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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1170 - ver ahora
Transcripción completa

Vaya eligiendo vestido negro para el entierro.

Mañana, esa mujer despreciable estará en el infierno.

Usted paga y yo cumplo.

Te quiero, morena,

siempre te he querido y siempre te querré.

Tú único afán es encontrarte mañana a las cinco en el cruce de Montejo.

¿Ya ha citado a Úrsula? Allí estará.

¿Qué cree Úrsula que hará en ese cruce de caminos?

Recibir un donativo para su congregación.

Es posible que no le haya creído.

Pero irá.

No resistirá la tentación de saber qué estoy tramando.

Haz lo que tengas que hacer.

Haz lo que yo te he enseñado.

¿Cuándo estrenas?

Estoy pensando en retrasarlo.

No. ¡Ni se te ocurra!

Sigo buscando algo para alegrar a Arantxa y a sus señores,

pero no se me ocurre nada.

-¿Y... si se me ocurre a mí?

-Ave María purísima. -No podemos seguir.

-Tú no quieres eso.

-¿Y qué más da lo que yo quiera?

Cada vez que bailes en el escenario,

yo estaré contigo.

Y no te olvides...

En los ojos, fuego,

en la cintura, el mar

y esas manos...

volando como palomas.

El hombre que duerme con Marcia... no es su marido.

Fue... doña Genoveva...

quien a través de César Andrade, trajo ese intruso

para alejarle a usted de la muchacha.

-"Mañana salgo hacia París".

-Que tengas suerte allí y encuentres el amor.

Santiago

no solo se acuesta con Marcia,

También lo ha hecho con doña Genoveva.

Puede que hasta sea de ese muerto de hambre

el hijo que espera.

(GRITA)

¿Has perdido el oremus? Nunca he estado más cuerdo.

¡¿Qué estás haciendo?!

¡Simplemente justicia!

Así no, te lo ruego.

¿No ves que te buscarás la ruina? Piensa en nuestro hijo.

(GRITA)

¿Qué he estado a punto de hacer?

Levántese y salga de mi casa.

¡Vamos!

Hágalo o no respondo de sus actos.

Ya hablaremos más tarde.

No te reconozco, tú no eres un asesino.

¿Se puede saber qué ha sucedido?

Genoveva,

¿es cierto?

¿De qué me hablas?

¿Lo que ha venido a decirme Úrsula

es verdad o...

solo una sarta de mentiras?

Porque si esas acusaciones son ciertas,

quiero que salgas de mi casa y que te alejes para siempre de mí.

Felipe, ¿qué es lo que te ha contado?

(Sintonía de "Acacias 38")

¿Cómo puedes haber creído semejantes barbaries?

¿Entonces es mentira? ¡Por supuesto!

Y me indigna que puedas dudarlo. ¿Por quién me tomas?

Ni hice venir al marido de Marcia desde el Brasil

ni me he acostado con ese muerto de hambre.

Todo es fruto de su lengua venenosa.

¿Tampoco sabías que se trataba de un impostor?

¿Cómo iba a saberlo?

Además, viniendo de quien viene, dudo mucho que sea verdad.

¿Qué sentido tendría que se estuviese haciendo pasar por otro?

¿No te das cuenta, amor mío?

Esa víbora se ha inventado esas calumnias para buscar mi perdición.

¿Por qué motivo?

Por el único que le mueve, la venganza.

Esa mujer es el demonio, tú mismo me lo has dicho mil veces.

Entiendo que perdieras el juicio,

y quisieras acabar con ella de una vez por todas.

¿Aún dudas?

Tienes que creerme.

Te juro por lo más sagrado que digo la verdad,

por la vida de nuestro hijo.

Olvida esas insidias,

no dejes que Úrsula se salga con la suya,

que siembre la discordia en nuestras vidas.

Tienes razón.

Discúlpame.

No sé cómo he podido creer a esa bruja.

Camino, qué alegría verte.

