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En Misrata, Libia, 14 rebeldes han muerto hoy, mientras el equilibrio de fuerzas entre los dos bandos podría cambiar a favor de los rebeldes que han comenzado una nueva ofensiva, esta vez desde el sur de Trípoli.

Una cara menos conocida de la misión de la OTAN en Libia es impedir que lleguen armas al régimen de Muamar el Gadafi. Para ello la comunidad internacional quiere que se vigile la frontera sur del país, en la casi incontrolable en el Sahel, y también el Mar Mediterráneo.

Un suministro que respeta, según las autoridades francesas, las resoluciones de la ONU. La Unión Africana asegura que la proliferación de armas en Libia desestabilizará a toda la región.

Y la situación sigue estancada. El ejército de Gadafi está hoy más débil que nunca pero los rebeldes no consiguen avanzar. Los expertos creen que finalmente las partes tendrán que negociar y coinciden en que el coste económico y político para los aliados es muy alto.