

con lo que a ti te gusta el cocido.

-Debe ser que estoy acostumbrado al de Arantxa.

-Pues desacostúmbrate porque si no te vas a morir de hambre, hijo.

(Llaman a la puerta)

Voy a ver quién es. -Ahí quieta,

que tú estás todavía convaleciente.

-Mira qué bien me cuidas.

-Hombre, Emilio. -Buenas.

-Buenas. Pasa.

-Buenas. -Muy buenas, Emilio.

-¿Cómo se encuentra, doña Bellita? -Estupendamente, hijo.

-¿Está Cinta? Tengo un par de horas libres

y había pensado dar un paseo con ella.

-Te vas a tener que pasear solo, porque se ha echado.

O mejor, siéntate,

y cuéntame cómo van las novedades del barrio, hijo,

que esto de estar aquí recluida es muy aburrido.

-Pues...

poca cosa, lo que ya le conté esta mañana.

Todo el mundo se ha enterado ya del rumor de doña Genoveva y Agustina.

-Ya sabía yo que eso iba a correr como la pólvora.

-Y Antoñito y don Ramón llevan todo el día de un lado para otro

a ver si pueden evitar el duelo, pero...

no ha habido suerte. -Madre del amor hermoso,

andamos todos hechos carbón. -¿Andamos?

¿A nosotros qué nos pasa?

-¿Cómo?

-Estabas hablando en plural, ¿no?

¿Corre algún rumor sobre nosotros?

-No, no, rumor ninguno,

pero ¿le parece poco lo que trataron de hacerle?

-¿Hablas del envenenamiento? Eso pasó mucho antes.

-Sí, pero todavía lo sigue comentando la gente por el barrio,

y usted aún no se ha recuperado.

-Pamplinas, yo estoy estupendamente, estoy muy bien.

El que parece que no tiene muy buena cara es mi Jose,

que cada día está más mohíno. ¿A ti qué te pasa?

-Eso tiene que ser la gira que a lo mejor emprende Cinta, ¿no?

-¿La gira por Andalucía?

Relájate que eso todavía está por ver.

-¿Dónde vas?

-A la cocina, a ver si ha sobrado un poco de cocido.

-Casi mete la pata. -¿Qué quieres que haga?

Estoy nervioso. Mira si lo estoy, que no he probado bocado.

-¿Ha vuelto a saber algo de Julio? ¿Le ha vuelto a ver?

-No. Desde el día de la discusión.

No sé qué hacer, ni qué decirle, ni cómo afrontar el tema.

Hace mucho que no estaba tan ofuscado.

¿Y tú, lo has visto?

-Pues no, hace ya algunos días que no lo veo, y antes lo veía a diario.

-¿Se habrá marchado?

-(RESOPLA)

Buenas.

-Está usted muy serio, ¿le ocurre algo?

-Eso es porque intuyo por qué me ha hecho llamar.

Quiere convencerme para que abandone el duelo.

-Debo confesarle que...

estoy muy sorprendida.

Su reacción me ha parecido completamente desproporcionada.

-Es su opinión.

-¿Está dispuesto a batirse en duelo por discrepar acerca de la guerra?

-No fue una desavenencia,...

ese hombre se rio de los soldados del Rif,

a parte de que se jactó de haberse librado.

-Que haya metido la pata no significa que merezca la muerte.

-Usted no sabe lo difícil que es estar allí,

lejos de casa,...

manchado de sangre,... de barro,...

de polvo,

levantarse cada día y no saber si será el último.

-Me hago una idea de lo duro que tuvo que ser.

De verdad, Ildefonso,...

pero...

¿está dispuesto realmente a terminar con la vida de un hombre

por un comentario desafortunado? Antoñito va a ser padre,

¿va a de dejar huérfano a un niño?

-Él es el único responsable,

que hubiese pensado antes de reírse de esos chicos

que dan la vida por su país. -Ildefonso...

-No, Camino,... no hay marcha atrás.

El honor es algo sagrado para mí.

Antoñito no fue capaz de dar su vida cuando fue llamado a filas,

ahora la dará defendiendo su honor.

-¿Dónde ha quedado ese chico,...

inteligente y sensible que conocí?

-Sigo siendo el mismo.

-Pues parece usted un animal,

o al menos se comporta como tal.

