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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1169 - ver ahora
Transcripción completa

¿Te asusta?

¿Vas a decirme que nunca has usado un arma?

Le dije que lo haría.

¿Por qué será que ahora tengo dudas?

Eres un impostor y me da que también un cobarde.

No he matado nunca a nadie, ya lo sabe.

No entiendo cómo César Andrade pudo enviarte a mí.

No eres lo suficientemente bragado.

Mataré a Úrsula, no lo dude.

No temo a la policía,

ni siquiera temo el juicio de Dios.

¿A qué tanto remilgo entonces?

Si de algo o de alguien desconfío, es de usted.

¿Desconfías o me temes?

Dígalo como usted prefiera. Haces bien en temerme.

Me provocas ternura.

En cierto modo,

es una lástima que me haya enamorado de Felipe.

De haber sido de otra manera,

podríamos reanudar nuestros encuentros íntimos.

Ya es suficiente, señora. ¡No, no, no estoy bromeando!

Lo pasamos bien los dos, no lo negarás.

Pero, más importante si cabe,

te dio la oportunidad de conocerme. Aprendiste a temerme.

Fueron unos abrazos...

muy provechosos.

No te eches atrás, ni se te ocurra.

¿Qué hará usted cuando haya matado a Úrsula?

¿Lo ves? Conocerme te hace pensar.

Hará que me atrapen, ¿verdad?

Va a vengarse de mí por no ser el auténtico marido de Marcia.

Si te lo digo ahora, perderíamos la sorpresa, ¿no crees?

Lo bueno es que no tienes otra opción.

Tienes que matar a Úrsula. Debería haberla escuchado.

Ella está convencida de que entre los dos

podríamos haber acabado con usted. Pero fui leal.

La lealtad no es siempre una virtud.

Deme el dinero.

Cuando esté muerta.

No.

¡Me he cansado de ti!

¡Úrsula!

Úrsula!

(LATÍN) "Requiem aeternam dona ei".

"Dómine, et lux perpétua lúceat ei".

Mira, farsante,

reza por quien va a morir,

reza por tu alma. "Requiescat in pace".

Amén.

¡Úrsula!

-¿Una pesadilla? -Gracias por seguir conmigo, Marcia,

Haría cualquier cosa por tenerte,

haré cualquier cosa por tenerte.

(Sintonía de "Acacias 38")

(FABIANA TARAREA)

(FABIANA TARAREA)

Gracias por echarme una mano.

-¡Calla, muchacha! Qué mano ni qué mano.

Trabajar en el quiosco de buena mañana me trae muy buenos recuerdos.

También los tengo malos, pero pa eso canto, y se me pasa.

(FABIANA TARAREA)

-Canta usté de rechupete.

-Sigues hablando muy mal.

-Ca vez que abro la boca,

aunque sea pa cuchichear, me duele lo que no está escrito.

-A ver, déjame que le eche un cliso.

Está mucho mejor. -¿De verdá?

Menos hinchado, sí, sí.

-Pues se conoce que la hinchazón no tiene na que ver con el tormento,

porque me duele casi más que cuando tenía la muela.

Buenos días, señorita.

-Espere, por favor.

No la entretendremos mucho.

¿Está mejor su madre?

Los médicos dicen que hay que esperar.

Su cuerpo está reaccionando al antídoto.

Sabremos si funciona o no en las próximas horas.

-Bien que lo sentimos.

Me voy, que precisamente he quedado con el dueño del teatro.

-¿Va a hacer el último ensayo? No, no es eso.

Buenos días.

-Pobre muchacha. -Pobres todos ellos, Marcelina.

En fin, sigamos con la faena, hija.

Así que me lo dijo, ni corta ni perezosa,

como si le molestara que me fuera de viaje quince días de na.

Como si las criadas no tenemos derecho a descansar como Dios manda.

-Están acostumbradas desde pequeñas a tener servicio

y se les hace cuesta arriba encender fogones.

-¡Uy, encender fogones!

-Si hasta pa ponerse la faja necesita ayuda.

-Por Dios, no me des detalles.

Yo le he pedido ayuda a don Liberto,

pero hasta ahora... ¿Usted ya sabe si se marcha?

-No lo sé.

Tengo que decidirme.

¿Adónde querrías ir tú?

-Le he dado vueltas al asunto,

y al final me voy a decidir por Cabrahígo.

He oído hablar tanto de ese pueblo, que me da reparo no conocerlo.