De hecho, te estaba buscando.

Tenemos que hablar. -Ahora no, Cesáreo.

-¿Y esa cara de tristeza, qué te sucede?

-Nada que sea de su incumbencia.

Camino,...

no podemos seguir así.

Me duele en el alma que andemos de uñas.

-Haber actuado de otra manera.

-¿Vienes de ver a la pintora?

-Ya le he dicho que eso no le importa.

-Entiendo que sí. Por la cara que traes,

la misma que últimamente,

un semblante lleno de pena y preocupaciones.

¿Dónde está esa Camino alegre y feliz?

Estoy muy preocupado por ti. Por eso advertí a tu madre.

-¿Traicionando así mi confianza? -La intención era buena.

-De buenas intenciones está el infierno lleno.

Te lo ruego, Camino, perdóname si te he molestado.

No volverá a pasar.

Aunque te cueste creerlo, puedes confiar en mí.

Pase lo que pase, siempre seré tu amigo.

Habla con tanta sinceridad y cariño que,

no puedo estar enfadada mucho tiempo con usted.

No queda otra que perdonarle. -Te lo agradezco.

-Y tiene razón en que ando muy disgustada.

No comprendo por qué la gente piensa que es mejor ir

en contra de lo que uno siente.

¿Dónde quedan nuestros deseos

si solo tenemos en cuenta lo que nos conviene?

Por eso he de reconocerle que, en el fondo,

le agradezco que le contara a mi madre

que estaba contraviniendo sus deseos

y continuaba viendo a Maite a escondidas,

porque así me obligó a enfrentarme a la verdad.

¿Y sabe qué?

Doña Rosina nos contó

que un caballero se había enamorado perdidamente de una mujer

que no era su esposa.

-Doña Rosina es una experta en vidas ajenas.

-Esta historia, en particular, era muy interesante.

Decía que el caballero finalmente confesó a su esposa la verdad,

que no podía vivir en una mentira y tenía que seguir sus sentimientos.

-¿Y qué opinaron las señoras al respecto?

-Mi madre dijo que había actuado de forma alocada y estúpida.

Así juzga a aquellos que tienen la honestidad de luchar

por lo que aman.

-¿Y no compartes el criterio de tu madre?

-Claro que no, Cesáreo.

Yo lo que creo es que solo se vive una vez...

y que hay que luchar con uñas y dientes lo que uno siente y desea.

-Me asusta tu determinación, Camino.

Te veo muy decidida, pero no sé muy bien a qué.

José, me he quedado dormida.

-Bien hecho. Descansa, amor mío.

Cierra de nuevo los ojos.

-No, que cada vez que los cierro

me da miedo no poder volver a abrirlos de nuevo.

No te has apartado de mi lado en todo el día.

-Y no pienso hacerlo.

-Al menos, deberías comer algo.

-No. Ya me alimenta el verte, lucero mío.

-¿Qué hora es?

-Las ocho de la tarde.

-¿Las ocho? ¿Qué haces aquí?

¿Y tu función de teatro?

-No te preocupes por eso.

-Claro que lo hago. Has faltado por mi culpa.

-¿Y qué?

Un sustituto se está encargando de mi papel.

También he hablado con el señor Golden...

para decirle que, hasta que no estés curada,

nada se me ha perdido en Hollywood. -¿Te parecerá bonito?

¿Ese es el ejemplo que das a Cinta?

-Hija mía, siempre genio y figura.

-Y por lo visto, hasta la sepultura.

-Chist, no digas eso.

-¿Por qué no, José?

Los dos sabemos qué es lo que me espera.

-No. Tú te vas a curar.

Te vas a curar.

Esta familia necesita a su Bellita,...

tu carácter y temperamento.

-Claro, mi amor, me pondré bien.

No lo dudes.

Me preocupa, Cinta.

-No pienses ahora en eso.

-¿Y en qué voy a pensar si no es en los míos?

