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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1182 - ver ahora
Transcripción completa

Aun así, sus palabras me hirieron como dagas.

No pude contener mis lágrimas y tuve que secarlas con el pañuelo.

Esa fue la última vez que lo tuve conmigo.

Genoveva estaba fuera de sí.

Se me debió de caer en ese momento.

Sepan ustedes que llegué a la costa a coger el barco pa Mallorca.

-Eso tenías previsto.

-Lo que no había planeao es que me equivocase de barco.

Me subí a uno que me llevó al Norte de África, a Marruecos.

-Santo Dios.

Por lo que me has contado, te admiran hasta en Argentina.

De momento, lo único que quieren es que actué allí.

Y una vez lo hagas, no tendrán otra que adorarte.

Le voy a conceder esas 48 horas que me pidió,

antes de pasar a Marcia a disposición del juez.

Bueno, en realidad, ya serán algo más de 48.

Se lo agradezco.

-"Que dos hombres del Ateneo, dos conocidos nuestros,

mantienen una relación amorosa".

-Le comprendo.

-¿Qué cree que debe hacer un hombre decente,

delatar a esos amantes contra natura

o callar en beneficio de ambas partes?

-En mi opinión, no juzgues y no serás juzgado.

No soy quién para decir nada al respecto.

Me falta su firma.

Un admirador suyo le pidió a Emilio un autógrafo suyo firmado,

Es un soldado de su pueblo. ¿Has visto, Jose?

En nuestra Andalucía aún conservan buenos recuerdos de nuestro arte.

-Yo también me he encontrado con un admirador.

-Qué casualidad.

No quería parecer chismoso.

Soy un gran admirador suyo, de ahí mi interés.

Sin ir más lejos,

estoy aguardando una foto firmada por la gran artista y de su esposo.

-Pues le alegrará saber que ya está casi recuperá.

Ha superao el envenenamiento.

He localizado a los dueños de la tienda

donde Marcia estuvo comprando. Eso es una buena noticia.

Serían mejores si no hubieran cerrado

el negocio al día siguiente Y se hubieran marchado.

-¿Les ha dado aviso? -Sí.

Y aunque el comisario Méndez me ha dado 48 horas

para encontrar pruebas y que exculpen a Marcia,

el tiempo pasa rápido

y no sé cuánto puedan tardar los dueños de la tienda en volver.

Quiero decirles que he tomado una decisión.

Voy a hacer caso a madre,

primero haré carrera en España y más tarde haré las Américas.

He reconsiderado mi postura.

Sería una pena que te apartara de la que puede ser tu vocación.

Voy a permitir que sigas pintando.

-Se lo agradezco, madre.

(LEE) "Úrsula Dicenta".

(EXHALA)

"Supongo que se habrá sorprendido al recibir mi misiva".

No lo sabes tú bien, demonio.

"Cuando esta carta llegue a sus manos,

yo ya estaré muerta y enterrada".

"Y usted respirará creyendo que me ha vencido,

que se ha librado de mí para siempre".

"Pero, como ve, no puede estar más equivocada".

"La maldición que lancé a su rostro antes de que acabase con mi vida

sigue en plena vigencia".

"Antes de morir puse en marcha la rueda de mi venganza".

"Le juro, desde la oscuridad en la que ahora me encuentro,

que nada podrá evitar que usted

se convierta en la mujer más desdichada de la tierra".

Maldita seas.

"Antes de reunirse conmigo entre las sombras del averno,

conocerá lo que es el sufrimiento como nadie antes lo había hecho".

"Desde el más allá, y con infinita crueldad,

voy a destruir todo aquello que ama".

"Comenzaré con su amante,

el verdadero padre del hijo que crece en su interior".

"A él le condenaré a través del amor que siente

por su querida Marcia".

Así que fue usted quien estaba tras la detención.

"Verá como su amada pasa una larga temporada a la sombra

por un crimen que nunca cometió".

"Luego continuaré con don Felipe,

el hombre al que usted ha engañado del modo más rastreo

para obligarle a tomarla como esposa".

"Se condenará por idéntico motivo que Santiago, Marcia".

No, Felipe, no.

"Pero no me detendré ahí,

cuando crea que ya no puede sufrir más,

culminaré mi venganza cebándome con el inocente fruto de sus entrañas,

el hijo que aún espera".

(RÍE)

(Sintonía de "Acacias 38")

Le agradezco que me haya traído más ungüento, Fabiana.

Sepa que a mi señora les sentaron a las mil maravillas las friegas.

-Ya le dije que era mano de santo pa todas las dolencias.

-Ahora mismito le preguntaré a doña Genoveva

si quiere que le administre unas nuevas friegas

antes de la cena y...

¡Santo dios!

-¡Doña Genoveva!

-Doña Genoveva, por todos los santos, ¿puede escucharnos?

-No le noto el pulso. Pa mí que esta mujer está muerta.

-No, no, respira Fabiana.

Ayúdeme a levantarla. -Venga, venga.

Venga. Nada, nada, que no hay manera.

Es como tratar de levantar con un peso muerto.

-¿Qué hacemos? -¿Todavía lo duda, alma de cántaro?

¡Corra a llamar al médico, mujer!

Doña Genoveva.

Doña Genoveva.

Por favor, reaccione.

Le agradezco de corazón su llamada.

