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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1179 - ver ahora
Transcripción completa

Intento fiarme solo de las pruebas que tengo.

Pruebas que esa mujer dejó para incriminar a Marcia.

Reconozca que dejar un pañuelo en la escena del crimen

y escribir una carta son pruebas bastante retorcidas

para no ser reales. Propias de una mente perversa.

Quería un retrato firmao de la gran Bella del Campo,

que un servidor es admirador suyo.

-¿No es usted muy joven para conocer a Bella del Campo?

a ella y a su marío, don Jose Domínguez,

que por algo somos del mismo pueblo.

-Aunque fue Marcia quien se citó con Úrsula,

fue usted quien con el pañuelo de su esposa acudió al lugar de los hechos

para dar muerte a Úrsula sin percatarse de perder el pañuelo.

Lo que no me cuadra es el móvil del crimen.

¿Qué cuitas tenía con Úrsula?

¿O se trata de un encargo que usted cumplió por dinero,

dinero que necesitaba para el viaje?

-No pienso continuar sin la presencia de un abogado.

En las cartas que te envía mi tía,...

¿alguna vez te dice algo de Maite?

-No, ¿qué me va a decir?

¿No le parece mal que una mujer se dedique al arte?

-Todo lo contrario.

Sería egoísta por mi parte impedir que otros disfruten de su talento.

-Ya veo que los dibujos de mi hija le han impactado.

Demostraré que tú no mataste a Úrsula.

Confía en mí.

¿De dónde salió ese pañuelo con tus iniciales?

¿Cuándo fue la última vez que lo viste?

No lo sé.

Hace tiempo que lo echo en falta, pero no recuerdo

cómo o cuándo lo perdí. Te lo pudieron robar.

No sé.

Marcia, por favor, piensa bien.

Puede ser un dato crucial para tu defensa.

Voy a renunciar al cinematógrafo para siempre.

Ya no soy ningún pipiolo,

y creo que con dos artistas en la familia hay más que de sobra.

si ha sido usted, aún está a tiempo de salvar a Marcia,

porque si el asesino no aparece,...

las cosas se pondrán muy feas para su esposa.

Y ahora que tiene las llaves del estudio, ¿cuál es su plan?

-Esperar a que Maite salga para poder entrar en el estudio.

Residencia de los señores Domínguez, buenas noches, dígame.

-Creo que no me he explicado bien.

En ningún momento he pensado en auto inculparme para salvar a Marcia,

mi amor por ella es muy grande,... pero mi deseo de venganza es mayor.

Hablaré con la policía...

y la acusaré de haber orquestado el asesinato de Úrsula Dicenta.

¿Acaso no me cree capaz de acusarla del asesinato de Úrsula?

¿Te estás olvidando de que fuiste tú quien disparo a esa arpía?

Soy perfectamente consciente de mis actos,

es usted quien está pasando un detalle por alto.

¿A qué te refieres?

Conservo la pistola que utilicé en el crimen,

ese arma lleva sus huellas en la empuñadura y en el gatillo.

No, no puede ser. ¿Cómo iba a conseguir algo así?

Cuando huíamos, fingí que por los nervios se me caía la pistola.

Y yo la recogí de ahí.

Exactamente.

Justo después de tratarme de torpe.

Segundos antes me había ocupado de limpiarla

y eliminar todas mis huellas sin que usted se diera cuenta.

¿Crees que eso será suficiente para acusarme?

Por supuesto que sí.

¿Sabe? Hay una nueva ciencia llamada dactiloscopia

que se empieza a utilizar en los juicios.

Se puede demostrar que ese arma fue la que disparó contra Úrsula

y que la empuñaba usted. No, eso no es posible.

Le aseguro que sí, lo aprendí en mi paso por la cárcel.

Esa ciencia...

la llevará directamente al verdugo.

Mientes,

te has inventado esa historia rocambolesca para asustarme,

pero no te creo ni una palabra. ¿Se va a atrever a comprobarlo?

Es una pena que un cuello tan hermoso como el suyo

termine roto por el garrote vil.

Malnacido, ¡te voy a arrancar los ojos, embustero!

Sabe que estoy en lo cierto.

No tuviste tiempo de limpiar la pistola.

Eres un malnacido. Solo tratas de confundirme.

Admítalo, la tengo en mis manos.

Suéltame ahora mismo.

Si no quiere que la policía encuentre ese arma,

ponga todos sus medios

para que Marcia salga en libertad.

Lo que me pides es un imposible.

Haga un poder... o ya sabe lo que la espera.

Sabes que no puedes derrotarme,

estás perdido si sigues por ese camino.

Quiero a Marcia en la calle,

y quiero que lo haga ya.

No tengo más que decirle.

No puedes hacerme esto.

No puedes dejarnos así.

No puedes.

(Sintonía de "Acacias 38")

Buenos días, Marcelina. ¿Ha llegado ya la prensa?

-Sí, mu temprano, como todas las mañanas.

Ahí no pondrá na de lo que está haciendo el comisario Méndez.

Todos saben que Marcia no mató a Úrsula,

no es justo que la tenga encerrá.

-El comisario hace su trabajo, son los jueces

los que tienen que decidir si alguien es culpable o no.

-¿Y qué pasa si se equivocan tos?

-Confía en la justicia, que todo se solucionará.

-Pa mí que ya la tienen ya condená,

extranjera y negra,

tiene toda la pinta de que va a cargar con el muerto.

-Eso no tiene nada que ver,

si Marcia es inocente y las pruebas que le acusan son falsas,

Méndez dará con la verdad sin duda.

-Rezo por que sea así.

-Confía en mí,

que si es inocente, Marcia saldrá libre.