Tienes que convencerla para que debute,

no puede desaprovechar tal oportunidad.

(Música)

¿Y esa música?

¿Acaso estoy delirando por las fiebres?

-No, yo también la oigo.

-Señora, señor,

permítanme que les anuncie el debut de Cinta Domínguez.

Si les agrada, voy a cantarles la canción con la que debutaré mañana.

-¿Finalmente vas a actuar?

Me costará la vida, pero no fallaré a su voluntad.

¿Por qué va a ser la última? Claro que no,

porque es usted la más grande y porque la quiero con locura.

¿Dónde diantres se habrá metido?

(Puerta)

Llegas tarde.

No he podido venir antes. Mal hecho.

Nada puede ser más importante que esto.

¿Te ha visto alguien entrar?

No, he esperado a que el portero saliera.

¿Por qué tanta urgencia en verme?

No podemos hacerlo, Santiago.

¿El qué? Ya lo sabes.

Acabar con Úrsula.

Preguntaría por qué, pero lo cierto es que me da igual.

No soy ningún asesino

y sus palabras suenan a música celestial.

No te equivoques. No podemos hacerlo ahora.

Hemos de esperar.

Yo no puedo esperar, quiero marcharme.

Tendrás que posponer tu viaje.

Imposible. Entonces hagámoslo ya.

No me has oído. ¡No puede ser!

¿Por qué?

Úrsula se presentó en casa de Felipe y le contó todo.

¿Todo? Sin perder detalle.

Que fui yo quien te traje, que eres un impostor,

que hemos sido amantes. Maldita sea.

Espero haberle convencido de que eran invenciones.

¿Y aun así duda de que se lo hagamos pagar?

Si, después de esto, Úrsula aparece asesinada,

quizás Felipe lo relacione. Puede pensar que me he vengado

o que trato de evitar que le traiga pruebas

que demuestren sus palabras.

No puede ser.

Me estaría señalando como posible culpable.

Si dejamos a Úrsula viva,

terminará por demostrar que no mentía.

Úrsula viva es un peligro para los dos.

Felipe no la creerá capaz de haberla matado.

Las acusaciones de Úrsula quedarán como un desvarío,

y en poco tiempo nadie se acordará de esa mujer.

Tenemos que seguir con el plan, no hay duda.

(CASILDA SUSPIRA)

Prima, ¿qué, ya no te duele?

-Pues no, desde ayer que no me duele na.

-Pues sí que se hacen de rogar.

Una no puede estar to el día aquí en la calle.

-Se habrán quedao dormidos.

Llevan desde la madrugada haciendo los preparativos.

-Lo que no sé yo es cómo lo van a hacer,

porque cantan de pena.

-A saber qué se les habrá ocurrido.

-Pronto lo sabrá.

Mírenle, qué elegancia,

le queda como un guante. Sí que está resultón, Cesáreo.

-Agradecido.

-¿Y ese gramófono? -Nos lo ha prestao don Liberto.

¿Y pa qué es? -Bueno, ya lo veréis.

He tenido una brillante idea, bueno, como acostumbro.

Casilda, avisa a Arantxa pa que abra el balcón.

Rápido, que no hay tiempo. -Que sí.

-Se va a llenar to esto de curiosos. -Déjalos, Marcelina,

que se acerquen y disfruten de nuestro arte.

-Si es de eso, van a salir espantaos.

-Ya abren la ventana.

-Dele Servando, es la señal.

-(SERVANDO CARRASPEA)

(Música)

-Pero si no están cantando ellos.

-Mejor, Lolita, mucho mejor.

-¡Bravo!

(Aplausos y vítores)

-Qué arte, aunque no sea el de ellos.

-¡Bravo, bravo, bravo!

-¿Le ha gustado, Arantxa?

Está dedicado a usted y a sus señores.

Para intentar animarles.

-Muchas gracias a todos, de verdad.

Muchas gracias, Cesáreo.

Yo... Mientras viva, no voy a olvidar esto, nunca.

