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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 1162 - ver ahora
Transcripción completa

-Me encantaría pregonar a los cuatro vientos lo que siento

y decirle a todo el mundo lo feliz que soy.

-Pues hazlo,...

pero fingiendo que es por alguien del sexo opuesto.

¿Qué le ha dicho el médico? ¿Sabe lo que le pasa?

-No me ha querido preocupar,...

pero yo creo que no las tenía todas consigo.

¿Le ha confirmado Genoveva ya su embarazo?

Así es. ¿Qué piensa hacer?

Actuar como debo hacerlo,

Quiero buscar un pretendiente para Camino.

Como usted conoce a varias familias del barrio, seguro que entre ellas

puede conocer a algún candidato para mi hija.

-Cuente con ello.

Agustina, ha llegado una nota para usted.

-¿Para mí? -Eso pone en el sobre.

-"Se trata de mi hermana Matilde".

No sabía que tuviera una hermana.

Sí, vive en Logroño y ha tenido un percance,

por eso debo acudir a su lado.

-Va a ver a una hermana que tiene en Logroño.

-Pues desconozco la existencia de ese pariente,

y hace años que nos conocemos.

-Matilde, dice que se llama.

-Dime qué has averiguado sobre Maite Zaldúa y mi esposo.

-Eh... Se fue al estudio de doña Maite.

-¿Al estudio, para qué?

-Cuando el señor se despedía de doña Maite,

le dijo que se verían al día siguiente en el centro.

Me he enterado de lo que te cobra el barbero por sacarte la muela.

-¿Y si yo te la sacó por la mitad del dinero, ¿qué te parece?

-He pensado que tienes que sentar la cabeza

y dedicarte al negocio.

Y buscar un joven con el que formar una familia.

-Si esa es su voluntad, acepto.

Le ha subido la fiebre.

¿Estás segura? Tata, tengo miedo.

-Arantxa, diles que no voy. -¿Y la función?

¡Al carajo la función, no pienso separarme de mi mujer!

Es usted un exconvicto traído por doña Genoveva

para impedir el matrimonio de don Felipe Álvarez Hermoso

y Marcia.

Así es, pero Marcia ya estaba casada.

Ella es mi esposa legal.

-No puede ser.

¿Quieres casarte conmigo?

¿Quieres ser mi esposa?

No, no me casaré contigo.

No me lo esperaba.

Tengo mis razones. Ya.

Ya lo imagino, no se rechaza a alguien así como así.

¿Las vas a compartir conmigo?

Estoy enamorada de ti con toda mi alma.

Eso creía.

Ahora no estoy seguro. No, no lo dudes.

Por eso esperaba una respuesta afirmativa.

Tendrás que aclararme tus sentimientos.

¿No crees que yo debo esperar lo mismo?

No te entiendo.

Quiero que la persona que se case conmigo,

si alguna vez vuelvo a casarme, también esté enamorada de mí,

no que me pida matrimonio por obligación.

No es por obligación.

Crees que te obliga el hijo que espero.

Pero te eximo de esa responsabilidad.

Te he pedido en matrimonio porque es mi deseo.

Un hijo cuenta, eso está claro.

¿Olvidas la escena con Marcia del otro día?

No pasó nada entre nosotros.

Eso forma parte del pasado, tienes mi palabra.

Felipe,...

no voy a fiar mi futura felicidad a que tú sepas mantener la fortaleza.

Y que debas empeñar tu palabra,

es señal de que al pedirme matrimonio,

haces algo que no deseas.

¿Y el hijo que llevas dentro?

Llevar dentro tu semilla es el mejor regalo que me podías hacer.

No puedes criarlo como un bastardo.

Felipe, el dinero cuesta ganarlo,

pero después te da una libertad inaudita.

Gracias a la herencia del Alfredo, soy inmensamente rica.

¿Qué quieres decir?

Puedo vivir en cualquier lugar del mundo.

¿Crees que alguien en París, en Buenos Aires,

en El Cairo o donde me plazca,

se va a preocupar de que una viuda millonaria

llegue con un hijo pequeño?

¿Crees que se van a plantear si ese hijo ha nacido fuera

del matrimonio?

¿Vas a irte de España?

Me parece la solución más apetecible, desde luego.

Genoveva, aquí está todo lo que quieres.

También todo lo que odio.

Una nueva vida te quita cosas, pero te da otras muchas a cambio.

No te puedes marchar.

Quédate aquí y criemos juntos a ese hijo.

La decisión está tomada.

¿No hay nada que pueda hacer? Estoy dispuesto a todo.

¿A todo?

Eso tendrás que demostrarlo.

(Sintonía de "Acacias 38")

Ay, mi reina,

te veo enferma y es como si se me fuera la vida por los poros.

Me acuerdo del primer día que te vi en el tendido de la plaza,

con aquella peineta que deslumbraba,

y me dije:

"Esa morena es para mí".

-Jose.

-¿Cómo estás, emperadora?

-¿Qué me está pasando?

-Na, que te has puesto pachucha.

Pero ya ha venido el médico, están viendo qué medicinas

hay que darte para que se te pase esta fiebre.

-¿Me muero? -¿Qué dices?

Te mueres ni te mueres. Aquí no se muere nadie.

No te vas a morir antes que yo.

Que si te mueres tú, me muero yo.

-Qué galimatías, Jose.

No hay quien te entienda.

-Pues te lo explico, que no te mueres y punto.