Con Dios. -Con Dios.

-¡Paso, paso! ¡Marcelina! ¡Paso!

-¿Qué haces, que vienes tan acalorao?

-He hablao por teléfono con el párroco de mi pueblo

y traigo una noticia de las gordas.

-¿No se te habrán muerto las ovejas?

Con este frío, no tienen bastante con la lana que llevan encima.

-¡Quia! Las ovejas resisten inviernos peores.

Resulta que el cura es aficionado a mirar registros

y sacar quién es hijo de quién en cada zona.

-Qué afición más rara, mejor le irá ayudando a los pobres.

-Eso también lo hace.

Le he preguntao de dónde viene mi familia.

-Pues de tu pueblo.

Tus bisabuelos y los padres de estos han nacido allí.

-Te equivocas, según el cura, tengo un ancestro

que fue caballero en la reconquista y se distinguió

por ganar grandes batallas.

Tanto, que hasta el rey le concedió su propio escudo de armas.

-Ya le podía haber concedido grandes tierras,

ganado y vides, eso sí que es de mucha más importancia.

-El caso es que me ha mandado hacer una copia

y me la va a enviar con un paisano que mañana mismo estará aquí.

¿Qué te parece?

-Que to eso que me cuentas no nos sirve pa na de enjundia.

-¿Cómo que no?

Que vamos a tener un escudo igual que el Servando.

-Pues hala, que te aproveche.

-Bueno, voy a volver a llamar para cerciorarme.

¡Cuidao!

-Madre mía.

Espero el catálogo para la exposición sea de su gusto,

tenemos que dar el visto bueno.

-Sí, está todo según lo acordamos, un buen trabajo.

Todo marcha bien.

-Sí, será una gran inauguración. Vamos a sorprender a todos.

-Seguro.

Estoy muy contenta por cómo me han recibido en este barrio,

las gentes de por aquí son muy abiertas.

-Ya. Ya sé que ha hecho muy buenas amistades.

-Sí, los vecinos de estas calles me hacen sentir como en casa.

-No es extraño, es usted muy cariñosa.

Demasiado afectuosa, diría yo.

-Es posible, pero ¿a qué viene tal afirmación?

-Verá,...

hay situaciones en las que si no se conoce bien a las personas,

pueden llevar a malos entendidos.

La gente no siempre interpreta bien lo que ve

y puede pensar cosas que son inconvenientes.

-Ya.

¿Se está usted refiriendo al abrazo que vio que le di a Camino?

-En parte.

Me chocó mucho verlas así.

-Ya.

No sé que se habrá pensado, pero fue muy natural.

-Yo no pienso nada.

Camino y yo somos amigas y...

ella me hizo un elogio desmesurado de una de mis obras,

así que le di un abrazo para agradecérselo.

-Bien, pero...

comprenda que no estoy acostumbrado a esas manifestaciones de afecto.

-Sí, es comprensible.

Pero la amistad entre mujeres no excluye las caricias o el roce,

es muy distinta a la que se da entre hombres.

-Desde luego, nosotros somos mucho menos expresivos.

-Sí. Ustedes se dan palmadas o se estrechan las manos.

Un tanto frio, ¿no le parece?

-No, no me lo parece. Me parece mucho mejor así.

No me gustaría tener que darme un abrazo así con mis amigos.

-Es una pena, el contacto con otras personas siempre es agradable

y, no tiene por qué significar más que eso, afecto.

-Le comprendo, pero temo que no todo el mundo sea tan abierto como yo.

No creo que la madre de Camino, siendo tan mojigata,

vea con buenos ojos tanta efusividad,

ni ella ni mi esposa, por poner un ejemplo.

-No puedo hacer nada si hay personas que ven una relación pecaminosa

donde solo hay amistad.

-Desde luego que no, pero le puedo dar un consejo

con toda la buena intención,

trate de evitar ese afecto con una joven tan inocente como Camino.

-Olvidaba que vivimos en un país carpetovetónico.

-Hágase a la idea de que no vive en París, nada más.

-Ya.

Le diré una cosa, don Liberto,

el pecado está en los ojos que miran, no en lo que vemos.

-Puede ser, pero hágame caso, muéstrese más fría.

Es lo mejor para evitar malos entendidos.

-Así lo haré. Le acompaño a la puerta.

(Puerta)

-¿Doña Maite Zaldúa? -Soy yo.

-Traigo una nota para usted. Aquí tiene.

-Gracias.

Con Dios. -Con Dios.

Felicia.

¿Qué querrá ahora?

Arantxa,...

¿qué hace aquí a estas horas?

-Nada, descansando un poco, Fabiana.

-¿No estará enferma?

Uste no se achica con el trabajo

y a media mañana en las casas hay mucho.

-En casa de mis señores, a estas horas y a todas las demás,

eso es un no parar.

-Razón de más para que no esté aquí mano sobre mano.

¿Qué le ocurre, mujer?

-Lo que ya le he dicho, Fabiana, estaba descansando un poco.

-Pa mí que va a ser por lo que ha pasao en casa de su señora.

Tanto nervio no hay cuerpo que lo aguante

y los años van pasando pa todas, ¿eh?

-Seguro que ha sido eso, seguro,

pero bueno, habrá que seguir con la faena,

que no nos pagan por estar sentadas.

Pero tampoco nos pagan por que nos matemos a trabajar.

Usted repose todo lo que necesite.

-Qué va, ya estoy bien.

Es más fácil que se seque el Nervión,

a que yo esté sentada diez minutos.

-Así me gusta verla, como siempre,

con más fuerza que un torrente, ¿no?

