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El viaje de Talgo comenzó en la posguerra a 75 kilómetros por hora, para superar los 300 en el siglo XXI. Su base es una tecnología 100% española que permitía trenes más flexibles y ligeros. A finales de los 90 iniciaron su expansión internacional y hoy reciben pedidos de los países más diversos.

La venta de billetes en los vagones silenciosos de Renfe ha llegado al 80% en los primeros quince días de funcionamiento. Un servicio sin coste adicional, que los viajeros piden, sobre todo, a primera y última hora del día. 

 

Fomento decidió reforzar los sistemas de frenado automático y la señalización en tramos de características similares a la curva de Angrois: aquellos en los que se circula a más de 160 km/h y en los que el maquinista está obligado a reducir de forma drástica la velocidad. Esta era una de las 20 medidas que planteó Fomento, entre las que destaca la revisión del cuadro de velocidades máximas, el endurecimiento de los requisitos para ser maquinista, la revisión del uso de teléfonos móviles por parte del personal a bordo, una mayor desarrollo del ASFA digital, incrementar el control de las cajas negras y un plan de asistencia integral a las víctimas.