A ti y a mí nos queda mucha vida por delante,

muchos aperitivos juntos,

y muchas alegrías.

Y algún que otro tumbo, que de todo hay en este mundo.

-Pero ¿qué te ha dicho el médico? ¿Es grave?

-Nada grave.

Ha dicho que en cuanto sepa de dónde viene la fiebre y te dé el remedio,

estarás fresca como una rosa.

-Pues a ver si lo descubren pronto.

¿Cómo está Cinta?

-Hasta hace un momento estaba sentada ahí, a tu lado,

está preocupada.

Ahora la he mandado a dormir.

-Es buena niña.

-Tuya y mía, no hay mejor muestra.

Si sale mala es porque nos la cambiaron al nacer.

-Jose... -¿Qué?

-Te voy a hacer una pregunta

y jura que me dirás la verdad.

Mira, que a lo mejor estoy en el lecho de muerte,

así que no me puedes mentir.

No digas más lo del lecho de muerte,

que es mentira,... pero pregunta.

-¿No me has sido infiel con Esther?

-¿Infiel yo?

Pero eso es imposible, ¿no te das cuenta?

Si estoy casado con la mujer más maravillosa que hay sobre la tierra.

No, no te he sido infiel, ni con Esther ni con nadie.

¿De veras?

-Desde el día en que te vi, solo tengo ojos para ti.

Eres lo más bello de mi vida.

Si no quieres que haga teatro, no lo hago,

si no quieres que actúe en las películas, tampoco.

-No. Eso es importante para ti.

-Tú más.

Pero te tienes que poner bien, ¿me lo prometes?

-Te lo prometo.

¿Vamos ya a la cama?

-Me queda ropa por doblar.

-Bueno, te ayudo y acabamos antes.

-Acuéstate. Yo iré enseguida.

-¿Qué ocurre, Marcia?

Tengo la impresión de que algo no funciona bien.

-¿De verdad quieres saberlo? -Sí.

No quiero secretos entre nosotros.

-Que me molesta que me engañen y me tomen por estúpida.

No te entiendo, de verdad. No sé a qué te refieres.

-Soy yo la que no entiende qué hacías hablando con Úrsula.

¿Crees que vestida de monja no la reconocí?

-Ella se acercó a mí, no pude evitarlo.

-Ella se acercó a ti, como Genoveva,

que también se acercó a ti. Todas se acercan a ti.

-Por favor, Marcia.

-¿No me vas a decir qué te traes con ellas?

Esas mujeres me han hecho mucho daño.

-No tengo nada que ver con ellas.

Es injusto, siempre estás dudando de mí,

¿es que no me crees?

-¿Y por qué debía hacerlo?

-Porque soy tu marido.

-¿Eres mi marido?

¿Lo eres de verdad?

-¿Vas a volver con esa locura?

-¿Lo eres?

-¿Sabes qué?

Mejor me voy a dormir, que estás muy alterada,

y a nada bueno nos puede llevar esto.

¿Y el médico no sabe lo que tiene doña Bellita?

-No, todavía no han dado con el remedio,

pero en algún momento lo descubrirán.

Le han sacado sangre para analizarla,

que yo no sé cómo hacen eso.

-Con un microscopio.

Con eso ven la sangre y saben lo que tienen que saber.

Si hay algo malo, lo encuentran.

-Seguro que sí, la medicina avanza a pasos agigantaos.

-Pues a mí me sigue doliendo la muela.

Ni medicina, ni na.

-Pero lo tuyo está inventao, hija, se arranca y santas pascuas.

-Pues eso,

que se hace como toda la vida,

a lo bruto, que la medicina no ha inventado na pa lo mío.

-Jesús. En mi pueblo había un sacamuelas...

Te daba un sopapo y la muela se iba a tomar viento.

Bueno, pero a veces era la muela mala y las dos de al lado.

-Qué barbaridad.

Por cierto, señá Arantxa,

¿cómo están don Jose y la señorita Cinta?

-Muy pendientes de doña Bellita.

Don Jose ni ha dormido, toda la noche a su vera.

-(FABIANA SUSPIRA)

Cuando hay amor, de to se sale, Arantxa.

Ahora voy a ir a la iglesia, pediré por ella.

-Y pida también por mí y por mi muela, señá Fabiana.

-Claro que sí, hija.

Encenderé una vela por ti.

Por cierto,...

ayer vi por el barrio a una mujer vestida con hábito de monja,

creo que era Úrsula.

-(SE AHOGA)

Por favor,

por favor, señá Fabiana,

no dé esa noticia de esa forma, hombre,

que se me va a ir la leche por otro lao que no es.

-¿Con hábito de moja?

¿Está segura? -De ser cierto,

seguro que los crucifijos se están volteando de la impresión.

-No blasfemes, niña, que vas a ir derechita al infierno.

Bueno,

yo diría que sí, que era ella.

-Pero cuánto miedo le tienen a la tal Úrsula.

Ni que fuese Belcebú en persona.

-Peor. Belcebú es un bendito a su lao.

-Pues cuidado con ella, ¿eh?,

los ajos sirven para ahuyentar a los vampiros.

Bueno,

me voy bajando ya,

voy a preparar el desayuno y a seguir cuidando de mi señora.

Así que, les dejo.

-Bueno. -Mande recuerdos de nuestra parte.

-Gracias.

Uy, se me olvidaba, que siempre estoy por preguntar.

¿Saben algo de Agustina?