(Aplausos)

Este.

Y este es el último.

¿Qué le parece, le gusta?

-No eran las pinturas que esperaba.

-Ya. Lo imaginaba, pero...

no me ha dicho si son o no de su agrado.

-No dudo de la calidad artística

ni de la maestría del trazo.

Son cuadros hermosos, muy bonitos

y llenos de delicadeza... -¿Pero?

En su expresión hay un pero.

-No sé si la temática elegida es apropiada para la exposición.

-Usted pidió inaugurar su galería con mi obra,

sin dar más señales.

-Y no quiero coartarla, créame,

pero entienda que me preocupe cómo reaccione la gente,

esto no es París.

-Lo sé.

Y sé que no son amables e inofensivos paisajes.

Pero como artista, necesito expresar lo que siento.

Y me agrada que no deje indiferente al espectador.

-Pues le doy la enhorabuena, porque le aseguro que estos cuadros

no dejarán indiferente a nadie.

-¿Se arrepiente de nuestro acuerdo?

-No,... sigo admirando su talento.

Pero temo que los posibles compradores no compartan mi opinión.

-No tema, don Liberto.

Conozco bien este mundo

y sé que son los críticos los que atraen a los compradores.

Ellos deciden lo que es bueno y lo que no lo es,

por eso no se les puede mostrar algo vulgar,

hay que epatarles.

-Por mi bien, espero que no se equivoque.

Es una pena que no pueda acompañarme.

-Lo siento, pero ya sabe que me es imposible.

Aquí tiene las llaves del estudio.

Ya tengo mis maletas preparadas,

mi tren sale en unas horas. -La echaremos de menos.

¿Tiene pensado si va a regresar a Acacias?

-No lo creo.

Mi vida en París absorbe todo mi tiempo.

¿Estás bien, Camino?

-Sí, madre, todo bien.

-Deberíamos aguardar a que estés más animada

para continuar con la búsqueda de un pretendiente.

-Como usted lo considere más adecuado.

-No te entiendo,

has pasado de rebelarte, a que todo te dé igual.

No me mires así, no estoy enfadada.

Estoy preocupada, te veo triste.

Emilio, hijo, ¿cómo está Bellita, cómo se encuentra?

-Muy mal, madre.

-Lamento escucharlo. ¿Y Cinta?

-No se aparta de su lecho.

Toda la familia está convencida de que estas son sus últimas horas.

-Si inevitablemente va a ocurrir tan terrible desenlace,

es mejor que sea cuanto antes.

Así se ahorrará sufrimiento.

Iré a preparar unas tilas. Las vamos a necesitar.

Debemos aquietarnos de cara al público.

En nuestro negocio, las penas hay que llevarlas por dentro.

-Camino,...

te agradezco que hayas arreglado las cosas con nuestra madre.

En este momento tan duro,

preciso de mi familia unida.

-Emilio,

¿tú harías cualquier cosa por Cinta, verdad, lo que fuera?

-Claro que sí. Es la persona a la que más quiero.

Pero ¿a qué viene eso ahora?

-No, por nada.

-¿Y ese beso?

-Emilio,...

quiero que sepas que siempre te apoyaré,...

que aunque nuestros caminos se separen

o me marchase a algún sitio...

-¿Qué estás diciendo?

Ninguno de los dos se va a ir a ninguna parte.

-Emilio, eres mi hermano

y siempre te querré.

No lo olvides.

(JOSÉ LLORA)

Discúlpenme, se lo ruego, me cuesta controlar mi pena.

-No pida perdón, José.

Le comprendo.

De hecho, su terrible situación también ha humedecido mis ojos.

Sé muy bien por lo que está pasando.

-Su dolor me ha recordado a mi Trini, mi amada esposa.

Pero no podemos perder la esperanza, don José.

Bellita es fuerte, saldrá adelante, ya lo verá.

-No, don Liberto,

le agradezco que trate de animarme, pero la suerte está echada.