-¿Y no has pensado ir a otro país?

Otro idioma, otras costumbres... Por no hablar de los hombres.

-Qué barbaridades dice usted, doña Maite.

No lo digo por lo de viajar y conocer cosas, eso me gustaría.

lo digo por lo de los hombres.

-Bueno... -¿Sabe?

Me gustaría conocer Cuba.

-Está muy lejos.

-África te queda más cerca.

-¡Otra enormidá! ¡En África hay guerra!

-África es muy grande. La guerra es en el Norte.

Tú podrías ir al Sur.

(Timbre)

-Voy a abrir.

Doña Maite, es don Liberto.

-Buenas. -Buenas.

Querría darle un par de vueltas a unos asuntos de la galería.

-Claro, por supuesto. -Yo me marcho.

Señor, no se olvide de lo mío,

que tengo que decidir a dónde voy,

si a África o a Cabrahígo.

Con Dios. -Con Dios.

Siéntese, por favor. -Gracias.

Para empezar, me gustaría que estudiara estos catálogos.

Algunos de los artistas me los han recomendado.

-Claro.

Iré marcando los que me gusten,

y entre los dos haremos una selección definitiva

para las exposiciones.

-Perfecto.

-¿Y su obra?

-Avanzando. Pronto podrá ver algunas.

-¿Cuándo?

-Qué impaciente es usted.

Mañana.

Mañana le mostraré una parte. O quizá todo.

-¡Bravo! Ha sido usted muy prolífica.

-La verdad es que está siendo una época provechosa.

En lo que a materia artística se refiere.

A veces, la vida, las circunstancias,

aunque no tengan que ver con el arte, te sensibilizan.

En fin, que sí, que lleva usted razón,

ha sido una época muy prolífica.

-Y yo, entendiendo o no el proceso, solo puedo estar contento.

Será bueno para el negocio. -Eso espero.

Sí, mujer, venderemos bien, estoy convencido.

Con que las obras sean la mitad de cautivadoras que la pintora,

el éxito está asegurado.

¿Qué le ocurre?

-Don Liberto,... siento decirle que...

puede que no esté presente en la inauguración.

Hasta luego, Lolita.

Hay una cuestión que me atormenta:

¿sabías o no sabías que el hombre con el que duermes no es tu marido?

Si ahora lo sabes y sigues en su lecho,

eso tiene un nombre,

un nombre con el que te deberíamos de haber llamado

desde el primer día que te metiste en la cama de don Felipe.

Pero te salió el tiro por la culata.

Don Felipe te habría mantenido con más tronío que ese usurpador.

No soy una mantenida.

No eres una bien mantenida.

Deberías haberle dado hijos al abogado.

Él te habría mantenido bien y serías concubina a tiempo completo.

Perdiste una oportunidad.

Aunque hay quien dice que amabas al abogado,

incluso te creías que él estaba enamorado de ti.

¿Cuánto ha tardado en comprometerse con doña Genoveva?

Una mujer como Dios manda que le dará hijos

de los que no avergonzarse.

No me interesa. Claro.

Las rameras sois así de volubles. Pero ¿sabes lo peor?

Lo peor es que ni don Felipe te quería

ni ese falso marido que tienes te querrá.

También te dejará. ¿Sabes cuándo?

En cuanto doña Genoveva chasque los dedos.

¿Sabes que se acuestan?

Dime.

¿Sabes que se acuestan?

¡Cállese de una maldita vez!

Por amor de Dios.

(LLORA) Déjeme en paz.

Pero... por Dios.

-¿Estás bien, hija?

No puede gritar así en mitad de la calle.

-¡Se pudrirá en el inferno, bruja!

Dios mío.

Pase usted, doña Felicia.

Señora, señora, mire quién ha venido a verla.

-Gracias.

Doña Bellita, le traigo unas flores

y saludos de las señoras.

No queríamos molestar viniendo todas en manada.

-Déjeme el ramo.

-¿Cómo está?

Si le digo la verdad, le encuentro mejor cara de lo que esperaba.

Ya sabe que no soy de las que mienten.

-La vida se me escapa, Felicia. -¡Señora!

-Sé que me estoy muriendo. -No diga usted eso,

tiene a muchos médicos trabajando en su caso.

-Pero nadie se atreve a decirme la verdad.

-Señora, sí le hemos dicho. -¿Conoce usted mi diagnóstico?