Pero comprenda que antes de darle una respuesta lo medite bien.

Sí, claro.

Pronto tendrá noticias mías.

Buenas noches.

Y bien, ¿con quién hablabas?

Pensaba que estaba leyendo el diario.

Quita, eso es mucho más interesante que cualquiera de estas noticias.

Está bien, era un representante de artistas.

¿Otro que te ha llamado?

Sí, y como el resto, quería hacerse cargo de mi carrera.

Pero creo que antes de nada, tengo que considerar otras ofertas.

No me he comprometido con nadie. Y haces muy bien.

Debemos elegir al que más te convenga.

Madre, la hacía reposando. Lo estaba,

pero ya estoy más que harta de tanta cama.

¿Acaso no os dais cuenta de que ya estoy prácticamente recuperada?

Usted lo ha dicho, prácticamente, pero no del todo.

-No te esfuerces, Cinta. A tu madre no hay quien la ate.

Es una batalla perdida.

-Y como tal, os deberíais rendir

y dejarme de una santa vez tranquila.

Ya que estamos todos,

centrémonos en lo que importa.

¿Estáis listos?

-Sí, señora, venga. -Venga.

-Vamos, comencemos cuanto antes.

-Vamos al lío.

Arantxa,

haz el favor de venir un momento y traer mis medicinas.

-Aquí tiene las pastillas, ya las tenía preparadas.

¿Desea algo más?

-Para empezar, que no tardes tanto en acudir a mi llamada.

-(SONRÍE) ¿Por qué dice eso?

Si he venido en cuanto me ha llamado.

Si casi tenemos que ir a buscarte.

-Arantxa, cada día eres más lenta.

-Si las medicinas llegan a ser porque me dado un jamacuco,

muertecita me encontrarías. -Jesús...

Mucha prisa tendría que darse en entregar la pelleja,

si he tardado pocos segundos.

-Pues debemos tener distintos relojes.

-Eso está claro, y el suyo adelanta una barbaridad.

-Arantxa, se más respetuosa con la señora.

No sé qué te pasa,

pero estás distraída y no das ni una.

-Eso no es cierto, señor.

En nada he descuidado mis obligaciones.

-Y ahora respondona. A ver si nos vamos centrando,

Arantxa, no nos obligues a tener que tomar otras medidas.

-Eso. Y no discutas más y trae la cena.

Que en eso también se te ha hecho tarde.

Sí, estoy hambrienta.

-A ver si no se te pasa el apetito al ver el guiso.

Yo me conformo con que hoy se pueda masticar,

que la carne de ayer había que cortarla con martillo y escarpe.

-Vamos.

Antes de marcharme, debo recoger los papeles

para preparar la documentación de cara a la defensa de Marcia.

¿Pasará la noche en casa de Genoveva?

Sí, voy estar toda la noche a su lado, velándola.

-Hemos venido en cuanto nos hemos enterado de que se había desmayado.

-¿Cómo se encuentra ahora? Pues según Agustina,

ya duerme plácidamente. -Y el médico, ¿qué ha dicho?

Gracias a Dios, se ha mostrado muy tranquilizador.

Ni el bebé ni la madre corren ningún peligro.

Es un alivio escucharlo. Eso sí,

nos ha recomendado que guarde reposo durante unas semanas.

No quiere correr riesgos.

-¿Alguna explicación a los vahídos?

Según él, cree que ha estado sometida a mucha tensión nerviosa.

Pero no cree que no sea nada que no se pueda remediar

con reposo y alimentos.

-Son buenas noticias.

Al parecer, nos habíamos alarmado sin motivo.

Sí, eso parece.

-Por su expresión, no parece muy convencido de que sea así.

¿Acaso intuye alguna complicación que el médico no ha descubierto?

No, no es eso.

Verán, es difícil de explicar,

pero en cierta manera, me siento culpable por lo ocurrido.

-¿Por qué motivo?

Genoveva está pesarosa por haber aceptado el caso de Marcia.

Y estos disgustos no son buenos para ella.

Pero ¿qué hago? No quiero dejar a Marcia a su suerte.

Como ven,... me encuentro en una gran encrucijada.

Una encrucijada de la que nosotros no podemos mostrarle la salida,

amigo.

-Entre otras cosas, porque la desconocemos.

Tan solo podemos aconsejarle que actúe según dicte su conciencia.

Ojalá pudiéramos ayudarle.

Tranquilos, ya hacen suficiente escuchando mis cuitas.

Ahora, discúlpenme, debo relevar a Agustina.

Por cierto,

me gustaría pedirles un último favor,

que sigan siendo discretos

y guarden el secreto del estado de de Genoveva.

El doctor también se ha comprometido a hacerlo.

-Por nosotros tampoco debe preocuparse.

Seremos una tumba. Téngalo seguro.

Así que, ¿ha autorizado a Camino a retomar su aprendizaje artístico?

-Así es, pero con ciertas condiciones.

A la mínima que Camino vuelva a las andadas

o venga con ideas inapropiadas, se acabaron las clases para siempre.

-Ha hecho usted muy bien, doña Felicia,

su niña tiene mucho talento.

-Mientras dicho talento no le distraiga de lo importante,

es decir, de su pretendiente.

-Descuide, Rosina, Camino está muy contenta con Ildefonso.

