Eduardo
Punset:
En tu libro sobre los genes y el lenguaje dices que las diferencias genéticas
entre dos personas del mismo continente, por ejemplo, no son necesariamente
ni más pequeñas ni más grandes, sino similares a
las de dos personas de razas diferentes. ¿Es así?
Cavalli-Sforza:
Sí, esto es exactamente lo que digo: las diferencias entre dos
personas de raza diferente -yo prefiero decir de un continente distinto,
ya que el concepto de raza no se puede definir con exactitud-, son grandes.
Sin embargo, si tomamos personas de dos continentes diferentes, estas
diferencias no son más grandes. De hecho, es posible que la media
sea un poco mayor, pero básicamente son del mismo orden de magnitud.
Son algo mayores cuando se escogen personas que están a distancias
mayores.
Eduardo
Punset:
¿Entonces de dónde proviene ese concepto de diferencia -
no lo llamaremos de raza, sino de continentes diferentes?
Cavalli-Sforza:
Bueno, las diferencias existen desde hace mucho tiempo, y existían
ya en una pequeña población que originalmente se encontraba
en África, en el Este de África. Esa población se
multiplicó y se extendió por todo el mundo, y básicamente
acabó reemplazando en buena medida a la población presente
en otros lugares. Aumentaron en número al ser más capaces
de mantener formas de vida mejores que los habitantes que vivían
anteriormente en el resto del mundo. En gran medida esto se debió
a que tenían una mejor comunicación entre ellos, puesto
que tenían un lenguaje más desarrollado que los de las otras
personas.
Eduardo
Punset:
Pero antes de entrar en el lenguaje, hablemos un poco más de las
diferencias entre los individuos. Por ejemplo, existen diferentes grupos
sanguíneos. Y algunas personas han fomentado la idea de que esas
diferencias serían fantásticas, casi de prestigio. ¿Qué
hay de eso?
Cavalli-Sforza:
Sí, en cualquier población de organismos vivos existen muchas
diferencias entre los individuos. Estas diferencias son necesarias, porque
les proporcionan más posibilidades de supervivencia en el futuro.
Eduardo
Punset:
Diversidad.
Cavalli-Sforza:
La diversidad es una ventaja, y esto es cierto para cualquier especie.
Sin embargo, nosotros somos relativamente homogéneos, ya que en
un principio éramos una población única, relativamente
pequeña, que se extendió por todo el mundo en un tiempo
relativamente corto; y además esto sucedió no hace mucho.
De hecho, en términos de la escala evolutiva (cuánto tiempo
tarda la evolución en cambiar a una población), es muy poco
tiempo.
Eduardo Punset:
Algo como...
Cavalli-Sforza:
Del orden de 50.000 años, que a nosotros nos puede parecer mucho
tiempo, pero en realidad es muy poco para la evolución. Y al extenderse
por todo el mundo, hubieron de adaptarse al medio ambiente local, ya que
los humanos se desplazaron desde un clima a muchos climas diferentes.
Por las diferencias que podemos observar hoy en día nos da la impresión
de que somos muy diferentes, pero esas diferencias son muy superficiales,
ya que son esencialmente debidas a la adaptación a climas diferentes.
Por ejemplo, el color de la piel. El color de la piel nos parece una diferencia
enorme, al ser tan evidente. En África las personas son negras,
principalmente en África sub-sahariana y más abajo del Sáhara,
y en Europa son principalmente blancas o con un poco de color; y en otras
partes del mundo son principalmente morenas. Creo que el color de los
pobladores iniciales era probablemente moreno, pero cuando tuvieron que
adaptarse a lugares donde la intensidad solar era mayor fue necesario
ser más moreno, era útil ser más moreno; y donde
la intensidad solar era menor, era útil convertirse en blanco,
y todo el mundo tuvo que convertirse en blanco en el norte; bueno, no
todo el mundo, pero casi todo. Y dependía esencialmente de la alimentación,
ya que necesitamos vitamina D, y si no ingerimos vitamina D tenemos que
fabricarla. Podemos fabricarla en nuestra piel, siempre que la piel sea
blanca: ese es el motivo por el cual nuestra piel es blanca. La gente
ve un grupo de gente blanca y otro de gente negra y dicen: ¡oh!,
son muy diferentes. Pero en realidad es una diferencia muy superficial.