-Lo siento, de veras, es su marido quien ha hablado con los doctores.

-De José no me puedo fiar.

Me mentiría para que yo no conociera mi gravedad.

-Deje usted de cavilar,

y menos en esos términos tan pesimistas,

así solo consigue retrasar su recuperación.

-¿Tampoco sabe usted por qué no viene Margarita a verme?

Nadie me lo aclara.

-Ya se lo hemos dicho un montón de veces, señora.

Claro que ha venido Margarita a verla,

pero siempre que ha venido, estaba usted durmiendo.

-No,... eso no puede ser.

Margarita se quedaría a mi vera, aunque estuviera...

-¿Necesita algo?

-¿Por qué no se me llevara Dios de una vez?

-Deje de decir barbaridades.

-Nada, que le ha dado por eso y no hay quién la saque de ahí.

-Tiene que tener buen ánimo

y luchar contra la enfermedad. Es usted el alma de la casa.

Todos la necesitan, hasta nosotras la necesitamos,

y su hija todavía más.

Mi cinta...

Estará sufriendo mucho, ¿verdad?

He oído decir a alguna de las chicas que ni su debut le hace ilusión.

-Normal, con una madre tan quejica...

-Luche Bellita, sánese,

por Cinta, por su familia y por nosotras.

-Una manta, Arantxa.

-Ahora mismo, señora. Déjeme, doña Felicia.

Ahora mismo.

Está ardiendo otra vez.

Usted y yo sabemos que Úrsula saca de quicio a cualquiera.

-No digo yo que no, pero ya vio la cara de Marcia.

Era el odio personificado. -Eso es verdad.

-Nunca le había visto un pronto tan rencoroso.

-Miedo daba la criatura. No llegó la sangre al río.

He estado ensayando por mi cuenta.

Vamos a sorprender a las chicas esta tarde.

-Mucha fe tiene usted en ese público.

-Es en lo que quedamos. Actuar primero

para pulir la rondalla. -Ya me lo estoy imaginando,

todas mirando y dando ideas como si fueran el maestro Chopin.

Y la peor de todas, Fabiana,

que querrá que todo se haga como ella quiera.

-Son nuestras amigas, y cualquier crítica es pa mejorar la serenata.

-Son villancicos, no serenatas.

Y luego se queja de las críticas, qué tiquismiquis.

-Allá usted, es su función,

pero yo no me fiaría mucho de unas chachas.

-Cantaremos para ellas.

Y les voy a pedir opinión sobre la música y los disfraces.

-No son disfraces, son chaqués.

-Pues sobre los chaqués. Yo me veo ridículo vestido así.

¿Son ridículos Otto von Bismarck...

o "Jorge" Washington o el mismísimo Ramón y Cajal?

Que llevan el chaqué con una soltura,

como el que lleva un pijama.

Déjese ya de quejas.

-Yo estaré de servicio y tendré que llevar el chuzo.

-Pues mejor, así impondrá más.

Parecerá un alcalde con el bastón. Bastonazo.

Y déjese de quejas,

o terminaremos cantando villancicos pa carnaval.

-Eso es lo único razonable que ha dicho esta mañana.

-Y aire, que seguro que le esperan en la pensión.

Vamos, aire. -Vaya usted con Dios.

-Camino.

¿Cómo va eso?

Uy, uy, uy... ¿Dónde está mi Camino amable y cariñosa?

-Se quedó con mi Cesáreo cómplice y amigo.

-Espera, espera, sí, tenemos que hablar.

¡Ya estoy en casa!

Ay, Trini.

Ahí.

¡Con queso y vino se hace el camino!

Hola, cariño.

-¿Cómo ha ido la mañana? -Pataditas y poco más. Muy bien.

Traigo un queso de La Alcarria pa probar,

y a ver si hacemos un pedido y lo vendemos.

Y un tinto de La Rioja,

que abriremos está noche cuando esté mi suegro presente.

-De La Rioja no lo he probado nunca.

Dicen que ahora que las tierras se han recuperao del "xilofón"

que va a salir un caldo de lo más rico.

-Filoxera, se han recuperado de la filoxera.

-Lo que sea.

El viajante dice que en unos años, el tintorro de La Rioja

será mejor que muchos vinos franceses.

-Sí, ¿y qué más?

¿Que en Murcia lloverá como en Londres?

-Uy, pues no se lo crea si no quiere, Carmen.