-Eso solo Dios lo sabe.

-También lo saben los médicos.

Ya debería haber dado muestras de que el antídoto está funcionando.

Aunque ante ella trate de parecer fuerte,

no vale de nada engañarse. Tiene las horas contadas.

Mi amada esposa va a dejarme y yo no puedo hacer nada.

-Sí, rezar por ella.

-Ya lo hago,

y también le pido a la virgen que me dé fuerzas para ayudar a mi niña.

La pobre...

no podría debutar en peores condiciones.

-Malditos sean los canallas que la envenenaron.

Cuesta creer que haya tanta maldad en el mundo.

-¿Está seguro de que el antídoto ya no puede hacer efecto?

-Daban 48 horas para que mostrara mejoría,

y no solo no ha sido así, sino que ha empeorado.

¿Les puedo pedir un favor?

Apoyen a mi hija en su debut.

Yo no podré asistir al teatro

y me gustaría que, al menos,

se sienta arropada por nuestros amigos.

-Pues no sabe cuánto lo lamento, don José,

pero hay una tía de Rosina ingresada,

me temo que acompañaré a mi esposa al hospital.

-Yo acudiré, allí estaremos. Cuente con ello.

-Muchas gracias, don Ramón.

Nunca me hubiera imaginado que Bellita y yo

nos perderíamos el día más importante en la vida de Cinta.

Hola, cariño.

Ey, ey, ey, Lola, Lola, ¿qué haces? ¿Has perdido el oremus?

-Tan solo traía unos quesos pa la mantequería.

-Como si llevas ambrosía.

Estás embarazada y no puedes cargar peso, ya te lo he dicho.

-No estoy acostumbrá a faenar con tantos remilgos.

-Te tienes que acostumbrar a dejarte cuidar un poquito.

-Doña Lolita.

en el mostrador le he dejado un pedido que ha encargado doña Rosina.

Yo voy a llevar esta compra. -Sí, sí, ve.

Yo me encargo de la tienda. -Con mi ayuda.

-Que sí, vamos.

La cajita.

-San...

¿Estás bien? -Sí.

-Pareces preocupado. -Todo bien, no te inquietes.

Recuerda que hoy llegaré tarde.

Tengo la mudanza para la que me contrataron.

-Descuida, no lo he olvidado. Me alegra que te tengas trabajo.

¿Seguro qué estás bien?

-Sí, ya te he dicho que sí, ¿por qué insistes?

-No hemos vuelto a hablar de Cuba, con lo entusiasmado que estabas.

Pareces mohíno.

Y por las noches no dejas de moverte en la cama.

¿Han vuelto las pesadillas?

Antes de ayer nombraste a Úrsula en sueños.

Y anoche nombraste fue a Genoveva.

-Si parezco inquieto será por las ganas que tengo de irme

de una vez por todas. Irme... lejos,

junto a ti,

y dejar atrás a gentuza como esa.

-Pues será eso.

Te dejo, que tengo que entregar este pedido.

-Claro.

-Ten cuidado en el trabajo, no te lastimes.

Están esperando lo peor.

-No me digas.

Nunca pensé que la situación fuera tan desesperada.

Liberto, cuánta desgracia junta.

Pobre Bellita.

-Pues sí.

Al parecer, no hay esperanza para ella.

-Si es así, ya tendremos tiempo para llorarla.

Ahora debemos arreglarnos, mi tía nos necesita.

Casilda, ven de inmediato.

-¿Precisa algo, señora?

-Sí, que prepares nuestras ropas.

Vamos a visitar a mi tía al hospital.

¿No me has oído, muchacha?

-Sí, señora, perfectamente.

-¿Y a qué aguardas?

-Quería saber si ustedes han hablado ya de lo mío.

-¿Lo tuyo, dices? -Sí, de mi viaje.

Llevo dos días esperando respuesta.

-Es cierto.

Disculpa, sentimos no haberte dicho nada antes.

