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393ENTREVISTA
lavado de cerebro

Kathleen Taylor
Kathleen Taylor
investiga en el Departamento de Fisiología de la Universidad de Oxford y su  libro “Lavado de Cerebro” ha sido seleccionado para algunos de los premios más prestigiosos de divulgación científica. A través de él hoy  nos acercará a la ciencia que hay detrás del control de la mente.

 
 
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Eduard Punset:
¿En qué campos nos está diciendo ahora la neurología, la neurología moderna que, oye, “no somos lo que pensábamos que éramos”?...  Tú mencionas la «solidez». Pensábamos que nuestro cerebro era como un diamante, ¿sabes? Que no se podía romper... ésa era la idea que teníamos, que guardábamos los recuerdos, que era el mismo cerebro, el mismo yo... pero tu dices que hay que tener cuidado, porque este tema de la solidez... no es en absoluto así.

Kate Taylor:
Bueno, solemos pensar en nosotros mismos, supongo, como algo que es relativamente igual una vez se alcanza la edad adulta. Por supuesto, ¡la gente cambia! Pero a menudo subestimamos hasta qué punto cambiamos, y hay buenos motivos psicológicos para ello, motivos en los que no profundizaré; pero lo importante es que nuestro cerebro, por así decirlo, está diseñado para hacernos sentir más parecidos de un día a otro, de una semana a otra, de lo que verdaderamente somos.
Esto nos ayuda muchísimo porque nos permite desempeñar los mismos papeles, nos permite esforzarnos menos en intentar resolver todas estas cosas cada día… imagínate cómo sería… si cambiaras mucho, y fueras consciente de lo distinto que eres cada mañana…

Eduard Punset:
Estarías un poco perdido…

Kate Taylor:
¡Estarías un poco perdido! Y también tendrías que esforzarte mucho más; mientras que si puedes asumir que casi todo es exactamente igual, entonces puedes tirar adelante y concentrarte en lo nuevo. El cerebro es muy bueno cuando toca trabajar con la novedad, pero si las cosas son iguales, tiende a ignorarlas. Así que todo lo relativo a uno mismo que es igual (o parece igual) puede ignorarse tranquilamente, dejarse de lado, y de este modo... puedes levantarte y centrarte en cualquier nuevo reto que te traiga el día. Así que es muy útil pensar en uno mismo como el tipo de cosa que no cambia mucho, porque es tranquilizador, y porque nos hace la vida más fácil...

Eduard Punset:
Pero no es verdad.

Kate Taylor:
¡No! Porque la gente subestima hasta qué punto su cerebro y su yo puede cambiar. El lavado de cerebro no es más que un ejemplo extremo de esto. Un ejemplo que utilizo en el libro es que si te encuentras a un amigo al que no has visto en diez años, y de repente se ha vuelto religioso, por ejemplo, pensarás: «vaya… pero es que son diez años», lo que sea. En cambio, si te encuentras a esa persona un mes más tarde y de repente se ha vuelto religiosa, empezarás a pensar... pensarás: «¡Un segundo! ¡Qué poco tiempo! ¿qué está pasando?».

Eduard Punset:
Sí.

Kate Taylor:
Así que, en gran medida, todo depende de cuánto tiempo tengas para hacer estas cosas, el lavado de cerebro es un caso en el que se produce un cambio bastante extremo en un período relativamente corto de tiempo. Ésta es una de las cosas que hace que nos asuste, ¡porque es poco corriente! Pero simplemente porque sea poco común no significa que no pase. Es decir, la gente cambia todo el tiempo, lo que pasa es que generalmente son cambios menores, y no tan grandes. Y cuando vemos grandes cambios nos inquietamos, pero de hecho todos nosotros cambiamos hasta cierto punto, todo el tiempo.

Eduard Punset:
Pero es algo muy nuevo en cualquier caso, ¿no? El lavado de cerebro, como disciplina científica…

Kate Taylor:
Es algo bastante nuevo; la palabra sólo existe desde 1950. Utiliza técnicas mucho más antiguas, derivadas de la tortura… por ejemplo, algo muy parecido se produjo durante la Inquisición, las reformas en Inglaterra, etcétera. Así que hay mucha historia detrás, pero la palabra no surgió hasta 1950. Se trataba de un término propagandístico, acuñado por un periodista estadounidense llamado Edward Hunter, que lo utilizaba para describir lo que pasó en la Guerra de Corea…

Eduard Punset:
¡Ajá!