¿Qué le pasa a mi media naranja?

¿Estás pachuchillo, cariño?

-Algo mohíno sí que lleva toda la mañana.

Hazle unos mimos, a ver si levanta el vuelo.

-Uy.

-Pues voy a guardar el queso y el vino.

Uy.

¿Es por mí?

-Lolita, yo te quiero mucho, mucho.

Quiero que sepas que tú y la criatura que esperamos,

sois lo más maravilloso del mundo.

-¿Y por eso estás así?

-Pues ya verás cuando cuchicheemos a tus espaldas. Ya llegará, ya.

-El caso es que yo quiero ser un buen padre, un muy buen padre.

-Pues ya somos dos. Yo madre, claro.

-Pero yo no creo que pueda serlo.

-¿Por qué?

-Lolita, por muchas cosas:

por mi forma de ser, mi pasado...

porque no sé nada de niños, absolutamente nada.

-Cariño, yo tampoco.

En Cabrahígo cuidaba de las cabras, los pollos, los conejos,

pero no es lo mismo. -No, no es lo mismo,

pero es distinto, porque las... las mujeres tenéis instinto,

y os fijáis en otras madres, pero...

No sé, yo solo veo cómo te crece la tripa y...

siento como que me ahogo.

-Cariño, eso es canguelo.

Nos pasa a todos los primerizos.

-Será eso, Lolita, pero ya no hay vuelta atrás.

-¿Cómo que vuelta atrás? Parece que no lo quieras.

-Claro que lo quiero, ya te lo he dicho!

-¡Entonces no pasa na!

Ya está.

Cuando tengamos el segundo, ya no seremos primerizos.

-Lolita, le he dado muchos disgustos a mi padre.

-A mí me lo vas a decir.

-Ya, pero, bueno,

hay algunos que incluso ni sabes.

Aunque me repatee reconocerlo,

mi padre siempre ha estado ahí, siempre,

para defenderme, salvarme y...

No sé, de no haber sido por él, ahora mismo yo sería un desgraciado.

-Bueno, bueno, bueno, cómo estamos.

Amor mío, lo importante es que tu padre siempre ha estado ahí.

-Eso es precisamente lo que te estoy diciendo,

él siempre ha estado aconsejándome.

Y ahora soy yo quien tendrá que aconsejar a nuestra criatura,

y ¿qué le voy a decir?

No me veo capacitado para aconsejarle en nada en la vida.

No me imagino como referente.

-Me escogiste a mí,

y espero que sin preguntarle a tu padre.

Y hay más cosas.

A ver, ¿quién se ocupó de la casa cuando tu padre estuvo en la trena?

¡Fueron diez años!

Diez.

Amor mío, serás un buen padre,

un poco disparatao, eso sí, pero un buen padre.

Si nos quieres, lo serás.

-Gracias.

Hablar con tu madre fue una decisión meditada.

Tú, por tu edad, estás desorientada y tu madre está desesperada.

-Lo que quería es que mi madre me orientara.

-Sí, más o menos eso.

-¡Pues me orientó al suroeste del bofetón que me dio!

-Lo siento, evidentemente, yo no quería que eso sucediera.

-Quisiera o no,

eso fue lo que consiguió metiéndose donde no le llaman.

Solo quería ayudarte,

quería que volvieras al seno de tu familia,

que es ahí donde pueden protegerte.

-De buenas intenciones está el infierno lleno.

Manténgase lejos de mí y de mis asuntos.

-Camino...

Vaya eligiendo vestido negro para el entierro.

Mañana, esa mujer despreciable estará en el infierno.

Nunca te habías referido a Úrsula con tanto odio.

¿Eso importa?

Eres un hombre complicado, aunque parezca lo contrario.

He oído que tuvo un encontronazo con Marcia,

¿es por eso?

No es usted un cura para que me confiese.

Ni siquiera somos amigos.

Usted paga y yo cumplo, lo que va por dentro es cosa mía.

Mi parné.

Cuando hayas terminado el trabajo. No hay tiempo para eso.

Mataré a la vieja y me marcharé a Cuba con Marcia.

Necesito el dinero ahora. ¿O qué?

Si noto alguna cosa rara,

si veo que va usted a traicionarme,

no lo dude, la veda habrá quedado abierta.

Son los nervios. Al fin y al cabo, será tu primera vez.

La segunda será más fácil.

Vamos, vamos,

Santiago o como te llames, ¿por qué tanta tensión?