-Lo mismo que las demás.

-El caso es que yo nunca la había oído hablar de esa hermana suya.

-Ni yo. Ni sabía que la tuviera.

-Se marchó de una manera muy precipitada,

quiera Dios que no haya nada raro detrás de eso.

-Eso espero, que sea todo para bien.

Bueno, agur.

-Hasta luego.

A las buenas.

-Primo, tengo que hablar contigo. -¿Qué ha pasao?

La tía Anita se me apareció anoche en sueños a mí también.

-Qué pesada está,

¿no se puede quedar tranquila allá donde esté?

-Me cantó un villancico,

# Madre, a la puerta hay un niño

más hermoso que el sol bello. #

-El mismo que a mí, el mismo. ¿Y te daba cachetes?

-Más que cachetes, tortazos con la mano abierta.

-Pues vaya sueño, tortazos

y el "Madre a la puerta hay un niño",

que es el villancico más aburrido que existe,

bueno, con perdón del niño, que es el niño Dios, claro está.

-Pues algo tiene que significar.

El número, que no era el de la lotería porque no tocó,

y ahora el villancico.

-A mí es la primera vez que se me aparece una muerta en sueños.

-Normal, prima, normal, porque no es nada normal que se aparezca.

Con lo ricamente que estará donde esté, ¿pa qué quiere aparecerse?

-¡Decidido!

-¿Qué pasa?

-Que le voy a decir a Servando que me saque la muela,

que esto es un sinvivir.

Ayer sobraron suizos,

así que, ofréceselos a los clientes cada vez que te pidan un café.

A ver si conseguimos que se acaben. Atiende esa mesa.

-Da gusto escucharla organizar el trabajo:

mano de hierro en guante de seda.

-No hay diferencia entre llevar al personal

y llevar a unos hijos.

-Explíqueme eso.

-Que después de criar a unos hijos, una es capaz de todo.

Después de los problemas que me da Camino,

no me los va a dar un camarero. -Si es una muchacha excepcional.

-Y a pesar de todo, los quebraderos de cabeza son constantes.

Menos mal que parece que va a sentar la cabeza.

-Celebro oírlo. ¿Alguna novedad digna de mención?

-Al parecer, Camino ha aceptado conocer a un muchacho,

y Rosina me está ayudando a encontrar al pretendiente adecuado.

-No sé yo si esa forma de encontrar pretendiente

va con las jóvenes de ahora.

-Yo creo que el amor nace del roce.

Ya lo dice el refrán: "El roce hace el cariño".

-Quizá tenga razón, quizá el amor no nazca a primera vista,

sino del encuentro diario.

A mí alguna vez me ha sucedido algo así.

-De momento, ha aparecido un joven que parece ser perfecto.

Aunque no quiero hacerme muchas ilusiones,

no vaya a ser que no acertemos a la primera.

-Madre, voy a buscar telas para las servilletas nuevas,

que en la calle del Ferrocarril

tienen unas piezas de hilo a buen precio.

-De acuerdo.

Pero que no sea caro, que no somos ricos.

-Descuide, sé cuánto podemos gastar en servilletas.

Con Dios. -Con Dios.

-Sí que está hacendosa y responsable.

-Se lo he dicho,

yo creo que es gracias a que está más alejada de Maite,

esa mujer no es buena para ella.

-Yo creo que es una dama muy agradable,

pero apenas la conozco.

Dicen que se vuelve a París, ¿no? -Sí.

Menos mal.

Tiene unas ideas modernas

que no creo que sean buenas para España.

Pero no quiero hablar más de mis problemas

ni de mi familia, también me interesan los demás.

¿Qué tal está Bellita?

-Poca cosa, sigue enferma y todos están muy preocupados,

desde Arantxa a don José. -Yo también lo estoy,

al parecer, será la suegra de mi Emilio.

Luego, si puedo, me pasaré y les llevaré algo de bollería,

para que por lo menos, la espera sea algo más dulce.

-Yo voy a preguntar a Jacinto cómo ha amanecido doña Bellita.

-De acuerdo. Está usted invitado.

-Gracias por el café. Con Dios.

-Con Dios.

Arantxa,

acércate, anda,

que sé que tú me dices la verdad, no como mi esposo.

¿Qué ha dicho el doctor?

-Pues que se va a poner usted como una rosa.

Que en cuanto se le asiente el estómago,

mis marmitakos y mi bacalao le van a dar otros 50 años de vida.

-Estoy tan asustada...

Nunca había estado así de mala.

-Jesús, claro que sí.

¿No se acuerda de aquella gripe que cogió en Buenos Aires?

Estaba peor que ahora.

-No.

No, nunca había estado tan desganada.

-Ah, bueno, pues eso sí que no, ¿eh?

Haga el favor de animarse, que eso sí que cuenta mucho.

-Prométeme que vas a cuidar de Cinta y de Jose si falto.

¿Promesas a estas horas del día? No, les va a cuidar usted misma.

¿No pensará pasarse el resto de la vida en la cama?

-Me preocupa mucho Cinta.

Tiene la cabeza llena de pájaros.

-¿Y cómo la tenía usted a su edad?

-Peor, toda la fauna metida dentro tenía yo.

Pero ya había tenido una infancia dura, de pescadera.

Y sabía que...

quitando escamas y limpiando sardinas me podía ganar la vida.

Pero mi hija no sabe nada de la vida,

siempre la ha tenido regalada.