No vamos a darte permiso para que te marches a ningún sitio.

¿Qué te has creído? -¿Lo dice en serio?

¡Después de tantos sacrificios...!

¡Son ustedes unos...! -Para el carro, Casilda,

será mejor que no digas nada más, que todo era una broma.

-¿Una broma? -Sí,

mal pensada.

¿Cómo le vamos a negar algo así

a la persona que siempre ha estado con nosotros?

-Siempre nos has brindado una gran fidelidad.

-¿Y esto?

-Tu paga extra. -Y tu regalo de reyes,

no vengas luego con exigencias.

-Madre del amor hermoso.

¿Señora, usted está bien?

Esta generosidad no es propia de usted.

-Yo diciéndote lisonjas y tu criticándome.

Fuera de mi vista.

-Sí, sí, ya me voy.

Pero antes, permítame hacer una cosa.

Muchas gracias, señora.

Estoy casi lista, Genoveva.

(SANTIAGO) No me subestime, aún puedo hacer mucho daño.

Va a pagar haberme rechazado

cuando le propuse aliarnos contra Genoveva.

Le voy a dar

donde más le va a doler, en Marcia.

(LLORA)

Marcia Sampaio.

(Llaman)

Gracias por responder a mi aviso.

¿Qué puedo hacer por usted, hija mía?

Confesarme.

Preciso de confesión.

(CANTA EN EUSKERA)

Cesáreo, ¿qué hace todavía por aquí?

-Rondando la casa por si Arantxa precisara de algo.

-Descuide, si hace falta, iré a buscarlo.

-Gracias. Y también la ayuda con el villancico.

-Descuide, descuide.

A servidor le costó cuadrar los labios

con lo que cantaban esas voces, pero para compensar,

le di como sentimiento. -Y Servando también.

-Esperemos que haya servido pa llevar paz a esa familia.

Todos estamos muy disgustados.

Doña Bellita siempre ha sido quería en el barrio.

Sobre todo por Marcelina, que es su admiradora.

-La desgracia se ha cebado en esa casa.

-Hola, Cesáreo.

Que... he recibido la nota

en la que me decía que estaría por aquí por si le precisaba.

-¿Y es así?

-No, la verdad es que no, pero... Bueno, que quería agradecérselo.

-Ah.

-¡Ah, ah!

Que será mejor que siga barriendo por ahí, ¿eh?

-Quería agradecerle esto y todos sus desvelos.

Es usted un hombre maravilloso, Cesáreo.

-Usted se merece eso y mucho más.

Y sus señora de usted, ¿está bien?

-Igual, no reacciona al antídoto.

Ya no sé si algo le va a salvar a estas alturas.

La niña actuará siguiendo los deseos de su madre,

yo creo que va a triunfar.

-Pobrecilla, con que ánimo va a salir al escenario.

-Lo hará bien,

que para algo ha heredado la raza y el poderío de su madre.

Y yo estaré allí, junto a Emilio, apoyándola,

así que rezaré a todos los santos.

Y ahora debo dejarle.

Mi señor me ha pedido que le entregue dos entradas

a Fabiana y a Marcelina, que sabe que siempre han admirado

el arte de doña Bellita.

Yo creo que también apoyarán a su hija.

-Estarán encantadas de asistir.

Qué bueno es don José. -Ya lo creo.

Ojalá el señor impida que se quede viudo.

Voy hacia allí. -Le acompaño.

Tus pecados son muy graves, hija mía.

También es grande la misericordia de Nuestro Señor.

Solo si hay sincero arrepentimiento.

Y la penitencia debe ser acorde.

Espere a imponerla,... porque no he terminado.

¿Todavía tiene más pecados que purgar?

Solo Dios sabe lo que nos aguarda,

pero intuyo... que mi camino

no va a estar libre de faltas.

De nada sirve arrepentirse si vuelve a caer en la tentación.

Temo que no será fácil evitarla.