-Porque le tengo mucho cariño no tomaré en cuenta ese agravio,

pero no le permitiré que se entrometa.

Algún día lo entenderá.

-Espero que todo haya sido de su agrado.

Vuelvan cuando lo deseen. Con Dios.

Les acompaño.

Hasta la próxima.

José, ¿has visto a Camino?

¿Dónde estabas?

-Por ahí.

-¿Por ahí?

A mí no me engañas.

Sé que has quedado con Ildefonso para convencerle de que se retirara.

-¿Quién se lo ha dicho? -Me lo ha dicho tu hermano,

pero no le culpes, me ha costado mucho sonsacarle.

-He hecho lo que tenía que hacer.

-Te dije que no te entrometieras. -Sí, ya sé que me lo dijo.

-Es un asunto de hombres y tú ahí no puedes hacer nada.

-¿Eso quién lo dice? -¡Lo digo yo!

¡¿Por qué te empeñas en hacer lo que te da la puñetera gana?!

-Hago lo que me dicta mi corazón

y no me puedo quedar de brazos cruzados mientras alguien

puede morir, ¡y no doy crédito a que usted sí pueda!

-No me entrometo en asuntos que no son de mi incumbencia.

¡Si te digo que no te metas en asuntos, no lo haces y punto!

-No.

¡No me cruzaré de brazos

y dejar que los hombres solucionen las cosas a las mujeres.

¿La humanidad y sensibilidad es cosa de ambos,

de hombres y mujeres? ¿No somos iguales?

-Hablas como una bohemia liberal y descarada.

-Como alguien con cerebro. -¡Hablas como Maite!

-¿Se puede saber qué hacen? -Cállate.

-¡Que te calles!

Los hombres y las mujeres no somos iguales,

y nunca lo seremos, por mucho que tú y esa profesora tuya liberal

lo queráis.

Cada género tiene sus obligaciones y debe cumplirlas.

Y si yo te digo que no te metas en asuntos de hombres,

no lo haces y punto,

es mi última palabra.

-A las buenas, Servando. -Buenas.

-¿Me pone un café? -Claro que sí, hombre.

¿Qué te pasa, que te veo tan fatigao?

-Llevo to el día trabajando, haciendo mi trabajo

y el de mi esposa en el quiosco. -¿Está enferma, la Marcelina?

-No. Está ayudando a los Domínguez hasta que encuentren nueva criada.

Antes les ha hecho un cocido, y ahora quería hacerles

unos pimientos asados, un atascaburras

y un bizcocho de nata y nueces.

-Qué bueno todo, ¿no? -Bueno o no,

ni usted ni yo lo vamos a catar.

-Pues hay que decirle a la Marcelina que conforme le hace las comidas

a los Domínguez, que haga dos raciones más para nosotros.

-Un momento, ¿y por qué mi esposa le tie que cocinar a usted?

-¿Cómo que por qué? -Eso, ¿que por qué?

-¿Que de qué?

-Buenas tardes tengan ustedes.

-Muy buenas.

¿Qué se le ofrece, en qué le puedo ayudar?

-¿Me pone un cafelito bien cargao? -Y dos si es menester.

Le veo por aquí tanto que cualquiera diría que se quiere quedar

a vivir con nosotros.

-¿A vivir?

-Le saldría más a cuenta quedarse en esta pensión que en la suya.

-Ahora que lo dice... no me lo había planteao.

-Ah. Que yo lo decía de chanza.

-Oiga, ¿cuánto me puede costar una habitación en su pensión?

-Vamos a ver, ¿cuánto le cobran a usted en la pensión donde está?

Podemos llegar a un arreglo. -¿No decía usted

que tenía la pensión llena?

-No, que yo sepa. -Pues mírelo, mírelo.

Además, seguro que al zagal no le importa pasearse

cuando quiera visitar el barrio, ¿verdad?

-Me vendría muy bien vivir algo más cerca.

-Si yo lo digo por usted, para que no tenga

que mover sus cosas.

-Ande y deje de decir sandeces, Jacinto.

Vamos a ver...

si hay alguna habitación libre

que podamos darle...

-¿Te quieres sentar? Al final te vas a poner de parto de verdad.

-Pero ¿por qué no han llegao aún? Es mu tarde.

Llevan to el día por ahí haciendo gestiones.