-Pero...

Bellita, si tuviera necesidad saldría adelante,

que la niña es más lista que el hambre,

y hay cosas que solo se aprenden cuando hace falta.

-Y mi Jose...

-Señora, yo, yo quiero que me perdone

por lo que dije, porque...

cuando le vi con aquella actriz, pues me confundí.

Si ya sé yo que no tiene ojos más que para usted.

-Lo hiciste con buena intención.

Además, ya estamos a bien,

que me quiere lo mismo que yo a él.

-Un poquito más el señor, si me lo permite.

-Si falto, cuídamelo,

que es muy fachoso y muy hombre,

pero por dentro no es más que un niño.

-Bueno, ya,

se acabaron las tonterías por hoy, le va a cuidar usted misma.

Usted nos va a enterrar a todos.

Menos a Cinta, se entiende.

(Puerta)

-Buenos días, Bellita.

¿Cómo se encuentra?

Ya me extrañaba no haber sabido nada de usted ayer.

-En las últimas, Margarita.

Me han contado que estaba en cama al llegar al barrio.

¿Qué le ha pasado?

Seguro que han sido los disgustos con su familia.

-No, no. Es una fiebre.

Con mi Jose ya está todo arreglado

se acabaron las discusiones.

-¿Arreglado?

Si usted lo dice...

Bueno,

lo que voy a hacer es prepararle un té de los que le gustan.

-Perdone, doña Margarita, pero no.

-¿Y por qué?

¿Quién eres tú para decir lo que puede tomar tu señora y lo que no?

-Perdóneme, no soy yo,

es el médico el que lo ha dicho,

que nada de infusiones,

que solo puede tomar la medicina que le ha prescrito,

y el caldo de gallina.

-Un té solo le puede hacer bien.

-Si sigue por ese camino, tendré que avisar a don Jose.

-Margarita,

Arantxa tiene razón,

si lo ha dicho el médico...

Además, no tengo cuerpo para nada.

Bueno,...

como si un té le fuera a hacer daño.

¿Quiere que le lea las revistas?

Ya va. ¿Qué prisas son estas?

Déjeme pasar. Nadie puede verme.

Desde luego. Espero que tengas una buena razón.

Llevo años, décadas en la calle observando a la gente

y creo que la conozco. Tú estabas espiando.

-No diga eso, que ha sido casualidad que me viera allí.

-¿Con el ojo puesto en la casa y sin perder ripio?

Y mirando por la ventana aprovechando que es un bajo.

¿Qué querías espiando a Maite Zaldúa?

-Y vuelta la burra al trigo, que yo no espío a nadie.

Que a veces voy a limpiar al estudio de doña Maite.

Yo miraba por la ventana pa ver si ella estaba y podía barrer un poco.

-¿Y estaba?

-¿Cómo lo voy a saber, si apareció uste y me agarró

como si fuera a robar el banco de España?

-Está muy feo meter las narices en los asuntos de los demás.

-A mí me lo va a contar, que trabajo con doña Rosina.

Pero ya le digo que no tengo interés,

que bastante tengo con mis sueños.

-¿Sigues soñando con tu tía?

-Sí.

Se nos ha aparecido a mi primo y a mí en sueños otra vez,

y esta vez, cantando un villancico.

-¿Uste ha soñado eso alguna vez? -No, nunca.

Yo sueño cada noche con gente distinta del barrio y de fuera.

Alguna vez repito, pero pocas.

-¿Ha soñao uste conmigo?

-Muchas veces.

-Espero que sea un sueño decente,

no me gustaría aparecer como mi madre me trajo al mundo

en los sueños de los demás. -Claro que son decentes.

Sueño contigo, con Fabiana, con Arantxa, con Servando,

hasta con don Ramón.

-¿Y con la señá Úrsula?

-Eso sería una pesadilla. ¿A qué viene recordarla ahora?

Sepa que la señá Fabiana la ha visto por el barrio vestida de monja.

-¿Qué querrá por aquí de vuelta?

-Pa chasco que no lo sé, pero seguro que nada bueno.

Y vestida de monja, me da más miedo entoavía.

-Luego le preguntaré a la señora Fabiana.

Y tú deja de espiar a doña Maite, que a saber qué querrás.

-¿Yo? Nada.

Si la única que he visto entrar ahí ha sido a Camino,

y no era a la que buscaba.

-¿Esta mañana? -Hace un rato.

-No le cuentes nada a nadie, que doña Felicia

no quiere que doña Maite le meta sus ideas en la cabeza a la chiquilla.

-Pierda uste cuidao.

No le diré nada a doña Rosina, que ella lo cuenta to.

-Eso.

Y si te vuelvo a pillar espiando a la gente,

se lo tendré que decir al interesado.

-Pues entonces, dígaselo a doña Rosina,

que es mi patrona la que se empeña.

Y déjeme en paz, que tengo que seguir con mi labor,

que tengo mucha por delante.

Con Dios. -Con Dios.

(Suena el silbato del afilador)

Señora Fabiana, venga.

¿Es verdad que ha visto a doña Úrsula?

-Como que estoy aquí, y vestida de monja, que era lo que faltaba.

-¿Y qué quería?

-No lo sé, no pude hablar con ella, pero na bueno.

¿Alguna vez la ha visto aparecer que no haga ferocidades?

-La verdad es que no. Habrá que andar con ojo.

-Pues sí. A más ver.

-Con Dios.