-Es para estarlo, no me extraña, ese muchacho es un regalo.

-¿Qué sabemos de Genoveva, -¿Es cierto que se desmayó?

Felicia, debe ser la única de toda Acacias que no se ha enterado.

-Se la encontraron Agustina y Fabiana tirada en el suelo.

Menudo susto se dieron.

-Gracias.

¿Y se sabe qué le provocó semejante vahído?

-No hace falta ser adivina para sospecharlo.

Genoveva tiene que estar que trina con Felipe

porque esté defendiendo a Marcia.

-¿Uste cree, Rosina?

Si parecía de lo más comprensiva.

-Qué va. Seguro que la procesión va por dentro.

Genoveva debe estar aguantando carros y carretas.

-La verdad es que el asunto se las tare.

Tu prometido defendiendo a la mujer con la que casi se casa,

¿dónde se ha visto eso? -En ningún lado, es de locos.

-Por una vez, servidora tiene que darle la razón.

Ya saben que tengo en alta estima a don Felipe,

pero anda que no habrá abogados.

-Él tendría que estar centrado en su boda,

como aquel que dice, están casi en capilla.

Doña Genoveva debe estar sufriendo lo que no está escrito.

-Tiene más razón que un santo,

pero al menos, Marcia va a ser defendida

por el mejor abogado de la ciudad.

Estoy segura que la sacará de la cárcel en menos que canta un gallo.

-Pero Lolita, ¿no acabas de decirnos justo lo contrario?

-¿Cómo puedes contradecirte tanto y en tan poco tiempo?

-Porque soy una mujer con las miras muy amplias.

Y estoy preñá. Están buenísimos los churros.

Espero que tenga más.

Le agradezco que haya respondido tan pronto a mi llamada,

no le robaré mucho tiempo. Siéntese, por favor.

-Descuide, por su tono creí entender

que se trataba de unas cuitas de la mayor enjundia.

Así que, ¿precisa de un urólogo? -De su experiencia y consejo.

Sí, su prestigio le precede. -En fin, usted dirá.

-Pues se trata de un asunto muy...

delicado

al que le estoy buscando respuestas.

-He de decirle que, con tanto misterio,

ha conseguido despertar mi curiosidad.

-Lo he consultado hasta con un sacerdote,

pero al final,

tan solo vio el cariz pecaminoso del asunto y,

prácticamente terminó abroncándome.

Me preguntaba si la ciencia respondería de forma distinta.

-Para salir de dudas, debería entrar en materia sin más preámbulos.

-Por supuesto, doctor, iré al grano.

He sabido que...

dos...

dos conocidos, dos caballeros del Ateneo,

mantienen una relación amorosa que va más allá de la amistad.

-¿Se está refiriendo a una relación amorosa?

¿Y dice que se trata de dos conocidos?

-Conocidos, eso es, apenas tenemos trato.

-Ya veo.

En mi opinión personal,

los sodomitas y las partidarias de Safo son desviados,

invertidos,

hermafroditas en muchos casos.

-Ya. ¿Y su opinión como médico?

-No difiere en exceso.

Desde el punto de la ciencia, son enfermos sexuales

y un foco de infecciones venéreas dada su irrefrenable tendencia

a la promiscuidad.

Su curación siempre ha sido muy dudosa,

pues se muestran contumaces en el vicio,

pero le alegrará saber que últimamente se está experimentando

con tratamientos a base de inmersiones en agua helada,

que están dando unos resultados esperanzadores.

-"Inmersiones en agua helada".

Bueno, tanto como alegrarme, no sé.

Si lo desea, puedo remitirle a un colega alemán

con clínica propia especializada en estos casos.

No tiene porque rendirse...

a tan bajos instintos.

-¿Rendirme, yo?

No, no, no se trata...

Son dos conocidos, ya le dije.

-Ya. Claro, claro, quiero decir, sus conocidos,

si así prefiere tratarlo.

Sí, sí, se lo agradezco de corazón.

Sí, espero sus noticias.

Muchas gracias. (RÍE)

(Suena el timbre)

-Servando, dígame, ¿qué le han dicho en el Archivo Provincial?

Por su semblante, parecen buenas noticias.

-No son buenas noticias, son buenísimas noticias.

¡Excelentes noticias!

Le cuento, tras hacer las comprobaciones pertinentes,

el archivero me ha informado de que los Gallo de Naveros del Río

tenemos una heráldica propia.

-Quién lo hubiese dicho. -Y se ha comprometido

a buscar, investigar, localizarla

y mandarme el escudo de armas de los de mi linaje.

-Si al final va a descender de la nobleza.

-Con razón siempre he estado orgulloso de apellidarme Gallo.

Siempre, lo que se dice siempre...

Le recuerdo que quería cambiarse su apellido.

-Menudencias, Cesáreo.

-A las buenas. -Buenas.

-Servando, ¿me sirve un café? -Sí, sí, pero primero...

te tengo que contar una historia de mi escudo de armas

que te va a dejar patidifuso.

-Mire que no quiero ser aguafiestas,

pero mejor que se olvide del tema,

no vaya a pasarle lo que a mí, que aún me dura el disgusto.

-No compares,

que a mí no me va a decepcionar mi escudo.

Los Gallo de Naveros del Río somos mucho Gallo.