Pues nada,

voy a regar las plantas que tiene Casilda en la ventana,

que me ha dejao al cargo y no quiero que se sequen.

-Muy bien.

-Por fin la encuentro.

He tenido un rato libre y he venido a visitarla.

-Aquí estoy.

Me ha extrañado no verla por el mercado,

para usted es sagrado ir a comprar temprano.

-Hoy tenía de todo, era tontería ir hasta allí.

Aun así le gusta darse una vuelta por si acaso.

-Hoy no.

-Arantxa, ¿qué le ocurre?

Ayer en el paseo no me hacía caso,

diría que le importaba un pito la conversación.

-Que no, que no, que ayer...

Que no me pasa nada, que yo... Distraída estaba ayer, nada más.

-No la creo.

Algo gordo tiene que pasarle para que ayer no me escuchara

y hoy no haya ido al mercado.

-Ayer estaba aturdida con su charla

y hoy no me ha salido de las pestañas ir a ningún sitio.

Jesús, María... ¿Una no puede tener un mal día

sin que todo el mundo esté metiendo las narices en sus asuntos?

-Cesáreo,...

¿qué le pasa?

-No lo sé.

Pero nunca la he visto tan desasosegada.

Mi padre ha rechazado la oferta que le ha hecho Edgar Golden.

¿No va a ir a América?

No puede irse a hacer esa película ahora.

Tal vez pueda ir en unos meses, cuando tu madre se encuentre mejor.

No, es ahora o nunca.

Ya tiene a una persona que le sustituya,

es un italiano que dice que puede llegar muy lejos,

Valentino creo que se apellida.

Es de alabar el sacrificio que va a hacer tu padre,

no todo el mundo sería capaz de rechazar una proposición así.

Esto supone el fin de su sueño de ser actor.

Seguro que tu padre lo haría mejor que ese italiano.

Ni lo dudes.

Si Golden vino a insistirle a mi padre

es porque no estará muy convencido con Valentino.

Unas castañas, por favor.

No sé, quién sabe lo que puede pasar,

lo mismo en un tiempo tenemos al americano suplicando a tu padre

que se vaya a Los Ángeles.

Gracias. Es posible.

Yo le agradezco mucho a mi padre el sacrificio que está haciendo,

mi madre le necesita a su lado,

y... a mí no me vendría nada mal que me aconseje con mi carrera.

Tu padre te ha dado un valioso ejemplo,

lo más importante es su familia.

como lo será la nuestra cuando nos casemos.

Estoy segura de que siempre estarás pendiente de mí

y de los niños que vengan.

¿Has pensado ya qué vas a hacer para tu próxima actuación?

La verdad es que no, tenía la cabeza en otra parte.

Lo importante es que tu madre saliera de peligro,

ahora que ya lo ha hecho, tienes que seguir adelante,

no dejes que el público te olvide.

En cuanto se recupere empezaré a ensayar,

mi carrera tiene que seguir adelante.

-Don Emilio, ¿cómo le ha ido con Julio?

Jacinto me dijo que había estado de charla con él.

-Bien, muy bien, es un muchacho de lo más agradable.

-Al principio nos parecieron muy sospechosas tantas preguntas,

pero parece ser que es gente de ley.

-Sí, yo también lo creo.

¿Quién es ese Julio?

-Un muchacho que llegó al barrio preguntando

por doña Bellita y ustedes.

¿No será un periodista que viene a husmear?

Eso mismo dijo mi Jacinto.

-No te desasosiegues por él.

Es un joven que está a punto de licenciarse en el Ejército

y admirador de Bellita.

-¿Tan joven? -(ASIENTE)

Es de Almería, y lleva toda la vida escuchando historias

de la gran Bellita del Campo.

Tiene un salero y un deje, que me recuerda a tu padre,

era como oír hablar a don Jose.

¿Y qué es lo que quiere? Nada, solo saber de tus padres.

Yo, para contentarle, le prometí un retrato firmado por Bellita.

¿Crees que podrás conseguirlo?

Sí, no creo que mi madre se oponga.

Hablaré con ella.

-Seguro que le hace mucha ilusión al muchacho.

Que buenas son las dos, más que el pan tierno.

Con Dios. Con Dios.

-¿Seguimos el paseo? Sí.

No sé qué hacer para que me hagas caso, no puedes seguir así.

No puedo dejar a Marcia en la estacada

después de haberme comprometido.

¿No comprendes que eso me hace mucho daño?

Una inocente puede ir al patíbulo,

me parece suficiente razón para que siga adelante.

Hay muchos abogados, deja que se encargue Velasco.

No son tan buenos como yo.

Estoy en boca de las vecinas, todo el barrio se vuelve

y cuchichea cuando me ve pasar por la calle.

Ya sabes como son, siempre están criticando.

Es terrible lo que dicen y yo no he parado de defenderte,

he tenido que fingir que tu decisión me importa muy poco.

Por favor, detén esto de una vez.

Das demasiada importancia a las habladurías,

siempre habrá alguien que critique. Este barrio es así.

Pero es donde vivimos,

te lo suplico una vez más, déjalo.

Es mi obligación como abogado y no pienso renunciar a ella.

Tengo que ayudar a alguien que no se merece lo que le está pasando

y a quien tengo en alta estima.

Puedes ayudar a Marcia sin comprometerte de esta forma.

Mira, es la segunda vez que me cuestionas por haber cogido el caso

y, voy a permitir que te metas en mis asuntos profesionales.

¿Ni siquiera cuando sea tu esposa? Ni siquiera entonces.

Vete haciendo a la idea.

¡Basta ya de pretextos!

Esto no es un asunto profesional y tú bien lo sabes.

