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Francesco Schettino, el capitán del crucero que naufragó el pasado 13 de enero junto a la isla italiana de Giglio, ha asegurado que un directivo de Costa Cruceros, la empresa propietaria del barco, le presionó para que siguiera acercándolo a la costa la noche que chocó contra una roca.

El diario 'La Repubblica' ha publicado la transcripción de una conversación telefónica entre el capitán del 'Costa Concordia' y un hombre desconocido llamado Fabrizio en la que Schettino habla de un responsable de Costa Cruceros al que no identifica.

"Fabri (...), cualquier persona en mi lugar no habría sido tan amable de ir hasta allí, porque me estaban tocando las pelotas, diciéndome 've, ve'", explicó el capitán en la conversación, que fue grabada después de que lo arrestaran por su implicación en el accidente.

"La roca estaba ahí pero no aparecía en los instrumentos que yo tenía, y fui hasta allí (...) para satisfacer al jefe. 'Ve hasta allí, ve hasta allí'", dijo. Al parecer, esta conversación se grabó sin que Schettino lo supiera.

La Fiscalía acusa a Costa Cruceros de grave violación de las normas de seguridad. Las apreciaciones del ministerio público de la región de Toscana deben ser tenidas en cuenta en el proceso. El fiscal considera también que el empresario debe responder de su elección a la hora de designar al responsable de una nave.

Así mismo, se investiga si los saludos eran o no una manera habitual de proceder de Costa Cruceros como una forma de hacerse publicidad, tal y como ha alegado el comandante, Francesco Schettino.

El fiscal expresa la necesidad de investigar los mecanismos estropeados de las barcas salvavidas, la escasa preparación del personal ante una emergencia y por qué se daban órdenes incomprensibles, como que los pasajeros volvieran a sus camarotes, una hora después de la colisión.

Con los cuerpos de dos mujeres recuperados en la tarde del lunes se eleva a 15 el número oficial de fallecidos en este naufragio. Los desaparecidos son aún 18.

En la mañana del martes se inicia la extracción del combustible del barco. El buque tiene todavía secuestrados muchos cuerpos en el intrincado laberinto de corredores, camarotes y cámaras obstruidos por todo tipo de mobiliario en la grotesca escena de desorden que deja una tragedia. De sus tanques hay que sacar 2400 toneladas de gasóleo que supone un peligro de contaminación latente.

Recuperados 13 cadáveres, el número de desaparecidos es impreciso, porque, según el jefe de protección civil, podrían haber subido al barco, pasajeros sin registrar. Doce microcargas explosivas permiten nuevas entradas para bomberos y buzos, que se abren paso en un aire, ya irrespirable. Recuperada la caja fuerte de la cabina del comandante, la Fiscalía busca ahora a una misteriosa mujer a la que Schettino, antes de su arresto, habría dado el ordenador portátil que se preocupó de salvar. Y continúa el enfrentamiento entre el capitán y la compañía Costa Cruceros. Schettino asegura que los acercamientos a la costa, los llamados "saludos", se programan en verano, durante las fiestas patronales porque son un excelente reclamo publicitario. La Compañía lo niega, pero imágenes como ésta de Venecia, demuestran cómo se intenta impresionar a los turistas con la imponente presencia de estos rascacielos flotantes. Entre tanto, el turismo macabro-curioso del fin de semana ha abarrotado de cámaras, los ferrys a la isla. Todos quieren captar la imagen de la gran ballena de acero.

Egly Cabrera es una de las 4.000 personas que viajaban en el Costa Concordia en el momento del naufragio. En una entrevista para Informe Semanal, cuenta la difícil experiencia que vivió. Asegura que esperaron más de una hora para poder subir a los botes salvavidas, y aún así la orden nunca llegó. Al ser evacuados hasta la costa les pedían los chalecos para llevarlos de nuevo al buque, ya que no había para todos los pasajeros. Una vez en tierra, se refugiaron en una iglesia, donde muchos llegaban mojados.

El crucero Costa Concordia y su capitán, Francisco Schettino, han sido protagonistas absolutos de la información esta semana a raíz de un siniestro marítimo que nos ha dejado víctimas mortales, desaparecidos, un capitán que abandona el barco y una investigación que comienza a arrojar luces y sombras sobre el nivel de responsabilidad de todos los mandos. Recordaremos qué pasó realmente a bordo, cuáles son las responsabilidades y actuaciones que se deben tomar en casos como éste, qué cambios se deben realizar para evitar un siniestro de estas caractrísticas y cómo puede afectar al desarrollo del sector cruceros, uno de los turismos más pujantes de los últimos años. Lo haremos con responsables de organismos como el Ministerio de Fomento y el Instituto Español de Navegación, además del director de Cruise News Media Group.

El "Costa Concordia" continúa encallado en la isla de Giglio con una grieta en su casco de más de 70 metros. Una vía de agua por la que, en la noche del viernes 13, se inundó el crucero mientras los pasajeros cenaban. La investigación judicial intenta esclarecer ahora los detalles de aquellas horas de confusión y miedo en las que los pasajeros estuvieron en cubierta sin que nadie diera orden de desembarco, mientras el barco se hundía. Todo apunta a que se minimizó la tragedia enmascarándola en un problema eléctrico. Al capitán, en arresto domiciliario, se le acusa de haber abandonado al pasaje y se estudian posibles negligencias de la naviera propietaria del "Costa Concordia". A la tragedia humana se ha sumado también el peligro ecológico: los especialistas tratan de evitar ahora que las casi 2.400 toneladas de combustible del crucero se viertan al mar.