Y que no les extrañe que en mi escudo haya una corona,

como corresponde a las familias relacionadas con la casa real.

-Lo que nos faltaba,

hasta va a estar en la sucesión dinástica,

¡que Dios nos pille confesados! -¿Querías un café?

Vamos ese cafetito. (RÍE)

Por desgracia, queda poco tiempo para que expire

el plazo del comisario Méndez.

Entonces, ¿Marcia pasará a disposición judicial?

Así es.

Hay que hacer algo.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

-Santiago, deja a Felipe que se siga explicando.

Seguro que sabe lo que se hace.

Por fortuna, sabemos que los tenderos están haciendo

un viaje desde el norte a la ciudad para declarar a tu favor.

-Pero, por lo que dice, no llegarán a tiempo.

Se equivoca,

gracias a eso, nos han concedido un plazo más amplio.

El comisario ha accedido a esperar a los testigos,

con la condición de que no se demoren en exceso.

-Son muy buenas noticias, ¿no lo crees así?

-Sí, supongo que sí.

Perdóname, Marcia, tengo que salir a que me dé el aire.

Se lo ruego, sáquela.

Sáquela cuanto antes, por el amor de Dios.

Haré todo lo que esté en mi mano, Santiago, no lo dude.

Resiste, amor mío.

Lolita, ¿te ocurre algo?

(SE ESFUERZA)

(SE QUEJA)

Ahí está. -Lolita,

¿te ocurre algo? ¿Estás bien, te puedo ayudar?

-Arrea, cuántas preguntas, trataré de responderte en orden.

No, sí, no.

-¿Qué haces aquí? Te hacía en la mantequería.

-No, cariño, no seas pesado.

He subío a por un chal.

Perdón, es que me preocupo por ti.

-Es que estoy embarazada. -Ya, y no enferma.

¿Te puedo ayudar en algo?

-Aparte de dejar de alarmarte por cualquier cosa,

sí, podrías bajar a la mantequería, que he dejao a tu padre al cargo,

pero el hombre se esfuerza, y no es lo suyo.

-Sí, de acuerdo. Bajo, bajo.

-¿Vas a la mantequería?

Yo bajaré en un rato,

así, tu padre y tú podréis marchar

para atender las visitas de las cafeteras.

-De acuerdo.

Cuidado.

-¿Qué le pasa? -Ay...

Se ahogan en un vaso de agua.

-Y que lo digas.

Menos mal que la naturaleza es sabia

y no son ellos los que tienen que parir.

Si fuese así,

la humanidad se hubiese extinguido yo qué sé cuánto.

-La intemerata. -Eso.

-Carmen, siéntese. -¿Por qué?

-Le voy a decir...

Que le quería preguntar,...

¿cómo fue su parto con su Raúl?

-Mujer, hace ya tanto tiempo de eso,

que poco puedo contarte.

-Uy...

¿No se acuerda de su único alumbramiento?

-Claro que no. Lo recordaré toda la vida.

-¿Entonces?

-(RESOPLA) Bueno,

ya que insistes,

he de confesarte que no fue un parto sencillo,

el niño venía de nalgas y pasé muchas horas...

bastante mal.

Pero eso fue una excepción, fue en mi caso.

Los partos suelen ser... un poco de dolor,

y después, toda una vida de felicidad.

-Ya.

Cuándo dice dolor, ¿dice dolor muy doloroso?

-Mujer, que yo sepa, el dolor duele, de ahí el nombre.

-Ya, Carmen,...

pero una cosa es el dolor que te provoca un quejío

y otra cosa es el dolor ese que te provoca un chillido como un gorrino.

-Lolita, déjalo ya.

Que aunque duela, el final es tan dichoso,...

tanto, que eso es lo que hace que lo puedas sobrellevar.

Además,

que tú eres fuerte y estás sana.

-Bueno...

No crea, que ahora no me siento fuerte.

-Y no te olvides,

de Cabrahígo, ni más ni menos,

seguro que todo irá bien, fenomenal.

-Sí, no hay de qué preocuparse.

Vamos.

-"Es la mejor noticia que he oído en mucho tiempo".

Si a ti también te lo parece.

Ya veo lo encantado que estabas con que me fuera a Argentina.

A ver, no quería desanimarte,

pero me rompía el corazón saber que te iba a tener lejos.

Amor, solo iban a ser unos meses.

A mí se me iban a hacer como años.

He valorado la propuesta y era atractiva.

Pero es mejor ir paso a paso, cubriendo poco a poco las etapas.

Primero, hacerme un nombre en España, después las Américas.

Tu triunfarás donde te propongas, amor mío.

Además, no quería dejar sola a mi madre

después de lo que ha vivido.

Ah, entonces,... renuncias a marcharte solo por eso.

Bueno, y porque tendría que separarme de un novio muy apuesto,

y eso no lo haría ni por todo el oro del mundo.

-Me creía.

-(CARRASPEA)

-Cesáreo, no nos reprenda, tan solo ha sido un furtivo beso.

-Descuide, Emilio,

haré la vista gorda.

¿A qué se debe tanta alegría? -Sencillo,

mi Cinta no se marcha a Argentina, se queda a mi lado.

-Da gusta ver parejas tan enamoradas.

Aunque tanto amor puede acabar con el empleo de mi novio.