Estamos juntos en esto. ¿Te has preparado ya una coartada?

Para Marcia estaré trabajando en la mudanza de unos indianos ricos.

Así también justificaré la paga.

¿Y usted?

No te preocupes por mí, no lo necesito.

Tú único afán es encontrarte mañana a las cinco en el cruce de Montejo.

¿Ya ha citado usted a Úrsula? Allí estará.

¿Cómo la ha citado?

Espero que no haya sido tan descuidada

como para mandarle recado por escrito.

¿Tan torpe me crees?

Descuida, no habrá pruebas ni testigos.

La abordé en el patio del convento, a solas.

¿Cómo la convenció?

Con tu primera duda me he reído.

Ahora ha dejado de hacerme gracia que me tomes por imbécil.

A diferencia de ti, yo no soy una novata.

¿Qué cree Úrsula que hará en ese cruce de caminos?

Recibir un donativo para su congregación.

No es necesario ir a un paraje apartado para eso.

Es posible que no le haya creído. Probablemente.

Pero irá.

No resistirá la tentación de saber qué estoy tramando.

Pensará que es otro de nuestros desafíos.

Lo que no se le pasará por la cabeza

es que será nuestro último encuentro.

¿Por qué has venido a citarme en persona?

¿Por qué mirabas a tu alrededor con aprensión?

¿Tengo que preguntarle al Señor lo que en verdad quieres de mí?

Haz lo que tengas que hacer.

Haz lo que yo te he enseñado.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo, amén.

Señor, ayúdeme en estos momentos tan difíciles.

Siempre tu generosidad, siempre.

Señor, Dios todopoderoso,

en tus manos lo dejo todo.

Pues na, ¡me da que estos se han rajao!

-Espera, que creo que están ahí.

-Eh, eh, eh.

Pero bueno, qué elegante se ha puesto tu primo.

-Señoras, señores,

señora, asiéntense, que esto principia en seguía.

-Hala.

-¡Aplausos!

Gracias, gracias, gracias

por esa hemorragia de aplausos, distinguido público.

¿Dónde está este? -¡Sereno!

Sereno.

-Pero cesáreo,

a qué chiquillo le ha robado el traje de la primera comunión.

-Casilda.

-Permitan que afinemos nuestros instrumentos,

verbigracia, nuestras voces.

(AFINAN SUS VOCES)

Mi.

-Re.

-(AFINAN SUS VOCES)

(AFINAN SUS VOCES)

(LOLITA RÍE)

-¿Qué demonios haces, Lolita?

-Aplaudo, que me está gustando. -Todavía no han empezao.

-¡Ah, yo qué sé!

Como han dicho que cantaban en vasco.

-Bueno, en breves momentos

vamos a comenzar nuestro espectáculo,

impaciente público.

A, e. ¿Dónde está? Un momento.

(AFINAN SUS VOCES)

A ver.

(CANTAN EN EUSKERA)

(CANTAN EN EUSKERA)

(CANTAN EN EUSKERA)

(CANTAN EN EUSKERA)

(CANTAN EN EUSKERA)

Una merienda de lo más agradable.

Pero no hemos ido solo a merendar, ¿eh, Camino?

¿Qué te ha parecido... -Disculpe.

el hijo de mi amiga Benita?

-La verdad es que no nos ha entusiasmado.

-Camino todavía no ha dado su veredicto.

-Créame, Rosina, conozco a mi hija.

El muchacho no estaba exento de galanura.

-Yo diría que hasta era guapetón.

-Pero algo tímido y apocado.

No parecía un hombre con el suficiente empuje

como para dar a mi hija el futuro que merece.

-Puede que lleve algo de razón tu madre.

Es el hijo de una gran amiga

y le quiero como si fuera un sobrino,

pero el muchacho pide permiso hasta para calentar un brasero.

-(SONRÍE) -Vuelvo en seguida.

-No quería decirlo delante de la niña para no desalentarla, pero,

recoñe, qué difícil es encontrar marido hoy en día.

-A mí me lo va usted a decir. -(SUSPIRA)

Doy gracias a Dios cada mañana,

y la mayoría de las noches, por tener a Liberto.

-(RÍE) -Por cierto, hablando de Liberto,

bien que ha aprovechado usted la merienda

para anunciar lo de la galería de arte.

-Los negocios son los negocios, ¿no le habrá molestado?