¿Qué hace esa mujer en el barrio y vestida de monja?

Es imposible controlarla.

No sé si con el hábito pretende hacernos creer que ha cambiado

o por el contrario quiere asustar más.

Nadie va a creer que ha cambiado, tratará de dar miedo.

Contigo lo ha conseguido. No me fío de ella.

Es la mujer más dañina que he conocido.

Debes domar tus nervios o todo será peor.

Acabará haciéndonos daño.

Yo debo domar mis nervios,

¡pero usted no se puede quedar mirando sin hacer nada!

Si sigues perdiendo la templanza, soltaré lastre.

¿Está pensando en traicionarme?

Es lo que me advirtió Úrsula.

De ti depende que sigamos juntos en este barco,

pero no quiero a nadie corriendo como pollo sin cabeza.

Estoy harto de este barrio.

De Felipe, de Úrsula...

Solo quiero coger a Marcia y marcharme con ella a Cuba.

Qué romántico, tú y tu mujercita juntos.

Pronto te podrás ir.

No... si Marcia se entera por Úrsula

¡de que fue usted quien me trajo a Acacias!

¡Te irás cuando llegue el momento, no ahora!

¿Y sabes cuándo será?

¿Cuándo? Cuando me convenga a mí,

cuando Úrsula no me pueda hacer más daño.

Sé paciente o quédate solo y enfréntate a mí.

Tú verás lo que más te conviene.

Y ahora, vete.

Con cuidado de no ser descubierto.

Y no vuelvas si no te llamo.

(Se cierra la puerta)

Pues... yo lo veo todo correcto, don Ramón.

En ese caso, me quedo más tranquilo.

Me siento culpable por hacerle trabajar estando convaleciente.

Tranquilo, me encuentro mucho mejor.

Creo que mis problemas por el atropello están casi superados.

Pero dígame, ¿qué es lo que le preocupa de los documentos?

Autorizan a seguir mandando barcos a Marruecos para repatriar heridos.

Temo que el gobierno esté usando los fondos para otros menesteres.

Para trasladar tropas, por ejemplo.

Pues no lo sé, los barcos que vuelven cargados con los heridos,

no parten de las costas españolas vacíos.

Entonces, ¿estamos colaborando con la guerra?

Nosotros colaboramos con la paz al traer a los que sufren.

Quizá colaboramos con la guerra involuntariamente,

a eso no podemos oponernos.

Son barcos que están bajo el control

de las autoridades españolas

y que tienden a intereses españoles, eso es evidente.

Eso me hace sentir incómodo.

No quiero colaborar con el traslado de armas o de tropas.

No hay nada blanco o negro,

todo tiene infinitos tonos de grises.

Me conformo con ver la parte buena de nuestra labor.

Puede que tenga razón,

pero me gustaría que se estudiara más el destino de los donativos.

Hablaré con don Liberto y Genoveva para saber qué opinión tienen

y poder hacer una petición.

Eso me hace sentirme más tranquilo.

¿Todo bien con doña Genoveva?

Amigo Ramón,

¿cuándo ha visto usted que en una relación de pareja vaya todo bien?

A veces por ellas o por nosotros,

pero siempre hay desencuentros.

Espero que no sean graves. No, no lo son.

Espero que no lleguen a convertirse en graves

y poder solucionarlos mientras estemos a tiempo.

Buenos días. Su criada me ha dicho que pase.

¿Interrumpo?

Pase, le esperaba. -De hecho, yo me marchaba.

Les dejo hablando de sus asuntos.

Gracias por la visita, don Ramón.

Siempre es un placer.

Y no olvide comentar lo de los barcos.

Con Dios. Con Dios.

-¿Cómo anda su salud? Bien,

mucho mejor. Gracias por interesarse.

Pero supongo que su interés en venir no era social.

Así es.

El motivo de mi visita no es solo su salud,

también hablar de la estrategia en el caso de César Andrade.

En la policía necesitamos que usted sea nuestro cómplice.

Siéntese, por favor.

Dígame qué tengo que hacer, soy todo oídos.

Es un caso en el que tengo el mayor de los intereses.

¿Qué, Cesáreo, no le da contentura ver el barrio tan engalanado?

-Contentura y tranquilidad, que así la ronda se hace mejor.

-¿Se ha cruzao con Úrsula?

-He dado un paseo por el barrio y ni rastro de esa mujer,

ni vestida de calle ni de monja, ni de ninguna manera.

-Ya aparecerá, aunque sea vestida de espantajo.

No sé qué daño he hecho en el mundo pa merecer la cercanía de esa mujer.

¿Sabe desde cuándo la conozco?

-No me hago la menor idea.

-Más de cuarenta años.

Y no la he visto hacer el bien ni dos días seguidos.

Cuando lo parecía, era porque ocultaba algo.

-No tema, que ahora anda de capa caída.

Cuando más acorralado se siente, más fiero es el león.

Ya le digo yo.

Mire, ahí viene Arantxa.

-"Egun on", que decimos en mi tierra. Buenos días.

-Buenos los tenga uste. -Lo mismo le digo, "egun on".

¿Y qué, cómo anda doña Bellita? -(SUSPIRA)

La fiebre le va y le viene.

Estamos deseando que lleguen los análisis del laboratorio

para saber qué tiene, pero...

pero no nos queda más que esperar. Y Marcelina, ¿cómo va con la muela?

-Ay, Marcelina,

ni borracha me ponía yo en manos de Servando.