Hay mucho más. ¡No te consiento ese tono!

Respeta mi opinión entonces. Mira,...

si no puedes entender mi decisión y apoyarme en estos momentos,

quizá me haya equivocado de persona.

¿Qué quieres decir?

Que quizás no sea propicio ir al altar con alguien que es incapaz

de ayudarme en estos momentos.

No puedo creer que me digas esto.

¿Estás pensando en anular la boda?

Tengo mucho trabajo.

El caso de Marcia es complicado

y tengo que revisar la documentación.

Por supuesto.

Dedícale a ella todo el tiempo que precise,

no te molesto más.

Don Felipe, que es un abogao como ninguno y una persona fetén,

ha lograo que el comisario nos deje ir a ver a Marcia a la cárcel.

-Lo que no consiga él, no lo consigue nadie.

Menudo pico de oro.

-Tenemos que organizarnos para ver a qué hora nos viene bien a todos.

-Yo prefiero a mediodía,

que ya he despachao los periódicos y no me han llegao los de la tarde.

-Yo a mediodía no puedo,

después de comer dedico un rato meditar

y me echo una cabezadita como buen patriota que soy,

no sea que la nación me llame en un caso extremo.

-(RÍE) -Ya.

Lo que Servando quiere decir es que de tres a cuatro

se echa una siesta de pijama y orinal.

-A mí tampoco me viene mu bien a mediodía,

a esa hora hay mucho trajín en la portería,

entre los que viene a comer y los que pasean pa bajar el condumio...

-(RÍE)

-Sí que me están poniendo pegas, a este paso voy a ir yo sola.

-No se coja el carro de las chufas, Fabiana,

podemos quedar de cuatro a cinco,

a esa hora yo ya me habré echado mi cabezadita,

Jacinto habrá vigilado el portal

y Marcelina podrá vender los periódicos vespertinos.

-A mí me parece de fábula, aunque se le haya ocurrido a Servando.

-Es que yo utilizo la cabeza para pensar,

no solo para llevar la gorra.

-(SE BURLA) -¡Ya está bien!

Quedamos a las cuatro y que nadie se retrase.

Yo apartaré un puchero del guiso de judías

que he hice para llevárselo a Marcia.

-¿Y cree que tendremos comida suficiente para todos?

-No sea egoísta, hombre,

seguro que la pobre Marcia está comiendo fatal en la cárcel.

-Eso es cierto, no creo que le den muchas exquisiteces.

-Seguro que come mejor que cuando estaba en su país explotaba

por ese maldito cauchero.

-Pobre mujer, ha salido de la sartén para caer en las brasas.

-Es verdad,

con todas las penurias que ha pasao en su tierra,

y viene aquí pa que la metan en la cárcel.

-¿A quién han metido en la cárcel?

He recibido su citación,

aquí me tiene.

-Le agradezco que haya venido. -No hay de qué.

¿Qué quiere de mí?

¿Por qué me ha citado aquí?

Podríamos haber ido a su restaurante o a mi estudio.

-Quería que esta charla la tuviéramos en un lugar...

¿Cómo decirlo? Neutral.

-¿"Neutral"?

-Se trata de algo especial.

-Yo pienso que sí lo es.

Espero que no le moleste haberla traído aquí.

-No, no tengo ningún inconveniente,

pero se me hace raro.

No sé de qué me quiere hablar.

-Ya me figuro que no se esperaba esto.

-Créame, para mí es difícil dar este paso.

-Sosiéguese, la encuentro muy alterada.

¿Ha ocurrido algo de enjundia?

-No, estoy bien, solo preciso que me escuche.

-Por supuesto.

Dígame de qué se trata, estamos en confianza.

No esperábamos que regresara tan pronto.

-He adelantado un poco la vuelta.

-¿Cómo la trata este 1914 que acabamos de estrenar?

-Me voy defendiendo.

-Natural, apenas llevamos unos días.

A ver cómo se porta el año en verano.

-Pues bien, ¿cómo se va a portar? No seas agorero, Jacinto.

-¿Cómo se encuentra su hermana?

¿Matilde era como se llamaba? -¿Ha venido en tren o en carromato?

-¿Qué se cuentan por esos pueblos?

¿Atan a los perros con longanizas o andan achuchaos?

-Templen un poco, me agobian con tanta pregunta.

-Que teníamos muchas ganas de verla.

-Y yo a ustedes,

les he echado mucho de menos.

-Le puedo decir lo mismo.

-¿Y Casilda, está en casa de su señora?

-No. Le tocaron unas perras en la lotería y se ha ido a ver mundo.

-Como me alegro por ella,

ya era tiempo de que tuviera algo de suerte esa chiquilla.

-A nosotros también nos ha tocao un pellizco.

-¿Y Arantxa, como está?

-Muy atareada, Agustina.

Su señora ha estado a punto de entregar la pelleja

y ella no se puede mover de su lado.

-Pobre doña Bellita. ¿Ahora está bien?

-No, no, ahora ya está mejorando, pero ha sido una tragedia.

Una amiga suya la quiso envenenar.

-Jesús.

-Y mi señor, ¿cómo está? Aún no me he pasado por la casa.

¿Está ya recuperado?

-Sí, completamente y dando guerra.

Sí. Además, está defendiendo a Marcia,

que está presa acusada de asesinato.

-Pues sí que han pasado cosas en mi ausencia.

¿A quién dicen que ha matado?

-(CARRASPEA)

-¿Qué pasa?

¿Por qué no me contestan?

-Acusan a Marcia de haber matado a Úrsula.

-¿A Úrsula?

Oh...

¿Úrsula muerta?

¿Por qué iba ella a hacer algo así?

No puede ser.