Los clientes de esa mesa hace rato que te reclaman.

Es cierto. Ahora mismo vuelvo.

-Discúlpeme, Cinta, ahora que la veo,

quería aprovechar para preguntarle algo.

Se trata de Arantxa.

Estoy muy preocupado por ella.

No quiero meterme donde no me llaman,

pero ¿no la ha notado ausente en las últimas fechas?

Así es, Cesáreo, lo está, no le quepa ninguna duda.

¿Y sabe usted cuál es el motivo?

-"Está siendo muy duro para él".

No soporta verme encerrada.

Ni él ni nadie, Marcia.

Antes no has comentado nada de lo que te conté del pañuelo,

de que estoy segura de que lo perdí cuando discutí con Genoveva.

No he dicho nada porque... no hay nada que contar.

Pero ¿no has investigado al respecto?

Es un asunto muy delicado, hay que tratarlo con pies de plomo.

Ya.

Pensé que sería algo importante, digno de investigar.

Lo es,

Marcia, lo es.

pero hay que estar seguros de lo que nos puede aportar,

antes de acusar a alguien, quizá de manera injusta.

-Sería cometer un error tras otro, ¿no crees?

Lo que creo es que estás protegiendo a Genoveva.

No hay nada de qué protegerla. Lo que me contaste...

no supone ninguna prueba. Ya,...

pero es un hilo del que se puede tirar.

No es momento de lanzar acusaciones sin pruebas que las apoyen.

Verás, Marcia,

Genoveva está guardando un estricto reposo...

para no perder al hijo que estamos esperando.

¿Le ha sucedido algo?

Ha sufrido varios desvanecimientos.

Seguramente causados por la tensión

con la que está viviendo esto, que yo te esté defendiendo.

Comprendo.

Por eso no he podido hablar con ella sobre el pañuelo.

No conviene excitarla.

Lo comprendo, Felipe, pero tú también debes comprender.

¿El qué?

Llegado el momento de estar delante del juez,

no voy a mentir,

le daré todos los datos de los que dispongo, señalen a quien señalen.

Si vamos a juicio,

yo no lo impediré.

En fin...,

será mejor que me marche. Tenemos mucho trabajo por delante.

(SUSPIRA)

(Motor de coche)

Estos son mi últimos dibujos. Estaba deseando que los vieras.

-¿Por qué me miras así?

Parece que no puedes dejar de sonreír.

-¿Acaso te extraña?

Es la primera vez que puedo mostrarme en público a tu lado

sin reservas.

-Eso no quiere decir que no tengamos que mantener las formas.

-Ya.

-Veamos los dibujos.

Anda...

-Es un esbozo para un retrato que tengo en mente de Ildefonso.

Tenía pensado regalárselo cuando lo termine.

-Ya.

Debes apreciarlo mucho para regalarle semejante presente.

-Ya sabes que sí.

Ya hemos hablado de mis sentimientos hacia él.

No dudes,

no hay cabida para los celos.

-Tienes razón,... lo siento.

-Descuida,

nada va a ensombrecer la felicidad que hoy siento.

-Yo también estoy muy feliz

por la decisión que ha tomado tu madre, pero...

nuestra situación no ha cambiado mucho.

-¿Cómo que no? Míranos,

estamos en mitad de la calle hablando de pintura,

a vista de cualquiera.

Si lo piensas, es un sueño hecho realidad.

-Buenas.

Qué alegría encontrarnos. Espero no interrumpir.

-No, en absoluto, estaba admirando unos dibujos de Camino.

-¿Puedo verlos?

-Ya lo he hecho antes de pedir permiso.

-(SE ASOMBRA)

Pero bueno,...

son magníficos, bonitos, discretos y elegantes...

¿No te parece, querido? -Sí, sí, claro.

-Maite, espero que los suyos sean igual de buenos

que los que tiene para la exposición.

No sea que la alumna supere a la maestra.

-Rosina, vámonos, estoy deseando llegar a casa.

-(TARTAMUEDA) Pe, pe... Pero...

Por favor, discúlpenle, es que...

deben ser los nervios de la inauguración, ¿verdad?

Está insoportable.

A más ver.

-Con Dios.

Aquí tienen la sopa de pescado.

Ya era hora, parece que has ido al río a pescarlo.

Por tu culpa, quizás llegue tarde a una cita importante.

Si apenas me he retrasado, Cinta. Acaban de sentarse a la mesa.

-Volvemos a las andadas,

ya nos estás replicando.

-Arantxa,

esto es un aguachirri.

-Señora, si ni siquiera la ha probado.

-No hace falta,

aquí llega la peste. Es nauseabundo.

Retiro lo dicho,

no has ido a pescar, que estos peces no han visto el agua.

-Vamos a ver, ¿han perdido el oremus o qué les pasa?

Miren que el pescado lo he comprado hoy mismo en el mercado

y es de la mejor calidad.

Que a mí no me engañan con el pescao.

-Pues mira, esta vez te han engañao,

que desde que estás enamorá, no tienes la cabeza en su sitio.

-Por favor, pero si he probado la sopa y sabía a gloria bendita.

Está para chuparse los dedos. Sí, pa intentar quitarse el sabor.

-O eres una mentirosa o tienes el paladar atrofiado.

Ya está bien.

Que últimamente estás muy respondona.