También los rasgos faciales son diferentes por varios motivos,
entre otros por la adaptación de la forma del cuerpo y del tamaño
del cuerpo. Ahí también hubo adaptación al clima,
ya que en un clima frío es importante no perder el calor interno,
y sin embargo donde hace calor es importante tener un cuerpo que pierda
calor fácilmente, por tanto el cuerpo es más delgado y los
brazos y las piernas más largos. En el norte la gente tiende a
ser más redonda y a tener los brazos más cortos.
Eduardo
Punset
¿Y la forma de los ojos?
Cavalli-Sforza:
Esto también es una adaptación al clima, ya que... en el
norte hay un viento muy fuerte, por eso es útil tener los ojos
alargados, rasgados. Y esto es tan cierto que por ejemplo los esquimales
tienen una adaptación cultural, una técnica para evitar
aún más la exposición al sol: fabrican unas gafas
de madera que tienen una raja muy fina por la que pueden ver lo suficiente,
de manera que puedan estar protegidos...
Eduardo
Punset:
...protegidos del viento.
Cavalli-Sforza:
Protegidos del viento y también del sol cuando sale en una latitud
muy baja.
Eduardo
Punset:
El conocimiento que ahora tenemos de estas cuestiones, de las diversas
adaptaciones de los humanos, ¿puede de alguna manera ayudar a prevenir
las enfermedades?, ¿puede ayudar de algún modo a la medicina?
Cavalli-Sforza:
Puede, hasta cierto punto, pero de forma muy diferente a la que podríamos
esperar. Las enfermedades que nos afectan sin duda dependen del clima.
Donde hace frío hay un tipo diferente de enfermedades de las zonas
donde hace calor. En ciertas áreas hay muchos parásitos
que son peligrosos, pero son muy diferentes a los parásitos que
existen en otras áreas. Por lo tanto desarrollamos una resistencia
a estos: por ejemplo, en climas calientes se desarrolla una resistencia
a la malaria, si es que hay malaria, porque la malaria era muy común
en el resto del mundo y todavía lo es; por tanto, se desarrollan
diferentes resistencias según los tipos de parásitos de
malaria que existen en el mundo. Esta es una de las diferencias que hallamos
genéticamente: diferencias genéticas, que son adaptaciones
genéticas debidas a los retos particulares de cada lugar. Pero
cuando se toman en consideración otras enfermedades, especialmente
enfermedades hereditarias, sobre todo las peores que tenemos, éstas
son el resultado de cambios muy pequeños en nuestro ADN -en nuestro
material genético- que ocurren por casualidad. La población
humana ha crecido mucho durante la expansión; por tanto, si en
un lugar se produce una mutación que es única, que sólo
ha sucedido allí, ésta se encontrará en muchos de
los descendientes de las personas de ese lugar. Por eso es importante
saber de dónde viene la gente, para poder predecir qué tipo
de enfermedades genéticas pueden padecer esas personas. Pero esas
enfermedades genéticas, cada una por separado, tiende a ser rara,
aunque hay decenas de miles de enfermedades genéticas. Ahora empezamos
a saber bastante de ellas, no lo bastante para curarlas bien, pero al
menos para predecirlas y hacer algo cuando sea posible. Y en el futuro,
sin duda, sabremos mucho más y podremos ocuparnos de ellas. Pero
será importante conocer el origen de las personas, para predecir
sus posibles enfermedades.
Eduardo
Punset:
¿Crees en los memes? Ya sabes lo que dijo Richard Dawkins: la evolución
ya se ha acabado, y ahora lo que importa realmente es la competición
entre ideas, y hay una selección natural entre ideas.
Cavalli-Sforza:
Oh, sí, sí, sin duda lo creo, porque me parece que fui yo
quien inició esta idea. Yo la llamo la transmisión cultural
en la evolución. Dawkins inventó este nombre de memes, y
algunos lo usan; a mi no me convence mucho, pero eso no importa. Porque
es claramente una palabra para referirse a las ideas, que son muy diferentes
de los genes. Los genes son lo que nos hacen como somos, los genes del
ADN. Pero las ideas, en cambio, son los productos del cerebro: los circuitos
entre las células nerviosas funcionan de una cierta manera y generan,
o toman, la forma de ideas finalmente, y nosotros las transmitimos los
unos a los otros por medio del lenguaje, por la comunicación. Es
esto lo que ha hecho al hombre tan poderoso, la razón por que le
ha sido posible esparcirse por todo el mundo y vivir en entornos que son
totalmente inaccesibles, en los que antes era imposible vivir.