A ratos parecía que le quería usted vender un cuadro al infeliz.

-No me regañe.

Usted puede hablar de la galería de arte todo lo que quiera,

eso sí, de Maite Zaldúa, no hable delante de mi hija.

-Descuide, ese nombre no volverá a salir de mis labios.

-Cuidado, que viene.

-Mientras ustedes estaban dale que te pego amedrentando al encogido,

una de las señoras me ha contado un chisme sobre la familia de mi amiga.

Jesús, ¡qué no dirán de nosotras!

-Qué va. Este era un chisme con fundamento.

Resulta que el prometido de la hija mayor de Benita

ha dado la espantá a pocos meses de la boda.

-¡Otro hombre sin corazón!

Corazón tenía, como no puede ser de otro modo,

pero resulta que se lo había entregado a otra mujer.

Perdidamente enamorado, por lo visto.

Así que el gozo de mi amiga Benita en un pozo.

La familia había apalabrado la boda

cuando los prometidos eran unos niños.

Hasta les habían comprado un piso.

-Lo que usted decía:

"hay pocos hombres que valgan la pena".

La vida hecha, un futuro prometedor, ¡hasta un piso!,

y el granuja lo echa todo a perder.

Eso sí, el prometido ha tenido agallas.

Se plantó delante de todos y sin pelos en la lengua dijo

que no podía vivir una mentira,

que tenía que ser fiel a sus sentimientos.

-Tonterías, para un matrimonio provechoso,

el corazón es el peor consejero.

No sé yo qué decirle, Felicia.

Mire, yo...

conocí a mi Liberto, escuché a mi corazón y no me puedo quejar.

-Rosina, es la excepción que confirma la regla.

-Sí.

-"Que sepas que te lo agradeceré siempre, muchacho".

-¿Cree que el comisario podrá manejar mi declaración

para que condenen a Margarita?

-Pondrá todo lo que esté de su parte.

Pero...

aunque sea evidente que Bellita estaba siendo envenenada,

lo único que vincula a Margarita con el veneno es mi testimonio.

-Y el veneno que encontraron en su bolso.

-Sí. Pero un abogado medio bueno podría manipular

y conseguir que lo consideren prueba insuficiente.

-No le falta razón,

pero estaremos atentos y presionaremos lo que sea necesario.

Al menos, esto ha servido para confirmar mi opinión sobre ti.

Ahora sé sin lugar a dudas que mi hija tendrá un protector

indomable.

-Lamento que haya tenido que suceder algo tan crítico para convencerle.

-No se lo tome a mal, hijo,

en momentos así es cuando se ve la pasta de la que está hecho cada uno.

La lealtad es una virtud difícil de demostrar.

-Cuente con la mía.

Yo me siento ya un hijo de doña Bella y suyo.

-No te defraudaremos.

¿Sabe? Cuando actuábamos por todo el mundo,

jamás un bailarín ni un palmero dejó la compañía por nuestra voluntad.

Ni cuando estuvimos en lo más alto.

Se nos ofrecía, claro está,

gente de renombre,

y siempre, siempre fuimos fieles a los que estando con nosotros

se dejaron el callo cuando no éramos nadie.

Mal está que yo lo diga, pero...

ha entrado en una familia donde los lazos son muy fuertes.

-Y bien que me alegro.

-Esperemos que nuestra familia dure.

-Tiene usted que ser fuerte, don José.

Cuente conmigo para lo que necesite,

cualquier cosa y no es broma, cualquier cosa.

Tiene mala cara, padre.

No, estoy bien.

Voy a ver a tu madre.

¿Os ha ido mal en comisaría? No.

Y no es eso.

Simplemente, que...

tu padre quiere con locura a su mujer

y no termina de asimilar lo que ha pasado.

Ya.

Supongo que algo así es lo que siento yo.

Sé que no puede ayudar a mi madre,

incluso ella se sentiría mejor sabiendo que mi carrera progresa,

pero no puedo. ¿Ya es en firme?

Vengo de hablar con el dueño del teatro,

le he dicho que no voy a actuar.

Están más que enfadados.

Y yo más que asustada. No sé cómo va a terminar todo esto.

Tienes que hablar con tu padre.

Él ha tenido que lidiar con empresarios,

él mismo ha sido empresario, te podrá ayudar.

Amor, ¿tú has visto cómo está mi padre?

¿Cómo voy a cargarle con mis indecisiones, con mi debilidad?