-¿Acaso te has propuesto envenenarme de nuevo?

Ya está.

Padres, que no es para tanto.

-Gracias, cariño.

Tiramos esta bazofia y les preparo unas tortillas para salir del paso.

¿Vas a preparar tú...?

¿Van a comer unas tortillas preparadas por Cinta,

que no sabe cascar un huevo? Esto es una humillación intolerable.

-No protestes, cualquier cosa será mejor que tu sopa.

-Mira, a mí no prepares nada, niña,...

del sofoco se me ha ido el hambre.

-¿Te parece bonito?

-Pero señor...

-La de disgustos que nos estás dando últimamente.

-Mejor que me marche,

antes de que les dé otro disgusto, y ese sí que va a ser bien gordo.

Cesáreo, ¿qué hace aquí?

-Venía a verla, la puerta de servicio estaba abierta.

No he entrado porque parece que había marejada.

-¿"Marejada", dice? ¡No, mar gruesa!

Váyase, porque estando así las cosas,

cualquiera puede pagar los platos rotos.

-¿Me permite?

Huele bien.

-¿A que sí? -(ASIENTE)

(JACINTO SUSPIRA)

Aquí estás, Jacinto. Te estaba buscando.

-"Yepaya". -Uy.

Ese "yepaya" hiela el alma. ¿Se puede saber qué te pasa?

-A saber, me lo he encontrao en la portería hecho unos zorros.

Lo he subido para prepararle una tisana y levantarle el ánimo.

-Parece que va a necesitar más de una tisana, prima.

-Es que... tengo una pena mu grande. -Pa chasco que sí,

no hay más que verte.

-Estaba pensando en mis antepasados.

-Acabáramos. ¿Ya estás otra vez con el dichoso escudo?

-No me lo puedo quitar de la mollera.

La heráldica ha revelao que los míos han sido pastores

por los siglos de los siglos;

y yo he abandonao tan bucólica actividad

pa dedicarme en cuerpo y alma a la portería.

-¿En cuerpo y alma?

Tampoco, que ahora mismo estás aquí tan ricamente en lugar de faenar.

-¿Y si he traicionado a mis antepasados?

-No digas tontás.

Durante años, hiciste dichosas a tus ovejas,

de hecho, nunca has dejao de pensar en ellas.

Que hasta musitas en ocasiones sus nombres en sueños.

-Sí. -Además,...

que nuestros antepasaos pueden estar bien orgullosos de ti,

que has dejao el pabellón familiar borreguero bien alto.

-Ahí.

-Además, hay algo que me tiene escamá con el dichoso escudo.

¿No os habéis dao cuenta que en la parte de abajo

hay unas letras que apenas se distinguen de lo chiquitas que son?

-¿Ah, sí?

Yo no me he fijao. -Pues yo sí.

Deberíamos indagar sobre ellas,

a ver si el escudo tiene alguna sorpresa más.

-Descuida, Marcelina, que lo haré. Hay que ver cuánto vales.

-Qué bonito es el amor.

Y cuánto sufrimiento trae en ocasiones.

-Arrea, otro que anda mustio.

-No diga más, Cesáreo. ¿Está así por Arantxa?

-Anda disgustada con sus señores.

Se ha llevado un buen rapapolvo.

-Qué extraño, los Domínguez la tienen en alta estima.

-Bonita forma de demostrarlo.

Estoy muy preocupado por ella.

-Pues hala, voy a preparar otra tisana.

-Gracias, Casilda, lo necesito.

(ROSINA SUSPIRA)

Me ha alegrado ver a los Garrido.

¿Te has fijado cómo ha engordado ella?

-¿Eso es lo que te ha agradado, verla más gorda?

-No, claro que no. Bueno, no solo.

Hacía mucho que no cruzábamos unas palabras con ellos.

-Sobre todo, has hablado tú.

-Si llega a ser por ti, no pasamos de unas "buenas tardes".

Mira que a veces eres sieso.

Me ha gustado ver a Camino y a Maite.

(Pasos)

-Ya están en casa.

¿Desean algo?

-Podrías empezar por prepararnos algo de comer, querida.

Podrías haberlo pensado solita al ver las horas que son.

-No lo sabe usted, señora,

no sabe lo de menos que he echado estos momentos en el desierto,

días y días y días sin que nadie me riñera.

-Esta muchacha ha vuelto más desastre de lo que se fue.

Es contraproducente dar vacaciones al servicio, Liberto.

(RESOPLA)

Yo creo que Felicia ha hecho bien en permitir que Camino

vuelva a tratar con la maestra, ¿no te parece?

-Sí, es posible.

-Hay que cultivar la afición de la niña por una razón.

-¿Qué tiene talento? -Qué tontina.

La razón es que a su pretendiente, Ildefonso, le agrada.

-(LIBERTO ASIENTE)

-Ya está bien,

de todo lo que te digo, solo contestas monosílabos,

y eso en el mejor de los casos. ¿Qué te pasa?

-Nada. -¿Cómo que no?

Con lo locuaz que tú eres, y ahora apenas abres la boca.

Llevas días preocupado por algo, lo noto, a mí no me engañas.

Liberto, por favor, dime algo, y no me des excusas,

vas a decirme de una vez por toda qué es lo que te pasa.

¿No confías en tu esposa?

