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En el Parlamento Europeo empieza a debatirse una norma que ya ha creado polémica. Pretende que dentro de la Unión Europea los trabajadores no comunitarios tengan sólo los derechos laborales de su país de origen y no los derechos que tienen los trabajadores comunitarios. En la práctica, supondrá un cúmulo de excepciones que podría crear situaciones discriminatorias para los inmigrantes. Además, se corta de raíz la exportación de pensiones, que solo podrán cobrarse en el país europeo en el que se hayan generado.

En el Parlamento Europeo se han escuchado este miércoles dos versiones contrapuestas sobre lo ocurrido en El Aaiún. Una, la de Marruecos, que insinúa la infiltración de Al Qaeda entre jóvenes saharauis que actuaron con violencia extrema durante el desalojo del campamento.

Según ha dicho el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Taib Fassi-Fihri, "las fuerzas de policía se encontraron con cócteles molotov, criminales y degolladores" y ha rechazado que se hubiera producido una sola víctima saharaui.

Sin embargo, el Frente Polisario hablaba de espantosas torturas, desapariciones y un estado de sitio en el que la policía marroquí actúa con total impunidad.

El desencuentro ha sido total. Si el Frente Polisario hablaba de referéndum de autodeterminación, Rabat lo negaba y acusaba a muchos eurodiputados, a periodistas y también a España de manipular la realidad.

Precisamente, dos representantes de la Federación Canaria de Municipios, desplazados el martes a El Aaiún para comprobar la situación de los ciudadanos saharauis, han sido expulsados por las autoridades marroquíes tras permanecer varias horas retenidos por la policía.

Marruecos y el Frente Polisario han defendido allí sus posiciones enfrentadas. Ha sido en una tensa sesión en la que el ministro marroquí de Exteriores ha acusado a la prensa española de manipular las informaciones sobre el desalojo del campamento saharaui, el pasado 8 de noviembre.

Mal día para un debate sosegado sobre la crisis económica en el Parlamento Europeo. La tensión de los mercados ha acabado trasladándose a los escaños. Van Rompuy y Durao Barroso han tenido que emplearse a fondo para defender al euro.

El euro no es el problema, clamaba el presidente de la Comisión Europea, que recordaba lo mal que lo están pasando países de fuera de la moneda única como Islandia.

Van Rompuy se indignaba al escuchar que existe riesgo de contagio de la situación de Irlanda a otros países y acusaba a quienes alientan esta teoría de carecer de razones económicas sólidas.

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