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Según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos, Damasco cuenta con el apoyo de los bombardeos de la aviación rusa. El primer objetivo es tomar la población de Tabqa, junto al Eúfrates, cerca de una prisión controlada por los yihadistas, y un aeropuerto militar. Hacia esta ciudad avanzan también, desde el norte, las Fuerzas de Siria Democrática, una coalición árabe-kurda apoyada por EE.UU.

Las sirenas siguen sonando en Yabla, uno de los dos bastiones del régimen de Damasco, junto con Tartús, objetivo de la cadena de ataques del autoproclamado Estado Islámico, en la costa noroeste de Siria. Decenas de vehículos calcinados dan testimonio de la violencia del ataque junto a la estación de autobuses de Yabla. Primero ha estallado un coche bomba, y después dos kamikazes han detonado sus cinturones explosivos. Un tercer terrorista se ha inmolado junto a un hospital y una instalación eléctrica. En Tartús, otra cadena de tres explosiones ha golpeado en la estación de autobuses y en una zona residencial. Es el ataque más letal contra la provincia de Latakia en cinco años de guerra. La zona concentra a gran parte de la minoría alauí, una secta musulmana a la que pertenece la familia Al Asad.