Padre,

hay una mujer que quiere acabar con mi vida

y necesito contárselo, por lo que pudiera ocurrir.

Genoveva, aguarda.

Menos mal que te encuentro. Temía no llegar.

Felipe, ¿sucede algo?

No, no te alarmes.

Le he mandado una nota a mi cliente para retrasar nuestra reunión.

¿Por qué motivo? Es claro,

para acompañarte a verte con las voluntarias y la condesa.

No, no, no es necesario.

No quiero que hagas sola un viaje tan largo.

Me preocupó que nadie pudiera acompañarte.

Pero... ¿Qué te ocurre?

¿No quieres te acompañe?

¿Cómo puedes pensar eso? Claro que quiero que vengas.

Lo has disimulado muy bien. Parecías disgustada.

Al contrario,

lo que estoy es sorprendida y emocionada.

No recordaba cuando alguien renunció a sus planes por cuidarme.

Llevas en tu vientre a mi hijo.

Quiero cuidar de ambos.

Aun así.

Don Felipe, disculpe.

Nota para usted.

El mozo aseguraba que era urgente.

Toma.

¿Sucede algo?

Nada, que parecen que se empeñan en cambiar mis planes.

Mi cliente insiste en vernos hoy.

Lamento no poder darle capricho. De ninguna manera.

Aunque me encantaría que vinieras conmigo,

no debes renunciar a tus deberes como abogado.

Estaré bien.

Cuidaré de mí y de nuestro hijo.

¿Estás segura?

Absolutamente. No temas.

Está bien. Te acompaño.

(Motor de coche)

Rezaré para que Dios acuda en su ayuda.

Aceptaré lo que Nuestro Señor disponga para mí.

Gracias, padre Anrubia por escucharme.

(Se cierra la puerta)

Llegó el momento.

El público se está impacientando. -Ay, amá,

pobre chiquilla, me temo que se está echando atrás.

Con la pena que tiene por su madre,

pues no está a lo que tiene que estar.

-¿Qué le pasará?

-Es sencillo adivinarlo, debe estar sufriendo por su madre.

-Algo marcha mal, señá Fabiana.

-Señor, da fuerzas a esa criatura pa que dé la talla

entre tanta desdicha.

(LLORA)

-Cinta, tu público te espera.

No puedo salir, Emilio, no puedo. Claro que puedes.

Hazlo por tu madre. Ella está ahora contigo.

(ASIENTE)

(Aplausos)

(Aplausos)

¿Quién me iba a decir que me costaría tanto marchar de Acacias?

Una parte de mi corazón se queda aquí.

Camino, ¿qué haces aquí? -Me disponía a llamar a la puerta.

-Tengo que marcharme, tengo prisa, mi tren está a punto de partir.

-Descuida, no me perdonaría que lo perdiéramos.

-¿"Perdiéramos"?

-Maite, me marcho contigo.

-No, no, no, eso es imposible.

-Te equivocas,

tengo el billete para París.

No puedes prohibirme que vaya donde quiera.

Ha venido Emilio a buscar a Cinta para acompañarla al teatro,

qué buena pareja hacían.

¿Me oyes?

Amor mío.

-Ole, mi niña. La más grande.

Eso es.

Recuerda,...

la barbilla, bien erguida,

y esas manos,...

que vuelen como palomas.

Eso es.

Ole.

-Tranquila, cariño, tranquila, la niña no está aquí con nosotros.

Ya habrá llegado al teatro.

Ha debido salir a escena ahora mismo.

La niña lo está haciendo por ti.

Por todo el amor que te profesa.

Aún mantienes tu arte.

Siempre serás mi faraona.

(Aplausos)

Quiero dedicar la actuación de hoy a...

la artista más grande que ha pisado un escenario,

la insuperable Bella del Campo, mi madre.

¡Así se habla!