-No se apure, que don Felipe va a resolver el caso y saldrá libre.

-No creo que a doña Genoveva le parezca muy bien todo eso.

Pobre Marcia,

esa mujer no levanta cabeza.

-Agustina, tenemos permiso para ir a ver a Marcia a la cárcel.

Si quiere, puede acompañarnos.

-Lo lamento, pero no me parece oportuno.

Han sido muchos días fuera y no es menester que me ausente.

-Mujer, día arriba o día abajo, nadie se lo va a echar en cara.

-Ya lo sé, pero he de retomar mis labores.

Denle saludos de mi parte a Marcia y mis mejores deseos.

Voy a llevar mis cosas y a presentarme a mis señores.

-Deje, Agustina, ya le llevo yo el macuto.

-Se lo agradezco, Jacinto.

Pero ¿qué lleva usted aquí dentro?

No hay moros en la costa.

La bata.

(HABLA EN FRANCÉS)

(RÍE)

Sí, bueno, mi obra... Ay, centrémonos.

A ver qué pinta la pintamonas.

Oh... Pero si no está nada mal este bodegón,

me gusta.

Podría ser mío.

-Rosina, ¿qué haces aquí?

-Esto no es lo que parece. No soy una ladrona.

-De eso tengo mis dudas.

¿Quiere un cese de hostilidades?

-(ASIENTE)

-Ni que estuviéramos en una guerra.

Ya sé que suena algo tremendo,

pero mi intención es buena.

Sé que hemos tenido varios choques.

-Sí, la verdad es que usted y yo no estamos de acuerdo en casi nada.

-Pero eso no debe de ser un impedimento

para que nos llevemos bien.

-Yo he intentado que nos llevemos bien,

pero usted ha puesto impedimentos.

-Tiene razón,

pero la situación ha cambiado,

y quiero normalizar nuestra relación por el bien de mi hija.

-Desde luego.

Camino es una muchacha extraordinaria

y se merece nuestro apoyo. -Lo es.

sé que Camino le aprecia mucho a usted

y soy consciente de la pasión que ella siente por el arte.

-Sí, y también tiene un talento extraordinario.

-También me he dado cuenta que desde el principio,

usted ha mostrado mucho interés por ella.

-Siempre he querido lo mejor para Camino.

-Por eso quiero decirle...

que a partir de ahora, puede entrar en mi restaurante cuando desee.

Será bienvenida.

-Se lo agradezco mucho, doña Felicia.

-Pero...

¿Qué le ha hecho cambiar de opinión?

He comprendido que usted no es una mala influencia para ella.

Mi hija está cambiando,

cada día es más obediente y está yendo por el camino correcto,

no tiene sentido que yo cuestione sus amistades.

No sabe usted lo feliz que me hace escuchar esto.

-Con Dios.

-Con Dios.

Sigo esperando que me des una explicación coherente

sobre lo que hacías aquí.

-¿Qué quieres que haga?

Comprobar que la inquilina cuida de nuestra posesión.

Lo que haría cualquier casera.

-Sería la primera vez que te preocupas de nuestros negocios.

-¿Cómo dices eso? Eso no es cierto.

Siempre me ha interesado el bien de nuestras pertenencias.

¿Te has fijado en las manchas de pintura que hay en el suelo?

Este estudio no se lo alquilamos a nadie.

Déjate de pamplinas ¡y dime la verdad!

¿Qué estás haciendo aquí?

-¡Pues ver los cuadros de la pintamonas!

-¡Eres una cotilla!

¡Con el tiempo te vas superando!

-No soy ninguna cotilla, Liberto,

¡tengo derecho, como propietaria de la galería,

a ver lo que se va a exponer en mi local!

-No me puedo creer que seas tan cabezota.

¡¿No vas a respetas mis decisiones?!

-Siempre lo he hecho, pero quiero comprobar

que no cometes un error de bulto.

No sé... -¿Tan poco confías en mí?

-Claro que confío, siempre lo he hecho.

¡Pero yo entiendo más de arte que he sido pintora!

-¡Me da igual lo que pienses, estos cuadros se van a exponer

porque me da la gana y punto redondo!

¡Te tiene nublado el entendimiento,

ya veremos lo que colgamos en las paredes!

-¡Voy a colgar lo que me dé la gana y a ti te va a parecer bien!

-Eres un tirano, siempre me dejas al margen.

En este matrimonio no tengo ni voz, ni voto.

-(RESOPLA)

"Por supuesto que sí. ¿Sabe?".

Hay una nueva ciencia llamada dactiloscopia,

que se utiliza en los juicios.

Se puede demostrar que ese arma fue la que disparó contra Úrsula

y que la empuñaba usted. No, eso no es posible.

Le aseguro que es posible, lo aprendí en mi paso por la cárcel.

Esa ciencia...

la llevará directamente al verdugo.

Javier Velasco, le ruego que venga a mi casa cuanto antes,

hemos de tratar un asunto de suma importancia.

Si no puedes entender mi decisión y apoyarme en estos momentos,

quizá me esté equivocando de persona.

¿Qué quieres decir?

Que quizá no sea propicio llegar al altar con una mujer

que es incapaz de apoyar mis decisiones.

¿Estás pensando anular la boda?

¿Qué le ocurre? ¿Está bien, señora?

Agustina, no sabía que había vuelto.

¿Puedo solucionar sus asuntos?

No es momento de hablar de eso, señora.

Dígame,

¿a qué tantas lágrimas?

No se preocupe, estoy bien.

Déjame sola, por favor.

¿Quiere que le prepare una tila?

No, márchese.

(LLORA)

(RÍE)

Buenos días. -Por que usted lo diga.