Kate Taylor:
…cuando los soldados estadounidenses (algunos de ellos, no todos; pero algunos ciudadanos de Estados Unidos) cambiaron completamente y pasaron a denunciar el estilo de vida estadounidense y todo lo que conllevaba, y a alabar el comunismo.

Eduard Punset:
La gente se escandalizó…

Kate Taylor:
Todo el mundo se horrorizó, ¡nadie entendía lo que pasaba! Y era necesario un nombre para describir este fenómeno tan extraño; entonces Edward Hunter propuso el nombre de lavado de cerebro, y ahí empezó el concepto moderno del lavado de cerebro.

Eduard Punset:
Entre los precedentes más impactantes de esto está probablemente lo que pasó en Jonestown, ¿verdad?

Kate Taylor:
Sí, es un ejemplo muy bueno.

Eduard Punset:
…donde casi 1.000 personas se suicidaron. También llamamos lavado de cerebro a eso.

Kate Taylor:
Jonestown empezó como una misión cristiana, pero mucho más extrema y mucho más aislada, y con el tiempo desembocó en un suicidio colectivo. Nadie podía entender cómo se podía pasar de…

Eduard Punset:
De…

Kate Taylor:
Un simple cristiano, defensor de las buenas obras y bastante socialista, al líder paranoico que condujo a su gente a este tipo de acción... y, de nuevo, la gente necesitaba una palabra para explicarlo, así que dijeron: «¡Tenemos que llamarlo de algún modo! ¡No lo entendemos! ¡Pongámosle un nombre!» Y eso, por lo menos, fue el principio.

Eduard Punset:
¡Pero luego la propia CIA investigó durante años el lavado de cerebro!

Kate Taylor:
¡Por supuesto!

Eduard Punset:
De hecho, alguien me recordó el Proyecto Manhattan, que dio lugar a la bomba atómica... los recursos que se destinaron a estudiar, investigar el lavado de cerebro fueron casi iguales, pero no hubo demasiados resultados, ¿no? ¿O se llegó a algunas conclusiones? 

Kate Taylor:
Bueno, lo que creo de las conclusiones a las que se llegó... si es que se llegó a conclusiones, y en la medida en la que yo, que no soy estadounidense ni trabajo para lo CIA, sé del tema... y desconozco lo que pasa en secreto ahora mismo... pero por lo que sé, el problema que tuvieron es que el lavado de cerebro es, por así decirlo, un proceso de dos fases: hay que eliminar las creencias anteriores (en el caso de Corea, de los soldados estadounidenses, había que eliminar la creencia de que el estilo occidental era bueno) y luego instaurar las nuevas creencias (la creencia de que el comunismo era bueno). Pues bien, eliminar las antiguas creencias se puede hacer hasta cierto punto, se puede utilizar el electroshock, las drogas o fármacos, todo tipo de técnicas para intentar lavar el cerebro de la gente.
Pero el problema es que introducir nuevas creencias es muy difícil. Descubrieron que eso no podían hacerlo, que podían desprogramar a la gente, como decían ellos, pero que no podían adoctrinarlos con las nuevas creencias.

 

Bloque 2

Eduard Punset:
Hablamos de ideas extrañas, ¿no? Del hecho de que se toma una idea extraña, respaldada o generada por la emoción, y se genera una convicción. Pero ¿qué idea extraña? Es decir, ¿cuáles serían los prerrequisitos para una convicción sea una consecuencia del lavado de cerebro?

Kate Taylor:
¿Que qué es lo que necesitas para que pase? Pues necesitas emociones fuertes, para empezar. Y, realmente, la mayoría de las veces necesitas que mucha gente a tu alrededor crea lo mismo, porque eso te lo pone mucho más fácil… recuerda que cuando empiezas a tener una idea, cuando estamos al principio del proceso de lavado de cerebro, lo que pasa es que la idea se forma por la información que te llega. Alguna de esta información es lo que ves, lo que oyes, dónde están los objetos en el mundo que observas, todo este tipo de cosas, ¡pero en gran parte procede de otra gente! Así que si hay un montón de gente a tu alrededor que te dice lo mismo y no hay nadie que te diga algo distinto, la realidad para ti se convertirá en lo que esa gente te diga.