Eduardo
Punset:
Profesor Cavalli-Sforza, cuando oyes a un biólogo molecular hablar
de la evolución, a veces sólo se habla de aminoácidos
y bases, y de genes y diferencias. Sin embargo, ahora, mientras hablaba
contigo, me he dado cuenta de que no usas el mismo tipo de lenguaje: parece
que todo el tiempo estamos hablando de homogeneidad y similaridades. ¿Son
dos formas diferentes de mirar a la evolución?
Cavalli-Sforza:
Lo que observamos son evoluciones diferentes. Una es la evolución
de los genes y la otra es la evolución de la cultura. Pero la cultura
es posible porque estamos hechos de una forma determinada: estamos hechos
de aminoácidos, y de ADN, y las células realizan ciertas
funciones, y las realizan perfectamente; además existen diferentes
tipos de células que colaboran de formas muy precisas para hacernos
funcionar. Pero el cerebro es el órgano principal que interviene
en la comunicación, en las ideas y en el pensamiento.
Eduardo
Punset:
¿Sucedió algo muy diferente con el neurocórtex en
particular, en relación con otras especies?
Cavalli-Sforza:
Bueno, es como lo que hemos podido ver en el desarrollo de los ordenadores.
Al principio los ordenadores eran cosas muy grandes que podían
hacer cosas muy simples, y que tenían miles de válvulas
y tal. Ahora tenemos ordenadores muy pequeños que son mucho más
eficaces que los antiguos. Y lo mismo le ha sucedido a nuestro cerebro,
que hemos añadido más hardware -en términos de informática-,
pero este hardware funciona de una manera excelente. En algunas cosas
es más eficiente que los ordenadores y en otras menos. Es menos
rápido que los ordenadores, porque utiliza otro tipo de transmisión
en su interior, pero tiene una capacidad enorme de almacenaje en la memoria.
Eduardo Punset:
¿Tienes confianza en el cerebro? Quiero decir que siempre nos fijamos
en las grandes virtudes del cerebro: su gran capacidad de asociación,
una memoria enorme... Pero ¿no tiene también límites,
este artilugio evolutivo?
Cavalli-Sforza:
El cerebro tiene la capacidad de razonar, no cabe la menor duda: la lógica
del cerebro es muy poderosa, casi tanto como la de un ordenador, en cierta
forma, y a veces incluso mejor. Pero también tiene emociones, impulsos,
instintos; todos son partes del cerebro, y son éstos las que nos
mantienen vivos: sin ellos no seríamos capaces de comer, o reproducirnos,
o hacer lo que sea necesario para resolver los problemas que se presentan.
Pero no siempre nos guían en la dirección correcta, o al
menos con la intensidad adecuada. A veces hay una exageración en
la respuesta a nuestros impulsos. Muy a menudo nos enfadamos mucho; el
enfado tiene cierta utilidad bajo ciertas circunstancias, pero otras veces
es pernicioso. No somos muy buenos con nuestros sentimientos, y puede
que ese sea el peor problema que tenemos. Pero a veces tampoco razonamos
correctamente, y razonar correctamente es importante: realmente, la mejor
forma de hacerlo es intentar comunicarse con otras personas. Idealmente,
con las personas adecuadas; no hay que acudir a las personas equivocadas
a pedir consejo. Quizá no es fácil elegir a las personas
adecuadas, pero en esto consiste la vida... es intentar ser razonablemente
sabio...
Eduardo
Punset:
...en la elección de las personas adecuadas.
Cavalli-Sforza:
...por ejemplo en la elección de tus amigos; o en tomar las decisiones
correctas; o en no dejarse traicionar por los propios impulsos, por los
instintos. Esto es lo mejor que podemos esperar conseguir: llegar a ser
sabios, sabios en el mundo. Creo que estas son las mejores sugerencias
que puedo intentar dar.
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