(Aplausos)

# Aunque la vida

# me trate con desprecio,

# yo siempre

# la miraré de frente.

# Pondré mis ganas y todo mi empeño

# acompañada de mi gente.

# Aunque la vida

# me trate con desprecio,

# yo siempre la miraré de frente.

# Pondré mis ganas y todo mi empeño

# acompañada de mi gente. #

(Guitarra española)

Te amaré por siempre.

-Y yo a ti, morena mía.

Y yo.

Pero no digas na, no te esfuerces.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese a que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese que las penas y los traumas a veces golpean fuerte. #

-(BELLITA) La barbilla bien erguida,

y esas manos, que vuelen como palomas.

(Guitarra española)

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese que las penas y los traumas a veces golpean fuerte.

# No me importa nada si tu mano me sostiene,

# pese que las penas y los traumas a veces golpean fuerte. #

(Aplausos)

(Aplausos y vítores)

-¡Guapa! -¡Bravo!

-Bravo, guapa, guapa.

-¡Se ha ido!

Amor mío, Mari Belli.

Mari Belli, dime algo.

Dime algo.

¡Mari Belli!

¡Mari Belli, dime algo!

¡Cariño!

(LLORANDO) ¡No!

¡No!

(LLORA)

(Graznido de pájaros)

(Suena la bajada del río )

(Pasos)

Veo que se ha quitado los hábitos.

Sé a lo que vengo, esto es un asunto entre mujeres.

No hay cabida para nuestro Señor.

¿Sabe a lo que viene, dice?

¿No va a pedirme el dinero que le ofrecí?

Veo que prefiere seguir con la comedia.

Adelante,... juguemos.

Entiendo entonces que usted no va a reprocharme

que fuera a desenmascararla ante don Felipe.

No, yo no voy a reprocharle nada.

Soy consciente de que usted no ha venido a hablar conmigo.

No trate de negarlo.

¿Quién se cree que es?

No es más que una loca enferma.

No merece compasión, ni mucho menos cariño.

Tan solo el más hondo desprecio.

¿Sabe qué, Úrsula?

La aborrezco con todo mi ser.

(Disparo)

(Disparo)

¿Qué pensaba,...

que iba a venir sola?

Yo la maldigo...

por toda la eternidad.

(EXHALA ALIVIADA)

¿Qué pasa? Es la cantidad que pactamos.

No quiero un cheque, quiero efectivo.

¿Crees que estás en condiciones de exigir algo?

Cada minuto...

Así encera usted...

Mucho correo reciben sus huéspedes pa estar de paso.

-Sí, mucho. Servando Gallo, esta es para mí.

Me he empeñado para que salga bien este matrimonio,

y nadie me va a parar. Y eso es lo que debe hacer.

Porque usted ama a Genoveva, ¿no?

Sé razonable, no eres un asesino.

(SANTIAGO) Usted me ha convertido en eso.

Le di la oportunidad de olvidar este asunto,

pero su sed de venganza la cegó, no puedo dejarla con vida.

Su testimonio podría llevarme al garrote

y no me voy a arriesgar.

-Será nuestro último momento íntimo.

A partir de ahora, ninguna muestra de cariño.

-No podemos levantar sospechas.

Sobre todo con mi madre.

-Y si para eso tenemos que entablar amistad con hombres, adelante.

-¿Marqués de Pontones? -Sí, nieto directo del marqués.

-¿Y cómo es? -Joven, educado, guapo, fino...

Bueno... -Rosina, por favor,

no me ponga la miel en la boca.

Algún inconveniente tendrá para que siga libre.

-Le digo que no.

Por eso he pensado en fijar una cita para que se conozcan.

¿Qué le parece si les convocamos en mi casa?

-Lo estoy deseando.

Cinta deseaba ver a su madre.

-Pobre. Espero que no estén pasando una tragedia en el principal.

(LLORA)

Pero favor,...

no nos deje.

(LLORAN)

¡Madre!

¡Por favor, no se vaya!

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Acacias 38 - Capítulo 1170

31 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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