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Hace 20 años, se desató en Ruanda uno de los mayores genocidios del último siglo. Murieron unas 800.000 personas. Muchas de ellas a golpe de machete entre vecinos. La tragedia fue aún mayor por la inacción de la comunidad internacional. Fue su gran fracaso. Pasados los años, muchas organizaciones creen que no se han creado los mecanismos para evitar que se repita. Ruanda es hoy uno de los países más prósperos de África con crecimientos cercanos al 7 por ciento anual. Se ha reducido en parte la desigualdad, pero el país sigue fracturado por todo lo que ocurrió en 1994.

El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, ha instado a la comunidad internacional a replantearse su actitud, "a menudo reticente" a actuar, para evitar genocidios y crímenes contra la humanidad y ha pedido hacer más hacer al respecto. Lo ha hecho en una conferencia que ha tenido lugar en el marco del vigésimo aniversario del genocidio de Ruanda de 1994.

En Portada ha viajado a Ruanda para recordar el genocidio más brutal que recuerda este planeta en los últimos decenios y para comprobar cómo ha superado (o no) el país un terremoto ético y moral tan destructor. El relato se articula en torno a dos testimonios: el de Alex, huérfano que con apenas seis años vagó solo por el país durante los 100 días que duró el genocidio, y el de Valérie Bemeriki, locutora de radio de cuyos labios salieron mensajes que provocaron el asesinato de miles de personas. El diablo anduvo suelto se estrena el 3 de abril a las 23.40 h en La 2. Más información y CONTENIDO EXTRA.