En este último capítulo veremos como Eva, tres meses después del verano, vuelve dispuesta a vender la masía. Su sorpresa será enorme cuando se encuentre con su ex marido Antonio y su nueva pareja. Pero no sólo ellos, hijos y nietos irán también llegando. Todos con una misma intención: impedirle que venda la casa.
31 de Octubre, puente de Todos los Santos. Han pasado 3 meses desde las vacaciones de verano y Eva vuelve dispuesta a formalizar la venta de la masía. Sube a su habitación para dejar la bolsa y el ordenador cuando encuentra su cama ocupada: Antonio y Alicia, o sea su ex marido y su nueva pareja, están frente a ella violentamente despertados por la irrupción de la mujer.
La sorpresa de Eva es mayúscula. ¿Cómo es que Antonio, que apenas ha puesto los pies en la casa un par de veces en su vida, aparece justamente el día en que va a dar por liquidada la casa? El hombre le dice, con toda naturalidad, que ha organizado una reunión con toda la familia.
Irán llegando hijos y nietos poco a poco y se quedarán a cenar. Eva enfurece y su enfado aumenta cuando Antonio le pide que no venda y que le de la oportunidad de ser él quien se ocupe de los nietos el próximo verano. “Si tu estás cansada, Alicia y yo podemos ser tu relevo”. La guerra entre ambos, tras años de tregua, se reemprende.
En paralelo el doctor y la veterinaria están en la víspera de su boda, que se va a celebrar, el día siguiente, en la ermita anexa a la casa. Dora, la vecina, acompañará a la novia al altar, y Utrera pretende que sea Eva quien le acompañe a él.
El resto de la familia también llega. Todos con la misma idea fija en la cabeza, impedir que la abuela venda la casa.
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