-Pues anda que tú...

Don Antoñito.

Don Antoñito.

Que ya he encargado el escudo, en pergamino,

con letras de oro, todo un lujo, va a quedar de fábula.

-Eso te va a costar un dinero.

-Pero merece la pena,

no voy a escatimar en el escudo de armas de uno.

-¿Sabe si lo que le van a mandar se corresponde con la realidad?

Igual se lo inventan y tú te quedas tan contento.

-De eso nada, que han investigado sobre mis antepasados.

-Tienes ancestros nobles.

-Hombre, cómo no lo voy a tener.

Tengo uno, concretamente, que sirvió al rey don Favila,

cuando se lo comió el oso.

-Eso no resulta muy heroico.

-El hombre hizo lo que pudo, pero el oso era muy grande.

Bueno, tengo otro también,

que estuvo luchando en la batalla de Lepanto, perdió un brazo.

El manco de Lepanto le llamaron.

-O sea, que también desciendes de Cervantes.

-Aparte del escritor, en esa batalla hubo mucho lisiao.

Y mi bisabuelo...

luchó codo con codo con Daioz y Velarde contra los franceses.

Le iban a poner en la estatua que tiene en Madrid,

pero es que ya tres se les hacía muy grande.

-Desde luego es una familia repleta de héroes,

lo que me extraña es que no hayas hecho nada digno

de semejante estirpe.

-Deme tiempo, que de casta le viene al galgo.

Y un bisabuelo mío

aconsejó a Isabel la Católica para que le pagara el viaje a Colón,

De no ser por él, no se habrían descubierto las Américas.

-(OLISQUEA)

A mí todo esto me huele a camelo. ¿Dónde pone todo eso que ha dicho?

-¡Qué atrevida es la ignorancia!

En los libros, en muchos libros.

Vete a una biblioteca, vete, vete.

-Pa mí que se lo está inventando.

Yo he hablao con el párroco de mi pueblo,

y ese sí que sabe de dónde vienen mis ancestros.

-¿Y qué eran, todos eran pastores?

-No, tengo un tatara... tatarabuelo que luchó en la reconquista

y fue nombrado caballero.

Hasta escudo de armas que tiene mi familia.

-Ya sé cuál es:

dos escobas cruzadas sobre un campo de bayetas.

-Cuidao, que a mis ancestros no se les falta al respeto.

Ya verá cuando me traigan el escudo.

-Que será una chufa.

-Uy.

-Por qué no os tranquilizáis,

igual no merece la pena discutir por esto.

-Tiene usted razón, don Antoñito, no merece la pena.

Mañana veremos cuál de los dos escudos es más noble.

-Y más verdadero. -Eso.

(AMBOS) No merece ni la pena, hombre.

-Vaya dos grandes de España, madre mía.

Le estoy dando vueltas a una cosa y tengo que decirlo ya.

¿Se encuentra peor, madre?

No, no, estoy bien.

Es Jose el que me turba.

-¿Yo?

Espero no haber hecho nada inconveniente,

lo último que quiero es contrariarte, ángel mío.

-No, todo lo contrario.

Me preocupa que hayas rechazado la oferta de Edgar Golden,

me hace sentir muy culpable.

-No te apures por eso.

La cosa no era tan fabulosa como la pintaba,

no merecía la pena hacer un viaje tan largo para tan poca cosa.

Jose, antes se coge a un mentiroso que a un cojo,

y yo a ti te tengo muy calado, haz no me mientas.

-Como se nota, no se te escapa una.

-Claro, chiquillo.

¿Cómo no va a ser importante ir al Hollywood ese?

Todos los que hacen películas se están marchando para allá.

Eso es cierto, con el tiempo,

todo el cine que veamos saldrá de allí.

-Es posible, pero los actores de verdad hacen teatro,

es mucho más noble la interpretación teatral.

-Pero te ve menos gente y se ganan cuatro perras.

Créeme, el cine es el futuro, Jose.

-Pamplinas,

si ni siquiera se nos escucha hablar,

ese invento tiene los días contados.

Usted sabe tan bien como nosotras que eso no es cierto.

Qué pesadas.

¿Y si míster Golden sale rana como el Carchano?

No nos ha ido muy bien con los productores de cine.

-Bueno, hijo, solo hemos conocido a dos y uno no parece malo.

-Da igual.

A mí no se me ha perdido nada en América,

estoy mucho mejor aquí con mi esposa y con mi hija.

Cuidar de vosotras es lo mejor que puedo hacer.

Y se ha acabado.

-"Ozú".

Para mí que lo de tu padre es todo fachada

y se siente muy mal por perder esta oportunidad.

No va a tener otra igual.

Si yo no hubiera estado convaleciente,

nos podíamos haber ido todos a hacer fortuna a los EE. UU..

Hubiera sido una gran oportunidad para los tres,

pero si padre ha decidido quedarse,

es porque considera que es lo mejor.

Pero no pa él.

Esto es una gran demostración del amor que le tiene.

Así es, soy una mujer muy afortunada.

Lo que ha de hacer es poner toda su energía en curarse

para poder salir pronto a la calle y hacer vida normal.

-Hija, no sabes cómo deseo sentirme bien para poder salir a pasear

y sentir el aire en la cara,

aquí me estoy poniendo rancia con tanto encierro.

Y darme consejos, cuando decida cuál será mi próxima actuación.

De eso puedes estar segura,

puedes contar con mi ayuda en cuanto esta salud me lo permita.

Que será muy pronto, ya verá.

Por cierto,

me ha dicho Emilio que hay un chico que le ha rogado

que le consiga un retrato firmado por usted y por padre.