Le puede hacer un estropicio de mucho cuidado.

-Que Dios la pille confesada, pobre.

Me voy al mercado, que quiero prepararle a mi señora

un buen caldo de gallina.

-Yo voy para allí, le acompaño.

-Ah, pues mire que bien, así van juntos.

Con Dios. -Con Dios.

-Con Dios, Fabiana.

Jesús, qué malo es usted disimulando.

-No se ha percatado de nada.

¿Qué hay de malo en que nos vean juntos?

Aunque no sé si Jacinto sospecha.

-Pues... ya está disfrazando el asunto,

porque Jacinto y Servando son los mayores cotillas del barrio.

Bueno, junto con doña Rosina, claro está.

-Lo miraré. ¿Qué tal por su casa?

-Pues muy mal, Cesáreo.

Todos muy preocupados por la enfermedad de Bellita.

En esa casa, que todo era cantos y risas,

y ahora todos son lamentos...

Y yo siento una culpa que me reconcome por dentro.

-¿Culpa usted? ¿Por qué?

-Porque avivé los celos de mi señora sin querer

pesando que don Jose tenía algún asunto con esa actriz.

Y ahora...

¿Y si mi señora ha enfermado del disgusto?

-Nadie enferma por una pesadumbre, solo triste.

Y para eso están los galenos, para dar su opinión,

que para eso han estudiado.

-Sí, bueno, pero mi señora es muy sentida,

sobre todo, en lo que se refiere a su marido,

que lo quiere con locura.

-Usted vio lo que vio.

-Menos mal que se han arreglado,

que yo hubiera sido incapaz de cargar con la culpa de un ruptura

sobre mis hombros.

Pues eso es lo que hemos pensado.

¿Cómo lo ve?

No, no estoy de acuerdo.

Yo quiero que se pudra en la cárcel,

no que tenga una pena menor por un pacto.

Me ha costado convencer a la fiscalía para aceptar el acuerdo.

A cambio de una pena blanda, Andrade nos daría nombres

para desmantelar varias redes de trata de blancas.

Entiendo que ese es su objetivo, pero no el mío.

Yo voy a declarar contra él.

Así será difícil que el juez acepte nuestra proposición.

Se lo digo y se lo repito,

no pararé hasta que Andrade no vuelva a ser libre nunca más.

¡Deberían combatir el tráfico como es su obligación!

A veces, el fin justifica los medios.

Su fin es la trata de blancas y su medio es Andrade.

Para mí no, para mí el fin es Andrade.

Solo quiero su desgracia.

Muy bien.

No le voy a decir que no sospechara su respuesta

pero era mi obligación tratar de convencerle para no declarar.

Siento no poder colaborar con usted.

Y espero que Marcia sea demoledora en su declaración contra Andrade.

Es de suponer.

Comisario,...

yo no puedo hablar con ella, pero le ruego que esté pendiente

y que la oriente a enfrentarse al cuestionario que vayan a hacerle.

Tengo previsto hablar con ella.

Gracias, comisario.

Siento no poder ayudarle, pero...

iría contra mis principios.

¿Habéis pagado los cafés?

-¿No me invitaba por haber arreglao el enchufe?

-A ti sí, pero si traes a más gente, me arruino.

-Servando, yo no soy más gente, yo soy la Casilda.

-Deja, prima Apúntemelo a la cuenta-

-Si no tienes cuenta.

-Uste apúntelo, que ya lo hablo con la señá Fabiana.

-De verdad, qué aprovechados.

¿Habla el que le va a sacar una muela a Marcelina sin saber hacerlo?

-Oye, que yo sé, que en mi pueblo lo he visto miles de veces.

Solo tengo que despertar los recuerdos de la infancia.

-Y encima le quiere cobrar. -Ni que fuera rico.

Mira, ahora es Navidad,

si me toca la lotería, os perdono el café

y lo de la muela.

-El número, el número,

el villancico...

¡Lo que dice la tía es que compremos lotería de Navidad!

-¡Anda, pues sí!

¡Que es eso, primo! -¡Claro que sí!

-¡Vamos a ser ricos! -¡Sí, prima!

Y para el caballero.

¿Cómo ha ido?

-Eh...

Era solo el primer intento.

Habrá más pretendientes y todo saldrá bien.

¿Qué sabemos de Bellita?

-Nada, ahora subiré a ver cómo se encuentra.

Pero contadme cómo ha ido la cita

con el candidato que ha buscado doña Rosina.

-Pues el chico era una alhaja:

callado, soso y más feo que Picio.

¿Tan feo era? -Tu hermana es una exagerada.

La verdad es que guapo no era, hija.

-Y lo peor es que era un sosaina sin conversación.

-No, lo peor era su madre, parecía una cacatúa.

Solo hablaba de las marquesas que conocía.

-Otra vez será.

-No vamos a acertar a la primera,

seguiremos buscando.

-Lo mismo doña Rosina no es la mejor casamentera.

-No le llames casamentera. Camino, nos está ayudando.

-A casarme, o sea, casamentera.

-Como quieras. Voy dentro.

-(SUSPIRA)

-Nunca pensé que consentirías

acompañar a nuestra madre a conocer a un pretendiente.

-Pues ya ves.

-Aquí hay gato encerrado.

-Qué listo es mi hermano.

Hermana, perdóneme, pero no estoy para monsergas.

Ni me voy a confesar ni a arrepentir, ni nada.

