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El Gobierno ruso ha decidido dotar a los ciudadanos que se vacunen contra la COVID-19 con una prestación. La iniciativa está ya implementada en Moscú y en otras regiones del país. En el caso de los mayores de 60 años, por un pinchazo se les entrega una tarjeta regalo, equivalente a 11 euros (1.000 rublos), que pueden canjear en tiendas y farmacias. Rusia tiene tres fármacos disponibles, pero no disponen de muy buena fama: solo un 6 % de la población tiene la pauta completa. Entre los motivos para rechazarlos destacan la desconfianza o el paso reciente de la enfermedad. A pesar de las advertencias sobre una tercera ola, apenas hay restricciones, pero ello no evita que el exceso de mortalidad siga creciendo y multiplique por cuatro las cifras de fallecidos oficiales. La estrategia de Putin ahora consiste en dar más vacaciones a los rusos: del 1 al 11 de mayo. Foto: Shamil Zhumstov / REUTERS. [Coronavirus: última hora en directo]

Alexei Navalny se ha convertido en el mayor desafío a Vladimir Putin. Los seguidores del disidente lo consideran una especie de Mandela ruso y están convencidos de que el Kremlin hará lo imposible por mantenerlo en la cárcel y destruir su movimiento. La última vuelta de tuerca ha sido la orden de la fiscalía de Moscú que ha obligado a disolver su red de campaña. Los fiscales consideran también que la Fundación Anticorrupción de Navalny es una organización "extremista".

La corresponsal de TVE en Moscú Érika Reija acerca a los espectadores a la figura del opositor ruso, al que se ha podido ver este jueves en un juicio después de abandonar una huelga de hambre de tres semanas. Acusa directamente al presidente ruso y a los servicios secretos de envenenarlo y de fabricar acusaciones falsas para meterlo en prisión. La Unión Europea ha aprobado sanciones en protesta contra su encarcelamiento que considera "político".

"Me veo como un cadáver espeluznante y eso que ayer me llevaron a una especie de sauna en la cárcel para mejorar mi aspecto", ha contado el líder opositor ruso, Alexei Navalny.

Le han condenado a una multa de casi 10.000 euros por difamar a un veterano de guerra. Además le han abierto una nueva causa penal que podría añadir más años de cárcel a los dos y medio que ya está cumpliendo por un caso que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera fabricado.

La Fiscalía rusa quiere declarar extremistas y prohibir su red de oficinas en Rusia y a su Fundación Anti-Corrupción, que han anunciado este jueves su disolución para evitar la persecución penal.

El líder opositor, Alexei Navalny, ha comparecido desde prisión por videoconferencia en otra vista judicial, sobre su apelación de la condena por difamación de una veterano de guerra dictada el pasado 20 de febrero.

"He adelgazado, peso 72 kilos, lo mismo que cuando estaba en séptimo grado", ha dicho el opositor, que permaneció tres semanas en huelga de hambre, para exigir ser atendido por médicos de su confianza debido al drástico empeoramiento de su salud.

Según la agencia oficial TASS, Navalny ha explicado que el día anterior en prisión lo llevaron a un baño ruso, parecido a una sauna, a fin de que tuviera un "aspecto presentable".

"Me miré en el espejo: soy un esqueleto, un simple esqueleto", ha dicho Navalny.

El Gobierno ruso ha decidido dotar a los ciudadanos que se vacunen contra la COVID-19 con una prestación. La iniciativa está ya implementada en Moscú y en otras regiones del país. En el caso de los mayores de 60 años, por un pinchazo se les entrega una tarjeta regalo, equivalente a 11 euros (1.000 rublos), que pueden canjear en tiendas y farmacias. Rusia tiene tres fármacos disponibles, pero no disponen de muy buena fama: solo un 6 % de la población tiene la pauta completa. Entre los motivos para rechazarlos destacan la desconfianza o el paso reciente de la enfermedad. A pesar de las advertencias sobre una tercera ola, apenas hay restricciones, pero ello no evita que el exceso de mortalidad siga creciendo y multiplique por cuatro las cifras de fallecidos oficiales. La estrategia de Putin ahora consiste en dar más vacaciones a los rusos: del 1 al 11 de mayo. Foto: Shamil Zhumstov / REUTERS. [Coronavirus: última hora en directo]

Alexei Navalny se ha convertido en el mayor desafío a Vladimir Putin. Los seguidores del disidente lo consideran una especie de Mandela ruso y están convencidos de que el Kremlin hará lo imposible por mantenerlo en la cárcel y destruir su movimiento. La última vuelta de tuerca ha sido la orden de la fiscalía de Moscú que ha obligado a disolver su red de campaña. Los fiscales consideran también que la Fundación Anticorrupción de Navalny es una organización "extremista".

La corresponsal de TVE en Moscú Érika Reija acerca a los espectadores a la figura del opositor ruso, al que se ha podido ver este jueves en un juicio después de abandonar una huelga de hambre de tres semanas. Acusa directamente al presidente ruso y a los servicios secretos de envenenarlo y de fabricar acusaciones falsas para meterlo en prisión. La Unión Europea ha aprobado sanciones en protesta contra su encarcelamiento que considera "político".

"Me veo como un cadáver espeluznante y eso que ayer me llevaron a una especie de sauna en la cárcel para mejorar mi aspecto", ha contado el líder opositor ruso, Alexei Navalny.

Le han condenado a una multa de casi 10.000 euros por difamar a un veterano de guerra. Además le han abierto una nueva causa penal que podría añadir más años de cárcel a los dos y medio que ya está cumpliendo por un caso que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos considera fabricado.

La Fiscalía rusa quiere declarar extremistas y prohibir su red de oficinas en Rusia y a su Fundación Anti-Corrupción, que han anunciado este jueves su disolución para evitar la persecución penal.

El líder opositor, Alexei Navalny, ha comparecido desde prisión por videoconferencia en otra vista judicial, sobre su apelación de la condena por difamación de una veterano de guerra dictada el pasado 20 de febrero.

"He adelgazado, peso 72 kilos, lo mismo que cuando estaba en séptimo grado", ha dicho el opositor, que permaneció tres semanas en huelga de hambre, para exigir ser atendido por médicos de su confianza debido al drástico empeoramiento de su salud.

Según la agencia oficial TASS, Navalny ha explicado que el día anterior en prisión lo llevaron a un baño ruso, parecido a una sauna, a fin de que tuviera un "aspecto presentable".

"Me miré en el espejo: soy un esqueleto, un simple esqueleto", ha dicho Navalny.