¿Por los dos? Sí, es que es paisano de él

y le hace mucha ilusión. Ay,...

te firmaré encantada lo que me pides,

que hace tiempo que no escribo ninguna dedicatoria.

Luego le pediré a padre que lo firme.

¿Qué te ocurre, Arantxa? Estás muy seria.

No me pasa nada, estoy trabajando.

Llevas un tiempo que no dices ni chus ni mus

y tú eres muy de meterte en las conversaciones.

-Será que no tengo nada que decir.

-Uy, esta.

Le agradezco que me ayude con las compras.

-Yo con tal de gozar de su compañía, le llevaría muchos bultos más.

-Es muy galante.

-Solo digo lo que pienso,

es una delicia estar aquí charlando con usted.

-Tengo que darle las gracias por una cosa,

me ha venido muy bien que elogiara mi trabajo como pintora

delante de mi madre.

-Es que, su obra lo merece. Camino, tiene mucho talento.

Lástima que mi madre no piense igual.

Desea que abandone mi pasión

y pone todo tipo de trabas para que deje los pinceles.

-Nunca me opondría a que mi esposa tuviera inquietudes artísticas.

El amor por la pintura

es un signo de educación y cultura,

y eso me resulta muy atractivo en una mujer.

Me alegro que se iniciara en este arte.

-He tenido una gran maestra,

una pintora excepcional y que vino de París a vivir en esta ciudad.

-Me gustaría conocerla, París es la Meca del arte.

Seguro que tiene una conversación interesante.

-Pronto va a inaugurar una muestra de su obra en una galería

que va a abrir un amigo. Tal vez pueda acudir al evento.

-Por supuesto que sí,

me encantaría conocer a esa persona.

-Allí se la presentaré.

-Seguro que es tan interesante como usted.

-No, mucho más, yo a su lado soy una pueblerina.

Podría decírselo a su abuelo si lo desea,

tal vez le interese alguna obra.

-Sí, es una buena idea. Mi abuelo es un amante del arte,

aunque me temo que su gusto por la pintura es más clásico,

en su palacio tiene cuadros de Murillo y de Goya.

-Puede ser una buena ocasión para que descubra nuevos estilos.

Maite, mi profesora, ha recibido varios premios en Francia,

no le decepcionará.

-No me diga más, pondré todo mi empeño en convencerle.

Además,

es un buen momento para que le presente a usted y a su familia.

-Estaré encantada de conocerle, será todo un honor.

-Verá como se lleva más de un cuadro para su colección.

Sería muy buena publicidad para mi maestra

y para los dueños de la galería.

Es usted un sol.

-No, es usted quien ilumina con su dulzura toda esta calle.

-Vamos dentro.

¿Cómo has pasado la noche?

Mal, me metieron a una presa nueva en la celda,

me miraba de la forma más torva,

apenas habló.

-¿Te hizo algo?

-No, pero desconfío de ella.

Temo que la haya enviado Andrade para matarme.

-No, sosiégate, eso es imposible, ese hombre sigue inconsciente.

-No puedo relajarme, desconfío de todo el mundo.

-Debes estar tranquila, nadie quiere hacerte daño, al contrario,

todo el mundo te quiere

y está deseando que salgas de aquí cuanto antes.

-Lo sé.

¿Cómo están todos por el barrio? Les echo de menos.

-Eso tiene fácil arreglo,

ahora mismo les vas a ver.

El Comisario ha permitido que te vengan a visitar.

-Fabiana.

(MARCIA LLORA)

Servando.

-¿Cómo estás, chiquilla?

-Ahora que les veo, mucho mejor.

-¡Qué lástima verte entre estas cuatro paredes!

-Daria cualquier cosa por estar de vuelta en Acacias.

-Pronto te van a sacar de aquí.

-Tampoco está tan mal, tiene comida y cama gratis.

-No diga enormidades Servando,

estar aquí no tiene que ser bueno pa nadie.

-¿Están todos bien por el barrio?

-Sí, sí, como rosas.

Cesáreo y Aranxta te mandan sus saludos,

el uno no pudo venir por tener ronda

y la otra, por cuidar de su señora, que está mejor,

pero precisa de sus servicios.

-Hija, te he traído un guiso,

que la comida de aquí no tiene que ser buena ni para las bestias.

-Yo unas revistas,

y un paquete con provisiones que nos ha dao Lolita.

Todos estamos mu preocupaos por ti.

-Son muy buenos conmigo.

-Pa eso están las amigas, para ayudarnos en lo que sea menester.

-Les juro que yo no he hecho nada. Soy inocente, esto es un error.

-Claro que sí.

No tienes que jurar nada,

todos sabemos que eres más inocente que un niño de pecho, hija.

-Ojalá la policía me creyera como lo hacen ustedes.

-No desesperes, chiquilla,

que ya verás como antes de que te des cuenta,

estás fuera de aquí.

-sí. Has de ver como la verdad se abre paso

y esto solo va a ser un mal sueño.

Al final he tenido que rechazar la oferta del señor Golden.

-Es una pena, era una oportunidad de oro

para seguir con su carrera de actor,

las películas que hacen allí llegan a todo el mundo.

-Lo sé muy bien, pero hay cosas más importantes en esta vida

que el éxito y la riqueza.

-Me cuesta averiguar cuáles.

-No se haga el duro, usted haría lo mismo que yo,

quedarse con su familia.

-Veo que me conoce bien.

-Ya llevo un tiempo en el barrio

y se ve a la legua que usted es un hombre de bien.

-Le agradezco el cumplido.

Si yo me viera en un brete similar al suyo,

elegiría estar cerca de la familia,

y más ahora, que voy a tener a un nieto en breve.