Soy yo.

Qué sorpresa, si es la madre superiora en persona.

¿Ha decidido entregarle la vida a Dios o es un disfraz?

(RÍE)

No es un disfraz,

es el hábito de mi congregación,

estoy aquí para aliviar el dolor y la angustia de los presos.

Y me ha tocado a mí.

Vaya suerte más perra que he tenido,

me viene a consolar una monja que ha pecado más que yo.

Debería darle gracias a Dios,

así no me asusto de sus pecados.

De paso, podemos rezar,

por el buen resultado de su juicio.

Le he traído un paquete con algo de comida y de ropa,

los carceleros se lo darán.

Muchas gracias, hermana.

Pero no me creo que sea a eso a lo que ha venido.

Por supuesto que he venido a eso,

aunque... aprovecharé para preguntarle esa información

que tiene pendiente de darme acerca de Santiago Becerra.

No tiente a la suerte, Úrsula. No cumplió su parte del trato.

Sí que cumplí.

Don Felipe Álvarez-Hermoso fue atropellado.

No es mi culpa si la medicina lo ha salvado.

El trato era impedir que declarara. Y no lo ha hecho.

Pero lo hará. No se sabe.

Y ahora, deme esa información,

o descubrirá el daño que le puedo hacer aquí dentro.

¿Me amenaza?

Señor César Andrade,

las monjas tenemos muy buena relación con los guardias.

Hacen caso si les pedimos que traten a algún preso

de forma especial.

Siento decirle que se ha equivocado conmigo.

O se va ahora mismo o se arrepentirá.

Que el Señor esté contigo.

Espero que nadie te haya visto entrar.

Creo que no,

pero si no quiere que me vean, no me mande llamar.

Después de lo que me dijo esta mañana no esperaba volver a verla.

Si te llamo es porque tengo algo que proponerte,...

algo importante.

He decidido ayudarte en lo que me contaste esta mañana,

en lo del viaje a Cuba.

¿Por qué?

Porque quiero que triunfe el amor.

¿Dudas de mi buen corazón?

Si quiero ayudarte es porque me conviene.

No veo la forma.

Lo que vamos a hablar no puede salir de aquí.

Por supuesto, confiamos a muerte el uno en el otro.

(SONRÍE)

Felicia.

-Carmen.

-¿Viene de casa de los Domínguez? -Sí.

No he visto a Bellita, estaba dormida.

-Quiera Dios que Bellita salga adelante,

o se verá afectada toda la familia.

-Ya.

-¿Sabe qué?

Voy a ir a rezar por ella antes de volver a casa.

-Pues la acompaño, los rezos siempre vienen bien.

-Buenas. -Buenas, Rosina.

-Qué bien que las encuentro, iba al restaurante.

-Nosotras vamos camino de la iglesia, a rezar por Bellita.

-Más importante que lo mío, desde luego.

Yo iba a informarle de que he encontrado a otro candidato

para pretendiente de Camino.

-Espero que más guapo y saleroso que el anterior.

-¿Buscando novio a Camino?

En estos tiempos es mejor que se lo busquen solas,

yo lo digo por lo que se oye por ahí.

-Yo creo que el ojo de las mujeres más mayores siempre es bueno.

Además, necesito distraerme de otro asunto que me preocupa.

-¿Alguna novedad, Rosina?

-Pues sí,

mi esposo y Maite han entrado en un edificio del centro

y no salieron hasta casi pasada una hora.

No quiero pensar qué pudieran estar haciendo.

-Lo mejor es que hable con él. Se está imaginando cosas que no son.

-¿Para que me las confirme?

Ojos que no ven, corazón que no siente.

-Rosina, no sé de qué sospecha,

Liberto aprendió ya la lección,

sería incapaz de volver a hacerle daño.

Yo le veo hablando con mi esposo y le tiene a usted un respeto total.

-Carmen, de los hombres no hay que fiarse.

Y encima, me he enterado que Maite Zaldúa ha decidido quedarse,

yo que me la imaginaba yéndose, esperaba que se marchase ya.

-¿Cómo que se queda? -Sí,

y de forma indefinida.

Yo también voy a la iglesia,

así cada una reza por sus asuntos, ¿les parece?

-Nos parece. Vamos. -Ay, Señor.

No estoy seguro de querer cruzar esa línea.

Es la que separa la riqueza de la pobreza.

¿O qué pretendes, ir a Cuba y que Marcia se ponga a servir?

Para eso os quedáis aquí. Tenemos planes más ambiciosos.

No seas inocente,

los planes no funcionan si no se engrasan de forma correcta.

Y yo puedo ayudarte con eso.

¿Habla... de dinero?

Sé que lo que le pido es importante y que hay que pagarlo bien.

Esto es solo un anticipo.

¿Y me daría otro igual que ese?

No, otro no, otros diez.

Qué diferente sería la vida en Cuba con ese dinero, ¿no?

¿Seríamos los dos los que lo haríamos?

Mano a mano, tú y yo.

Si nos salvamos, lo hacemos los dos,

si caemos, también lo haremos juntos.

Y la manera de que ninguno hable. Así es.

¿Aceptas?

(SONRÍE)

Yo no tengo apetito, Arantxa.

-Tenga gana o no, va a comer,

que bastante tenemos con un enfermo en la familia.

Admito que no quieran cenar en el comedor,

pero se toman un plato de sopa en la cocina cada uno.

