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Más de la mitad de los 200.000 desplazados de Sudán del Sur viven en este campo de protección de civiles de la ONU. Sin embargo, el hacinamiento, la violencia y enfermedades como la tuberculosis y la malaria hacen de las condiciones de vida no sean mucho mejores que las que hay en medio del conflicto.

Los combates se han intensificado en las últimas semanas en la provincia siria de Deraa, fronteriza con Jordania, que según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos han dejado cerca de un centenar de civiles muertos. Los mandos militares aseguran que parte de la población ha sido trasladada a través de corredores humanitarios, hacia zonas seguras controladas por el régimen. Otros muchos han optado por dirigirse hacia las fronteras de Jordania e Israel. Naciones Unidas estima que son ya 160.000 y advierte que corren el peligro de quedar atrapadas entre las fuerzas del régimen, los rebeldes y los últimos reductos del Estado Islámico. Jordania e Irael ya han anunciado que no abrirán sus fronteras para acogerlos. Desde Ginebra, ACNUR ha advertido que puede repetirse una crisis como la vivida meses atrás en Guta Oriental y en la ciudad de Duma.

Después de abandonar el Acuerdo climático de París y el acuerdo nuclear iraní, Estados Unidos ha anunciado este martes su retirada del Consejo de Derechos Humanos de la ONU por "hipócrita". La Administración Trump llevaba meses criticando al órgano internacional por lo que considera un sesgo en lo relativo a Israel y porque sirve de plataforma a países como China, Venezuela y Cuba.