-Eso mismo he pensado yo, que me compensa estar junto a mi esposa.

-Por experiencia propia le digo

que por la familia se hace lo que sea menester.

Hasta mi hijo lo va comprendiendo, y eso que todavía no es padre.

Lo que le ha pasado a mi mujer me ha dado que pensar,

el tiempo que tenemos en este mundo es muy breve,

y no quiero malgastarlo lejos de ella.

-Ya. Yo he tenido épocas en las que antepuse los negocios a la familia,

y... las recuerdo como las más tristes de mi vida.

-¿A que ahora no cometería ese error?

-Por supuesto que no, será que la edad nos hace más sabios.

-Seguramente.

Hace 20 años,

ante una oferta como la del señor Golden,

hubiera corrido como un pollo sin cabeza.

Ahora sé lo que me juego,

y no quiero perder ni un minuto de estar con mi Bellita.

-Tiene usted razón,

no hay mayor felicidad que la que se encuentra en la familia.

Y ahora le dejo, que de tanto hablar del tema,

me han entrado ganas de pasar un rato con mi esposa.

-Sí, a mí también. Pero antes he de resolver un asunto.

-Con Dios, don Jose. -Con Dios, don Ramón.

¿Qué haces tú?

¿Crees que no me he dado cuenta de que llevas un rato espiándome?

¿Qué buscas? -Suélteme, que me hace daño.

-No hasta que no me digas por qué me estás siguiendo, ¡venga!

¡Venga!

Me alegro de tenerla de vuelta.

Ya íbamos necesitando a alguien que se ocupara de la casa.

Le prometo al señor que le voy a compensar

por el tiempo que he estado ausente.

No se apure por eso, me basta con que se ocupe de sus quehaceres.

El señor es muy amable conmigo,

otro ya habría buscado a otra criada de sustituta.

Ese no es mi talante, ni el de doña Genoveva.

Le tengo mucho aprecio. Cuente con mi confianza.

Y no quiero aprovecharme de ello,

pero si me permite decirle algo,

he visto muy decaída a la señora.

Sé que no es asunto mío,

pero si usted tuviera a bien hablar con ella,

la pobre estaba llorando como una Magdalena.

En eso tiene razón, no es asunto suyo.

Discúlpeme, señor,

solo quería decirle lo que estaba pasando.

Sé muy bien lo que pasa y por qué mi prometida está de ese ánimo,

pero unas lágrimas no me harán cambiar de opinión.

Yo diría que es algo más que unas lágrimas.

¡Ya está bien!

Mire, si quiere compensarme por su ausencia,

ya sabe lo que tiene que hacer, volver al trabajo

y no meterse donde no la llaman.

¿Lo ha entendido?

Perfectamente, señor. Muy bien.

Le he preguntado por su viaje y no me contestó.

Entendí que no quería hablar del asunto,

así que no he indagado en los detalles por discreción.

Y yo se lo agradezco de corazón.

Pues haga exactamente lo mismo conmigo.

Soy su señor, no su hijo.

Le ruego que me perdone,

si me he atrevido a tanto, es por el aprecio que les tengo.

Agustina,...

yo también le tengo afecto,

pero cada uno debe de estar en su sitio.

Le prometo que no voy a volver a meterme en sus asuntos.

Esto no volverá a pasar.

(Puerta)

El comisario quiere verle, señor. Déjenos solos.

Comisario, ¿qué le trae por aquí?

Qué va a ser, el asunto de Marcia.

Le tengo que agradecer que dejara al servicio entrar a visitarla.

Tuve que intervenir para que los guardias no les echaran.

Estará mucho más animada.

Sí, supongo que sí,

pero no he venido a hablar de las visitas a la presa.

Ya me imagino.

¿Qué ocurre?

Vengo a informarle de que el proceso sigue adelante,

Marcia va a pasar a disposición judicial.

Cinta, cariño, es para ti.

¿Un telegrama?

-Me pones nerviosa, que los telegramas dan muy mal fario.

Marcia es pobre y extranjera,

el tribunal no perderá el tiempo y la condenará.

¡Pagará por algo que no ha hecho!

(HABLA EN EUSKERA)

(HABLA EN EUSKERA)

Felipe, hágase a un lado.

Búsquele a Marcia un letrado que acepte los procedimientos

de forma objetiva.

Será lo mejor para ella.

Y también lo mejor para usted.

-"¿Y el beso de esta mañana?".

-¿Qué beso? -Camino, por el amor de Dios.

Me prometiste que me ibas a sacar de aquí.

-A cualquier precio, ¿no?

-Sí. -Eso es lo que voy a hacer.

Mi promesa sigue en pie.

La noto mustia, ¿no será morriña de su tierra?

-¿Me hace un favor? -Sí, y dos, claro.

-Déjeme sola, tengo muchas cosas en las que pensar.

-"¿En qué puedo servirle?".

Tengo un encargo para usted.

Su ejecución no es muy complicada.

Es algo similar a lo que ya tuvo ocasión de ejecutar para mí.

Fuiste tú la que me empujó a dejarme cortejar por otros hombres,

aparentar.

-A ti te gusta ese soldadito, ¿o no?

-Sí, me gusta. Me gusta, de acuerdo, ¿y qué?

En el teatro, a fuerza de ponerme pesado, me dieron esto.

Un retrato del colosal Jose Domínguez.

"Quiero que me lo firme usted, si no es mucho pedir".

-"Sí, hombre, claro que sí".

"Esto te lo firmo yo y te lo rubrico".

-"Este mozo trae una carta".

Es de Marcia.

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Acacias 38 - Capítulo 1179

15 ene 2020

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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