Eduard Punset:
…en lo que te diga.

Kate Taylor:
No hay nada más, porque no llegan fuentes alternativas de información. De nuevo, volvemos a la importancia de detenerse y reflexionar, del pensamiento crítico. ¿Sabes? Gente que se cuestione la sabiduría popular y la información comúnmente aceptada…
Pero si estás solo en un grupo pequeño y compacto, y no hay nadie que se cuestione las cosas...  eso es lo que pasó en Jonestown, ¡no había nadie más! No tenían acceso a los medios de comunicación... Jones controlaba la información, así que lo que él decía se convertía en la realidad, porque no había modo alguno de comprobarlo. Si tienes algo así, eso refuerza la idea, y si sumas eso a las emociones, todavía se vuelve más fuerte... y, si llega a ser suficientemente fuerte, incluso aunque algo lo cuestione, ¿sabes? aunque llegue alguien de fuera y diga: «en realidad, estás equivocado»… ¿cuánta repercusión tendrá eso? No mucha...

Eduard Punset:
La única defensa contra eso, la defensa que hemos heredado, es la corteza prefrontal, esa cosa tan hermosa que, según dices, es el director que nos dice: «detente y reflexiona».

Kate Taylor:
No quiero que suene como si se tratara de un hombrecillo sentado ahí mirando al resto del cerebro, todo el cerebro hace esto de detenerse y reflexionar, sólo que… la corteza prefrontal lo hace más lentamente que el resto del cerebro, así que nos damos más cuenta de ello: tendemos a pensar que es la que hace esto de detenerse y reflexionar. Pero, de hecho, los procesos de cuestionamiento e interpretación están pasando continuamente en el cerebro. Es decir, es como si las áreas neuronales interactuaran... conversaran entre sí; cuando reciben un estímulo, muchas áreas se activan, casi como si tuvieran una conversación y dijeran: «bueno, creo que esto es lo que pasa... no, no, no estoy seguro, creo que es eso lo que pasa... ¿quién grita más fuerte? Vale, pues nos pondremos de acuerdo en que pasa aquello». Y entonces fluye la decisión y se consigue una acción y una respuesta, así que es algo mucho más complicado e interactivo que la idea de que un estímulo que entra en el cerebro, la corteza prefrontal se para y dice: «quizá hago eso. Quizá no. ¿Qué narices? Voy a hacerlo». ¿Sabes? Y ya tienes la decisión. No es así, es mucho más interactivo.

Eduard Punset:
Otro tema fascinante es la educación. Hay quien que dice que la educación es el mejor ejemplo del lavado de cerebro, y que empieza en la infancia…

Kate Taylor:
Sí. Los Pink Floyd.

Eduard Punset:
¡Exacto! Pero tú dices: «¡ojo! Porque la educación puede ser totalmente lo contrario: ¡puede ser una manera de liberarse!» ¿En qué sentido?

Kate Taylor:
Hay que ir con cuidado con el lavado de cerebro, porque es un asunto sumamente político. Y uno de los problemas que surgen es que es importante saber de qué perspectiva estamos hablando en cada momento. Por ejemplo, si volvemos a la reforma de pensamiento original que acuñó la palabra «lavado de cerebro»…

Eduard Punset:
Te refieres a China...

Kate Taylor:
Sí. Los chinos, de hecho… lo consideraban reeducación. Lo veían como un concepto positivo. Si miramos cómo escriben sobre ello, lo describen... casi como una curación, o una salvación. ¡Son muy positivos! Están intentando ayudar a esa pobre gente, que vive engañada, y mostrarles la luz del comunismo. Es algo muy positivo. En cambio los estadounidenses, ¿sabes? Son sus enemigos mortales, combaten contra los chinos, e intentan verlo bajo un prisma negativo, por eso «lavado de cerebro» es un término tan peyorativo, desagradable y denigrante. Así que, de nuevo, con la educación, lo que hay que preguntarse es: «¿quién educa a esa persona?» y «en el proceso de educación, ¿prevalecen los intereses de la persona que se educa o los intereses del educador?» Evidentemente, si lo que se antepone son los intereses del educador, y se pretende conseguir un ciudadano agradable y dócil... entonces sí, de ahí proceden las acusaciones de lavado de cerebro, porque es un proceso negativo. Si, en cambio, lo que se intenta es inculcar el pensamiento crítico, enseñarle a alguien a pensar por sí mismo…

Eduard Punset:
¡detenerse y reflexionar!