-Está bien, tú ganas. Te lo contare todo.

Siéntate.

(LIBERTO CARRASPEA)

Aquí tiene el retrato

firmado por Bellita del Campo y mi suegro.

-Muchas gracias, don Emilio.

Esto lo guardo yo como lo que es, un tesoro.

Oiga,...

¿así que está prometido con su hija?

-Sí, espero emparentar con los Domínguez muy pronto.

-He de reconocerle que le tengo una sana envidia.

No solo porque Cinta Domínguez sea una mujer muy hermosa,

sino porque podrá pasar mucho tiempo cerca de sus padres,

esos dos grandes artistas.

-Claro, sí.

Tengo que dejarle, he de volver al trabajo.

Ya ve como tenemos el restaurante. -Por supuesto, no le entretengo más.

Muchas gracias por el retrato.

-Nada. Con Dios.

-Emilio,...

¿ha comido aquí ese mozo?

-No, solo venía a recoger una cosa.

-Ya. No me diga más,

y de paso a hacerle preguntas sobre los Domínguez, ¿no?

-¿Ahora es usted adivino?

-No es necesario serlo para adivinar esto.

-¿A qué se refiere? -Ayer estuvo en la mantequería

y sometió a Lolita a casi un interrogatorio sobre ellos.

-Parece ser un gran admirador de los Domínguez,

le he entregado un retrato que me rogó que le consiguiera.

-¿No le parece demasiado interés para un simple admirador?

-La verdad es que sí.

Me pareció un buen muchacho cuando le conocí, pero ahora...

empiezo a dudar.

¿Y si tiene alguna intención oculta?

Después de lo sucedido con los Carchano,

hay motivos para estar inquietos.

(LIBERTO CARASPEA)

-Liberto, por favor,

deja de carraspear y suelta lo que te inquieta.

-Tiene que ver con la galería.

-Si se trata de más dinero, olvídalo,

que solo hace que chupar cuartos.

-No tiene que ver con eso. -¿Entonces?

No me vengas con ambigüedades, por favor,

cuéntame con pelos y señales qué te pasa.

-Que me han entrado dudas.

Que no sé si estoy preparado para involucrarme en el arte.

-¿Lo dices ahora?

-Antes no tenía dudas, pero ahora...

-Ahora, olvídate de abandonar el negocio.

Liberto, tenemos que recuperar la inversión que hemos hecho.

Y digo hemos,

porque yo también estoy en el ajo, no lo olvides.

-No lo he olvidado, sé que el dinero es de ambos.

-Entonces, sabes que tienes que apechugar con este negocio.

Te sientas preparado o no.

Esto no es una pelota que puedes abandonar si te aburres,

y luego a otra cosa, mariposa.

Esto es un negocio, algo serio, no es un pasatiempo sin importancia.

-Claro que sí. -Mira que te lo advertí,

te dije que lo de los cuadros no era para ti,

por un oído te entra y por otro te sale,

y ahora vienes con el tembleque. -Son los nervios.

-No te eches para atrás.

Inaugurarás esa exposición como que me llamo Rosina Rubio.

-Sí, cariño.

Venderemos lo que podamos,

recuperaremos la inversión, y luego, ya se verá.

¿Qué te parece?

-Me parece una idea magnífica, ¿y a ti?

-¿No me estarás dando la razón como a los locos?

-No, te doy la razón como la mujer sabia que eres, cariño.

Muchas gracias por abrirme los ojos.

-Voy a refrescarme, me has dado un sofoco con el disgusto...

-Mi amor, de verdad, perdóname.

Lo siento.

-(SUSPIRA)

-Por los pelos.

Tome, señora.

Ya verá como con el reconstituyente que le ha recetado el buen doctor,

se pondrá bien en un periquete.

Ya estoy perfectamente, Agustina. Debería levantarme.

De eso nada. Usted no va a ninguna parte.

Así que, déjese mimar.

Ya me ves, Felipe, prisionera en mi propia cama.

Voy a prepararle el almuerzo, señor.

No deje que se levante.

Entonces, ¿has pasado buen día?

Sí, me encuentro mucho más fuerte.

El doctor se ha mostrado con buen tino.

El reposo y los alimentos te están yendo estupendamente.

Tampoco había que ser una eminencia para imaginarlo.

Estos médicos no saben recetar otra cosa

que lo que dicta la pura lógica.

Estás de buen humor, eso es buena señal.

No hay que darle mayor importancia a lo sucedido,

las mujeres en mi estado, sufrimos tales indisposiciones más a menudo

de lo que los hombres pensáis. Es posible,

pero dudo que sean tan graves y seguidas.

¿Tuviste algún disgusto que pudiese causar tu desmayo?

Hubo una noticia que me contrarió,

pero no lo suficiente como para ser motivo del vahído.

¿Puedes decirme cuál fue?

He sabido que le has pedido al comisario

que te concediera más tiempo antes de llevar a Marcia ante el juez.

Es mi obligación como abogado.

Haría lo mismo con cualquier cliente.

¿Por un desconocido andarías pidiendo favores personales,

comprometerías de tal forma tu carrera?

Y no solo la tuya, también la del comisario.

No quiero que un inocente vaya a la cárcel

por un crimen que no cometió.

Ojalá estuviese tan segura de que esas son tus intenciones.