-Porque están tratando de solucionar el problema.

Has de tranquilizarte, que estas cosas llevan su tiempo.

(Timbre)

-Ahí están.

Ay, Fabiana, es uste, pase, pase. -Vaya ilusión te ha hecho verme.

-Pensaba que era uste mi Antoñito y mi suegro.

Llevan to el día con lo del duelo y no sabemos na.

-¿Na de na? -No, Fabiana,

desde la última vez que hablaron con don Felipe.

Y ahora han ido a visitar a un alto cargo del Ministerio de Justicia.

-Malditos los hombres que solucionan to con violencia.

-Que te va a dar un sofoco.

-¿Sofoco?

El sofoco ya lo tengo, ¿o qué se cree,

que a una le apetece quedarse sin marío?

Que este niño no va a conocer a su padre, este niño no...

¡Oh! Uy.

-Lolita, ¿qué te pasa? -¿Eso son contracciones?

-Fabiana, ¿cómo van a serlo? Que no está cumplida.

-Mi... mi... mire uste.

-No, yo qué sé.

Vamos a hacer una cosa: vamos a sentarla.

Anda, ven, vamos a sentarnos. -(SE QUEJA)

-Ya, hija, respira, respira.

-Ya, ya, ya. -No, no, no.

-Carmen, Carmen, hay que ir al hospital como una saeta.

-Voy a buscar un coche. -Dese prisa, por lo que más quiera.

Ya está, hija, ya, ya. -¡Fabiana!

-Nada, respira, respira, respira.

Ya, ya. -(SE QUEJA)

Ya, mi niña.

-Aquí tienes el correo, Jacinto. -Gracias.

-"Úrsula Dicenta".

"Debe saber que Felicia Pasamar no ha cesado en sus desprecios

hacia usted y los suyos".

"Considera a los Domínguez una familia de circo

y jamás permitirá que su hijo se case con Cinta".

"Con la relación está aceptando

solo para que el chico tenga una distracción".

-¿Cómo podía saber esta mujer que tenemos una relación?

-No lo sé.

Su intención es hacer daño hasta después de muerta.

-Qué mujer tan perversa.

-Y no solo ha escrito a mi madre, ha escrito también a doña Bellita.

"¿Sabe que Ramón va todas las semanas al cementerio

a llorar a Trini a sus espaldas?".

"(RÍE)".

"Ramón la engaña con una muerta".

-Tienes que hacer apaciguarte y dejar de pensar en lo que no hay.

-No, lo que tenemos que hacer es separarnos.

"¿Sabes que el hijo que va a tener doña Genoveva

es de tu presunto marido?".

-Carmen,... ¿qué te sucede?

Estás como ausente, como si no te interesara nada de lo que te cuento.

-Bellita, qué sorpresa verla en la calle.

Eso quiere decir que está usted más recuperada.

-Pero, señora, ¿qué hace?

-Marcia, hay una carta aquí. -No la había visto, ¿quién la envía?

-A mí... Uy, de Úrsula.

-Creo que debería saber que Julio

tiene intención de instalarse en el barrio.

-¿Cómo?

Pero ¿no se iba a ir del barrio? -Parece ser que ha cambiado de idea.

"No quiero irme de este mundo sin purgar mis pecados".

"El silencio me condena y por eso necesito que sepa la verdad".

"Alfredo Bryce y doña Genoveva...

fueron los autores intelectuales de su intento de asesinato".

-Yo también he recibido una de esas cartas.

Léela.

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Acacias 38 - Capítulo 1188

28 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. América Treviño

    Empecé a ver esta serie en enero de este año y me quede en el capítulo 299 ya no carga los capítulos antiguos estoy que ardo del coraje ayuda estoy perdiendo el oremus quiero verlossssssssss que hago díganme soy de México pero amo las series españolas¿¿

    pasado sábado
  2. María

    Al patriota le ponen de energúmeno como no podía ser de otra manera teniendo el gobierno que tenemos.

    02 feb 2020
  3. errol edu Cubero

    los videos no cargan en Google Chrome

    29 ene 2020
  4. Victoria

    Me encanta ver a Felipe recordando a su amor ... Marcia. Espero que suceda algo que le haga ver quién es en realidad Genoveva y sobre todo que, el niño que espera no es su hijo.

    28 ene 2020