No puedo hacer eso.

¿Qué dicen los análisis y el informe?

Todo parece ir bien.

Dicen que, en términos generales,

podrías estar restablecido en unos días.

La única incógnita son los dolores de cabeza:

no se atreven a darte un plazo.

¿Podrían durar meses, años? Esperemos que no.

Te seguirán tratando.

¿Sabes qué?

Me alegro de la paliza que sufrió Andrade.

Ha probado su propia medicina.

¿Sabe ya el comisario quién ordenó la agresión?

No.

Y lo peor es que la paliza le resulte beneficiosa.

Por un lado, porque podría reblandecer al juez,

y por otro, porque aunque recibiera la condena máxima,

no tendría conciencia para sufrirla.

No deberías malgastar tus fuerzas en odiarle.

¿Crees que puedo evitarlo?

Cada dolor es un recordatorio. Y tendrá su castigo.

Pero deja ese trabajo a la justicia.

¿Qué vas a hacer mañana?

Pues... debo visitar a un par de clientes.

Tengo el trabajo muy abandonado. ¿Por?

Yo iré a Ocaña,

a una reunión con las mujeres del comité de repatriación.

He contratado un auto y quizá te apetece venir conmigo.

(NIEGA) Ojalá pudiera,

pero tengo que visitar a esos clientes,

no puedo quedar mal con ellos.

¿No podemos ir otro día? No quiero que viajes sola.

He conseguido que la condesa de Mora acuda a la reunión

y me pasa como a ti; no conviene defraudarla.

¿No hay nadie que te acompañe? Que sí, pesado,

se lo diré a alguna de las señoras.

Bueno, me quedo más tranquilo.

Se ha habrá dado cuenta de que aullamos como gatos.

-Tampoco es para tanto, hombre.

Algún ensayo más y un chaqué de su talla, y ya.

-No me dore la píldora, Fabiana. Cualquier sereno, yo mismo,

nos habría detenido de no estar implicado.

-Entonces, ¿lo dejamos y ya está? ¿Así, sin más?

-A mí también me duele, no se crea.

Sigo buscando algo para alegrar a Arantxa y a sus señores,

pero no se me ocurre nada.

-¿Y... si se me ocurre a mí?

-Ave María purísima.

-A pesar de esta señora tan agorera, creo que tengo una gran idea.

Pero nos tenemos que dar prisa.

(RESPIRA CANSADA)

Estás preciosa, reina mora.

Ni la enfermedad puede con tu belleza.

Te quiero, te quiero, morena,

siempre te he querido y siempre te querré.

Perdóname,

he sido egoísta,

y una bestia.

Estaba ofuscado por el éxito y endiosado por las críticas

y, no fui capaz de pensar....

ni siquiera en que necesitabas mi protección.

Ahora soy yo quien te necesita.

-(RESPIRA AGITADA)

-¡Voy a por un médico!

-Tengo frío.

Dime la verdad.

-¿Qué verdad?

-Que me estoy muriendo.

-No me digas eso, lucero.

Los médicos están probando una medicina nueva

que dicen que es de lo mejorcito que hay.

Te están cuidando mucho.

-¿Eres tú, Cinta?

Sí, madre.

Déjame a solas con la niña, José.

-No vayáis a hablar mal de mí.

-No.

Estarás nerviosa.

¿Por qué?

¿Cuándo estrenas?

Estoy pensando en retrasarlo.

No. ¡Ni se te ocurra!

¿Sabes la fama que ganarías?

En este mundillo, los contratos son sagrados.

Buscaría la forma de tener a todos contentos.

Sabes que no es posible, mi vida.

(LLORA) Además,

con contrato o sin contrato,

eres una Domínguez, eres como yo...

y como tu padre.

No puedes hacerlo.

Te arrepentirías toda la vida.

Madre, yo quiero estar con usted.

Y estarás.

Cada vez que bailes en el escenario,

yo estaré contigo,...

siempre.

¿Quién te regañará... cuando des un paso

sin poner todo de ti?

¿Quién te forjará si no tu temperamento?

Esté donde esté, mi vida,

yo siempre estaré contigo.

Siempre.

(LLORAN)

Anda,

no me llores,

que llevarás los ojos coloraos al ensayo.

Ve.

Ve.

Corre.

Pica, pica las tablas con tu fuerza,

méllalas, rómpelas con tus tacones.

Y no te olvides... Mírame.