Felipe,

te lo ruego, si algo me amas, abandona.

Encárgale la defensa de Marcia a otro colega

que pueda defenderla tan bien como tú.

A cambio, me cuidaré en extremo

las semanas que quedan hasta nuestra boda,

protegiendo así al hijo que esperamos.

Está bien.

Te prometo cumplir con lo que me has pedido.

Pero necesito pedirte algo a cambio.

¿El qué?

Que me respondas a una pregunta de suma importancia.

¿Recuerdas si Marcia perdió un pañuelo bordado

después de vuestra discusión en la calle?

No vas a salirte con la tuya.

No vas a poder conmigo.

O sea, ¿que no le gusta ni mi puntualidad ni mi comida tampoco?

No.

¿Ni como limpio la casa? -Ni mijita.

-Ah, ¿no, eh? Jesús, vaya con las señoras.

-Ni señoras ni nada.

En vez de quejarte, más te valdría hacer mejor tu trabajo.

Quiero protegerte, entiéndeme.

No, no te entiendo.

No entiendo que quieras implicarme en un asesinato.

No he hecho tal cosa. Te he dicho...

¡Felipe!

Emilio, doña Felicia, Camino.

Me temo que no nos conocemos.

-Es Maite, mi profesora de pintura.

Ildefonso, un amigo.

¿A qué hora fuiste a comprar los pañuelos?

Eran las cinco cuando entré a la tienda.

¿Las cinco de la tarde? ¿Cómo puedes estar tan segura?

Por que en ese momento pasó el serenos cantando las horas.

¿Has dicho el "sereno"?

Sí, el sereno, ¿qué tiene de especial?

Puede que tengamos la clave para sacarte de aquí.

Le he estado dando vueltas al joven que lleva días rondando.

-El admirador de Bellita.

-Sí, eso es lo que él dice que es, pero...

después del incidente con Alfonso Carchano y Margarita,

no quiero arriesgarme. -¿Teme que el joven trame algo?

¿No tendría que estar en casa de sus señores?

-No, para estar bien lejos de ellos,

porque tenía que pensar tranquila, Fabiana.

-Es por la herencia, ¿verdad?

-No exactamente, aunque le tendría que haber dedicado más tiempo a eso.

Si hasta hace poco estaba convencida de no aceptar el caserío,

y ahora estoy rumiando echar a correr de aquí.

-Ildefonso es buen partido, Camino no puede perderlo.

Si Camino está contenta,

más posibilidades de consolidar la relación.

-Ya veo.

Está hecha una casamentera profesional.

Quiero que me haga un favor.

Aquí tiene a su hombre.

Se trata del asunto relacionado con el caso de Marcia.

Algo que podría ayudar a mi defensa.

Cuente conmigo para sacar a esa muchacha de la cárcel,

si está en mi mano.

Lo está. Escúcheme...

Este sobre contiene una lámina con el escudo de armas de los Gallo

de Naveros del Río.

Ya. ¿Y cómo sabemos que es de verdad y no se lo ha inventado?

Usted es muy de estas cosas, Servando.

A falta de pruebas, esta es la estrategia que nos queda.

Hay algo que me sorprende de usted.

¿De mí?

Se trata del asunto del pañuelo con las letras bordadas.

Marcia lo perdió en la calle tras una discusión con Genoveva.

Eso me dijo la última vez que nos vimos.

¿No me va a reclamar que considere a Genoveva como culpable?

Lo que me sorprende es que su familia

no pagara para eximirle del servicio militar.

Dudo que encontrara jóvenes como usted en las quintas.

-Cierto, era un rara avis, tampoco dejé que pagaran la cuota

que me eximiera de luchar en Marruecos.

Eso supuso el primer enfrentamiento con mi familia.

-No me extraña. ¿Por qué lo hizo?

Él es el antiguo dueño del piso donde viven Bellita y su marido.

-Un auténtico placer. -Qué bien.

-¿Sabe qué?

Le vamos a enseñar una cosa, venga. -No hace falta.

-Está muy feo rechazar una oferta, venga.

-Sí, sí. -¡Oiga!

-Venga, venga.

Tengo...

todo listo para el encargo que me hizo.

¿Cuándo podría llevarlo a cabo? Cuando quiera.

Hoy mismo podría acabar con la vida del tal Israel Becerra.

O Santiago Becerra, como se ha hecho conocer.

Será un trabajo limpio, sin fallos, y sin ninguna implicación.

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Acacias 38 - Capítulo 1182

20 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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  1. Santi

    La carta es un fallo de guión brutal... Si Genoveva quiere sacar a Marcia de la cárcel con esa carta saldría ya mismo, osea que tanto se preocupó de culparla y le dá la prueba para disculparla.... REspecto a la venganza de los otros dos, santiago y felipe, a ver que ha tramado, pero si tal y cómo creo pretende inculparles de algo, esa carta tbien sirve para absolverlos

    22 ene 2020
  2. Maribel

    Esa carta póstuma de Ursula ha sido una genialidad de los guionistas. Hasta después de muerta Ursula es, ha sido y será la más grande MALA que ha tenido la serie, Montse Alcoverro será legendaria en el "Universo Acacias".

    21 ene 2020
  3. Aleja

    Como decimos por estos lares: -"Que grande Úrsula!! Genia total!!

    21 ene 2020