Tata, mi madre está sola.

Y dormida, que es cuando mejor duerme una,

sin que nadie le observe a una.

Señor, convenza a la niña, que para algo es su padre.

-(DON JOSE EXHALA)

Vamos, Cinta, tiene razón Arantxa.

¿Te imaginas que te quedas sin fuerzas en el debut

y te caes de boca encima del respetable?

No tengo ganas de debut ni de actuar, ni de nada.

Voy a cancelar el estreno. ¿Qué?

De eso nada,

esta profesión es así.

Aunque estés sufriendo tanto que creas que ya no puedes más,

cuando sales al escenario, nadie lo puede notar,

tienes que sonreír como si no hubiera nadie más feliz en el mundo.

No creo que consiga cantar.

Pues ya han comprado las entradas,

y seguro que muchos, como regalo de Navidad, no tienes más opción.

¿Y si madre no está bien para Navidades?

-Ya te ha dicho tu padre,

sales a cantar, y que nadie te note lo que está pasando.

Me acuerdo de tu madre cantando a punto de parirte.

Tenía contracciones y seguía en el escenario.

¿Es eso verdad?

-Y tanto,

como que casi naces en el camerino del Teatro Novedades.

Por fortuna, tu padre tenía preparado un carruaje fuera,

y pudimos meter a tu madre cuando se escuchaban los aplausos.

-Y gracias que el hospital estaba cerca, que si no...

No sé que era peor, si nacer en los camerinos o en medio de la calle,

rodeada de curiosos.

Si me dan a elegir, prefiero el camerino.

(Puerta)

Voy a ver si es el médico. Come, que te estoy viendo.

(SUSPIRA)

Señor, es un mensajero.

-Es del doctor.

¿Qué dice, qué tiene madre?

-Han encontrado algo raro en la sangre de Bellita,

y no saben qué es,

lo tiene que ver un especialista.

-¿Nada más?

-Que ojalá se equivoque, pero tal vez sea algo grave.

Buenas tardes, Fabiana. Buenas tardes, don Felipe.

¿Cómo se encuentra usted?

Le veo más recuperado.

Mejor.

En eso estamos.

Quería preguntarle... ¿Está Santiago?

No, no está, creo que no ha vuelto del trabajo.

Me alegra escucharlo.

No vengo buscándole a él, sino a Marcia.

Tampoco está.

A esta hora, trabaja en la mantequería.

Voy a pedirle un favor. ¿Podría ir a por ella?

Don Felipe, por favor,

usted sabe que no soy de meterme en las vidas de los demás.

Y menos en las de los señores.

Si quiero hablar con ella es porque se trata de algo importante.

Don Felipe, esa muchacha lo ha pasao mal.

Y su marido no se va a callar,

si sabe que han estado hablando.

Le repito que es importante.

Solo le voy a dar explicaciones a ella.

Pensé que sería mejor venir aquí, que ir en la mantequería.

Si es necesario, lo haré.

-Está bien, Fabiana. Hablaré con Felipe.

-Estaré fuera,

quiero asegurarme de que Santiago no aparece por sorpresa.

-Gracias.

¿Y bien?

Va a ser solo un minuto.

Es una imprudencia.

Será la última vez, te lo aseguro.

Debería sosegarse y dejar que los médicos hagan su trabajo.

-Eso es lo que más me inquieta, que no tienen ni idea de la dolencia

-No sabes lo pesada que está con el tema de encontrarme un pretendiente.

Como si yo necesitara tal cosa.

-Lo sé, pero vas a tener que seguirle la corriente.

-Ya he conocido a uno y me tiene concertada una cita con un segundo.

Este le interesa más, su familia está bien posicionada.

He encontrado una botella de champán escondida en su escritorio.

-¿Cómo que una botella de champán?

¿Estás segura?

-Pa chasco que sí.

Como marido suyo, debería imponerme y no dejar que Servando lo haga.

-Entre lo terca que es Marcelina y lo manipulador que es Servando,

seguro que le iba de pena.

Mi familia no me quiere decir nada,

pero no me hace falta saber el diagnóstico.

Todo mi cuerpo me lo dice a gritos.

Me estoy muriendo, Margarita.

Se trata de aplicar la suficiente fuerza en la puerta al cerrarla,

para que la pieza infectada salga del cubículo vocal

del paciente en un tris.

Vamos allá.

-(MARCELINA GRITA) -Camino,

debes pasar página, tu madre está muy preocupada por tu futuro.

-Lo sé.

Como también sé que solo quiere lo mejor para mí.

-Pues no debes causarle más problemas,

ni a ella ni a ti misma.

-Tranquilo, Cesáreo, lo último que quiero es disgustarla.

-Me alegra escucharlo, doña Felicia se merece todo el respeto del mundo.

Si pudiera elegir con quién disfrutar todo mi amor,

lo haría contigo

sin pensármelo dos veces.

¡Esa mujer declarará hoy, y no va a hacerme ningún favor!

-Tiraré por tierra su testimonio.

-Tendría que haber impedido que acudiera al juicio.

Esta tarde tengo que ir a declarar ante el tribunal.

-No sabía que te presentarías como testigo.

-Así es.

Me llamaron para testificar, y allí estaré.

-Eres muy valiente.

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Acacias 38 - Capítulo 1162

18 dic 2019

La serie, ambientada a principios del siglo XX, está situada en una calle, Acacias, y nos muestra el devenir de sus habitantes.

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