Kate Taylor:
Sí, detenerse a pensar y ser un poco escéptico; comprender cuándo es mejor formular una pregunta, y cuándo es mejor dejarlo correr... Enseñarle, darle un poco más de capacidad crítica para ahondar en las cosas. Si se hace eso, eso no es un lavado de cerebro, ¡de hecho es todo lo contrario!

 

Bloque 3

Eduard Punset:
Otra cosa que mencionas a menudo es la importancia del poder político como fuente de adoctrinamiento y del lavado de cerebro. Creo que fue  Milligram… o Milgram…

Kate Taylor:
Sí: Stanley Milgram.

Eduard Punset:
Stanley Milgram... mencionas algunos resultados de su investigación, que demuestran algo espeluznante... es decir, sabemos que alrededor del 1% de la población es psicópata, vale. Pero lo que no sabíamos, y lo que muestra esta investigación, es que dos tercios de la gente puede portarse de un modo muy cruel, muy maligno, simplemente por acatar una autoridad, por no ofrecer mucha resistencia a lo que se les manda. ¿Es así?

Kate Taylor:
Bueno, ¡En ciertas situaciones! Y varía mucho. Por ejemplo, cuando Milgram introducía en el experimento a otra persona que decía: «¡no, no lo hagas!» el índice de obediencia bajaba a cero. ¡De modo que hay que tener una autoridad unida para que funcione! Y cuando la persona tenía que agarrar la mano del actor, del colaborador, en el aparato de electroshock y aguantarlo, el índice de resistencia aumentaba muchísimo. Así que... ¿sabes? Depende... este experimento nos enseña mucho de la distancia, además de la autoridad: si estás lejos de la persona, si no eres realmente consciente de lo que hacen tus acciones directamente, si formas parte de un gran sistema burocrático, si estás lejos de la persona real a la que inflinges daño... es mucho más fácil hacer cosas horribles simplemente porque te lo mandan. Mientras que si estás ahí mismo, mirando a la persona mientras lo haces, es mucho más difícil.

Eduard Punset:
Otra cosa increíble… bueno, sabemos, y solemos decir que es fantástico, que no hay dos cerebros que sean iguales, todos son distintos. Tu cerebro, el mío... pero al mismo tiempo nos preguntamos por qué algunos cerebros son más vulnerables al lavado de cerebro que otros. ¿Qué los hace más vulnerables?

Kate Taylor:
Parece que las personas varían en su susceptibilidad, en la facilidad con la que se les puede hacer creer cosas extrañas,  la facilidad con la que se puede hacer que entren en una secta, se comporten violentamente, este tipo de cosas. Y no terminamos de entender estos factores, pero podemos adivinar algunos de ellos .

Eduard Punset:
¿Sí? ¿Como cuál?

Kate Taylor:
Por ejemplo, si ya tienes creencias muy, muy fuertes, será mucho más difícil eliminarlas y meter la creencias nuevas, por decirlo crudamente. Una persona dogmática o fanática, alguien que ya esté firmemente convencido de algo, será una pensadilla para quien quiera lavarle el cerebro.
Sin embargo, si tienes a alguien joven, por ejemplo, que no ha acabado de descubrir quién es en la vida, que tiene dudas, que busca algo pero no sabe bien qué... ¡alguien así es maravilloso!

Eduard Punset:
Para la persona que quiere lavarle el cerebro

Kate Taylor:
Busca respuestas, está abierto a información nueva, pero no tiene convicciones muy arraigadas… el ejemplo que utilizo en mi libro es el de la jardinería. Si tienes un jardín que es una jungla, es muy fácil llegar y diseñar el espacio y hacer lo que quieras. Pero si tienes un jardín que ya está muy elaborado, con rocas y paisajes por todas partes, es mucho más difícil poner encima tu estructura, porque tienes que eliminar la que ya está ahí. De modo que... hasta qué punto están arraigadas las convicciones de la gente es un factor importante, y esto dependerá de la educación… ¡y también de la motivación! Si alguien está interesado y dispuesto, tienes un inicio inmejorable para lavarle el cerebro. Si no le gusta, y se muestra reacio a la nueva información, eso hace tu tarea mucho más ardua. No imposible, pero sí más ardua.