En los ojos, fuego,

en la cintura, el mar

y esas manos...

volando como palomas.

¿Lo harás?

¿Lo harás por mí?

Sí. (LLORA)

No puedo estar separada de ti. -Camino.

-¿Qué ocurre? Si me has citado tú.

-Para decirte que no podemos seguir.

-¿Qué?

-Lo siento.

-Tú no quieres eso.

-¿Y qué importa lo que yo quiera?

Te he dicho infinidad de veces que si nos descubrieran,

y lo harán,... las consecuencias serían atroces,

sobre todo para ti.

Te amargarían la vida.

-Te he dicho infinidad de veces

que no me importa lo que pase si estoy a tu lado.

-Terminaría importándote, lo sé.

O algo peor.

-¿Peor? ¿Qué puede haber peor que olvidarte?

-¿Te acuerdas de la historia de amor que te conté?

-Sí.

-Te dije que tuvo un final triste.

Pues no solo fue triste,...

fue trágico.

Ella estaba casada

y su marido nos descubrió.

-Para evitar el oprobio, se...

se quitó la vida.

No quiero que a ti te suceda algo así.

-Yo no te haría jamás algo así, Maite.

Jamás.

-No sabes lo crueles que pueden llegar a ser.

No hay nada más que hablar.

Se acabó.

-¡No trates de engañarme como a una niña!

Te agradezco tu compasión,

pero no necesito que me mientas y me cuentes historias trágicas.

Dime la verdad si tienes valor.

Dime que no me quieres.

-Eso no es verdad, y lo sabes.

Lo haces para hacerme daño.

-¡Demuéstrame que estoy confundida!

¡Demuéstrame que me quieres!

-Mañana salgo hacia París.

-Que tengas suerte allí y encuentres el amor.

(LLORA)

(Puerta)

Lárguese.

¿Echará por las bravas a una sierva de Dios?

Vengo a hacer el bien, como corresponde.

Estoy convencida de que me agradecerá

lo que tengo que decirle.

Don Felipe,

el hombre que duerme con Marcia...

no es su marido.

El tal Santiago murió en prisión

hace años.

Fue... doña Genoveva

quien a través de César Andrade,

trajo ese intruso para alejarle a usted de la muchacha.

Miente. No.

Doña Genoveva pagó a César Andrade, y muy bien.

Tienen un acuerdo

para utilizar el dinero de ella

en la protección de él.

Lárguese ahora mismo.

Don Felipe, créame,

Santiago...

Israel es su verdadero nombre,...

no solo se acuesta con Marcia.

También lo ha hecho con doña Genoveva.

Puede que hasta sea de ese muerto de hambre el hijo que espera.

(GRITA)

¡No! ¡Va a tragarse su ponzoña!

(SE AHOGA)

(GRITA)

¡Felipe, por favor, hazlo por nuestro hijo!

(GRITA)

(CAMINO) Yo lo que creo es que solo se vive una vez.

Hay que luchar con uñas y dientes lo que uno desea y siente.

-Te veo decidida, pero no sé a qué.

-Aquí tiene las llaves del estudio.

-¿Tiene ya pensado si va a regresar por Acacias?

-No, no lo creo.

¿Está seguro de que el antídoto ya no puede causar efecto?

-Daban 48 horas para que mostrara mejoría,

y no solo no ha sido así, sino que ha empeorado.

Úrsula se presentó en casa de Felipe y le contó todo.

(SANTIAGO) ¿Todo? Sin perder detalle.

Que fui yo quien te traje, que eres un impostor...

Que hemos sido amantes.

(SANTIAGO) Maldita sea.

No puedo, Emilio, no puedo salir. Claro que puedes.

Hazlo por tu madre. Ella ahora está aquí contigo.

-Buena parte de mi corazón se queda aquí.

Quién me iba a decir a mí que se me haría tan difícil irme de Acacias.

Quería dedicar la actuación de hoy a...

la insuperable Bella del Campo, mi madre.

(BELLITA) Ay, mi niña...

es la más grande.

Recuerda,...

la barbilla bien erguida

y que las manos vuelen como palomas.

Ole.

(Aplausos)

Gracias por responder a mi aviso.

¿Qué puedo hacer por usted,

hija mía?

Confesar. Preciso de confesión.

(LLORANDO) ¡No!

¡No!

¡No!

La aborrezco con todo mi ser.

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Acacias 38 - Capítulo 1169

30 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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