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Es el primer mandatario occidental en visitar la ciudad, a unos 65 kilómetros de la dañada central nuclear. Allí, el presidente del Gobierno español ha inaugurado una exposición del artista José María Sicilia, titulada Fukushima: flores de invierno.

Japón ha decidido incrementar las inspecciones del fondo marino junto a la accidentada central nuclear de Fukushima para comprobar los niveles de radiactividad. Examinará 6.000 puntos diferentes en una extensión de 1.000 kilómetros cuadrados, debido a la creciente preocupación tanto en Japón como en el extranjero por las fugas radiactivas desde la central.

El satírico Canard Enchaîné tira donde más duele: "Tokyo 2020: la piscina olímpica ya está construída en Fukushima". En otra viñeta, dos desmejorados luchadores de sumo, cada uno con más brazos y piernas de lo deseable, y un comentarista asegurando que también gracias a Fukushima, el sumo se convertiría en disciplina olímpica. Un humor francés que no han tardado en reflejar los medios japoneses. Allí, no se toman a broma la mayor catástrofe nuclear desde Chernobyl, y el Gobierno ha calificado de muy lamentables unas caricaturas que añade, aportan informaciones falsas y dañinas. Hasta el punto de que han protestado formalmente a la embajada de Francia en Tokyo, y a través del Ministerio japonés de Exteriores. Y no es la primera vez: el año pasado una televisión francesa tuvo que disculparse al mostrar una foto del portero nipón con 4 brazos, el efecto Fukushima, decían, después de que Francia, perdiera ante Japón.

Dos años y medio después del tsunami que afectó a la central nuclear de Fukushima, los técnicos nucleares de la empresa TEPCO, han descubierto nuevas fugas de agua radiactiva de los tanques de almacenamiento. Las nuevas mediciones muestran unos niveles de radiactividad que podrían matar a una persona en cuatro horas.